CazadordeNazis
Usuario (Argentina)

El presidente de la cadena de noticias Telesur rescata la necesidad de una perspectiva regional de comunicación para contar la realidad de América Latina, Y analiza la nueva ley de medios aprobada en el país. En los medios se está refugiando y fortaleciendo buena parte de la derecha que fue desplazada de otros espacios de poder. En nuestro continente existe un conglomerado de medios en manos privadas que impulsan una línea política, grupos que utilizan los medios de comunicación para mentir, distorsionar, crear una realidad y colonizar las mentes de nuestra población en favor de intereses políticos bastardos.” El periodista venezolano Andrés Izarra conoció de cerca hasta dónde puede llegar la manipulación informativa. En el documental irlandés La Revolución no será transmitida dejó testimonio sobre la censura sufrida en la señal local Rctv durante el golpe de Estado contra el gobierno de Chávez en abril de 2002. La negativa a cumplir la orden emitida por la dirección del canal: “Cero chavismo en pantalla”, le valió la renuncia. Tiempo después fue convocado por Chávez para asumir como ministro de Información y Comunicación de su gobierno. Pero antes de que “el huracán de la revolución bolivariana” lo arrastrara –como a él le gusta decir– ya tenía una vasta trayectoria en el mundo de la televisión: fuera de su país trabajó para cadenas privadas norteamericanas como NBC y CNN. Desde hace dos años está al frente del canal de televisión Telesur, una iniciativa comunicacional lanzada en 2005 que propone una cobertura informativa de la realidad de América latina contada desde adentro. Pensada como la Al Jazeera local, la señal cuenta hoy con 23 millones de abonados en casi todo el mundo, y a través de acuerdos con señales de televisión abierta que retransmiten parcialmente sus contenidos alcanza a 110 millones de personas. Sin embargo, en la Argentina, su cobertura está limitada sólo a quienes tienen el servicio de DirectTV. “Esperamos que con la nueva ley audiovisual Telesur pueda ampliar su distribución que hasta el momento está censurada por el monopolio que domina la distribución de los contenidos de cable en este país”, dice Izarra, quien dialogó con Miradas al Sur en ocasión de su visita al Primer Encuentro Internacional Medios y Democracia en América Latina. –¿Cómo se dio el surgimiento y desarrollo de Telesur? –Telesur fue lanzada por el presidente Chávez como una iniciativa que recuperaba la propuesta de la discusión Sur-Sur, de países que venían de la post-guerra y comenzaban a independizarse, a crear conciencia de la necesidad de unirse para enfrentar a los centros hegemónicos que los tenían colonizados. La señal formó parte de una cantidad de iniciativas en lo cultural, lo económico, la creación del Banco del Sur, el lanzamiento del Gasoducto del Sur, el Tren del Sur, todos proyectos que permiten vertebrar esta región para unificarla y hacerla una potencia, porque solamente unidos se reconoce la capacidad que tenemos de ser libres y de enfrentar al Norte que nos engulle. –Es un canal latinoamericano pero que llega a todo el mundo. –Sí, así es. Telesur es una multinacional que confluye en varios Estados: Argentina, Bolivia, Cuba, Nicaragua, Ecuador y Venezuela. Hay otros países que quieren asociarse como República Dominicana o Guatemala pero todavía estamos trabajando en concretar eso. En estos 4 años Telesur ha estado construyendo una voz del Sur que refleje lo que en esta región está ocurriendo, que cubra lo que otras iniciativas informativas no cubren. Telesur tiene una capacidad de cobertura informativa muy grande. Tenemos 12 corresponsalías en toda la región, desde Washington hasta Buenos Aires en casi todos los países, y donde no tenemos corresponsalías tenemos colaboradores. Demostramos no sólo lo que son las realidades de América del Sur, sino que también construimos una voz de la región. Yo hago este paralelismo: lo que Al Jazeera significa para el mundo árabe, es lo que Telesur está tratando de construir para América latina. –¿Y cómo es la experiencia en el resto del mundo? –En Europa nos ha ido bien, en España estamos en todos los servicios de cable y en Francia estamos en Canal Satellite. Además comenzamos a explorar Medio Oriente; antes de fin de año vamos a abrir una corresponsalía en Damasco para empezar a cubrir y ampliar nuestra distribución conectando la señal a los satélites que llegan a esa región y parte de África. Acabamos de firmar acuerdos con Guinea Bissau para distribuir allí nuestros contenidos. Nuestra meta es una señal de alcance global que podamos producir en varios idiomas. –¿Por qué mostrar América latina desde América latina? –Estamos en un esfuerzo por proyectar la voz del Sur, la voz de nuestra América hacia el mundo, demostrar lo que en este mundo está ocurriendo, sobre todo en esta época donde hay un nuevo orden político social en varios de nuestros países. Es una nueva era para nuestra región. Además creo que hemos contribuido a crear esta patria, a trabajar por la unión latinoamericana mostrando lo que es la realidad, el acontecer, la vida de todos nuestros pueblos. Muchas veces sabemos mucho más de lo que ocurre en Nueva York o en Londres que lo que ocurre en Buenos Aires, Quito o Lima. –¿Cuál es la diferencia entre una noticia contada a través de CNN y de Telesur? –Tenemos una visión de la realidad diferente y muchas veces contrapuesta, una visión que pone énfasis en los nuevos actores sociales y políticos que están surgiendo. Además tratamos de practicar un periodismo ético de alta calidad donde las distintas partes que conforman la información tengan espacio, tengan participación. Telesur no es una operación de propaganda política como los medios privados tratan de estigmatizar. Es una operación informativa que lucha todos los días para hacer un periodismo de excelencia, con una audiencia global desde una perspectiva global de la región y en pos de la unión de sus países. –El surgimiento de Telesur coincide con los nuevos procesos políticos que se vivieron en los países latinoamericanos en los últimos años. –En todos estos países que ha habido procesos de cambios, no sólo en Venezuela, se están abriendo los cauces de participación democrática. La comunicación también está cambiando su orden, y hoy ya no es exclusiva de los grandes grupos corporativos y de las elites, sino que ahora el pueblo está haciendo comunicación. –¿Cómo están funcionando las experiencias de televisión comunitaria en Venezuela y qué grado de independencia tienen con respecto al Gobierno? –En Venezuela existen más de 500 medios comunitarios y alternativos operando allí libremente. ¿Qué relación tienen con el Gobierno? Hay una dirección en el Ministerio de Educación que da capacitación y equipamiento a quien lo necesite, en la medida de lo posible. La independencia es total y si se escucha a uno de esos niños, uno ve que son realmente duros con las críticas y acción del Gobierno. Son medios cuya existencia se debe a la revolución, si no hubiera un proceso de cambio y avance político en Venezuela esos medios no serían posibles. Y la gente lo tiene muy en claro porque saben que si hace un tiempo escribían una pared o trataban de hacer un periódico con una máquina de imprimir, los metían presos, los reprimían y a muchos de ellos los mataban o desaparecían. Ni hablar de lo que ha sido ese mismo ejemplo acá en Argentina, esa triste historia que tienen ustedes. –Son muchos los países latinoamericanos que están hoy debatiendo sus legislaciones de comunicación, lo que demuestra que es un tema que está en la agenda del continente y no un capricho argentino o del gobierno de turno. –Sí, en América latina se produjo una ruptura, un cambio de época, y en la medida en que ese cambio está conformando un nuevo orden, se ha posicionado y ha modificado un orden social y político. Lo comunicacional no está libre de eso como expresión de una sociedad. Esta discusión de la comunicación se está dando en todos los países de la región. Con los procesos populares que llegaron al poder por la vía de la participación y trabajaron para profundizar la democracia, aparecieron nuevos actores. Y en lo comunicacional aparecen también nuevos actores: medios comunitarios, alternativos, organizaciones del pueblo. A partir de la legitimidad que ese nuevo orden está adquiriendo, surge el debate sobre las leyes para reglamentar y ordenar el espacio radioeléctrico, y esas son discusiones que se están dando en todo el continente. –¿Qué opina de la ley de medios que se aprobó recientemente en la Argentina? –En Venezuela aprobamos en 2005 la Ley de Responsabilidad Social en Radio y Televisión que persigue más democracia en el espacio radioeléctrico, horarios de protección al menor, y amplía la industria nacional audiovisual y radiofónica obligando a los concesionarios del espacio radioeléctrico a que incluyan hasta cinco horas de producción nacional independiente, y a la radio que por cada música internacional que colocan tienen que colocar una canción producida en Venezuela. Y creo que la ley argentina es incluso más radical que la nuestra, porque le da un tercio del espacio radioeléctrico a las organizaciones sociales que hacen comunicación. Tiene elementos que profundizan aún más la democracia. –¿Existe el riesgo, como advierten algunos sectores, de que con las nuevas normativas legales se pueda caer en algún tipo de censura o acallar voces que el Gobierno no quiere escuchar? –La ley venezolana no ha acallado a nadie, al contrario, ha ampliado los cauces y ha permitido el surgimiento de nuevas voces. En la Argentina, por lo que conozco del instrumento legal, no veo posibilidad de eso, al contrario. –¿A qué aduce la resistencia que se está dando, sobre todo en los medios privados, al avance de estas leyes en América latina? –Estos medios han sido monarcas del espacio radioeléctrico de la comunicación durante décadas. Llegó el momento en que tienen que compartir y eso no va con el capitalismo ni con lo que ellos predican. Tienen que democratizar y eso tampoco es acorde con lo que ellos buscan. Pero la torta no es toda de ellos. ¿Por qué Telesur tiene una distribución tan restringida en la Argentina, por ejemplo? Porque los que controlan la red de cables la han censurado. Tenemos cuatro años al aire, Argentina es miembro de Telesur y no ha habido forma de que los que conforman Cablevisión, Multicanal o grandes sistemas de cable la incluyan en su oferta de canales. Nosotros estamos limitados a DirecTV que es quien nos distribuye aquí. Entonces, ¿quién ejerce la censura? ¿Quién coarta la libertad de expresión? Ellos la coartan. –¿Por qué piensa que se hizo tanto hincapié, a pesar de las diferencias entre ambos países, en igualar los procesos que se viven en la Argentina y en Venezuela? –Porque este proceso impulsado por Chávez es el blanco favorito para estigmatizar. Marx hablaba en el Manifiesto Comunista de cómo el espíritu comunista recorre Europa y todos le temen, como un fantasma. Chávez es un poco eso, un fantasma que recorre América latina. El chavismo es Chávez pero no es Chávez, son los pueblos, es la nueva época. Aquí pasaron épocas de gobiernos neoliberales que dejaron una herencia nefasta. ¿Por qué no hablamos de la convivencia de esos grandes grupos con la dictadura y lo que eso dejó aquí? –¿Piensa que influye en esa resistencia que este proceso democratizador de los medios sea impulsado por el oficialismo? –Es que el de ustedes es un gobierno que se debe a su pueblo. Lo mismo ocurre en Bolivia, ¿quién niega que Evo encarna las aspiraciones de su pueblo? Lo mismo hace Correa. Esta discusión de los medios está igual en Ecuador, y los medios privados tienen el mismo comportamiento y siguen mintiendo, manipulando y creando matices de desestabilización permanente. En México también. Es un tema que se está discutiendo en toda América latina porque el continente está cambiando. –¿Cómo introducir el debate sobre la democratización de la comunicación en realidades como las latinoamericanas, donde el acceso a la información está restringido para grandes franjas de la población que ni siquiera tienen los servicios básicos como el agua o la luz? –La discusión sobre la comunicación es una discusión sobre el poder también. En la medida que haya más poder para el pueblo es mayor la posibilidad de que el pueblo acceda a la política y así superar la pobreza. El tema político y la comunicación no pueden separarse, vienen en conjunto de una misma naturaleza. La naturaleza de nuestro conflicto político tiene en la comunicación uno de los terrenos claves de enfrentamiento, de batalla. Hay dos propuestas que están muy claramente enfrentadas en esta región: las que propone el imperio con sus lacayos y los procesos de soberanía y libertad que están en marcha de una forma u otra, con matices y características distintas. Pero hay un pueblo que está exigiendo un nuevo orden: participar, ser libre, exigir derechos. Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa8.html

EE.UU. asume el papel de mediador según su propia conveniencia y así lo ha hecho en cada conflicto en que ha intermediado. Su final ha sido siempre clara, aunque cada una de sus administraciones haya actuado con mayor o menor hipocresía política. Una hipócrita mediación promovida por EE.UU. fue en ocasión de la Guerra de las Malvinas. No les importaron los 649 militares argentinos masacrados por los ingleses. EE.UU. aparentaba mediar en el conflicto pero, por la espalda, apoyaba con recursos e información de inteligencia a Gran Bretaña. El rechazo de la República Bolivariana de Venezuela a la pretendida mediación por parte de Estados Unidos en el supuesto conflicto fronterizo entre su país y Colombia, fue manifestado en una reciente declaración del Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela. En la declaración se exponen las razones legítimas del gobierno de Hugo Chávez para desconocer el papel mediador de la Casa Blanca. Al respecto, expresa el comunicado emitido el 17 de noviembre: "El Ministerio del Poder Popular para Relaciones Exteriores de la República Bolivariana de Venezuela, en relación con las recientes declaraciones de funcionarios del Gobierno de los Estados Unidos sobre su "interés en promover la estabilidad y el diálogo" entre Colombia y Venezuela, desea recordar que la instalación de bases militares bajo el control irrestricto de los Estados Unidos en Colombia constituye el origen de una situación de inestabilidad y de inquietud regional." "El desproporcionado despliegue militar estadounidense en suelo colombiano, intenta justificar el gobierno de Colombia como un esfuerzo bilateral de lucha contra el narcotráfico y el terrorismo." Más adelante, puntualiza: "El fortalecimiento de la presencia militar de los Estados Unidos está orientado a proyectar su poder global para disuadir, bajo la amenaza de intervenciones militares, a países que como la República Bolivariana de Venezuela, mantienen una posición crítica en relación con su política imperialista." Inconsistencia del papel norteamericano como mediador De acuerdo con el concepto internacionalmente aceptado, el papel de mediador en un conflicto, como buscador de una solución entre las partes en disensión, debe ajustarse a reglas inviolables tales como: * Favorecer el diálogo, la comprensión y la comunicación, la búsqueda de soluciones legítimamente aceptables y la negociación de los acuerdos. * La mediación no debe proporcionar desventajas a alguna de las partes en trance, es decir, no debe propiciar ni vencedores o perdedores. * La mediación debe orientarse hacia el futuro, atacando las causas reales del conflicto, superándolas y dejándolas atrás. Nunca debe mirarse hacia el pasado. * Debe dirigir sus esfuerzos para que las propias partes sean las que encuentren las posibles soluciones al conflicto. Solo ellas podrán decidir el equilibrio adecuado entre pérdidas y beneficios tras un arreglo. * Por último y, lo más importante, es que el mediador debe ser totalmente neutral con respecto al conflicto de las partes. Por supuesto, no todas las mediaciones culminan con éxito. Pero el hecho simple de sentar en una negociación a las partes en conflicto es un paso de avance. La comunicación juega un papel esencial, pues ambos lados conocen sus recelos y resentimientos, sus opiniones y puntos de vista, se llegan a escuchar con respeto y pueden llegar a colocarse en la piel del otro, siempre que prime la transparencia en la discusión de las desavenencias. Sería realmente maravilloso que Venezuela y Colombia analizaran entre ellos, repito, solo entre ellos, su diferendo, pero siempre sobre la base de la honestidad y la transparencia. Quien se deja usar y manipular por otros, sirviéndoles de instrumentos a sus apetencias no puede ser limpio, honesto y transparente en una negociación. Tal es el papel del gobierno colombiano de Álvaro Uribe. De acuerdo con estos requisitos, los Estados Unidos no pueden ejercer el papel de mediador en dicho conflicto pues ellos constituyen, con su política injerencista y desestabilizadora, el principal escollo en una posible mediación. Sus apetitos hegemónicos, su enfrentamiento a ultranza contra los intentos de los países del ALBA por encontrar unidos sus propias vías de desarrollo, su sed de dominio imperial sobre los recursos naturales de nuestras naciones, así como el empleo de Colombia como punta de lanza de su agresividad contra Venezuela son, en esencia, el principal leí motiv para dudar de su neutralidad. En tal sentido, reafirma nuevamente el comunicado del MPPRE de Venezuela: "Ante esta real situación de amenaza a la estabilidad de la región por parte del gobierno de los Estados Unidos, la propuesta de mediar tiene un claro propósito de desviar la atención de su responsabilidad primaria en la crisis y resulta grosera a los ojos de los pueblos conscientes del mundo." La fabricación de conflictos y recelos entre nuestras naciones por parte de EE UU y sus agencias, punto de partida para la fabricación de disensiones en el plano inter americano, son el caldo de cultivo idóneo para justificar su intervencionismo en América Latina, para dar rienda suelta al armamentismo y a las provocaciones. El principio básico de cualquier negociación entre Venezuela y Colombia, sin emplear la mentira y la desinformación, es darle participación directa a quienes serán siempre los más afectados: nuestros pueblos latinoamericanos, pues como reza un viejo refrán africano: Cuando los elefantes luchan, quien sufre es la hierba. No hay, por tanto, ni debe haber lugar, para el gigante de las siete leguas, dedicado a sacar provecho de las divisiones y conflictos que el mismo fabrica y exacerba. Al respecto, expresa Fidel en su última Reflexión del 18 de noviembre, titulada La Revolución Bolivariana y la Paz: "Se engañan los que creen que dividiendo a colombianos y venezolanos tendrán éxito en sus planes contrarrevolucionarios. Muchos de los mejores y más humildes trabajadores en Venezuela son colombianos, y la Revolución les ha llevado educación, salud, empleo, derecho a la ciudadanía y otros beneficios para ellos y sus seres más queridos. Juntos, venezolanos y colombianos defenderán la gran Patria del Libertador de América; juntos lucharán por la libertad y la paz." Ante las serias y veraces acusaciones con respecto al papel desestabilizador de Estados Unidos en la región, el actual embajador de EE UU en Venezuela trató de justificar el acuerdo entre su país y Colombia, para establecer seis bases militares en el país neogranadino. Con fina hipocresía, expresión del nuevo estilo diplomático de la Casa Blanca en Latinoamérica, basado en un edulcorado regreso a la política del gran garrote, Patrick Duddy dijo que este acuerdo carece de fines agresivos y de peligros para las naciones limítrofes con Colombia. Al respecto, dijo en el día de ayer: "Es un acuerdo entre Estados Unidos y Colombia muy enfocado con la ayuda que estamos brindando a Colombia para lidiar con problemas internos por dentro de Colombia". Retomando las manidas y dudosas propuestas de que EE UU medie en el conflicto entre las dos naciones, Duddy expresó: "Washington ha dicho que estamos listos para ayudar al diálogo, apoyamos el diálogo y la cooperación por todo el hemisferio". El gobierno bolivariano, por supuesto, duda de las buenas intenciones de la Casa Blanca para mediar en su conflicto con Colombia y tiene razón en hacerlo, pues el papel mediador de Estados U/nidos en pasados conflictos internacionales ha dejado mucho que desear. Siempre ha estado al lado del más fuerte, siempre se ha aliado con aquellos alineados a sus objetivos de dominación y ha gozado de una descarada parcialidad. Por ello, apunta también la declaración del MPPRE: "Venezuela considera que si los Estados Unidos tienen un real interés en colaborar para promover el diálogo y la estabilidad regional deben desistir en su intención de convertir a Colombia en la base de operaciones de su estrategia regional de dominación. y control sobre los países de América del Sur." Muchas naciones y personalidades han querido participar en el rol de mediador en el diferendo entre estas dos naciones, separadas por una larga frontera de cerca de 2 216 kilómetros limítrofes. Colombia, por su parte ha recabado la mediación de España mientras que, por su parte, el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, se ha mostrado dispuesto a ayudar a dirimir el contencioso entre Venezuela y Colombia. La solicitud de mediación por parte de España fue realizada por el ministro de RR EE colombiano, Jaime Bermúdez, directamente con su homólogo español, Miguel Ángel Moratinos. Esta solicitud fue dada a conocer por el propio Bermúdez:''El gobierno de Colombia solicitó a España explorar mecanismos de verificación y monitoreo de la situación que se vive en la frontera con Venezuela, así como de los casos de los colombianos que en los últimos días han sido asesinados y detenidos en ese país''. Por parte, Lula confía contribuir a enfriar las tensiones entre ambos países en la reunión de países amazónicos de Manaos, a celebrarse el 26 de noviembre. Lula, dotado de un enorme prestigio internacional, puede lograr algo con respecto al diferendo, al menos sentar frente a frente a los mandatarios de ambas naciones. Sin embargo, mientras Uribe se mantenga apegado a la carrera armamentista de Estados Unidos en el continente, es difícil esperar un arreglo negociado. Honduras: un ejemplo del papel parcializado del rol mediador de Estados Unidos Mucho tuvo que esperar el confiado Manuel Zelaya Rosales para percatarse de