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TECNOLOGÍAS ALTERNATIVAS PARA EL
AHORRO DE ENERGÍA.


TECNOLOGÍAS ALTERNATIVAS PARA EL
AHORRO DE ENERGÍA.
A veces me pregunto si hablar de ahorro de energía es correcto, más
aún cuando el ahorro se entiende como una acumulación y ahorrar
energía, en un sentido individual, es no consumirla, que es distinto a
acumularla. Sólo en un sentido colectivo, cuando pensamos en algo
que se nos puede acabar, que es que se entiende mejor el término
ahorro. Bajo esta perspectiva, cuando a nivel individual evitamos
consumir energía, a nivel colectivo estamos guardando, precisamente,
recursos no renovables, como lo es el petróleo y otros de los llamados
combustibles fósiles como el gas natural y el carbón. Es así que, como
sociedad, ahorramos algo para usarlo en otro momento (para futuras
generaciones) y para un mejor uso (con un mayor valor agregado).
Ahora bien, no quemar combustibles fósiles tiene otras ventajas
además de las de guardar algo para el futuro. Creo que, para
cualquiera con un poco de conciencia ambiental, las ventajas son claras
ya que sabemos que para aprovechar los combustibles fósiles hay que
quemarlos y esto contamina el aire. Pero ese no es el único impacto.
Para generar electricidad (y en nuestro país tres cuartas partes de la
electricidad se genera a partir de quemar combustibles fósiles) en
plantas que convierten la energía contenida en los combustibles en
calor es necesario, por el mismo proceso de la generación, que
tengamos sistemas de enfriamiento, lo cual se hace mayoritariamente
con agua, ya sea de pozos, ríos, lagos o de los océanos. Esto significa
que tengamos que consumirla o que, cuando menos (en los océanos y
los grandes lagos) que le cambiemos la temperatura a lo que vive en
esa agua.
Pero, bueno, ya sabemos que utilizar energía, en las formas en las que
hoy día se nos ofrece, ya sea como electricidad o como combustible
para la cocina o el coche, significa tener cada vez menos para el futuro
y contaminar más en el presente. La pregunta ahora sería ¿Y yo, qué
puedo hacer?.
Pues uno puede hacer muchas cosas. Uno puede ser cuidadoso de no
dejar equipos encendidos innecesariamente o saber operarlos mejor
para que, dándonos un mismo nivel de servicio (iluminación,
refrigeración, entretenimiento) usemos menos energía. Yo creo que
aquí hay muchas acciones de sentido común que, con un poco de
atención y preocupación, uno puede hacer. Sin embargo, lo que aquí
quiero referir tiene más que ver con la tecnología que nos permite
tener más servicio con menos consumo de energía, con los equipos que
están transformando los patrones de consumo energético en el mundo
y en nuestro país.
Empezaría con la iluminación, que en las casas representa una tercera
parte del consumo de electricidad. Aquí hay algo que alguna vez oí que
dice: “un foco incandescente es un calentador eléctrico que tiene como
subproducto la luz”. ¿Porqué? Pues porque los llamados focos
(lámparas incandescentes) son tecnología que tiene más de 100 años y
se basan en resistencias eléctricas que se calientan y como resultado
producen y emiten luz. Hoy día, sin embargo, hay lámparas por las que
se pueden cambiar (hasta traen una rosca de conexión igual a la de los
focos), que consumen una cuarta parte de que un foco y duran hasta
diez veces más. Estas lámparas, llamadas compactas fluorescentes,
funcionan a partir de un flujo eléctrico a través de un gas que tiene
menor resistencia al flujo eléctrico y que, por lo tanto, convierte más
de la electricidad en luz que en calor. Estas lámparas cuestan hasta
veinte veces lo que un foco. Lo interesante, sin embargo, es que, si
repartimos el costo de la lámpara entre todos los kilowatts-hora (kWh)1
que ahorramos, nos cuestan más baratos estos kWh que los que
pagamos a las empresas eléctricas con todo y el fuerte subsidio que se
tiene en las tarifas eléctricas.
Otro uso importante de la energía es la refrigeración, que consume, en
un solo aparato, lo que consumen 30 focos de 100 Watts prendidos 1
hora diaria por cada día del año y que equivale a otra tercera parte de
lo que consume una casa promedio en electricidad. Y ¿qué hacer con
los “refris”?. Pues aquí han sucedido cosas interesantes porque en
México, como en los países más desarrollados, se ha obligado a que los
refrigeradores nuevos tengan mayor eficiencia energética, es decir,
usen menos energía para un mayor servicio. ¿Y cómo ahorran? Pues
mejorando el aislamiento de sus paredes para que no se les meta el
calor a su alrededor (¡y luego lo tenga que sacar usando energía!).
