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La manipulación psicológica de la población

Info1/6/2010
La manipulación psicológica de la población y la desintegración social Por Tcnel. (R) Santiago Roque Alonso El contenido del presente debe relacionarse e integrarse a “GUERRA SOCIAL” publicado anteriormente. Se trata de procedimientos y técnicas para favorecer la desintegración o descomposición social, quebrar la moral de las naciones y de sus líderes, así como influir sobre la mente humana y, por ese medio, modificar las percepciones del individuo alterando sus creencias e ideas. No es nuestro objetivo hacer una demostración exhaustiva de la existencia de estas verdaderas armas, para el control de las masas o de las poblaciones. Simplemente nos limitamos a reseñar su existencia y el rol que juegan en el comportamiento y en la conducta colectiva de un país. La investigación psicológica aplicada al control de las masas El principal responsable en Occidente, especializado en este tipo de investigaciones y del desarrollo de la planificación operativa, sería el Instituto Tavistock de Relaciones Humanas (Londres) y sus sucursales en Estados Unidos, así como numerosas colaterales y subsidiarias tales como la Rand Corporation, el Centro de Investigación Stanford, el Instituto Hudson, la Fundación Heritage, etc.. En este punto no debería descartarse la mutua colaboración entre esas organizaciones con el Instituto de Psico-relaciones y el Departamento de Psico-corrección de la Academia Médica, ambos de la ciudad de Moscú, inclusive durante el período en que existía la comunista Unión Soviética. El Instituto Tavistock inició sus actividades en Londres en 1921, con el objeto de estudiar la “neurosis de guerra”, causada principalmente por los largos e intensos bombardeos de artillería durante la Primera Guerra Mundial y para establecer el “punto de ruptura” del equilibrio psicológico de las personas sometidas a un estrés muy intenso. Estudios que posteriormente se ampliaron a la investigación de la conducta y del comportamiento humano, no sólo para casos de guerra, sino para la actividad general del hombre, a efectos de ejercer el control y manipulación de las personas, siguiendo la línea freudiana. En otras palabras, de la investigación que realizan esos centros se derivan técnicas para quebrar las condiciones de fortaleza de los individuos, de forma tal que queden incapacitados o condicionados, de manera que puedan ser fácilmente manipulados por los operadores. Para ello, se esfuerzan en romper la unidad familiar y destruir los principios inculcados en el hogar relacionados con la religión, el honor, el patriotismo y la conducta sexual. El rol de los medios de comunicación masivos, la música y la droga Estas técnicas se ejecutan, principalmente, a través de los medios de comunicación masivos, la educación, las distintas formas de entretenimiento, la manipulación de la opinión pública y la inducción de la narco-contracultura. En este sentido, es sorprendente el grado de desinformación que evidencian personas que, en las últimas décadas, asumieron algún tipo de responsabilidad en la dirección política, educativa o cultural del Estado. Muchas de ellas, atribuyen erróneamente a la subversión marxista y a la acción soviética, la implantación en nuestra sociedad de numerosas tendencias, actitudes y costumbres, especialmente entre la juventud –las que comenzaron a despuntar en los años setenta- y que hoy son moneda corriente en el comportamiento y manifestaciones individuales y colectivas. Es que no saben o no se han preocupado por investigar: la mayor parte de esas manifestaciones se originaron en los centros de poder del “occidente cristiano”, fueron planeadas, diseñadas y puestas en práctica por occidentales, demócratas y capitalistas. Por ejemplo, eso sucedió en los años sesenta con el fenómeno de los “beatles” y de sus composiciones de música atonal, que induce a la adopción de manifestaciones violentas e incontroladas. En combinación con la realización de los grandes festivales de música “rock”, fueron parte de un experimento social que sometió a grandes sectores de la población a un proceso de lavado de cerebro del cual ni siquiera fueron conscientes. Por otro lado, la estridencia y las particularidades de la nueva música, juntamente con el ambiente permisivo e incontrolable de esos festivales, obraron como introductores masivos de la cultura de la droga entre la juventud norteamericana. Sin lugar a dudas, los medios de comunicación masivos - Radio, TV, cine, diarios, revistas, editoriales, etc.