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La leyenda de los 47 Ronin

Info•5/25/2010
La palabra samurái (侍 samurai?) generalmente es utilizada para designar una gran variedad de guerreros del antiguo Japón, si bien su verdadero significado es el de una élite militar que gobernó el país durante cientos de años.1 El origen del samurái se data en el siglo X y se fortaleció al concluir las Guerras Genpei a finales del siglo XII, cuando fue instituido un gobierno militar bajo la figura del shōgun, por el cual el Emperador de Japón quedó a su sombra como un mero espectador de la situación política del país. Su momento cumbre tuvo lugar durante el período Sengoku, una época de gran inestabilidad y continuas luchas de poder entre los distintos clanes existentes, por lo que esta etapa de la historia de Japón es referida como «período de los estados en guerra». El liderazgo militar del país continuaría a manos de esta élite hasta la institución del shogunato Tokugawa en el siglo XVII por parte de un poderoso terrateniente samurái (conocidos como daimyō) llamado Tokugawa Ieyasu, quien paradójicamente, al convertirse en la máxima autoridad al ser nombrado como shōgun, luchó por reducir los privilegios y estatus social de la clase guerrera, proceso que finalmente culminó con su desaparición cuando el emperador retomó su papel de gobernante durante la Restauración Meiji en el siglo XIX. Un rōnin (浪人?) (literalmente "hombre ola" – un hombre errante como una ola en el mar) era un samurái sin amo durante el período feudal de Japón, entre 1185 y 1868. Un samurái podía no tener amo debido a la ruina o la caída de éste, o porque perdía el favor de éste. La manera más sencilla que había para que un samurái acabara siendo ronin era a través del nacimiento. El hijo o hija de un rōnin también era rōnin, siempre que no renunciara a su estatus. A menudo el rōnin por nacimiento soñaba con demostrar su valía para poder jurar lealtad con un clan, convirtiéndose así en un verdadero y auténtico samurái. Aunque esto ocurriera de vez en cuando, era algo infrecuente, reservado a los más talentosos, pues pocos daimyō estaban dispuestos a sentar un precedente permitiendo que un rōnin entrara en su clan. Más a menudo los rōnin eran enviados en ciertas misiones con la promesa de la admisión, para luego negársela basándose en algún tecnicismo. Uno de los más famosos rōnin fue Miyamoto Musashi, el afamado espadachín. Esta narración es muy conocida en Japón, hasta el punto de ser considerada casi una leyenda, y quizá sea la que mejor refleja el espíritu de los samurais, su dedicación, sacrificio y entrega por unos ideales. La historia comienza cuando el shogun Tokugawa solicita a Asano Takumi, líder de la familia Asano, que se encargue de entretener a los mensajeros imperiales que llegaban a palacio. Inexperto en el arte del protocolo, Asano debía ser instruido por Kira Kozukenosuke, que asumió su labor con desagrado. Kira esperaba que Asano le hiciese algún obsequio por las molestias de tener que enseñarle, pero el lider del clan consideró que no era necesario ya que el maestro simplemente cumplía su obligación. Esto desagradó tremendamente a Kira, que desde entonces aprovechó cualquier oportunidad para poner en evidencia y ridiculizar a su discípulo. Los roces entre ambos aumentaron y la situación empeoró hasta que finalmente Asano no pudo soportar más los insultos y desenvainó su espada (lo cual ya era un grave delito en el palacio del shogun) para atacar a Kira, hiriéndole en el rostro. Asano fue encarcelado y no trató de defenderse de las acusaciones de agresión, diciendo simplemente que lamentaba haber fallado el golpe y no haber matado a su adversario. La sentencia fue definitiva: el líder de la familia Asano debía realizar el suicidio ritual, sus bienes serían confiscados, su familia expulsada y todos sus hombres se convertirían por tanto en ronin. Mientras tanto a Kira se le liberó de toda responsabilidad en los hechos. Al conocer la muerte de su señor, los samurais del castillo Asano debatieron cuál sería el mejor plan a seguir. El código de honor les obligaba a no dejar que aquello quedase impune. Algunos preferían atrincherarse y enfrentarse al ejército antes que marcharse sin oponer resistencia, pero el líder de todos ellos, Oishi Kuranosuke, les convenció de que la mejor forma de lograr su venganza era dejar pasar el tiempo para que Kira se confiase. De esta forma escondieron armas y armaduras para un futuro y después se dispersaron. Sabiendo que serían vigilados, cada uno tomó una profesión diferente, alejada de sus anteriores labores como samurais. Unos se convirtieron en mercaderes, otros en artesanos y Oishi mismo empezó a actuar como si hubiese perdido todo espíritu guerrero y su vida no tuviese sentido. Vagaba por la ciudad borracho y de prostíbulo en prostíbulo, abandonó a su mujer, renegó de su familia y a menudo se le encontraba tirado por las calles, donde era objeto de la burla de todos. Pasado un año y convencido de que ya no quedaba nadie de la familia Asano con ánimo de revancha, Kira relajó las medidas de seguridad de su mansión. Fue en ese mismo mes de Diciembre de 1702, en una noche de frío y nieve, cuando viendo que la oportunidad había llegado, los 47 ronin se reunieron para atacar. Oishi dividió a sus fuerzas en dos grupos y mientras unos asaltaban la puerta principal, otros hacían lo mismo por la trasera. Colocaron arqueros en el tejado y sincronizaron el ataque con un toque de tambor. Los defensores fueron tomados totalmente por sorpresa pero aun así opusieron una fiera resistencia. Los ronin no tardaron en doblegarlos y encontrar a Kira, escondido en sus dependencias personales. Fue llevado ante Oishi, que le mostró la daga con la que Asano se había suicidado y le ofrecio morir de la misma forma, realizando el seppuku. El hombre permaneció en silencio y Oishi le decapitó. La cabeza fue llevada a la tumba de Asano como sangrienta ofrenda. A partir de ese momento los 47 ronin poco podían hacer excepto esperar la decisión del gobierno. Aunque impresionado por la determinación de estos hombres y por su fidelidad al código del bushido, que les ordenada vengar la muerte de su señor, el shogun no podía dejarles en libertad. La sentencia fue que todos deberían realizar el seppuku, el suicidio ritual, en vez de ser ejecutados como criminales. Así lo hicieron y fueron enterrados en el mismo templo que su señor, pasando su nombre a formar parte de las leyendas. teatro kabuki link: http://www.youtube.com/watch?v=IQQ17GVfjp4&feature=related link: http://www.youtube.com/watch?v=M8Rv4bWpfzI&feature=related comenten
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