Los conflictos con naciones vecinas y con potencias económicas enturbian la posición internacional del país
Estados Unidos y China, dos de las mayores economías, reclaman al Gobierno reglas de juego claras y estables.
Desaires y cuestionamientos a presidentes, presiones y críticas a empresarios extranjeros, negocios sólo con amigos, cambios bruscos en las reglas jurídicas y económicas del país. Todo esto alejó a la Argentina de la escena mundial, detuvo la llegada de inversiones extranjeras en los último años y plantea un mapa donde el país aparece cada vez más aislado.
Es casi una obviedad. En el mundo los malos modales se pagan caro. Y al gobierno de Cristina de Kirchner le sobran ejemplos que abren una crítica brecha económica en un planeta donde la mariposa que vuela en Japón desata un huracán en La Pampa. La política internacional argentina adolece de estar demasiado sujeta a los problemas domésticos.
El caso emblemático es Uruguay, por la instalación de la pastera Botnia a la vera del río Uruguay. El corte del puente internacional que desde 2006 mantienen los asambleístas de Gualeguaychú tensó la relación bilateral. El caso será dirimido por el Tribunal de La Haya, cuyo fallo se espera para el próximo 20 de abril.
Esto derivó en dificultades para el comercio y el tránsito bilateral, y en reiterados encontronazos de los gobiernos. El punto álgido fue el veto de Montevideo a la postulación de Néstor Kirchner como secretario general de la Unión de Naciones Sudamericanas (Unasur).
Hace una semana, sin ningún preludio oficial, el presidente José Mujica cruzó “el charco” y se reunió con Cristina de Kirchner. Acordaron que acatarán el fallo de La Haya, es decir se abriría el puente, y a cambio Uruguay le dará el sí a las aspiraciones de Néstor en la Unasur.
Brasil es otro ejemplo. Aunque la Presidenta y su par carioca Lula Da Silva se saludan cariñosamente cada vez que se reúnen, los chispazos son constantes y siempre por lo mismo: las medidas proteccionistas de cada uno para que el otro no le destruya algún sector de su economía.
Hace nueve meses los brasileños llevan la delantera en el comercio. El rojo argentino de la balanza trepó en marzo a US$ 232 millones. Según la consultora Abeceb, esta tendencia se extenderá a lo largo de 2010.
Las relaciones con Italia y España también están complicadas. Con Roma el problema son los bonistas que reclaman la deuda desde 2005. Y Madrid varias veces le recriminó a la Casa Rosada su trato con las inversiones ibéricas. El caso del grupo Marsans, que perdió Aerolíneas Argentinas cuando fue estatizada, es uno de los más recientes.
Con los más grandes
Estados Unidos y China, la primera y tercera economía mundial, integran también el grupo de países con los que Argentina tiene roces.
La Casa Blanca objeta la inclinación argentina a los negocios con capitales ingleses y amigos -por ejemplo, en hidrocarburos-, y tener conflictos con empresas de EEUU, como sucedió con Kraft (ex Terrabusi).
Además, mira con recelo la relación de los Kirchner con el venezolano Hugo Chávez, y defiende a sus bonistas (holdouts), igual que Italia. El canje distendería la situación.
China es el último y más fuerte conflicto. Tras las restricciones por dumping a medio centenar de productos chinos, Pekín retrucó cerrando su mercado al aceite de soja argentino. El negocio en juego es de casi 1.600 millones de dólares.
Hay otros ejemplos de las difíciles relaciones internacionales de la Argentina de los Kirchner. Sin embargo, algún cambio es esperable, por convicción o por necesidad.
Por la caída de los superávits fiscal y comercial (24% el primero y 52,7% el segundo, ambos en febrero) es probable que el Gobierno salga al mundo a buscar negocios, algo que requiere de un reposicionamiento político más amigable.