- tienen un rol muy significativo para el ejercicio y logro del control mental de la población. Como sucede en casi todos los países que se encuentran controlados por el Poder del Dinero y de la Usura Internacional, los medios de comunicación no responden a los respectivos intereses nacionales, sino que están bajo su control directo o indirecto. Es así como, a través de las mencionadas operaciones y técnicas psicológicas, de los contenidos educativos, de los temas y conductas a que somos inducidos inadvertidamente, vamos siendo condicionados -como lo expresaba Alfonso X, el Sabio- para “entretenernos de tal forma en el laberinto cotidiano que nos crean, como para que terminemos siendo incapaces de levantar la cabeza y ver a quien nos sojuzga”. En parte, la aplicación de dichas técnicas psicológicas inadvertidas –sumadas a nuestros defectos y debilidades- podría explicar la pasividad, inmovilidad y la paralización de la inteligencia y de los sentimientos del pueblo argentino, que vive como anestesiado e indiferente a su destino de esclavitud que le está siendo impuesto desde hace varios años. Y esto entra en clara contradicción con la situación que se vive, ya que nunca como hoy, las condiciones fueron tan propicias para capitalizar la restauración o reconquista de la Patria. Sin embargo, nunca como hoy los sectores nacionales carecen de presencia en el pueblo; nunca como hoy nuestras ideas son ignoradas e impenetrables en nuestra población; nunca como hoy impera la desarticulación organizativa y la confusión ideológica, en los métodos, procedimientos y objetivos a perseguir. En síntesis: nunca como hoy somos tan pocos y estamos tan solos los que resistimos la opresión. Las estrategias de “tensión social” y de “penetración de largo alcance” En tal sentido, sin pretender atenuar la responsabilidad principal que objetivamente tenemos los propios argentinos en la decadencia de nuestro país -atribuibles a nuestra incapacidad y a la venalidad/traición de las clases llamadas “dirigentes”- no debería descartarse que el desarrollo de las “estrategias de tensión” y de “penetración de largo alcance” experimentadas sobre nuestra población, hayan contribuido a agravar el adormecimiento, docilidad y dislocación actual del pueblo argentino mediante: El desmantelamiento o desaparición de las ideas y de la identidad nacional sin ningún tipo de protestas. El cuestionamiento sistemático de la historia y de los próceres fundadores de la nacionalidad. La provocación de situaciones que generan cansancio moral, psicológico y tristeza. La pérdida de la capacidad para detectar y resistir futuras sorpresas y conmociones. El sometimiento de la población a cada vez más frecuentes períodos de conmoción psicológica. El fomento de la apatía y de la pérdida de confianza. La creación y manejo, en distintas fases, de cualquier tipo de fenómenos disociadores. La presentación de centenares de opciones diarias para decisión de la población, saturando su capacidad de elección y, simultáneamente, provocando que toda información sea rechazada, a menos que la motivación pueda ser claramente percibida. La desinformación y la difusión de noticias falsas e incompletas La quiebra de la moral a través del manejo de diferentes formas de terror y la consecuente dosificación de los miedos individuales y colectivos (desempleo, falta de alimentos y vestidos, carencia de asistencia médica, falta de remedios para tratamientos, inseguridad, falta de educación, etc.). La promoción del “opio de las masas” a través de la adicción prolongada, reiterada y obsesiva a los espectáculos deportivos, al sexo indiscriminado, a la música rock o bailantera. El fomento de la conducta indecorosa como norma social o sea: la eliminación de los valores como puntos de referencia y de contención moral. El estímulo de la resignación, el derrotismo y de la sensación de que nada más se puede hacer o de que todo está perdido. La pérdida de la capacidad de lectura, concentración, interpretación y abstracción, con la consiguiente reducción de la cantidad de palabras que son usadas en el lenguaje coloquial. La creación de vocablos nuevos y la modificación frecuente del sentido de las palabras. De esta forma, a medida que la población se va saturando de conmociones o “shocks”, por ser éstos cada vez más frecuentes y de menor duración, también va incrementando el “estrés” colectivo, dado que pierde la capacidad para superarlos. Entonces el pueblo queda perplejo, inmóvil, paralizado, anestesiado, dislocado; es decir sin capacidad de razonar ni de actuar. Las