existen varios registros graficos y escritos al rededor del mundo que nos enseñan como vivian nuestros antepasados,sabemos de piramides,de dioses,de sacrificios,de emperadores,etc.Sin embrago existen otros registros que nos hablan de la posibilidad de que en algun momento de la historia nuestros predecesores alcanzaron una posible y enigmatica cuspide tecnologica,incluso superior a la que tenemos hoy en dia,estoy hablando de robots,de motores de hace mas de 200 años,de mapas con fotografia aerea y muchos otros desconcertantes hallazgos que les mostrare y presentare con mucho detalle en este post.
ROBOTS DE LA ANTIGUEDAD
Debido a unos descubrimientos enigmáticos en nuestro tiempo, se tiene una mayor presunción de la existencia, en un pasado remoto de la Humanidad, de una tecnología avanzada, comparable incluso a la que gozamos, y sufrimos, en nuestros días.
Diversos objetos manufacturados, hallados en distintas partes del globo, y otros instrumentos diseminados por los cinco continentes, cuya antigüedad milenaria no se cuestiona, ponen en nuestras manos argumentos suficientes para poder pensar que, seguramente, no hemos sido los primeros habitantes de la Tierra.
Si pudiéramos disfrutar de una televisión del tiempo, y enfocáramos la estancia en que estudiaban y escribían aquellos dos sabios y santos que fueron Tomás de Aquino y Alberto, durante su estancia en París y en Colonia, seguramente contemplaríamos muchos libros y papeles, mapas, objetos diversos de trabajo y es posible también que un extraño ser metálico con aspecto humanoide, un robot, disciplinado y ordenadísimo, a quienes ambos dominicos tendrían encomendadas las tareas domésticas. Una especie de ama de casa, o asistenta, que tuviera y mantuviera la estancia siempre limpia y con cada cosa en su sitio.
Según se contaba en la época, en el siglo XIII, y de ello quedaron muchos testimonios escritos, el invento lo construyó San Alberto a base de metales y una serie de sustancias desconocidas. Pensemos que eran aquellos unos años en los que se sintió con verdadero entusiasmo la llegada de los conocimientos científicos clásicos, de Grecia sobre todo, en un renacimiento espectacular de lo antiguo.
De algunos manuscritos anteriores a la venida de Jesucristo, probablemente egipcios, extrajo San Alberto las instrucciones que le hicieron posible la fabricación del robot, labor en la que empleó nada menos que veinte años. Los santos dispusieron de muchacha para todo, infatigable al esfuerzo y bien dispuesta para el trabajo. Pero, como se dice que no hay dicha completa, el robot le salió a su creador excesivamente juguetón y revoltoso, tanto que perturbaba en gran manera la concentración, que la labor de teología y apostolado requiere.
Un día, cansado de sus ruidos y de sus juegos, se cuenta que Santo Tomás lo destrozó con un martillo en un arrebato de ira. Ya nunca volvió a funcionar el pobre robot, cuya única falta fue "estar demasiado vivo".
Santo Tomas de Aquino:este sabio hombre seria quien le habria dado vida a un robot inteligente
La anécdota parece de ciencia-ficción, pero es más perteneciente al realismo fantástico. Porque no es la única referencia a la existencia de robots en tiempos pasados. Platón hablaba de sus robots en muchos de sus escritos y llegó a contar que eran tan perfectos, que podría decirse que muchas veces actuaban por su cuenta, sin tener en consideración las órdenes que se les transmitían, hasta el extremo de que, si no se tenía cuidado con ellos, se escapaban.
También los dioses del Olimpo griego tuvieron, según cuentan las leyendas, robots. Y Hefaistos, el forjador del Olimpo, poseyó dos, en forma de hermosas jóvenes mujeres, que lo transportaban a él a hombros , y acudían a socorrer a todo el ejército de dioses, con los que contó la mitología griega
En China, se llamaba Khawai-Shuh al arte de proporcionar vida a los muñecos, sirvientes en todo momento exclusivamente de su dueño. Se cuenta en las leyendas que fue precisamente en China, donde tuvo lugar una romántica historia de amor y celos, por culpa de un robot extraordinariamente bello e inteligente, que poseía el emperador Tachouan.
Su esposa se enamoró hasta tal extremo del artefacto, que Tachouan sufrió unos terribles celos y lo hizo destruir por completo. No refiere la leyenda si la enamorada lloró mucho o poco la pérdida del objeto de su amor. no han quedado pruebas y vestigios de esta historia de amor, pero fue bella. Como todas las historias de amor.
En tiempos no tan remotos, el que después sería papa con el nombre de Silvestre II, cuando era simplemente el monje Gerbert d'Aurillac, que vivió entre los años 920 y 1003, sin muchas posibilidades de conseguir el papado, profesor que fue de la Universidad de Reims, tuvo acceso a libros muy antiguos, cifrados y crípticos, que explicaban, a quien fuera capaz de desentrañarlos, la teoría y la práctica de la construcción de robots. Dicen que Silvestre construyó uno que incluso hablaba. Documentos de tan insólito personaje mecánico se encuentran prácticamente enterrados, que no guardados, en la Biblioteca vaticana.
Por si nuestra sorpresa ante la tecnología del pasado, no ha alcanzado aún un grado de altura suficiente, recordemos que el templo de Zeus, en Atenas, disponía de un mecanismo de control automático, para proveerse de agua bendita, y que en los lugares sagrados de Egipto, depositando una moneda adecuada por la ranura, un conducto suministraba igualmente el líquido elemento purificador.
La estatua de Memnon, 1.500 años a.C., emitía una dulce melodía cuando los rayos del sol tocaban su cabeza. Cuando estuvieron en Egipto Adriano y Septimio Severo, oyeron esa música con gran asombro. Hay muchas citas de las cualidades de la estatua de Memnon. Si realmente existió, y parece ser que sí, debemos pensar no sólo en el hecho curioso de una estatua gigantesca, que emite determinados sonidos, igual da que sean musicales o no, cuando los rayos solares calientan su cabeza, sino también y sobre todo en cuál sería el mecanismo que convirtiera el calor y la luz en movimiento y sonido.
colosos de memnom:no son las miticas estatuas roboticas,pero es lo mas cercano que existe
No es éste el único caso de lo que pudiéramos llamar "gramófono". Andrew Tomas recoge en un libro que muchos personajes conocidos en la antigüedad, poseyeron "piedras que hablaban", por ejemplo, el fenicio Sanchuniathon, en el año 1193 a. C.), Pilo Biblos, en el año 150, y Eusebio, en el año 300.
Se da la circunstancia de que, tanto en la Vera Historia, La historia heterodoxa, desde luego, de Luciano como en el libro de Enoch, se habla de unos "espejos mágicos", mirando a través de los cuales era posible observar escenas que se estaban desarrollando a mucha distancia y en directo. Y en el denominado "Libro de las Seis Ciencias", libro de saberes antiquísimos, recoge alusiones a espejos similares, en los que era factible contemplar escenas lejanas, pero no solamente distantes en el espacio, sino también de otro tiempo, pasadas e incluso futuras. ¿Estamos hablando de una especie de televisores?
Posiblemente también conocieron en la antigüedad remota el rayo láser, y esa debió ser la causa que provocó que las ruinas de una ciudad, descubiertas en Nevada, estén fundidas por una cantidad tan grande de calor como sólo el láser es capaz de producir. Todavía hoy, al cabo de miles de años, no arraigan vegetales en sus contornos. Y en muchos lugares del mundo se han hallado "piedras negras" con elevado porcentaje de berilo y aluminio, lo que parece demostrar que fueron sometidas, Dios sabe cuándo, a elevadísimas temperaturas, y a bombardeo radiactivo.
La perplejidad que producen estas, llamemos, referencias es tan grande, que cualquier comentario está de más. Planteemos en cualquier caso, la cuestión de qué eran verdaderamente los "terafims", mediante los cuales los sumos sacerdotes de la Biblia se comunicaban con el más allá.
UNOS MANUSCRITOS DESCONCERTANTES
Un volumen manuscrito, hallado de manera espectacular, ha traído de cabeza a los científicos contemporáneos nuestros. Se trata de un libro, que fue encontrado por Wilford Voynich en el año 1912, en el interior de un cofre misterioso, cerrado durante siglos, en un castillo cercano a Roma.
