Tal como lo dice el título, estoy convencido de mis afirmaciones y las voy a pasar a explicar. En estos últimos meses he visto artículos en revistas que afirman que se puede viajar a velocidades mayores a la de la luz y que "es posible" extender la vida del hombre hasta algo asi como 800 años. Primero voy a citar por familiaridad con taringa otros 2 post que hablan sobre los temas respectivos que dije que iba a desmentir. Me siento capaz de hacerlo y quiza es un poco intrincado y difícil de comprender. Lean con atención y espero opiniones.
La primera gran mentira se debe a que hay científicos que afirman que se puede extender la vida humana hasta 800 años, paso primero a citar el post y luego a dar mi explicación:
CITA Nº1:
Científicos de la University of Southern California en los EEUU acaban de anunciar que han encontrado una manera de extenderle la vida a unos fongos a 10 veces mas su duración, y que la técnica que utilizaron podría aplicarse a humanos.
La técnica utilizada fue Ingeniería Genética, en donde se eliminaron dos genes (el RAS2 y el SCH9), y se les aplicó a los organismos una dieta baja en calorías.
Según los científicos, al extenderle la vida por diez, han establecido un nuevo récord en este tipo de investigaciones, y el hecho de que esta técnica podría aplicarse a humanos abre grandes expectativas para extender el plazo promedio de la vida humana de 80 a 800 años.
Sin embargo los científicos aclaran que aunque no se reportaron efectos secundarios en los organismos de prueba, que ese no podría ser el caso en humanos. Algo interesante, sin embargo, es que los primeros estudios en humanos ya iniciaron en un región de Ecuador, en donde la gente local posee unas variaciones genéticas que son ideales para estudiar este fenómeno antes de aplicarlo en su etapa final a todos los humanos.
Aun así, pasarán unos cuantos años mas para que podamos ver el fruto de estos estudios en nosotros. Solo espero que no sean demasiados años para algunos de nosotros...
Noten que muchas personas no cree posible que podamos extender la vida humana mas allá de su período "natural". Sin embargo es bueno notar que hace apenas 100 años la expectativa de vida promedio de un humano era de 40 años, y que hace 2,000 años era de 24 años, por lo que los humanos, gracias fundamentalmente a la ciencia y la medicina, hemos estado expandiendo la cantidad de años que podemos vivir mas allá de lo "normal" desde hace miles de años. La única diferencia es que ahora estamos recurriendo a técnicas mas sofisticadas (como la Ingeniería Genética) para alargar aun mas nuestras vidas.
Así mismo creo que debo mencionar que muchas personas no entienden que el envejecimiento, y la muerte misma, es algo que en el marco teórico es algo que se puede prevenir, pues sabemos desde hace décadas que la razón por la cual envejecemos es simplemente que nuestras células cometen "errores de copiado" cuando se multiplican. Es decir, las copias de las células nuevas no son exactas a la originales, cosa que en teoría algún día vamos a poder arreglar.
Para los curiosos que se pregunten de que "errores de copiado" estoy hablando, me refiero al hecho de que todos los seres vivientes del planeta en realidad somos 100% reemplazados cada 6 meses por átomos y células nuevas, y lo único que permanece es la estructura y patrones de cómo las celulas anteriores estaban conectadas.
Un ejemplo de esto es imaginarnos una casa hecha de ladrillos. Podemos imaginarnos que cada 30 años, para mantener la casa "como nueva" reemplazamos cada uno de los ladrillos, uno por uno, hasta que la casa termina como nueva. En este ejemplo, noten que aunque reemplazamos todos los ladrillos que al final terminamos con la misma casa.
Así mismo, aproximadamente cada 6 meses nuestro cuerpo se regenera (esa es la otra razón para comer, aparte de darnos energía para el día-a-día), pero con la diferencia de que nuestros "ladrillos" (o mas bien, células), son fabricadas por el cuerpo mismo haciendo copias de las células anteriores, y en este caso ocurren errores en el sentido de que las nuevas células no son exactamente iguales a las anteriores, por lo que después de varias generaciones terminamos con células muy deterioradas, lo que eventualmente conlleva a que algunos de nuestro órganos fallen y muramos.
Entonces, las técnicas mas avanzadas de extender la vida humana lo que hacen es que tienen como objetivo o (1) alargar la vida de las células lo mas posible antes de que estas se tengan que multiplicar (es decir, extender los 6 meses a 9, 12 o mas meses), o (2) perfeccionar lo mas posible el sistema de copiado celular para que se necesiten muchas mas generaciones para que las imperfecciones sean críticas.
Es por esto que decimos que al menos de manera teórica, sabemos que llegará un día en donde será posible extender nuestros plazos de vida indefinidamente, o al menos por muchísimos años mas.
EXPLICACIÓN DE PORQUE ES IMPOSIBLE ALARGAR LA VIDA:
¿cuánto viven los organismos? Sólo podemos hacer conjeturas. Las estadísticas sobre el tema se remontan únicamente a los últimos cien años aproximadamente, y sólo para el Homo sapiens y en las zonas del mundo más «avanzadas».
Así que gran parte de las consideraciones sobre la longevidad se basan en cálculos bastante aproximados.
Pues bien: si todo el mundo se dedica a hacer conjeturas, yo también puedo hacerlo, y pueden apostar a que lo haré tan alegremente como cualquiera.
En primer lugar, ¿qué queremos decir con «duración de la vida»? Hay varias maneras de considerarla, y una de ellas es tener en cuenta el intervalo real de tiempo (por término medio) que viven los organismos reales en condiciones reales. Es lo que se llama «esperanza de vida».
Una cosa de la que podemos estar seguros es que la esperanza de vida es bastante insignificante para la mayor parte de las criaturas. Si un bacalao o una ostra ponen millones de huevos, de los cuales sólo uno o dos producen crías que sigan vivas al final del primer año, entonces la esperanza de vida media de todas las crías de bacalao o de ostra puede medirse en semanas o probablemente incluso en días. Me imagino que miles y miles de ellas no viven más de unos minutos.
Las cosas no llegan a este extremo entre las aves y los mamíferos, que cuidan hasta cierto punto de sus crías; pero apuesto a que son relativamente pocas las crías que sobreviven un año siquiera.
Sin embargo, desde el frío punto de vista de la supervivencia de las especies, esto resulta más que suficiente. Una vez que una criatura ha alcanzado la madurez sexual y ha contribuido al nacimiento de una camada de crías, de las que cuida hasta su pubertad o hasta un poco antes, ya ha contribuido a la supervivencia de la especie y puede vivir su vida. Si sobrevive y tiene más camadas, estupendo, pero no es necesario que lo haga, Evidentemente, desde el punto de vista de la supervivencia resulta muy conveniente alcanzar la madurez sexual lo más pronto posible, para que haya tiempo de engendrar a la generación siguiente antes que se extinga la anterior. Los ratones de campo alcanzan la pubertad en tres semanas, y pueden tener su primera camada seis semanas después de su nacimiento. Incluso animales tan grandes como el caballo o la vaca llegan a la pubertad al año de vida, y las ballenas más grandes a los dos años.
Algunos animales terrestres de gran tamaño pueden permitirse el lujo de ser más lentos. Los osos llegan a la adolescencia a los seis años, y los elefantes a los diez.
Los grandes carnívoros tienen una esperanza de vida de varios años, aunque sólo sea porque tienen relativamente pocos enemigos (siempre a excepción del hombre) y no es previsible que vayan a servir de comida para otras criaturas. Los herbívoros más grandes, como los elefantes y los hipopótamos, también están a salvo, y algunos más pequeños, como los mandriles y los búfalos de agua, adquieren una relativa seguridad al desplazarse en manadas.
El hombre primitivo entra dentro de esta categoría.
Vivía en pequeñas manadas y cuidaba de sus crías. En el peor de los casos disponía de mazas primitivas, y acabó por aprender a servirse del fuego. Por tanto, un hombre primitivo podía esperar vivir unos cuantos años. Aun así, la desnutrición, las enfermedades, los peligros de la caza y la crueldad del hombre con el hombre, acortaban mucho la vida en relación con nuestros niveles modernos. Naturalmente, existía un límite de duración mínima de la vida. Si los hombres no vivieran el tiempo suficiente por término medio como para engendrar a otros hombres, la raza se extinguiría. Con todo, calculo que en una sociedad primitiva una esperanza de vida de dieciocho años garantizaría con creces la supervivencia de la especie. Y tengo la sospecha que la esperanza de vida real del hombre de la edad de piedra no era mucho mayor.
Cuando el género humano empezó a desarrollar la agricultura y a domesticar a los animales, aprendió a asegurar su provisión de alimentos. Cuando aprendió a vivir en ciudades amuralladas y a regular con leyes la vida social, pudo protegerse mejor de sus enemigos humanos del interior y del exterior. Naturalmente, la esperanza de vida creció en alguna medida. En realidad, se dobló.
Pero dudo que la esperanza de vida durante la antigüedad y la época medieval llegara a los cuarenta años. Se calcula que en la Inglaterra medieval la esperanza de vida era de treinta y cinco, de manera que quien llegaba a los cuarenta era un sabio venerable. Y como la gente se casaba y tenía hijos muy temprano, no hay ninguna duda que también era ya abuelo.
Esta situación seguía estando vigente en el siglo XX en algunos lugares del mundo. En la India, por ejemplo, en 1950 la esperanza de vida era de unos 32 años; en Egipto era de 36 en 1938, y en México, de 38 en 1940.
El siguiente gran paso lo dieron los adelantos de la medicina, que consiguieron controlar las infecciones y enfermedades. Veamos el ejemplo de los Estados Unidos.
En 1850 la esperanza de vida de los hombres americanos blancos era de 38,3 (no demasiado distinta de la situación de la Inglaterra medieval o de la antigua Roma). Pero en 1900, después de los descubrimientos de Pasteur y Koch, subió hasta 48,2, de ahí a 56,3 en 1920, 60,6 en 1930, 62,8 en 1940, 66,3 en 1950, 67,3 en 1959 y 67,8 en 1961.
Las mujeres siempre se han encontrado en una situación ligeramente más favorable (ya que son el sexo fuerte).
En 1850 su esperanza de vida era de dos años más que la del hombre, y en 1961 la diferencia era ya de casi siete años. Los habitantes de los Estados Unidos que no son de raza blanca están ligeramente por debajo, y estoy seguro que esto no se debe a ninguna característica innata, sino a que generalmente ocupan una posición inferior en la escala económica. Su esperanza de vida es de unos siete años menos que la de los blancos. (Y si alguien se asombra que los negros se muestren tan inquietos últimamente, que piense que pueden conseguir siete años de vida adicionales por cabeza, lo cual no está mal para empezar.)
Aun limitándonos a los blancos, los Estados Unidos no ocupan el primer lugar en cuanto a esperanza de vida. Más bien, creo que este lugar le corresponde a Noruega y a Suecia. Las últimas cifras que he podido encontrar (de mediados de los años cincuenta) dan a los hombres escandinavos una esperanza de vida de 71 años, y a las mujeres de 74.
Este cambio en la esperanza de vida ha provocado determinados cambios en las costumbres sociales. En los siglos pasados, un viejo era un fenómeno poco frecuente, un extraordinario almacén de antiguos recuerdos y una buena guía en lo referente a las tradiciones. La vejez era respetada, y en algunas sociedades en las que la esperanza de vida sigue siendo baja y los viejos siguen siendo poco frecuentes, la vejez sigue siendo muy considerada.
También puede ser vista con temor. Hasta el siglo XIX el nacimiento de los niños seguía estando rodeado de peligros, y pocas mujeres sobrevivían al nacimiento de varios hijos (las fiebres puerperales y todas esas cosas). Por tanto, había todavía menos viejas que viejos, y éstas se consideraban un fenómeno extraño y aterrador, con sus mejillas arrugadas y sus encías desdentadas. Es posible que el temor a las brujas de los primeros tiempos de la edad moderna sea la última expresión de este fenómeno.
Hoy en día hay muchos hombres y mujeres viejos, y no se les atribuye una maldad o bondad extremadas. Es posible que esto no cambie en mucho su situación.
Podría suponerse, en vista del continuo incremento de la esperanza de vida en los lugares más desarrollados del planeta, que no hay más que esperar otro siglo para encontrar hombres que vivan como si tal cosa un siglo y medio. Por desgracia no es así. A menos que se produzca un avance biológico decisivo de la geriatría, ya hemos llegado todo lo lejos que es posible en el aumento de la esperanza de vida.
En una ocasión leí una alegoría que me ha obsesionado durante toda mi vida. No soy capaz de repetirla palabra por palabra, aunque me gustaría. Pero es algo así: la Muerte es un arquero, y la vida es un puente. Los niños empiezan a cruzar el puente alegremente, brincando y haciéndose mayores, mientras la Muerte les dispara sus flechas. Al principio, tiene muy mala puntería, y sólo muy de vez en cuando un niño es atravesado por una flecha y cae del puente a las brumas y nieblas que hay debajo. Pero a medida que la multitud avanza, la puntería de la Muerte va mejorando y aquélla va cayendo cada vez en mayor número. Por último, cuando la Muerte apunta a los ancianos que se tambalean cerca del final del puente, su puntería es perfecta y nunca falla el blanco. Y ningún hombre logra jamás atravesar el puente para ver qué es lo que hay al otro lado.