técnicas de “tensión social” En general, la aplicación de estas técnicas de agresión psicológica o de control mental masivo o de lavado de cerebro, sobre grandes grupos poblacionales se realiza en tres fases, las cuales se desarrollarán siguiendo un ejemplo esquemático basado en el problema de la “inseguridad”: Primera Fase (Superficialidad) El grupo social tomado como blanco se defiende a sí mismo utilizando eslóganes. Falla en la identificación de la fuente, origen o causa de la crisis o problema. Por consiguiente, no hace nada para enfrentarla, con lo cual la crisis persistirá. Ejemplo: “el problema se origina en la falta de trabajo”; “la policía no es competente”; “es debido al régimen carcelario del 2 x 1”; “todo se debe a las leyes benignas”; “en la justicia no se puede confiar”; “son todos corruptos”; etc. Segunda Fase (Fragmentación) El grupo social tomado como blanco continúa soportando la crisis, con o sin reconocimiento del origen o causa de la crisis o problema, sin que la misma se revierta y, por el contrario, progresivamente se va rompiendo el orden social, en la medida que se hace más intensa. Ejemplo: El sector social que no está afectado directamente actúa pasivamente y su conclusión es: “Gracias a Dios que estamos lejos de los barrios pobres o de las villas”; “la comisaría de la zona es muy buena”; y se desentiende de la suerte de los que están más perjudicados. En cambio, el sector social afectado, efectúa protestas callejeras, no sale de noche, no lleva dinero ni alhajas; coloca rejas en todas las aberturas; blinda las puertas; ilumina alrededor de la casa, incrementa el número de custodias, etc. Tercera Fase (Disociación o fractura) Ante la quiebra del orden social y el agravamiento de la crisis o problema, los grupos sociales deciden por si mismos, se niegan a aceptar o a convivir con la crisis inducida y adoptan una respuesta no adecuada, dado que el origen o causa de la crisis no fue identificada. Fundamentan su decisión con argumentos elementales y actitudes disociadoras. Ejemplo: Se conforman distintos grupos, según la amenaza que cada uno soporta, y comienzan a armarse y a defenderse por sí mismos. Se desconfía de las personas por su aspecto exterior, motivando situaciones de discriminación. Se limita el movimiento y/o se prohíbe el acceso a determinados lugares y en ciertos horarios. Se reacciona desproporcionada y preventivamente frente a la menor sospecha. Cada grupo, que se siente amenazado por la agresión, delimita su área de seguridad y de exclusión respecto a los grupos sociales que considera y sospecha como delincuentes. Éstos, a su vez, hacen lo mismo en función de las zonas donde habitan y controlan, impidiendo y sancionando todo acceso o penetración de cualquier extraño a su grupo social. Esto está ocurriendo simultáneamente en el conurbano bonaerense, tanto en las zonas de mayor poder adquisitivo como en las de mayor pobreza. La aplicación de dichas técnicas psicológicas inadvertidas –sumados nuestros defectos y debilidades como sociedad nacional- podría explicar la pasividad, inmovilidad y la paralización de la inteligencia y de los sentimientos del pueblo argentino, que vive como anestesiado e indiferente a su destino de esclavitud que le está siendo impuesto desde hace años. Bibliografía: Coleman, John, Dr.; The Committee of 300; WIR, Carson City; EE.UU.; 1997. Minnicino, Michael J.; El nuevo oscurantismo: la escuela de Francfort y la “pureza política”; Benengeli; 2do Trimestre de 1994; Sewén, Peter; Beatles, Rock & Roll and Mind Control; http://mercury.spaceports.com/-persewen/influential_rock_music.htm Icke, David; Tavistock Institute of human relations; http://www.profreedom.free4all.co.uk/ tavistock.html Tavistock-The best kept secret in America; http://www.nidlink.com/-bobhard/tavistock.html La guerra social. Una realidad utilizada en beneficio de los objetivos del “establishment” y del SISTEMA DE DOMINACIÓN. Por Santiago Roque Alonso La teoría de la "Guerra Social" fue enunciada y viene siendo desarrollada por los Centros Cívicos Patrióticos, desde mediados de 1997. Algunos, desde los sectores del SISTEMA DE DOMINACIÓN y del “establishment”, como es el caso de algunos periodistas de Radio 10 o el mismo señor Hadad - para meter miedo y justificar la necesidad del "ordenancismo" (el orden por el orden mismo, independiente de la idea de justicia) - la consideran una nueva concepción operacional de la izquierda. Inclusive ésta adoptó la denominación de “guerra social” y ya comenzó a hablar de la misma desde hace un año y medio, con