El presidente de la cadena de noticias Telesur rescata la necesidad de una perspectiva regional de comunicación para contar la realidad de América Latina, Y analiza la nueva ley de medios aprobada en el país.
En los medios se está refugiando y fortaleciendo buena parte de la derecha que fue desplazada de otros espacios de poder. En nuestro continente existe un conglomerado de medios en manos privadas que impulsan una línea política, grupos que utilizan los medios de comunicación para mentir, distorsionar, crear una realidad y colonizar las mentes de nuestra población en favor de intereses políticos bastardos.” El periodista venezolano Andrés Izarra conoció de cerca hasta dónde puede llegar la manipulación informativa. En el documental irlandés La Revolución no será transmitida dejó testimonio sobre la censura sufrida en la señal local Rctv durante el golpe de Estado contra el gobierno de Chávez en abril de 2002. La negativa a cumplir la orden emitida por la dirección del canal: “Cero chavismo en pantalla”, le valió la renuncia.
Tiempo después fue convocado por Chávez para asumir como ministro de Información y Comunicación de su gobierno. Pero antes de que “el huracán de la revolución bolivariana” lo arrastrara –como a él le gusta decir– ya tenía una vasta trayectoria en el mundo de la televisión: fuera de su país trabajó para cadenas privadas norteamericanas como NBC y CNN.
Desde hace dos años está al frente del canal de televisión Telesur, una iniciativa comunicacional lanzada en 2005 que propone una cobertura informativa de la realidad de América latina contada desde adentro. Pensada como la Al Jazeera local, la señal cuenta hoy con 23 millones de abonados en casi todo el mundo, y a través de acuerdos con señales de televisión abierta que retransmiten parcialmente sus contenidos alcanza a 110 millones de personas. Sin embargo, en la Argentina, su cobertura está limitada sólo a quienes tienen el servicio de DirectTV. “Esperamos que con la nueva ley audiovisual Telesur pueda ampliar su distribución que hasta el momento está censurada por el monopolio que domina la distribución de los contenidos de cable en este país”, dice Izarra, quien dialogó con Miradas al Sur en ocasión de su visita al Primer Encuentro Internacional Medios y Democracia en América Latina.
–¿Cómo se dio el surgimiento y desarrollo de Telesur?
–Telesur fue lanzada por el presidente Chávez como una iniciativa que recuperaba la propuesta de la discusión Sur-Sur, de países que venían de la post-guerra y comenzaban a independizarse, a crear conciencia de la necesidad de unirse para enfrentar a los centros hegemónicos que los tenían colonizados. La señal formó parte de una cantidad de iniciativas en lo cultural, lo económico, la creación del Banco del Sur, el lanzamiento del Gasoducto del Sur, el Tren del Sur, todos proyectos que permiten vertebrar esta región para unificarla y hacerla una potencia, porque solamente unidos se reconoce la capacidad que tenemos de ser libres y de enfrentar al Norte que nos engulle.
–Es un canal latinoamericano pero que llega a todo el mundo.
–Sí, así es. Telesur es una multinacional que confluye en varios Estados: Argentina, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Ecuador y Venezuela. Hay otros países que quieren asociarse como República Dominicana o Guatemala pero todavía estamos trabajando en concretar eso. En estos 4 años Telesur ha estado construyendo una voz del Sur que refleje lo que en esta región está ocurriendo, que cubra lo que otras iniciativas informativas no cubren. Telesur tiene una capacidad de cobertura informativa muy grande. Tenemos 12 corresponsalías en toda la región, desde Washington hasta Buenos Aires en casi todos los países, y donde no tenemos corresponsalías tenemos colaboradores. Demostramos no sólo lo que son las realidades de América del Sur, sino que también construimos una voz de la región. Yo hago este paralelismo: lo que Al Jazeera significa para el mundo árabe, es lo que Telesur está tratando de construir para América latina.
–¿Y cómo es la experiencia en el resto del mundo?