De acuerdo con los datos que el propio manuscrito suministró, había pertenecido al inquieto padre jesuita, investigador de lo raro y curioso, Anastasio Kircher, quien lo recibió como un regalo, probablemente de un amigo, con una inscripción inquietante que decía así: "Esfinges como ésta no obedecen más que a su dueño."
Parece que el significado de la dedicatoria, debe traducirse en el sentido de que el que tenga en sus manos el manuscrito, y sepa interpretarlo debidamente, obtendrá con pleno derecho el conocimiento que se guarda en él. Es una opinión que concuerda con lo que el libro guarda entre sus más de 200 páginas, repletas de gráficos e informes, datos y dibujos, que parecieron críticos porque, en su momento, no se observaron con una óptica amplia y sin condicionamientos, de tal modo que todavía en fechas muy recientes, el manuscrito fue considerado como un conjunto de mapas.
Las computadoras no pudieron digerir con soltura los datos que se extraen de él, y sus respuestas fueron vagas y confusas, porque los técnicos que las manejaban no utilizaron su imaginación en la medida necesaria y limitaron las posibilidades solamente a lo que ellos creían que pudiera ser.
Hoy se sabe ya que no se trata de mapas, o que no se trata de simples mapas y sólo de mapas. El manuscrito Voynich recopila una gran información de astrología, botánica, farmacia y biología, expuesta a través de textos y diagramas, para confeccionar algunos de los cuales han sido utilizados el microscopio y el telescopio.
De otra forma no sería posible observar secciones de tallos, y hojas de distintos vegetales, que quedan reflejados en los dibujos. Ni sería factible tampoco divisar la galaxia Andrómeda, sólo visible con el empleo de potentes lentes telescópicas. Es decir que, instrumentos de precisión óptica depurados, existían ya con anterioridad a la época en que las lentes se comenzaron a perfeccionar, e hicieron posible la fabricación del microscopio.
No pueden reunirse, aunque añadiésemos algunos ejemplos más, casos comprobados suficientes para afirmar, con rigor, que existió una tecnología avanzada hace miles y millones de años. Incluso, como es notorio, algunos de los descubrimientos de los que hablamos, que se refieren a esa posibilidad, no cuentan con garantías y comprobaciones fehacientes. Otros se encuentran sólo en leyendas muy primitivas, y algunos más son referencias de referencias, que poco valor deben tener. Pero sí representan indicios de que no es despreciable la consideración de que otra u otras humanidades nos precedieron.
Aunque supone un esfuerzo imaginar a los hombres primitivos trabajando en sus fábricas, sujetos al ritmo de la producción y a un horario rígido, parece que el destino del hombre es ése: ampliar su conocimiento, crear una técnica, para padecerla después.
Somos unos insectos industriosos, como diría Paradox en la novela de Baroja, y todos los disparates técnicos quedan dentro de nuestro habitual campo de actuación. Nadie quiere enfrentarse en serio, o no puede, a estos descubrimientos enigmáticos del pasado, que rompen los esquemas de nuestra concepción del mundo y de la Historia.
Todos los que se ocupan de ellos lo hacen sólo a título de curiosidad y para sorprender. Eso tiene también un mérito, qué duda cabe, pero es insuficiente para situar al hombre de hoy y de siempre en su lugar trascendente que le corresponde, le correspondió y le pertenecerá también en su camino hacia el futuro.
Estamos rodeados de misterios, lo estuvimos en épocas pretéritas y quién sabe si cada ciclo humano desaparece, llevándose al silencio todo aquello que no supo entender. Kolosimo, Andrew Tomas, Bergier, Pauweis, Duval, Gallet, y tantos otros que, como yo estoy haciendo ahora, relatamos los secretos del pasado, estamos divulgando datos muchas veces incompletos, para conseguir sembrar en las conciencias una inquietud suficiente para que nos planteemos qué somos ahora realmente dentro del Cosmos, qué fuimos en un pasado y qué podremos ser en un futuro.
MAPAS DEMASIADO EXACTOS PARA SU EPOCA
EL padre Las Casas, que es, sin duda, uno de los historiadores más sensato y veraz de cuantos se han ocupado en estudiar la gesta española en América, dejó escrito, seguramente con cierta ironía, que Cristóbal Colón, en su viaje famoso del Descubrimiento, no fue a la aventura, que todo, absolutamente todo, estaba calculado prácticamente al minuto y al milímetro, que nada había abandonado al azar, que el almirante conocía perfectamente adonde iba y cómo debía navegar y cuándo para arribar allí. La afirmación del Padre Las Casas no había sido lanzada sin fundamento. El frailecito sabía lo que se decía, y aún resultó prudente.
Lo que interesa es la referencia a que el Descubridor, en realidad, no descubrió nada, porque todo estaba ya descubierto. De eso hoy ya no nos debe quedar ni la más mínima duda. De una manera o de otra, el Almirante consiguió unos mapas extraordinariamente minuciosos y, en secreto, los utilizó. ¿Cuáles pudieron ser estos mapas?
El planeta Tierra es conocido en su totalidad desde hace milenios, y que de ello existen referencias indudables en casi todas las culturas. Platón escribió: ... el Atlántico es navegable desde una isla situada al oeste de los estrechos que vosotros llamáis las columnas de Hércules; desde ella podían alcanzarse otras islas y desde éstas era factible pasar al continente que había frente a ellas y que circunda al verdadero océano". Eso quiere decir que más allá del estrecho de Gibraltar, haciendo escala en las Islas Canarias, se llegaba a las Antillas y desde allí a América, el continente que circunda o limita el océano Atlántico.
En la Vishnu Purana, que es un libro sagrado milenario de la India, se describe perfectamente un gran continente dividido en dos, con forma de arco, por debajo del "mar de leche".
Se trata del continente americano, dividido en dos por el istmo de Panamá y situado bajo los hielos blancos del Ártico, que era el “mar de leche”.
En un antiquísimo libro del Tibet se describe un mapa, en el que quedan situadas con precisión Jerusalén, Babilonia, el mar Caspio, y otros lugares. Herodoto, ya en el siglo V antes de Cristo, escribió que Aristágoras de Mileto poseía una tablilla, en la que estaban grabados los mares y las tierras. En la Universidad de Yale se guarda un mapa, fechado en el año 1440, que demuestra sin lugar a duda alguna que los vikingos llegaron a Groenlandia y a Canadá, siglos antes de que lo hiciera Cristóbal Colón.
También se conoce el hecho de que ya en el siglo XIII, el sabio Nasireddin Tusi, gran estudioso de la astronomía y cartógrafo, entre otros saberes, describió bastante acertadamente las costas de América del Sur, doscientos cincuenta años antes de que "oficialmente" fueran descubiertas.
Admitamos la posibilidad de que quizá, hace 10.000 o más años existió una civilización, o varias, con grandes conocimientos técnicos, de las que solamente han llegado hasta nosotros leves rumores y algún que otro hallazgo insólito.
En los primeros años del siglo XVIII se encontraron, entre otros valiosos documentos históricos, en el palacio Topkapi de Estambul, unos extraños mapas distorsionados, pero que citaban y a veces describían lugares concretos. Entonces no pudieron ser bien interpretados, quedando como una reliquia del pasado, sin otro valor que el de ser una antigüedad. En los documentos figuraba que aquellos mapas habían pertenecido a Piri Reis, un navegante turco del siglo XVI.
De la colección se conserva casi su totalidad en su país de origen, menos dos mapas que pueden estudiarse en la Biblioteca Nacional de Berlín, y en los que aparecen la cuenca del Mediterráneo y el mar Muerto. El mismo Piri Reis anotó en los márgenes que para la confección de sus cartas de navegación, que es lo que son los mapas, había utilizado una compilación de ellos que ya existía con anterioridad y que se conocía con el nombre de Bahriye, que significa colección.
El Bahriye estaba compuesto por 210 mapas parciales, con el título genérico del Libro de los Mares. Los mapas encontrados en el palacio Topkapi de Estambul llevan como fechas los años 1513 y 1528. El primero de ellos, el del año 1513, comprende Bretaña, España, África occidental, Atlántico, parte del norte de América, Suramérica y la costa Antártica, hasta una zona por debajo de África.