que estaba siendo manipulado por la mediación llevada a cabo entre Oscar Arias y la Casa Blanca, mediante la cual arrebataron la iniciativa a la ONU, la OEA, UNASUR y a otros organismos internacionales, para dar una solución urgente y justa a la crisis política desatada por y con posterioridad al golpe de estado en su país. Mientras países como Cuba, Venezuela, Nicaragua y Bolivia denunciaban la maniobra para escamotear una solución legítima y constitucional al problema político hondureño -que no era otra cosa que la restitución de Zelaya a la presidencia-, tanto en la OEA, la ONU y la Unión Europea se condenaba con timidez y cómplice complacencia a los golpistas. Por su parte, la política aparentemente incongruente de la administración Obama, criticada por muchos por sus indefiniciones, no era cosa que una jugada inteligente para armar un segundo golpe de estado en las propias narices de la confundida comunidad internacional. Las bravuconerías de Micheletti, sabiéndose impune y apoyado por la ultraderecha conservadora norteamericana, despertaron recelo en unos pocos e indiferencia en casi todos. La verdad es que la confianza en Obama traicionó a todos. Su retórica de los primeros días de mandato hizo pensar en un cambio en su política internacional, escamoteando ante los demás el continuismo de la política ultraderechista norteamericana. La zanahoria fue aparentemente mayor que el garrote ocultado en las sombras, pero siempre dispuesto a ser descargado con un golpe contundente. Cuando se acercan las próximas elecciones del 29 de noviembre todo parece indicar que ha llegado el momento de abrir los ojos ante la realidad. Ya Zelaya se ha percatado que cayó en la trampa de una macabra mediación aupada por Estados Unidos y santificada por una dividida e inconsecuente OEA. El supuesto veleidoso comportamiento de Obama con respecto a Honduras, negando al principio la existencia de un golpe de estado en ese país y su tácita bendición a unas inconstitucionales elecciones repudiadas por el pueblo, han sido el precio del engaño. Mucho se ha dicho de un segundo golpe de estado en Honduras, tras la maniobra implícita de la mediación que condujo a los Acuerdos de San José, llenos de indefiniciones y vaguedades, de incongruencias de todo tipo, que los llevaron a ser burlados por Micheletti y sus cómplices por un lado, como a ser aceptados por una parte de la comunidad internacional. La asonada verdadera del 28 de junio fue peligrosa, es cierto. Pero más peligrosa y de dimensiones incalculables lo será la nueva asonada del 29 de noviembre. Si en la primera participaron las FF AA hondureñas, con los generales Romeo Orlando Vásquez Velásquez, Luis Javier Prince Suazo, Miguel Ángel García Padgett y el Contra Almirante Juan Pablo Rodríguez, a la cabeza; así como 15 integrantes de la Corte Suprema de Justicia y del poder judicial; 122 miembros del Congreso con Roberto Micheletti como jefe; Ramón Custodio López, Comisionado de Derechos Humanos; y el Consejo Hondureño de la Empresa Privada (COHEP) y sus 62 organizaciones de empresarios adinerados; en la segunda asonada son más los comprometidos. El golpe inicial se aprobó en Washington y en el Pentágono, esa es una verdad de Perogrullo, que no puede escamotearse con mentiras ni falsa retórica democrática. El segundo golpe, el más doloroso, se fabricó en el mismo lugar, pero con más implicados. Mientras unos permanecerán detrás del telón el venidero 29 de noviembre, lavándose las manos como Poncio Pilatos, muchos ya han bendecido la mediación de Oscar Arias, de una débil e irrespetada OEA y de un siempre impune Estados Unidos, acudiendo a la amañada cita electoral en calidad de supuestos observadores. El circo electoral los reunirá a todos: desde representantes de los gobiernos de Estados Unidos, Panamá y Francia, hasta la Unión Europea. No faltarán los representantes de la Internacional Liberal y la InterAmerican Bar Association de EE UU, los ex presidentes Jorge Quiroga (Bolivia), Armando Calderón Sol y Alfredo Cristiani (El Salvador), Vicente Fox (México), Lucio Gutiérrez (Ecuador), Alejandro Toledo (Perú), Vinicio Cerezo, Álvaro Arzú y Roberto Carpio Nicolle (Guatemala); el ex embajador de Estados Unidos en Honduras, James Creagan y Armando Valladares, ex representante norteamericano ante las Naciones Unidas; el presidente del Senado chileno, Jovino Novoa; y muchos otros oportunistas alabarderos es de esperar se sumarán, a última hora, al corrillo de complacientes con la mediación de Washington. Otros que asistirán a consumar el golpe definitivo contra Zelaya son la Federación Interamericana de Abogados, el Comité Coordinador de Asociaciones Agrícolas, Comerciales, Industriales y Financieras (CACIF) de Guatemala, así como las Fundaciones Konrad Adenauer y Nauman (Alemania). El acuerdo mediador de la Casa Blanca con los golpistas hondureños, que presupone la exclusión de Zelaya, o tal vez su colocación por unos breves días luego de las amañadas e inconstitucionales elecciones, ha implementado también una supuesta Comisión de la Verdad. Al respecto, dice Eva Golinger en un artículo del pasado 6 de noviembre de 2009: "Según el "acuerdo", una comisión de la verdad supervisará la implementación de los términos acordados. Hoy anunciaron que la comisión será liderada por una ficha de Washington, el ex presidente chileno, Ricardo Lagos. Promotor de las políticas neoliberales de Washington, Lagos es co-director de la Junta Directiva del Diálogo Interamericano, un centro de pensamiento estadounidense de la derecha que analiza los temas relacionados con América Latina. También fue encargado por la National Endowment for Democracy (NED) para crear una versión chilena, la Fundación Democracia y Desarrollo, para "promover la democracia", al estilo estadounidense en la región. Al salir de la presidencia en Chile, Lagos fue Presidente del Club de Madrid - un club exclusivo de ex presidentes dedicados a "promover la democracia" por el mundo. En ese "club", también figuran personajes vinculados con la desestabilización de los gobiernos de izquierda en América Latina como Jorge Quiroga y Gonzalo Sánchez de Lozada (ex presidentes de Bolivia), Felipe González (ex primer ministro de España), Václav Havel (ex presidente de la República Checa) y José María Aznar (ex primer ministro de España), entre muchos otros." El pueblo hondureño, que ha rebasado al confiado e iluso Manuel Zelaya en sus demandas, y quien en realidad ha puesto los muertos y heridos frente a la represión, no cesará la lucha contra el golpismo. Su legítimo representante, el Frente Nacional de Resistencia contra el golpe de Estado, ha puesto las cartas sobre la mesa: no participarán en las elecciones de noviembre y desconocerán sus resultados. Al respecto, declaró el Frente:''Convocamos a la población organizada y no organizada a sumarse a las acciones de repudio de la farsa electoral y a promover las acciones de desobediencia civil que realizaremos amparamos en el artículo 3 de la Constitución de la República, que nos da derecho a la desobediencia y a la insurrección popular''. Mientras tanto Ian Kelly, el portavoz de la Casa Blanca, todavía pugnaba por continuar engañando al mundo, haciendo valer la doble cara de la política norteamericana hacia Honduras. Con desfachatez, expresó hace unas horas:"Hemos sido muy explícitos en cuanto a que reconocemos a Zelaya como el líder democráticamente electo de Honduras". (...) "Seguimos comprometidos con la aplicación del acuerdo Tegucigalpa/San José. Y mantenemos esta posición". Las mediaciones estilo USA Estados Unidos asume el papel de mediador según su propia conveniencia y así lo ha hecho en cada conflicto en que ha intermediado. Su final ha sido siempre clara, aunque cada una de sus administraciones haya actuado con mayor o menor hipocresía política. Uno de estos casos fue el papel mediador de Estados Unidos en la disputa en Pakistán y la India en torno a la región de Cachemira. Aparentando defender la paz en la región, el ex presidente Bush, trató a toda costa de aparentar el zanjado de la disensión entre ambos países que data desde la década de los 40 del siglo pasado. Estados Unidos presionó a Paquistán para que le permitiera agredir supuestos focos terroristas de AlQaeda desde su territorio, así como se alejara del proyectado acuerdo con Irán de construir un gaseoducto que pasaría por su territorio y por la India. El mismo argumento fue usado para presionar al gobierno hindú, país también beneficiario de la construcción del proyecto gasífero iraní. Otra descarada mediación norteamericana tuvo lugar durante la administración Clinton, cuando la Casa Blanca intervino para mediar en el contencioso entre Israel y Palestina. En este caso, la parcializada y permanente posición norteamericana a favor del sionismo dio al traste las conversaciones de Camp David entre el primer ministro israelí, Ehud Barak, y el presidente Yasser Arafat. El irrespetuoso comportamiento de Israel en las conversaciones y su permanente agresividad militar contra el indefenso pueblo palestino, su negativa ante cuestiones como la soberanía de la Franja de Gaza y Cisjordania, la negación del derecho a que exista un Estado palestino en dichas áreas, así como la solución a los problemas del oriente de Jerusalén, de los Altos del Golán y de las Granjas de Shebaa, son parte de las maniobras tratadas de negociar supuestamente y bendecidas ocultamente por Washington en un hipócrita papel de mediador. Estados Unidos ha sido el promotor directo de los conflictos de Israel y Palestina, al no haber usado sus resortes de convencimiento con sus aliados sionistas para resolver el incremento de los asentamientos judíos en territorios palestinos, el acuciante problema de los centenares de miles de refugiados palestinos y, sobre todo, reforzar la paz en la región. Por el contrario, EE UU usa a su socio judío para sabotear la convivencia pacífica en el Medio Oriente, promoviendo conflictos con Siria, Líbano e Irán. Otra hipócrita mediación promovida por Estados Unidos fue en ocasión de la Guerra de las Malvinas, conflicto desatado entre Inglaterra y la Argentina en 1982. El viejo diferendo que ha dado lugar al legítimo reclamo de los argentinos sobre la soberanía de estas islas, data de 1833, cuando las mismas le fueron usurpadas por la fuerza por la colonial corona inglesa. No le importaron a la Casa Blanca los 649 militares argentinos masacrados por las sofisticadas armas de guerra usadas por los ingleses. Estados Unidos aparentaba mediar en el conflicto pero, por la espalda, apoyaba con recursos e información de inteligencia a Gran Bretaña. Estados Unidos nunca reconoció el legítimo derecho argentino a la soberanía de las islas Malvinas, por el contrario, propuso la retirada incondicional de las tropas gauchas del territorio. La hipocresía de la administración de Ronald Reagan en este proceso negociador fue siempre parcializada a favor de la potencia inglesa y de la OTAN. Al analizar todos estos hechos en relación con el papel de supuesto negociador en el mundo, no cabe la menor duda de que la posición de la República Bolivariana de Venezuela de no aceptar el papel mediador de Estados Unidos, es sumamente inteligente y cauta. Los que han pecado de confiar en la Casa Blanca a lo largo de la historia, no importa cuál sea el ropaje que asumen sus mandatarios o la retórica que usen, corren el riesgo de ser engañados o defraudados en el menor de los casos. En el peor de ellos, como se pretende hacer con Venezuela mediante esta sucia y prometida negociación, se corre el peligroso riesgo de desaparecer de la faz de la tierra. Fuente:http://www.telesurtv.net/noticias/contexto/1492/los-oscuros-objetivos-de-la-propuesta-de-estados-unidos-de-mediar-entre-colombia-y-venezuela/

Hace seis años, Claudio Zeiger escribió en Radar que él no es de esos que no pueden ver Tinelli. Y es que hay, en efecto, una sensibilidad especial, hiperdesarrollada en círculos serios, que huye de Tinelli como de la peste. Yo, como Zeiger, puedo ver Tinelli. Aunque sea sexista y ramplón, repetitivo hasta el hartazgo, desde luego homofóbico, y siempre vuele bajo. Pero no lo neguemos: todos somos un poco Tinelli y Tinelli –como sucede con los gordos en los buffet libres– sabe sacar lo peor de nosotros: Tinelli nos invita a reírnos sin culpa del tonto, del goma, del que cae en la broma pesada, del que tropieza, del que no encuentra las palabras (un ejemplo entre miles: cuando Matías Alé apareció con su nueva y pulposa novia, el coro gritaba desde el off, para que escuchara Graciela Alfano, “¡Cambiaste de modelo, te compraste un 0 kilómetro!”). La novedad es que ahora, rompiendo una larga tradición, Tinelli ha adoptado una posición política: si la política lleva años tinellizándose, ¿se politiza Tinelli? Aunque diga barbaridades, no está de más preguntarse por qué. “Gran Cuñado” Tinelli es una creación estrictamente argentina, pero la tinellización de la política –es decir, la difuminación de las fronteras entre política y espectáculo o la adopción por parte de la primera de los códigos y los tics del segundo– no es un invento local: el escritor mexicano Carlos Fuentes acuñó el término “pipolización” (derivado de la revista americana People, modelo de publicaciones estilo Caras o Gente) para referirse a la farandulización de la política. En Argentina, Luis Alberto Quevedo suele recordar a Raúl Alfonsín como el primer presidente que no sólo lanzó una campaña electoral profesional en base a la idea de marca (el óvalo RA), sino también el primero en asistir a programas de televisión no periodísticos. Pero quien dio el gran salto fue Carlos Menem, cuya voluntad rupturista se expresó en muchas cosas, en general negativas, pero también en un desparpajo transgresor en muchos aspectos, no todos malos: primer presidente divorciado, por ejemplo. En todo caso, la de los ‘90 fue la década crucial. Con el lanzamiento a la arena electoral de celebrities mediáticas –de Palito Ortega y Carlos Reutemann a Graciela Fernández Meijide y Aníbal Ibarra–, la línea divisoria política-espectáculo, o política-sociedad civil, terminó de borrarse. Pero no sólo la política, la Argentina en general se tinellizaba. En este contexto, no debería llamar la atención que uno de los ejes de la última campaña electoral haya sido el Gran Cuñado. Más allá de la (exagerada y en todo caso incomprobable) discusión acerca de los efectos electorales del sketch, lo central es que la amplia participación de dirigentes en el show confirmó la complicidad de la clase política con esta tendencia profunda. Néstor Kirchner, que ya había llevado al extremo su amistad con Tinelli invitando a la Casa Rosada al brillante imitador de De la Rúa, concedió una aparición telefónica antes del cierre de la campaña. Pero también Francisco de Narváez brilló con aquello de “Alica, Alicate”. Y para no cargar las tintas sobre Marcelo, digamos que Scioli se expone rutinariamente al maltrato de Mirtha, que los políticos cantan tangos en lo de Susana, que Solá bromea con los noteros de CQC... Lo que llama la atención, en todo caso, es que dirigentes muy representativos, que han obtenido millones de votos, en algunos casos revalidados electoralmente más de una vez, acepten jugar bajo las reglas de la televisión, legitimando con su presencia y sus chistes forzados la posición de las celebrities sin reparar en el efecto despolitizador que se genera (de entre los grandes líderes nacionales, sólo dos –Cristina Kirchner y Elisa Carrió– han evitado caer en la trampa). La politización de Marcelo Pero la gran novedad de estos días es la toma de posición de Tinelli. Su respuesta a las críticas de Cristina –que cuestionó la exhibición de la pobreza en televisión y a quienes se compaceden de los pobres sueltos pero los rechazan cuando están organizados– fue el primer paso de una secuencia de discursos. Siguió el reclamo de justicia, la mención a los derechos humanos, las críticas a Luis D’Elía, la inseguridad. Hasta aquel momento, Tinelli, aunque tenía, por supuesto, sus simpatías, había evitado astutamente jugarse de lleno, logrando mantenerse siempre al margen de la disputa política cotidiana. Ahora, en cambio, recoge el guante de la antipolítica y lo lanza contra el oficialismo. Como señalamos en otra oportunidad, la antipolítica es una tendencia mundial que en la Argentina tiene profundas y pluriideológicas raíces: hay una antipolítica originaria de izquierda, inspirada en las corrientes inmigratorias del siglo pasado, sobre todo anarquistas, que portaban un rechazo genético a la autoridad debido a las experiencias autoritarias en sus países de origen (Italia, España, Polonia); hay una antipolítica católico-integrista, según la cual la religión debería guiar y orientar a la política; hay, aunque a los peronistas no les guste, una antipolítica populista, de afán movimientista y negación del otro (usualmente la oligarquía); y hay finalmente una antipolítica noventista, liberal-tecnocrática, de administración y gestión de las cosas y negación del conflicto bajo la ilusión de la racionalidad técnica. Todo esto potenciado, en la Argentina, por el silogismo que Moisés Naím inventó para Venezuela pero que se aplica perfectamente a la realidad local: “Argentina es un país rico, yo soy pobre, luego alguien se robó mi dinero”. Pero lo interesante es que la antipolítica es, a esta altura, parte constitutiva de la clase política, y no sólo un recurso fácil de los conductores televisivos. La complicidad de los políticos con Mirta o Tinelli, aunque comprensible en términos electorales, genera un efecto pernicioso para el conjunto, al que degrada como un todo. Y aunque sería absurdo sobreinterpretar las declaraciones de Tinelli como parte de un plan premeditado para destruir al Gobierno, y mucho menos como el origen de una futura candidatura (el creador del Dinosaurio Bernardo parece demasiado inteligente para eso), cabe preguntarse por qué decidió hablar. En las mesas de novedades Aunque se venía cocinando desde el comienzo, en los últimos dos o tres años el clima anti–K se ha ido afianzando hasta alcanzar el punto caramelo durante el conflicto por el campo. Tras su derrota en las elecciones de junio, el Gobierno ha conseguido una serie de triunfos políticos inesperados –la ley de medios es el más notable– que le permitieron consolidar su (minoritaria) base de apoyo, solidificarla, aunque al costo de afianzar un núcleo de rechazo no menos intenso, tal como suele suceder en contextos políticos polarizados (minorías intensas en uno y otro extremo y un centro que se manifiesta cada vez más cansado del conflicto y clama por consenso y serenidad: Julio Cobos como paradigma). La existencia de este sector anti-K es fácilmente comprobable, por ejemplo recorriendo las librerías. Como se sabe, desde hace ya varios años que la industria editorial, al menos en su vertiente más comercial, ha ingresado de lleno a los mercados del capitalismo, con los libros convertidos en vehículos para el consumo de masas y los autores en estrellas mediáticas. Las grandes editoriales, dominadas por holdings globalizados, integrados plenamente a los circuitos de la industria del entretenimiento y dependientes de casas matrices situadas en el Primer Mundo, son verdaderas industrias masivas, muy atentas a los climas del mercado y capaces de detectar, por supuesto antes que los sociólogos, los humores de la sociedad. Ultimamente apuestan a los libros anti-kirchneristas, presuntos desnudadores de los secretos del régimen: El poskirchnernismo, de Mariano Grondona; La política de la desmesura, de Joaquín Morales Solá; El Dueño, de Luis Majul, o Patria o Medios, de Edi Zunino, entre tantos otros. Y como Tinelli no es un creador sino un interpretador de tendencias sociales, se limita a surfear sobre una ola anti–K construida previamente. Pero, ¿por qué eligió la inseguridad –y no las relaciones exteriores o la inflación– como eje de su discurso? Gabriel Kessler, el investigador que con más inteligencia ha trabajado el tema, explicó en marzo a Página/12 que, como la inseguridad puede tocarle a cualquiera, todos se sienten habilitados a plantear soluciones (el caso de Juan Carlos Blumberg, de víctima convertido en especialista, es el más conocido, pero el ejemplo se repite entre los miles de vecinos entrevistados diariamente por los movileros: “Acá lo que hay que hacer...”). Con la inseguridad pasa como con la inflación en los ’80 (todos tenían una respuesta) o con el fútbol en los mundiales (cualquiera puede ser director técnico). Lo nuevo –agrega Kessler– es la idea de que nadie está haciendo nada, peligrosa en la medida en que alimenta una sensación de falta de control que puede derivar en respuestas equivocadas. La inseguridad como problema La cuestión es cómo asumir políticamente el problema de la inseguridad desde un enfoque progresista. El Gobierno ha sido renuente a hacerlo por una serie de motivos. En primer lugar, como resultado del diagnóstico simplista de considerar a la inseguridad como un subproducto automático de la desigualdad, de lo que se deriva –como señala el investigador brasileño Marcos Rolim en La seguridad como desafío moderno a los derechos humanos– la inmovilizadora tesis de que hasta que no se acabe la segunda no tiene sentido ocuparse de la primera. A ello se agregan otros factores, como el natural rechazo de las corrientes progresistas a utilizar la represión legítima debido a la alergia que le produce el contacto con un policía o un gendarme a cualquiera que haya sufrido la acción de la dictadura, lo que ha generado una notable falta de capacidad de gestión sobre el tema (con excepciones contadísimas, como Marcelo Saín). Finalmente, está el argumento de que la impunidad de los crímenes de la dictadura y la falta de castigo de los delitos de guante blanco, sobre todo la corrupción, alimentan la inseguridad. Y si por un lado es posible que la falta de justicia haya generado un contexto social afín al delito, la interpretación parece un poco forzada: en otras palabras, no parece fácil encontrar una correlación directa entre la sanción de las leyes de obediencia debida y punto final y la industria de los secuestros, o entre los indultos y los desarmaderos de autos o entre Antonini Wilson y los arrebatos en el subte (si fuera así, la recuperación de la ESMA debería haber generado una baja automática de los índices de homicidios). Ninguno de estos argumentos es suficiente. Desde luego, la inseguridad es un fenómeno estructural, comprobable en otras latitudes, vinculado con la desestructuración social de los ’90, el desmantelamiento del modelo de bienestar y la individualización y despersonalización de las relaciones sociales. Está, como señala el sociólogo Marco Aurelio Nogueira, en la base de la “sociedad del riesgo”, en la que todo –el empleo, el vínculo matrimonial, la propia vida– se encuentra en estado de amenaza permanente. Pero que esto sea así no implica que el Gobierno deba resginarse a ceder el tema al populismo penal de derecha. La modificación de las contravenciones propuesta por Daniel Scioli es una peligrosa señal de lo que puede venir. Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa10.html