Esto sigue siendo cierto a pesar de todos los adelantos de la estructura social y de la medicina a lo largo de la historia. Se logró empeorar la puntería de la Muerte en la primera mitad de la vida, pero esas últimas flechas perfectamente dirigidas son las flechas de la vejez, e incluso ahora no fallan nunca el blanco. Todo lo que hemos hecho para erradicar la guerra, el hambre y la enfermedad ha servido para dar a más personas la oportunidad de llegar a la vejez. Cuando la esperanza de vida era de 35 años, quizás una persona de cada cien llegaba a vieja; hoy en día lo consigue casi la mitad de la población, pero la vejez sigue siendo la misma. La muerte nos atrapa a todos con toda su antigua eficacia.
Para abreviar: dejando aparte la esperanza de vida, hay una «edad específica» que señala el momento en que es más probable que muramos desde nuestro interior, sin ningún tipo de ayuda exterior; la edad a la que moriremos, incluso aunque no hayamos tenido ningún accidente ni sufrido ninguna enfermedad, y aunque nos hayamos cuidado lo mejor posible.
Hace tres mil años, el autor de los Salmos dio fe de la edad específica del hombre (Salmos, 90, 10) al decir: «Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, su afán es fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan».
Y así sigue siendo hoy; tres milenios de civilización y tres siglos de ciencia no lo han cambiado en nada. La edad más frecuente de muerte por vejez está entre los 70 y los 80 años.
Pero esa no es más que la edad más frecuente. No todos nos morimos al cumplir los setenta y cinco; algunos resistimos más, y no hay duda que cada uno de nosotros alimenta la esperanza que él, personalmente, será uno de los que resistan más tiempo. Así que en realidad a lo que le tenemos echado el ojo no es a la edad específica, sino a la edad máxima que podemos alcanzar.
Cada especie de seres multicelulares tiene una edad especifica y una edad máxima, y en las especies que han sido más o menos estudiadas, parece ser que la edad máxima representa entre un 50 y un 100 por 100 más que la edad específica. Por tanto, se considera que la edad máxima del hombre es de unos 115 años.
Desde luego, se sabe de hombres más viejos. El caso mas famoso es el de Thomas Parr («el viejo Parr»), que se supone que nació en Inglaterra en 1481 y que murió en 1635, con 154 años. La autenticidad de esta historia se pone en duda (hay quien cree que fue un fraude cuidadosamente preparado en el que intervinieron tres generaciones de la familia Parr), como la de todas las historias de este tipo. La Unión Soviética afirma que en el Cáucaso hay muchos casos de centenarios, pero todos ellos nacieron en una región y en una época en las que no se llevaban registros de los nacimientos. Por tanto, sólo tenemos la palabra del propio viejo en lo referente a su edad, y todo el mundo sabe que los ancianos tienen tendencia a echarse años. De hecho, se puede decir que es casi una regla la de que, cuanto más escasos son los registros civiles referentes a estadísticas vitales de una región determinada, más viejos afirman ser centenarios en esa región.
En 1948 una inglesa llamada Isabella Shepheard murió a la edad comprobada de 115 años. Era la última superviviente en las Islas Británicas de la época anterior al registro obligatorio de los nacimientos, así que no podemos estar completamente seguros de su edad exacta. Aun así, como mucho puede haber sido un par de años más joven. En 1814 murió un canadiense francófono llamado Fierre Joubert, quien, por lo visto, tenía pruebas fidedignas que demostraban que había nacido en 1701, así que murió a los 113 años.
Aceptemos, por tanto, 115 como la edad máxima del hombre, y preguntémonos si tenemos alguna buena razón para quejarnos de ello. ¿En cuánto sobrepasa esta cifra las edades máximas de otros tipos de organismos vivos?
Si comparamos a las plantas con los animales, no cabe duda que la palma se la llevan las plantas. No todas las plantas en general, desde luego. Citando la Biblia una vez más (Salmos, 103, 15-16): «Los días del hombre duran lo que la hierba; florecen como flor del campo, que el viento la roza y ya no existe; el terreno no volverá a verla».
Este símil alusivo a la fugacidad de la vida humana produce escalofríos en la espina dorsal; pero, ¿y si el autor de los Salmos hubiera dicho que los días del hombre duran lo que el roble, o mejor aún lo que la secoya gigante? Se cree que algunos ejemplares de este último árbol tienen más de tres mil años, y no se conoce su edad máxima.
Pero no creo que ninguno de nosotros quiera conseguir una larga vida a costa de convertirse en un árbol. Los árboles viven mucho tiempo, pero viven lentamente, pasivamente, y de una manera horriblemente aburrida. Veamos qué podemos hacer con respecto a los animales.
Los animales más simples tienen una vida sorprendentemente larga; se sabe de anémonas marinas, corales y criaturas por el estilo que tienen más de medio siglo, e incluso hay historias (aunque no muy dignas de crédito) que afirman que entre ellas hay algunos ejemplares centenarios. Entre los invertebrados más evolucionados, las langostas pueden llegar a los 50 años y las almejas a los 30.
Pero creo que podemos olvidarnos también de los invertebrados. No hay ninguna referencia digna de crédito de la existencia de invertebrados evolucionados que vivan hasta los cien años, e incluso aunque los calamares gigantes, por ejemplo, alcanzaran esa edad, nosotros no queremos ser calamares gigantes.
¿Y los vertebrados? Aquí nos encontramos con algunas leyendas, sobre todo referentes a los peces. Algunas afirman que los peces no envejecen jamás, sino que viven y crecen eternamente y no mueren hasta que se los mata. Se habla de casos de peces determinados que tienen varios siglos de edad. Por desgracia, no es posible confirmar ninguna de estas historias. La edad máxima alcanzada por un pez, según los informes de un observador acreditado, es la de un esturión de cierto lago que, al parecer, tiene bastante más de un siglo de edad, según el recuento de los anillos de la raya de púas de su aleta pectoral.
Entre los anfibios, la marca la ostenta la salamandra gigante, que puede llegar a los 50 años. Los reptiles duran más. Las serpientes pueden llegar a los 30 años y los cocodrilos a los 60, pero las que ostentan la mejor marca del reino animal son las tortugas. Hasta las tortugas más pequeñas pueden llegar al siglo, y existe una razonable certeza que al menos una gran tortuga ha vivido 152 años. Es posible que las grandes tortugas de las islas Galápagos lleguen a alcanzar los 200 años de edad.
Pero las tortugas también tienen un ritmo de vida lento y aburrido. No tan lento como el de las plantas, pero demasiado lento para nosotros. En realidad, sólo existen dos clases de seres vivos cuyas vidas sean intensas y vividas al máximo en todo momento, gracias a su sangre caliente, y son las aves y los mamíferos. (Algunos mamíferos hacen un poco de trampa e hibernan durante el invierno, y probablemente prolongan su vida de esta manera.) Podríamos sentir envidia de un tigre o de un águila si vivieran durante mucho, mucho tiempo, e incluso, a medida que las sombras de la vejez se ciernen sobre nosotros, podríamos desear cambiarnos por ellos. Pero ¿viven realmente durante mucho, mucho tiempo?
De las dos clases de criaturas, en conjunto las aves aventajan bastante a los mamíferos en lo que se refiere a la edad máxima. Una paloma puede vivir tanto como un león, y una gaviota tanto como un hipopótamo. De hecho, hay algunas leyendas referentes a la longevidad de determinados pájaros, como los loros y los cisnes, que supuestamente superan con facilidad la barrera de los cien años.
Cualquier aficionado a las historias del doctor Dolittle (¿no lo eran ustedes?) se acordará de Polinesia, el loro, que tenia trescientos y pico años. También está el poema de Tennyson, Titán, que narra la historia de ese mítico personaje al que le fue concedida la inmortalidad, pero que, por descuido, no fue liberado de la maldición de la vejez, y se fue haciendo cada vez más y más viejo hasta que fue compasivamente transformado en un saltamontes. Tennyson le hace lamentarse que la muerte le llegue a todo el mundo menos a él. Empieza diciendo que los hombres y las plantas del campo mueren, y el cuarto verso representa un primer momento culminante, al decir: «Y después de incontables veranos muere el cisne». En 1939 Aldous Huxley utilizó este verso para dar titulo a un libro sobre la lucha por alcanzar la inmortalidad física.
Pero, como de costumbre, estas historias no son más que historias. La edad máxima confirmada alcanzada por un loro es de 73 años, y me imagino que los cisnes no deben de vivir mucho más. Se ha hablado de casos de cornejas negras y de algunos buitres que han llegado a los 115 años, pero no han sido confirmados ni mucho menos.
Naturalmente, los que más nos interesan son los mamíferos, ya que eso es lo que somos nosotros, así que incluyo una lista de las edades máximas de algunos tipos de mamíferos. (Soy consciente, desde luego, que las palabras «rata» o «ciervo» se refieren a docenas de especies, cada una de ellas con su propia pauta de envejecimiento, pero no puedo hacer nada. Consideremos que los datos se refieren a la rata o al ciervo típicos.)
Elefante 77
Ballena 60
Hipopótamo 49
Burro 46
Gorila 45
Caballo 40
Chimpancé 39
Cebra 38
León 35
Oso 34
Vaca 30
Mono 29
Ciervo 25
Foca 25
Gato 20
Cerdo 20
Perro 18
Cabra 17
Oveja 16
Canguro 16
Murciélago 15
Conejo 15
Ardilla 15
Zorro 14
Cobaya 7
Rata 4
Ratón 3
Musaraña 2
Hay que recordar que son excepcionales los casos en los que se llega a la edad máxima. Por ejemplo, aunque algún conejo que otro puede llegar a vivir 15 años, el conejo medio se morirá de viejo antes de cumplir los 10 y puede que tenga una esperanza de vida de sólo 2 ó 3 años.
Por lo general, dentro de un mismo grupo de organismos con el mismo esquema o estructura, los más grandes viven más tiempo que los pequeños. Entre las plantas, la secoya gigante vive más tiempo que la margarita. Entre los animales, el esturión gigante vive más tiempo que el arenque, la salamandra gigante más que la rana, el caimán gigante más que la lagartija, el buitre más que el gorrión y el elefante más que la musaraña.
Parece ser que, sobre todo entre los mamíferos, hay una estrecha relación entre la longevidad y el tamaño. Naturalmente, hay excepciones, algunas sorprendentes. Por ejemplo, las ballenas tienen una vida extraordinariamente corta para su tamaño. La edad de 60 años mencionada en la tabla es bastante excepcional. La mayoría de los cetáceos pueden considerarse afortunados si llegan a los 30 años. Es posible que sea debido a que la vida en el agua, con la continua pérdida de calor y la permanente necesidad de nadar, acorta su duración.
Pero el hecho más sorprendente es que el hombre sea el mamífero de vida más larga, mucho más larga que la del elefante e incluso que la de nuestro pariente cercano, el gorila. Cuando se muere un hombre centenario, los únicos animales que siguen vivos de todos los que había en el mundo en el momento de su nacimiento (que nosotros sepamos) son unas cuantas flemáticas tortugas, algún anciano buitre o esturión y algunos otros hombres centenarios. No queda ni uno solo de los mamíferos no humanos que nacieron al mismo tiempo que él. Sin ninguna excepción (que nosotros sepamos), todos están muertos.
Si esto les parece asombroso, ¡esperen! Es todavía más asombroso de lo que se imaginan.
Cuanto más pequeño es un mamífero, más rápido es su metabolismo: con mayor rapidez vive, por decirlo así.
Podríamos suponer que, aunque un mamífero pequeño no vive tanto tiempo como uno grande, su vida es más veloz y más intensa. De acuerdo con algún criterio subjetivo, podría considerarse que el mamífero pequeño tiene la sensación de vivir tanto tiempo como el mamífero grande, más lento y perezoso. Una de las pruebas concretas de estas diferencias del metabolismo en los mamíferos es el pulso (la velocidad del latido del corazón). La siguiente tabla incluye una lista de cifras aproximadas del número de latidos por minuto de diferentes tipos de mamíferos.
Musaraña 1000
Ratón 550
Rata 430
Conejo 150
Gato 130
Perro 95
Cerdo 75
Oveja 75
Hombre 72
Vaca 60
León 45
Caballo 38
Elefante 30
Ballena 17
Teniendo la frecuencia de latidos del corazón (aproximada) y la edad máxima (aproximada) de los catorce tipos de animales de la lista, y efectuando las multiplicaciones necesarias, es posible calcular la edad máxima de cada tipo de criatura, no en años, sino en número total de latidos del corazón. Estos son los resultados:
Musaraña 1.050.000.000
Ratón 950.000.000
Rata 900.000.000
Conejo 1.150.000.000
Gato 1.350.000.000
Perro 900.000.000
Cerdo 800.000.000
Oveja 600.000.000
León 830.000.000
Caballo 800.000.000
Vaca 950.000.000
Elefante 1.200.000.000
Ballena 630.000.000
Teniendo en cuenta que mis cifras son aproximadas, contemplo esta tabla final de lejos, guiñando los ojos, y llego a la siguiente conclusión: un mamífero es capaz de vivir durante más o menos mil millones de latidos del corazón, y cuando éstos se acaban, él también lo hace.
