El mago más pequeño del mundo
Se llama James David Giraldo Bermúdez y es nativo de Medellín, donde desde hace cuatro años se desempeña como ilusionista.
Los trucos de James
En este caso, el público son los periodistas, sus padres, su abuelo y su instructor, pero todos aplauden y ríen para hacerle eco a la sonrisa del niño.
Tiene sólo cuatro años y acaba de hacer no una gracia de esas que se inventan los niños para enamorar a los papás sino todo un acto de magia, de los que hacen Lorgia, Fernandini o el mismo Chalo's, su maestro.
Mide apenas 85 centímetros, de pelito parado con gomina y que no calza más de 22, pero metido en un trajecito de mago se siente como todo un hombre.
De repente, hace aparecer canarios. Toma un recipiente metálico en forma de copa. Lo mira fijamente y muestra el fondo para que todos vean que no hay nada adentro. Luego coge la tapa. También muestra que no tiene nada adentro, y tapa la copa.
Otra vez, frunce el ceño, pone mirada de mago, como le dice el papá, Luis Fernando, y vuelve a hacer dibujos en el aire con sus manos, las agita, las entrecruza y ¡zas!, las lanza otra vez con fuerza y procede a destapar la copa.
Hay risas, mientras el pequeño ve salir dos canarios, uno blanco y el otro de color amarillo. Su acto le ha salido perfecto y entonces hace el ademán del que pide que lo aplaudan.
Aún no pronuncia una frase completa y cuando se le pregunta por la edad, en vez de responder "cuato", levanta cuatro dedos de su mano. En contraste, es capaz de hacer aparecer aves de la nada.
Pero vivito, como todos los niños, sabe que está en un escenario improvisado y por eso interrumpe su show para gritar que tiene sed.
¡Claro!, es un ensayo y está muy consciente de que la cosa es mitad seria y mitad relajadita. Y entonces se da licencia para mimarse como un niño. Al fin y al cabo tiene ahí a sus padres para que le den gusto. Natalia, su mamá, le da agua, le chanta un beso y le dice que siga con su show.
James David Giraldo Bermúdez nació para ser mago. Hace sólo unas pocas semanas cumplió cuatro años, pero ya lleva dos en el oficio, una afición que en parte le llegó de su padre, el mago Fernando, pero que se ve que traía en la sangre, pues sin saber cómo ni por qué, resultó con la obsesión de volverse ilusionista.
El mago Chalo's, muy conocido en Medellín, le vio las potencialidades. Desde que el pequeño James tenía dos años se dedicó a entrenarlo, a pulirlo y a hacer que no sólo sea el niño inquieto de la guardería sino todo un señor, el Mago James, con carta de "ciudadanía" para hacer actos de ilusionismo en grandes escenarios, "por eso ya ha estado en espectáculos de magia tanto del Círculo Mágico de Antioquia como del Club de Ilusionismo", apunta Chalo's, que aunque ya les ha enseñado su arte a muchos jóvenes, nunca había visto a uno tan chiquitico haciendo magia.
Como todo un maestro del set, el pequeño James, vestido de frac, mira la copa de cristal sobre la mesa. La observa fijamente, con el ceño fruncido, como si la cosa fuera muy trascendental, y con sus manos dibuja figuras en el aire, las sube, las baja y nunca aparta la mirada de la copa, cuando ¡zas!, empuja hacia adelante las dos manos y el cristal se rompe, se hace añicos y el pequeño James ríe y observa con orgullo al público.
un videito..!!
http://noticias.latam.msn.com/ar/fotogaleria.aspx?cp-documentid=25645526&page=12
Se llama James David Giraldo Bermúdez y es nativo de Medellín, donde desde hace cuatro años se desempeña como ilusionista.
Los trucos de James
En este caso, el público son los periodistas, sus padres, su abuelo y su instructor, pero todos aplauden y ríen para hacerle eco a la sonrisa del niño.
Tiene sólo cuatro años y acaba de hacer no una gracia de esas que se inventan los niños para enamorar a los papás sino todo un acto de magia, de los que hacen Lorgia, Fernandini o el mismo Chalo's, su maestro.
Mide apenas 85 centímetros, de pelito parado con gomina y que no calza más de 22, pero metido en un trajecito de mago se siente como todo un hombre.
De repente, hace aparecer canarios. Toma un recipiente metálico en forma de copa. Lo mira fijamente y muestra el fondo para que todos vean que no hay nada adentro. Luego coge la tapa. También muestra que no tiene nada adentro, y tapa la copa.
Otra vez, frunce el ceño, pone mirada de mago, como le dice el papá, Luis Fernando, y vuelve a hacer dibujos en el aire con sus manos, las agita, las entrecruza y ¡zas!, las lanza otra vez con fuerza y procede a destapar la copa.
Hay risas, mientras el pequeño ve salir dos canarios, uno blanco y el otro de color amarillo. Su acto le ha salido perfecto y entonces hace el ademán del que pide que lo aplaudan.
Aún no pronuncia una frase completa y cuando se le pregunta por la edad, en vez de responder "cuato", levanta cuatro dedos de su mano. En contraste, es capaz de hacer aparecer aves de la nada.
Pero vivito, como todos los niños, sabe que está en un escenario improvisado y por eso interrumpe su show para gritar que tiene sed.
¡Claro!, es un ensayo y está muy consciente de que la cosa es mitad seria y mitad relajadita. Y entonces se da licencia para mimarse como un niño. Al fin y al cabo tiene ahí a sus padres para que le den gusto. Natalia, su mamá, le da agua, le chanta un beso y le dice que siga con su show.
James David Giraldo Bermúdez nació para ser mago. Hace sólo unas pocas semanas cumplió cuatro años, pero ya lleva dos en el oficio, una afición que en parte le llegó de su padre, el mago Fernando, pero que se ve que traía en la sangre, pues sin saber cómo ni por qué, resultó con la obsesión de volverse ilusionista.
El mago Chalo's, muy conocido en Medellín, le vio las potencialidades. Desde que el pequeño James tenía dos años se dedicó a entrenarlo, a pulirlo y a hacer que no sólo sea el niño inquieto de la guardería sino todo un señor, el Mago James, con carta de "ciudadanía" para hacer actos de ilusionismo en grandes escenarios, "por eso ya ha estado en espectáculos de magia tanto del Círculo Mágico de Antioquia como del Club de Ilusionismo", apunta Chalo's, que aunque ya les ha enseñado su arte a muchos jóvenes, nunca había visto a uno tan chiquitico haciendo magia.
Como todo un maestro del set, el pequeño James, vestido de frac, mira la copa de cristal sobre la mesa. La observa fijamente, con el ceño fruncido, como si la cosa fuera muy trascendental, y con sus manos dibuja figuras en el aire, las sube, las baja y nunca aparta la mirada de la copa, cuando ¡zas!, empuja hacia adelante las dos manos y el cristal se rompe, se hace añicos y el pequeño James ríe y observa con orgullo al público.
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http://noticias.latam.msn.com/ar/fotogaleria.aspx?cp-documentid=25645526&page=12