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La batalla por controlar Internet

Info2/21/2010


Mientras los más pesimistas creen que el fulgor de la libertad que trajo Internet se está apagando, cada día son más los ciberactivistas que se movilizan para preservar el que consideran el instrumento más potente de difusión de la información que haya creado el ser humano hasta la fecha. Desde los países autoritarios que la utilizan para controlar a sus ciudadanos, pasando por el espionaje y la venta de datos, hasta el temor de ataques sofisticados vía web para plantar el caos previo a un ataque militar. Los escenarios son tan increíbles como reales y probables. Sus actores tienen claro que la batalla por el control de Internet recién empieza.



En China las autoridades exigen a los proveedores de Internet o a los buscadores como Google o Yahoo, que impidan que los clientes puedan leer páginas consideradas "conflictivas" - AP


Desde que comenzó a volverse masiva en los años noventa, Internet concitó la atención de los gobiernos de países autoritarios que vieron en ella un grave peligro por su capacidad de hacer circular información que de otro modo estaba bajo censura. A su vez, los gobiernos democráticos también la pusieron bajo la lupa con la excusa de la lucha contra el terrorismo. Tanto unos como otros utilizan sofisticadas tecnologías para restringir blogs, inspeccionar correos electrónicos, rastrear direcciones desde las que se interviene en el ciberespacio o impedir que el público pueda leer ciertas páginas en la red. Las empresas que las desarrollan no tienen empacho en vendérselas sea a las agencias de inteligencia occidentales como a los gobiernos de países como China, Egipto o Irán, que las usan para perseguir a sus ciudadanos disidentes. La batalla por el control de Internet se vuelve global. Bajo fuego no sólo está la libertad de expresión. Los secretos militares y económicos también son objeto del ciberespionaje. El reciente ataque a Google en China no hizo más que poner en evidencia una guerra solapada que ya tiene sus primeras víctimas.

El 22 de junio de 2009 The Wall Street Journal publicó un artículo titulado “Irán espía la web ayudado por las tecnologías occidentales”. Según esta investigación, firmada por Christopher Rhoads y Loretta Chao, en la segunda mitad de 2008 la empresa alemana Siemmnes y la finlandesa Nokia vendieron al régimen de Teherán un “centro de monitoreo” destinado a la empresa telefónica iraní, un monopolio controlado por el estado. Esta tecnología, conocida en español con el nombre de Inspección Profunda de Paquetes, permite abrir los correos electrónicos, detectar mensajes con determinadas palabras en la web o controlar masivamente el contenido de blogs. La respuesta de las empresas europeas podría formar parte del perfecto manual del cinismo “nosotros hacemos negocios con cualquier país”. Business is business. Luego de la publicación del artículo ambas negaron que hubieran vendido esa tecnología al régimen iraní y anunciaron que abandonaban el país.

Pero Irán no es el único que se preocupa por el contenido de los mensajes que circulan en la red. En China las autoridades directamente exigen a los proveedores de Internet o a los buscadores como Google o Yahoo, que impidan que los clientes puedan leer páginas en las que aparecen palabras consideradas conflictivas, como puede ser la mención a la masacre de Tiananmen, al conflicto en el Tibet o a la secta religiosa Falun Gong considerada enemiga del régimen. No contentos con esto, las autoridades de Pekín ordenaron un ataque contra Google con el objetivo de abrir ciertas cuentas de su servicio de correo Gmail, lo que ocasionó las quejas de la compañía y precipitó su decisión de abandonar el país. Pero Google hace años que sabe de las restricciones que exige Pekín y recién ahora protesta. Otras empresas igual de comprometidas con la censura del régimen ni siquiera se molestan en quejarse.

El Berkman Center for Internet and Society de la Escuela de Leyes de la Universidad de Harvard financia un proyecto llamado GlobalVoices (http://es.globalvoicesonline.org, en su versión en español) cuyo objetivo es “compilar, conservar y amplificar la conversación global en línea - arrojando luz sobre sitios y gente que otros medios de comunicación a menudo ignoran”. En sus páginas es frecuente encontrar textos hallados por sus periodistas y posteriormente traducidos que pertenecen a blogueros que logran eludir la censura en sus países. Fue de ese modo como detectaron la colaboración de Yahoo con las autoridades chinas a la hora de detener al periodista Shi Tao.