Pero habrán notado que no he incluido al hombre en esta tabla. La razón es que quiero hacer con él un caso aparte. Su ritmo de vida es el adecuado para su tamaño; el ritmo de su corazón es más o menos el mismo que el de otros animales de un peso parecido, más rápido que el ritmo de los latidos de los animales más grandes y más lento que el de los animales más pequeños. Pero su edad máxima es 115 años, lo que quiere decir que el número máximo de latidos del corazón es aproximadamente de 4.350.000.000.
¡Hay algunos hombres capaces de sobrevivir a más de cuatro mil millones de latidos! En realidad, la esperanza de vida actual del hombre americano medio es de 2.500 millones de latidos. El corazón de cualquier hombre que sobrepase el límite del cuarto de siglo ya ha dado más de mil millones de latidos y sigue siendo joven; todavía le queda lo mejor de la vida.
¿Por qué? No se trata sólo que vivimos más tiempo que el resto de los mamíferos. Si lo medimos en latidos, ¡vivimos cuatro veces más! ¿Por qué?
¿De qué carne se alimenta esta especie nuestra, que nos ha hecho crecer hasta tal punto? Ni siquiera nuestros parientes no-humanos más cercanos se aproximan a nosotros en este punto. Teniendo en cuenta que el chimpancé tiene el mismo ritmo de latidos que nosotros y que el del gorila es ligeramente más lento, sabemos que los dos viven como máximo durante aproximadamente 1.500 millones de latidos, lo cual no se diferencia demasiado de las cifras comunes entre los mamíferos. ¿Cómo es posible entonces que nosotros lleguemos a los 4.000 millones?
¿Cuál es el secreto de nuestro corazón, que le hace trabajar mucho mejor y durar mucho más que el corazón de cualquier otro mamífero existente? ¿Por qué el dedo que se mueve lo hace tan lentamente para nosotros, y sólo para nosotros?
Francamente, no lo sé.
CITA Nº2:
Según publica la revista Nature, científicos del NEC Research Institute de Princeton finalmente han logrado superar la velocidad de la luz, causando un pulso ligero que viajó 300 veces más rápido que los normales, para lograr esto, los investigadores manipularon un vapor con átomos irradiados por láser.
Este experimento supone la primera evidencia de un movimiento más veloz que la luz, pero, ¿podría estar en desacuerdo con los principios básicos de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, que especifica que nada puede viajar más rápido que la luz?. Los científicos aseguran que los resultados no están en desacuerdo con Einstein.
La razón es muy sencilla, el fallo radica en la idea falsa generalizada que nada se puede mover más rápidamente que la velocidad de la luz, cuando deberíamos decir que nada con masa puede viajar más rápidamente que la velocidad de la luz. El experimento de NEC hizo un pulso de luz, un grupo de ondas sin masa, por lo que el legado de Einstein continua en plena forma.
EXPLICACIÓN DE PORQUE "RELATIVAMENTE" NO SE PUEDE SUPERAR LA VELOCIDAD DE LA LUZ:
Empecemos con una ecuación que fue formulada por primera vez por el Físico holandés Hendrik Antoon Lorentz en la década de 1890. Lorentz pensaba que esta ecuación era expresamente aplicable a los cuerpos con carga eléctrica, pero más adelante Einstein la incorporó a su Teoría Especial de la Relatividad , demostrando que era aplicable a todos los cuerpos, tuvieran carga eléctrica o no.
No voy a presentar la ecuación de Lorentz en su forma habitual, sino con una pequeña alteración, cuya utilidad quedará clara más adelante. Esta es mi versión de la ecuación:
En la ecuación 1, m representa la masa del cuerpo en cuestión, v es la velocidad a la que éste se desplaza con respecto al observador, c es la velocidad de la luz en el vacío y k es un valor constante para el cuerpo en cuestión.
Supongamos ahora que el cuerpo se desplaza a la décima parte de la velocidad de la luz. Esto quiere decir que v = 0,1 x c . En ese caso, el denominador de la fracción del término derecho de la ecuación será:
Por lo tanto, la ecuación 1 queda
m = k /0,995 = 1,005 k .
Podemos realizar el mismo cálculo para el caso que este cuerpo se desplace a velocidades gradualmente crecientes, por ejemplo a velocidades de 0,2 c , 0,3 c , 0,4 c , y así sucesivamente. No los voy a aburrir con los cálculos; los resultados son los siguientes:
Velocidad Masa
0,1 c 1,005 k
0,2 c 1,03 k
0,3 c 1,05 k
0,4 c 1,09 k
0,5 c 1,15 k
0,6 c 1,24 k
0,7 c 1,41 k
0,8 c 1,67 k
0,9 c 2,29 k
Como ven, si la ecuación de Lorentz es correcta, nos indica que la masa de cualquier objeto aumenta de manera constante (de hecho, cada vez con mayor rapidez) a medida que aumenta la velocidad. Cuando esta propiedad fue enunciada por primera vez parecía algo completamente disparatado, porque nunca se había detectado un cambio así en la masa de un cuerpo.
Pero esta alteración no había sido detectada debido al hecho que el valor de c es muy alto según los criterios normales: 300.000 kilómetros por segundo. A una velocidad de sólo la décima parte de la velocidad de la luz, la masa de un objeto aumenta en la mitad del uno por ciento de su masa a, por ejemplo, cien kilómetros por hora, y en principio este aumento es fácilmente detectable. Sin embargo, una velocidad de «sólo» la décima parte de la velocidad de la luz (0,1 c ) sigue siendo de 30.000 kilómetros por segundo, más de 108 millones de kilómetros por hora. Es decir, para que las variaciones de masa sean apreciables, es preciso alcanzar velocidades que escapaban por completo a la experiencia de los científicos de 1890.
Pero unos años más tarde se detectaron partículas subatómicas que se alejaban a gran velocidad de los núcleos atómicos radioactivos, y en ocasiones alcanzaban velocidades equivalentes a fracciones bastante considerables de la velocidad de la luz. Era posible medir sus masas a diferentes velocidades con bastante precisión, y se descubrió que la ecuación de Lorentz era válida y se ajustaba a la realidad con gran precisión. De hecho, de momento no se ha descubierto ninguna violación de la ecuación de Lorentz para ningún cuerpo que se desplace a una velocidad apreciable.
Por tanto, hemos de aceptar la validez de la ecuación de Lorentz para representar la faceta del Universo que describe; por lo menos hasta nuevo aviso.
Una vez aceptada la ecuación de Lorentz, hagámonos algunas preguntas. En primer lugar, ¿qué representa k ?
Para responder a esta pregunta, consideremos un cuerpo cualquiera con una masa determinada que está inmóvil respecto al observador. En ese caso, su velocidad es cero, y como v = 0, entonces v/c = 0 y ( v/c ) 2 = 0.
Además,
es, por tanto,
Esto quiere decir que para un cuerpo inmóvil respecto al espectador, la ecuación de Lorentz es m = k /1 = k . En conclusión, k representa la masa de un cuerpo inmóvil respecto al observador. Generalmente se conoce por «masa en reposo» y se escribe m 0 . La ecuación de Lorentz tal como se da normalmente es, por tanto:
La siguiente pregunta es qué es lo que ocurre cuando un objeto se desplaza a velocidades mayores que la velocidad más alta que aparece en la pequeña tabla que hemos dado antes. Supongamos que el objeto se moviera a una velocidad de 1,0 c con respecto al observador; es decir, a la velocidad de la luz.
En ese caso el denominador de la ecuación de Lorentz sería :
Para un cuerpo que se mueva a la velocidad de la luz, la ecuación de Lorentz queda
m = m 0 /0,
y si hay algo que no se puede hacer en matemáticas es precisamente dividir por cero. La ecuación de Lorentz deja de tener sentido, matemáticamente hablando, para un cuerpo con masa que se desplace a la velocidad de la luz.
Bien, entonces acerquémonos sigilosamente a la velocidad de la luz, y no tratemos de aterrizar derechitos sobre ella con un estampido.
A medida que aumentamos el valor de v en la ecuación 2, partiendo de 0,9 c , pero manteniéndolo siempre menor que 1,0 c , el valor del denominador se aproxima cada vez más a cero, y a medida que esto ocurre el valor de m aumenta de manera ilimitada. Esto se cumple para cualquier valor de m 0 , mientras se mantenga mayor que cero.
(Inténtenlo ustedes mismos, calculando m para valores de v iguales a 0,99 c , 0,999 c , 0,9999 c , y así sucesivamente hasta que pierdan la paciencia.)
En lenguaje matemático diríamos que en cualquier fracción c = a/b , donde a es mayor que 0, a medida que b se acerca a cero c aumenta de manera ilimitada. Una forma abreviada de expresarlo, que los matemáticos estrictos no aprueban, es que a /0 = ¥ , donde ¥ representa el aumento sin limites o «infinito».
Así que podemos decir que para cualquier objeto con masa (por pequeña que sea), la masa tiende a valores infinitos a medida que su velocidad con respecto al observador se acerca a la velocidad de la luz.
Esto quiere decir que el cuerpo no puede llegar a alcanzar la velocidad de la luz (aunque puede acercarse infinitesimalmente a ella), y que desde luego no puede sobrepasarla. Esto se puede demostrar por medio de dos razonamientos distintos.
La única forma que conocemos mediante la cual es posible imprimir a un objeto de una determinada masa una velocidad mayor que la que posee consiste en aplicar una fuerza, produciendo una aceleración. Pero cuanto mayor sea la masa, menor será la aceleración producida al aplicar una determinada fuerza, y, por tanto, a medida que la masa aumenta, acercándose a valores infinitos, la aceleración que puede alcanzar por acción de esta fuerza, por muy grande que sea, tiende a cero. En consecuencia, no es posible imprimir al objeto una velocidad mayor que aquélla para la que su masa se hace infinita.
El segundo razonamiento es el siguiente. Un cuerpo en movimiento tiene una energía cinética que es igual a mv 2 /2, en donde m es su masa y v su velocidad. Si se aplica una fuerza a este cuerpo, aumentando de este modo su energía cinética, esa energía puede aumentar debido al aumento de v , de m o de ambas. A velocidades comunes y corrientes sólo es posible apreciar un aumento de la velocidad, por lo que suponemos (equivocadamente) que la masa permanece constante bajo cualquier condición.
Sin embargo, lo cierto es que al aplicar una fuerza aumentan tanto la masa como la velocidad, pero el aumento de la masa es tan pequeño a velocidades normales que resulta imperceptible. Pero a medida que aumenta la velocidad con respecto al observador, una parte cada vez más grande de la energía añadida al aplicar una fuerza se traduce en un aumento de la masa, y una parte cada vez más pequeña de esta energía se traduce en un incremento de la velocidad. Cuando la velocidad se aproxima mucho a la de la luz, prácticamente todo el incremento de energía se traduce en un aumento de la masa, y prácticamente nada de esta energía se traduce en un aumento de la velocidad.
Este cambio en el efecto de la energía añadida es tal que la velocidad final nunca puede llegar a ser igual, ni mucho menos mayor, a la de la luz.
Y no me pregunten por qué. Así es como está hecho el Universo.
Sin embargo, espero que se hayan dado cuenta que, cuando hablaba del hecho que la masa se hace infinita a la velocidad de la luz, las realidades matemáticas de la vida me obligaron a añadir: «Esto ocurre sea cual sea el valor de m 0 , mientras se mantenga mayor que cero.»
Por supuesto, todas las partículas que forman nuestros cuerpos y nuestros aparatos, protones, electrones, neutrones, mesones, hiperones, etc., etc., tienen masas en reposo mayores que cero, así que esta restricción no parece demasiado restrictiva. De hecho, por lo general la gente dice «es imposible alcanzar o sobrepasar la velocidad de la luz», sin especificar que se refieren a objetos cuya masa en reposo es mayor que cero, porque de todas maneras da la impresión que en esta especificación está incluido prácticamente todo.
Yo mismo no me preocupé de especificarlo en «imposible, no hay más que hablar», y eso fue lo que me hizo vulnerable a la acusación de anticuado. Si incluimos esta restricción, entonces todo lo que decía en ese artículo es perfectamente válido.
Pasemos ahora a considerar los cuerpos cuya m 0 no es mayor que cero.
Pensemos en un fotón, por ejemplo, una «partícula» de las radiaciones electromagnéticas: luz visible, microondas, rayos gamma, etc.
¿Qué sabemos de los fotones? En primer lugar, la energía de un fotón es siempre finita, así que su contenido de energía está entre 0 e ¥ . La energía, como demostró Einstein, equivale a la masa según una relación que él expresó como e = mc 2 . Esto significa que a cualquier fotón se le puede asignar una masa cuyo valor es posible calcular con esta ecuación, y que también estará entre 0 e ¥ .
También sabemos que los fotones se mueven (con respecto al observador) a la velocidad de la luz. En realidad, la luz tiene esa velocidad porque está formada por fotones.
Sabiendo estas dos cosas, vamos a dar otra forma equivalente de la ecuación 2:
Para un fotón, v = c , y ya deberían saber al instante que esto significa que, para un fotón, la ecuación 3 queda:
m x 0 = m 0 , (Ecuación 4)
Si un fotón fuera un objeto corriente con masa y se desplazara a la velocidad de la luz, su masa ( m ) sería infinita. Por tanto, la ecuación 4 quedaría ¥ x 0 = m 0 , y una ecuación así no está permitida en matemáticas.