El fechado en el año 1528 abarca Groenlandia, Labrador, Terranova, parte de Canadá y la costa oriental de Norteamérica, hasta Florida. Ambos mapas estaban confeccionados en cuero de gacela y median 85 por 60 cm.. Piri Reis había añadido a su afirmación de haber utilizado el Bahriye que preparó sus mapas utilizando también 20 viejos planos y 8 mapamundis, confeccionados en la época de Alejandro, y que en ellos aparecía la totalidad del mundo habitado. Unos mapas, fechados en el siglo XVI, y que nos trasladan de golpe a muchos siglos atrás.
Esto nos hace pensar que en los tiempos de Alejandro Magno, en el siglo IV antes de Cristo, eran conocidos los mares y los continentes que aparecerían después en el Behriye y en los propios mapas de Reis.
La conclusión razonada de la totalidad de sus estudios, para los que se han servido de todos los medios de la técnica actual, es que los mapas de Piri Reis han sido trazados basándose en fotografías aéreas, tomadas a una extraordinaria altura, y desde una especie de satélite, imposible de imaginárselos en los primeros años del siglo XX.
Las distorsiones que aparecen en los planos, lo son sólo en una interpretación lineal sobre una superficie plana, pero ajustando los mapas al globo terrestre, desaparecen las incorrecciones y todo, mares, tierras, islas, queda en su lugar. Como si el mapamundi hubiera sido realizado en nuestros días, basándose en una sola fotografía a gran altura.
En el siglo XVI, y mucho menos antes, no existía la aerofotografía. Los descubrimientos realizados por Colón, Vespucio y Magallanes hasta el año 1513, fecha del mapa en que figura el continente americano, fueron sólo parciales, y podrían haber reflejado exclusivamente algunos puntos dispersos de la costa. En los mapas de Reis está inscrita la totalidad de la costa y los deltas de los grandes ríos, en los que tampoco entraron los descubridores. Cortés llegó a la costa de Méjico en 1520 y Pizarro al Perú en 1531, después de la fecha que ostentan los mapas.
Según las anotaciones que hay en los mapas, supuestamente de puño y letra del mismo Reis, obtuvo los mapas en el año 1507, tras una refriega frente a los costas de Valencia, en la que capturó siete buques españoles. Uno de los marineros apresado llevaba en su poder los mapas que había utilizado Colón y de los que se sirvió para sus viajes y descubrimientos. El marinero afirmó haber acompañado al Almirante Colón en tres de sus cuatro viajes y que los mapas eran de la época de Alejandro Magno. Estos mapas serían sumados a las otras colecciones cuando el sultán Selim I encargó a Piri Reis la confección del mapamundi.
El profesor Sarton, de Harvard, realizó un estudio de las escalas y extrajo las siguientes conclusiones: las distancias entre los diferentes puntos eran exactas, tomando como baremo la medida griega: el estadio.
La escala utilizada por Piri Reis fue derivada de la medición de la circunferencia de la Tierra, que llevó a cabo Eratóstenes, entre los siglos III y II a.C., y que fue calculada precisamente en estadios. Un estadio equivalía a 559 pies, lo que son unos 186 metros.
Tanto Reís como Eratóstenes sobrestimaron el perímetro del globo en un 4,5 %. Restando esa diferencia a las escalas de los mapas de Reis, la exactitud con la realidad es asombrosa. Basándose en esto, Hapgood ha llegado a afirmar que los mapas de Reis son incluso anteriores a Eratóstenes, esto es, anteriores al siglo III antes de Cristo. Posiblemente de la época de Alejandro Magno.
¿Si fueron confeccionados en la época de Alejandro Magno, hay que entender que los griegos habían explorado ya los lugares geográficos que aparecen reflejados en ellos?
Hay un detalle extraordinario como que la Antártida no esté cubierta con hielos, que se ajuste tanto a su contorno y relieve reales, reflejando las altitudes y otros accidentes, lo s cuales se han descubierto recientemente. Esto nos lleva a pensar que los mapas debieron ser confeccionados en una época remotísima, antes de la última glaciación, hace muchos miles de años. Recordemos que la Antártida fue descubierta en el siglo XIX.
Pero el detalle más sorprendente es que se puede ver con toda claridad y precisión que, entre América del Sur y África hay una isla, de gran tamaño, denominada Antilia, donde hoy no hay nada más que agua. ¿Se trata del mítico continente Atlántida?
En el mapa Zeno, fechado en el año 1380, se puede observar como Groenlandia está dibujada sin la capa de hielo que la cubre, surcada por ríos y motejada de montañas, accidentes geográficos que fueron localizados en el año 1947, mediante los sondeos que llevó a cabo una expedición francesa al polo Norte, capitaneada por Paúl - Emile Víctor. Las montañas y los ríos, y el contorno, están sumergidos bajo una espesísima capa de hielos milenarios y no son visibles, sólo detectables por sondeos. ¿Cómo pudo ser trazado el mapa?
En el mapa de Caneiro, del siglo XV, queda descrita la costa oriental de África, que es el trozo que falta a los del pirata Reis. ¿Ambos cartógrafos se inspiraron en una misma fuente anterior?
En el mapa de Yehudi Ibn Ben Zara, en el año 1487, también está trazada Groenlandia sin hielos y todas sus islas, así como Suecia según debió ser, en opinión de los geógrafos, hace 8.000 ó 10.000 años. Un aspecto muy inquietante del trabajo de Ben Zara es el mayor tamaño de todas las islas del Mediterráneo, circunstancia que nos induce a pensar que el nivel de las aguas de ese mar ha ascendido considerablemente.
En un mapa del año 1508, firmado por Andreu Benincasa, puede observarse perfectamente toda la costa norte de Europa. En otro, de Jorge Reinel, del año 1510, se describen el océano Índico y parte de Australia. En el Oronteus Finaeus, del año 1531, quedan trazados todos los ríos y montañas de la Antártida, lo cual hace pensar en que se trata de una copia realizada sobre mapas originales exactos. Hadji Ahmed, en el año 1559, nos legó los planos cartográficos de América entera, con dos siglos de anticipación a la posibilidad de ellos. En el mapa de Ahmed aparece el estrecho de Bering cerrado, como lo estuvo en épocas muy remotas.
Todos estos mapas nos indican que la Tierra era conocida, geográficamente, hace cientos y seguramente miles de años, con mayor exactitud de lo que lo es hoy. Este hecho es producto de unos conocimientos y de una tecnología que han desaparecido. Pensemos que hubo una civilización, o varias, hace milenios, no sabemos cuántos, que llegó en su ciencia y en su técnica tal vez más lejos de lo que esta Humanidad ha alcanzado hasta ahora. Los mapas serían sólo un sencillo recuerdo de otros hombres sabios que, no se sabe por qué, desaparecieron por completo.
los mapas de piri reis
LA ENIGMATICA MAQUINA DE ANTIKYTHERA
Uno de los hallazgos más sorprendentes de cuantos se refieren a la tecnología del pasado, tuvo lugar durante el año 1900, junto a las costas de la isla de Antikythera, en el mar Egeo, cuando un barco de pescadores de esponjas de Dodecaneso buscó allí refugio, protegiéndose de una tempestad.
Pasado el peligro, a la mañana siguiente, los pescadores se sumergieron en las ya tranquilas aguas del mar, descubriendo, a setenta metros de profundidad, los restos de un barco sumergido que, a juzgar por la cantidad de algas que lo cubrían y por el conjunto de su aspecto, debía llevar en las arenas del fondo marino mucho tiempo. De su interior extrajeron inmediatamente las piezas de más valor e interés, como bellas estatuas de mármol y de bronce, ánforas y jarrones que todavía conservaban un color azul intenso con el que las decoraron, y otros objetos por el estilo.
Entre ellos, y a punto de ser de nuevo arrojado al mar, izaron una “cosa” , con apariencia de máquina, muy recubierta de formaciones calcáreas y adherencias normales, debido al tiempo que había permanecido bajo las aguas. Al principio se pensó que se trataría de algún mecanismo, que habría sido arrojado por la borda de un barco unos años antes. Pero la excesiva oxidación y el recubrimiento calcáreo, idéntico al que presentaban las estatuas y los otros objetos, puso en guardia a los descubridores, en el sentido de que quizá aquello fuera otra cosa.