un criterio ideológico y operacional oportunista, coincidiendo –extrañamente- con el enfoque que al respecto promueven el SISTEMA y los operadores del “establishment”. Reiteradamente fundamentamos que una de las manifestaciones más patéticas de la "guerra social" se manifiesta a través del mentado fenómeno de la "inseguridad", que engañosamente se lo pretende reducir a un mero problema de aumento de la criminalidad y, consecuentemente, se lo atribuye a un problema de ineficiencia y/o corrupción policial o al abuso de las doctrinas "garantistas" por parte de los jueces. Estos planteos son absolutamente falsos. La "guerra social" y, por lo tanto, una de sus exteriorizaciones: la "inseguridad", constituye una de las consecuencias psico-sociales de la aplicación del "modelo de ajuste estructural" impuesto de hecho por el FMI, el BM, los "banqueros internacionales" y sus socios locales del "establishment nativo económico-financiero". Es obvio que al hablar de “guerra social”, se está haciendo referencia al empleo de la violencia por parte de ciertos grupos sociales. A diferencia de la “guerra subversiva” de los años setenta, la “guerra social” no es el producto de un sistema de planificación de tipo político-militar, no tiene en su instancia inicial relación con una determinada teoría ideológica-revolucionaria, ni se advierte -hasta el momento- la existencia de un elemento de conducción montada a caballo de un servicio de inteligencia extranjero, aunque todos ellos intervienen parcialmente y en grado variable. Es que la “guerra social” es una combinación de ciertas condiciones sociales, culturales, institucionales y delicuenciales, entre los cuales se puede determinar, entre otras, las siguientes: El creciente y pronunciado empobrecimiento de sectores de la clase media baja y media-media, particularmente reacios a aceptar su nueva condición social, lo cual alimenta su creciente resentimiento. El pasaje de la "pobreza" a la marginación, exclusión o indigencia social de importantes sectores sociales. El desempleo estructural y la discontinuidad del trabajo para los subocupados. El ocio improductivo de amplios sectores de la juventud, alimentada por una considerable deserción escolar. La pérdida de la autoestima por parte de los desempleados y subocupados, así como la ruptura de la unidad familiar como consecuencia de esta situación. La acelerada pérdida de los valores morales, de la fe y del cumplimiento de normas y preceptos religiosos. La pérdida de la esperanza de un futuro mejor, debido a la prolongación de la crisis. La perniciosa influencia de los medios de comunicación social, los que alientan deseos, aspiraciones y ambiciones acumulativas y de remotísima satisfacción en sectores que nunca tendrán acceso a los mismos. La extensión de la “corrupción” como un estilo de vida a todos los sectores sociales. Dentro de la práctica de la “corrupción”, debe incluirse a las policías y, en menor grado a las Fuerzas de Seguridad, como consecuencia de ciertas necesidades o arreglos con las dirigencias políticas (corrupción institucional). La amplia extensión y apología del consumo de drogas prohibidas y la consecuente organización territorial para su distribución, combinada con la mencionada “corrupción” de algunos sectores policiales, de las Fuerzas de Seguridad y judiciales. Ello implica, de hecho, la aparición de estructuras de poder locales paralelas, ajenas a la ley y a las costumbres sociales. Por otro lado, el consumo de drogas constituye un factor determinante en la destrucción de la personalidad, de la cada vez mayor cantidad de adictos. Como consecuencia de lo anterior, desprestigio y pérdida del respeto social de las fuerzas policiales y de seguridad, lo que implica pérdida del sentido y de la necesidad de la autoridad, respecto a la población, favorecidas por intensas campañas relacionadas con los derechos humanos (“la maldita policía” y contra el “gatillo fácil”). La aplicación de leyes y procedimientos penales mucho más benignos que en épocas anteriores (aplicación de la doctrina “garantista” y la zaffaronización de la justicia”). La percepción de que la satisfacción de las necesidades básicas y de los deseos sólo podrían solucionarse mediante la apropiación violenta de los bienes ajenos. El considerable incremento de la crueldad y de las apuestas riesgosas en los hechos delictivos, además de la influencia de la droga, basado en la creencia de que no se tiene nada que perder y que, en consecuencia, la vida del otro o del prójimo vale tanto como la propia: nada . El surgimiento de la “solidaridad social con los delincuentes” de amplios sectores de la población marginada, cuya confirmación más evidente se expresa culturalmente en las letras de la llamada “cumbia villera” (“aguanten los pibes chorros”). El hacinamiento y promiscuidad de millones de personas en espacios geográficos reducidos, lo que genera una densidad demográfica que dificulta grandemente el control de la población –prácticamente imposible- por parte de las fuerzas policiales. Esta situación es particularmente relevante en la franja adyacente al curso del Río Paraná-Río de la Plata, que - en un ancho que alcanza hasta 50 kilómetros de la costa- se extiende desde ROSARIO a LA PLATA y, además, en el Gran CORDOBA y en el Gran MENDOZA. En síntesis, puede decirse que la tipología de los actores violentos de la “guerra social” corresponde a la figura del “bandolero”, o sea, los individuos organizados en “bandas” de delincuentes comunes y no, como se pretende, a la de “guerrillero” o “terroristas” politizados o ideologizados. Esto no implica que estos “bandoleros” utilicen procedimientos y metodologías tipo comando, así como armamento de guerra, el que será más pesado en la medida que se demore en erradicar de raíz las causas que lo promovieron. En otras palabras, puede afirmarse que la “guerra social”, de alguna manera implica la “colombianización o bandolerización del conflicto social”, que luego podrá adoptar un matiz o una identidad ideológica política, pero que ahora todavía no la tiene. Se trata de un fenómeno social, complejo, poco conocido y totalmente ajeno a la Historia Argentina, que no puede ser reducido a un simple tema de “inseguridad” o de “ineficiencia policial”; a la “permisividad de la justicia” o a la “blandura de las leyes”. La agitación de la “memoria”, de los “reflejos condicionados” y de los “miedos” Los operadores del “establishment” - mediante sus comunicadores, periodistas, medios de comunicación, el contenido de la información y de la desinformación difundida, etc.- utilizan, además, el recurso de relacionar los hechos “piqueteros” y de la “inseguridad” con el pasado subversivo. De esta manera, agitan la memoria sobre la guerra contra el terrorismo marxista-leninista (1970-1980). El efecto buscado sería condicionar subconscientemente la capacidad de análisis de la población, para dirigir su respuesta - frente a los hechos- en un sentido y con un objetivo determinado, explotando el más básico de los instrumentos de la guerra psicopolítica: el reflejo de Pavlov. El otro elemento que manejan muy bien y dosifican a su gusto, es el de los “miedos individuales, grupales y colectivos”, como ocurrió con el caso de la hiperinflación, que ha sido usado exitosamente para justificar la convertibilidad y mantenerla a toda costa. En tal sentido y en la actualidad, su principal instrumento es el desempleo y, consecuentemente, el temor a perderlo. La agitación de esos miedos, constituye el mejor controlador social después de la guerra. Los medios de comunicación son los administradores de las dosis diarias de estos “miedos”, varias veces por día. Es así como al informar y luego comentar la información, proporcionan el cómputo de policías muertos por la delincuencia (generan sensación de impotencia); por el otro, realizan continuas apelaciones a la situación de “inseguridad” y a las vivencias de la gente que fue asaltada o tomada como rehén (generan el clima de temor e inhibitorio de las conductas y actitudes normales). De esta forma, los medios de comunicación y sus periodistas, salvo algún caso aislado y excepcional, se abstienen de señalar cuál es la verdadera causa u origen del problema de la “inseguridad”. Así es como desvían la atención de la población, “respecto al plan de devastación de los países subdesarrollados - ejecutado a través de la destrucción de sus economías y estructuras sociales- y su apoderamiento por parte del poder del dinero y de la usura”, que es la causa directa del clima insoportable de inseguridad. Las organizaciones subversivas, las pruebas y los organismos de inteligencia No se niega la posibilidad de que existan o puedan existir organizaciones subversivas, las que a su vez pueden infiltrarse dentro de las protestas genuinas de una población, que ha sido arrasada en su más elemental condición y dignidad humana, por un SISTEMA político, cultural y económico de DOMINACIÓN, que nos ha sido impuesto en los últimos 12 años. Lo cierto es que, en el caso de lo ocurrido en Tartagal durante el año anterior, hubo más de veinte gendarmes heridos, pero hasta ahora no aparece