“El que no tiene buena cabeza para prever, ha de tener buenas espaldas para aguantar” - Juan Domingo Perón Una breve descripción de las condiciones en las que asumió el primer peronismo la conducción del estado, pueden orientarnos inicialmente en la indagación respecto a la idea de doctrina que lo nutrió. Quien mejor que el mismísimo Perón para hacerla: “En 1946, cuando nos hicimos cargo del gobierno, el panorama que se me presentó a mí, un hombre acostumbrado a realizar trabajos orgánicos fue pavoroso. Llegaba de golpe a un gobierno sin ninguna planificación y sin ninguna organización. Como digo, yo era un hombre racionalmente acostumbrado a encarar la solución mediante estudios previos, estudios bases, planes, etc., y se me presentó el terrible dilema de planificar por realizar. Si hubiera planificado todavía estaría pensando que deberá hacerse en el primer plan quinquenal, aún después de haber terminado el primer gobierno. Realizar sin planificar siempre resulta una tarea un poco irracional y hasta a veces anacrónica” Pero esto no es todo, en la misma oportunidad el mandatario señaló que: “en cuanto a la organización, no puede nadie negar que nuestro pueblo estaba totalmente desorganizado. Las fuerzas naturales de la organización (…) no se habían realizado en nuestro pueblo, sino alrededor de círculos o intereses que no es lo racional para la organización de una Nación y menos de un Pueblo. El Estado estaba total y absolutamente desorganizado como consecuencia de haber mantenido una vieja organización que pudo haber respondido hace cien años pero que ahora ya no respondía a las necesidades del momento y menos en una época inminentemente técnica en la organización, en la administración, y en el gobierno. (...) Hubo que organizar el gobierno y después el estado Frente a ese problema se presentó, como previo a todo, organizar el gobierno; después organizar el Estado” . A Perón no lo seducían las ideologías entendidas como formulaciones teóricas de pretendida validez universal sin un anclaje comprobado en la realidad concreta. Prefería conformar una doctrina realizable que, inclusive, pudiera lograr cierta armonía entre opuestos . Las condiciones históricas descriptas, sumadas a su propia experiencia y formación, llevaron a Perón a concebir a las doctrinas como “exposiciones sintéticas de grandes líneas de orientación”, que representan “en sí, y en su propia síntesis, solamente el enunciado de innumerables problemas; pero la solución de esos problemas, realizada por el examen analítico de los mismos, no puede formar cuerpo en esa doctrina sin que constituya toda una teoría de la doctrina misma” . Para el conductor del justicialismo, una doctrina sin la teoría que la fundamente resultaba incompleta, pero una teoría que no contemplara realizaciones concretas resultaba inútil. El círculo para él cerraba de forma tal, que la teoría se enseñaba, la doctrina se inculcaba, y el desafío consistía en llevar a ambas a la práctica. La realidad nutre a la teoría, y la teoría nutre a la realidad. En ese orden de ideas, puede decirse que el entonces presidente se sitúa dentro de aquellos que sostienen que toda doctrina presupone de un fundamento anterior de orden filosófico, el que a la vez por su núcleo de conexidad con la realidad, viabiliza intervenciones plausibles y eficaces. Cabe entonces establecer una claro paralelismo entre tal formulación y aquella máxima jauretchena que se planteaba partir un interrogante que engloba dos alternativas: ¿especular sobre razones o razonar sobre realidades? Ambos, entonces, se inclinan por la segunda opción, es decir, la que vincula intrínsecamente la actividad cognoscente e intelectiva del sujeto con una realidad exterior. Esta mirada filosófico–política distancia a Perón de aquella concepción iluminista tan característica de las élites intelectuales de la época, ideología que para autores como Fermín Chávez, fue exportada por Europa y aceptada a libro cerrado por nuestras academias. Para el autor, el iluminismo constituyó una verdadera ideología a-histórica de la dependencia, que llevó a muchos intelectuales argentinos a pensar un país nacido de la razón, a “imagen y semejanza de los modelos propuestos por las teorías europeas”. Perón, en igual línea de razonamiento, concebía al iluminismo de importación como una fuga, ya que para él la apelación a la utopía con frecuencia “es un cómodo pretexto cuando se quiere rehuir las tareas concretas y refugiarse en un mundo imaginario; vivir en un futuro hipotético significa deponer las responsabilidades inmediatas ”. Conciente del fenómeno de importación ideológica, enseñaba además que en nuestro país existió “una larga tradición en esto de importar ideologías, ya sea en forma parcial o total (…) es contra esa actitud que ha debido enfrentarse permanentemente nuestra conciencia. Las bases fértiles para la concepción de una ideología nacional coherente con nuestro espíritu argentino, han surgido del mismo seno de nuestra patria. El pueblo, fuente de permanente creación y auto perfeccionamiento, estaba preparado desde hacía ya muchos años para conformar una ideología nacional, social y cristiana. ” Como fórmula contrapuesta al iluminismo de importación, Perón planteaba un tipo de realismo político que enunciaba fervorosamente con aquella famosa máxima (“La única verdad es la realidad”), sentencia que presupone el principio de continuidad y preeminencia del fenómeno socio- cultural e histórico. Hay “que llegar a la realidad de alguna manera y de allí afirmar las conclusiones”, sentenciaba Perón advirtiendo además que “nuestro modelo político propone el ideal no utópico de realizar dos tareas permanentes: acercar la realidad al ideal y revisar la validez de ese ideal para mantenerlo abierto a la realidad del futuro” . El jefe del peronismo concibe además a la doctrina como un instrumento orientador hacia fines, a tal punto que alegaba que toda nación debe poseer una doctrina, que es el punto de partida de la organización de una colectividad. En relación a los elementos que componen un compendio doctrinario determinado resulta particularmente sugestiva la siguiente afirmación extraída del libro Conducción Política: “Las doctrinas no son eternas sino en sus grandes principios, pero es necesario ir adaptándolas a los tiempos, al progreso y a las necesidades (...) una doctrina hoy excelente puede resultar un anacronismo dentro de pocos años, a fuerza de no evolucionar y de no adaptarse a las nuevas necesidades, y ello influye en la propia doctrina, porque una verdad que hoy nos parece incontrovertible, quizá dentro de pocos años resulte una cosa totalmente fuera de lugar, fuera de tiempo y fuera de circunstancias” . De tal formulación se desprende que para Perón, ciertos cambios que se operan en la realidad pueden determinar la alteración, modificación, o adecuación de algunos componentes doctrinarios, sin dejar de tener en cuenta que más allá de tal circunstancia, existen para él ciertos principios inmutables se constituyen en verdaderos límites filosóficos y políticos a las alteraciones que la realidad determina. En sintonía con lo expuesto, bien cabe compartir entonces la reflexión que sostiene que “el objetivo de lo que se ha llamado la doctrina nacional ha sido el constituir una nación socialmente justa, económicamente libre y políticamente soberana. Ello supone que, en lo externo, se guíe por el principio de las nacionalidades, sostenga la autodeterminación de los pueblos políticamente constituidos y postule una tercera posición que supere al capitalismo liberal y el comunismo marxista. En lo interno, a su vez, tiene como meta la felicidad del pueblo y la grandeza de la Nación, lo que técnicamente se denomina el bien común general, al que se accede a través de la organización de la Comunidad. ¿Qué quiere decir esto? Que no puede lograrse el bien común de la nación si no se establece un régimen en el que todas las unidades que la integran puedan conseguir su propio bien, su objetivo específico” . Surgen de los párrafos precedentes algunos de los principios inmutables de nítida orientación nacional y humanista, que se constituyen en verdaderos límites doctrinarios a las determinaciones que estipula la realidad. Tales principios emergen además de las mismas palabras de Perón: “La Justicia social, la Independencia económica y la Soberanía del Estado no pueden ser negadas por ningún argentino; y no solamente negadas ni discutidas, porque cuando se trata de la justicia, cuando se trata de la libertad y cuando se trata de la soberanía no puede haber discusión en contra de la Nación” (…) Nosotros hemos cristalizado como doctrina nacional nuestras tres banderas, que no pueden arriarse por otro que no sea un traidor a la Patria” ” . El proceso de elaboración e interpretación doctrinaria para Perón no puede quedar librado a la heterogeneidad de interpretaciones de los hombres en forma individual, sino, por el contrario, dicha labor debe constituirse en una empresa colectiva. Para el fundador del justicialismo, las doctrinas no se constituyen exclusivamente con expresiones provenientes del saber o del genio del conductor o de una determinada elite. Para su formulación o reformulación se requieren de instancias colectivas de debate e interpretación tendientes a obtener una unidad de concepción que, a la vez de forjar formulaciones doctrinarias comunes, propugne acciones prácticas para operar sobre la realidad concreta. Este mecanismo verdaderamente compuesto de elaboración doctrinaria es enunciado por el conductor del justicialismo de la siguiente forma: “nosotros hemos concebido una doctrina y la hemos ejecutado, y después la hemos escrito y la hemos presentado a la consideración de todos los argentinos. Pero esa doctrina no está suficientemente desarrollada. Es sólo el enunciado, en forma sintética, del contenido integral de la doctrina. Será función de cada uno de los justicialistas argentinos, a lo largo del tiempo, ir poniendo su colaboración permanente hasta desarrollar el último detalle de esa doctrina, para presentar también, finalmente, una doctrina más sintética que la nuestra, más completa que la nuestra” - y además – “la doctrina nacional puede ser discutida, pero debe ser aplicada porque algo tenemos que hacer. Discutirla para perfeccionarla, pero aplicarla, porque el que no aplica una doctrina que se ha creado para la Nación está procediendo en contra de la Nación” . La tarea de adoctrinamiento para el fundador del justicialismo es fundamental. Pero el solo conocimiento de la doctrina resulta insuficiente: lo fundamental es “sentirla, y lo más importante es amarla (…) es menester tener una mística, que es la verdadera fuerza motriz que impulsa a la realización y al sacrificio para esa realización” . He aquí una verdadera visión espiritualista y trascendente del saber doctrinario, y la validación de una verdadera dimensión sensitiva del conocimiento que para Perón resulta un constituyente estructural del universo de lo humano, y que se expresa claramente cuando sentencia: “una doctrina nacional es tan fundamental en el Estado, en la Nación, como fundamentales son el alma y el pensamiento en un hombre. ¿Adónde va un hombre que no tenga sentimientos ni pensamientos? ¿Y adónde iría una Nación que no tuviese un pensamiento y un sentimiento comunes” Las circunstancias históricas y socioeconómicas en las que asume el primer peronismo, y que lo desafían a impulsar desde las estructuras del estado un inminente impulso distributivo, determinan que Perón plantee una verdadera formación en el hacer. La famosa sentencia mejor que decir es hacer y mejor que prometer y realizar no constituye una simple consigna para diferenciarse de la inacción de sus detractores. Desde nuestra perspectiva, compone también un mensaje dirigido las elites vernáculas formadas en un racionalismo de oratoria, a fin que tomaran conciencia de la magnitud de la obra que había que realizar para obtener una argentina integrada. Desde la otra, una clara advertencia a sus seguidores respecto a la vocación de servicio, el compromiso y el sacrificio que demandaba la hora. Es por tal cuestión, que el entonces presidente proclamaba a todas voces que debían formarse hombres capaces de decir y hombres capaces de hacer. Se trata de formar el mayor número de hombres y mujeres capaces de hacer. Formar hombres y mujeres en un hacer, como sostuvimos, resulta un criterio íntimamente vinculado al inmediato desafío de impulsar un proyecto nacional que promovería: “una sociedad libre y un pueblo no dependiente, dueño de su destino, que recuperó el dominio sobre sus propios recursos y los desarrolló según planes intencionados poniendo la economía al servicio del hombre; una sociedad justa donde el trabajador fue protagonista y obtuvo el reconocimiento de sus derechos y los ejerció plenamente, donde se dio decisiva valoración al trabajo como instrumento de desarrollo personal” . En definitiva, Perón concibió a las doctrinas como modos de especulación–acción en permanente contacto con la realidad, que se expresan a partir de grandes postulados orientativos, los que a la vez responden a las aspiraciones, necesidades, y conveniencias nacionales y populares. Solo los grandes principios doctrinarios son inmutables -y en tanto- las doctrinas deben ir adaptándose a las circunstancias, requiriendo para mantener su vigencia efectiva, un permanente régimen de actualización. Para concluir resta señalar que desde el punto de vista funcional, la doctrina constituye un vector de unidad, que permite analizar las circunstancias de manera análoga, y, en consecuencia, obrar en similar sentido. Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa11.html

"¿Qué vamos a hacer, quedarnos sentados durante cuatro años y simplemente condenar al golpe?", declaraciones de un alto oficial del Departamento de Estado en Washington ayer. Las verdaderas divisiones en América Latina entre la justicia y la injusticia, democracia y dictadura, derechos humanos y derechos de corporaciones, el poder popular y la dominación imperial nunca han estado tan visibles como hoy. Los movimientos de los pueblos por toda la región para transformar sistemas corruptos y desiguales que han aislado y excluido la mayoría de las naciones latinoamericanas, están hoy exitosamente tomando el poder de forma democrática y construyendo nuevos modelos fundamentados en la justicia económica y la justicia social. Venezuela, Bolivia, Nicaragua y Ecuador están en la vanguardia de estos movimientos, mientras que otras naciones, como Uruguay y Argentina se están moviendo con un paso un poco más lento hacia el cambio. La región históricamente ha sido plagada por una injerencia brutal de Estados Unidos, la cual ha buscado a todo costo dominar y controlar los recursos estratégicos y naturales contenidos en este territorio abundante. Con la excepción de la desafiante revolución cubana, Washington logró instalar regímenes títeres por toda América Latina a finales del siglo XX. Cuando Hugo Chávez ganó la presidencia en 1998 y la revolución bolivariana comenzó a florecer, el balance del poder y el control imperial sobre la región se debilitaban. Ocho años del gobierno de George W. Bush trajo de nuevo los golpes de estado a la región, en Venezuela en 2002 contra el Presidente Chávez y en Haití en 2004 contra el Presidente Aristide. El primero fue derrotado por una insurrección popular masiva del pueblo, y el posterior logró secuestrar y derrocar a un presidente ya no conveniente para los intereses de Washington. A pesar de los esfuerzos de la administración de Bush de neutralizar la expansión de revolución en América Latina, a través de golpes, sabotajes económicos, guerra mediática, operaciones psicológicas, intervención electoral y un incremento en la presencia militar, naciones justo a la frontera estadounidense, como Honduras, El Salvador y Guatemala eligieron presidentes con tendencias izquierdistas. La integración latinoamericana se consolidó con UNASUR y ALBA, y las garras del poder de Washington comenzaron a desaparecer. Henry Kissinger dijo en los años setenta, "si no podemos controlar a América Latina, ¿cómo vamos a dominar al mundo?" Esta visión imperialista está muy vigente hoy. La presencia de Obama en la Casa Blanca fue vista de forma errónea por muchos en la región como un señal de un final a la agresión estadounidense en el mundo, y especialmente aquí, en América Latina. Por lo menos, muchos pensaban que Obama disminuiría las crecientes tensiones con sus vecinos en el sur. Por cierto, el mismo, el nuevo presidente de Estados Unidos, hizo alusiones a tales cambios. Pero ahora, la estrategia del "Smart Power" (poder inteligente) de la administración de Obama ha sido desenmascarada. Los abrazos, intercambios de manos, sonrisas, regalos y promesas de "no más intervención" y "una nueva era" realizadas por el Presidente Obama mismo ante los líderes de las naciones latinoamericanas durante la Cumbre de las Américas en Trinidad en abril pasado, se han convertido en cínicos gestos de hipocresía. Cuando Obama llegó al poder, la reputación de Washington estaba decayendo. Los intentos débiles de "cambiar" la relación Norte-Sur en las Américas han resultado en una situación peor, reafirmando que la visión de Kissinger sobre la importancia de controlar ésta región es una política de estado de Washington que no depende de ningún partido o jefe de estado. El papel de Washington en el golpe en Honduras contra el Presidente Zelaya ha sido evidente desde el primer día. El financiamiento contínua a los golpistas, la presencia militar del Pentágono en Soto Cano, las constantes reuniones entre funcionarios del Departamento de Estado y el embajador de EEUU en Honduras, Hugo Llorens, con los golpistas, y los intentos cínicos de forzar una "mediación" y "negociación" entre los golpistas y el gobierno legítimo de Honduras, son evidencias contundentes sobre las intenciones de Washington de consolidar esta nueva forma de "golpe inteligente". La insistencia pública inicial del gobierno de Obama sobre la legitimidad de Zelaya como presidente de Honduras rápidamente desapareció luego de las primeras semanas del golpe. Los llamados para la "restitución del órden democrático y constitucional" en Honduras fueron cambiadas por cuchicheos débiles repetidos por las voces monótonas de los voceros del Departamento de Estado. La imposición del presidente de Costa Rica, Oscar Árias " una ficha de Washington " para "mediar" la "negociación" ordenada por Washington entre los golpistas y el Presidente Zelaya fue un circo. Del primer momento, era obvio que el Departamento de Estado estaba promoviendo una estrategia de "ganar tiempo" para consolidar el golpe en Honduras. La falta de sinceridad de Árias y su complicidad en el golpe fue evidente desde la misma mañana del violento secuestro y el exilio forzado de Zelaya. Altos funcionarios del Pentágono, el Departamento de Estado y la CIA presentes en la base de Soto Cano, controlada por Washington, arreglaron el transporte de Zelaya a Costa Rica. Árias había ya expresado su disposición, de forma subserviente, para refugiar al presidente ilegamente exiliado y de no detener aquellos secuestradores que pilotearon el avión que " en violación del derecho internacional " llegó al territorio costariquense. Hoy, Oscar Arias ha hecho un llamado a todas las naciones del mundo para "reconocer" a las elecciones ilegales e ilegítimas que están tomando lugar en Honduras. ¿Porqué no?, ha dicho Árias, si no hay fraude o irregularidades, "¿porqué no reconocer a un nuevo presidente? El Departamento de Estado y hasta el propio presidente Obama han dicho lo mismo y están llamando "presionando" a sus aliados de reconocer a un nuevo régimen en Honduras, elegido bajo una dictadura. El fraude y las irregularidades ya están presentes, considerando que hoy, ninguna democracia existe en Honduras que permitiría las condiciones adecuadas para un proceso electoral. Y el Departamento de Estado admitió hace dos semanas que están activamente financiando el proceso electoral y las campañas electorales en Honduras desde hace tiempo. Y los "observadores internacionales" enviados para dar credbilidad al proceso ilegal en Honduras son todas agencias y agentes del imperio. El Instituto Republicano Internacional (IRI), y el Instituto Demócrato Nacional (NDI), dos agencias creadas para filtrar el financiamiento de la USAID y la NED a partidos políticos en el exterior para promover la agenda estadounidense, no solamente financiaron a los grupos involucrados en el golpe de estado en Honduras sino ahora están "observando" las elecciones. Grupos terroristas como UnoAmerica, dirigido por el golpista venezolano Alejando Peña Esclusa, también han enviado "observadores" a Honduras. Y el terrorista criminal miamero-cubano Adolfo Franco, antiguo director de la USAID, es otro "pesado" en la lista de los observadores electorales hoy en Honduras. Pero la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Centro Carter, que no son entidades "izquierdistas", han condenado al proceso electoral en Honduras como ilegítimo y rechazaron enviar observadores. Lo mismo lo han hecho las Naciones Unidas y la Unión Europea, tanto como la UNASUR y el ALBA. Washington está sólo, junto a sus regímenes títeres en Colombia, Panamá, Perú, Costa Rica e Israel, como las únicas naciones que públicamente han indicado su reconocimiento del proceso electoral en Honduras. Un alto funcionario del Departamento de Estado declaró ayer al Washington Post, "¿Qué vamos a hacer, quedarnos sentados durante cuatro años y simplemente condenar al golpe?" Bueno, Washington se ha quedado sentado durante 50 años rechazando reconocer al gobierno cubano. Pero eso es porque el gobierno de Cuba no le conviene a Washington. Y el régimen dictatorial en Honduras sí le conviene. El movimiento de resistencia en Honduras está boicoteando las elecciones, llamando para la absención masiva del proceso ilegal. Las calles de Honduras han sido tomadas por miles de fuerzas militares, bajo el control del Pentágono. Con armas avanzadas de Israel, el régimen golpista está preparado para reprimir y brutalizar de forma masiva a los que resisten el proceso electoral. Debemos mantener nuestra vigilancia y solidaridad con el pueblo de Honduras frente al peligro inmenso que lo rodea. Las elecciones de hoy en Honduras constituyen un segundo golpe de estado contra el pueblo hondureño, esta vez abiertamente diseñado, promovido, financiado y apoyado por Washington. Sin importar el resultado de las elecciones, no habrá justicia para Honduras hasta que cese la injerencia imperial. Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa11.html
