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Sueños de las Mujeres Mapuches

Info10/18/2010


Ser soñados por los antepasados pareciera ser la clave para entender el universo onírico mapuche. La existencia de todo ser humano estaría condicionada por el deseo de otros que antes que nosotros nos soñaron, es decir nos dibujaron, nos moldearon, nos pensaron. Como casi la mayoría de las culturas, los mapuches otorgan al acto de soñar un peso fundamental en el cotidiano, por ello han elaborado una compleja red de interpretaciones tanto del significado de los sueños como de su sentido. De esta manera, podríamos decir que han creado una suerte de teoría del sueño.



En mapudungun (lengua de la tierra) el sueño es denominado peuma y supone el viaje que el alma (pellu) de un sujeto realiza cuando éste está durmiendo. Así, cuando el pellu por la noche se desplaza del cuerpo, se inicia el sueño. La traslación, el viaje que el alma efectúa entraña diversos avatares, positivos y negativos de acuerdo a los mundos que roce en su deambular.
El viaje del alma, que es el sueño, pondrá al sujeto en contacto permanente con las fuerzas numinosas, con todo aquello que tiene una existencia en la tierra, pero también más allá de ella. La cosmovisión del pueblo mapuche ordenará las cosas topológicamente, en el sentido de que los seres y todo lo creado tendrán un posicionamiento de izquierda y derecha, pero también uno de sentido vertical -arriba y abajo-. Este último orden designará una .tierra de arriba (o wenumapu), una tierra (o mapu) y un mundo inferior (o minchemapu). El alma, entonces, en su periplo nocturno podrá transitar todos esos mundos y por ende estará expuesta a todas las contingencias que ellos impongan.
Como es evidente, los mapuches distinguirán distintos tipos de peumas, los cuales podrán ser decodificados de acuerdo a sus signos intratextuales (el relato), del contexto personal y social del soñador y del campo intertextual (vale decir la relación de ese sueño con otros pasados de la personas o con los sueños de otros individuos. Por ello, no es posible encontrar un sólo significado a muchos de los contenidos de las imagenes oníricas, aunque como veremos más adelante sí podemos percibir algunos tópicos recurrentes y ya codidificados por la propia cultura indígena.
El sueño en el pueblo mapuche fue y sigue siendo una acción vital. Así parece indicarlo el hecho de que en el pasado se distinguían los peumafe (soñadores) y los peumatufes (intérpretes). Los primeros eran los encargados de recibir mensajes del mundo sobrenatural - mensajes que competían y afectaban a toda la comunidad- y los segundos eran los decodificadores de los signos del sueño. Algunos de los últimos soñadores contemporáneos, conocidos públicamente, fueron el líder Manuel Aburto Panguilef, quien en la década del 30 gestó un gran movimiento étnico en donde los contenidos de sus sueños, casi proféticos, iban revelando las estrategias y los caminos a seguir, y más recientemente Martín Painemal, quien relató: Me soñé, ví esa vez millones de pájaros que estaban en guerra. Se hacían pedazos entre sí los pájaros. Era incontenible, millares y millares de pájaros se destrozaban como en una guerra. Se hacían pedazos los pájaros y era para derrocar a Allende. Lo soñé antes que sucediera, quedé pensando y resultó que era eso, era un aviso.

