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¿Quién es Gramsci?

Info10/9/2010
¿ Quién es Gramsci? Si lo conoce no es necesario que lea o que sigue. Si no lo conoce, habrá cumplido usted una de las aspiraciones de Gramsci —pasar desapercibido— como parte de su casi genial estrategia. Antonio Gramsci: Un intelectual en serio. Italiano. Uno de los fundadores del partido comunista italiano. Jamás publicó un libro. Pero es el artífice del éxito posible del marxismo y sus variantes en Occidente. Nació en Cerdeña, dentro de una familia pequeño burguesa, en 1891. Sus primeras preocupaciones fueron los italianos del Sur confrontados con los del Norte. Su pobre constitución física se veía compensada por una férrea voluntad, una gran inteligencia y un tesonero amor por el estudio. Teniendo 7 años de edad, su padre va a parar a la cárcel por razones políticas. A los 17 años —la familia ya muy empobrecida— gana una beca y va a estudiar a la Universidad de Turín. Corría 1908; Italia empezaba a industrializarse. Turín se constituye en el centro del proletariado italiano. Gramsci comienza a trabajar en los “consejos de fábrica” en forma tan activa, eficiente y alborotadora, que su labor llega a oídos de Lenin, quien lo llama a la Unión Soviética y le da corno destino Viena para extender su actuar fuera de las fronteras de Italia, en forma internacional. Se casa con una mujer rusa, con la que tiene 2 hijos. A los 33 años es elegido diputado por el partido comunista italiano. Cuando advierte el avance del fascismo, en noble actitud, permanece en su patria, pero envía su familia a la Unión Soviética. Un par de años después se produce su arresto, su juicio y su condena a 20 años de cárcel. Estando en la cárcel, en la ciudad de Bari, consigue permiso para recibir diarios y libros y comienza a escribir sus famosos “Cuadernos de la Cárcel”, que evidencian su pensamiento. A los 46 años enferma gravemente. A su hipertensión se suma la tuberculosis. Es entonces dejado en libertad vigilada cuando promedia su condena. Continuó escribiendo fuera de la cárcel y murió poco tiempo después. Un hombre privado de su líbertad por sus ideas políticas despierta inmediata adhesión, o cuando menos simpatía. Casi sin excepción. Pero además de su condición de preso político, conozcamos qué pensaba. ¿Ama usted la ideología de Gramsci? Sus ideas son bien conocidas por los que fueron llamados “teólogos de la liberación”. En Italia, Gramsci representó para el comunismo italiano la estrategia perfecta para el acceso al poder. Luego quiso extenderlo al mundo. Más precisamente al mundo occidental. Su lucha fue una lucha cultural. Uno de los puntos clave de su estrategia es la infiltración del lenguaje. Hacer que la gente hable en marxista sin saberlo. El fue el primero que postuló que a todo aquel que no fuera marxista debía llamárselo “fascista” para descalificarlo ya desde la palabra. “Lo que quiero —escribía a Tatiana, su cuñada rusa-- es elaborar una cultura popular italiana en clave completamente marxista”. Gramsci —como suele suceder con muchos teóricos de los problemas sociales— no tenía, ni le interesaba tener, grandes conocimientos de Economía. Tenía sí, una firme vocación de que el marxismo tomara el poder en Occidente. Habiendo visto fracasar su lucha obrera con los “Consejos de Fábrica” en Turín, escribe desde la cárcel en 1918: “la revolución en Italia no puede ser igual a la que se produjo en la Rusia de los zares. En Occidente debe apelarse a que las distintas “moléculas” del poder religioso piensen en marxista, sin saber que son marxistas; que las distintas “moléculas” de las fuerzas armadas piensen en marxista sin saber que son marxistas”. Y —aún más brillante— “que hablen en marxista sin saberlo, usando nuestra terminología, impregnándoles el lenguaje”.”Esta estrategia —dice Gramsci— debe extenderse a los medios en todas sus expresiones, a las escuelas y bibliotecas, a la arquitectura, a los nombres de las calles y de las plazas públicas”. “La clase dominante —socialista— debe legitimarse por la imposición de su propia concepción del mundo en todos los ámbitos. ¿Y quién es el protagonista de esta lucha por el poder? El intelectual”. Gramsci y los intelectuales Los intelectuales tradicionales dan forma a la sociedad —dice