Shi Tao había enviado un correo electrónico a la Fundación por un Asia Democrática, con sede en Nueva York en 2004 contando cómo las autoridades de Pekín habían enviado un memorándum a las empresas periodísticas prohibiendo hablar del decimoquinto aniversario de la masacre de Tiananmen. El gobierno chino se puso furioso por la filtración y pidió a Yahoo que le ayudara a descubrir quién había enviado el mensaje. La respuesta de la empresa fue muy detallada según consta en el veredicto de la corte criminal de la provincia de Hunan que condenó a Shi Tao, que desde 2005 permanece en prisión. Yahoo ni siquiera pidió disculpas por este hecho aberrante que viola las propias normas de privacidad que la empresa promete a sus clientes de correo electrónico.

EXCUSAS PERFECTAS
En Occidente, mientras tanto, también se cuecen habas. Luego del 11 de septiembre la administración Bush aprobó el llamado "Terrorist Surveillance Program" que permitía a la NSA (Agencia Seguridad Nacional) interceptar correos electrónicos de sospechosos de terrorismo sin autorización judicial. Aunque el programa fue luego suspendido Washington no aclaró qué uso le da ahora a la tecnología de Inspección de Paquetes que le permitía hacer eso y antes de dejar el gobierno George Bush firmó un decreto para exculpar a las empresas privadas proveedoras de servicios de Internet que colaboraron con el gobierno en la operación.

La administración americana aplica a su vez un tipo de censura en Internet muy sutil y poco conocida. Hace pocos meses el gobierno obligó a SourceForge, el famoso repositorio de software libre que alberga proyectos de desarrolladores a nivel mundial, a cortarles el acceso a los usuarios residentes en Cuba, Siria, Irán, Sudán o Corea del Norte, lo que despertó la ira de los internautas. Una medida similar llevó a cabo MSN impidiendo el acceso a sus servicios de correo Hotmail a los residentes en estos países.

Otro gobierno al que se le ve el plumero a la hora de censurar Internet es al de Silvio Berlusconi en Italia. El pasado 17 de diciembre aprobó un anteproyecto de ley que establece la obligación de obtener una autorización del Ministerio de Comunicaciones para subir videos a la web. Esta medida absurda, que equipara un simple video doméstico, incluso si no tiene sonido, a la emisión de un programa televisivo, se ha colado en la ley bajo el paraguas de una ambigua directiva europea y ha sido denunciada por las plataformas como Articolo 21, que defiende la libertad de expresión, como un intento del premier de ampliar su monopolio mediático y acallar a los bloggers que tanto le molestan. En su batalla por controlar la información que se difunde por Internet, el grupo Mediaset propiedad de Berlusconi demandó a Google por 500 millones de euros por supuesta violación a los derechos de autor y logró que un juez de Roma obligara al portal a retirar de su canal de videos todos los clips de Gran Hermano, producido por uno de sus canales televisivos, sentando un peligroso precedente. Luego de la agresión que sufrió el primer ministro a finales del pasado año, y que motivó la aparición de ciertos sitios en Facebook y otras redes sociales que se complacían por lo ocurrido, la ofensiva gubernamental a favor de la censura en Internet se volvió aún más intensa. La empresa que gestiona el popular “libro de las caras” se apresuró a cerrar esos sitios, cosa que no hace con tanta celeridad cuando los usuarios denuncian grupos racistas o xenófobos.

En un artículo publicado en mayo de 2009 la revista Foreign Policy enumeraba otras democracias que ejercían censura en Internet. La lista la encabeza Australia, que bajo la excusa del terrorismo y el control de la pornografía infantil comenzó a estudiar en enero de 2008 la posibilidad de dictar una ley “que exigiera a todos los proveedores de Internet (ISP) que filtrasen el contenido que ofrecen a los usuarios con el fin de bloquear las páginas que aparecían en una lista negra elaborada por el Organismo Australiano de Comunicaciones y Medios”. El sitio web Wikileaks que lucha contra la censura hizo pública la famosa lista negra y entonces “se vio que el ámbito era mucho más amplio: había páginas relacionadas con póquer en la red, satanismo y eutanasia. También estaban, por razones que se desconocen, algunas empresas privadas aparentemente nada polémicas”.

En el artículo de FP también se cita a India, que controla páginas a las que considera subversivas, como las patrocinadas por “nacionalistas hindúes y otros grupos radicales” y a Francia, que bajo la excusa de la protección de los derechos de autor aprobó una ley que penaliza a los usuarios que descarguen material ilegal de la red, incluso si lo hacen sin saberlo.