Los viajes del alma femenina



Intentaremos ahora adentrarnos en los sueños mapuches a través de los peumas de las mujeres. Las hemos elegido toda vez que las recopilaciones que efectuamos se enmarcaron dentro de una investigación sobre la construcción simbólica de lo femenino en el mundo indígena. Así, el breve recorrido que nos proponemos será asomarnos a cómo el imaginario colectivo mapuche se expresa en sus sueños.
Hay un orden muy común de sueños que relatan el viaje del alma al wnumapu, la tierra de arriba. Muchas mujeres han conocido esa tierra. Así por ejemplo, la anciana Francisca Pailahueque recuerda que: Yo soñé con el wenumapu. Según dicen, cuando se sueña así no va a tener harta vida la persona. Yo subía en una escala en el sueño, estaba lleno de flores allá. Cuando llegué me abrieron la puerta !había tantas flores allá! No hallé en qué parte entrar -yo tenía como diecisiete años- y no supe en qué puerta. Me preguntaron: ¿en qué puerta usted quería entrar? ¡Tanto chiquillo y niño que estaban jugando. Adentro era un jardín donde jugaban los niños. Pero no hallé en cuál puerta ir. Miraba a ver si había gente conocida. Yo le conté a mi hermana ese peuma: ¿por qué será que se sueña así? le pregunté. Quizás te vas a enfermar -me dijo- cuando se sueña así se enferma, se va, le pasa el sentido. Y me enfermé mucho. Mi hermana me decía ¿no ves? y si hubieras entrado no estarías viva, ahora tienes que cuidarte.
Por su lado, la joven migrante a la ciudad de Santiago, Cecilia Huichacura contó que en un sueño: ella miraba al cielo un avión brillante y sintió que desde él le hablaban algunas personas.
Ese avión refulgía como la plata. De pronto un remolino la arrastró hacia una escalera y la hizo subir al cielo; estando arriba pudo escuchar muy de cerca las voces, vio a unas personas sentadas en la escalera y pensó: el mundo se va a acabar y estas son gente nueva; pero las voces le dijeron que no tuviera preocupación, que no se angustiara, que el mundo no se iba a acabar. Después que escuchó esas voces, el remolino la llevó hasta la escalera y bajó de nuevo a la tierra. Allí había agua cristalina, muchos pollitos y flores, trigo maduro.
Ella interpretó ese sueño con el sentido de un recado que le daban las divinidades por su preocupación por la existencia de tanta violencia en el mundo. A través de ese peuma, Cecilia podía eliminar la angustia que ello le provocaba, y a la vez, entregar ese aviso a los demás.
Hay distintas experiencias que pueden suceder en el viaje al wenumapu, pero es recurrente el hecho de que se debe subir por unas escalera, que es un campo fértil y poblado de niños, que es una suerte de casa donde hay distintas puertas. En casi todos las narraciones también hay voces que entregan algún mensaje y es frecuente que en los sueños de las machis (chamanas), aparece habitando la tierra del cielo ChaoGnechén (o Dios), con el cual se dialogará. Por ejemplo, el alma de la machi Carmela Romero estuvo en el wenumapu y cuenta que cuando llegué ahí, golpié la puerta. ¿Quién es me dijo? Me habló en castellano, me habló en inglés.
Comprendí inglés en mi sueño. Yo -le contesté en palabra mapuche- yo lo vengo a ver. Prendió una tremenda luz, me traspasó el luz en mi cuerpo....Pero lo que me habló el habla era la luz. Esa era palabra. No habló más, pero la luz me grabó toda la conversación que me dió.
Otro tipo de sueños femeninos -y al parecer extendidos al universo masculino también son aquellos que anuncian enfermedades o kutrán. En éstos, la soñadora atravesará charcos, aguas pantanosas, fangosas, se hundirá en un río turbio. Según las informantes los peumas con agua sucia son signo inequívoco de que les asolará una enfermedad. Asociado al agua aparecerán las culebras.
María Vidal nos cuenta que: Antes, cuando llegué al pueblo estuve meses soñando con una culebra. Era horrible esa culebra. Al comienzo se ganaba cerca de mi cama y ahí se quedaba quietecita. Después se fue acercando. Yo estaba tan asustada que tenía miedo de dormirme porque sabía que me soñaría con ella y que cada vez se me acercaría más. Así fue.
Pasaron los meses y una noche me soñé que ella se subía a la cama, yo estaba durmiendo en mi sueño con los pies destapados, allí se acercó y me rodeó las piernas. Ahí me liquidó. Después de eso me enfermé, estuve tan enferma, casi me morí.
Estos sueños muy comunes aparecen, dentro del imaginario mapuche, asociados al mito fundacional de Kai Kai y Tren Tren, en donde la primera es una culebra que domina las aguas, que las hace subir ahogando a los humanos, y la segunda una culebra de la tierra que los salva haciendo crecer los cerros. El agua aparece como un elemento que, al estar cerca de la muerte, se vincula a la enfermedad; a su vez el símbolo de la culebra estrecha a los soñadores con el mal.
Sucede con mucha frecuencia que si la enfermedad se anuncia por los peumas, también a través de ellos será posible leer los signos de la recuperación. Así, el soñar con agua limpia, con los antepasados, con plata, está diciendo al enfermo que se ha mejorado.
Otro conjunto de sueños son aquellos a través de los cuales las divinidades entregan dones a las personas. Se trata en estos casos de una suerte de transferencia de conocimientos desde el mundo sobrenatural al humano. Así, la tejedora Rosa Rapimán cuenta que: .Una vez soñé que iba un hombre -en una subida muy grande, en una montaña- con una manta cacique. Además llevaba un trarilonko (un cintillo) con el mismo tejido de la manta cacique ¡se veía tan bonito! que yo decía que igual lo podía hacer. Ese fue mi sueño. Dios me está diciendo que no tengo que quedarme sólo con lo que sé, sino que seguir creando. Dios transmite cosas por medio de los sueños, porque nadie está predestinado. Yo desde chica aprendí en sueños lo que conozco de tejido.
Por su lado, la alfarera Dominga Neculman nos dice que cuando no tiene trabajo sueña buscando greda: .en mis sueños saco una cosa tan linda, es como un pozo lleno de oro, tan bonita la greda que saco del pozo mío. Ahí me están indicando cómo será mi trabajo, me están
enseñando.