El escritor y político venezolano Amílcar Figueroa Salazar definió a la revolución venezolana como una creación heroica, -parafraseando al peruano José Carlos Mariátegui, porque tiene características propias y no se parece a ningún otro proceso. “Creo que el gran aporte del comandante Hugo Chávez es haber liderado un proceso pensado acorde a las características venezolanas”, señaló el escritor. Figueroa Salazar tomó un despacho prestado en el enorme edificio del Parque Central, en pleno centro de Caracas, para hablar del proceso venezolano. Con una dilatada trayectoria en la lucha revolucionaria, es uno de los pocos intelectuales que se atrevió a enfrentar la histórica polémica: ¿Reforma o Revolución? Los cambios que se viven en el país ameritan ir más allá de la crónica del desarrollo de la revolución bolivariana. Y Figueroa Salazar lo hace desde el análisis en el contexto latinoamericano y desde las circunstancias en que se desenvuelven. Es diputado del Parlamento Latinoamericano, (Parlatino), por Venezuela, Presidente Alterno del mismo, y miembro del Buró Político-Regional Caracas del Partido Socialista Unido de Venezuela (PSUV). ¿Quién analiza el proceso venezolano en la actualidad? Hay muy poco trabajo de análisis sobre el actual proceso. Hay muchos libros de naturaleza propagandística-militante. Tenemos un Presidente de la República que es un excelente educador y comunicador. Personalmente con el libro ¿Reforma o Revolución en América Latina? El proceso venezolano, (ocean sur), pretendo difundir una lectura objetiva e, incluso, hasta puede servir de referencia para analizar los problemas. Pero, por otro lado, creo que se necesita mucho más análisis. Ver la situación de América Latina desde otra óptica y enriquecer la revolución bolivariana. En ese contexto, el Partido Socialista Unido de Venezuela, (PSUV), necesita más pensamiento crítico desde la perspectiva revolucionaria, no de la oposición, y esa necesidad surge porque la izquierda venezolana claudicó ante la Revolución Bolivariana. Algunos izquierdistas se fueron a la derecha y otros se sumaron sin hacer un aporte significativo. Entonces, cabe preguntarse: ¿Cuál era el rol de la izquierda marxista en el proceso? Aportar un pensamiento social avanzado al proceso bolivariano para amasar un pensamiento latinoamericano. Ahora se reactualizó la discusión, si un solo país puede hacer la revolución. El proceso revolucionario bolivariano ha hechos cambios profundos, entre ellos ampliar la democracia. Pasar de una democracia representativa a una participativa. Pero cuando se pasa a la etapa de construcción socialista aparecen otros interrogantes bien complejos. Por ejemplo si es posible construir el socialismo sin el desarrollo de las bases sociales, y allí surge la idea de la “complementaridad” que nos puede ayudar a pensar en los niveles que tuvo este proceso. Si esos países con gobiernos progresistas que generaron una corriente a nivel continental no apuntan de una u otra forma en la misma dirección, será dificultoso para Venezuela seguir avanzando. Aunque los procesos sean de naturaleza diferente. No es lo mismo las transformaciones que sucedieron en Bolivia que las que están sucediendo en Nicaragua. A partir de la Revolución Bolivariana en América Latina se produjo una especie de oleada de cambios profundos que permitió que a través del proceso democrático se dieran transformaciones en diversos países con cualidades distintas y desarrollos desiguales; ahora la lucha por el socialismo en América Latina significa un punto de alcance del pensamiento crítico, con mucha más profundidad social, por eso se plantea la construcción de un movimiento que vaya más allá de las fronteras donde se conjuguen todas las rebeldías, disidencias, modelos alternativos en la búsqueda de una construcción teórica; lo cual permitiría primero combinar ciertas posibilidades que nosotros tenemos, como el 25% de las reservas hídricas del mundo, un buen porcentaje de energía y una biodiversidad enorme, que daría una base material para que el proyecto socialista sea sustentable. Pero también hay que advertir que la resistencia a los cambios no está solo afuera sino que hay sectores que resisten adentro. Todavía hay ideas neoliberales camufladas adentro de la revolución y por supuesto alentada por el enemigo que es poderoso y está constantemente ensayando formas de penetración ideológica. No hay que olvidarse que la batalla cultural no se la gana de un día para otro, y la revolución no expropió a los medios de comunicación que forman el ariete que usa el enemigo para esta batalla. La lucha no cesa. ¿Cómo superar el capitalismo? Podemos observar que el capitalismo en Venezuela tuvo un desarrollo muy particular. Hubo una economía petrolera rentista por un siglo que marcó el común de la sociedad, la caracterizó en su estado, en su pensamiento, en su cultura, en sus costumbres. El sistema capitalista se impuso en la sociedad venezolana a la sombra de la economía minera-petrolera. O sea enfrentar esa situación supuso un primer reto la superación de ese capitalismo que es la base de los problemas. Cambiar ese capitalismo por un socialismo productivo. ¿Y la clase obrera de Venezuela? Sin pasar por las fases del capitalismo clásico, la economía petrolera generó una estructura de clases, entre cuyas características resalta que el proletariado fabril ha sido escaso y que el ingreso proveniente de la renta permitió la temprana formación de una especie de aristocracia obrera en las ramas emblemáticas de la economía, factor que ha sido en detrimento de que esta clase se constituya en el sujeto histórico del cambio. En ese sentido, la revolución bolivariana es atípica. Es una revolución donde la clase obrera casi no tuvo incidencia. La economía petrolera consume muy poca mano de obra, ahora ha crecido bastante el sector petrolero. Desde el obrero menos calificado hasta el ministro suman75 mil personas las que trabajan y producen la mayor cantidad de producto interno del país. Eso es lo que genera la industria petrolera. Pero a la vez el sector petrolero genera un Estado fuerte e hizo que la gente dejara el campo para concentrarse en las ciudades. Es así que el 85% de la población venezolana ocupa solamente la franja costera quedando despoblado el resto del país. Venezuela no se vio forzada a generar manufactura. Nosotros tenemos una serie de fuerzas sociales interesadas en el cambio, por supuesto que incluye la clase obrera, pero que no es esta solamente y eso es una diferencia sustancial. ¿Cuál es la base del proceso venezolano? Finalmente siempre se ha dicho que la revolución descansa sobre la alianza cívico militar. Lo cívico incluye sectores muy diversos de las clases empobrecidas, no necesariamente obrera; y en lo militar, siempre hubo una simiente popular en las fuerzas armadas. Varios ejemplos sustentan esta teoría. Los levantamientos de militares de izquierda que hubo en los años 60, los contactos entre los oficiales y el PC, y el origen de las fuerzas armadas venezolanas con la impronta de Simón Bolívar . Precisamente, el actual proceso se remonta a la historia misma venezolana. Desde Simón Bolívar pasando por las acciones de militares nacionalistas y la guerrilla de los años 60. En 1957, el Partido Comunista organizó la Comisión Militar para trabajar con los militares nacionalistas y se puede decir que el derrocamiento del régimen personalista que presidió Marcos Pérez Jiménez que se produjo el 23 de enero de 1958 se debió a esa alianza cívico-militar que formó el PC. Pero debemos reconocer que, en un primer momento, la Revolución Bolivariana extrae sus contenidos de la poesía de nuestro pasado: El núcleo central del pensamiento del Libertador Simón Bolívar. Independencia. Soberanía. Redención Social y Unidad Continental constituyó el principio rector de aquellas primeras jornadas. ¿Por qué es necesario un movimiento bolivariano continental? Porque la lucha por la unidad de América Latina está cruzada por varias dificultades, y una lucha por la unión de los pueblos no se puede dar separada de la lucha por el socialismo. Esta no es una discusión subalterna, mucho menos si tomamos en cuenta la ola de cambios políticos que se han producido en el continente durante los últimos diez años. Las rutas son distintas, al lado de regímenes tremendamente reaccionarios como los de Colombia y Perú se produce una serie de cambios políticos progresistas: unos se encaminan para la reforma y otros por la revolución. Esto se encuentra dialécticamente relacionado con el grado de desarrollo de la lucha social y la conciencia social en cada uno de nuestros países donde debemos advertir que los triunfos electorales no necesariamente se corresponden con un mayor grado de desarrollo de los movimientos sociales, de la lucha social, de la conciencia social. Brasil es un ejemplo claro. El movimiento obrero, el Movimiento Sin Tierra sufrieron un frenazo ante la expectativa reformista. Otros problemas, no menos importantes, estarían referidos a que no habrá unidad verdadera de América del Sur con el Plan Colombia ni con el poblamiento de bases militares imperialistas. ¿Cómo construirlo? La lucha por el socialismo en América Latina tiene otro alcance, es más profunda socialmente, y pasa por la construcción de un movimiento que vaya más allá de las fronteras nacionales y debe conjugar todos las rebeldías, todas las disidencias, todos los modelos alternativos que se están desarrollando, y deben buscar finalmente una construcción teórica para propiciar el cambio necesario en el Continente. Ya lo dijimos antes. Con los recursos naturales, el buen porcentaje energético, y con la mayor reserva de biodiversidad, tenemos una buena combinación, una buena base material donde el proyecto sea sustentable. Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa16.html

El macarthismo (mccarthismo, maccarthismo o macartismo ) es un episodio de la historia de Estados Unidos que se desarrolló entre 1950 y 1956 durante el cual el senador Joseph McCarthy desencadenó un extendido proceso de delaciones, denuncias, procesos irregulares y listas negras contra personas sospechosas de ser comunistas. Los sectores que se opusieron a los métodos irregulares e indiscriminados de McCarthy denunciaron el proceso como una "caza de brujas" y llevó al destacado dramaturgo Arthur Miller a escribir su famosa obra Las brujas de Salem (1953). Por extensión, el término se aplica a veces de forma genérica para aquellas situaciones donde se acusa a un gobierno de perseguir a los oponentes políticos o no respetar los derechos civiles en nombre de la seguridad nacional. Los hechos El macarthismo (mccarthismo, maccarthismo o macartismo ) es un episodio de la historia de Estados Unidos que se desarrolló entre 1950 y 1956. El contexto de la guerra fría era particularmente tenso en la medida que la URSS experimentaba con la bomba atómica en 1949, Mao Zedong llegaba al poder ese mismo año y la guerra de Corea empezaba en junio de 1950. Esta atmósfera amenazante pesaba sobre la opinión pública estadounidense que deseaba una política enérgica y ofensiva contra el bloque soviético. En febrero de 1950, Joseph McCarthy, senador por Wisconsin, intervino —con un éxito inesperado— denunciando una conspiración comunista en el mismo seno del departamento de Estado. Así se inició lo que sus oponentes denominaron como "caza de brujas". Gente de los medios de comunicación, del gobierno y algunos militares fueron acusados por McCarthy como sospechosos de espionaje soviético o de simpatizantes del comunismo. Apoyándose en unas fuerzas de entusiastas anticomunistas, alimentándose de la delación, adquirió un poder considerable. Su actividad destinada a desmantelar eventuales infiltraciones de agentes comunistas en la administración pública se extendió pronto a los laboratorios de investigación y a Hollywood. Los empleados públicos debían hacer frente a un control de lealtad que costó la carrera a varios de ellos. De este modo, Alger Hiss, presidente de la fundación Carnegie para la paz internacional, fue acusado en un proceso por haber trasmitido documentos secretos de la época del New Deal. Uno de los episodios más célebres del periodo fue el proceso seguido a los esposos Ethel y Julius Rosenberg. Fueron acusados de haber dado a la URSS el secreto de la bomba atómica, lo que ellos negaron. Bastante controvertido y atrayendo una campaña internacional en favor de los acusados, el proceso terminó con su ejecución en junio de 1953. Eisenhower fue elegido en 1952 en el momento en el que McCarthy gozaba de su máxima influencia. Ejercía, en efecto, la presidencia de la comisión senatorial de operaciones gubernamentales además de su sub-comisión de investigación. Su influencia era tan importante que el mismo Secretario de Estado se deshizo de algunos de sus colaboradores para no enfentarse a McCarthy. Del mismo modo, Robert Oppenheimer fue expulsado de la Comisión de Energía Atómica por haberse opuesto al proyecto de la bomba H. Algunas voces comenzaron a elevarse contra el maccarthysmo y sus excesos. Por ejemplo, en 1953 se representó la obra Las brujas de Salem de Arthur Miller, un alegato eficaz para estigmatizar la política de su tiempo. Lo que quebró el reinado de McCarthy fue su decisión de atacar al ejército. El Pentágono, incluso más vigorosamente que el apoyo que recibió de Eisenhower, ya consideraba incómodo a McCarthy. McCarthy fue finalmente «censurado» por el Senado estadounidense en 1954, por 67 votos contra 22, acusado de "conducta impropia de un miembro del Senado" por la forma en que había dirigido la Comisión (por su lenguaje «demasiado directo») y por no haber comparecido ante otra comisión del Senado cuando fue requerido, además de otros cargos difusos y fabricados sobre la marcha. Continuó otros dos años en sus tareas de senador, pero sus colegas lo evitaban y lo sucedido afectó a su ánimo y a su salud: hospitalizado por problemas de alcoholismo crónico, murió a los 48 años víctima de cirrosis y hepatitis. Víctimas Escritores (Bertolt Brecht, que escapó a Europa tras declarar su inocencia) y gente perteneciente al mundo del cine fueron algunos de los más afectados por este fenómeno, que creó las llamadas listas negras, o de escritores y guionistas para los cuales existía una ley no escrita que les impedía publicar nada en cualquier medio de comunicación, so pena de que dicho medio fuera acusado de trabajar a sueldo de los comunistas. Hubo, sin embargo, una cierta resistencia, que se plasmó en la actividad de numerosas personas, incluyendo relevantes personajes del cine (Lauren Bacall, Humphrey Bogart), o periodistas como Edward R. Murrow (cuya historia es descrita en la película Buenas noches y buena suerte), que afirmaban que en lo que en teoría era una actividad para proteger al estado no era sino una sistemática destrucción de los derechos civiles. Entre las protestas, la más significativa fue la de los llamados Diez de Hollywood, los cuales se negaron a declarar sobre sus afiliaciones políticas, siendo citados por el congreso, instalados automáticamente en la lista negra y condenados a penas de cárcel por "desacato al Congreso",iniciándose, a partir de allí, una caza de brujas particular y aún más terrible en Hollywood, en donde algunos de los más conocidos cineastas (incluyendo a Walt Disney, Elia Kazan, Robert Rossen, el productor Budd Schulberg los actores Sterling Hayden y Adolphe Menjou) sirvieron de chivatos para la gente de McCarthy. Las persecuciones también se realizaron a escritores famosos comunistas, procomunistas, antianticomunistas y ex-comunistas. Así se lograron censurar más de 30.000 libros, los cuales fueron quitados inmediatamente de bibliotecas y librerías, entre los cuales se encontraba el famoso Robin Hood o la novela Espartaco de Howard Fast. Las técnicas de McCarthy se basaban en gran medida en lanzar incriminaciones falsas sobre los acusados (que nunca eran comprobados), o incluir a determinadas asociaciones en su lista de organizaciones pro-comunistas (sin tener nada que ver). En ese sentido, y de ahí el nombre, se parecía bastante a las caza de brujas medievales, donde también las acusadas no tenían la posibilidad de demostrar su inocencia. De hecho, promovió todo un pulso en el seno del Sindicato de Directores Norteamericanos, donde John Ford le ganó la partida a Cecil B. de Mille, profundo seguidor de McCarthy. Los artistas puestos en la lista negra * Gale Sondergaard * Rosaura Revueltas * Allen Adler * Larry Adler * Orson Bean * Herschel Bernardi * Walter Bernstein * John Berry * Marc Blitzstein * Sebastian Miles * Allen Boretz * Phoebe Brand * Bertolt Brecht * J. Edward Bromberg * Sidney Buchman * Hugo Butler * Morris Carnovsky * Jerome Chodorov * Aaron Copland * Jeff Corey * John Cromwell * Jules Dassin * Roger De Koven * Paul Draper * Hanns Eisler * Cy Endfield * John Henry Faulk * Jerry Fielding * Carl Foreman * John Garfield * Betty Garett * Will Geer * Jack Gilford * Bernard Gordon * Lloyd Gough * Lee Grant * Dashiell Hammett * Sterling Hayden * Lillian Hellman * Marsha Hunt * Sidney Kingsley * Sam Jaffe * Paul Jarrico * Gordon Kahn * Victor Kilian * Howard Koch * Charles Chaplin * Howard Fast El declive En la segunda mitad de los años 50 el macarthismo comenzó a declinar en los Estados Unidos. La opinión pública y una serie de decisiones judiciales incidieron en el fin del macarthismo. Una figura clave para terminar con las listas negras fue John Henry Faulk. Conductor de una comedia radial, Faulk era un dirigente sindical de izquierda de la Federación Americana de Artistas de Televisión y Radio. Faulk fue investigado por AWARE (ALERTA), una de las empresas privadas que investigaban ciudadanos para encontrar "signos de comunismo" en ellos. Marcado por AWARE como "no apto", fue despedido por CBS Radio. A diferencia de lo que hicieron la mayor parte de las víctimas, Faulk demandó judicialmente a AWARE y ganó el caso en 1962. A partir de esta sentencia las empresas privadas de listas negras y aquellas que las usaban tomaron nota de que podían ser demandados judicialmente por daños y perjuicios. Aunque algunas continuaron, la mayor parte debieron cerrar.Incluso antes de la sentencia en el caso Faulk, ya en Hollywood se había comenzado a desobedecer las listas negras. En 1960, Dalton Trumbo, uno de los artistas más conocidos dentro de la lista negra conocida como Los Diez de Hollywood, fue públicamente contratado para escribir los guiones de las películas Éxodo y Espartaco. Reevaluación crítica del periodo Algunos autores, como el politólogo estadounidense James Burnham reevaluaron a la luz de la estadística hasta qué punto fue real la represión que la cultura popular atribuye al periodo del macarthysmo, convertido por el cine y la literatura en un periodo de supuesta histeria colectiva y de terror medieval (imagen consagrada en El crisol de Arthur Miller, con la referencia de las persecuciones de Salem en 1692). Según los datos manejados por Burnham, durante la llamada «caza de brujas» no hubo ni un solo muerto , herido o torturado, ningún ciudadano arrestado arbitrariamente, encarcelado sin juicio, desahuciado, deportado, exiliado o privado de sus derechos procesales.[7] En la misma línea, algunos intelectuales conservadores actuales como Ann Coulter lo han calificado como «el mayor mito orwelliano de nuestro tiempo» Otros, como el español Martín Alonso, lo considera «el mito fundacional de lo políticamente correcto» y ha señalado irónicamente que McCarthy fue «la única víctima real que se cobró el maccarthismo.»Otros autores han reevaluado el macarthismo a la luz de la represión del terrorismo en los Estados Unidos luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, encontrando una linea de continuidad entre ambos fenómenos. En su libro The Age of Anxiety: McCarthyism to Terrorism (La Era de la Ansiedad: del McCarthismo al Terrorismo, 2005), Haynes Johnson compara los "abusos sufridos por los extranjeros arrojados a las prisiones estadounidenses de alta seguridad en los inicios del 9/11" con los excesos de la era McCarthy. En el mismo sentido, David D. Cole ha escrito que el Acta Patriótica es una «resurrección de la filosofía macarthista, simplemente substituyendo "terrorista" por "comunista".»En un informe publicado en el año 2000, en el marco del debate sobre la Guerra Fría y reevaluando el papel jugado por el macarthismo en la anulación de la libertad de expresión, la historiadora Ellen W. Schrecker sostuvo: ...en este país el macarthismo hizo más daño a la constitución que lo que jamás haya hecho el Partido Comunista Americano. Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Macarthismo
