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Matrimonio sigue habiendo uno solo; mamarrachos, unos cuanto

Info7/16/2010
ES BASTANTE LARGO ME INTERESABA EL TEMA Y ESCRIBE UNAS HOJITAS, ESPERO QUE LO LEAN.


Matrimonio sigue habiendo uno solo; mamarrachos, unos cuantos...

Esta madrugada, en un día nefasto para el país, el Senado –envuelto en el chantaje, las extorsiones, las amenazas y hasta las compras de senadores, supuestamente en contra; que fueron llevados a pasear por la presidenta, a la China- sancionó la “ley” del mal llamado, inexistente y antinatural “matrimonio” entre homosexuales; con la posibilidad de la adopción de niños. Con argumentos de “igualdad para el amor”, del “fin de la discriminación”, de “derechos para todos”, y hasta de un acaramelado “ternurismo”, con ribetes apóstatas, una circunstancial ultraminoría (votaron a favor 33 legisladores; paradójicamente, el mismo número de años de Jesucristo en la Tierra) acaba de asestar un golpe letal a la sociedad argentina...
Digan lo que digan estos trasnochados –nunca mejor este término; pues, como ocurre siempre en estos casos, las cosas más corruptas y perversas se votan entre sórdidas tinieblas nocturnas-; diga lo que diga un papel impreso, teñido de positivismo, liberalismo y materialismo; diga lo que diga una presunta ley, a todas luces inicua; diga lo que diga el coro de “legisladores”, y “formadores de opinión”; funcionales al imperialismo demográfico, que no busca eliminar la pobreza sino a los pobres, matrimonio seguirá habiendo uno sólo: entre un varón y una mujer, para su mutua y plena realización; para siempre, y abierto a la vida... Mamarrachos, como queda visto, seguirán habiendo unos cuantos...
Un país quebrado, con más de la tercera parte de su población en la pobreza y la exclusión; en el que un millón de jóvenes, entre 13 y 19 años, no estudia ni trabaja; en el que millones de niños y jóvenes son destruidos con el aborto, la promiscuidad, la marginación social, el “paco” y las demás drogas, y todas las formas de violencia; en el que los ancianos son arrojados a morirse de frío en sus calles o en sombríos abandonos, hechos de soledad y desamparo; y en el que miles de familias son destruidas, intencionalmente, por el hedonismo, la miseria, y el consumismo, exige leyes serias, al servicio de la vida, la familia y la justicia social. Y no engendros leguleyos, impuestos por el Nuevo Orden Mundial; para saquear nuestras riquezas, destruir nuestros vínculos y sumergirnos en el más crudo e inhumano individualismo.
Un país despoblado y mal poblado como el nuestro, no sólo debe evitar el antinatalismo, sino promover decididamente las familias numerosas, con ayuda y sostenimiento, de ser necesario, de parte del Estado. Un país donde miles de niños buscan ser adoptados necesitan de la mamá y el papá que la vida o las circunstancias les negaron. Un país con grandeza, que no se reduzca a discursitos sensibleros sobre “mayorías” y “minorías”, no sometería a sus homosexuales a injustas discriminaciones, pero tampoco les concedería supuestos “derechos” a los que ellos, por elegir libremente la infecundidad, renuncian. Un país que, en verdad, quisiese ser políticamente libre, socialmente justo y económicamente soberano, no vendería sus convicciones de toda la vida, por unos billetes, al poder económico mundial; que, a cambio de “créditos” y apoyos internacionales exige toda una agenda antivida y antivalores... Es sólo el principio. La batalla continúa: se vienen el aborto libre y gratuito; la eugenesia y la eutanasia; y la eliminación deliberada de argentinos, con el “derecho a matar”, disfrazado de “libre elección”, “madurez” y “amor responsable”.
Hace unos días, una ucraniana, sobreviviente de la tiranía rusa, de setenta años, que diezmó su tierra, me dijo, con apesadumbrado acento eslavo: “Democracia es peor que comunismo. Hoy gobiernos y parlamentos (sería mejor llamarlos “parloteros”) hacen a la luz del día, y con el aplauso de ‘mayorías’ manipuladas, lo que los nazis y los stalinistas, hacían en las sombras; en los campos de concentración...”.
El mundo conoció, en el siglo XX, genocidios espantosos; cuyas imágenes patéticas conmueven todos los espíritus. Museos de holocaustos, galerías de la memoria, y espacios para el recuerdo, mantienen vivas, para las multitudes, las imágenes de un horror que no debiera repetirse.
Al comenzar el siglo XXI y el Tercer Milenio, sin embargo, la anticultura de la muerte ha instalado un verdadero humanicidio. Que asesina entre 60 y 70 millones de niños por nacer, por año, en el vientre materno; que condena al hambre, la desnutrición y la muerte a millones de niños pobres; que ve a la vida y a la fecundidad como el enemigo a combatir, y no como la realización de una auténtica justicia social; que extermina a millones de adolescentes y jóvenes con enfermedades venéreas, drogas y violencia; que aniquila adultos y ancianos con existencias paupérrimas, llamadas más pronto que tarde a sórdidas agonías...
Mientras el humanicidio recorre todo el orbe; pero, particularmente, el Occidente paganizado, los dueños del mundo siguen alentando el funesto carnaval del descontrol; que termina, en primer lugar, con los que se creen “libres” al elegirlo...


Sólo nos queda el futuro. Y, como decían nuestras abuelas, “a Dios rogando, y con el mazo dando...”. La única batalla que se pierde, es la que no se lucha...

Guido Solanas (yo)



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