–En Europa nos ha ido bien, en España estamos en todos los servicios de cable y en Francia estamos en Canal Satellite. Además comenzamos a explorar Medio Oriente; antes de fin de año vamos a abrir una corresponsalía en Damasco para empezar a cubrir y ampliar nuestra distribución conectando la señal a los satélites que llegan a esa región y parte de África. Acabamos de firmar acuerdos con Guinea Bissau para distribuir allí nuestros contenidos. Nuestra meta es una señal de alcance global que podamos producir en varios idiomas.
–¿Por qué mostrar América latina desde América latina?
–Estamos en un esfuerzo por proyectar la voz del Sur, la voz de nuestra América hacia el mundo, demostrar lo que en este mundo está ocurriendo, sobre todo en esta época donde hay un nuevo orden político social en varios de nuestros países. Es una nueva era para nuestra región. Además creo que hemos contribuido a crear esta patria, a trabajar por la unión latinoamericana mostrando lo que es la realidad, el acontecer, la vida de todos nuestros pueblos. Muchas veces sabemos mucho más de lo que ocurre en Nueva York o en Londres que lo que ocurre en Buenos Aires, Quito o Lima.
–¿Cuál es la diferencia entre una noticia contada a través de CNN y de Telesur?
–Tenemos una visión de la realidad diferente y muchas veces contrapuesta, una visión que pone énfasis en los nuevos actores sociales y políticos que están surgiendo. Además tratamos de practicar un periodismo ético de alta calidad donde las distintas partes que conforman la información tengan espacio, tengan participación. Telesur no es una operación de propaganda política como los medios privados tratan de estigmatizar. Es una operación informativa que lucha todos los días para hacer un periodismo de excelencia, con una audiencia global desde una perspectiva global de la región y en pos de la unión de sus países.
–El surgimiento de Telesur coincide con los nuevos procesos políticos que se vivieron en los países latinoamericanos en los últimos años.
–En todos estos países que ha habido procesos de cambios, no sólo en Venezuela, se están abriendo los cauces de participación democrática. La comunicación también está cambiando su orden, y hoy ya no es exclusiva de los grandes grupos corporativos y de las elites, sino que ahora el pueblo está haciendo comunicación.
–¿Cómo están funcionando las experiencias de televisión comunitaria en Venezuela y qué grado de independencia tienen con respecto al Gobierno?
–En Venezuela existen más de 500 medios comunitarios y alternativos operando allí libremente. ¿Qué relación tienen con el Gobierno? Hay una dirección en el Ministerio de Educación que da capacitación y equipamiento a quien lo necesite, en la medida de lo posible. La independencia es total y si se escucha a uno de esos niños, uno ve que son realmente duros con las críticas y acción del Gobierno. Son medios cuya existencia se debe a la revolución, si no hubiera un proceso de cambio y avance político en Venezuela esos medios no serían posibles. Y la gente lo tiene muy en claro porque saben que si hace un tiempo escribían una pared o trataban de hacer un periódico con una máquina de imprimir, los metían presos, los reprimían y a muchos de ellos los mataban o desaparecían. Ni hablar de lo que ha sido ese mismo ejemplo acá en Argentina, esa triste historia que tienen ustedes.
–Son muchos los países latinoamericanos que están hoy debatiendo sus legislaciones de comunicación, lo que demuestra que es un tema que está en la agenda del continente y no un capricho argentino o del gobierno de turno.
–Sí, en América latina se produjo una ruptura, un cambio de época, y en la medida en que ese cambio está conformando un nuevo orden, se ha posicionado y ha modificado un orden social y político. Lo comunicacional no está libre de eso como expresión de una sociedad. Esta discusión de la comunicación se está dando en todos los países de la región. Con los procesos populares que llegaron al poder por la vía de la participación y trabajaron para profundizar la democracia, aparecieron nuevos actores. Y en lo comunicacional aparecen también nuevos actores: medios comunitarios, alternativos, organizaciones del pueblo. A partir de la legitimidad que ese nuevo orden está adquiriendo, surge el debate sobre las leyes para reglamentar y ordenar el espacio radioeléctrico, y esas son discusiones que se están dando en todo el continente.
–¿Qué opina de la ley de medios que se aprobó recientemente en la Argentina?