La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (abreviado: URSS; en ruso: Союз Советских Социалистических Республик, СССР, tr.: Soyuz Sovétskij Sotsialistícheskij Respublik, SSSR), o Unión Soviética (Советский Союз, Sovetski Soyuz), fue una federación constitucional de estados socialistas, basada en la ideología comunista, que existió en Eurasia a partir de 1922, hasta su disolución en 1991. La URSS nació como una unión de cuatro repúblicas socialistas soviéticas, formadas dentro del territorio del Imperio Ruso abolido por la Revolución Rusa de 1917, y creció a 15 "repúblicas de la unión" hacia 1956: RSS de Armenia, RSS de Azerbaiyán, RSS de Bielorrusia, RSS de Estonia, RSS de Georgia, RSS de Kazajstán, RSS de Kirguistán, RSS de Letonia, RSS de Lituania, RSS de Moldavia, RSFS de Rusia, RSS de Tayikistán, RSS de Turkmenistán, RSS de Ucrania y la RSS de Uzbekistán. Los límites geográficos de la Unión Soviética variaron con el tiempo, pero después de las últimas anexiones territoriales principales y la ocupación de los países Bálticos (Lituania, Letonia, y Estonia), del este de Polonia, Besarabia, y algunos otros territorios durante la Segunda Guerra Mundial, desde 1945 hasta la disolución, los límites correspondieron aproximadamente a aquellos de la extinta Rusia Imperial, con las exclusiones notables de Polonia, la mayor parte de Finlandia, y Alaska. Era a menudo referida impropiamente como Rusia, por ser su estado constituyente más grande y dominante. Desde 1945 hasta 1991, en el período conocido como Guerra Fría, la Unión Soviética y los Estados Unidos eran las dos superpotencias mundiales que dominaron la agenda global de la política económica, asuntos exteriores, operaciones militares, intercambio cultural, progresos científicos incluyendo la iniciación de la exploración espacial, y deportes (incluidos los Juegos Olímpicos). La Unión Soviética llegó a ser el modelo de referencia para futuros estados socialistas durante la Guerra Fría. El gobierno y la organización política del país fueron definidos por un régimen de partido único, el Partido Comunista de la Unión Soviética (PCUS) Historia Se piensa tradicionalmente que la Unión Soviética es la sucesora del Imperio Ruso, no obstante pasaron 5 años entre el último gobierno de los zares y la instauración de la Unión Soviética. El último zar, Nicolás II, gobernó hasta marzo de 1917 y fue ejecutado con su familia al año siguiente, en el contexto de la guerra civil. La Unión Soviética fue establecida en diciembre de 1922 como la Unión de las Repúblicas Soviéticas de Rusia (conocida como Rusia Bolchevique), Ucrania, Bielorrusia y Transcaucasia gobernadas, las tres primeras, por partidos bolcheviques y la última por el menchevique. Revolución y la fundación del estado soviético La actividad revolucionaria moderna en el Imperio Ruso comenzó con la Rebelión Decembrista de 1825, y aunque la servidumbre fue abolida en 1861, lo fue en términos desfavorables para los campesinos y sirvió para animar a los revolucionarios. Un parlamento, la Duma estatal, fue establecido en 1906, después de la Revolución de 1905, pero el malestar político y social siguió. Siendo agravado durante la Primera Guerra Mundial por el fracaso militar y la escasez de alimento en las ciudades principales.El levantamiento popular espontáneo en Petrogrado, en respuesta al decaimiento de la economía y la moral en tiempo de guerra, culminó con el derrocamiento del gobierno imperial en marzo de 1917 (véase Revolución de Febrero). La autocracia zarista fue reemplazada por el Gobierno Provisional Ruso, cuyos líderes pensaron en establecer una democracia liberal en Rusia y continuar participando en el lado de la Triple Entente en la Primera Guerra Mundial. Al mismo tiempo, para asegurar los derechos de la clase obrera, las asambleas de trabajadores, conocidas como Soviets, nacen a lo largo de todo el país. Los bolcheviques, dirigidos por Vladimir Ilich Lenin, presionaron a favor de una revolución socialista tanto en dichas asambleas como en las calles, derrocándose al Gobierno Provisional el 7 noviembre, 25 de Octubre según el calendario juliano, de 1917 (ver Revolución de octubre), y entregándose el poder a los soviets de obreros, soldados y campesinos. Solamente tras la larga y sangrienta Guerra civil rusa de 1918–1921, durante la que se aprobó la primera Constitución soviética de 1918 y que incluyó intervención extranjera en varias regiones de Rusia se afianzó el nuevo poder soviético. Tras la Guerra Polaco-Soviética de 1919-1921, la "Paz de Riga" a principios del año 1921 dividió los territorios disputados de Bielorrusia y Ucrania entre Polonia y la RSFS de Rusia. Unificación de las repúblicas soviéticas El 29 de diciembre de 1922 una conferencia de delegaciones plenipotenciarias de la RSFS de Rusia, RFSS de Transcaucasia, la RSS de Ucrania y la RSS de Bielorrusia aprobaron el Tratado de Creación de la URSS y la Declaración de la Creación de la URSS, formándose la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas. Estos dos documentos fueron confirmados por el primer Congreso soviético de la URSS y firmados por los cabezas de las delegaciones Mijaíl Kalinin, Mikha Tskhakaya, Mijaíl Frunze y Grigory Petrovsky, y Aleksandr Chervyakov respectivamente el 30 de diciembre de 1922. El 1 de febrero de 1924 la URSS fue reconocida por la primera potencia mundial de la época, el Imperio británico. La reestructuración intensiva de la economía, la industria y la política del país empezaron desde los primeros días del poder soviético en 1917. Una gran parte se realizó según los Decretos Iniciales Bolcheviques, documentos del gobierno soviético, firmados por Vladimir Lenin. Uno de los adelantos más prominentes era el plan GOELRO, que propugnaba una reestructuración profunda de la economía soviética basada en la electrificación total del país. El Plan se inició en 1920, desarrollándose durante un período de 10 a 15 años. Incluyó la construcción de una red de 30 centrales eléctricas regionales, incluyendo diez grandes centrales hidroeléctricas, y la electrificación de numerosas empresas industriales.El Plan llegó a ser el prototipo para el subsiguiente Plan Quinquenal (URSS) finalizándose prácticamente en 1931. La era de Stalin Durante los primeros años de la Unión Soviética, su política estuvo dominada por el monopartidismo y el partido bolchevique. Después de la dura política económica llevada a cabo por los bolcheviques durante la Guerra Civil (véase Comunismo de guerra), el gobierno soviético permitió que algunas empresas privadas coexistieran con la industria nacionalizada durante los años 1920. Del mismo modo, el requisamiento total de los excedentes alimentarios en el campo fue reemplazado por impuestos sobre los alimentos (véase Nueva Política Económica). Aunque algunas de estas medidas fueron discutidas por líderes soviéticos, se consideró necesario para evitar que la "explotación capitalista" volviera a la Unión Soviética. Los asuntos económicos constituyeron el telón de fondo en la lucha por el poder que se desencadenó entre los líderes soviéticos tras la muerte de Lenin en 1924. Consolidando gradualmente su influencia y aislando a sus rivales dentro del partido Iósif Stalin se convirtió en el líder de la Unión Soviética a mediados de los años 1920.En 1928, Stalin introdujo el Primer Plan quinquenal destinado a construir una economía socialista. Esto, a diferencia del internacionalismo expresado por Lenin y Trotsky a través del curso de la Revolución, apuntó al socialismo en un solo país. En la industria, el estado asumió el control de todas las empresas existentes y emprendió un programa intensivo de industrialización; en la agricultura granjas colectivas fueron establecidas por todas partes en el país. Encontró la resistencia esparcida de campesinos ricos que retuvieron grano, teniendo como resultado una lucha contra las autoridades y el hambre, causando millones de muertes. La Gran Purga de Stalin al interior del Partido Comunista eliminó a muchos "Viejos bolcheviques", que habían tomado parte en la Revolución con Lenin. Mientras tanto, innumerables ciudadanos soviéticos fueron encarcelados y enviados al Gulag, una red de campamentos de trabajo forzados. Aún a pesar de la confusión a mediados de los años 1930, la Unión Soviética desarrolló una economía industrial poderosa años antes de la Segunda Guerra Mundial.Los años treinta vieron la cooperación más cercana entre los países Occidentales y la URSS, en 1933 se establecieron relaciones diplomáticas entre los Estados Unidos y la URSS. Cuatro años más tarde, la URSS apoyó a la República Española en la Guerra civil española contra el alzamiento de los Nacionales, apoyados por la Italia fascista y la Alemania Nazi. No obstante, después de que Gran Bretaña y Francia concluyesen los Acuerdos de Múnich con la Alemania Nazi, la URSS realizó tratos con este último también, económicamente y militarmente, concluyendo el Pacto Ribbentrop-Mólotov (pacto de no agresión nazi-soviético), que permitió la ocupación de Lituania, Letonia, Estonia y la Invasión de Polonia en 1939. A finales de noviembre en 1939, incapaz de forzar a Finlandia en el acuerdo a mover su frontera 25 kilómetros de Leningrado por medios diplomáticos, Stalin ordenó la invasión del país. En 1941 Alemania rompió el pacto de no agresión e invadió la Unión Soviética el 22 de junio de 1941. El Ejército Rojo paró la ofensiva nazi en la Batalla de Stalingrado, desde finales de 1942 hasta principios de 1943, siendo un punto decisivo del conflicto. A partir de entonces avanzó por Europa del Este hasta Berlín forzando la rendición de Alemania en mayo 1945 (véase Gran Guerra Patriótica). Aunque destrozada por la guerra, la Unión Soviética surgió del conflicto como una superpotencia reconocida.Durante la posguerra inmediata, la Unión Soviética reedificó primero y entonces ensanchó su economía, al mantener su control estrictamente centralizado. La Unión Soviética ayudó la reedificación de la posguerra en los países de Europa del Este al girar ellos en estados soviéticos de satélite, fundó el Pacto de Varsovia en 1955, más tarde, el Consejo de Ayuda Mutua Económica, la ayuda suministrada a los comunistas finalmente victoriosos en China, y vio crecer su influencia en otras partes del mundo. Mientras tanto, la tensión creciente de la Guerra Fría giró a los aliados del tiempo de guerra de Unión Soviética, el Reino Unido y los Estados Unidos, como enemigos. La Unión Soviética después de Stalin Iósif Stalin murió el 5 de marzo de 1953. En ausencia de un sucesor aceptable, los funcionarios más altos de Partido comunista optaron por gobernar la Unión Soviética en comité, aunque en realidad se desarrolló una lucha por el poder detrás de la fachada de liderazgo colectivo. Nikita Jrushchov, que se había impuesto en esa lucha por el poder a principios de la década de los años 1950, denunció en 1956 los excesos de Stalin. Además de esa denuncia, procedió a relajar los controles de tipo represivo que hasta entonces se ejercían sobre el Partido y la sociedad. Todo esto es lo que se ha dado en llamar desestalinización. Al mismo tiempo, la fuerza militar soviética fue utilizada para aplastar los levantamientos de cariz nacionalista que tuvieron lugar en Hungría y Polonia en 1956. Durante este período, la Unión Soviética continuó avanzando científica y tecnológicamente, lo que le permitió lanzar el primer satélite artificial Sputnik 1 y conseguir la hazaña de llevar por primera vez un ser vivo al espacio exterior: la perra Laika; posteriormente, hicieron lo propio con un humano, Yuri Gagarin, que orbitó varias veces alrededor de la Tierra y volvió sano y salvo (el viaje de Laika había sido sólo de ida). Valentina Tereshkova fue la primera mujer en volar al espacio a bordo del Vostok 6 el 16 de junio de 1963, y Alexei Leonov devino la primera persona en dar un 'paseo espacial' el 18 de marzo de 1965. Las reformas de Jrushchov en la agricultura y la administración, sin embargo, fueron generalmente improductivas, y la política exterior hacia China y Estados Unidos se vio envuelta en dificultades. De hecho, estos problemas se materializaron en la Ruptura Sino-Soviética, habiendo incluso momentos en los cuales soviéticos y chinos estuvieron al borde de la guerra. Nikita Jrushchov se jubiló en 1964.Después de Jrushchov, siguió otro período de la gobierno por el Comité o mando colectivo; esto duró hasta que Leonid Brézhnev se estableció a principios de los años 1970 como la figura preeminente en la vida política soviética. Brezhnev presidió durante un período de Détente o distensión con el Oeste, sin dejar al mismo tiempo de incrementar la fuerza militar soviética; la concentración armamentística contribuyó a la desaparición de la Détente a finales de los años 1970. Otro factor que contribuyó al fin de la distensión fue la invasión soviética de Afganistán en diciembre de 1979, con el objeto de apoyar a un gobierno comunista local que se hallaba en graves dificultades. Durante todo ese período, la Unión Soviética mantuvo la paridad con Estados Unidos en las áreas de la tecnología militar (sector en le que tenía que competir, con Occidente), pero el insumo de recursos en ese sector condujo en última instancia a la bancarrota y la parálisis de la economía (la economía soviética era mucho menor que la americana). En agudo contraste con el espíritu revolucionario que acompañó el nacimiento de la Unión Soviética, la tónica predominante del liderazgo soviético en tiempos de la muerte de Brezhnev, en 1982, era la aversión al cambio. El largo período de gobierno a cargo de Brezhnev había acabado convirtiéndose en uno de inmovilismo o "parada" (застой), con liderazgo político envejecido (una especie de gerontocracia), falto de flexibilidad y anclado en posiciones obsoletas. Después de algunas reformas económicas experimentales en la década de los 60, los líderes soviéticos se ciñeron nuevamente a los medios convencionalmente establecidos de gestión económica. Durante los años 60, la industria progresó de forma lenta pero estable, pero la agricultura soviética continuó retrasándose y siendo deficitaria, como siempre; en resumidas cuentas, la URSS acabó por no ser capaz de producir grano suficiente para alimentar a su creciente población, con lo cual los soviéticos se vieron obligados a importar ese artículo. En este período, los ciudadanos soviéticos acusaron una importante pérdida de poder adquisitivo.En el ámbito deportivo, la Unión Soviética organizó los Juegos Olímpicos de 1980, con sede en Moscú. Hubo un intento de boicot del evento por parte de Estados Unidos: en el marco de la Guerra Fría y en protesta por la invasión soviética de Afganistán, los norteamericanos decidieron no asistir a los Juegos Olímpicos, tratando al mismo tiempo de persuadir a sus aliados para que tampoco asistieran. En total, 65 países se abstuvieron de participar, principalmente debido a la iniciativa estadounidense. Las reformas de Gorbachov y la disolución de la URSS Dos fenómenos caracterizaron la siguiente década: el desmoronamiento cada vez más evidente de las estructuras económicas y políticas de la Unión Soviética, y un conjunto poco coherente de reformas tentativas enfocadas a revertir ese proceso. Después de que se sucedieran rápidamente en el poder Yuri Andrópov y Konstantín Chernenko, figuras de transición con raíces profundas en la tradición Brezhnevita, Mijaíl Gorbachov fue designado líder de la URSS. Gorbachov comenzó a aplicar cambios significativos en la economía (véanse Perestroika (reconstrucción) y Glásnost (transparencia)) y el liderazgo del partido. La política de Glasnost permitió el acceso público a la información después de décadas de fuerte censura por parte del gobierno; también abogó por la transparencia de la gestión llevada a cabo por los líderes soviéticos.A finales de los años 1980, las repúblicas que componían de la Unión Soviética incorporaron legalmente movimientos hacia la declaración de soberanía sobre sus territorios, citando el Artículo 72 de la Constitución de la URSS, que indicaba que cualquier república integrante de la Unión Soviética era libre de separarse.El 7 de abril de 1990 fue aprobada una ley en virtud de la cual una república podía salirse de la unión si más de dos terceras partes de los residentes de la república votaban a favor de ello en un referéndum. Muchas repúblicas soviéticas liberalizaron primero las elecciones de la era soviética a fin de crear sus propias legislaciones nacionales hacia 1990. Se avanzó en la creación de una legislación que contravenía las leyes de la Unión en lo que fue conocida como "La Guerra de Leyes". En 1989, la RSFS de Rusia, que era entonces la república más grande (con cerca de la mitad de la población) convocó unas nuevas elecciones para elegir un Congreso de Diputados del Pueblo. Borís Yeltsin fue elegido presidente del Congreso. El 12 de junio de 1990, el Congreso declaró la soberanía de Rusia sobre su territorio y tomó la delantera en la elaboración de leyes que convertían en papel mojado algunas de las normas de la URSS. El período de incertidumbre legal continuó durante de 1991, año durante el cual las repúblicas integrantes de la URSS paulatinamente se independizaron a efectos prácticos.El 17 de marzo de 1991 se celebró un referéndum que buscaba preservar la URSS. La mayoría de la población votó por su conservación en nueve de las quince repúblicas soviéticas. Este referéndum dio a Gorbachov un respiro. En el verano de 1991 se diseñó un Nuevo Tratado de la Unión, llegándose a acuerdos que convirtieran a la Unión Soviética en una federación mucho mas laxa disminuyendo el centralismo político. En el Nuevo Tratado de La Unión ya no se hacía mención de la URSS y no se utilizaba más la palabra socialista. La firma del mismo fue interrumpida por el golpe de estado de agosto, dirigido contra Gorbachov por miembros de línea dura del partido comunista, este Nuevo Tratado fué realizado en absoluto secreto, cuando fué encontrado un borrador de este, los lideres del partido lo interpretaron como un planteamiento para la desaparición de la URSS, la cual según dicho tratado estaba a punto de dividirse en 170 o 180 estados autónomos. Por ello decidieron enfrentarse a Gorbachov y reafirmar el control central del gobierno sobre las repúblicas de la URSS. Tras el fracaso del intento de golpe de estado, Yeltsin luego de permanecer oculto en su residencia, apareció en el público y desacreditó al comité de estado de emergencia presidido por Yanáyev y lo declaró inconstitucional, mientras tanto el poder de Gorbachov disminuyó, hecho que Yeltsin aprovechó para consolidar su poder y deslegitimar de una vez por todas el control del partido comunista sobre el gobierno. El equilibrio político se inclinó apreciablemente hacia las repúblicas secesionistas. De hecho, inmediatamente y todavía en agosto de 1991, Letonia y Estonia declararon la restauración de la independencia plena (siguiendo el ejemplo que había dado Lituania en 1990), mientras que las otras 12 repúblicas soviéticas continuaban discutiendo posibles modelos para una Unión cada vez más débil. El 8 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron el Tratado de Belovesh que declaró oficialmente la ya inevitable disolución de la Union Soviética y se estableció la Comunidad de Estados Independientes (CEI), en su lugar. Como quedaban dudas sobre la autoridad del Tratado de Belovesh para disolver la Unión, el 21 de diciembre de 1991, los representantes de todas las repúblicas soviéticas excepto Georgia, inclusive las repúblicas que habían firmado el Tratado de Belovesh, firmaron el Protocolo de Alma-Ata, que confirmó el desmantelamiento consecuente de la URSS y volvió a plantear el establecimiento de la CEI. La cumbre de Alma-Ata convino también en varias otras medidas prácticas como consecuencia de la extinción de la Unión Soviética. El 25 de diciembre de 1991, Gorbachov presentó su dimisión como presidente de la URSS. Transfirió los poderes, que pasaron desde entonces a Boris Yeltsin, el presidente de Rusia. El día siguiente, el Soviet Supremo de la URSS, el cuerpo gubernamental más alto de la Unión Soviética, reconoció que la Unión Soviética había sido desmantelada. Esto es reconocido generalmente como la disolución final de la Unión Soviética como un estado. Muchas organizaciones como el Ejército Rojo y la policía continuaron ocupando sus respectivos puestos hasta principios del año 1992, pero fueron retirados progresivamente y absorbidos por los estados nuevos constituidos. Gobierno y política La Unión Soviética se creó en 1922. Al principio se crearon algunos organismos; sin embargo, el nuevo Estado no se institucionalizó hasta la aprobación en 1924 de una nueva constitución. La Constitución de 1924 establecía unas bases fundamentales del Estado. El órgano legislativo superior era el Soviet Supremo, elegido mediante sufragio universal y formado por dos cámaras: el Soviet de la Unión y el Soviet de las Nacionalidades. La primera de las cámaras ejercía las tareas propias de un parlamento. El Soviet de las Nacionalidades estaba formado por representantes de las diversas repúblicas federadas y autónomas, en un número determinado por la ley. Otra fuente de poder parlamentario era el Congreso de los soviets, que se reunía anualmente y estaba formado por representantes de diversos soviets de la Unión Soviética. La Jefatura de Estado estaba encarnada en un órgano colectivo: el Comité Ejecutivo Central de toda la Unión. El Gobierno lo ejercía un Consejo de Comisarios del Pueblo. Ambos órganos eran elegidos por el Soviet Supremo. Hasta su muerte en 1924, el Presidente del Consejo de Comisarios del Pueblo fue Lenin. En la Constitución de la Unión Soviética de 1924 se incluyó por primera vez la estructura federal de la Unión Soviética y el derecho de las repúblicas federadas a separarse de la URSS y establecerse como Estados independientes. No se daba al partido una función relevante en el Estado, como si se haría más tarde en las demás constituciones. La Unión Soviética fue una república federal basada en quince repúblicas unidas en una unión teóricamente voluntaria. A su vez, una serie de unidades territoriales formaban las repúblicas. Las repúblicas tuvieron también jurisdicción pensada para proteger los intereses de minorías nacionales. Las repúblicas tenían sus propias constituciones, que, junto con la Constitución de la Unión, proporcionaban la división teórica del poder en la Unión Soviética. Todas las repúblicas menos la RSFS de Rusia tuvieron sus propios partidos comunistas. En 1989, sin embargo, el PCUS y el gobierno central se apropiaron toda autoridad significativa, estableciendo las políticas que debían ejecutar los gobiernos de las repúblicas, provincias, oblasts, y distritos. Gobernantes de la Unión Soviética La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas fue un estado socialista federal compuesto por quince repúblicas, creado el 30 de diciembre de 1922 y disuelto el 25 de diciembre de 1991. Si bien la jefatura de Estado y de gobierno eran cargos diferenciados, buena parte del poder político recaía en el Secretario General del Partido Comunista (PCUS) y otros miembros de su Comité Central. De hecho, era común que el Secretario General del Partido fuera Presidente del Presidium, Jefe de Estado o Presidente del Consejo de Ministros (Jefe de Gobierno). Hasta Nikita Jrushchov fue costumbre que el líder del partido estuviera directamente a cargo del poder ejecutivo, pero a partir su sucesor Leonid Brézhnev ocuparon la jefatura de Estado. La prensa occidental por lo general hacía caso omiso de estas distinciones y llamaba al líder político Presidente de la Unión Soviética o Primer Ministro de la Unión Soviética, aunque estos cargos no existieron oficialmente