Pero es posible asignar a un fotón un valor de m entre 0 e ¥ , aunque se desplace a la velocidad de la luz, y para cualquier valor entre 0 e ¥ que demos a m el valor de m 0 en la ecuación 4 es igual a 0.
Esto quiere decir que la masa en reposo ( m 0 ) de un fotón es igual a cero. Si la masa en reposo es cero, en otras palabras, ese objeto puede moverse a la velocidad de la luz.
(Esto tendría que acabar con la eterna pregunta que me hacen algunos corresponsales que creen haber descubierto un fallo en la lógica de Einstein haciendo el siguiente razonamiento: «Si cualquier cosa que se mueva a la velocidad de la luz tiene una masa infinita, ¿cómo es que los fotones no tienen una masa infinita?» La respuesta es que hay que distinguir las partículas con una masa en reposo igual a 0 de las partículas con una masa en reposo mayor que 0. Pero no se preocupen. Los corresponsales seguirán haciendo las mismas preguntas por muchas veces que las explique.)
Pero vamos a ir más lejos. Supongamos que un fotón se desplazara a una velocidad menor que la de la luz. En ese caso la cantidad que aparece debajo de la raíz cuadrada de la ecuación 3 seria mayor que cero y se multiplicaría por m , que también tiene un valor mayor que cero. Si se multiplican dos valores mayores que cero, el producto (en este caso m 0 ) tiene que ser mayor que cero.
Esto quiere decir que si un fotón se desplazara a una velocidad menor que la de la luz (por muy infinitesimalmente menor que sea), ya no tendría una masa en reposo igual a cero. Lo mismo ocurriría si se desplazara a una velocidad mayor que la de la luz, por muy infinitesimalmente que sobrepasara esta velocidad. (Como veremos enseguida, a la ecuación le ocurren cosas muy extrañas a velocidades mayores que la de la luz, pero, a pesar de todas las cosas raras, no hay ninguna duda que la masa en reposo no es igual a cero.)
Los físicos insisten en que la masa en reposo de un cuerpo determinado ha de ser constante, ya que todos los fenómenos observados por ellos sólo tienen sentido a condición que esto ocurra. Para que la masa en reposo de un fotón permanezca constante (es decir, para que sea siempre igual a cero), el fotón tiene que moverse siempre a la velocidad de la luz, ni un poquito más ni un poquito menos, siempre que se desplace en el vacío.
Cuando se forma un fotón, instantáneamente, sin que transcurra ningún intervalo de tiempo apreciable, empieza a alejarse del lugar de origen a 300.000 kilómetros por segundo. Puede que parezca paradójico, porque para ello es necesario que exista una aceleración infinita, y, por tanto, una fuerza infinita, pero...
La segunda ley de Newton, que relaciona la fuerza, la masa y la aceleración, sólo es válida para cuerpos con una masa en reposo mayor que cero. No es válida para cuerpos con una masa en reposo igual a cero.
Así, si se aplica energía a un cuerpo normal en condiciones normales, aumenta su velocidad; si se le quita energía, su velocidad disminuye. Si se aplica energía a un fotón, su frecuencia (y su masa) aumentan, pero su velocidad permanece invariable; si se le quita energía, su frecuencia (y su masa) disminuyen, pero su velocidad permanece invariable.
Pero si esto es así, no parece muy lógico hablar de «masa en reposo» al referirse a los fotones, pues ésta se refiere a la masa que tendría un fotón de estar en reposo, y un fotón nunca puede estar en reposo.
O. M. Bilaniuk y E. C. G. Sudarshan han propuesto un término alternativo: «masa correcta». La masa correcta de un objeto es un valor de masa constante inherente a ese cuerpo y que no depende de la velocidad. En el caso de los cuerpos corrientes, esta masa inherente es igual a la masa medida cuando el cuerpo está en reposo. En el caso de los fotones, puede ser calculada mediante deducciones y no mediante la medición directa.
El fotón no es el único cuerpo que puede y tiene que desplazarse a la velocidad de la luz. Cualquier cuerpo con una masa correcta igual a cero puede y debe hacer lo mismo. Además de los fotones, existen al menos cinco clases distintas de partículas con una supuesta masa correcta igual a cero.
Una de ellas es el hipotético gravitón, que es el vehículo de la fuerza de gravedad y que posiblemente haya sido por fin detectado en 1969.
Las otras cuatro son los diferentes neutrinos: 1) el neutrino, 2) el antineutrino, 3) el muón-neutrino y 4) el muón-antineutrino.
El gravitón y todos los neutrinos pueden y tienen que desplazarse a la velocidad de la luz. Bilaniuk y Sudarshan proponen que se reúnan todas estas partículas que se desplazan a la velocidad de la luz en el grupo de los «luxones» (de la palabra latina lux, luz).
Todas las partículas con una masa correcta mayor que cero, que por tanto no pueden alcanzar la velocidad de la luz y tienen que desplazarse por siempre jamás a velocidades menores, formarían el grupo de los « tardiones ». Además, proponen que se diga que los tardiones se desplazan siempre a velocidades «sublumínicas» («más lentas que la luz»).
Pero ¿y si pensáramos en lo impensable y consideramos que hay partículas que se desplazan a velocidades «superlumínicas» («más rápidas que la luz»)? Bilaniuk, Deshpande y Sudarshan fueron los primeros en hacerlo en 1962, ateniéndose estrictamente a los principios de la relatividad (en contraste con las simples especulaciones de la ficción científica). Su trabajo ocupó por fin los grandes titulares cuando Gerald Feinberg publicó un estudio similar en 1967. (Fue el trabajo de Feinberg el que provocó el articulo en Time.)
Supongamos que una partícula se desplaza a una velocidad de 2 c , es decir, el doble de la velocidad de la luz.
En ese caso, v/c sería 2 c/c . ó 2, y ( v/c ) 2 sería igual a 4.
Y
Como √ -1 se suele representar con la letra i , y como √ 3 es aproximadamente 1,73, podemos decir que para una partícula que se desplace al doble de la velocidad de la luz, la ecuación 3 queda:
1,73 mi = m 0 (Ecuación 5)
Cualquier expresión en la que aparezca i (es decir, √ -1) se dice que es imaginaria; un mal nombre pero imposible de erradicar.
Como podrán comprobar por si mismos si toman algunos ejemplos al azar, resulta que cualquier objeto que se desplace a velocidades superlumínicas tiene una masa correcta imaginaria.
Una masa imaginaria no tiene ningún significado físico en nuestro universo sublumínico, por lo que existe la costumbre, establecida desde antiguo, de descartar inmediatamente las velocidades superlumínicas y afirmar que es imposible que existan partículas que se desplacen a una velocidad mayor que la de la luz porque es imposible que exista una masa imaginaria. Yo mismo lo he dicho en mis tiempos.
¿Pero es cierto que una masa imaginaria no tiene ningún significado? ¿O es mi simplemente una manera de expresar matemáticamente un conjunto de reglas distintas de aquellas a las que estamos acostumbrados, pero que siguen obedeciendo los dictados de la teoría de la relatividad especial de Einstein?
Del mismo modo, en el caso de juegos como el béisbol, el fútbol americano, el baloncesto, el fútbol, el jockey, etcétera, etcétera, etcétera, el ganador es el participante que obtiene una puntuación más alta. ¿Pero se puede decir basándose en esto que es impensable que exista algún juego en que gane el que obtenga la menor puntuación? ¿Y el golf? Lo esencial de cualquier juego de habilidad es que el participante que realiza la tarea más difícil, gana; por lo general, la tarea más difícil consiste en conseguir la puntuación más alta, pero en el golf se trata de conseguir la más baja.
Del mismo modo, para obedecer la ley de la relatividad especial, un objeto con una masa en reposo imaginaria ha de seguir unas pautas de comportamiento que parecerán paradójicas a aquellos que están acostumbrados al comportamiento de los objetos con masas en reposo reales.
Por ejemplo, es posible demostrar que si un objeto con una masa en reposo imaginaria sufre un aumento de energía, su velocidad disminuye; si sufre una disminución de energía, su velocidad aumenta. Es decir, un objeto con una masa en reposo imaginaria sufrirá una desaceleración al aplicársele una fuerza y una aceleración cuando encuentre alguna resistencia.
Además, cuando estas partículas reciben energía y reducen su velocidad, no pueden reducirla hasta llegar a alcanzar la velocidad de la luz. A la velocidad de la luz su masa se hace infinita. Pero cuando su energía tiende a cero, su velocidad aumenta ilimitadamente. Un cuerpo con una masa en reposo imaginaria y con energía cero tiene una velocidad infinita. Estas partículas siempre se desplazan a mayor velocidad que la luz, y Feinberg ha propuesto que se las llame «taquiones», de la palabra griega «rápido».
Bien, por tanto el universo tardiónico es sublumínico y las velocidades posibles en él van de 0, cuando la energía es igual a cero, a c cuando la energía es igual a infinito. El universo taquiónico es superlumínico, y las velocidades posibles en él van de c , cuando la energía es infinita, a ¥ cuando la energía es cero. Entre estos dos universos está el universo luxónico, cuya velocidad posible es únicamente c , ni más ni menos en ningún caso y sea cual sea la energía.
Podemos imaginarnos que el Universo está dividido en dos compartimientos separados por un muro infranqueable. De un lado, está el universo tardiónico, del otro el universo taquiónico, y entre ellos, el muro de luxón, infinitamente delgado, pero infinitamente rígido.
En el universo tardiónico la mayoría de los objetos tienen poca energía cinética. Aquellos objetos que se desplazan a grandes velocidades (como una partícula de rayos cósmicos) tienen una masa muy pequeña. Aquellos objetos que tienen grandes masas (como una estrella) se desplazan a velocidades muy bajas.
Es muy probable que ocurra lo mismo en el universo taquiónico. Los objetos con unas velocidades relativamente bajas (sólo ligeramente mayores que la de la luz) y, por tanto, con gran cantidad de energía, tienen que tener una masa muy pequeña y no ser demasiado diferentes de nuestras partículas de rayos cósmicos. Los objetos de gran masa tendrán muy poca energía cinética y por tanto se desplazarán a velocidades vertiginosas. Por ejemplo, una estrella taquiónica puede moverse a una velocidad billones de veces mayor que la de la luz. Pero eso significaría que la masa de la estrella se distribuiría a lo largo de enormes distancias durante pequeños intervalos de tiempo, y, por tanto, sólo una pequeña cantidad de esta masa estaría presente en un lugar determinado y en un momento determinado, por decirlo así.
Los dos universos sólo pueden entrar en contacto y ser perceptibles el uno para el otro en un lugar; el muro de luxón en el que se encuentran. (Ambos tienen en común los fotones, neutrinos y gravitones.)
Si un taquión tiene la suficiente energía y por tanto se mueve con la suficiente lentitud, es posible que la energía sea la bastante como para que se quede por ahí durante el tiempo suficiente como para producir una emisión de fotones perceptible. Los científicos están a la espera de detectar alguna de estas emisiones, pero la probabilidad de tener un instrumento de detección exactamente en el lugar preciso en el que aparecerá una de estas emisiones (que probablemente sean muy poco frecuentes) durante una milmillonésima de segundo, o menos, no es muy grande.
Desde luego, cabe preguntarse si no existirá alguna posibilidad de romper el muro de luxón por algún medio menos directo que atravesarlo con la aceleración suficiente, lo cual es imposible (no hay más que hablar). ¿Es posible transformar de alguna manera los tardiones en taquiones (probablemente por medio de los fotones), de forma que nos podamos encontrar de repente transportados de un lado al otro del muro sin haberlo atravesado en ningún momento? (De la misma forma que es posible combinar tardiones para producir fotones, con lo que un objeto empieza a moverse repentinamente a la velocidad de la luz sin haber sufrido una aceleración.)
La conversión de tardiones en taquiones sería el equivalente de la entrada en el «hiperespacio», un concepto muy estimado por los autores de ciencia-ficción. Una vez en el universo taquiónico, una nave espacial que dispusiera de la energía necesaria para desplazarse a una velocidad mucho menor que la de la luz se desplazaría (con la misma energía) a una velocidad muchas veces mayor que la de la luz. Podría llegar a una galaxia lejana en tres segundos, por ejemplo, y luego volver a transformar automáticamente los taquiones en tardiones y volver a estar en nuestro propio universo. Este sería el equivalente del «salto» interestelar al que siempre me refiero en mis novelas.
Pero tengo una idea relacionada con esto que, que yo sepa, es completamente original. No está basada en ninguna consideración de las leyes físicas; es puramente intuitiva y está basada únicamente en mi convicción que la característica dominante en el Universo es la simetría, y que su principio dominante es la espantosa doctrina de « ¡No puedes ganar!»
Creo que cada uno de los universos se considera a si mismo el universo tardiónico y al otro el universo taquiónico, de manera que a un observador imparcial (encaramado sobre el muro de luxón, por decirlo así) le parecería que el muro de luxón marca la separación entre gemelos idénticos.
Si consiguiéramos transportar una nave espacial al universo taquiónico, nos encontraríamos (según mi intuición) viajando todavía a velocidades sublumínicas según nuestros nuevos patrones, y considerando que el universo que acabamos de abandonar es el superlumínico.
Y si es así, entonces, hagamos lo que hagamos, hagamos lo que hagamos, con taquiones o sin ellos, alcanzar o sobrepasar la velocidad de la luz seguirá siendo imposible; no hay más que hablar.
