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¿Quieres cambiar tu Vida?

Info5/30/2010
La Fuente de una Vida Cambiada


¿Te has encontrado alguna vez diciéndote a ti mismo: "Odio esta vida"? ¿Cómo puede alguien experimentar un cambio real en su vida? ¿Un cambio positivo?

por Josh McDowell

Yo deseaba ser feliz. Quería ser una de las personas más felices del mundo. También deseaba que mi vida tuviese sentido. Buscaba respuestas para las preguntas:

* ¿Quién soy?
* ¿Por qué leches estoy aquí?
* ¿A dónde voy?


Es más, deseaba ser libre. Quería ser una de las personas más libres del mundo entero. Para mí la libertad no era simplemente hacer lo que me da la gana -cualquiera podría hacer eso. La libertad, para mí, significaba tener el poder para hacer lo que uno sabe que debería hacer. La mayoría de la gente sabe lo que debería hacer, pero no tiene la capacidad para hacerlo. Así pues, comencé a buscar respuestas.


¿Dónde se encuentra este cambio positivo?

Parecía que casi todo el mundo estaba en algún tipo de religión, así que hice lo más obvio: fui a una iglesia. Debí dar en la iglesia equivocada, pues sólo me hizo sentir aún peor. Iba a la iglesia mañana, tarde y noche, pero no servía de nada. Soy una persona muy práctica, y cuando algo no funciona lo dejo estar. Así que abandoné la religión.

Comencé a preguntarme si el prestigio podía ser la respuesta. Ser un líder, tomar una causa, darse por ésta y ser popular, pensaba. En mi universidad los líderes de los estudiantes movían los hilos del dinero y abusaban de su poder. Así que me presenté como candidato a presidente del primer curso y salí elegido. Era fantástico ser conocido por todos, tomar decisiones y gastar el dinero de la universidad para tener los conferenciantes que yo quisiera. Fue estupendo, pero se disipó como las otras cosas que ya había probado. Me despertaba el lunes por la mañana -normalmente con dolor de cabeza a causa de la noche anterior- y mi actitud era, "Bien, aquí tenemos otros cinco días". Aguantaba de lunes a viernes. Mi felicidad giraba alrededor de tres noches de la semana: viernes, sábado y domingo. Entonces el círculo vicioso volvía a empezar.


Buscando un cambio de vida, un cambio positivo

Creo que poca gente en la universidad buscaba tan sinceramente un significado, la verdad y un propósito como yo.

Durante ese tiempo me fijé en un pequeño grupo de gente: ocho estudiantes y dos miembros de la facultad. Había algo diferente en sus vidas. Parecían saber porqué creían lo que creían. También parecía que sabían a dónde iban.
Para mí la libertad era tener el poder de hacer lo que uno sabe que debe hacer. La mayoría lo sabe, pero no tiene el poder para hacerlo.

La gente en que me comencé a fijar no sólo hablaba del amor, sino que se involucraba en la vida de los demás. Parecía que cabalgaran por encima de las circunstancias de la vida universitaria. Mientras los otros parecían estar bajo presión, ellos daban una sensación de satisfacción y de paz que no estaba sometida a las circunstancias. Parecían poseer una fuente interior y constante de gozo. Eran fastidiosamente felices. Tenían algo que yo no tenía.

Como cualquier estudiante medio, cuando alguien tenía algo que yo no tenía, lo quería. Entonces decidí hacerme amigo de esa gente intrigante. Dos semanas después de esa decisión, todos estábamos sentados alrededor de una mesa en la asociación de estudiantes: seis estudiantes y dos miembros de la facultad. La conversación empezó a girar entorno al tema de Dios.


Preguntado sobre el cambio de vida, el cambio positivo

Me estaban molestando, así que al final repasé a una de las estudiantes, una chica guapa -antes solía pensar que todos los cristianos eran feos-, me tiré hacia atrás en la silla -no quería que los otros pensasen que tenía interés alguno-, y dije: "contadme, ¿qué cambió vuestras vidas? ¿Por qué son vuestras vidas tan diferentes de las de los otros del campus?"

Esa joven debía tener mucha convicción. Me miró de frente y dijo una palabra que yo nunca habría pensado que pudiesen ser parte de una solución en la universidad: "Jesucristo".

Dije, "Venga, por el amor de Dios, no me vengas con esa basura. Estoy harto de religión. Estoy harto de iglesia. Estoy harto de la Biblia. No me vengas con esa basura de la religión".

Ella replicó: "Eh, no dije religión, dije Jesucristo". Ella señaló algo que yo nunca había entendido: el cristianismo no es una religión. Religión es cuando los seres humanos tratan de hacerse su camino a Dios a través de las buenas obras; el cristianismo es Dios viniendo al hombre y a la mujer a través de Jesucristo para ofrecerles una relación con él.

