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es un fragmento de una monografía que hice para la catedra de Sociología, lo comparto con ustedes.. saludos

La inseguridad y los medios de comunicación


Hoy en día en la Argentina se viven momentos sumamente difíciles, en los cuales la inseguridad violenta resulta ser una de las peores patologías que el ciudadano argentino está obligado a soportar. La inseguridad es un fenómeno que, de un tiempo a esta parte, se ha ido acrecentando de manera tal que afecta a todos los estratos sociales sin hacer distinciones de ningún tipo.
Por el otro extremo encontramos a los medios de comunicación, encargados de difundir la realidad que el país atraviesa, dotados de un poder que les permite entrar en cualquier hogar y llegar a todos los ciudadanos. En reiteradas ocasiones nos encontramos con que la realidad que los medios difunden no es la misma que la que nosotros percibimos en las calles.
Lo cierto es que, en Argentina, el índice de delincuencia es inferior al de otros países latinoamericanos como Brasil, Colombia, Paraguay y Venezuela. Sin embargo, la preocupación de los argentinos por la inseguridad figura entre las más elevadas del mundo . Y no sólo hay una clara distinción entre realidad y percepción. Argentina también está profundamente dividida en cuanto a cómo hacer frente a la creciente criminalidad. Mientras que la derecha reclama mano dura, la izquierda pide más acciones contra los problemas sociales que originan la delincuencia. Ante esto es necesario preguntarse:

¿La sensación generalizada de miedo que nos reproducen los medios de comunicación, está basada en la realidad o se genera sólo por la imagen que los mismos nos ofrecen sobre el tema?

La inseguridad

Las causas de la inseguridad en la Argentina
El fenómeno de la inseguridad crece cada día a pasos agigantados. Para buscar las causas que generaron la situación actual es necesario echar una mirada al pasado. Tanto la crisis de 2001, como la ineptitud de las medidas sociales tomadas por los gobiernos y la corrupción de los sistemas judicial, policial y penitenciario, han logrado efectos puramente negativos en la sociedad, entre los que podemos nombrar, pobreza, anomia, exclusión social, deserción escolar, desocupación, desestructuración de la familia, entre otras. La suma de estos factores aleja a las personas de clases sociales bajas de ciertas instituciones fundamentales para la adquisición de valores y formación personal, como lo son la escuela y la familia.
La pobreza es, quizá, la causa madre generadora de la inseguridad en la Argentina. El aumento del costo de vida y la dificultad para conseguir trabajos dignos, provocan la imposibilidad de acceder a los recursos básicos para el desarrollo físico y psíquico de los individuos. La marginación y exclusión social que viven los sectores sociales más carenciados, hace que busquen una forma de sobrevivencia alternativa, esto es, en la gran mayoría de los casos, el delito.
El problema educativo adquirió gran notoriedad en la última década. Se cree que la deserción escolar ha aumentado un 130% entre el 2000 y el 2008, y según un censo realizado por el Instituto Nacional de Calidad y Evaluación (INCE), el total de analfabetismo en el país, es del 2,6% y de 1,6% en el Gran Buenos Aires -el mayor cordón urbano del país-. Otras cifras establecen que hay más de 1.000.000 de habitantes mayores de 18 años sin título secundario y de ese millón de habitantes, 800.000 son desocupados. Ante esto se percibe que al no tener una formación educativa básica, se torna imposible ingresar al mercado laboral, y de esta manera, mejorar su condición de vida.
La inseguridad, además de los factores anteriormente nombrados, es producto de la corrupción, las malas decisiones políticas, y la ineptitud por parte de las instituciones encargadas de ejercer el control social. Sobre esta cuestión, encontramos dos aspectos salientes, el primero es la saturación de los establecimientos penitenciarios, que hace que la resocialización del reo se vuelva una utopía, produciéndose un efecto totalmente contrario al buscado –son más los casos de aquellas personas que al ingresar a la cárcel se vuelcan al delito, que los que logran su readaptación-; y la crisis del aparato policial, encargado de mantener el orden público y la seguridad de los ciudadanos, que desde hace un largo tiempo, se enfrenta con gravísimos problemas internos. El Dr. Eugenio Raúl Zaffaroni hace una reflexión sobre la crisis de la fuerza policiaca, a la cual adhiero: «En 25 años no hemos tenido una reforma en la política policial, seguimos con medidas de hace 50 años. El policía debe ser un especialista, si la salud no se la damos a «cualquiera”, pasa lo mismo con la vida o con nuestra libertad, no se la tenemos que dar a “cualquiera” ».