Otra medida es el uso de motores más eficientes y con evaporadores y
condensadores (que son las partes que toman calor de adentro y lo
sueltan afuera de los refris) que tienen mejores diseños y más
materiales que facilitan los intercambios de frío y calor. Igualmente, y
para cuidar la capa de ozono, los refrigeradores ya no usan gases que,
si se sueltan a la atmósfera, suben a destruir esa capa. De esta
manera, los refrigeradores nuevos en México consumen, cuando menos
y para tamaños equivalentes de estos equipos, 40% menos energía
1 Un kilowatt-hora equivale a la energía consumida por un foco de 100 Watts en diez
horas.
que los que se estaban vendiendo nuevos hace seis años. Esta
eficiencia energética, cabe decirlo, seguirá aumentando
significativamente.
Otro uso importante de la energía en el hogar es el que corresponde a
calentar el agua para los baños (y la cocina y la lavadora de ropa). En
México, la mayoría de los hogares utiliza calentadores a partir de gas
(principalmente licuado de petróleo o LP) los cuales calientan el agua
con el calor que emite la flama de la combustión del gas y con el gas
caliente (producto de la combustión) que fluye por dentro del
calentador antes de salir a la atmósfera. Para estos equipos también se
ha hecho obligatorio una mayor eficiencia energética, aunque no con
las mejoras tan radicales en eficiencia como en los refrigeradores. Esta
mayor eficiencia se ha dado mejorando el quemador (para que se
queme mejor el gas) y aislando, para los equipos que no son “de paso”,
el tanque de almacenamiento (y así reducir las pérdidas de calor al
exterior).
Aquí, sin embargo, hay una alternativa tecnológica que funciona sin
combustibles fósiles: el calentador solar plano. Este dispositivo, que
lleva más de 50 años de fabricarse en nuestro país, funciona, de
manera muy simplificada, recibiendo energía solar en una lámina
plana, de color negro, que tiene un conjunto de tubos que, “abrazados”
por una parte de la lámina, la recorren a lo largo para transferir el calor
recibido en la lámina al agua que circula en los tubos. Estos equipos
llevan integrados un tanque de almacenamiento del agua caliente y
están contenidos en una caja aislada térmicamente y con vidrio en la
parte expuesta al sol. Para una familia de cuatro miembros, se requiere
de dos metros cuadrados de área de colección. El costo de un equipo
de este tamaño, para una familia de ese tamaño, a precios actuales de
los equipos y de los combustibles que no se consumen, se recupera en
menos de cinco años. Los equipos, cabe señalarlo, duran más de
quince años.
Indudablemente, uno de los mayores usos de energía, particularmente
en el contexto urbano, es el que hacemos para transportarnos. Aquí lo
mejor para ahorrar energía es utilizar el transportarse en transporte
público (si es que no se puede caminar, lo cual es recomendable para
la salud). Ahora bien, si no hay de otra más que usar el auto individual
(hay muchas razones para hacerlo) lo ideal es usar uno de alto
rendimiento (más kilómetros por litro), lo cual generalmente coincide
con autos de pocos cilindros (cuatro).
Aquí vale la pena mencionar que hay una callada revolución tecnológica
en el transporte y esta tiene que ver con los llamados vehículos
híbridos, los cuales son una transición entre los actuales (que operan
con motores de combustión interna conectados a la tracción de los
vehículos) y los del futuro (que operarán con motores eléctricos
conectados a la tracción). Los vehículos híbridos son, entonces,
máquinas que tienen un motor de combustión interna que sirven para
generar la electricidad que va al motor eléctrico que va a la tracción (y
a un conjunto de baterías). El detalle más importante de estos
vehículos, que los hacen consumir mucho menos energía para las
mismas distancias que los convencionales, es que, al tener motor
eléctrico, estos vehículos, al frenar, generan electricidad (que se
almacena en las baterías) en lugar de nada más convertirlo en calor,
como en los actuales. Estos “autos híbridos” ya están en el mercado y
tienen un costo de compra del doble que uno convencional, pero en
combustible (y estamos hablando de un equipo que operamos por más
de diez años) cuestan la mitad.
La tecnología, pues, sigue evolucionando y mejorando y, por supuesto,
permitiéndonos más servicios con menor consumo de energía. Lo
importante para nosotros, como individuos, es saber que existe, cómo
funciona y que beneficios nos trae. Igualmente importante, y esto en
una perspectiva cercana a nuestros bolsillos, es que la tecnología que
nos permite ahorrar energía es un poco más cara, en costo de
adquisición, que la convencional. Sin embargo, es en los costos que
evitamos al operarla que recuperamos la inversión, muchas veces de
manera muy rápida. En pocas palabras, cuando compre algo que usa
energía no solo vea la etiqueta de compra sino que piense usted en lo
que va a usted a pagar semanal o mensualmente por varios años.
Haga, pues, las cuentas.
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