hasta los últimos meses del gobierno de Mijaíl Gorbachov. El cargo de Secretario General del Partido no fue creado hasta el mes de abril de 1922 y se convirtió en el máximo puesto tras la muerte de Lenin, ideólogo de la Revolución de Octubre y principal dirigente bolchevique. Entre marzo de 1953 y el 8 de abril de 1966 el cargo se llamó Primer Secretario. A partir de esa fecha y hasta el 14 de marzo de 1990 el cargo volvió a denominarse Secretario General del PCUS. Relaciones Internacionales Tras la inicialmente negación por parte del mundo capitalista del reconocimiento diplomático, la Unión Soviética llegó a tener relaciones oficiales con la mayoría de las naciones del mundo a finales de los años 80. La Unión Soviética también había aumentado su importancia en la esfera internacional, desde estar fuera de organizaciones y negociaciones internacionales, a ser uno de los árbitros del destino de Europa después de la Segunda Guerra Mundial. Como miembro de las Naciones Unidas desde su fundación en 1945, la Unión Soviética se convirtió en uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas que le dio el derecho de veto de sus resoluciones ( ver Unión Soviética y las Naciones Unidas).La Unión Soviética emergió de la Segunda Guerra Mundial como una de las dos potencias principales del mundo, una posición mantenida durante cuatro décadas a través de su hegemonía en Europa Oriental (véase bloque del este), fuerza militar, ayuda a los países en vías de desarrollo, e investigación científica, especialmente en tecnología espacial y armamentística. La influencia cada vez mayor de la Unión Soviética en el exterior en los años de la posguerra ayudó a conducir a un sistema comunista a los estados de Europa Oriental, unidos por acuerdos militares y económicos. Alcanzó al Imperio Británico como superpotencia global, tanto en su sentido militar como en su capacidad de expandir su influencia más allá de sus fronteras. Establecido en 1949 como bloque económico de los países comunistas conducidos por Moscú, el soviéticamente dominado Consejo de Ayuda Mutua Económica (COMECON) sirvió como marco para la cooperación entre las economías planificadas de la Unión Soviética, y, más adelante, para la cooperación comercial y económica con el tercer mundo. La contraparte militar al COMECON era el pacto de Varsovia. La economía soviética era también de gran importancia para la Europa Oriental debido a las importaciones de recursos naturales vitales de la URSS, como el gas natural.Moscú consideraba a Europa Oriental una zona excelente para defender sus fronteras occidentales y aseguró su control en la región transformando los países de Europa del Este en estados satélites, algo así como los EE UU con la Europa Occidental. Las tropas soviéticas intervinieron en la Revolución Húngara de 1956 y citaron la doctrina de Brezhnev, la contraparte soviética a las doctrinas estadounidenses de Johnson y Nixon (posterior a la de Johnson), y ayudaron a expulsar al gobierno checoslovaco en 1968, lo que es designado a veces como "la Primavera de Praga". A finales de los años 50, una confrontación con China con respecto al acercamiento de la URSS con el oeste que Mao percibió, sumada al revisionismo de Jrushchov condujo a la Ruptura Sino-Soviética. Esto dio lugar a una rotura a través del movimiento comunista global y a regímenes comunistas en Albania y Cambodia que elegían aliarse con China en lugar de la URSS. Por una época, la guerra entre los aliados anteriores parecía ser una posibilidad; mientras que las relaciones se refrescarían durante los años 1970, no volverían a la normalidad hasta la era de Gorbachov. Durante el mismo período, una confrontación tensa entre la Unión Soviética y los Estados Unidos sobre el despliegue soviético de misiles nucleares en Cuba durante la Crisis de los misiles de Cuba. El KGB (Comité para la Seguridad del Estado) sirvió en cierto modo como la contraparte soviética a la Oficina de la Investigación Federal y a la Agencia de Inteligencia Central de los Estados Unidos Funcionó con una red masiva de informadores a través de la Unión Soviética, que fue utilizada para supervisar las violaciones de la ley. La rama exterior del KGB fue utilizada para recoger información en países alrededor del globo. Después del derrumbamiento de la Unión Soviética fue sustituido en Rusia por el SVR (Servicio de Inteligencia Extranjera) y el FSB (Servicio Federal de Seguridad de la Federación Rusa). El KGB no estaba sin control. El GRU (Directorio Principal de Inteligencia), que no fue hecho público por la Unión Soviética hasta el final de la era soviética durante la perestroika, fue creado por Lenin en 1918 y sirvió como órgano centralizado de la inteligencia militar y como controlador institucional para la energía con relativamente menos restricción que el KGB. Con eficacia, sirvió para espiar a los espías, y, curiosamente, el KGB sirvió una función similar con el GRU. Como el KGB, el GRU funcionó en otras naciones alrededor del mundo, particularmente en los estados del bloque soviético y países satélites. El GRU continúa funcionando aún en Rusia, con unos recursos que exceden los del SVR según algunas estimaciones.En los años 70, la Unión Soviética alcanzó una paridad nuclear aproximada con los Estados Unidos. Percibió su propia implicación como esencial para la solución de cualquier problema internacional importante. Mientras tanto, la Guerra Fría dejó paso a la distensión y a un patrón más complicado de las relaciones internacionales en las cuales el mundo no estuvo claramente dividido en dos bloques opuestos. Los países menores tenían más capacidad de afirmar su independencia, y las dos superpotencias reconocieron su interés común en intentar controlar la extensión y la proliferación de armas nucleares (véase SALT I, SALT II, y el Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos). Durante este tiempo, la Unión Soviética había concluido tratados de amistad y de cooperación con un buen número de estados no comunistas en el mundo, especialmente en el tercer mundo y en estados del movimiento de los no aliados como la India y Egipto. A pesar de algunos obstáculos ideológicos, Moscú aumentó su interés por ganar posiciones estratégicas importantes a través del tercer mundo. Además, la Unión Soviética continuó proporcionando ayuda militar para los movimientos revolucionarios en el tercer mundo. Por todas estas razones, la política exterior soviética era de gran importancia para el mundo no comunista y ayudaba a determinar el tenor de relaciones internacionales. Aunque innumerables burocracias estuvieron implicadas en la formación y la ejecución de la política exterior soviética, las pautas principales de la política fueron determinadas por el Politburó del partido comunista. Los primeros objetivos de la política exterior soviética habían sido el mantenimiento y el realce de la seguridad nacional y el mantenimiento de la hegemonía en Europa Oriental. Las relaciones con los Estados Unidos y la Europa occidental eran también una preocupación importante para los regidores soviéticos, y las relaciones con los estados del tercer mundo fueron por lo menos parcialmente determinadas por la proximidad de cada estado a la frontera soviética y a las estimaciones soviéticas de su significación estratégica.Después de que Mijaíl Gorbachov sucediera a Konstantín Chernenko como Secretario General del PCUS en 1985 introdujo muchos cambios en la política exterior soviética y en la economía de la URSS. Gorbachov persiguió políticas conciliatorias hacia el oeste en vez de mantener el statu quo de la guerra fría. La Unión Soviética terminó su ocupación de Afganistán, firmó tratados estratégicos de reducción de armas con los Estados Unidos, y permitió que sus aliados en Europa Oriental determinaran sus propios asuntos. La caída del muro de Berlín, que comenzó en noviembre de 1989, señaló dramáticamente el fin del imperio exterior de la Unión Soviética en la Europa central y oriental. Dos años más tarde, el imperio interno también acabó. Después de la disolución de la Unión Soviética el 25 de diciembre de 1991, Rusia demandó ser el sucesor legal del estado soviético en la esfera internacional. A tal efecto, Rusia aceptó voluntariamente toda la deuda exterior soviética, y reclamó las propiedades soviéticas de ultramar como propias. Para prevenir conflictos subsecuentes sobre las propiedades soviéticas, los acuerdos de “variante cero" fueron propuestos a los estados nuevamente independientes según el statu quo en la fecha de la disolución (Ucrania es la única antigua república soviética que no ha entrado en tal acuerdo). También se plantearon cuestiones sobre la vigencia de los tratados que había firmado la Unión Soviética, por ejemplo el tratado de misiles antibalísticos; Rusia mantiene la posición de que esos tratados siguen en vigor, y deben ser leídos como si fuera Rusia la signataria. Repúblicas La Unión Soviética fue una federación de Repúblicas soviéticas socialistas (RSS). Las primeras Repúblicas fueron establecidas poco después de la Revolución de octubre de 1917. En aquel momento, las repúblicas fueron técnicamente independientes la una de la otra pero sus gobiernos actuaron como una confederación coordinada dirigida por el liderazgo del PCUS. En 1922, cuatro Repúblicas (RSFS de Rusia, RSS de Ucrania, RSS de Bielorrusia, y Federación Transcaucásica) se unieron en la Unión Soviética. Entre 1922 y 1940, el número de Repúblicas creció a dieciséis. Parte de las nuevas Repúblicas fue formada con territorios adquiridos, o readquiridos por la Unión Soviética, otras por división de las Repúblicas existentes. Los criterios para establecer nuevas repúblicas fueron así: 1. estar localizado en la periferia de la Unión Soviética para ser capaz de ejercitar su derecho a la secesión; 2. ser suficientemente fuerte económicamente como para sobrevivir por sí mismos en caso de secesión; 3. ser denominada a partir de una etnia dominante de por lo menos un millón de personas. El sistema se quedó casi igual después de 1940. No fueron establecidas nuevas republicas. Una república, República Socialista Soviética Carelo-Finesa, fue disuelta en 1956, y el territorio llegó a ser formalmente la República Socialista Soviética Autónoma de Carelia dentro del RSFS de Rusia. Quedaron 15 repúblicas hasta 1991. Aunque las constituciones soviéticas establecieran el derecho de una república a separarse, se quedó en teórico y muy improbable dado el centralismo soviético, hasta 1991 con el desplome de la Unión. En aquel momento, las repúblicas llegaron a ser países independientes, con alguna todavía floja organización bajo el título de Comunidad de Estados Independientes. Algunas repúblicas que tenían en común la historia o la región geográfica, fueron denominadas por nombres de grupo; éstas fueron las Repúblicas bálticas, las Repúblicas Transcaucásicas, y las Repúblicas de Asia Central. En su estado final, la Unión Soviética consistió en las repúblicas siguientes: 1. RSS de Armenia 2. RSS de Azerbaiyán 3. RSS de Bielorrusia 4. RSS de Estonia 5. RSS de Georgia 6. RSS de Kazajistán 7. RSS de Kirguistán 8. RSS de Letonia 9. RSS de Lituania 10. RSS de Moldavia 11. RSFS de Rusia 12. RSS de Tayikistán 13. RSS de Turkmenistán 14. RSS de Ucrania 15. RSS de Uzbekistán Economía Antes de su disolución, la Unión Soviética era la segunda economía más poderosa del mundo, tras la de Estados Unidos.El gobierno estableció sus prioridades económicas por la economía centralizada, un sistema bajo el cual las decisiones administrativas, en lugar del mercado, determinan la asignación de recursos y los precios. Algunos momentos como los de Nikita Jruschov cuando afirmaba "los enterraremos" en el sentido económico fueron tomados en serio por muchos analistas. Después de la revolución bolchevique de 1917, el país creció desde una sociedad campesina en gran parte subdesarrollada con la industria mínima a llegar a ser el segundo mayor poder industrial en el mundo. Según las estadísticas soviéticas, la producción industrial del país en el mundo creció de 5,5% a 20% entre 1913 y 1980. Aunque algunos analistas occidentales consideran estos datos hinchados, el logro soviético fue notable. Recuperando los acontecimientos calamitosos de la Segunda Guerra Mundial, la economía del país había mantenido una tasa continua aunque desigual de crecimiento. El nivel de vida, aunque todavía modesto para la mayoría de los habitantes según los estándares occidentales, había mejorado.Aunque estos logros pasados fueran impresionantes, a principios de los años 1980 líderes soviéticos encararon muchos problemas. La producción en los bienes de consumo en el país soviético y los sectores agrícolas fueron a menudo inadecuados. La crisis en el sector agrícola cosechó consecuencias catastróficas en los años 1930, cuando la colectivización encontró la resistencia esparcida de los Kulaks, teniendo como resultado una lucha amarga de muchos campesinos contra las autoridades, y contra el hambre artificial, especialmente en Ucrania (véase Holodomor), pero también en el área del Río Volga y Kazajistán. Una falta de inversión en consumo y sectores terciarios tuvo como resultado comercios clandestinos en mercados negros en algunas áreas.Además, desde los años 1970, la tasa de crecimiento había aflojado substancialmente . El desarrollo económico extenso, basado en entradas vastas de materias y trabajo, no fue ya posible; mas la mejora de la productividad soviética se quedó baja comparada con otros países industrializados mayores. La calidad del producto necesitó la mejora. Los líderes soviéticos encararon un dilema fundamental: los fuertes controles centrales de una burocracia cada vez más conservadora que había dirigido tradicionalmente el desarrollo económico habían fallado en responder a las demandas complejas de la industria de una economía sumamente desarrollada y moderna. Conociendo las debilidades de sus enfoques pasados para resolver nuevos problemas, los líderes del final de la década de los ochenta procuraron moldear un programa de reforma económica para galvanizar la economía. El liderazgo, encabezado por Mijaíl Gorbachov, experimentaba con soluciones a problemas económicos con una franqueza (Glásnost) nunca antes vista en la historia de la economía. Un método para mejorar la productividad pareció estar en un refuerzo del papel de fuerzas de mercado. Mas las reformas en las que las fuerzas del mercado asumían un papel más grande significaba disminuir la autoridad y el control por la jerarquía de la planificación, así como una disminución significativa de servicios sociales tradicionalmente proporcionado por el estado, como albergue y la educación. Valorar los desarrollos en la economía fue difícil para observadores occidentales. El país tenía enormes disparidades económicas y regionales. Pero analizar los datos estadísticos diferenciados por región era un proceso incómodo. Además, la estadística soviética por sí misma quizás habría sido de uso limitado a analistas occidentales porque no era directamente comparable con la utilizada en países occidentales. El diferir de los conceptos estadísticos, las valoraciones, y los procedimientos utilizados por economistas comunistas y no-comunistas hizo que aún los datos más básicos, tal como la productividad relativa de varios sectores, fuera difícil de valorar. Después de la disolución de la Unión Soviética, por lo menos, fue posible valorar relativamente Rusia y los Estados Unidos repecto a sus deudas públicas. El 28 de agosto de 2007, los funcionarios del tesoro de los Estados Unidos valoraron la deuda soviética anterior a 70 mil millones de dólares, mientras que la de Estados Unidos superaba los 9 billones de dólares. Geografía La Unión Soviética ocupó la porción oriental del continente europeo y la porción septentrional del continente asiático. La mayor parte del país quedaba al norte de 50° de latitud norte y cubría un área total de aproximadamente 22.402.200 kilómetros cuadrados (8.649.500 millas cuadradas). Debido al gran tamaño del estado, el clima variaba mucho, desde subtropical y continental a subártico y polar. El 11% de la tierra era cultivable, 16% eran praderas y pasto, el 41% bosque, y 32% fue declarado como "otros" (incluyendo la tundra). La Unión Soviética medía unos 10.000 kilómetros (6.200 millas) desde Kaliningrado, en el oeste, a la Isla de Ratmanova (Islas Diómedes), en el Estrecho de Bering, aproximadamente el equivalente a la distancia de Edimburgo, Escocia, al este de Nome, Alaska. Desde la punta de la Península de Taimir, en el Océano Ártico, al pueblo de Asia Central de Kushka, cerca de la frontera afgana, hay casi 5.000 kilómetros (3.100 millas) de terreno, en su mayor parte escabroso e inhóspito. La anchura total de los Estados Unidos continentales quedaría comprendida entre las extremas fronteras septentrional y meridional de la Unión Soviética. Demografía La Unión Soviética fue uno de los de los países con más diversidad étnica en el mundo, con más de 150 etnias claras dentro de sus fronteras. La población total fue estimada en 293 millones de habitantes en 1991, habiendo sido el tercer país más poblado en el mundo después de China e India durante décadas. En los últimos años de la Unión Soviética, las etnias del país fueron: los rusos (50,78%), seguidos por los ucranianos (15,48%), uzbecos (5,84%). Otros grupos étnicos incluyen armenios, bielorrusos, georgianos, alemanes, osetios, rumanos, moldavos, tayikos, griegos, húngaros, polacos, gitanos, lituanos, búlgaros, letones, turcos, tártaros, baskires, chinos, chuvasios, judíos, kazajos, azerbaiyanos, pueblos caucásicos, pueblos urálicos, mongoles, tártaros, tuvanos, pueblos semíticos, yakutos, ketos, coreanos, cubanos, sólo el 1,6% de la población no proviene de Rusia. Principalmente a causa de diferencias en índices de natalidad entre las nacionalidades soviéticas, la proporción de la población rusa fue constantemente disminuyendo en el período de la posguerra. Nacionalidades El extenso estado multinacional que los bolcheviques heredaron después de su revolución fue creado por la expansión zarista durante casi cuatro siglos. Algunos grupos de naciones se unieron voluntariamente al estado, pero la mayoría fue unida a la fuerza. Generalmente, los rusos y la mayoría de la población no rusa del imperio compartieron poco en cuanto a cultura, religión e idioma.Muy a menudo, dos o más nacionalidades diversas fueron colocadas en el mismo territorio. Por lo tanto, los antagonismos nacionales se desarrollaron con los años no sólo contra los rusos, sino a menudo entre algunas de las naciones sujetas también.Durante cerca de setenta años, los líderes soviéticos habían mantenido que las fricciones entre las muchas nacionalidades de la Unión Soviética habían sido erradicadas y que la Unión Soviética consistía en una familia de naciones que vivían armoniosamente juntas. No obstante, el fermento nacional que sacudió cada rincón de la Unión Soviética en los años ochenta probó que setenta años de gobierno comunista habían fracasado en la erradicación de las diferencias nacionales y étnicas y que las religiones y culturas tradicionales reemergerían a la más pequeña oportunidad. Esta realidad que enfrentaban Gorbachov y sus colegas significó que, ante la poca confianza en el tradicional uso de fuerza, tuvieran que encontrar soluciones alternativas a fin de evitar la desintegración de la Unión Soviética. Las concesiones otorgadas a las culturas nacionales y la autonomía limitada tolerada en las repúblicas de la Unión durante los años veinte llevaron al desarrollo de élites nacionales y a un elevado sentido de identidad nacional. La represión subsecuente y la rusificación provocaron el resentimiento contra la dominación por parte de Moscú y promovieron el posterior crecimiento de la conciencia nacional. Los sentimientos nacionales fueron exacerbados en el estado multinacional soviético por la competencia incrementada por los recursos, servicios y trabajos. Grupos religiosos El Estado fue separado de la Iglesia por el Decreto del Consejo de Comisarios del Pueblo el 23 de enero de 1923. Las cifras oficiales del número de creyentes religiosos en la Unión Soviética no estaban disponibles en 1989. Pero según varias fuentes soviéticas y occidentales, alrededor de un tercio de la gente de la Unión Soviética, un estado oficialmente ateo, profesaba alguna creencia religiosa. El Cristianismo y el Islam se disputaban la mayoría de los creyentes. Los cristianos pertenecían a varias Iglesias: la Ortodoxa, que tenía el número más grande de seguidores; la Católica; la Baptista y varias otras ramas protestantes. Hubo muchas iglesias en este país (7.500 Iglesias Ortodoxas Rusas en 1974). La mayoría de los fieles de la fe islámica eran sunitas. El judaísmo tuvo también muchos seguidores. Hubo otras religiones practicadas por un número relativamente pequeño de creyentes, incluido el budismolamaísmo y chamanismo (una religión basada en el espiritualismo primitivo). El papel de la religión en la vida diaria de los ciudadanos soviéticos varió enormemente. Ya que los dogmas religiosos islámicos y los valores sociales de los musulmanes están estrechamente interrelacionados, la religión pareció tener una mayor influencia en los musulmanes que en los cristianos u otros creyentes. Dos tercios de la población soviética, sin embargo, no tenían creencias religiosas. Cerca de la mitad de la gente, incluyendo a miembros del PCUS y oficiales de alto nivel del gobierno, profesaban el ateísmo. Por lo tanto, para la mayoría de los ciudadanos soviéticos, la religión parecía irrelevante. Aún así, el control estatal también llegó a la persecución religiosa, y en época de Stalin otras creencias fueron perseguidas y sus seguidores enviados a Gulags. Cultura La cultura soviética pasó por varias etapas durante los 70 años de su existencia. Durante los primeros once años de Revolución (1918–1929), hubo una relativa libertad y los artistas experimentaron con varios estilos diferentes en un esfuerzo de encontrar un estilo artístico soviético distintivo. Lenin quiso que el arte fuera accesible al pueblo ruso. El gobierno alentó una variedad de tendencias. En el arte y la literatura, numerosas escuelas, unas tradicionales y otras radicalmente experimentales, proliferaron. Los escritores comunistas Máximo Gorki y Vladímir Mayakovski estuvieron activos durante este período. El cine recibió el apoyo del Estado; muchos de los mejores trabajos del cinematógrafo Serguéi Eisenstéin datan de este período. Más tarde, durante la era de Iósif Stalin, la cultura soviética fue caracterizada por el apoyo del gobierno al realismo socialista, con el resto de las tendencias seriamente reprimidas, con raras excepciones (por ejemplo los trabajos de Mijaíl Bulgákov). Algunos escritores fueron presos y ejecutados.Después del deshielo de Jruschov en los años 50 y 60, la censura disminuyó (pero nunca se eliminó completamente). La mayor experimentación en formas de arte llegó a estar permitida de nuevo, con el resultado de que trabajos críticos más sofisticados y sutiles comenzaran a ser producidos. El régimen aflojó su énfasis en el realismo socialista; así, por ejemplo, muchos protagonistas de las novelas del autor Yuri Trífonov se refirieron a problemas de la vida de cada día más bien que a la construcción del socialismo. Una literatura disidente subterránea, conocida como samizdat, se desarrolló durante este último período. En la era de Jruschov la arquitectura se centró sobre todo en un diseño funcional en contraste con el estilo altamente adornado de la época de Stalin. Fuente:http://es.wikipedia.org/wiki/Uni%C3%B3n_Sovi%C3%A9tica Arriba los pobres del mundo en pie los esclavos sin pan alcémonos todos al grito viva La Internacional Removamos todas las trabas que oprimen al proletario cambiemos al mundo de base hundiendo al imperio burgués. Agrupémonos todos en la lucha final y se alzan los pueblos por la internacional Agrupémonos todos en la lucha final y se alzan los pueblos con valor por la internacional El dia que el triunfo alcancemos ni esclavos ni dueños habrá los odios que al mundo envenenan al punto se extinguirán. El hombre del hombre es hermano derechos iguales tendrán la Tierra será el paraíso, patria de la Humanidad. Agrupémonos todos en la lucha final y se alzan los pueblos por la internacional Agrupémonos todos en la lucha final y se alzan los pueblos con valor por la internacional El dia que el triunfo alcancemos ni esclavos ni dueños habrá los odios que al mundo envenenan al punto se extinguirán. El hombre del hombre es hermano derechos iguales tendrán la Tierra será el paraíso, patria de la Humanidad. Agrupémonos todos en la lucha final y se alzan los pueblos por la internacional Agrupémonos todos en la lucha final y se alzan los pueblos con valor por la internacional