Dos miradas diferentes a un mismo problema
Este país, parecería ser un lugar donde se vive en una permanente contraposición de discursos. Son reiterados los debates entre aquellos que intentan buscarle una solución al problema de la inseguridad. Así podemos encontrar dos criterios claramente definidos y contrapuestos, en un primer criterio encontramos a los que se postulan detrás de las llamadas “medidas de mano dura” que sostienen el castigo sin ningún tipo de utilidad, que intentan volver a los antiguos criterios de la ley del Talión, reclamando medidas retribucioncitas, donde el delincuente deba sufrir un castigo equiparable al hecho dañoso que cometió, es decir aplicar la pena sin ningún fin preventista o utilitarista. Basta hacer un poco de memoria y recordar los eternos debates mediáticos sobre la imposición de la pena de muerte y la baja de la imputabilidad para los menores de edad; o las aberrantes expresiones por parte de figuras públicas como: “a los delincuentes hay que meterles bala”, “un delincuente, una bala”, “el que mata debe morir”. Dentro de esta postura se enarbolan figuras mediáticas como Juan Carlos Blumberg y Constanza Guglielmi.
En una vereda opuesta encontramos a los llamados “garantistas” que se caracterizan por el respeto a las garantías del individuo y a la ley y la búsqueda de soluciones al problema de la inseguridad a partir de criterios basados en la resocialización y en la prevención. Encontramos en esta postura a Eugenio Raúl Zaffaroni y Carmen Argibay, ambos jueces de la Suprema Corte de Justicia.

La pena de muerte y la militarización policial como soluciones a la inseguridad
En el último tiempo hubo gran exposición mediática sobre la imposición de la pena de muerte en nuestro país, lo que demuestra claramente la forma en que se tratan los problemas en tiempos postmodernos, no se busca la raíz del problema, si no una solución rápida al mismo. Lo cierto es que una muerte no se resuelve con otra muerte, lo que tendremos serán dos muertes y nunca la solución del problema. En los países donde se impuso la pena de muerte, no solamente no disminuyó el delito, sino que siempre está latente la posibilidad de ejecutar a personas inocentes. Como alguna vez dijo Mahatma Ghandi, “ojo por ojo y la humanidad quedará ciega”.
Con respecto a la militarización de la fuerza policial, las opiniones son diversas, aunque la mayor parte de la sociedad, se postula en contra de esta propuesta. Esto es así, porque todavía se mantienen en la memoria del pueblo, los errores y horrores llevados a cabo durante la última dictadura militar. Los que ven esta medida como positiva, fundamentan que es una medida económica y políticamente útil que el ejército debidamente profesionalizado en necesidades cívicas, tuviera alguna función interna. Su personal bien podría contribuir en la investigación y prevención de delitos graves como el narcotráfico, trata de mujeres, tráfico de niños, etc.

Una posible solución
Desde mi punto de vista, la fórmula para frenar la inseguridad debe basarse en el fortalecimiento de las instituciones básicas que contribuyen a la formación del ser humano, como son la escuela y la familia, y principalmente la escuela, dado que desde una edad muy temprana concurrimos a ella, y es ahí donde se consolidan los valores con los que vamos a proyectar el resto de nuestra vida. En primer lugar, el gobierno debe imponer las políticas necesarias para el fortalecimiento de la educación y de esta menara fomentar la inclusión social, generando en los niños espíritu de responsabilidad, que con el paso del tiempo se convierte en cultura del trabajo. Esta medida debe ser acompañada por la creación de nuevos puestos de trabajo, dado que la persona que no tiene recursos para subsistir, pierde el interés por la educación y por cualquier otro tema, tal como lo dijo el escritor y dramaturgo francés Jean Anouilh “a uno que tenga hambre, dale primero de comer y después háblale de lo que sea; si empiezas por hablarle, sea de lo que sea, fracasarás, no lo dudes”.