Probablemente haya más gente en las universidades con una idea equivocada del cristianismo que en cualquier otro lugar del mundo. Hace algún tiempo conocí a un profesor asistente quien en un seminario hizo la observación "cualquiera que entra en una iglesia se hace cristiano". Respondí con la pregunta, "¿entrar en un garaje te hace ser un coche?". Entendí que un cristiano es alguien quien cree genuinamente en Cristo.
Al considerar el cristianismo mis nuevos amigos me desafiaron intelectualmente a examinar la vide de Jesús.

Al considerar el cristianismo mis nuevos amigos me desafiaron intelectualmente a examinar la vida de Jesús. Descubrí que Buda, Mahoma y Confucio nunca afirmaron ser Dios, en cambio Jesús sí lo hizo. Mis amigos me pidieron que examinase la evidencia de la deidad de Jesús. Estaban convencidos de que Jesús era Dios en forma humana, que murió en la cruz por los pecados de la humanidad, que fue enterrado, que resucitó a los tres días y que él podía cambiar la vida de las personas hoy mismo.

Pensaba que esto era una farsa. De hecho creía que la mayoría de cristianos era idiotas andantes. Había conocido a algunos. Solía esperar que uno hablase en clase para así poder hacerle añicos y encima darle al profesor. Pensaba que si los cristianos tenían una neurona, ésta moriría de soledad. No sabía mucho más.

Pero esta gente me desafiaba una y otra vez. Finalmente acepté su desafío. Lo hice por orgullo, para refutar lo que creían, pensando que no había hechos. Asumía que no existía evidencia alguna que poder evaluar.

Después de meses de estudio llegué a la conclusión de que Jesucristo tenía que ser quien decía ser. Eso presentaba un problema nada desdeñable. Mi mente me decía que todo esto era verdad, pero mi voluntad me empujaba en otra dirección.

Descubrí que hacerse cristiano implicaba en gran medida destruir el propio ego. Jesús desafío directamente a mi voluntad para que confiase en él. Déjame parafrasearle. "Mira, estoy a la puerta y llamo. Si alguien me oye y abre, entraré con él" (Apocalipsis 3:20). No me importaba si Jesús anduvo sobre las aguas o convirtió agua en vino, no quería ningún aguafiestas cerca. No podía pensar en una manera más rápida de echar a perder un buen rato. En este punto mi mente me decía que el cristianismo era verdad y mi voluntad estaba huyendo de ello.


Más consciente de que odio mi vida

Cada vez que estaba con esos cristianos entusiastas empezaba el conflicto. Si alguna vez has estado entre gente feliz cuando tú eres miserable, entonces puedes entender cuán molestos pueden llegar a ser. Ellos estaban tan felices y yo era tan miserable que yo me llegue a levantar e irme de la asociación de estudiantes, literalmente. Llegué al punto en el que me acostaba a las diez y no podía dormirme hasta las cuatro de la madrugada. áSabía que tenía que sacármelo de la cabeza o me volvería loco! Finalmente mi cabeza y mi corazón conectaron, el 19 de diciembre de 1959, a las 8:30 de la mañana, en mi segundo año de universidad. Me convertí al cristianismo.
Entre seis meses y un año y medio después descubrí que no había perdido el control. Mi vida HABÍA combiado.

Esa noche oré por cuatro cosas, para establecer una relación con Jesucristo, la cual ha transformado mi vida desde entonces. Primero, dije: "Señor Jesús, gracias por morir en la cruz por mí". Segundo, dije: "Confieso que hay cosas en mi vida que no te placen y te pido que me perdones y me limpies". Tercero, dije: "Ahora, de la mejor manera que sé, te abro la puerta de mi corazón y de mi vida y confío en ti como mi Salvador y Señor. Toma el control de mi vida. Cámbiame de arriba abajo. Hazme la persona que tú me creaste para ser". Lo último que oré fue: "Gracias por entrar en mi vida por fe". Era una fe basada no en la ignorancia sino en la evidencia histórica y en la Palabra de Dios.

Seguro que has oído a gente religiosa diversa hablar acerca de su experiencia personal alucinante. Bien, después de mi oración no ocurrió nada. Quiero decir, nada de nada. Aún no me salieron alitas. De hecho, después de tomar esa decisión me sentí peor. Literalmente pensaba que iba a vomitar. Oh no, pensé, ¿dónde me he metido ahora? Realmente sentía que había perdido el control -y seguro que alguna gente piensa que así fue.


Dios, el cambio de vida y el cambio positivo

Pero entre seis meses y un año y medio después descubrí que no había perdido el control. Mi vida HABÍA cambiado. Un día estaba en un debate con el jefe del departamento de historia de la Midwestern University, cuando dije que mi vida había cambiado. Me interrumpió diciendo: "McDowell, ¿está intentando decirnos que Dios realmente cambiado su vida en el siglo XX? ¿En qué áreas?" Después de 45 minutos dijo, "De acuerdo, ya basta". Permíteme que te cuente algunas de las cosas que le conté a él y a la audiencia ese día.

