Reflexión Sobre La Pena de Muerte

Por lo general cuando la atención mediática y de las personas se centra en personas que cometieron actos de maldad reprochados por la mayoría de la gente -e insisto en decir mayoria, ya que el pensamiento popular sobre algo se define por la cantidad de gente que comparte esa idea, y se torna ambiguo si la opinion se divide en dos mitades- se trae al frente la discusión sobre la legitimidad de la pena de muerte. ¿Acaso está bien castigar ciertos actos ilegales con la muerte?
En el momento en el que nos hacemos esta pregunta, mas argumentos y preguntas la siguen: ¿Tenemos el derecho a decidir sobre la vida de los otros? ¿Es contradictorio castigar a un asesino por decidir sobre la vida de los otros, decidiendo sobre su vida? ¿Es algun tipo de ironía o reminiscencia de la ley del Talión? ¿El castigar a alguien con la misma acción que reprochamos, no nos vuelve tan reprochables como el castigado?
La gente suele ser contradictoria en este último punto. Sostienen que un asesino es aquel que mata, pero que el verdugo no es un asesino; que importa quien lo hizo primero, pero luego le dicen a sus hijos si se pelean que no importa "quien empezó"; que apoyan la pena de muerte, pero que no son asesinos porque no la imparten. Pero en este caso, ¿importa quien es el que mata al condenado, si tan solo lo esta haciendo como representante de una voluntad popular mayor que lo "legitimiza"? ¿Importa el mercenario o aquel que lo contrató?
Mucha gente diría que alguien es un asesino por mandar a matar a otro, pero que su voto a favor de condenar a alguien a la pena de muerte no lo convierte en responsable. Hay una idea de refugio en la anonimidad del voto, ya que implica que la condena hubiera sido impartida de todos modos si cualquiera de nosotros hubieramos votado en contra, ya que aún así nos hubiera superado la mayoría. La responsabilidad de la condena entonces se parte y reparte entre todos los que la arengaron, de forma que todos comparten la culpa, pero no son enteramente culpables.
Probablemente sea mas fácil no sentirse culpable si uno carga con la responsabilidad en grupo, pero no podemos insistir en que es una medida correcta solo porque al mirarnos tímidamente entre nosotros sabemos que todos hicimos algo malo. El votar a favor de la muerte de una persona es lo mismo que decir que si nos dieran la posiblidad legal de dispararle a e alguien que nos hirió a nosotros o a otros, la tomaríamos. No seremos nosotros los que administramos la inyección, pero somos los que queremos que se haga. Somos los que tenemos el deseo e intención de que esa persona muera y de matarla, y la intencion de matar en realidad es penada por la ley. Que la bala no nos pegue no quiere decir que no nos haya querido pegar.
Fuera de todas las contradicciones que alberga la pena de muerte, hay que hacerse una última pregunta: ¿Que tanto confiamos en nuestro sistema judicial, en nuestro gobierno, para decidir quien muere y quien no?
En el momento en el que nos hacemos esta pregunta, mas argumentos y preguntas la siguen: ¿Tenemos el derecho a decidir sobre la vida de los otros? ¿Es contradictorio castigar a un asesino por decidir sobre la vida de los otros, decidiendo sobre su vida? ¿Es algun tipo de ironía o reminiscencia de la ley del Talión? ¿El castigar a alguien con la misma acción que reprochamos, no nos vuelve tan reprochables como el castigado?
La gente suele ser contradictoria en este último punto. Sostienen que un asesino es aquel que mata, pero que el verdugo no es un asesino; que importa quien lo hizo primero, pero luego le dicen a sus hijos si se pelean que no importa "quien empezó"; que apoyan la pena de muerte, pero que no son asesinos porque no la imparten. Pero en este caso, ¿importa quien es el que mata al condenado, si tan solo lo esta haciendo como representante de una voluntad popular mayor que lo "legitimiza"? ¿Importa el mercenario o aquel que lo contrató?
Mucha gente diría que alguien es un asesino por mandar a matar a otro, pero que su voto a favor de condenar a alguien a la pena de muerte no lo convierte en responsable. Hay una idea de refugio en la anonimidad del voto, ya que implica que la condena hubiera sido impartida de todos modos si cualquiera de nosotros hubieramos votado en contra, ya que aún así nos hubiera superado la mayoría. La responsabilidad de la condena entonces se parte y reparte entre todos los que la arengaron, de forma que todos comparten la culpa, pero no son enteramente culpables.
Probablemente sea mas fácil no sentirse culpable si uno carga con la responsabilidad en grupo, pero no podemos insistir en que es una medida correcta solo porque al mirarnos tímidamente entre nosotros sabemos que todos hicimos algo malo. El votar a favor de la muerte de una persona es lo mismo que decir que si nos dieran la posiblidad legal de dispararle a e alguien que nos hirió a nosotros o a otros, la tomaríamos. No seremos nosotros los que administramos la inyección, pero somos los que queremos que se haga. Somos los que tenemos el deseo e intención de que esa persona muera y de matarla, y la intencion de matar en realidad es penada por la ley. Que la bala no nos pegue no quiere decir que no nos haya querido pegar.
Fuera de todas las contradicciones que alberga la pena de muerte, hay que hacerse una última pregunta: ¿Que tanto confiamos en nuestro sistema judicial, en nuestro gobierno, para decidir quien muere y quien no?
Yo.