Cuando fue limpiado el objeto minuciosamente, se extrajeron dos conclusiones importantes: era un mecanismo complicado y su antigüedad se remontaba a 2.000 años, más o menos, que era la misma antigüedad que se atribuía al resto de los hallazgos extraídos del fondo, y la del mismo barco.
El naufragio había ocurrido en el siglo I antes de Cristo, según la opinión de los arqueólogos que estudiaron el caso, entre ellos los historiadores Solla Price y Valerios Stais, y los especialistas en epigrafía Merrit y Jorge Stamires, que descifraron las inscripciones que la máquina presentaba en distintos lugares. Luego afinaron un poco más y establecieron, basándose en distintos aspectos del mecanismo, que la construcción del artefacto se había llevado a cabo entre los años 82 al 65 antes de Cristo.
La máquina, que se conserva en el Museo Arqueológico de Atenas, está construida fundamentalmente en bronce, y presenta las siguientes características esenciales como 40 ruedas de engranajes, 9 escalas móviles, 3 ejes, 1 rueda central de 240 dientes, 1 diferencial, y 1 eje mayor, que servía para poner en marcha todo el mecanismo, y que salía al exterior.
La rueda central contenía un borde dentado cuyo relieve era de 1,3 milímetros en cada diente. Todo ello encerrado en una especie de caja o estuche de bronce también.
Una de sus inscripciones hace referencia al calendario famoso de Geminos de Rodas, en el año 77 a. C., y reproduce parte de él, se cree que como motivo meramente de adorno. Aparecen el Sol, Venus, las estaciones en el orden de su desarrollo, horario lunar y otros detalles más, difíciles de definir por la corrosión del metal.
El mecanismo en conjunto era de una extremada perfección, tanto en lo que se refiere a su fabricación como a sus engranajes y movimientos. Había sido realizado con troquel sobre piezas de bronce de un grosor de 2 milímetros. Se llegaron a encontrar en algunas piezas detalles de haber sido reparadas en varias ocasiones.
Del estudio completo del extraño mecanismo de Antikythera se deduce que en la época en que fue construido, entre los años 82 y 65 antes de Cristo, existían una tecnología y unas máquinas capaces de ello y que el dominio de las matemáticas, y de la astronomía, era cercano al actual. Lógicamente, una máquina tan perfecta no fue la primera en su género. Se supone que debió haber otras anteriores que se fueron poco a poco perfeccionando, y que funcionaron desde varios años o siglos antes.
El arqueólogo Solla Price afirmó, como conclusión a todos sus estudios, que a lo que más se parece la máquina es a un reloj. Este arqueólogo escribió en la revista "Scientific American", en junio del año 1959: "Resulta un poco alarmante saber que poco antes de la civilización helena, los antiguos griegos se habían acercado tanto a nuestra civilización, y no sólo en cuanto al pensamiento, sino también en cuanto a la tecnología científica. En todo caso, después del descubrimiento de la máquina de Antikythera, debemos revisar nuestros conocimientos sobre la historia de la ciencia, porque podemos estar seguros de que este instrumento no es el primero ni el último de su tipo."
la maquina en todo su esplendor y misterio
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=MqhuAnySPZ0
excelente video que reconstruye el funcionamiento de la enigmatica maquina
TEMPLOS Y TUMBAS ILUMINADOS......CON ELECTRICIDAD!!!!!!
Debido a unos descubrimientos enigmáticos en nuestro tiempo, se tiene una mayor presunción de la existencia, en un pasado remoto de la Humanidad, de una tecnología avanzada, comparable incluso a la que gozamos, y sufrimos, en nuestros días.
Diversos objetos manufacturados, hallados en distintas partes del globo, y otros instrumentos diseminados por los cinco continentes, cuya antigüedad milenaria no se cuestiona, ponen en nuestras manos argumentos suficientes para poder pensar que, seguramente, no hemos sido los primeros habitantes de la Tierra.
En el curso de unas excavaciones que se estaban efectuando en la colina de Rabua, en Irán, en un territorio antiguamente ocupado por los partos, el arqueólogo Wilheim Kónig encontró, en el año 1938, unos recipientes en forma de jarrón, de arcilla clara, en cuyo interior estaba fijado un cilindro de cobre, sujeto en la embocadura con asfalto.
Los recipientes medían 15 cm de altura y el tubo de cobre, 26 mm de diámetro y 19 cm de altura. Dentro del tubo del cobre había una varita de hierro muy oxidado, que sobresalía 1 cm y que daba la impresión de haber estado revestida de una fina capa de plomo. Los objetos recordaban con bastante exactitud a las pilas eléctricas actuales, pero, ¿quién se atrevería a hablar de que existieran en la antigua Babilonia baterías y para qué?
El Ministerio de Información de aquel tiempo comunicó, de una manera oficial, que los objetos correspondían a una antigüedad que se cifraba entre el año 227 y 126 a. C. Pero en el mismo yacimiento se descubrieron algunos materiales que habían sido sometidos a un procedimiento de galvanización.
Se dedujo entonces que las pilas habrían sido utilizadas para esos fines, y dado que la antigüedad de los materiales galvanizados remontaba la fecha de 2.000 años atrás, se concluyó que hace 4.000 años se estaban utilizando pilas eléctricas para galvanizar objetos.
Sin embargo, quedaba la duda de si, en verdad, aquellos recipientes, pese a su apariencia, eran auténticas baterías. Muchos arqueólogos habían afirmado que se trataba de "objetos de culto", que es lo que suelen decir los arqueólogos cuando se encuentran un objeto que no saben para qué sirve. La prueba definitiva de que aquellos objetos eran pilas eléctricas la obtuvo el propio Kónig rellenando los recipientes con un electrolito convencional y... las pilas funcionaron.
Recipientes idénticos o muy parecidos habían sido ya encontrados, con anterioridad, y se exhiban expuestos en las vitrinas de algunos museos. Su utilización debió ser, por tanto, bastante generalizada, aunque debemos entender también que el secreto de su construcción, sería guardado en los arcanos de los iniciados, a modo de magia técnica.
La literatura clásica encierra numerosas citas respecto a templos y tumbas, iluminados durante cientos de años por bombillas incandescentes, y de bello colorido rojizo, en Grecia, en Roma y en Egipto. San Agustín, por ejemplo, contó el caso de una lámpara que no podían apagar ni los vientos ni la lluvia en Egipto, y otra en Antioquía que se mantuvo encendida más de quinientos años.
El templo de Numa Pompilio, en Roma, ostentaba en su cúpula una luz siempre encendida, y existen bellos relieves en algunos templos egipcios, en el de Hator, por ejemplo, que muestran verdaderas bombillas de cristal, con un hilo incandescente dentro, en forma de serpiente, las cuales están conectadas a unos cables que, a su vez, se hallan enchufados a una red.
En la Vía Apia, cerca de Roma, se descubrió una tumba donde estaba enterrada una hermosa mujer, cuyo cadáver se conservó en perfectas condiciones y que estuvo iluminado varios siglos por una brillante luz roja.
El jesuita Kircher recoge en su "Edipo Egipcíaco", del año 1562, tozos de un documento hindú primitivo, que se guardaba en la Biblioteca de los Príncipes Indios, y que no son otra cosa que las instrucciones que es menester seguir para construir una pila eléctrica. Dice así: "Colocar una plancha de cobre, bien limpia, en una vasija de barro, cubrirla con sulfato de cobre, y luego cubrirlo todo con serrín húmedo, para evitar la polarización. Después poner una capa de mercurio amalgamado con cinc encima del serrín húmedo. El contacto producirá una energía conocida por el doble nombre de Mitra-Varuna. El agua se escindirá por la acción de esta corriente en Pranavayu y Udanavayu. Se dice que una cadena de cien vasijas de este tipo proporciona una fuerza muy activa y eficaz." En fin, una batería eléctrica con su ánodo y su cátodo, en la que el agua se escinde en sus componentes oxígeno e hidrógeno. También, aunque estas citas resultan mucho más vagas, existen relatos de ciudades iluminadas y templos por muchos lugares de América.