Aclaro que ¥ = infinito, perdón si lleve a errores de interpretación.
Espero que se haga valer el lema de "inteligencia colectiva" de ésta página. La fuente es el libro "El secreto del Universo y otros ensayos científicos".
La primera gran mentira se debe a que hay científicos que afirman que se puede extender la vida humana hasta 800 años, paso primero a citar el post y luego a dar mi explicación:
CITA Nº1:
Científicos de la University of Southern California en los EEUU acaban de anunciar que han encontrado una manera de extenderle la vida a unos fongos a 10 veces mas su duración, y que la técnica que utilizaron podría aplicarse a humanos.
La técnica utilizada fue Ingeniería Genética, en donde se eliminaron dos genes (el RAS2 y el SCH9), y se les aplicó a los organismos una dieta baja en calorías.
Según los científicos, al extenderle la vida por diez, han establecido un nuevo récord en este tipo de investigaciones, y el hecho de que esta técnica podría aplicarse a humanos abre grandes expectativas para extender el plazo promedio de la vida humana de 80 a 800 años.
Sin embargo los científicos aclaran que aunque no se reportaron efectos secundarios en los organismos de prueba, que ese no podría ser el caso en humanos. Algo interesante, sin embargo, es que los primeros estudios en humanos ya iniciaron en un región de Ecuador, en donde la gente local posee unas variaciones genéticas que son ideales para estudiar este fenómeno antes de aplicarlo en su etapa final a todos los humanos.
Aun así, pasarán unos cuantos años mas para que podamos ver el fruto de estos estudios en nosotros. Solo espero que no sean demasiados años para algunos de nosotros...
Noten que muchas personas no cree posible que podamos extender la vida humana mas allá de su período "natural". Sin embargo es bueno notar que hace apenas 100 años la expectativa de vida promedio de un humano era de 40 años, y que hace 2,000 años era de 24 años, por lo que los humanos, gracias fundamentalmente a la ciencia y la medicina, hemos estado expandiendo la cantidad de años que podemos vivir mas allá de lo "normal" desde hace miles de años. La única diferencia es que ahora estamos recurriendo a técnicas mas sofisticadas (como la Ingeniería Genética) para alargar aun mas nuestras vidas.
Así mismo creo que debo mencionar que muchas personas no entienden que el envejecimiento, y la muerte misma, es algo que en el marco teórico es algo que se puede prevenir, pues sabemos desde hace décadas que la razón por la cual envejecemos es simplemente que nuestras células cometen "errores de copiado" cuando se multiplican. Es decir, las copias de las células nuevas no son exactas a la originales, cosa que en teoría algún día vamos a poder arreglar.
Para los curiosos que se pregunten de que "errores de copiado" estoy hablando, me refiero al hecho de que todos los seres vivientes del planeta en realidad somos 100% reemplazados cada 6 meses por átomos y células nuevas, y lo único que permanece es la estructura y patrones de cómo las celulas anteriores estaban conectadas.
Un ejemplo de esto es imaginarnos una casa hecha de ladrillos. Podemos imaginarnos que cada 30 años, para mantener la casa "como nueva" reemplazamos cada uno de los ladrillos, uno por uno, hasta que la casa termina como nueva. En este ejemplo, noten que aunque reemplazamos todos los ladrillos que al final terminamos con la misma casa.
Así mismo, aproximadamente cada 6 meses nuestro cuerpo se regenera (esa es la otra razón para comer, aparte de darnos energía para el día-a-día), pero con la diferencia de que nuestros "ladrillos" (o mas bien, células), son fabricadas por el cuerpo mismo haciendo copias de las células anteriores, y en este caso ocurren errores en el sentido de que las nuevas células no son exactamente iguales a las anteriores, por lo que después de varias generaciones terminamos con células muy deterioradas, lo que eventualmente conlleva a que algunos de nuestro órganos fallen y muramos.
Entonces, las técnicas mas avanzadas de extender la vida humana lo que hacen es que tienen como objetivo o (1) alargar la vida de las células lo mas posible antes de que estas se tengan que multiplicar (es decir, extender los 6 meses a 9, 12 o mas meses), o (2) perfeccionar lo mas posible el sistema de copiado celular para que se necesiten muchas mas generaciones para que las imperfecciones sean críticas.
Es por esto que decimos que al menos de manera teórica, sabemos que llegará un día en donde será posible extender nuestros plazos de vida indefinidamente, o al menos por muchísimos años mas.
EXPLICACIÓN DE PORQUE ES IMPOSIBLE ALARGAR LA VIDA:
¿cuánto viven los organismos? Sólo podemos hacer conjeturas. Las estadísticas sobre el tema se remontan únicamente a los últimos cien años aproximadamente, y sólo para el Homo sapiens y en las zonas del mundo más «avanzadas».
Así que gran parte de las consideraciones sobre la longevidad se basan en cálculos bastante aproximados.
Pues bien: si todo el mundo se dedica a hacer conjeturas, yo también puedo hacerlo, y pueden apostar a que lo haré tan alegremente como cualquiera.
En primer lugar, ¿qué queremos decir con «duración de la vida»? Hay varias maneras de considerarla, y una de ellas es tener en cuenta el intervalo real de tiempo (por término medio) que viven los organismos reales en condiciones reales. Es lo que se llama «esperanza de vida».
Una cosa de la que podemos estar seguros es que la esperanza de vida es bastante insignificante para la mayor parte de las criaturas. Si un bacalao o una ostra ponen millones de huevos, de los cuales sólo uno o dos producen crías que sigan vivas al final del primer año, entonces la esperanza de vida media de todas las crías de bacalao o de ostra puede medirse en semanas o probablemente incluso en días. Me imagino que miles y miles de ellas no viven más de unos minutos.
Las cosas no llegan a este extremo entre las aves y los mamíferos, que cuidan hasta cierto punto de sus crías; pero apuesto a que son relativamente pocas las crías que sobreviven un año siquiera.
Sin embargo, desde el frío punto de vista de la supervivencia de las especies, esto resulta más que suficiente. Una vez que una criatura ha alcanzado la madurez sexual y ha contribuido al nacimiento de una camada de crías, de las que cuida hasta su pubertad o hasta un poco antes, ya ha contribuido a la supervivencia de la especie y puede vivir su vida. Si sobrevive y tiene más camadas, estupendo, pero no es necesario que lo haga, Evidentemente, desde el punto de vista de la supervivencia resulta muy conveniente alcanzar la madurez sexual lo más pronto posible, para que haya tiempo de engendrar a la generación siguiente antes que se extinga la anterior. Los ratones de campo alcanzan la pubertad en tres semanas, y pueden tener su primera camada seis semanas después de su nacimiento. Incluso animales tan grandes como el caballo o la vaca llegan a la pubertad al año de vida, y las ballenas más grandes a los dos años.
Algunos animales terrestres de gran tamaño pueden permitirse el lujo de ser más lentos. Los osos llegan a la adolescencia a los seis años, y los elefantes a los diez.
Los grandes carnívoros tienen una esperanza de vida de varios años, aunque sólo sea porque tienen relativamente pocos enemigos (siempre a excepción del hombre) y no es previsible que vayan a servir de comida para otras criaturas. Los herbívoros más grandes, como los elefantes y los hipopótamos, también están a salvo, y algunos más pequeños, como los mandriles y los búfalos de agua, adquieren una relativa seguridad al desplazarse en manadas.
El hombre primitivo entra dentro de esta categoría.
Vivía en pequeñas manadas y cuidaba de sus crías. En el peor de los casos disponía de mazas primitivas, y acabó por aprender a servirse del fuego. Por tanto, un hombre primitivo podía esperar vivir unos cuantos años. Aun así, la desnutrición, las enfermedades, los peligros de la caza y la crueldad del hombre con el hombre, acortaban mucho la vida en relación con nuestros niveles modernos. Naturalmente, existía un límite de duración mínima de la vida. Si los hombres no vivieran el tiempo suficiente por término medio como para engendrar a otros hombres, la raza se extinguiría. Con todo, calculo que en una sociedad primitiva una esperanza de vida de dieciocho años garantizaría con creces la supervivencia de la especie. Y tengo la sospecha que la esperanza de vida real del hombre de la edad de piedra no era mucho mayor.
Cuando el género humano empezó a desarrollar la agricultura y a domesticar a los animales, aprendió a asegurar su provisión de alimentos. Cuando aprendió a vivir en ciudades amuralladas y a regular con leyes la vida social, pudo protegerse mejor de sus enemigos humanos del interior y del exterior. Naturalmente, la esperanza de vida creció en alguna medida. En realidad, se dobló.
Pero dudo que la esperanza de vida durante la antigüedad y la época medieval llegara a los cuarenta años. Se calcula que en la Inglaterra medieval la esperanza de vida era de treinta y cinco, de manera que quien llegaba a los cuarenta era un sabio venerable. Y como la gente se casaba y tenía hijos muy temprano, no hay ninguna duda que también era ya abuelo.
Esta situación seguía estando vigente en el siglo XX en algunos lugares del mundo. En la India, por ejemplo, en 1950 la esperanza de vida era de unos 32 años; en Egipto era de 36 en 1938, y en México, de 38 en 1940.
El siguiente gran paso lo dieron los adelantos de la medicina, que consiguieron controlar las infecciones y enfermedades. Veamos el ejemplo de los Estados Unidos.
En 1850 la esperanza de vida de los hombres americanos blancos era de 38,3 (no demasiado distinta de la situación de la Inglaterra medieval o de la antigua Roma). Pero en 1900, después de los descubrimientos de Pasteur y Koch, subió hasta 48,2, de ahí a 56,3 en 1920, 60,6 en 1930, 62,8 en 1940, 66,3 en 1950, 67,3 en 1959 y 67,8 en 1961.
Las mujeres siempre se han encontrado en una situación ligeramente más favorable (ya que son el sexo fuerte).
En 1850 su esperanza de vida era de dos años más que la del hombre, y en 1961 la diferencia era ya de casi siete años. Los habitantes de los Estados Unidos que no son de raza blanca están ligeramente por debajo, y estoy seguro que esto no se debe a ninguna característica innata, sino a que generalmente ocupan una posición inferior en la escala económica. Su esperanza de vida es de unos siete años menos que la de los blancos. (Y si alguien se asombra que los negros se muestren tan inquietos últimamente, que piense que pueden conseguir siete años de vida adicionales por cabeza, lo cual no está mal para empezar.)
Aun limitándonos a los blancos, los Estados Unidos no ocupan el primer lugar en cuanto a esperanza de vida. Más bien, creo que este lugar le corresponde a Noruega y a Suecia. Las últimas cifras que he podido encontrar (de mediados de los años cincuenta) dan a los hombres escandinavos una esperanza de vida de 71 años, y a las mujeres de 74.
Este cambio en la esperanza de vida ha provocado determinados cambios en las costumbres sociales. En los siglos pasados, un viejo era un fenómeno poco frecuente, un extraordinario almacén de antiguos recuerdos y una buena guía en lo referente a las tradiciones. La vejez era respetada, y en algunas sociedades en las que la esperanza de vida sigue siendo baja y los viejos siguen siendo poco frecuentes, la vejez sigue siendo muy considerada.
También puede ser vista con temor. Hasta el siglo XIX el nacimiento de los niños seguía estando rodeado de peligros, y pocas mujeres sobrevivían al nacimiento de varios hijos (las fiebres puerperales y todas esas cosas). Por tanto, había todavía menos viejas que viejos, y éstas se consideraban un fenómeno extraño y aterrador, con sus mejillas arrugadas y sus encías desdentadas. Es posible que el temor a las brujas de los primeros tiempos de la edad moderna sea la última expresión de este fenómeno.
Hoy en día hay muchos hombres y mujeres viejos, y no se les atribuye una maldad o bondad extremadas. Es posible que esto no cambie en mucho su situación.
Podría suponerse, en vista del continuo incremento de la esperanza de vida en los lugares más desarrollados del planeta, que no hay más que esperar otro siglo para encontrar hombres que vivan como si tal cosa un siglo y medio. Por desgracia no es así. A menos que se produzca un avance biológico decisivo de la geriatría, ya hemos llegado todo lo lejos que es posible en el aumento de la esperanza de vida.
En una ocasión leí una alegoría que me ha obsesionado durante toda mi vida. No soy capaz de repetirla palabra por palabra, aunque me gustaría. Pero es algo así: la Muerte es un arquero, y la vida es un puente. Los niños empiezan a cruzar el puente alegremente, brincando y haciéndose mayores, mientras la Muerte les dispara sus flechas. Al principio, tiene muy mala puntería, y sólo muy de vez en cuando un niño es atravesado por una flecha y cae del puente a las brumas y nieblas que hay debajo. Pero a medida que la multitud avanza, la puntería de la Muerte va mejorando y aquélla va cayendo cada vez en mayor número. Por último, cuando la Muerte apunta a los ancianos que se tambalean cerca del final del puente, su puntería es perfecta y nunca falla el blanco. Y ningún hombre logra jamás atravesar el puente para ver qué es lo que hay al otro lado.