Lo mismo ocurre con la asunción del oficio chamánico. Será a través de diversos peumas y perimontún (visiones) que se le irá revelando a la elegida lo inequívoco de su destino. La machi Yolanda Curinao lo expresa así: .Yo estaba con sueños cuando era chica, cuando andaba en el colegio andaba con esos sueños. Soñaba de noche también que me daban todas esas cosas de machi: me daban banderas, dos banderas, y me daban kultrún, me daban de todos esos remedios, hartos remedios y me dicen: va a ser machi usted.
Así, el peuma, será una instancia privilegiada para la transmisión de sabiduría desde lo divino a lo humano. Casi siempre las tejedoras, las alfareras, las machis, seguirán soñando con hechos relacionados a sus oficios y habrá un corpus de señales onirícas que se irán inscribiendo en el tiempo y que les señalará los distintos rumbos que irá tomando su quehacer.
Por último, nos referiremos a los sueños con los antepasados. Generalmente se sueña con los padres, abuelos u otros parientes que han fallecido. Esos sueños aparecen con distintos signos: a veces muestran cómo están los difuntos en la tierra del cielo; otras, son leídos como llamados que éstos hacen y que indican que la persona fallecerá luego; también pueden traer consejos, ayuda y protección. La anciana María Raguileo, luego de que su marido murió soñaba constantemente con una estrella, el Lucero del Alba que entraba por su ventana. Ella decía que su esposo la echaba mucho de menos y que la visitaba convertido en esa estrella.
María Vidal por su parte soñó que iba por el campo y llegó hasta un enorme rio, no sabía como vadearlo. Desde la otra orilla escuchó su nombre, la estaban llamando. Era una señora, una patrona que había tenido hacía mucho tiempo y que había muerto. María intentó cruzar el rio, pero no pudo. Este sueño fue interpretado por ella como un anuncio de buena salud y está relacionado con la creencia que cuando se ha fallecido, para llegar al wenumapu, la tierra del cielo, es preciso cruzar un rio. Dos viejas ballenas son las encargadas de transportar el alma a la orilla. En el sueño de María el hecho de no cruzarlo (es decir no asumir la muerte) significaba bienestar, la patrona aparece incorporada al haz de antepasados que moran en el cielo.
Finalmente, Rosa Cabrera soñó una vez con su padre: .Mi viejo estaba igualito como era, con una manta que yo le había tejido cuando chica. Estaba apoyado en un árbol. Yo me acerqué y él me hizo cariño. Lo ví que estaba llorando. Cuando desperté supe que me estaba diciendo que tenía que ir a visitarlo el Día de los Muertos y llevarle flores..
Como se puede apreciar, el complejo entramado de los sueños mapuche nos evidencia una forma de concebir el mundo en donde la oposición sueño/vigilia aparece como un tránsito continuo del sujeto (y de su alma) por el mundo de arriba, de la tierra y el de abajo. El sueño es otra forma válida en que se despliega la experiencia humana. Así, todo lo que ocurre en ellos posee un sentido de realidad y afecta a las personas, del mismo modo en que lo hacen las situaciones cuando está despierto. Los sueños son, entonces, un soporte fundamental para la continuidad de la cultura y están indisolublemente unidos a la existencia del mapuche. Los sueños de las mujeres que aquí hemos ido hilvanando nos muestran que el epígrafe con que iniciamos esta lectura cobra sentido, porque es cierto que . Más allá de las nubes que surgen de estas aguas y estos suelos nos sueñan los antepasados Su espíritu -dicen- es luna llena El silencio su corazón que late.

NOTAS
1 Para mayores antecedentes al respecto consúltese el artículo de Lydia Nakashima en Antropología y Experiencia del sueño.
Extraído de “Palabra Dicha, Escritos sobre género, identidades, mestizaje” de Sonia Montecino. Colección de Libros Electrónicos- Universidad de Chile
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