Estudio de la religión El estudio de la religión suele implicar numerosos campos de investigación, entre ellos: * La religión comparada se ocupa del estudio comparativo de ideas, prácticas y demás elementos de las religiones. * La teología: trata de la cuestión de Dios y de sus relaciones con el mundo, y puede estudiarse separada de cualquier religión determinada o bien referida a una de ellas en particular. * La organología: en una religión en particular, trata de sus elementos, sus prácticas, su organización y su orden institucional. * La apologética se interesa en la defensa de una religión particular, contra posibles ataques o críticas. * La psicología de la religión trata sobre los factores de la conducta humana, su mente y sus operaciones, tal como se manifiestan en la conducta religiosa. La psicología de la religión explica por que un pueblo determinado prohija determinadas ideas religiosas, mediante el estudio de sus necesidades naturales, su ambiente y sus inclinaciones. * La neuroteología estudia de las correlación entre los fenómenos neuronales con las experiencias subjetivas de carácter espiritual. * La filosofía de la religión la filosofía se ha ocupado de la religión en incontables ocasiones por su interés en el estudio de lo trascendente y su naturaleza así como su papel en la vida humana. En la segunda mitad del siglo pasado ha sido especialmente fructífera en cuanto a la religión por sus aportaciones en lógica y epistemología. Se ha explorado filosóficamente la experiencia religiosa, la fe y el discurso de las religiones * La historia de la religión: trata de descubrir la base cultural de las ideas y prácticas de una religión concreta. Historiadores son también los estudiosos de los libros sagrados de las religiones, unos ejercen la llamada «alta crítica», estudiando los manuscritos para comprobar la validez de sus reivindicaciones; otros se ocupan de la llamada «crítica fundamental» o «crítica textual» dedicándose a la búsqueda y examen de textos auténticos. Podrían citarse muchos campos de especialización: estudios de las empresas misioneras, evolución de las instituciones religiosas (historia de la iglesia, inquisición...), manifestaciones de arte (música sacra, arquitectura religiosa, etc), religiones primitivas, sociología de la religión y orígenes sociales. * El Estudio de los memes: desde los años setenta se ha iniciado un estudio de las ideas de la religión desde una aproximación evolutiva. Desde la teoría de los memética (los unidades más pequeñas de información) —propugnada por Dawkins en 1970) se identifica las creencias religiosas como ideas que se expanden en una población de huéspedes no tanto por su valor adaptativo para tales huéspedes (o no exclusivamente) como por su capacidad de transmisión entre huéspedes y su capacidad de competir con ideas similares. Organología, organización de las religiones A lo largo de la Historia, la práctica de la religión se ha organizado de diferentes maneras en sociedad. El hombre primitivo depositaba en el chamán o curandero el conocimiento y explicaciones sobre asuntos religiosos. Esta figura aún existe en pueblos indígenas de América, Africa y Oceanía. Las primeras civilizaciones agricolas, con el desarrollo de las ciudades, verán surgir la figura del sacerdote, que se erige como mediador entre la sociedad y las divinidades. Esta figura cobrará una importancia enorme en Egipto, Grecia, Roma y América precolombina. A menudo con una doble función de médico y guía espiritual, supone una evolución del antiguo guía-chamán de la tribus primitivas. El monacato surge en religiones como el cristianismo, el budismo o el taoísmo. El monacato allí donde está presente, personifica un esfuerzo más intenso en un camino religioso, y supondrá el esfuerzo por reunir o proteger a los eremitas dispersos. En religiones como la hebrea o el islam, son las personas con una notable capacidad de interpretación de las escrituras sagradas las que ostentan el papel de guía de una comunidad de seguidores. Así, la figura del imán o del rabino están presentes en estas religiones. En el entorno hinduista, la casta de los brahmanes es la encargada de aclarar los asuntos religiosos. Filosofía de las religiones El conocimiento religioso, según los seguidores de las religiones, puede ser obtenido de líderes religiosos, textos sagrados y/o la propia revelación personal. Algunos puntos de vista de las religiones observan este conocimiento como ilimitado en alcance y capaz de resolver cualquier pregunta, otras le otorgan un rol más restringido o acompañando al conocimiento obtenido mediante la observación de los fenómenos físicos. Algunas religiones otorgan al conocimiento religioso la característica de ser infalible. Muchos textos religiosos cuentan con muchos siglos de antigüedad: el Poema de Gilgamesh, el Libro de los Muertos, los cuatro Vedás, los Puranás, el Ramaiana, el Majábarata, el Bhagavad Guitá, la Biblia, el Corán. Estos textos no sólo han sido de interés dentro de las propias religiones sino también especialmente para la filosofía en la disciplina de la Filosofía de la religión. Ésta estudia las diferentes concepciones teístas o no teístas, la cosmología de las religiones así como sus argumentos de diseño, el misticismo, el problema del mal, la epistemología y así un amplio espectro de asuntos que son tratados desde el aparato intelectual filosófico.En el ámbito hispano existen escritores, filósofos y teólogos de renombre que se han ocupado de la filosofía de la religión. Entre ellos Ciro Alegría, Leonardo Boff, Jorge Luis Borges, Lluis Busquets Grabulosa, Pedro Laín Entralgo, Benjamín Forcano, David Flusser, José Ortega y Gasset, Octavio Paz, Xabier Picaza, Margarita Pinto, Miguel de Unamuno, Miguel Sarmiento. Principales especulaciones filosófícas En las religiones existen a menudo grandes desarrollos filosóficos cuya misión es aclarar o conciliar la doctrina religiosa con la razón humana. En las religiones teístas se conoce a este desarrollo como Teología. En Asia oriental, muchas veces, aunque los desarrollos filosóficos son grandes y variados, no existen como disciplina diferenciada dentro de la propia religión, filosofía y religión esta entrelazada. En otras religiones no existe un aparato filosófico, en especial en las religiones tribales y chamánicas. Los desarrollos filosóficos de las religiones.recogen los distintos aspectos de la doctrina religiosa o la verdad o deidad que las sustenta, y que son históricamente la explicación a las distintos puntos de vista dentro de cada religión. * Panteísmo es un punto de vista filosófico en donde toda la realidad tiene una naturaleza divina, por lo que se rechaza la idea de una entidad sagrada o Dios que sea personal. Filósofos como Spinoza se adhirieron al panteísmo, identificando la Naturaleza como Dios. Religiones orientales como el sintoísmo japonés o el taoísmo chino tienen una enorme carga panteísta. * Monismo es un punto de vista filosófico que subraya la unidad de todo lo que existe, afirmando unas leyes subyacentes que niegan las divisiones en ella. El monismo por tanto se distancia de observar un dualismo o pluralismo. Los orígenes del monismo remiten a los filósofos griegos como Tales de Mileto, Pitágoras, Parménides o Empédocles. El monismo fue una visión frecuente en filósofos neoplatónicos como Plotino, el filósofo más influyuente en los primeros Padres de la Cristiandad. El islam recoge una fuerte influencia también desde los griegos, y en el hinduismo es otro ingrediente importante en su enorme diversidad filosófica. * Gnosticismo afirma una dualidad inherente en la manifestación de lo sagrado. Materia y espíritu, bien y mal así como otros conceptos, aparecen como opuestos que deben ser resueltos en el individuo dando primacía a una vía de conocimiento a menudo bastante experiencial. El gnosticismo ha tenido una fuerte influencia en los primeros desarrollos del cristianismo, y desde la perspectiva filosófica occidental es un enfoque presente en los desarrollos de las religiones orientales. * Fundamentalismo afirma el caracter literal de las escrituras o relatos sagrados, negando por tanto sus significados más simbólicos o psicológicos. También es conocida como literalismo. Está muy circunscrito a las religiones teístas y actualmente es popular en varios movimientos protestantes de EE. UU. La visión fundamentalista del teísmo supone en muchas ocasiones una negación radical de las verdades científicas. Una de las derivaciones del enfoque fundamentalista es el Creacionismo, que niega la evolución de las especies y las teorías científicas sobre el origen del universo, al afirmar que el relato bíblico de la creación del mundo es literalmente auténtico. * No-teísmo afirma la inexistencia de deidades o bien las admite pero les niega un papel directamente activo en la liberación del individuo. El no-teísmo, también denominado ateísmo, existe en el budismo y el taoísmo. En algunas variantes del budismo existe el culto a deidades si bien tienen un papel psicológico, ritual o simbólico, pero en todo caso siempre provisional. El taoísmo observa dos variantes unidas pero bien diferenciadas: la filosófica y la más contemplativa o de meditación. En este último, las deidades de la religión tradicional china han sido absorbidas como elementos simbólicos para prácticas de caracter psicofísico. * Determinismo es una doctrina filosófica que afirma que todo acontecimiento, incluyendo el pensamiento humano y las acciones, están predeterminadas por una cadena de causa y consecuencia. En las religiones esta postura filosófica se enmarca dentro de la doctrina de la Predestinación. Este punto de vista asume que una deidad que sea omnipotente o una ley absoluta no puede dejar nada al azar. La doctrina de la predestinación fue importante en el protestantismo cristiano, especialmente en el movimiento Calvinista. En las religiones orientales como el hinduismo o el budismo, existe la doctrina del karma que asume una ley universal de causa y efecto. Pero el karma depende de la intencionalidad de los seres conscientes; las consecuencias son causadas por decisiones de estos, lo cual no implica una predeterminación o destino. Por medio de la creencia en la reencarnación, la creencia en la predestinación es muy alta en el hinduismo. En el budismo está también difundida a nivel popular, si bien doctrinalmente supone una distorsión del pensamiento de Buda. * Sincretismo supone la conciliación de puntos de vista distintos e incluso opuestos. En las religiones el sincretismo implica adoptar elementos de dos o más religiones. El sincretismo ritual y devocional es una constante en la evolución de las religiones a través de su historia cuando han contactado unas con otras, si bien esos elementos se van asimilando en el tiempo dentro de una sola religión. Actualmente se consideran religiones sincréticas varios cultos caribeños y americanos que mezclan catolicismo y prácticas e ideas de las religiones tribales. En oriente se realiza un sincretismo devocional a nivel popular, uniendo al taoísmo o al budismo con las prácticas ancestrales de culto a los antepasados. En Occidente el sincretismo está más presente por la creación de nuevas sectas que suelen diseñarse mezclando ideas y elementos de las grandes religiones. Razonamientos La mayoría de religiones suelen tener una parte de conocimiento exotérico y otra esotérico. * El lado exotérico de la religión se refiere a un conocimiento que es público, inteligible y accesible. * El lado esotérico se refiere a aquella parte que es secreta o discreta, críptica, o a la que se accede por mecanismos jerárquicos de confianza entre sus miembros. En casi todas las grandes religiones ambas facetas existen. Las religiones teístas suelen aludir al acceso al conocimiento esotérico como un don o bendición de la deidad hacia la persona. En el cristianismo por ejemplo, el concepto de Gracia se considera un don de Dios que entre otras cosas permite a la persona penetrar en significados más profundos. Similares ideas existen en la religión musulmana y judía. En otras religiones, el conocimiento esotérico suele afirmarse como un mecanismo de transmisión oral, en ocasiones al margen de las escrituras sagradas o de aquellas que son públicas. El budismo tiene algunas variantes, especialmente aquellas provenientes del budismo tibetano, que son fuertemente esotéricas. El taoísmo tiene en su faceta contemplativa algunos complicados métodos psicofísicos con un fuerte componente esotérico y de iniciación. Normalmente, en las propias religiones coexisten puntos de vista distintos que tienden a rechazar o afianzar el lado esotérico. Posturas en torno a la religión En ocasiones es importante distinguir entre «religión» y «postura religiosa». Siendo la religión un sistema de creencias, preceptos, prácticas y rituales, una postura religiosa se refiere a la forma como un individuo se identifica frente a una o varias religiones. Por otro lado, existe la postura de quienes niegan el valor o la utilidad de las religiones, las niegan o las adecúan a sus propios planteamientos personales o de grupo. También se observan diferentes posturas religiosas en los enfoques de aplicación a la sociedad en temas como el laicismo o el diálogo interreligioso. * Religiosas: afirma la pertenencia a alguna religión o credo. o Practicantes: asumen algún mensaje o contenido religioso e intentan ponerlo en práctica siguiendo prácticas, ritos o celebraciones. o No Practicantes: asumen algún mensaje o contenido religioso pero no participan de prácticas, ritos o celebraciones. * No religiosas: niegan explícitamente la pertenencia a alguna religión o credo, o están en desacuerdo con los contenidos de las religiones. o Ateos: (del griego a=sin teo=dios) sin dios. Ateo es quien vive ajeno a la consideración de alguna deidad que influya en la realidad. El término ateísmo se puede referir a dos actitudes distintas: la indiferencia por la existencia de divinidades o la no creencia en la posibilidad de su existencia. + apateístas: un ateísmo en el que se mantienen una postura de considerar que la posible existencia de deidades y la búsqueda de conocimiento al respecto no es importante, y que en consecuencia el debate al respecto debe ser ignorado. Según Etienne Borne, el apateísmo supone un ateísmo llevado a la práctica. o Agnósticos: El agnosticismo (del griego a=sin y gnosis=conocimiento) es una postura que niega la posibilidad del conocimiento sobre algo. En el caso de la religión, se refiere a la imposibilidad de conocer alguna verdad religiosa. Por lo tanto, el agnóstico afirma que no hay certeza para asegurar que la verdad que presentan las religiones sea cierta o no. Ello no implica que carezcan necesariamente de interés por lo espiritual, sino simplemente que no realizan afirmaciones ni sostienen creencias específicas sobre la realidad en términos religiosos. Quienes mantienen la postura agnóstica pueden no ser necesariamente antirreligiosos y pueden ser respetuosos con todas las creencias mediante una reflexión individual y honesta. * Fundamentalismo: el fundamentalismo se basa en la aplicación de un dogma o creencia de manera literal, sea religioso o de otro tipo, negando así el valor de otras explicaciones o la potencial ampliación de significados para cualquier certeza. El fundamentalismo elimina la posibilidad de coexistencia de interpretaciones diferentes de la realidad y la existencia, necesitando a menudo de su desaparición o eliminación para satisfacer un criterio único de verdad. o Fundamentalismo religioso: asume las explicaciones literales de los textos religiosos negando sus significados simbólicos, temporales o psicológicos. De manera general esto deriva en la negación y el deseo de eliminar otras explicaciones, ya vengan de otras posturas religiosas, de la ciencia o de la sociedad. o Fundamentalismo anti-religioso: asume las explicaciones literales de los textos no-religiosos, negando sus significados temporales o ignorando la provisionalidad de las verdades científicas y sociales. De manera general deriva en la negación y el deseo de eliminar otras explicaciones, vengan desde posturas religiosas o desde visiones diferente de la propia ciencia que sean contrarias a la propia. * Laicismo: la palabra viene del griego laikus (pueblo) en oposición a klerikus(clérigo). La palabra laico define por tanto a aquellos que no son clérigos, ya sea dentro de la organización religiosa como en toda la sociedad civil. El laicismo afirma la necesidad de una ordenación de la sociedad sin la participación directa de los clérigos y por lo tanto independiente de la influencia religiosa. La defensa del laicismo implica que deben ser los laicos quienes diseñen, ordenen y apliquen las leyes, usos y costumbres de una sociedad, dejando a los clérigos esa función sólo para el ámbito de sus organizaciones religiosas. El laicismo supone una visión de la sociedad cuya defensa ha existido históricamente tanto dentro como fuera de las religiones. Del mismo modo, los ataques a esta postura han existido también desde dentro y fuera de las religiones. En el laicismo cohabitan diferentes visiones, desde aquellas que se muestran respetuosas con la existencia del hecho religioso hasta aquellas más fundamentalistas que lo reinterpretan como un vehículo para la erradicación de las religiones. Del mismo modo, en las religiones coexisten diferentes posturas que asumen al laicismo como algo beneficioso o no perjudicial, hasta aquellas que lo reinterpretan como un mal inevitable pero que puede ser reformulado para mantener grados de injerencia religiosa en el poder civil. * Diálogo Interreligioso: aunque históricamente las religiones del mundo han tenido contacto entre sí y conocimiento unas de otras, no será hasta el siglo XX cuando la humanidad establezca la necesidad pública de un canal de comunicación constante y activo en lo que se ha llamado diálogo interreligioso. Las principales religiones y sus líderes han efectuado en las últimas décadas llamamientos para aumentar éste diálogo como vía para erradicar los fundamentalismos y contribuir a la paz en el mundo. Los encuentros de este tipo más famosos han sido los de Asís teniendo como anfitriona a la iglesia católica y agrupando a las principales religiones del mundo, los de Getsemaní realizados para un diálogo entre religiones occidentales y orientales, y recientemente el convocado por el islam de la mano del rey de Arabia Saudí, Abdullah Bin Abdelaziz, que por primera vez abre de manera explícita al islam a este tipo de encuentros. Historia En la Antigüedad grecorromana, los filósofos ya intentaban explicar el origen de las creencias. Lucrecio en De natura rerum, emite la hipótesis de que los hombres inventaron a los dioses para explicar las maravillas y los misterios de la naturaleza: para explicar lo que no controlaban. Critias pensaba que la religión (y el temor a los dioses) se había inventado para imponer a cada uno el respeto a la sociedad: disciplina, moral, sentido el bien y del mal. Los antropólogos, psicólogos y sociólogos mantienen para la mayoría estas dos explicaciones. Hasta el siglo XX, la perspectiva dominante sobre el origen de la experiencia religiosa la sitúa en el sentimiento de espanto o miedo ante lo desconocido o aquello que escapa a una explicación racional. Este punto de vista se hizo famoso por los trabajos de Rudolf Otto. Más tarde, Mircea Eliade propone el término de hierofanía como percepción de lo sagrado, en donde el impulso o sentimiento religioso está caracterizado por un sentimiento de insuficiencia ante la explicación de la realidad que ofrecen los sentidos y la razón humanas. La idea de hierofanía que propone Eliade asienta una oposición entre lo sagrado y lo profano que desplaza la anterior entre razón y miedo irracional. Este enfoque será el germen de un nuevo tratamiento en los estudios sobre la religión, y posibilitará su expansión en las principales universidades de Europa y EE. UU. En las religiones más antiguas, algunos miembros de sociedades de cazadores-recolectores o agricolas se aislaban, en un estado de privación sensorial para favorecer la aparición de visiones y sueños místicos. A menudo diversos métodos o productos alucinógenos eran empleados, como activadores de estos procesos. Estas prácticas