Es bastante largo el texto, pero está muy bueno. A los que dudan sobre si leerlo o no, pueden ojear antes las ideas principales del artículo [al final del texto], y ahí deciden si les interesa o no ampliar en la temática.
¡Saludos!
Título original: "Abajo el honestismo"
La corrupción estatal como arma ideológica
"El Estado es corrupto" es una construcción abstracta de las más exitosas que el neoliberalismo logró instalar en el imaginario colectivo. Parte de una realidad concreta que es lo que la hace verosímil y es que en muchas áreas del Estado efectívamente hay corrupción.
El efecto de creer que el Estado es, casi por definición, corrupto tiene implicancias que atentan contra el bienestar general. En principio se desprenden algunas conclusiones que están implícitas en el hecho de creer que el Estado es corrupto. La primera es que al ser el Estado un antro de corrupción los gobiernos -aquellos grupos de individuos que electos por la voluntad popular timonean el Estado- son por transitividad meros administradores de la corrupción. Y centrar eje político en quién supuestamente roba y quién supuestamente no es un despropósito por donde se lo mire que le quita contenido y profundidad al pensamiento político.
Martín Caparrós generó una interesante polémica hace un par de años cuando publicó una columna acerca del "honestismo". Decía Caparrós en aquel entonces que: El honestismo es la tristeza más insistente de la democracia argentina: la idea de que cualquier análisis debe basarse en la pregunta criminal: quiénes roban, quiénes no roban. Como si no pudiéramos pensar más allá, como si no se pudiera hacer honestamente una política para los ricos o una para todos, como si no hubiera líderes honestísimos nefastos, como si el señor Bush hubiera necesitado robar algo para armar el desastre que armó. El honestismo ya dejó su marca en la política argentina: fue la confusión que llevó al gobierno a aquella Alianza entre radicales y progres que terminó convocando al licenciado Cavallo. El honestismo no tiene línea política, lanza admoniciones; el honestismo es la resignación del debate político en aras de la encuesta judicial (Al respecto muy interesante aquel debate entre Caparrós y Fernando Iglesias que se puede ver aquí ).
Lo que plantea Caparrós es que el debate sobre la corrupción encubre la discusión ideológica, fundamental en la política. Porque todavía aquí y a ahora hay unos cuantos dirigentes políticos que sostienen -como en los 90s- que lo fundamental es el honestismo y superada la corrupción todo andaría bien. En lo concreto significaría por ejemplo que un gobierno neoliberal honesto, que otorgue limpiamente las áreas que antes administraba el Estado (por ejemplo: los aportes de los trabajadores a las AFJP) sería mejor que un gobierno sospechado de corrupción que sostenga que los aportes de los trabajadores tienen que estar en manos del Estado. Como si la clave estuviera en la pulcritud de los dirigentes y no en la política en sí misma.
Y si bien efectivamente encubre el debate político de fondo, la creencia en que el problema es la corrupción estatal encubre algo más, que está ahí a la vista de todos cual zoncera pero de lo que, sin embargo, no se habla. Porque convengamos en que si hay un Estado corrupto necesariamente tiene que haber una contraparte corruptora. Por ejemplo: ¿qué significa que el Estado adjudique una determinada obra con sobreprecio? Significa que hay una empresa o corporación que está cobrando de más al Estado para incrementar sus ganancias. Y sin embargo cuando suceden estas cosas la lupa siempre se pone en los funcionarios del gobierno responsables y casi al pasar se menciona la contraparte empresaria. Es tabú hablar de la corrupción empresaria, que es tan corrupta como la corrupción estatal.
Y el efecto de soslayar sistemáticamente la corrupción empresaria es el refuerzo de la idea de que el problema es el Estado, que es corrupto. Entonces se abona ideológicamente el terreno para que crezcan los proyectos que proponen desmantelar al Estado para que el mercado administre eficientemente los destinos del país. Por supuesto: el neoliberalismo. Pero ejemplifiquemos así se termina de entender la idea.