En las cavernas de la montaña Bayan-Kara-Ula, en la frontera chino-tibetana, los arqueólogos hicieron en el año 1965 un descubrimiento sensacional: 716 discos extraños de piedra, con lo que en un principio se creyó eran grabados. Su antigüedad se remonta a varios miles de años. Poseían un agujero en el centro, como los discos de un gramófono, y lo que se pensó eran grabados, en realidad eran unos surcos que, en espiral, partían del centro del disco hacia el borde, unos surcos dobles. La semejanza con los discos de audición de los gramófonos planteó la posibilidad, por otra parte increíble, de que se tratara de eso.
Pero los estudiosos investigadores de la Academia de Prehistoria de Pekín informaron de que se trataba de escritura, y lograron descifrar algunos fragmentos que hablaban de naves espaciales hace 12.000 años.
Peter Kolosimo hace al respecto una interesante observación. En el lugar en el que fueron hallados los discos, frontera entre el Tibet y China, habitan las tribus Ham y Oropa, estos últimos, endebles de constitución y que apenas llegan a medir 1,27 de altura, y cuya clasificación dentro de un grupo étnico conocido no es posible. Algunos jeroglíficos Ham muy remotos, cuentan que los Oropa llegaron en la antigüedad en una nave espacial, y se establecieron allí, al menos temporalmente. Y que su intención real era desconocida. Los Ham se asustaron y permanecieron varios días escondidos en las cavernas. Finalmente la nave espacial, en uno de sus vuelos de cercanías, parece que se estrelló en una maniobra de aterrizaje. Se pregunta Kolosimo si no serán estos Oropa descendientes de aquella raza cósmica que llegó a bordo de aquel navío sideral.
Sometidos los discos de piedra a unos análisis muy rigurosos, se encontró en ellos una cantidad considerable de cobalto, y los medidores señalaron que emitían unas vibraciones muy intensas de energía, como si estuvieran todavía, al cabo de doce mil años, cargados de electricidad.
El descubrimiento arqueológico se completó con el hallazgo, dentro de algunas cavernas de la zona, de restos óseos de aspecto humanoide, que también correspondían a una antigüedad de 12.000 años, de enormes cráneos y cuerpos pequeños y débiles. Oficialmente se dijo que pertenecían a una raza de simios extinguida. Pero nadie proporcionó una explicación acerca del origen de los discos y del mensaje de los jeroglíficos.
Es muy difícil admitir, desde el punto de vista de nuestra lógica, la historia de seres que llegaron del espacio a explorar nuestro planeta y por un accidente debieron vivir aquí, en condiciones que no les eran favorables.
Hay, o debe haberla, otra lógica que no es la nuestra, de acuerdo con la cual eso sería posible. Si no la admitimos, y la verdad es que nos cuesta muchísimo esfuerzo hacerlo, no nos quedan razonamientos para justificar la presencia, ciento veinte siglos atrás, de los discos energéticos y los jeroglíficos que asombraron a los arqueólogos y nos maravillan a nosotros, en las cavernas de la montaña Bayan-Kara-Ula.
¿¿¿¿¿¿bombillas electricas en el antiguo egipto?????¿¿¿¿¿¿o solo simbolos sagrados??????????
MOTORES PREHISTORICOS
Debido a unos descubrimientos enigmáticos en nuestro tiempo, se tiene una mayor presunción de la existencia, en un pasado remoto de la Humanidad, de una tecnología avanzada, comparable incluso a la que gozamos, y sufrimos, en nuestros días.
Diversos objetos manufacturados, hallados en distintas partes del globo, y otros instrumentos diseminados por los cinco continentes, cuya antigüedad milenaria no se cuestiona, ponen en nuestras manos argumentos suficientes para poder pensar que, seguramente, no hemos sido los primeros habitantes de la Tierra.
En un estrato, cuya antigüedad se ha fijado en millones de años, se encontró, en el curso de una excavación y de modo accidental, la silueta de un tornillo, perfectamente trazada, en el centro de una piedra. El acontecimiento se desarrolló en Treasure City, en el estado norteamericano de Nevada, en el año 1869. Al abrir la piedra por procedimientos mecánicos, se encontró una oquedad donde estuvo alojado un tornillo de hierro de 5 cm de longitud. Los millones de años transcurridos desde que el objeto quedó encerrado allí habían hecho desaparecer realmente la pieza metálica, y sólo quedaban la herrumbre y la forma perfecta. ¿Para qué podía servir un tornillo hace millones de años?
Otro hallazgo mucho más reciente aumenta la dimensión de la pregunta. Los afortunados investigadores fueron Mike Mikesell, Wallace A. Lane y Virginia Maxey y se realizó el día 13 de febrero de 1961, en Olancha en el estado norteamericano de California. Los citados no eran estudiosos del tema histórico ni se hallaban preocupados por las incógnitas de la evolución humana. Simplemente buscaban geodas, algunas de las cuales pueden llegar a tener casi el valor de una piedra preciosa.
Las geodas se forman dentro de las rocas, y son cavidades tapizadas de cristales o mineralizaciones, que suelen contar con cientos de miles de años, o millones.
En su interior hay generalmente un pequeño hueco. La señorita Maxey era dueña de una tienda de objetos de ese tipo, decorativos y caprichosos. Ascendieron aquella mañana, recogiendo las geodas que encontraban, que eran muchas, porque la región es rica en este tipo de formaciones, hasta una altura de unos 1.300 m sobre el nivel del mar, unos 600 por encima de las riberas del lago Owens, muy cercano. De regreso, ya en el taller, les llamó la atención una de las piedras recogidas, seguramente porque su peso fuera mayor del que debía ser. La abrieron con una sierra de diamante y encontraron en el interior algo tan duro que la sierra se llegó a deteriorar. Dentro no existía hueco, sino un objeto extraño que parecía, ya a simple vista, ser de fabricación humana.
Lo que deterioró la sierra de diamante fue una pieza de porcelana circular, en cuyo interior estaba fijada una varilla metálica de 2 mm de diámetro, terminada en una especie de espiral, o algo parecido, difícil de concretar porque estaba mal conservada. Todo ello envuelto en una especie de estuche hexagonal, de material no identifícable, porque se había desintegrado, y sólo quedaba la forma. Probablemente aquel material inexistente fuera de madera. La varilla metálica estaba rodeada de una materia cuprosa de 18 mm de grosor.
Todo el objeto que encerraba la geoda es muy similar a una bujía de motor de explosión. La antigüedad de la piedra se estableció en 500.000 años. ¿Para qué podía servir entonces una bujía y quiénes la fabricaron?
En el año 1885, en Salisbury, dentro de un lecho de carbón del Terciario, entre 70 y 12 millones de años de antigüedad, se halló una pieza metálica en forma de cubo, con una de sus caras redondeadas.
El objeto apareció dentro del carbón y cuenta, por lo tanto, con la misma antigüedad que éste. Estaba compuesto por hierro, carbono y níquel. La incógnita presentaba sólo ofrece dos soluciones: que se tratara de un meteorito, o que hubiera sido labrado por la mano del hombre.
La hipótesis de un meteorito caído sobre la Tierra hubo de ser desechada, porque forzosamente la superficie del objeto tenía que estar muy alterada por las temperaturas alcanzadas al atravesar la atmósfera, y no era así. Esto quiere decir que la pieza fue labrada por la mano del hombre, hace, por lo menos, doce millones de años. ¿Existía el hombre sobre la faz del planeta entonces? ¿Con qué técnica y con qué máquinas fue labrada?
En California, y dentro de un trozo de cuarzo aurífero, apareció un asa metálica de cubo de agua, y otra semejante fue hallada en Kingoodie, en Inglaterra, en un bloque de piedra de 23 cm de longitud, que correspondía al Pleistoceno, con 8.000 años de antigüedad. En ambos casos los expertos afirmaron que la época en que las asas fueron fabricadas, superaba los 10.000 años. El misterio de su tecnología ha quedado, como en los casos anteriores, pendiente.
martillo de kingoodie
LA BATERIA DE BAGADAD
En 1938, un arqueólogo austriaco, el Dr Wilhelm König, estudió un "objeto de culto" depositado en el fondo de los sótanos del museo de Bagdad.
Se trata de un vasito de terracota de 15 centímetros de altura por unos 7,5 centímetros de diametro.
Emergiendo del tapón bituminoso, una varilla de hierro está insertada en el interior de un cilindro de cobre y aislada de él por un tapón de asfalto en su base ; siendo el cilindro de cobre soldado con su capucho por una aleación plomo/estaño.