Esto sigue siendo cierto a pesar de todos los adelantos de la estructura social y de la medicina a lo largo de la historia. Se logró empeorar la puntería de la Muerte en la primera mitad de la vida, pero esas últimas flechas perfectamente dirigidas son las flechas de la vejez, e incluso ahora no fallan nunca el blanco. Todo lo que hemos hecho para erradicar la guerra, el hambre y la enfermedad ha servido para dar a más personas la oportunidad de llegar a la vejez. Cuando la esperanza de vida era de 35 años, quizás una persona de cada cien llegaba a vieja; hoy en día lo consigue casi la mitad de la población, pero la vejez sigue siendo la misma. La muerte nos atrapa a todos con toda su antigua eficacia.
Para abreviar: dejando aparte la esperanza de vida, hay una «edad específica» que señala el momento en que es más probable que muramos desde nuestro interior, sin ningún tipo de ayuda exterior; la edad a la que moriremos, incluso aunque no hayamos tenido ningún accidente ni sufrido ninguna enfermedad, y aunque nos hayamos cuidado lo mejor posible.
Hace tres mil años, el autor de los Salmos dio fe de la edad específica del hombre (Salmos, 90, 10) al decir: «Aunque uno viva setenta años, y el más robusto hasta ochenta, su afán es fatiga inútil, porque pasan aprisa y vuelan».
Y así sigue siendo hoy; tres milenios de civilización y tres siglos de ciencia no lo han cambiado en nada. La edad más frecuente de muerte por vejez está entre los 70 y los 80 años.
Pero esa no es más que la edad más frecuente. No todos nos morimos al cumplir los setenta y cinco; algunos resistimos más, y no hay duda que cada uno de nosotros alimenta la esperanza que él, personalmente, será uno de los que resistan más tiempo. Así que en realidad a lo que le tenemos echado el ojo no es a la edad específica, sino a la edad máxima que podemos alcanzar.
Cada especie de seres multicelulares tiene una edad especifica y una edad máxima, y en las especies que han sido más o menos estudiadas, parece ser que la edad máxima representa entre un 50 y un 100 por 100 más que la edad específica. Por tanto, se considera que la edad máxima del hombre es de unos 115 años.
Desde luego, se sabe de hombres más viejos. El caso mas famoso es el de Thomas Parr («el viejo Parr»), que se supone que nació en Inglaterra en 1481 y que murió en 1635, con 154 años. La autenticidad de esta historia se pone en duda (hay quien cree que fue un fraude cuidadosamente preparado en el que intervinieron tres generaciones de la familia Parr), como la de todas las historias de este tipo. La Unión Soviética afirma que en el Cáucaso hay muchos casos de centenarios, pero todos ellos nacieron en una región y en una época en las que no se llevaban registros de los nacimientos. Por tanto, sólo tenemos la palabra del propio viejo en lo referente a su edad, y todo el mundo sabe que los ancianos tienen tendencia a echarse años. De hecho, se puede decir que es casi una regla la de que, cuanto más escasos son los registros civiles referentes a estadísticas vitales de una región determinada, más viejos afirman ser centenarios en esa región.
En 1948 una inglesa llamada Isabella Shepheard murió a la edad comprobada de 115 años. Era la última superviviente en las Islas Británicas de la época anterior al registro obligatorio de los nacimientos, así que no podemos estar completamente seguros de su edad exacta. Aun así, como mucho puede haber sido un par de años más joven. En 1814 murió un canadiense francófono llamado Fierre Joubert, quien, por lo visto, tenía pruebas fidedignas que demostraban que había nacido en 1701, así que murió a los 113 años.
Aceptemos, por tanto, 115 como la edad máxima del hombre, y preguntémonos si tenemos alguna buena razón para quejarnos de ello. ¿En cuánto sobrepasa esta cifra las edades máximas de otros tipos de organismos vivos?
Si comparamos a las plantas con los animales, no cabe duda que la palma se la llevan las plantas. No todas las plantas en general, desde luego. Citando la Biblia una vez más (Salmos, 103, 15-16): «Los días del hombre duran lo que la hierba; florecen como flor del campo, que el viento la roza y ya no existe; el terreno no volverá a verla».
Este símil alusivo a la fugacidad de la vida humana produce escalofríos en la espina dorsal; pero, ¿y si el autor de los Salmos hubiera dicho que los días del hombre duran lo que el roble, o mejor aún lo que la secoya gigante? Se cree que algunos ejemplares de este último árbol tienen más de tres mil años, y no se conoce su edad máxima.
Pero no creo que ninguno de nosotros quiera conseguir una larga vida a costa de convertirse en un árbol. Los árboles viven mucho tiempo, pero viven lentamente, pasivamente, y de una manera horriblemente aburrida. Veamos qué podemos hacer con respecto a los animales.
Los animales más simples tienen una vida sorprendentemente larga; se sabe de anémonas marinas, corales y criaturas por el estilo que tienen más de medio siglo, e incluso hay historias (aunque no muy dignas de crédito) que afirman que entre ellas hay algunos ejemplares centenarios. Entre los invertebrados más evolucionados, las langostas pueden llegar a los 50 años y las almejas a los 30.
Pero creo que podemos olvidarnos también de los invertebrados. No hay ninguna referencia digna de crédito de la existencia de invertebrados evolucionados que vivan hasta los cien años, e incluso aunque los calamares gigantes, por ejemplo, alcanzaran esa edad, nosotros no queremos ser calamares gigantes.
¿Y los vertebrados? Aquí nos encontramos con algunas leyendas, sobre todo referentes a los peces. Algunas afirman que los peces no envejecen jamás, sino que viven y crecen eternamente y no mueren hasta que se los mata. Se habla de casos de peces determinados que tienen varios siglos de edad. Por desgracia, no es posible confirmar ninguna de estas historias. La edad máxima alcanzada por un pez, según los informes de un observador acreditado, es la de un esturión de cierto lago que, al parecer, tiene bastante más de un siglo de edad, según el recuento de los anillos de la raya de púas de su aleta pectoral.
Entre los anfibios, la marca la ostenta la salamandra gigante, que puede llegar a los 50 años. Los reptiles duran más. Las serpientes pueden llegar a los 30 años y los cocodrilos a los 60, pero las que ostentan la mejor marca del reino animal son las tortugas. Hasta las tortugas más pequeñas pueden llegar al siglo, y existe una razonable certeza que al menos una gran tortuga ha vivido 152 años. Es posible que las grandes tortugas de las islas Galápagos lleguen a alcanzar los 200 años de edad.
Pero las tortugas también tienen un ritmo de vida lento y aburrido. No tan lento como el de las plantas, pero demasiado lento para nosotros. En realidad, sólo existen dos clases de seres vivos cuyas vidas sean intensas y vividas al máximo en todo momento, gracias a su sangre caliente, y son las aves y los mamíferos. (Algunos mamíferos hacen un poco de trampa e hibernan durante el invierno, y probablemente prolongan su vida de esta manera.) Podríamos sentir envidia de un tigre o de un águila si vivieran durante mucho, mucho tiempo, e incluso, a medida que las sombras de la vejez se ciernen sobre nosotros, podríamos desear cambiarnos por ellos. Pero ¿viven realmente durante mucho, mucho tiempo?
De las dos clases de criaturas, en conjunto las aves aventajan bastante a los mamíferos en lo que se refiere a la edad máxima. Una paloma puede vivir tanto como un león, y una gaviota tanto como un hipopótamo. De hecho, hay algunas leyendas referentes a la longevidad de determinados pájaros, como los loros y los cisnes, que supuestamente superan con facilidad la barrera de los cien años.
Cualquier aficionado a las historias del doctor Dolittle (¿no lo eran ustedes?) se acordará de Polinesia, el loro, que tenia trescientos y pico años. También está el poema de Tennyson, Titán, que narra la historia de ese mítico personaje al que le fue concedida la inmortalidad, pero que, por descuido, no fue liberado de la maldición de la vejez, y se fue haciendo cada vez más y más viejo hasta que fue compasivamente transformado en un saltamontes. Tennyson le hace lamentarse que la muerte le llegue a todo el mundo menos a él. Empieza diciendo que los hombres y las plantas del campo mueren, y el cuarto verso representa un primer momento culminante, al decir: «Y después de incontables veranos muere el cisne». En 1939 Aldous Huxley utilizó este verso para dar titulo a un libro sobre la lucha por alcanzar la inmortalidad física.
Pero, como de costumbre, estas historias no son más que historias. La edad máxima confirmada alcanzada por un loro es de 73 años, y me imagino que los cisnes no deben de vivir mucho más. Se ha hablado de casos de cornejas negras y de algunos buitres que han llegado a los 115 años, pero no han sido confirmados ni mucho menos.
Naturalmente, los que más nos interesan son los mamíferos, ya que eso es lo que somos nosotros, así que incluyo una lista de las edades máximas de algunos tipos de mamíferos. (Soy consciente, desde luego, que las palabras «rata» o «ciervo» se refieren a docenas de especies, cada una de ellas con su propia pauta de envejecimiento, pero no puedo hacer nada. Consideremos que los datos se refieren a la rata o al ciervo típicos.)
Elefante 77
Ballena 60
Hipopótamo 49
Burro 46
Gorila 45
Caballo 40
Chimpancé 39
Cebra 38
León 35
Oso 34
Vaca 30
Mono 29
Ciervo 25
Foca 25
Gato 20
Cerdo 20
Perro 18
Cabra 17
Oveja 16
Canguro 16
Murciélago 15
Conejo 15
Ardilla 15
Zorro 14
Cobaya 7
Rata 4
Ratón 3
Musaraña 2
Hay que recordar que son excepcionales los casos en los que se llega a la edad máxima. Por ejemplo, aunque algún conejo que otro puede llegar a vivir 15 años, el conejo medio se morirá de viejo antes de cumplir los 10 y puede que tenga una esperanza de vida de sólo 2 ó 3 años.
Por lo general, dentro de un mismo grupo de organismos con el mismo esquema o estructura, los más grandes viven más tiempo que los pequeños. Entre las plantas, la secoya gigante vive más tiempo que la margarita. Entre los animales, el esturión gigante vive más tiempo que el arenque, la salamandra gigante más que la rana, el caimán gigante más que la lagartija, el buitre más que el gorrión y el elefante más que la musaraña.
Parece ser que, sobre todo entre los mamíferos, hay una estrecha relación entre la longevidad y el tamaño. Naturalmente, hay excepciones, algunas sorprendentes. Por ejemplo, las ballenas tienen una vida extraordinariamente corta para su tamaño. La edad de 60 años mencionada en la tabla es bastante excepcional. La mayoría de los cetáceos pueden considerarse afortunados si llegan a los 30 años. Es posible que sea debido a que la vida en el agua, con la continua pérdida de calor y la permanente necesidad de nadar, acorta su duración.
Pero el hecho más sorprendente es que el hombre sea el mamífero de vida más larga, mucho más larga que la del elefante e incluso que la de nuestro pariente cercano, el gorila. Cuando se muere un hombre centenario, los únicos animales que siguen vivos de todos los que había en el mundo en el momento de su nacimiento (que nosotros sepamos) son unas cuantas flemáticas tortugas, algún anciano buitre o esturión y algunos otros hombres centenarios. No queda ni uno solo de los mamíferos no humanos que nacieron al mismo tiempo que él. Sin ninguna excepción (que nosotros sepamos), todos están muertos.
Si esto les parece asombroso, ¡esperen! Es todavía más asombroso de lo que se imaginan.
Cuanto más pequeño es un mamífero, más rápido es su metabolismo: con mayor rapidez vive, por decirlo así.
Podríamos suponer que, aunque un mamífero pequeño no vive tanto tiempo como uno grande, su vida es más veloz y más intensa. De acuerdo con algún criterio subjetivo, podría considerarse que el mamífero pequeño tiene la sensación de vivir tanto tiempo como el mamífero grande, más lento y perezoso. Una de las pruebas concretas de estas diferencias del metabolismo en los mamíferos es el pulso (la velocidad del latido del corazón). La siguiente tabla incluye una lista de cifras aproximadas del número de latidos por minuto de diferentes tipos de mamíferos.
Musaraña 1000
Ratón 550
Rata 430
Conejo 150
Gato 130
Perro 95
Cerdo 75
Oveja 75
Hombre 72
Vaca 60
León 45
Caballo 38
Elefante 30
Ballena 17
Teniendo la frecuencia de latidos del corazón (aproximada) y la edad máxima (aproximada) de los catorce tipos de animales de la lista, y efectuando las multiplicaciones necesarias, es posible calcular la edad máxima de cada tipo de criatura, no en años, sino en número total de latidos del corazón. Estos son los resultados:
Musaraña 1.050.000.000
Ratón 950.000.000
Rata 900.000.000
Conejo 1.150.000.000
Gato 1.350.000.000
Perro 900.000.000
Cerdo 800.000.000
Oveja 600.000.000
León 830.000.000
Caballo 800.000.000
Vaca 950.000.000
Elefante 1.200.000.000
Ballena 630.000.000
Teniendo en cuenta que mis cifras son aproximadas, contemplo esta tabla final de lejos, guiñando los ojos, y llego a la siguiente conclusión: un mamífero es capaz de vivir durante más o menos mil millones de latidos del corazón, y cuando éstos se acaban, él también lo hace.
Pero habrán notado que no he incluido al hombre en esta tabla. La razón es que quiero hacer con él un caso aparte. Su ritmo de vida es el adecuado para su tamaño; el ritmo de su corazón es más o menos el mismo que el de otros animales de un peso parecido, más rápido que el ritmo de los latidos de los animales más grandes y más lento que el de los animales más pequeños. Pero su edad máxima es 115 años, lo que quiere decir que el número máximo de latidos del corazón es aproximadamente de 4.350.000.000.