Gramsci—. Los intelectuales marxistas deben procurar que los intelectuales tradicionales cometan lo que él llama ‘la traición de clase”. Genial. Inevitablemente viene a mi mente un intelectual, periodista de larga trayectoria televisiva en la Argentina. No puedo evitar dejar de verlo como un intelectual tradicional que mordió el anzuelo. Se dejó penetrar. Permitió que violaran su pensamiento y su convicción. “Porque -dice Gramsci— la conquista de un intelectual es más importante que la de 1000 proletarios”. Lograr que las ideas socialistas sean aceptadas por la mayoría, es más importante que la toma del poder político. Si se logra que la mayoría hable y piense como izquierdista, la toma del poder político caerá “como fruta madura”. Hay que adueñarse lenta y progresivamente de las fuentes de la cultura: escuelas, universidades, prensa, cine, editoriales, etc. Adueñarse tanto de lo intelectual como de lo material. Adueñarse de editoriales, aunque la casa editorial tenga el sello de católica. Difundir por todos estos medios —en forma incansable— las ideas de izquierda. Gramsci sostiene abiertamente, que las clases populares no están capacitadas para superar o rechazar las ideas de la clase dominante. Esta firme aseveración le valió que la izquierda no deseara que sus textos cobraran difusión. Gramsci y la cosmovisión cristiana Ahora bien —y esto importa retenerlo— la implantación de una cosmovisión marxista no es posible sin la destrucción de la cosmovisión cristiana, sostiene Gramsci. Y cómo —se pregunta— se da esa decapitación de Dios en el campo interno católico? Con seudoteologías que puedan desmitificar o secularizar lo religioso. Gramsci estudió muy bien las encíclicas pontificias sobre el pensamiento moderno. Sostiene que el modernismo ha creado un partido político: la Democracia Cristiana. Y esto es muy conveniente según Gramsci porque representa una gran vulnerabilidad. Hay que convencer que ese partido representa el pensamiento de la Iglesia Católica, y hacer que los errores del partido sean vistos como fracasos de la Iglesia católica a través de su jerarquía. Grarnsci ha comprendido por otra parte, que las persecuciones a los católicos sólo sirven para reforzar la fe religiosa, y que el único camino válido para exterminar la Iglesia Católica consiste en que explote desde adentro. Su estrategia consistfa en ir sustituyendo progresivamente el sentido común cristiano por el sentido común materialista histórico. Para esto deben repetirse, insistentemente, los mismos argumentos, sólo variando la forma. A esta repetición la considera Gramsci el medio más eficaz para operar sobre la mentalidad popular. Repitamos —decía— que vamos a convencer a la generalidad de la gente y van a repetir con nosotros, sin ir a la esencia de lo que están repitiendo, sin comprender siquiera lo que están repitiendo. Tenía un objetivo grabado a fuego en su pensamiento: una posición existencial netamente antirreligiosa. Se debe intentar desmontar la religión, afirmaba, demostrando la vaciedad de una visión trascendente de la vida. Esta acción consistirá en dar a los cristianos intereses sensibles, tangibles, sociales, que posibiliten ese traspaso de una concepción trascendente a una concepción inmanente. En etapas graduales hay que llevar al cristiano para que paulatinamente vaya preocupándose más y más por lo temporal, por el quehacer cotidiano, por lo inmediato, y vaya relegando lo que es trascendente. Un enfrentamiento frontal provocaría —indica— rechazo. Entonces hay que entrar por adentro, desmontando paulatinamente a través de la “temporalización”, el mensaje cristiano. Cuando los cristianos acepten esto, nuestros esfuerzos serán conjuntos, aseveraba, trabajaremos con ellos, y luego se verá qué pasa. Si la Iglesia, por el contrario, entrara en competencia con el socialismo en el terreno temporal, en el logro de la justicia acá en la tierra, el socialismo la va a expulsar de la Historia. Dice Romano Guardini en su obra póstuma: “El estado totalitario ve en lo religioso un obstáculo para sus fines, ya que lo religioso proporciona sentido propio y cohesión interna al individuo, a la familia y a los grupos que se formen libremente. Por eso se esfuerza en erradicar lo religioso”
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