Los medios de comunicación

El rol de los medios de comunicación
Los medios de comunicación, poseen un poder de llegada a los ciudadanos tan extenso que se han convertido en el principal productor de subjetividad. Es a través de sus mensajes y contenidos, que se configuran y se crean opiniones, formas de pensar, de actuar y de sentir. Ellos son los que nos dicen que temas discutir y hasta cierto punto nos dicen que es lo que hay que pensar y decir.
En tiempos postmodernos, donde la atención del ser humano dura escasos segundos y debe ser alimentada constantemente –aspecto característico de la llamada “mentalidad light”-, los medios de comunicación se ven obligados a llevar a cabo medidas extremas a la hora atraer a la audiencia. Estas medidas guardan estrecha relación con el fenómeno de la inseguridad, dado que los medios cuando no poseen otro fenómeno dominante, recurren como plan B, a la reproducción de sucesos policiales. Encontramos canales televisivos que dedican su programación completa a cuestiones referidas a la inseguridad, difundiendo exclusivamente aspectos negativos de la realidad. Droga, homicidio, robo, estafas, mafias, villas de emergencia, abuso sexual, violencia, cárceles; son sólo alguno los elementos predilectos que los medios sensacionalistas -lo que vulgarmente se conoce como “prensa amarillista”-, utilizan al momento de informar. Esto trae como consecuencias funestas como paranoia, discriminación, exclusión y división social. Además en ciertas ocasiones, los medios funcionan como verdaderas escuelas del delito, difundiendo nuevas técnicas delictivas, que posteriormente son imitadas por los delincuentes.

El fenómeno de la desinformación
El mundo globalizado permite que el flujo de información se mantenga en constante circulación, donde los accesos a la misma son fácilmente alcanzables por todos los individuos En la actualidad nos encontramos en presencia del llamado fenómeno de la desinformación, donde si bien la emisión de información es cada día más amplia, cada vez es más dificultoso obtener información objetiva, libre de la subjetividad que genera pertenecer a una empresa de multimedios o simpatizar excesivamente con un gobierno. Este fenómeno se da por los diversos recursos que los medios para manipular las noticias, demonización, uso de falacias, sobreinformación, negativismo, generalización, especificación, metáfora, eufemismo, desorganización del contenido, uso del adjetivo disuasivo, son solamente algunos de los tantos que se utilizan para atraer e influenciar la atención del individuo.

El “enemigo en la sociedad”
Cuando en la sociedad hay una situación que no se sabe cómo resolver, un nivel de angustia que hay que bajar o una conflictividad flotando por el aire, se inventa un enemigo. Ciertamente se parte de datos reales, eso se generaliza y se maximiza por los medios de comunicación, que a través de recursos hacen que los demás temas no atraigan al oyente. De esta manera se puede ver la estrecha relación entre la inseguridad y los medios de comunicación, no se busca encontrarle la solución al problema, si no que se trata de excluirlo, influenciando nuestra forma de pensar a tal punto de creer que el delincuente no es una persona cuya conducta ha sido desviada por las falencias del sistema, si no que se trata de un enemigo, un individuo que la sociedad necesita eliminar.

Conclusión

Luego de ahondar en las causas generadoras de la inseguridad y desarrollar lo atinente a la influencia de los medios de comunicación, podemos decir que si bien el fenómeno de la inseguridad es una difícil realidad a la que los argentinos estamos sometidos, de la cual no hay una salida rápida, si no que el fenómeno solo podrá frenarse de acuerdo a medidas profundas tendientes a producir una reestructuración de las instituciones básicas de la sociedad como la familia y la escuela; también es cierto que los medios de comunicación, con su inmenso poder para manipular modos de pensar y de actuar, en ciertas ocasiones provocan una innecesaria sensación de miedo en los ciudadanos. En reiteradas ocasiones nos encontramos con que tanto la prensa gráfica como visual, maximiza o minimiza ciertos sucesos que no son tales. Ya sea por oposición al gobierno –como ocurre con los medios del Grupo Clarín-, o por tratarse de medios oficialista –como página 12, canal 7 y más precisamente el programa de archivo político “678”-, o simplemente por ser medios extremadamente sensacionalistas –ejemplo claro de esto es el nefasto canal América TV-; los medios informan de acuerdo a intereses propios.
Si llevamos lo expuesto a la práctica, cerrando los ojos un instante y guiándonos por lo que nos comunican los medios, podremos observar que: según los medios opositores y los medios amarillistas, en Argentina se vive la misma situación que en la Colombia de Pablo Escobar Gaviria o que en los ghettos latinos de la ciudad de Los Ángeles o que en alguno de los países más pobres y violentos de África, como Angola, Somalia o la República Democrática del Congo; mientras que los medio oficialistas nos querrán convencer que en Argentina se vive como en Finlandia, Ámsterdam o Luxemburgo, donde las estructuras sociales funcionan con un alto grado de armonía. La solución a estas cuestiones es clara, hay que abrir bien los ojos, escuchar menos y pensar más.
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