¡Hay algunos hombres capaces de sobrevivir a más de cuatro mil millones de latidos! En realidad, la esperanza de vida actual del hombre americano medio es de 2.500 millones de latidos. El corazón de cualquier hombre que sobrepase el límite del cuarto de siglo ya ha dado más de mil millones de latidos y sigue siendo joven; todavía le queda lo mejor de la vida.
¿Por qué? No se trata sólo que vivimos más tiempo que el resto de los mamíferos. Si lo medimos en latidos, ¡vivimos cuatro veces más! ¿Por qué?
¿De qué carne se alimenta esta especie nuestra, que nos ha hecho crecer hasta tal punto? Ni siquiera nuestros parientes no-humanos más cercanos se aproximan a nosotros en este punto. Teniendo en cuenta que el chimpancé tiene el mismo ritmo de latidos que nosotros y que el del gorila es ligeramente más lento, sabemos que los dos viven como máximo durante aproximadamente 1.500 millones de latidos, lo cual no se diferencia demasiado de las cifras comunes entre los mamíferos. ¿Cómo es posible entonces que nosotros lleguemos a los 4.000 millones?
¿Cuál es el secreto de nuestro corazón, que le hace trabajar mucho mejor y durar mucho más que el corazón de cualquier otro mamífero existente? ¿Por qué el dedo que se mueve lo hace tan lentamente para nosotros, y sólo para nosotros?
Francamente, no lo sé.
CITA Nº2:
Según publica la revista Nature, científicos del NEC Research Institute de Princeton finalmente han logrado superar la velocidad de la luz, causando un pulso ligero que viajó 300 veces más rápido que los normales, para lograr esto, los investigadores manipularon un vapor con átomos irradiados por láser.
Este experimento supone la primera evidencia de un movimiento más veloz que la luz, pero, ¿podría estar en desacuerdo con los principios básicos de la teoría de la relatividad de Albert Einstein, que especifica que nada puede viajar más rápido que la luz?. Los científicos aseguran que los resultados no están en desacuerdo con Einstein.
La razón es muy sencilla, el fallo radica en la idea falsa generalizada que nada se puede mover más rápidamente que la velocidad de la luz, cuando deberíamos decir que nada con masa puede viajar más rápidamente que la velocidad de la luz. El experimento de NEC hizo un pulso de luz, un grupo de ondas sin masa, por lo que el legado de Einstein continua en plena forma.
EXPLICACIÓN DE PORQUE "RELATIVAMENTE" NO SE PUEDE SUPERAR LA VELOCIDAD DE LA LUZ:
Empecemos con una ecuación que fue formulada por primera vez por el Físico holandés Hendrik Antoon Lorentz en la década de 1890. Lorentz pensaba que esta ecuación era expresamente aplicable a los cuerpos con carga eléctrica, pero más adelante Einstein la incorporó a su Teoría Especial de la Relatividad , demostrando que era aplicable a todos los cuerpos, tuvieran carga eléctrica o no.
No voy a presentar la ecuación de Lorentz en su forma habitual, sino con una pequeña alteración, cuya utilidad quedará clara más adelante. Esta es mi versión de la ecuación:
En la ecuación 1, m representa la masa del cuerpo en cuestión, v es la velocidad a la que éste se desplaza con respecto al observador, c es la velocidad de la luz en el vacío y k es un valor constante para el cuerpo en cuestión.
Supongamos ahora que el cuerpo se desplaza a la décima parte de la velocidad de la luz. Esto quiere decir que v = 0,1 x c . En ese caso, el denominador de la fracción del término derecho de la ecuación será:
Por lo tanto, la ecuación 1 queda
m = k /0,995 = 1,005 k .
Podemos realizar el mismo cálculo para el caso que este cuerpo se desplace a velocidades gradualmente crecientes, por ejemplo a velocidades de 0,2 c , 0,3 c , 0,4 c , y así sucesivamente. No los voy a aburrir con los cálculos; los resultados son los siguientes:
Velocidad Masa
0,1 c 1,005 k
0,2 c 1,03 k
0,3 c 1,05 k
0,4 c 1,09 k
0,5 c 1,15 k
0,6 c 1,24 k
0,7 c 1,41 k
0,8 c 1,67 k
0,9 c 2,29 k
Como ven, si la ecuación de Lorentz es correcta, nos indica que la masa de cualquier objeto aumenta de manera constante (de hecho, cada vez con mayor rapidez) a medida que aumenta la velocidad. Cuando esta propiedad fue enunciada por primera vez parecía algo completamente disparatado, porque nunca se había detectado un cambio así en la masa de un cuerpo.
Pero esta alteración no había sido detectada debido al hecho que el valor de c es muy alto según los criterios normales: 300.000 kilómetros por segundo. A una velocidad de sólo la décima parte de la velocidad de la luz, la masa de un objeto aumenta en la mitad del uno por ciento de su masa a, por ejemplo, cien kilómetros por hora, y en principio este aumento es fácilmente detectable. Sin embargo, una velocidad de «sólo» la décima parte de la velocidad de la luz (0,1 c ) sigue siendo de 30.000 kilómetros por segundo, más de 108 millones de kilómetros por hora. Es decir, para que las variaciones de masa sean apreciables, es preciso alcanzar velocidades que escapaban por completo a la experiencia de los científicos de 1890.
Pero unos años más tarde se detectaron partículas subatómicas que se alejaban a gran velocidad de los núcleos atómicos radioactivos, y en ocasiones alcanzaban velocidades equivalentes a fracciones bastante considerables de la velocidad de la luz. Era posible medir sus masas a diferentes velocidades con bastante precisión, y se descubrió que la ecuación de Lorentz era válida y se ajustaba a la realidad con gran precisión. De hecho, de momento no se ha descubierto ninguna violación de la ecuación de Lorentz para ningún cuerpo que se desplace a una velocidad apreciable.
Por tanto, hemos de aceptar la validez de la ecuación de Lorentz para representar la faceta del Universo que describe; por lo menos hasta nuevo aviso.
Una vez aceptada la ecuación de Lorentz, hagámonos algunas preguntas. En primer lugar, ¿qué representa k ?
Para responder a esta pregunta, consideremos un cuerpo cualquiera con una masa determinada que está inmóvil respecto al observador. En ese caso, su velocidad es cero, y como v = 0, entonces v/c = 0 y ( v/c ) 2 = 0.
Además,
es, por tanto,
Esto quiere decir que para un cuerpo inmóvil respecto al espectador, la ecuación de Lorentz es m = k /1 = k . En conclusión, k representa la masa de un cuerpo inmóvil respecto al observador. Generalmente se conoce por «masa en reposo» y se escribe m 0 . La ecuación de Lorentz tal como se da normalmente es, por tanto:
La siguiente pregunta es qué es lo que ocurre cuando un objeto se desplaza a velocidades mayores que la velocidad más alta que aparece en la pequeña tabla que hemos dado antes. Supongamos que el objeto se moviera a una velocidad de 1,0 c con respecto al observador; es decir, a la velocidad de la luz.
En ese caso el denominador de la ecuación de Lorentz sería :
Para un cuerpo que se mueva a la velocidad de la luz, la ecuación de Lorentz queda
m = m 0 /0,
y si hay algo que no se puede hacer en matemáticas es precisamente dividir por cero. La ecuación de Lorentz deja de tener sentido, matemáticamente hablando, para un cuerpo con masa que se desplace a la velocidad de la luz.
Bien, entonces acerquémonos sigilosamente a la velocidad de la luz, y no tratemos de aterrizar derechitos sobre ella con un estampido.
A medida que aumentamos el valor de v en la ecuación 2, partiendo de 0,9 c , pero manteniéndolo siempre menor que 1,0 c , el valor del denominador se aproxima cada vez más a cero, y a medida que esto ocurre el valor de m aumenta de manera ilimitada. Esto se cumple para cualquier valor de m 0 , mientras se mantenga mayor que cero.
(Inténtenlo ustedes mismos, calculando m para valores de v iguales a 0,99 c , 0,999 c , 0,9999 c , y así sucesivamente hasta que pierdan la paciencia.)
En lenguaje matemático diríamos que en cualquier fracción c = a/b , donde a es mayor que 0, a medida que b se acerca a cero c aumenta de manera ilimitada. Una forma abreviada de expresarlo, que los matemáticos estrictos no aprueban, es que a /0 = ¥ , donde ¥ representa el aumento sin limites o «infinito».
Así que podemos decir que para cualquier objeto con masa (por pequeña que sea), la masa tiende a valores infinitos a medida que su velocidad con respecto al observador se acerca a la velocidad de la luz.
Esto quiere decir que el cuerpo no puede llegar a alcanzar la velocidad de la luz (aunque puede acercarse infinitesimalmente a ella), y que desde luego no puede sobrepasarla. Esto se puede demostrar por medio de dos razonamientos distintos.
La única forma que conocemos mediante la cual es posible imprimir a un objeto de una determinada masa una velocidad mayor que la que posee consiste en aplicar una fuerza, produciendo una aceleración. Pero cuanto mayor sea la masa, menor será la aceleración producida al aplicar una determinada fuerza, y, por tanto, a medida que la masa aumenta, acercándose a valores infinitos, la aceleración que puede alcanzar por acción de esta fuerza, por muy grande que sea, tiende a cero. En consecuencia, no es posible imprimir al objeto una velocidad mayor que aquélla para la que su masa se hace infinita.
El segundo razonamiento es el siguiente. Un cuerpo en movimiento tiene una energía cinética que es igual a mv 2 /2, en donde m es su masa y v su velocidad. Si se aplica una fuerza a este cuerpo, aumentando de este modo su energía cinética, esa energía puede aumentar debido al aumento de v , de m o de ambas. A velocidades comunes y corrientes sólo es posible apreciar un aumento de la velocidad, por lo que suponemos (equivocadamente) que la masa permanece constante bajo cualquier condición.
Sin embargo, lo cierto es que al aplicar una fuerza aumentan tanto la masa como la velocidad, pero el aumento de la masa es tan pequeño a velocidades normales que resulta imperceptible. Pero a medida que aumenta la velocidad con respecto al observador, una parte cada vez más grande de la energía añadida al aplicar una fuerza se traduce en un aumento de la masa, y una parte cada vez más pequeña de esta energía se traduce en un incremento de la velocidad. Cuando la velocidad se aproxima mucho a la de la luz, prácticamente todo el incremento de energía se traduce en un aumento de la masa, y prácticamente nada de esta energía se traduce en un aumento de la velocidad.
Este cambio en el efecto de la energía añadida es tal que la velocidad final nunca puede llegar a ser igual, ni mucho menos mayor, a la de la luz.
Y no me pregunten por qué. Así es como está hecho el Universo.
Sin embargo, espero que se hayan dado cuenta que, cuando hablaba del hecho que la masa se hace infinita a la velocidad de la luz, las realidades matemáticas de la vida me obligaron a añadir: «Esto ocurre sea cual sea el valor de m 0 , mientras se mantenga mayor que cero.»
Por supuesto, todas las partículas que forman nuestros cuerpos y nuestros aparatos, protones, electrones, neutrones, mesones, hiperones, etc., etc., tienen masas en reposo mayores que cero, así que esta restricción no parece demasiado restrictiva. De hecho, por lo general la gente dice «es imposible alcanzar o sobrepasar la velocidad de la luz», sin especificar que se refieren a objetos cuya masa en reposo es mayor que cero, porque de todas maneras da la impresión que en esta especificación está incluido prácticamente todo.
Yo mismo no me preocupé de especificarlo en «imposible, no hay más que hablar», y eso fue lo que me hizo vulnerable a la acusación de anticuado. Si incluimos esta restricción, entonces todo lo que decía en ese artículo es perfectamente válido.
Pasemos ahora a considerar los cuerpos cuya m 0 no es mayor que cero.
Pensemos en un fotón, por ejemplo, una «partícula» de las radiaciones electromagnéticas: luz visible, microondas, rayos gamma, etc.
¿Qué sabemos de los fotones? En primer lugar, la energía de un fotón es siempre finita, así que su contenido de energía está entre 0 e ¥ . La energía, como demostró Einstein, equivale a la masa según una relación que él expresó como e = mc 2 . Esto significa que a cualquier fotón se le puede asignar una masa cuyo valor es posible calcular con esta ecuación, y que también estará entre 0 e ¥ .
También sabemos que los fotones se mueven (con respecto al observador) a la velocidad de la luz. En realidad, la luz tiene esa velocidad porque está formada por fotones.
Sabiendo estas dos cosas, vamos a dar otra forma equivalente de la ecuación 2:
Para un fotón, v = c , y ya deberían saber al instante que esto significa que, para un fotón, la ecuación 3 queda:
m x 0 = m 0 , (Ecuación 4)
Si un fotón fuera un objeto corriente con masa y se desplazara a la velocidad de la luz, su masa ( m ) sería infinita. Por tanto, la ecuación 4 quedaría ¥ x 0 = m 0 , y una ecuación así no está permitida en matemáticas.
Pero es posible asignar a un fotón un valor de m entre 0 e ¥ , aunque se desplace a la velocidad de la luz, y para cualquier valor entre 0 e ¥ que demos a m el valor de m 0 en la ecuación 4 es igual a 0.