la organización subversiva que los atacó. Tampoco hay noticias respecto a la organización de superficie en la que se apoya el supuesto grupo subversivo. El punto reside, entonces, en determinar quién hirió de bala a los 22 o 24 gendarmes y qué buscó con esa acción. La falta de pruebas sobre la existencia concreta de un grupo de “francotiradores” que atacó a la Gendarmería, no indica que no haya existido. Pero, por ahora, nada lo indica, aunque mañana nos fabriquen un atentado, “robo” o “asalto” por encargo. Por esa razón y transitoriamente, una de las hipótesis que puede plantearse, es que el hecho de Tartagal podría tratarse de un montaje planeado y ejecutado por algún servicio de inteligencia nacional o extranjero, o una trampa en que cayó la Gendarmería, dado que no hay elementos de juicio para sostener que la Gendarmería haya participado conscientemente en dicho montaje. Las supuestas pruebas que agitaron los medios de comunicaciones se sustentarían en apreciaciones e informes de inteligencia de organismos argentinos, pero éstos, realmente, carecen de confiabilidad. Los sistemas de inteligencia - civiles y militares- han sido desmantelados alegremente en nombre de la defensa de los derechos humanos, de las libertades y garantías individuales y de la vigencia del estado de derecho. El “establishment”, juntamente con los “políticos”, fueron los fogoneros y autores intelectuales y materiales de esta brillante hazaña anti-autoritaria. Por lo tanto, la Argentina tiene poca o ninguna capacidad de inteligencia confiable y sistematizada. Todo lo que es producido, en este tema, lo es por medios de “inteligencia privada”, que es lo mismo que decir consultoras, agencias de seguridad y de inteligencia privadas extranjeras o bien, directamente, por los servicios extranjeros. De la seriedad del periodismo, ni hablar. Por otro lado, cómo puede ser que a esta altura del partido haya gente grande que no sepa que, para hablar de “subversión y terrorismo”, primero hay que consultar a WALL STREET. Ahí saben bien cómo se fabrican y se negocia con las guerrillas o cómo se hace para apoyar, imponer y sostener a Fidel Castro - durante cuarenta años- a sólo 90 millas de MIAMI. Para quien no crea esta hipótesis, le rogamos que nos explique para qué y por qué el Presidente de la Bolsa de Wall Street - Richard Grasso- visitó el puesto de comando de las FARC, en plena selva colombiana (26 de junio de 1999). En los años setenta, a los argentinos nos fabricaron una guerra civil que nos destruyó; sin embargo, al mismo tiempo que nos hacían romper el bloqueo - que ellos mismos habían decretado contra la URSS- debíamos venderles cereales a los odiados enemigos soviéticos. Mientras tanto, en el país combatíamos a sus camaradas comunistas. La ocultación de la realidad y la construcción de las trampas dialécticas Por estas razones, todo este proceso de “fabricación de un enemigo público” es muy sospechoso. Nadie puede reaccionar ante lo que no conoce o no entiende. Tomar conciencia de que la Argentina perdió su Independencia, que el Estado se encuentra en disolución y que ya se observan las primeras señales de desintegración, es, por lo menos, una señal esperanzadora: se puede empezar a pensar cómo vamos a RECONQUISTARLA. El problema es no dejarse entrampar en las falsas “opciones dialécticas” que pretende crearnos el SISTEMA DE DOMINACION, de la mano de los “banqueros” y de los cipayos argentinos. Es que, precisamente, el SISTEMA DE DOMINACIÓN necesita promover la inviabilidad de cualquier acción genuinamente nacional y Argentina. Por eso su exigencia de convertir en “enemigo público” todo lo que escape a su control y manejo para que, de esa manera, el público lo crea, lo asuma como tal, se atemorice y, en consecuencia, lo repudie. Por eso, una vez más, recomendamos cautela y prudencia. No es posible que – nuevamente- nos veamos arrastrados a un conflicto que otros nos fabrican a la medida de sus objetivos e intereses políticos y estratégicos. Finalmente, esa cautela y prudencia, también deberán ser aplicadas a la detección de los lobos vestidos de “ovejas nacionales”, siempre disponibles para pescar en el río revuelto de la inmensa confusión y oficiar de “tapaderas o de tapones gatopardistas” al servicio del SISTEMA DE DOMINACIÓN. Después de tantos errores, no tenemos derecho a ser ingenuos y/o ignorantes. Santiago Roque Alonso http://free-news.org/NOM_manipulacion_01.htm http://www.patriaargentina.org/Periodico/PA_174-05-2002/LaInseguridadYLaGuerraSocial.htm
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