Varias de estas pilas fueron encontradas en las ruinas de Khujut Rabu, ciudad Parta, en los alrededores de Bagdad. Los Partos, guerreros feroces, dominaron la región entre 250 antes de Jesucristo y 230 después de Jesucristo.
Diez pilas más fueron descubiertas más tarde en Cesiphon.
El cobre lleva una pátina azul característica de la galvanoplastia con la plata.
Entonces se piensa que son mucho más antiguas porque se encontraron igualmente vasos de cobre chapados con plata en un sitio Sumerio datado por lo menos de 2 500 años antes de Jesucristo.
Varios especialistas han reproducido la pila utilizando zumo de uva como electrólito y consiguieron efectivamente una corriente eléctrica, entre 0,5 y 1,5 voltios, según los experimentadores.
1 : VARILLA DE HIERRO
2 : TAPÓN DE ASFALTO
3 : VASO DE TERRACOTA
4 : ELECTRÓLITO
5 : CILINDRO DE COBRE
6 : TAPÓN AISLADOR DE ASFALTO
7 : CAPUCHO DE COBRE
8 : CABLE DE TIERRA
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=jEoxaJ86wWI
bueno gente de T!,espero que este post haya sido de su agrado,NO SE OLVIDEN DE COMENTAR!!!!!!!!!
ROBOTS DE LA ANTIGUEDAD
Debido a unos descubrimientos enigmáticos en nuestro tiempo, se tiene una mayor presunción de la existencia, en un pasado remoto de la Humanidad, de una tecnología avanzada, comparable incluso a la que gozamos, y sufrimos, en nuestros días.
Diversos objetos manufacturados, hallados en distintas partes del globo, y otros instrumentos diseminados por los cinco continentes, cuya antigüedad milenaria no se cuestiona, ponen en nuestras manos argumentos suficientes para poder pensar que, seguramente, no hemos sido los primeros habitantes de la Tierra.
Si pudiéramos disfrutar de una televisión del tiempo, y enfocáramos la estancia en que estudiaban y escribían aquellos dos sabios y santos que fueron Tomás de Aquino y Alberto, durante su estancia en París y en Colonia, seguramente contemplaríamos muchos libros y papeles, mapas, objetos diversos de trabajo y es posible también que un extraño ser metálico con aspecto humanoide, un robot, disciplinado y ordenadísimo, a quienes ambos dominicos tendrían encomendadas las tareas domésticas. Una especie de ama de casa, o asistenta, que tuviera y mantuviera la estancia siempre limpia y con cada cosa en su sitio.
Según se contaba en la época, en el siglo XIII, y de ello quedaron muchos testimonios escritos, el invento lo construyó San Alberto a base de metales y una serie de sustancias desconocidas. Pensemos que eran aquellos unos años en los que se sintió con verdadero entusiasmo la llegada de los conocimientos científicos clásicos, de Grecia sobre todo, en un renacimiento espectacular de lo antiguo.
De algunos manuscritos anteriores a la venida de Jesucristo, probablemente egipcios, extrajo San Alberto las instrucciones que le hicieron posible la fabricación del robot, labor en la que empleó nada menos que veinte años. Los santos dispusieron de muchacha para todo, infatigable al esfuerzo y bien dispuesta para el trabajo. Pero, como se dice que no hay dicha completa, el robot le salió a su creador excesivamente juguetón y revoltoso, tanto que perturbaba en gran manera la concentración, que la labor de teología y apostolado requiere.
Un día, cansado de sus ruidos y de sus juegos, se cuenta que Santo Tomás lo destrozó con un martillo en un arrebato de ira. Ya nunca volvió a funcionar el pobre robot, cuya única falta fue "estar demasiado vivo".
Santo Tomas de Aquino:este sabio hombre seria quien le habria dado vida a un robot inteligente
La anécdota parece de ciencia-ficción, pero es más perteneciente al realismo fantástico. Porque no es la única referencia a la existencia de robots en tiempos pasados. Platón hablaba de sus robots en muchos de sus escritos y llegó a contar que eran tan perfectos, que podría decirse que muchas veces actuaban por su cuenta, sin tener en consideración las órdenes que se les transmitían, hasta el extremo de que, si no se tenía cuidado con ellos, se escapaban.
También los dioses del Olimpo griego tuvieron, según cuentan las leyendas, robots. Y Hefaistos, el forjador del Olimpo, poseyó dos, en forma de hermosas jóvenes mujeres, que lo transportaban a él a hombros , y acudían a socorrer a todo el ejército de dioses, con los que contó la mitología griega
En China, se llamaba Khawai-Shuh al arte de proporcionar vida a los muñecos, sirvientes en todo momento exclusivamente de su dueño. Se cuenta en las leyendas que fue precisamente en China, donde tuvo lugar una romántica historia de amor y celos, por culpa de un robot extraordinariamente bello e inteligente, que poseía el emperador Tachouan.
Su esposa se enamoró hasta tal extremo del artefacto, que Tachouan sufrió unos terribles celos y lo hizo destruir por completo. No refiere la leyenda si la enamorada lloró mucho o poco la pérdida del objeto de su amor. no han quedado pruebas y vestigios de esta historia de amor, pero fue bella. Como todas las historias de amor.
En tiempos no tan remotos, el que después sería papa con el nombre de Silvestre II, cuando era simplemente el monje Gerbert d'Aurillac, que vivió entre los años 920 y 1003, sin muchas posibilidades de conseguir el papado, profesor que fue de la Universidad de Reims, tuvo acceso a libros muy antiguos, cifrados y crípticos, que explicaban, a quien fuera capaz de desentrañarlos, la teoría y la práctica de la construcción de robots. Dicen que Silvestre construyó uno que incluso hablaba. Documentos de tan insólito personaje mecánico se encuentran prácticamente enterrados, que no guardados, en la Biblioteca vaticana.
Por si nuestra sorpresa ante la tecnología del pasado, no ha alcanzado aún un grado de altura suficiente, recordemos que el templo de Zeus, en Atenas, disponía de un mecanismo de control automático, para proveerse de agua bendita, y que en los lugares sagrados de Egipto, depositando una moneda adecuada por la ranura, un conducto suministraba igualmente el líquido elemento purificador.
La estatua de Memnon, 1.500 años a.C., emitía una dulce melodía cuando los rayos del sol tocaban su cabeza. Cuando estuvieron en Egipto Adriano y Septimio Severo, oyeron esa música con gran asombro. Hay muchas citas de las cualidades de la estatua de Memnon. Si realmente existió, y parece ser que sí, debemos pensar no sólo en el hecho curioso de una estatua gigantesca, que emite determinados sonidos, igual da que sean musicales o no, cuando los rayos solares calientan su cabeza, sino también y sobre todo en cuál sería el mecanismo que convirtiera el calor y la luz en movimiento y sonido.
colosos de memnom:no son las miticas estatuas roboticas,pero es lo mas cercano que existe
No es éste el único caso de lo que pudiéramos llamar "gramófono". Andrew Tomas recoge en un libro que muchos personajes conocidos en la antigüedad, poseyeron "piedras que hablaban", por ejemplo, el fenicio Sanchuniathon, en el año 1193 a. C.), Pilo Biblos, en el año 150, y Eusebio, en el año 300.
Se da la circunstancia de que, tanto en la Vera Historia, La historia heterodoxa, desde luego, de Luciano como en el libro de Enoch, se habla de unos "espejos mágicos", mirando a través de los cuales era posible observar escenas que se estaban desarrollando a mucha distancia y en directo. Y en el denominado "Libro de las Seis Ciencias", libro de saberes antiquísimos, recoge alusiones a espejos similares, en los que era factible contemplar escenas lejanas, pero no solamente distantes en el espacio, sino también de otro tiempo, pasadas e incluso futuras. ¿Estamos hablando de una especie de televisores?
Posiblemente también conocieron en la antigüedad remota el rayo láser, y esa debió ser la causa que provocó que las ruinas de una ciudad, descubiertas en Nevada, estén fundidas por una cantidad tan grande de calor como sólo el láser es capaz de producir. Todavía hoy, al cabo de miles de años, no arraigan vegetales en sus contornos. Y en muchos lugares del mundo se han hallado "piedras negras" con elevado porcentaje de berilo y aluminio, lo que parece demostrar que fueron sometidas, Dios sabe cuándo, a elevadísimas temperaturas, y a bombardeo radiactivo.