Hace unos 6 años publicabamos un post acerca de las famosas coimas en el Senado para aprobar la nefasta reforma laboral de la Alianza, que gracias a la denuncia de Hugo Moyano acerca de "la banelco" a la salida de una reunión con el entonces ministro de trabajo Flamarique destapó un escándalo de enormes magnitudes y que terminó con la renuncia de Chacho Alvarez a la vicepresidencia. En dicho post analizando las coimas en el senado el planteo era básicamente el siguiente:
1) A alguien se le ocurrió que si existiese una ley de reforma laboral que precarizara el mercado laboral tendrían ganancias de al menos 5,600,000u$ (que fue lo que "invirtieron" en coimas a los senadores, asi que el beneficio tiene que ser mayor que eso, sino no tendría sentido pagar tanta plata y arriesgarse). Ese alguien tiene que tener acceso a las mas altas esferas del gobierno, asi que las usa. (No cualquiera llama a un senador o ministro o presidente y le dice "aprobame esta ley, yo me ocupo de que esto no salte a la luz".)
2) El contacto en las altas esferas del gobierno coordina los detalles del plan, arregla con la SIDE (que al ser la central de espionaje es algo inevitable ya que de otra manera la SIDE los descubriría y denunciaría la maniobra a la justicia si no fueran comprables).
3) La SIDE utiliza su estructura para coordinar la operación.
4) Los senadores (y quien sabe quiénes mas) reciben su pago.
5) Los senadores votan en contra de los trabajadores.
6) Nos jodemos todos menos ese alguien.
Y justamente lo que intentabamos analizar es por qué se investigaba desde el punto 3) y no desde el 1). Es decir: la lupa se puso en la parte estatal -con justos motivos- pero se dejó de lado el origen del delito, el origen de la corrupción. ¿A quién beneficiaba la reforma laboral si efectivamente no beneficiaba a los trabajadores? ¿Quiénes contaban con el dinero para sobornar al Senado y con contactos en las altas esferas del gobierno como para llevar a cabo ese atropello a los derechos de los trabajadores? Es evidente que la respuesta tiene que venir necesariamente del lado de las grandes empresas. Pero de ellas nunca se habló y al día de hoy, 10 años después, no tenemos ni la más remota idea de los nombres de los autores intelectuales de dicha reforma (aunque sí de los funcionarios implicados como Pontacuarto, Genoud , Cantarero, etc).
Entonces, cambian los funcionarios públicos pero los autores intelectuales siguen escondidos en la oscuridad de la impunidad y nada impide que en otro momento vuelvan a la carga con otra idea tan genial como aquella. Por supuesto que hay casos como el de IBM-Banco Nación o el Swiftgate en los que el Gobierno exigía coimas para que las empresas puedan hacer negocios, y los funcionarios públicos deberían tener una condena aún mayor que los empresarios por tener la responsabilidad de la carga pública; pero la corrupción empresaria tiene que ser igualmente castigada y puesta a discusión en la opinión pública. Así como hay funcionarios corruptos también están los empresarios corruptos, aquellos que lavan dinero por ejemplo.
Porque hay muchos que creen que lo que hay que hacer es desarmar el supuesto mito de la corrupción estatal, que la hay y que todos lo sabemos. Pero esa no es una tarea difícil sino una tarea imposible. Lo que habría que lograr es que la opinión pública entienda que hay dos que bailan el tango de la corrupción y dejar de esconder a una de las partes para que todo el debate se centre en la otra.
Ciertamente la corrupción es un grave problema, eso no está en discusión. Pero la corrupción es estructural. Desde las policías , la forma en la que se hacen negocios, ciertos jueces, funcionarios públicos, periodistas y ciudadanos de a pié (¿o acaso cuando un comerciante paga una coima a un inspector municipal es menos corrupto que un empresario que paga una coima a un funcionario de mayor rango? ¿El que coimea a un policía por infringir alguna norma de tránsito es menos corrupto que el empresario que comete un delito y soborna a juez?) hasta algunos periodistas que cobran dinero por mirar para otro lado o por decir algo que saben que es menitra. La corrupción está arraigada y la única forma de poder empezar a esbozar una solución al problema es dejar los enfoques que hablan de un gobierno corrupto y una sociedad carmelita que sólo es víctima -y no partícipe- de la corrupción.