Un área que Dios había cambiado era mi desasosiego. Siempre tenía que estar ocupado. Cruzaba el campus y mi mente era como un torbellino con conflictos rebotando por sus paredes. Me sentaba e intentaba estudiar, pero no podía. Unos meses después de la decisión por Cristo desarrollé una especie de paz mental. No me malinterpretes. No me refiero a la ausencia de conflicto. Lo que encontré en mi relación con Jesús no era la ausencia de conflicto, sino la habilidad de lidiar con éste. No cambiaría eso por nada en el mundo.

Otra área que comenzó a cambiar fue mi mal temperamento. Antes solía ponerme como loco por el simple hecho de que alguien me mirase. Aún tengo las cicatrices de una vez en que casi mato a un tipo, en mi primer año de universidad. Mi temperamento estaba tan íntimamente ligado a mi persona que ni intentaba cambiarlo conscientemente. Llegué al punto donde solía perder el control, pero descubrí que mi mal temperamento había desaparecido. En catorce años sólo he estallado una vez, áy esa vez contó por seis años!


El cambio positivo en cuanto al odio

Hay otra área de la cual no estoy orgulloso. La menciono porque mucha gente necesita tener este mismo cambio en sus vidas, y yo encontré la fuente del cambio: una relación con Jesucristo. Esa área es el odio. Había mucho odio en mi vida. No era algo que se viera desde fuera, pero había una especie de machaque interior. Estaba cabreado con la gente, con las cosas, con los problemas.
Después de aceptar a Cristo, él entró en mi vida. Su amor era tan fuerte que cogió todo el odio y le dio la vuelta.

Pero yo odiaba a un hombre más que a nada en el mundo: a mi padre. Le odiaba a muerte. Para mí era el alcohólico del pueblo. Todo el mundo sabía que papá era un borracho. Mis amigos hacían bromas sobre mi padre tambaleándose por el centro. No pensaban que me molestase. Yo hacía como los otros: me reía por fuera. Pero permíteme que te diga que lloraba por dentro. Hubo veces en las que fui al establo y encontré a mi madre en el estiércol. No se podía levantar de lo mucho que la había golpeado. Cuando venían amigos a casa yo sacaba a mi padre y lo ataba en el establo, y escondía el coche detrás del silo. Les decíamos a nuestros amigos que él había salido. No creo que nadie haya odiado más a alguien de lo que yo odiaba a mi padre.

Después de aceptar a Cristo, él entró en mi vida. Su amor era tan fuerte que cogió todo el odio y le dio la vuelta. Ahora era capaz de mirar a padre cara a cara y decirle "Papá, te quiero". Y realmente era así. Después de las cosas que había llegado a hacer, esto le impactó.

Cuando me pasé a una universidad privada, tuve un serio accidente de coche. Me llevaron a casa con un collarín de cuello. Nunca olvidaré a mi padre cuando vino a mi habitación. Me preguntó: "Hijo, ¿cómo puedes amar a un padre como yo?" Dije: "Papá, hace seis meses yo te detestaba". Entonces compartí con mi padre las conclusiones a las que había llegado acerca de Jesús: "Papá, dejé a Jesucristo entrar en mi vida. No puedo explicarlo del todo, pero como resultado de esa relación he encontrado la capacidad de amar y aceptar no sólo a ti sino a los demás, sean como sean".

Cuarenta y cinco minutos después ocurrió una de las mayores cosas de mi vida. Alguien de mi propia familia, alguien que me conocía tan bien que no le podía dar gato por liebre, me dijo: "Hijo, si Dios puede hacer en mi vida lo que le he visto hacer en la tuya, entonces quiero darle una oportunidad". Ahí mismo mi padre oró conmigo y confió en Cristo, en que él le perdonaba sus pecados.

Normalmente los cambios toman algunos días, semanas, meses e incluso un año. La vida de mi padre cambió delante de mis narices. Fue como si alguien bajase y encendiese una bombilla. Nunca había visto un cambio tan rápido, ni nunca lo he visto desde entonces. Mi padre sólo ha tocado el whisky una vez desde entonces. Y sólo llego a sus labios. He llegado a una conclusión. Una relación con Jesucristo cambia vidas.


El cambio de vida, el cambio positivo

Puedes reírte del cristianismo. Puedes burlarte y ridiculizarlo. Pero funciona. Cambia vidas. Si confías en Jesús, vigila tus actitudes y tus acciones, porque Jesucristo se dedica a cambiar vidas.

Pero el cristianismo no es algo que puedas forzar a tragar a la gente. Todo lo que puedo hacer es explicarte lo que he aprendido. Después sólo queda tu decisión.

Quizá la oración que yo hice te sea de ayuda: "Señor Jesús, te necesito. Gracias por morir en la cruz por mí. Perdóname y límpiame. Ahora mismo confío en ti como mi Señor y mi Salvador. Hazme la persona que tú tenías pensado cuando me creaste. En el nombre de Jesús, Amén"



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