La perplejidad que producen estas, llamemos, referencias es tan grande, que cualquier comentario está de más. Planteemos en cualquier caso, la cuestión de qué eran verdaderamente los "terafims", mediante los cuales los sumos sacerdotes de la Biblia se comunicaban con el más allá.
UNOS MANUSCRITOS DESCONCERTANTES
Un volumen manuscrito, hallado de manera espectacular, ha traído de cabeza a los científicos contemporáneos nuestros. Se trata de un libro, que fue encontrado por Wilford Voynich en el año 1912, en el interior de un cofre misterioso, cerrado durante siglos, en un castillo cercano a Roma.
De acuerdo con los datos que el propio manuscrito suministró, había pertenecido al inquieto padre jesuita, investigador de lo raro y curioso, Anastasio Kircher, quien lo recibió como un regalo, probablemente de un amigo, con una inscripción inquietante que decía así: "Esfinges como ésta no obedecen más que a su dueño."
Parece que el significado de la dedicatoria, debe traducirse en el sentido de que el que tenga en sus manos el manuscrito, y sepa interpretarlo debidamente, obtendrá con pleno derecho el conocimiento que se guarda en él. Es una opinión que concuerda con lo que el libro guarda entre sus más de 200 páginas, repletas de gráficos e informes, datos y dibujos, que parecieron críticos porque, en su momento, no se observaron con una óptica amplia y sin condicionamientos, de tal modo que todavía en fechas muy recientes, el manuscrito fue considerado como un conjunto de mapas.
Las computadoras no pudieron digerir con soltura los datos que se extraen de él, y sus respuestas fueron vagas y confusas, porque los técnicos que las manejaban no utilizaron su imaginación en la medida necesaria y limitaron las posibilidades solamente a lo que ellos creían que pudiera ser.
Hoy se sabe ya que no se trata de mapas, o que no se trata de simples mapas y sólo de mapas. El manuscrito Voynich recopila una gran información de astrología, botánica, farmacia y biología, expuesta a través de textos y diagramas, para confeccionar algunos de los cuales han sido utilizados el microscopio y el telescopio.
De otra forma no sería posible observar secciones de tallos, y hojas de distintos vegetales, que quedan reflejados en los dibujos. Ni sería factible tampoco divisar la galaxia Andrómeda, sólo visible con el empleo de potentes lentes telescópicas. Es decir que, instrumentos de precisión óptica depurados, existían ya con anterioridad a la época en que las lentes se comenzaron a perfeccionar, e hicieron posible la fabricación del microscopio.
No pueden reunirse, aunque añadiésemos algunos ejemplos más, casos comprobados suficientes para afirmar, con rigor, que existió una tecnología avanzada hace miles y millones de años. Incluso, como es notorio, algunos de los descubrimientos de los que hablamos, que se refieren a esa posibilidad, no cuentan con garantías y comprobaciones fehacientes. Otros se encuentran sólo en leyendas muy primitivas, y algunos más son referencias de referencias, que poco valor deben tener. Pero sí representan indicios de que no es despreciable la consideración de que otra u otras humanidades nos precedieron.
Aunque supone un esfuerzo imaginar a los hombres primitivos trabajando en sus fábricas, sujetos al ritmo de la producción y a un horario rígido, parece que el destino del hombre es ése: ampliar su conocimiento, crear una técnica, para padecerla después.
Somos unos insectos industriosos, como diría Paradox en la novela de Baroja, y todos los disparates técnicos quedan dentro de nuestro habitual campo de actuación. Nadie quiere enfrentarse en serio, o no puede, a estos descubrimientos enigmáticos del pasado, que rompen los esquemas de nuestra concepción del mundo y de la Historia.
Todos los que se ocupan de ellos lo hacen sólo a título de curiosidad y para sorprender. Eso tiene también un mérito, qué duda cabe, pero es insuficiente para situar al hombre de hoy y de siempre en su lugar trascendente que le corresponde, le correspondió y le pertenecerá también en su camino hacia el futuro.
Estamos rodeados de misterios, lo estuvimos en épocas pretéritas y quién sabe si cada ciclo humano desaparece, llevándose al silencio todo aquello que no supo entender. Kolosimo, Andrew Tomas, Bergier, Pauweis, Duval, Gallet, y tantos otros que, como yo estoy haciendo ahora, relatamos los secretos del pasado, estamos divulgando datos muchas veces incompletos, para conseguir sembrar en las conciencias una inquietud suficiente para que nos planteemos qué somos ahora realmente dentro del Cosmos, qué fuimos en un pasado y qué podremos ser en un futuro.
MAPAS DEMASIADO EXACTOS PARA SU EPOCA
EL padre Las Casas, que es, sin duda, uno de los historiadores más sensato y veraz de cuantos se han ocupado en estudiar la gesta española en América, dejó escrito, seguramente con cierta ironía, que Cristóbal Colón, en su viaje famoso del Descubrimiento, no fue a la aventura, que todo, absolutamente todo, estaba calculado prácticamente al minuto y al milímetro, que nada había abandonado al azar, que el almirante conocía perfectamente adonde iba y cómo debía navegar y cuándo para arribar allí. La afirmación del Padre Las Casas no había sido lanzada sin fundamento. El frailecito sabía lo que se decía, y aún resultó prudente.
Lo que interesa es la referencia a que el Descubridor, en realidad, no descubrió nada, porque todo estaba ya descubierto. De eso hoy ya no nos debe quedar ni la más mínima duda. De una manera o de otra, el Almirante consiguió unos mapas extraordinariamente minuciosos y, en secreto, los utilizó. ¿Cuáles pudieron ser estos mapas?
El planeta Tierra es conocido en su totalidad desde hace milenios, y que de ello existen referencias indudables en casi todas las culturas. Platón escribió: ... el Atlántico es navegable desde una isla situada al oeste de los estrechos que vosotros llamáis las columnas de Hércules; desde ella podían alcanzarse otras islas y desde éstas era factible pasar al continente que había frente a ellas y que circunda al verdadero océano". Eso quiere decir que más allá del estrecho de Gibraltar, haciendo escala en las Islas Canarias, se llegaba a las Antillas y desde allí a América, el continente que circunda o limita el océano Atlántico.
En la Vishnu Purana, que es un libro sagrado milenario de la India, se describe perfectamente un gran continente dividido en dos, con forma de arco, por debajo del "mar de leche".
Se trata del continente americano, dividido en dos por el istmo de Panamá y situado bajo los hielos blancos del Ártico, que era el “mar de leche”.
En un antiquísimo libro del Tibet se describe un mapa, en el que quedan situadas con precisión Jerusalén, Babilonia, el mar Caspio, y otros lugares. Herodoto, ya en el siglo V antes de Cristo, escribió que Aristágoras de Mileto poseía una tablilla, en la que estaban grabados los mares y las tierras. En la Universidad de Yale se guarda un mapa, fechado en el año 1440, que demuestra sin lugar a duda alguna que los vikingos llegaron a Groenlandia y a Canadá, siglos antes de que lo hiciera Cristóbal Colón.
También se conoce el hecho de que ya en el siglo XIII, el sabio Nasireddin Tusi, gran estudioso de la astronomía y cartógrafo, entre otros saberes, describió bastante acertadamente las costas de América del Sur, doscientos cincuenta años antes de que "oficialmente" fueran descubiertas.
Admitamos la posibilidad de que quizá, hace 10.000 o más años existió una civilización, o varias, con grandes conocimientos técnicos, de las que solamente han llegado hasta nosotros leves rumores y algún que otro hallazgo insólito.
En los primeros años del siglo XVIII se encontraron, entre otros valiosos documentos históricos, en el palacio Topkapi de Estambul, unos extraños mapas distorsionados, pero que citaban y a veces describían lugares concretos. Entonces no pudieron ser bien interpretados, quedando como una reliquia del pasado, sin otro valor que el de ser una antigüedad. En los documentos figuraba que aquellos mapas habían pertenecido a Piri Reis, un navegante turco del siglo XVI.