aún existen en las diversas formas del chamanismo. Del mismo modo, inciensos y plantas especiales como el opio y el cornezuelo del centeno, con propiedades alucinógenas, se desarrollaron en los oráculos de Grecia, Egipto y Roma. Esta utilización de sustancias externas podemos encontrarla en la historia en el origen de muchas de las grandes religiones; como por ejemplo ocurre con los primeros desarrollos visionarios de los pueblos indoeuropeos hace más de 10.000 años, y que posteriormente se asentarían en el valle del Indo hace más de 4000 años. En su evolución histórica, algunas religiones se irán sofisticando para observar nociones de pureza de cuerpo y espíritu que irán desterrando la alteración de la psique mediante sustancias externas. Las sustituirán los rituales, oraciones, y técnicas contemplativa que se convertirán en los facilitadores de la experiencia religiosa. Esta evolución, unida al triunfo o colapso de las diferentes civilizaciones que las acogen, y a la presión del medio social en el que se desenvuelven, explicarán en buena medida el futuro de las distintas religiones. Las ciencias humanas y la religión La actitud de los primeros sociólogos ante la religión fue diversa a la de los filósofos de la Ilustración pues no consideraban este fenómeno como un momento pasajero lleno de supersticiones en la historia de la humanidad, sino como un aspecto casi imprescindible de la organización social. Así, Feuerbach en su obra La esencia del cristianismo trata la religión cristiana desde el punto de vista sociológico y afirma que se trata de una alienación de capacidades propiamente humanas. Se ocupa además de algunos aspectos de la religión como el dogma, la liturgia y la simbología. Por su parte, Alexis de Tocqueville, en La democracia en América, realiza un análisis del catolicismo y del protestantismo dentro de las sociedades democráticas y desde un punto de vista sociológico. A partir de estos primeros pasos de la sociología, otros autores de gran renombre como Max Weber, Émile Durkheim, Ferdinand Tönnies o Ernst Troeltsch dedicaron atentos estudios al fenómeno religioso dentro de la sociedad. En el individuo, la religión existe como una tendencia que combina lo racional y lo irracional. A la hora de articularse, las religiones desarrollan doctrinas que intentan dar respuestas globales al individuo. Por este motivo, la mayoría de las grandes doctrinas religiosas han dado respuestas a preguntas relacionadas con la creación del universo, el propósito de la vida, la naturaleza humana, la definición de bien y mal, la moral, la escatología. Y del mismo modo elaboran diferentes códigos éticos, rituales y simbólicos. No obstante, toda religión intenta ofrecer una posición para vivir y entender la existencia del ser humano de una forma integral, incluyendo la dimensión espiritual, por lo que existen elementos comunes en todas ellas. En las sociedades, a lo largo de la historia también han sido frecuentes las llamadas guerras de religión y las teocracias; es decir sociedades provistas de un gobierno cuya legitimidad descansa en un sistema de ideas religiosas. En ellas se atribuía un valor divino al soberano de la civilización, Mesopotamia, Egipto, Roma, Tíbet y el imperio Inca son significativos. En estos casos la ley es a la vez autoridad jurídica y religiosa. Un ejemplo contemporáneo que sobrevive es el Reino Unido, en donde la reina es «gobernadora suprema» de la Iglesia anglicana los territorios de Inglaterra y Gales, en donde aprueba el nombramiento de obispos dentro de dichos territorios. En el siglo XX, Talcott Parsons deja constancia de la relación entre la religión y la sociedad, incluida la «cibernética»: genera valores, modifica las normas, influye en los roles sociales, y da una guía para los sistemas de la sociedad, de la personalidad y del comportamiento. Su sistema es considerado como una nueva aplicación de teorías evolucionistas a la religión. De ahí que uno de sus alumnos, Robert Bellah haya publicado Evolución religiosa. La religión ha sido para algunas sociedades un símbolo de su identidad. Del mismo modo, la religión aparece como pieza fundamental en la ordenación moral de las sociedades y actuando de manera influyente en su orden legislativo. Esta relación puede ser vista como beneficiosa o perjudicial según como ha evolucionado esa acomodación. Antropología cultural Normalmente la antropología cultural ha dirigido su atención al estudio de las manifestaciones religiosas en las sociedades que no conocen la escritura fijándose sobre todo en sus creencias y prácticas. Esta disciplina parte de distintos fundamentos al afrontar la religión. Por un lado, la teoría de los «hechos sociales» de Durkheim; por otro, los «tipos ideales» de Max Weber pero también las investigaciones sea de freudianos sea del marxismo acerca de las expresiones de la religiosidad. Los aspectos más representativos del estudio antropológico son los que tienen por objeto dilucidar las relaciones de la religión con los demás aspectos de la vida cultural: las leyes, la política, la economía, la ética. Sin embargo, no se ha logrado un consenso en relación con el método: el problema resulta complejo ya que un método explicativo implica un cierto grado de objetividad, y se contesta la posibilidad de que un estudioso no tenga preconceptos en relación con la religión, y un método interpretativo permite diversos acercamientos y respuestas. De cualquier forma, el primer paso consiste en agrupar y enumerar los varios usos y prácticas religiosas para luego buscar semejanzas o posibles orígenes comunes. En el año 1980, James Peacock y Thomas Kirsch publican un libro que intenta una vía intermedia para explicar desde la antropología el desarrollo de roles distintos en las religiones. Después de esta publicación, los estudios se han ido centrando en tratar de determinar el origen de la religión. Así, ya desde 1965 Evans-Pritchard publican el libro Teorías acerca de la religión primitiva, que es una suerte de recolección de las interpretaciones y teorías que se han dado acerca del origen de la religión en las culturas humanas desde una perspectiva evolucionista. Las variantes propuestas son muchas: la magia, el totemismo, el politeísmo, el fetichismo, el animismo, etc.: sin embargo, Evans-Pritchard subraya la dificultad de demostrar que algunas de estas manifestaciones —que se presentarían como origen de la religión o la «primera» religión— sea aislable e independiente de otras manifestaciones cronológicamente contemporáneas. Las críticas y disputas se dieron especialmente ante los esquemas darwinistas que sugerían el paso del mito a la magia y de esta a la religión. Este tema del origen de la religión y el problema de las diferencias entre las religiones es el objetivo temático de la antropología cultural en el siglo XXI ya que ha abandonado su interés inicial por elaborar una especie de catálogo de todas las religiones y sus manifestaciones y prácticas. Psicología de la religión Surge junto con el estudio de las religiones comparadas y con el psicoanálisis. Su método va desde la medida con instrumentos propios de las ciencias exactas -como por ejemplo los estudios de laboratorio propios del siglo XIX- hasta la introspección. Uno de los pioneros de la psicología de la religión fue Wilhelm Wundt que consideraba cuatro etapas de la historia de la conciencia. El elemento unificador de ellas es el combate de la persona por afirmarse en el mundo físico. Se trata de las siguientes: el ritual primitivo, el totemismo, los mitos sobre los héroes y dioses y el humanismo. Por otro lado, Oswald Külpe introdujo otros métodos para estudiar la religión tales como las entrevistas y los cuestionarios de datos autobiográficos. Así las dos tendencias de la psicología del siglo XIX —el estudio introspectivo por un lado y el análisis objetivo por otro— se entrelazan también al aplicarse a la religión. En EE. UU. la psicología nació como disciplina independiente. Stanley Hall creó un equipo de investigación que introdujo métodos empíricos para el estudio de la religión. En 1881 dio cursos sobre la relación entre la pubertad y la conversión religiosa y en el año 1904 fundó una revista llamada The American Journal of Religious Psychology and Education. Algunos de sus alumnos como James Leuba se dedicaron de por vida al estudio de la psicología de la religión. En 1899, otro de sus alumnos, E.D. Starbuck publicó el primer tratado de psicología de la religión -The Psychology of Religion- que trataba las coincidencias en la descripción de la pubertad, de la dementia precox y la conversión religiosa. Fue una obra controvertida. En el año 1902, William James publicó The Varieties of Religious Experience donde centra su estudio en la unicidad de las experiencias morales y religiosas a partir de métodos de análisis introspectivo. En ese mismo período, Pierre Janet y Sigmund Freud iniciaron sus estudios a partir del subconsciente. Freud consideraba todos los ritos y creencias religiosas como proyecciones inconscientes de los conflictos internos a la familia que afirman la posición del yo en la sociedad: así en el ámbito propio de las creencias religiosas y partiendo de ellas, tales conflictos podrían resolverse. La religión habría nacido del sentimiento de culpa por el asesinato de la figura del padre, culpabilidad que sería liberada a través del sacrificio religioso. Aun cuando reconocía ventajas en la religión, buscó promover un mayor realismo y resignación dado que la religión contendría muchas fijaciones infantiles.Uno de los alumnos de Freud, Carl Gustav Jung se ocupó también del tema religioso. Consideraba la religión como una manifestación de un nivel más profundo de la conciencia o al menos más profundo que el ámbito sexual sostenido por su maestro. A partir de sus estudios sobre la Alquimia, llegó a la conclusión que la religión podía ser también una forma de unir consciente con inconsciente en un «yo individuado» y confirmar así su teoría de los arquetipos. Siguiendo esos pasos, otro discípulo de Freud, Eric Erikson, desarrolló más la teoría evolutiva de la conciencia que partiría de la creencia religiosa para unificarse. Aun cuando las aproximaciones que dependen de Freud y de Jung sean las más influyentes también se dieron en Europa algunas otras interpretaciones, como por ejemplo la que intentó fundar una psicología de la religión a partir de los instrumentos de la teoría del conocimiento de Kant (véanse por ejemplo, los trabajos de Richard Müller-Freienfels. Los modernos desarrollos afirman a la psicología de la religión como un ámbito demasiado reciente de estudio, en donde buena parte de lo que se considera experiencia religiosa no puede ser admitido bajo criterios empíricos a la vez que se contrastan efectos beneficiosos y duraderos para el individuo, por lo que es una disciplina de creciente interés y actividad. Experiencias místicas En las principales religiones encontramos lo que se suelen llamar experiencias místicas o trascendentes como una base fundacional de la experiencia religiosa. La mística se refiere a conseguir de manera experiencial la identidad, comunión o consciencia plena de la última realidad que presentan las religiones; ya sea una verdad, un estado de consciencia, o una o varias deidades. Las experiencias místicas no se atienen al razonamiento lógico y la comprensión intelectual. A un seguidor religioso que esté desarrollando esta faceta de su religión se le llama místico. En la mística por tanto prima la introspección respecto a la extraversión, y en ella se establece una relación de carácter más directo y personal entre el individuo y su religión. Históricamente en algunas religiones determinadas, la mística es la primera fuente de autoridad en las diversas interpretaciones. En las principales religiones se suelen distinguir escuelas, tradiciones o movimientos místicos. Aunque en principio la mayoría de religiones son doctrinalmente facilitadoras de estas experiencias místicas, también a menudo las organizaciones religiosas no las han tolerado, considerándolas un contrapoder a la hora de interpretar los significados religiosos en sociedad. En el cristianismo, la Inquisición católica o algunas reformas protestantes persiguieron diferentes variantes del misticismo clasificándolas como herejías. En el islam, el sufismo ha experimentado dificultades tras la gran Reforma. El clero del budismo tibetano o japonés arrinconó doctrinalmente algunos enfoques contemplativos que no eran de su agrado debido a sus consecuencias sociales. Entre los intelectuales occidentales, el misticismo ha tenido defensores y detractores dentro y fuera de las religiones. A partir del siglo XIX, la observación de la religión proveniente del materialismo histórico la considerará de manera crítica. Émile Durkheim la atribuye a una 'efervescencia colectiva' en el contexto social en el que tales experiencias se producen. William James encabezará una interpretación psicológica que enmarcará a la experiencia mística de las religiones como parte de algo mucho más amplio y no exclusivo de ellas. A partir del siglo XX, con autores como Mircea Eliade se abre una nueva etapa más sosegada y científica para el estudio de las religiones y para la consideración de la mística. Actualmente, interpretaciones como las de Csikszentmihalyi hablan de teorías de un «estado de flujo» que puede aparecer en la mente humana realizando diversas actividades que exijan concentración, provocando determinado estado de felicidad. La exploración científica más moderna de los ámbitos de contemplación, éxtasis y meditación común a la mística de las distintas religiones arrojan conclusiones tan espectaculares como abiertas a la especulación, siendo éste un terreno aún tan interesante como inexplorado para la ciencia. En muchos casos, en las religiones de Asia oriental, la mística y la especulación filosófica no han sufrido tantas dificultades históricas, estando integradas en la práctica religiosa de sus seguidores. En la actualidad los teólogos del cristianismo están divididos, unos apuestan por dar más énfasis a la mística, mientras otros abogan por separar la mística de la ciencia, diferenciando la experiencia de la fe de los hechos históricos. En el islam, el sufismo gana adeptos con rapidez tanto en Europa como en los países islámicos. Fuente: http://es.wikipedia.org/wiki/Religiones link:
En el alfabeto Morse de la diplomacia, la visita del presidente iraní es un signo que no requiere ser decodificado. La gira de Mahmud Ahmadinejad por América latina (por Brasil, Bolivia y Venezuela, para ser más precisos) pone de relieve el nivel de protagonismo que nuestra región está tomando en un escenario globalizado donde las fichas empiezan a moverse con una autonomía mucho mayor a la existente en tiempos de la guerra fría. Y esto a despecho, o para oponerse a, el proyecto hegemónico norteamericano. Brasil y su presidente Luiz Inacio Lula da Silva dieron la nota al recibir al mandatario de un país paria, marginado del conjunto de las naciones desarrolladas y hasta del mundo civilizado, si atendemos a la propaganda imperial. Irán paga el precio de mantener una política independiente en el área más codiciada por Washington en razón de sus enormes reservas energéticas y de su importantísimo emplazamiento geopolítico. Desoyendo la excomunión pronunciada por Estados Unidos respecto del leproso del Medio Oriente y pasando por encima de la campaña propiciada por el ala más dura de los halcones norteamericanos, Lula no se privó de nada al recibir al mandatario persa: reivindicó el derecho de Irán a desarrollar tecnología nuclear con fines pacíficos, “tal y cómo pretendemos hacerlo nosotros”. Sostuvo asimismo el derecho que asiste a Brasil a vincularse con quien considere oportuno en el ámbito internacional y se ofreció como posible mediador para conseguir un Medio Oriente libre de armas nucleares, como lo está la América latina. Al mantener esto Lula incurría en un doble atrevimiento: sostener a la figura de Ajhmadinejad, sobre la que han convergido las diatribas que lo demonizan; y poner a Israel, en forma indirecta y sin presentarlo en el mapa, en el banquillo de los acusados, pues nadie ignora que la única potencia provista de armamento atómico en el Medio Oriente es el Estado judío, a la vista y paciencia de su socio norteamericano. En otros tiempos la actitud de Lula hubiera sido tomada como esperpéntica por los monopolios de la comunicación. Como una arbitrariedad irresponsable, pues habría ido en contra de los intereses del Centro mundial y nadie que se preciase de ser un estadista “maduro” en estos países hubiera podido permitirse semejante posición; a menos que fuera uno de esos pintorescos e “irrelevantes” caudillos a los que la gran prensa bautizó como populistas y a los que condena una y otra vez a la ignominia de una presunta demagogia. El hecho de que esta vez no se permitiesen esos calificativos respecto del presidente de Brasil, es prueba de que esta nación ha ingresado al cuadro de las potencias mundiales y que, en cuanto tal, merece ser cortejada. O al menos, no ofendida con argumentos tan ridículos como el de estar apartándose del concierto de las naciones libres por tener relaciones con países que molestan a la convención de lo políticamente correcto. La gira del presidente iraní por Bolivia y Venezuela, como complemento de la iniciada en Brasil, viene asimismo a mostrar que, desde la perspectiva de las naciones que luchan por alcanzar un estatus que les permita mantener un razonable grado de autonomía frente a la marejada globalizadora, el papel de Iberoamérica está siendo percibido como el de un posible aliado en esa lucha por obtener un razonable grado de capacidad para decidir el lugar donde se encuentran los propios intereses. América latina no es un todo homogéneo, pero sí es un conjunto de identidades muy próximas entre sí, con muchos más elementos que la unen que los que la separan. No vamos a volver a enunciarlos ahora, pero puede apuntarse que un idioma compartido, el español, y una lengua galaicoportuguesa íntimamente vinculada a aquel, suministran el elemento fundante de cualquier empresa unificadora dirigida hacia el futuro. Ahora bien, es importante evaluar las zonas en las cuales el proyecto integrador latinoamericano puede encontrar mayor o menor resistencia. A primera vista se presentan dos, diferenciadas no tanto por las peculiaridades étnicas que las recorren como por las tensiones que las habitan como consecuencia de sus propias fatalidades sociales y de la acción del imperialismo, siempre interesado en dividir para reinar. Las dos áreas que cabe diferenciar son el arco andino y el Cono Sur. Este último es, de lejos, el factor económico más dinámico, y política y militarmente más seguro de la ecuación latinoamericana. Brasil, pese a sus desigualdades sociales y a la tentación que puede sentir la burguesía paulista en el sentido de jugar como un subimperialismo regional, aliado con Estados Unidos, es un emporio industrial y está provisto de cuadros burocráticos avezados en gestionar políticas de Estado y en ponderar las relaciones con el resto de Iberoamérica. Argentina, por su lado, en medio de todo su desorden y de la mezquindad política, que enreda a la oposición al gobierno en inacabables disputas en torno de nada, es un país enorme, riquísimo y dispone de una población que, al menos hasta no hace muchos años, era como sociedad bastante más homogénea que la de los otros países hermanos. Ni Brasil, Argentina, Uruguay, Paraguay o Bolivia tienen intereses contrapuestos en el plano territorial, por trágicos que puedan haber sido algunos episodios del pasado, y Chile, que tiene un contencioso con Perú en el cual puede engranar Bolivia, parece haber llegado a un estatus quo definitivo en las cuestiones de lindes con Argentina. Las fronteras entre los dos países podrían tender a difuminarse a medida que se hacen cada vez más evidentes las ventajas de una entidad bioceánica, cosa que también atrae muchísimo a Brasil. Por otra parte el interés anglonorteamericano por las jurisdicciones chilena y argentina en la Antártida y mares aledaños hace evidente que la cooperación y no la rivalidad es lo que conviene a nuestros países. El viejo proyecto del ABC, acariciado por Roque Sáenz Peña y Victorino de la Plaza, y revivido durante un breve lapso por el trío formado por Perón, Vargas e Ibáñez del Campo, podría entonces tener ahora una chance más precisa. Los países del arco andino, por el contrario, ostentan zonas de fricción que pueden ser activadas por la presión imperialista. Venezuela y Colombia, Colombia y Ecuador, Perú y Chile, más las tendencias separatistas del Oriente boliviano y el requerimiento de Bolivia por una salida al mar, configuran un cuadro menos optimista que el de las naciones del Mercosur, cuadro al cual la súbita implantación de las bases norteamericanas en Colombia y el golpe en Honduras vienen a dar un tinte ominoso. Las tensiones provenientes de esa área pueden descompensar el avance general de la región. Es por esto que los países del Cono Sur, los menos afectados por tensiones de ese tipo, deberían apresurarse a coordinar sus esfuerzos con miras a dar forma al Consejo Suramericano de Defensa y a proveerse de planes de desarrollo conjunto que miren a preservar la estabilidad en el subcontinente. La intervención oportuna de la Unasur en ocasión del proceso separatista de Santa Cruz y el Beni, en Bolivia, fue un ejemplo de ese tipo de acción moderadora, como también lo fue el papel de los países del Grupo de Río en la desactivación de la bomba de tiempo que la incursión colombiana contra las Farc en Ecuador había plantado en un área en extremo sensible. No tan positivo fue el resultado de la cumbre de Bariloche, en la cual se hubo de lidiar con el tema de las bases norteamericanas en Colombia. Y ello no tanto por lo jurídicamente resbaloso del tema, en la medida que se debían tratar las atribuciones soberanas de ese país respecto de si tenía o no derecho a alojar a tropas de Estados Unidos en su territorio, sino porque detrás de esa fachada estaba la misma Unión; es decir, la madre de la criatura y la fuerza real con la que se habrá de lidiar si estos países pretenden realizar su aproximación al sueño bolivariano y sanmartiniano. Cerremos la ecuación. Ahmadinejad en América latina es un signo. Un signo respecto de quienes pueden ser nuestros aliados naturales y una señal dirigida al mundo en el sentido de que estos países están intentando andar por su propio pie. Fuente:http://www.elortiba.org/notatapa12.html