Esto quiere decir que la masa en reposo ( m 0 ) de un fotón es igual a cero. Si la masa en reposo es cero, en otras palabras, ese objeto puede moverse a la velocidad de la luz.
(Esto tendría que acabar con la eterna pregunta que me hacen algunos corresponsales que creen haber descubierto un fallo en la lógica de Einstein haciendo el siguiente razonamiento: «Si cualquier cosa que se mueva a la velocidad de la luz tiene una masa infinita, ¿cómo es que los fotones no tienen una masa infinita?» La respuesta es que hay que distinguir las partículas con una masa en reposo igual a 0 de las partículas con una masa en reposo mayor que 0. Pero no se preocupen. Los corresponsales seguirán haciendo las mismas preguntas por muchas veces que las explique.)
Pero vamos a ir más lejos. Supongamos que un fotón se desplazara a una velocidad menor que la de la luz. En ese caso la cantidad que aparece debajo de la raíz cuadrada de la ecuación 3 seria mayor que cero y se multiplicaría por m , que también tiene un valor mayor que cero. Si se multiplican dos valores mayores que cero, el producto (en este caso m 0 ) tiene que ser mayor que cero.
Esto quiere decir que si un fotón se desplazara a una velocidad menor que la de la luz (por muy infinitesimalmente menor que sea), ya no tendría una masa en reposo igual a cero. Lo mismo ocurriría si se desplazara a una velocidad mayor que la de la luz, por muy infinitesimalmente que sobrepasara esta velocidad. (Como veremos enseguida, a la ecuación le ocurren cosas muy extrañas a velocidades mayores que la de la luz, pero, a pesar de todas las cosas raras, no hay ninguna duda que la masa en reposo no es igual a cero.)
Los físicos insisten en que la masa en reposo de un cuerpo determinado ha de ser constante, ya que todos los fenómenos observados por ellos sólo tienen sentido a condición que esto ocurra. Para que la masa en reposo de un fotón permanezca constante (es decir, para que sea siempre igual a cero), el fotón tiene que moverse siempre a la velocidad de la luz, ni un poquito más ni un poquito menos, siempre que se desplace en el vacío.
Cuando se forma un fotón, instantáneamente, sin que transcurra ningún intervalo de tiempo apreciable, empieza a alejarse del lugar de origen a 300.000 kilómetros por segundo. Puede que parezca paradójico, porque para ello es necesario que exista una aceleración infinita, y, por tanto, una fuerza infinita, pero...
La segunda ley de Newton, que relaciona la fuerza, la masa y la aceleración, sólo es válida para cuerpos con una masa en reposo mayor que cero. No es válida para cuerpos con una masa en reposo igual a cero.
Así, si se aplica energía a un cuerpo normal en condiciones normales, aumenta su velocidad; si se le quita energía, su velocidad disminuye. Si se aplica energía a un fotón, su frecuencia (y su masa) aumentan, pero su velocidad permanece invariable; si se le quita energía, su frecuencia (y su masa) disminuyen, pero su velocidad permanece invariable.
Pero si esto es así, no parece muy lógico hablar de «masa en reposo» al referirse a los fotones, pues ésta se refiere a la masa que tendría un fotón de estar en reposo, y un fotón nunca puede estar en reposo.
O. M. Bilaniuk y E. C. G. Sudarshan han propuesto un término alternativo: «masa correcta». La masa correcta de un objeto es un valor de masa constante inherente a ese cuerpo y que no depende de la velocidad. En el caso de los cuerpos corrientes, esta masa inherente es igual a la masa medida cuando el cuerpo está en reposo. En el caso de los fotones, puede ser calculada mediante deducciones y no mediante la medición directa.
El fotón no es el único cuerpo que puede y tiene que desplazarse a la velocidad de la luz. Cualquier cuerpo con una masa correcta igual a cero puede y debe hacer lo mismo. Además de los fotones, existen al menos cinco clases distintas de partículas con una supuesta masa correcta igual a cero.
Una de ellas es el hipotético gravitón, que es el vehículo de la fuerza de gravedad y que posiblemente haya sido por fin detectado en 1969.
Las otras cuatro son los diferentes neutrinos: 1) el neutrino, 2) el antineutrino, 3) el muón-neutrino y 4) el muón-antineutrino.
El gravitón y todos los neutrinos pueden y tienen que desplazarse a la velocidad de la luz. Bilaniuk y Sudarshan proponen que se reúnan todas estas partículas que se desplazan a la velocidad de la luz en el grupo de los «luxones» (de la palabra latina lux, luz).
Todas las partículas con una masa correcta mayor que cero, que por tanto no pueden alcanzar la velocidad de la luz y tienen que desplazarse por siempre jamás a velocidades menores, formarían el grupo de los « tardiones ». Además, proponen que se diga que los tardiones se desplazan siempre a velocidades «sublumínicas» («más lentas que la luz»).
Pero ¿y si pensáramos en lo impensable y consideramos que hay partículas que se desplazan a velocidades «superlumínicas» («más rápidas que la luz»)? Bilaniuk, Deshpande y Sudarshan fueron los primeros en hacerlo en 1962, ateniéndose estrictamente a los principios de la relatividad (en contraste con las simples especulaciones de la ficción científica). Su trabajo ocupó por fin los grandes titulares cuando Gerald Feinberg publicó un estudio similar en 1967. (Fue el trabajo de Feinberg el que provocó el articulo en Time.)
Supongamos que una partícula se desplaza a una velocidad de 2 c , es decir, el doble de la velocidad de la luz.
En ese caso, v/c sería 2 c/c . ó 2, y ( v/c ) 2 sería igual a 4.
Y
Como √ -1 se suele representar con la letra i , y como √ 3 es aproximadamente 1,73, podemos decir que para una partícula que se desplace al doble de la velocidad de la luz, la ecuación 3 queda:
1,73 mi = m 0 (Ecuación 5)
Cualquier expresión en la que aparezca i (es decir, √ -1) se dice que es imaginaria; un mal nombre pero imposible de erradicar.
Como podrán comprobar por si mismos si toman algunos ejemplos al azar, resulta que cualquier objeto que se desplace a velocidades superlumínicas tiene una masa correcta imaginaria.
Una masa imaginaria no tiene ningún significado físico en nuestro universo sublumínico, por lo que existe la costumbre, establecida desde antiguo, de descartar inmediatamente las velocidades superlumínicas y afirmar que es imposible que existan partículas que se desplacen a una velocidad mayor que la de la luz porque es imposible que exista una masa imaginaria. Yo mismo lo he dicho en mis tiempos.
¿Pero es cierto que una masa imaginaria no tiene ningún significado? ¿O es mi simplemente una manera de expresar matemáticamente un conjunto de reglas distintas de aquellas a las que estamos acostumbrados, pero que siguen obedeciendo los dictados de la teoría de la relatividad especial de Einstein?
Del mismo modo, en el caso de juegos como el béisbol, el fútbol americano, el baloncesto, el fútbol, el jockey, etcétera, etcétera, etcétera, el ganador es el participante que obtiene una puntuación más alta. ¿Pero se puede decir basándose en esto que es impensable que exista algún juego en que gane el que obtenga la menor puntuación? ¿Y el golf? Lo esencial de cualquier juego de habilidad es que el participante que realiza la tarea más difícil, gana; por lo general, la tarea más difícil consiste en conseguir la puntuación más alta, pero en el golf se trata de conseguir la más baja.
Del mismo modo, para obedecer la ley de la relatividad especial, un objeto con una masa en reposo imaginaria ha de seguir unas pautas de comportamiento que parecerán paradójicas a aquellos que están acostumbrados al comportamiento de los objetos con masas en reposo reales.
Por ejemplo, es posible demostrar que si un objeto con una masa en reposo imaginaria sufre un aumento de energía, su velocidad disminuye; si sufre una disminución de energía, su velocidad aumenta. Es decir, un objeto con una masa en reposo imaginaria sufrirá una desaceleración al aplicársele una fuerza y una aceleración cuando encuentre alguna resistencia.
Además, cuando estas partículas reciben energía y reducen su velocidad, no pueden reducirla hasta llegar a alcanzar la velocidad de la luz. A la velocidad de la luz su masa se hace infinita. Pero cuando su energía tiende a cero, su velocidad aumenta ilimitadamente. Un cuerpo con una masa en reposo imaginaria y con energía cero tiene una velocidad infinita. Estas partículas siempre se desplazan a mayor velocidad que la luz, y Feinberg ha propuesto que se las llame «taquiones», de la palabra griega «rápido».
Bien, por tanto el universo tardiónico es sublumínico y las velocidades posibles en él van de 0, cuando la energía es igual a cero, a c cuando la energía es igual a infinito. El universo taquiónico es superlumínico, y las velocidades posibles en él van de c , cuando la energía es infinita, a ¥ cuando la energía es cero. Entre estos dos universos está el universo luxónico, cuya velocidad posible es únicamente c , ni más ni menos en ningún caso y sea cual sea la energía.
Podemos imaginarnos que el Universo está dividido en dos compartimientos separados por un muro infranqueable. De un lado, está el universo tardiónico, del otro el universo taquiónico, y entre ellos, el muro de luxón, infinitamente delgado, pero infinitamente rígido.
En el universo tardiónico la mayoría de los objetos tienen poca energía cinética. Aquellos objetos que se desplazan a grandes velocidades (como una partícula de rayos cósmicos) tienen una masa muy pequeña. Aquellos objetos que tienen grandes masas (como una estrella) se desplazan a velocidades muy bajas.
Es muy probable que ocurra lo mismo en el universo taquiónico. Los objetos con unas velocidades relativamente bajas (sólo ligeramente mayores que la de la luz) y, por tanto, con gran cantidad de energía, tienen que tener una masa muy pequeña y no ser demasiado diferentes de nuestras partículas de rayos cósmicos. Los objetos de gran masa tendrán muy poca energía cinética y por tanto se desplazarán a velocidades vertiginosas. Por ejemplo, una estrella taquiónica puede moverse a una velocidad billones de veces mayor que la de la luz. Pero eso significaría que la masa de la estrella se distribuiría a lo largo de enormes distancias durante pequeños intervalos de tiempo, y, por tanto, sólo una pequeña cantidad de esta masa estaría presente en un lugar determinado y en un momento determinado, por decirlo así.
Los dos universos sólo pueden entrar en contacto y ser perceptibles el uno para el otro en un lugar; el muro de luxón en el que se encuentran. (Ambos tienen en común los fotones, neutrinos y gravitones.)
Si un taquión tiene la suficiente energía y por tanto se mueve con la suficiente lentitud, es posible que la energía sea la bastante como para que se quede por ahí durante el tiempo suficiente como para producir una emisión de fotones perceptible. Los científicos están a la espera de detectar alguna de estas emisiones, pero la probabilidad de tener un instrumento de detección exactamente en el lugar preciso en el que aparecerá una de estas emisiones (que probablemente sean muy poco frecuentes) durante una milmillonésima de segundo, o menos, no es muy grande.
Desde luego, cabe preguntarse si no existirá alguna posibilidad de romper el muro de luxón por algún medio menos directo que atravesarlo con la aceleración suficiente, lo cual es imposible (no hay más que hablar). ¿Es posible transformar de alguna manera los tardiones en taquiones (probablemente por medio de los fotones), de forma que nos podamos encontrar de repente transportados de un lado al otro del muro sin haberlo atravesado en ningún momento? (De la misma forma que es posible combinar tardiones para producir fotones, con lo que un objeto empieza a moverse repentinamente a la velocidad de la luz sin haber sufrido una aceleración.)
La conversión de tardiones en taquiones sería el equivalente de la entrada en el «hiperespacio», un concepto muy estimado por los autores de ciencia-ficción. Una vez en el universo taquiónico, una nave espacial que dispusiera de la energía necesaria para desplazarse a una velocidad mucho menor que la de la luz se desplazaría (con la misma energía) a una velocidad muchas veces mayor que la de la luz. Podría llegar a una galaxia lejana en tres segundos, por ejemplo, y luego volver a transformar automáticamente los taquiones en tardiones y volver a estar en nuestro propio universo. Este sería el equivalente del «salto» interestelar al que siempre me refiero en mis novelas.
Pero tengo una idea relacionada con esto que, que yo sepa, es completamente original. No está basada en ninguna consideración de las leyes físicas; es puramente intuitiva y está basada únicamente en mi convicción que la característica dominante en el Universo es la simetría, y que su principio dominante es la espantosa doctrina de « ¡No puedes ganar!»
Creo que cada uno de los universos se considera a si mismo el universo tardiónico y al otro el universo taquiónico, de manera que a un observador imparcial (encaramado sobre el muro de luxón, por decirlo así) le parecería que el muro de luxón marca la separación entre gemelos idénticos.
Si consiguiéramos transportar una nave espacial al universo taquiónico, nos encontraríamos (según mi intuición) viajando todavía a velocidades sublumínicas según nuestros nuevos patrones, y considerando que el universo que acabamos de abandonar es el superlumínico.
Y si es así, entonces, hagamos lo que hagamos, hagamos lo que hagamos, con taquiones o sin ellos, alcanzar o sobrepasar la velocidad de la luz seguirá siendo imposible; no hay más que hablar.
Aclaro que ¥ = infinito, perdón si lleve a errores de interpretación.
Espero que se haga valer el lema de "inteligencia colectiva" de ésta página. La fuente es el libro "El secreto del Universo y otros ensayos científicos".