CIBERGUERRAS
Internet fue en sus orígenes un proyecto militar destinado a garantizar la seguridad de Estados Unidos ante la eventualidad de un ataque nuclear. De hecho fue el Departamento de Defensa el que en 1969 alumbró la que más tarde se iba a transformar en la red de redes, con el objetivo de disminuir la vulnerabilidad de sus comunicaciones. Paradójicamente, hoy es Internet la que está volviendo vulnerable a las sociedades que dependen cada día más de la gigantesca intercomunicación que la red ha posibilitado. Los cada vez más frecuentes ataques a sitios estratégicos que soportan los países occidentales, provenientes en su gran mayoría de hackers a sueldo de gobiernos considerados adversarios u hostiles, le dan a la batalla por el control de Internet un aspecto aún más perturbador.

En Europa, para dar un simple ejemplo, sólo el Centro Nacional de Inteligencia español detectó durante 2009 unos 40 ataques a instituciones y organismos claves, dos de ellos contra el propio CNI y otros dos contra el Centro Criptográfico Nacional, el ente que protege las redes informáticas en el país. Organismos de inteligencia europea confirman que se trata de una práctica común que pocas veces se denuncia. El ataque suele llegar en un inocente mail que contiene un “troyano”, un sofisticado programa destinado a abrir la puerta para que la computadora atacada deje escapar la información que contiene. Prueba de la preocupación que produce en la inteligencia militar occidental este fenómeno es que en diez años el dinero destinado a prevenir el ciberespionaje pasó del uno a cerca del quince por ciento del total, según afirma el propio CNI.

El 2 de febrero pasado el Director Nacional de Inteligencia (DNI) de Estados Unidos, Dennis Blair, advirtió del aumento "sin precedente" de los ataques cibernéticos en el transcurso de una audiencia del Comité de Inteligencia del Senado. Según Blair "Las recientes intrusiones registradas por Google son un claro recordatorio de la importancia de estos bienes cibernéticos, y una llamada de alerta para quienes no han tomado en serio este problema. Se roban información sensible a diario, tanto del Gobierno como de las redes del sector privado” explica en su informe de 47 páginas, en que señala además que estos ataques ya no proceden de delincuentes comunes o de hackers deseosos de hacerse famosos, sino que provienen de personas altamente cualificadas que trabajan en la mayoría de los casos para gobiernos extranjeros o con la intención de vender luego esta información a países interesados.

En un reciente artículo publicado por The New York Times el pasado 25 de enero se daba cuenta de un episodio que más bien parece una escena de un film de Hollywood. “En una mañana de lunes a principios de este mes, los principales dirigentes del Pentágono se reunieron para simular la forma en que respondería a un ataque cibernético sofisticado destinado a paralizar las redes eléctricas de la nación, sus sistemas de comunicaciones o de sus redes financieras” explica el matutino, para después concluir “Los resultados fueron desalentadores. El enemigo tenía todas las ventajas: el sigilo, el anonimato y la imprevisibilidad. Nadie podría señalar el país de donde vino el ataque, así que no había forma efectiva de disuadir al enemigo con la amenaza de represalias. Es más, los comandantes militares señalaron que incluso carecían de la autoridad legal para responder - en especial porque nunca quedó claro si el ataque fue un acto de vandalismo, un intento de robo comercial o un esfuerzo patrocinado por un estado para paralizar a los Estados Unidos, tal vez como un preludio a una guerra convencional”.

Algunos expertos afirman que es imposible que un ataque de esta naturaleza pueda producirse hoy con éxito, por las características fragmentarias de Internet, que impedirían una “invasión masiva” de las redes, pero la inteligencia occidental prefiere prevenir que curar. Los organismos de derechos humanos, las plataformas de internautas y todo tipo de asociaciones que defienden la libertad en la red advierten de los peligros que encierra este discurso paranoico si se decide utilizarlo para aumentar el control del estado. Mientras los más pesimistas creen que el fulgor de la libertad que trajo Internet se está apagando, cada día son más los ciberactivistas que se movilizan para preservar el que consideran el instrumento más potente de difusión de la información que haya creado el ser humano hasta la fecha. Tanto unos como otros tienen claro que la batalla por el control de Internet recién empieza.


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