–En Venezuela aprobamos en 2005 la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión que persigue más democracia en el espacio radioeléctrico, horarios de protección al menor, y amplía la industria nacional audiovisual y radiofónica obligando a los concesionarios del espacio radioeléctrico a que incluyan hasta cinco horas de producción nacional independiente, y a la radio que por cada música internacional que colocan tienen que colocar una canción producida en Venezuela. Y creo que la ley argentina es incluso más radical que la nuestra, porque le da un tercio del espacio radioeléctrico a las organizaciones sociales que hacen comunicación. Tiene elementos que profundizan aún más la democracia.
–¿Existe el riesgo, como advierten algunos sectores, de que con las nuevas normativas legales se pueda caer en algún tipo de censura o acallar voces que el Gobierno no quiere escuchar?
–La ley venezolana no ha acallado a nadie, al contrario, ha ampliado los cauces y ha permitido el surgimiento de nuevas voces. En la Argentina, por lo que conozco del instrumento legal, no veo posibilidad de eso, al contrario.
–¿A qué aduce la resistencia que se está dando, sobre todo en los medios privados, al avance de estas leyes en América latina?
–Estos medios han sido monarcas del espacio radioeléctrico de la comunicación durante décadas. Llegó el momento en que tienen que compartir y eso no va con el capitalismo ni con lo que ellos predican. Tienen que democratizar y eso tampoco es acorde con lo que ellos buscan. Pero la torta no es toda de ellos. ¿Por qué Telesur tiene una distribución tan restringida en la Argentina, por ejemplo? Porque los que controlan la red de cables la han censurado. Tenemos cuatro años al aire, Argentina es miembro de Telesur y no ha habido forma de que los que conforman Cablevisión, Multicanal o grandes sistemas de cable la incluyan en su oferta de canales. Nosotros estamos limitados a DirecTV que es quien nos distribuye aquí. Entonces, ¿quién ejerce la censura? ¿Quién coarta la libertad de expresión? Ellos la coartan.
–¿Por qué piensa que se hizo tanto hincapié, a pesar de las diferencias entre ambos países, en igualar los procesos que se viven en la Argentina y en Venezuela?
–Porque este proceso impulsado por Chávez es el blanco favorito para estigmatizar. Marx hablaba en el Manifiesto Comunista de cómo el espíritu comunista recorre Europa y todos le temen, como un fantasma. Chávez es un poco eso, un fantasma que recorre América latina. El chavismo es Chávez pero no es Chávez, son los pueblos, es la nueva época. Aquí pasaron épocas de gobiernos neoliberales que dejaron una herencia nefasta. ¿Por qué no hablamos de la convivencia de esos grandes grupos con la dictadura y lo que eso dejó aquí?
–¿Piensa que influye en esa resistencia que este proceso democratizador de los medios sea impulsado por el oficialismo?
–Es que el de ustedes es un gobierno que se debe a su pueblo. Lo mismo ocurre en Bolivia, ¿quién niega que Evo encarna las aspiraciones de su pueblo? Lo mismo hace Correa. Esta discusión de los medios está igual en Ecuador, y los medios privados tienen el mismo comportamiento y siguen mintiendo, manipulando y creando matices de desestabilización permanente. En México también. Es un tema que se está discutiendo en toda América latina porque el continente está cambiando.
–¿Cómo introducir el debate sobre la democratización de la comunicación en realidades como las latinoamericanas, donde el acceso a la información está restringido para grandes franjas de la población que ni siquiera tienen los servicios básicos como el agua o la luz?
–La discusión sobre la comunicación es una discusión sobre el poder también. En la medida que haya más poder para el pueblo es mayor la posibilidad de que el pueblo acceda a la política y así superar la pobreza. El tema político y la comunicación no pueden separarse, vienen en conjunto de una misma naturaleza. La naturaleza de nuestro conflicto político tiene en la comunicación uno de los terrenos claves de enfrentamiento, de batalla. Hay dos propuestas que están muy claramente enfrentadas en esta región: las que propone el imperio con sus lacayos y los procesos de soberanía y libertad que están en marcha de una forma u otra, con matices y características distintas. Pero hay un pueblo que está exigiendo un nuevo orden: participar, ser libre, exigir derechos.
Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa8.html