Por otra parte "corrupción" engloba demasiadas cuestiones y simplificarlas en un único término lleva a suponer que es todo lo mismo, que todo es igual de grave y que todos los hechos de corrupción se equiparen más allá de las diferentes consecuencias que implican unos y otros casos. Algunos ejemplos:
¿Es lo mismo ofrecerle dinero a un policía por cruzar un semáforo en rojo que ofrecerselo para evitar una multa por mal estacionamiento? ¿Y qué sería más grave: que el conductor le ofrezca al policía o que el policía le pida el dinero al conductor para hacer la vista gorda ante la infracción?
El periodista que recibe dinero por abajo de la mesa a cambio de su opinión o silencio, ¿es más o menos condenable que el abogado que trucha pruebas para lograr la absolución de sus defendidos a sabiendas de que es culpable?
¿Quién sería más corrupto: un periodista que recibe dinero del Estado por sus opiniones o silencios o aquel que cobra por la misma tarea de manos privadas? ¿Atenuaría el hecho si el periodista cobrara pero además coincidiera con lo que se le pide que opine o sería igualmente condenable?
¿Cuál sería la diferencia entre la corrupción existente entre un empresario que paga coimas a un funcionario para hacer negocios legítimos con el Estado y un empresario que le paga a un funcionario para que haga la vista gorda en los desechos tóxicos que vierte en el Río?¿Son igualmente condenables?
¿Quién merece más condena: un asesino o el juez que a sabiendas de que ese tipo es un asesino lo deja suelto y genera las condiciones para que ese tipo vuelva a asesinar porque el abogado de la víctima lo sobornó o es amigo suyo?
¿Es lo mismo recibir dinero a cambio de entregar el patrimonio de un país que cobrar una coima por abajo para hacer obras públicas que, una vez concluidas, engrosarían el patrimonio de ese mismo país?
Ante estas preguntas sólo un puñado responderían desde el purismo que todos los casos son equiparables porque son corrupción. Es evidente que no son equiparabes por más que sean condenables. Y quizás por eso tendríamos que complejizar un poco la forma en la que percibimos -con ayuda de los medios que tenemos- la corrupción. Una sóla palabra para describir todas las prácticas que engloba nos lleva a pensar de una manera absolutamente reduccionista en el que la corrupción es siempre igual y que todo hecho corrupto es igualmente condenable por, claro, ser corrupto.
Lo importante es dejar de hablar como si lo único que importa es el honestismo. No robar es un valor, sin dudas, pero no dice nada acerca de las ideas políticas de quienes no roban. Ni Elisa Carrió, ni Cristina Fernández de Kirchner, ni Pino Solanas, ni Lopez Murphy han robado hasta donde podemos saber desde aquí. ¿Nos dice algo acerca de qué modelo de país persigue cada uno? Para nada, con lo cual cuando hablamos de política tenemos que discutir política y no criminalidad (como hacen algunos periodistas en ciertos medios que no vienen al caso).
Para terminar este largo post y a modo de resumen ponemos de manifiesto las ideas principales:
• Que la corrupción estatal tiene una contraparte corporativa, una relación dialéctica en la cual no puede existir una sin la otra.
• Que la construcción abstracta "El estado es corrupto" oculta a ese otro actor igualmente corrupto y termina poniendolo en un pedestal que confude a la opinión pública haciendole creer que como el Estado corrupto los empresarios son honestos.
• Que no hay un sólo tipo de corrupción ni todos los tipos generan consecuencias de igual gravedad.
• Que la corrupción en nuestro país no es exclusiva de las clases dirigentes, que la corrupción también está arraigada en el seno de la sociedad argentina.
• Que "corrupción" no dice nada acerca de las ideas políticas. Discutir política desde ese enfoque oculta las ideas políticas que son, en definitiva, las que orientan el rumbo del Estado. El debate político orientado desde la discusión de los escándalos o delitos le hace mal a la política. Esas discusiones se deberían dar en los programas policiales, que hoy por hoy sólo muestran la corrupción y los delitos de las clases menos favorecidas.
Mundo Perverso