De la colección se conserva casi su totalidad en su país de origen, menos dos mapas que pueden estudiarse en la Biblioteca Nacional de Berlín, y en los que aparecen la cuenca del Mediterráneo y el mar Muerto. El mismo Piri Reis anotó en los márgenes que para la confección de sus cartas de navegación, que es lo que son los mapas, había utilizado una compilación de ellos que ya existía con anterioridad y que se conocía con el nombre de Bahriye, que significa colección.
El Bahriye estaba compuesto por 210 mapas parciales, con el título genérico del Libro de los Mares. Los mapas encontrados en el palacio Topkapi de Estambul llevan como fechas los años 1513 y 1528. El primero de ellos, el del año 1513, comprende Bretaña, España, África occidental, Atlántico, parte del norte de América, Suramérica y la costa Antártica, hasta una zona por debajo de África.
El fechado en el año 1528 abarca Groenlandia, Labrador, Terranova, parte de Canadá y la costa oriental de Norteamérica, hasta Florida. Ambos mapas estaban confeccionados en cuero de gacela y median 85 por 60 cm.. Piri Reis había añadido a su afirmación de haber utilizado el Bahriye que preparó sus mapas utilizando también 20 viejos planos y 8 mapamundis, confeccionados en la época de Alejandro, y que en ellos aparecía la totalidad del mundo habitado. Unos mapas, fechados en el siglo XVI, y que nos trasladan de golpe a muchos siglos atrás.
Esto nos hace pensar que en los tiempos de Alejandro Magno, en el siglo IV antes de Cristo, eran conocidos los mares y los continentes que aparecerían después en el Behriye y en los propios mapas de Reis.
La conclusión razonada de la totalidad de sus estudios, para los que se han servido de todos los medios de la técnica actual, es que los mapas de Piri Reis han sido trazados basándose en fotografías aéreas, tomadas a una extraordinaria altura, y desde una especie de satélite, imposible de imaginárselos en los primeros años del siglo XX.
Las distorsiones que aparecen en los planos, lo son sólo en una interpretación lineal sobre una superficie plana, pero ajustando los mapas al globo terrestre, desaparecen las incorrecciones y todo, mares, tierras, islas, queda en su lugar. Como si el mapamundi hubiera sido realizado en nuestros días, basándose en una sola fotografía a gran altura.
En el siglo XVI, y mucho menos antes, no existía la aerofotografía. Los descubrimientos realizados por Colón, Vespucio y Magallanes hasta el año 1513, fecha del mapa en que figura el continente americano, fueron sólo parciales, y podrían haber reflejado exclusivamente algunos puntos dispersos de la costa. En los mapas de Reis está inscrita la totalidad de la costa y los deltas de los grandes ríos, en los que tampoco entraron los descubridores. Cortés llegó a la costa de Méjico en 1520 y Pizarro al Perú en 1531, después de la fecha que ostentan los mapas.
Según las anotaciones que hay en los mapas, supuestamente de puño y letra del mismo Reis, obtuvo los mapas en el año 1507, tras una refriega frente a los costas de Valencia, en la que capturó siete buques españoles. Uno de los marineros apresado llevaba en su poder los mapas que había utilizado Colón y de los que se sirvió para sus viajes y descubrimientos. El marinero afirmó haber acompañado al Almirante Colón en tres de sus cuatro viajes y que los mapas eran de la época de Alejandro Magno. Estos mapas serían sumados a las otras colecciones cuando el sultán Selim I encargó a Piri Reis la confección del mapamundi.
El profesor Sarton, de Harvard, realizó un estudio de las escalas y extrajo las siguientes conclusiones: las distancias entre los diferentes puntos eran exactas, tomando como baremo la medida griega: el estadio.
La escala utilizada por Piri Reis fue derivada de la medición de la circunferencia de la Tierra, que llevó a cabo Eratóstenes, entre los siglos III y II a.C., y que fue calculada precisamente en estadios. Un estadio equivalía a 559 pies, lo que son unos 186 metros.
Tanto Reís como Eratóstenes sobrestimaron el perímetro del globo en un 4,5 %. Restando esa diferencia a las escalas de los mapas de Reis, la exactitud con la realidad es asombrosa. Basándose en esto, Hapgood ha llegado a afirmar que los mapas de Reis son incluso anteriores a Eratóstenes, esto es, anteriores al siglo III antes de Cristo. Posiblemente de la época de Alejandro Magno.
¿Si fueron confeccionados en la época de Alejandro Magno, hay que entender que los griegos habían explorado ya los lugares geográficos que aparecen reflejados en ellos?
Hay un detalle extraordinario como que la Antártida no esté cubierta con hielos, que se ajuste tanto a su contorno y relieve reales, reflejando las altitudes y otros accidentes, lo s cuales se han descubierto recientemente. Esto nos lleva a pensar que los mapas debieron ser confeccionados en una época remotísima, antes de la última glaciación, hace muchos miles de años. Recordemos que la Antártida fue descubierta en el siglo XIX.
Pero el detalle más sorprendente es que se puede ver con toda claridad y precisión que, entre América del Sur y África hay una isla, de gran tamaño, denominada Antilia, donde hoy no hay nada más que agua. ¿Se trata del mítico continente Atlántida?
En el mapa Zeno, fechado en el año 1380, se puede observar como Groenlandia está dibujada sin la capa de hielo que la cubre, surcada por ríos y motejada de montañas, accidentes geográficos que fueron localizados en el año 1947, mediante los sondeos que llevó a cabo una expedición francesa al polo Norte, capitaneada por Paúl - Emile Víctor. Las montañas y los ríos, y el contorno, están sumergidos bajo una espesísima capa de hielos milenarios y no son visibles, sólo detectables por sondeos. ¿Cómo pudo ser trazado el mapa?
En el mapa de Caneiro, del siglo XV, queda descrita la costa oriental de África, que es el trozo que falta a los del pirata Reis. ¿Ambos cartógrafos se inspiraron en una misma fuente anterior?
En el mapa de Yehudi Ibn Ben Zara, en el año 1487, también está trazada Groenlandia sin hielos y todas sus islas, así como Suecia según debió ser, en opinión de los geógrafos, hace 8.000 ó 10.000 años. Un aspecto muy inquietante del trabajo de Ben Zara es el mayor tamaño de todas las islas del Mediterráneo, circunstancia que nos induce a pensar que el nivel de las aguas de ese mar ha ascendido considerablemente.
En un mapa del año 1508, firmado por Andreu Benincasa, puede observarse perfectamente toda la costa norte de Europa. En otro, de Jorge Reinel, del año 1510, se describen el océano Índico y parte de Australia. En el Oronteus Finaeus, del año 1531, quedan trazados todos los ríos y montañas de la Antártida, lo cual hace pensar en que se trata de una copia realizada sobre mapas originales exactos. Hadji Ahmed, en el año 1559, nos legó los planos cartográficos de América entera, con dos siglos de anticipación a la posibilidad de ellos. En el mapa de Ahmed aparece el estrecho de Bering cerrado, como lo estuvo en épocas muy remotas.
Todos estos mapas nos indican que la Tierra era conocida, geográficamente, hace cientos y seguramente miles de años, con mayor exactitud de lo que lo es hoy. Este hecho es producto de unos conocimientos y de una tecnología que han desaparecido. Pensemos que hubo una civilización, o varias, hace milenios, no sabemos cuántos, que llegó en su ciencia y en su técnica tal vez más lejos de lo que esta Humanidad ha alcanzado hasta ahora. Los mapas serían sólo un sencillo recuerdo de otros hombres sabios que, no se sabe por qué, desaparecieron por completo.
los mapas de piri reis
LA ENIGMATICA MAQUINA DE ANTIKYTHERA
Uno de los hallazgos más sorprendentes de cuantos se refieren a la tecnología del pasado, tuvo lugar durante el año 1900, junto a las costas de la isla de Antikythera, en el mar Egeo, cuando un barco de pescadores de esponjas de Dodecaneso buscó allí refugio, protegiéndose de una tempestad.
Pasado el peligro, a la mañana siguiente, los pescadores se sumergieron en las ya tranquilas aguas del mar, descubriendo, a setenta metros de profundidad, los restos de un barco sumergido que, a juzgar por la cantidad de algas que lo cubrían y por el conjunto de su aspecto, debía llevar en las arenas del fondo marino mucho tiempo. De su interior extrajeron inmediatamente las piezas de más valor e interés, como bellas estatuas de mármol y de bronce, ánforas y jarrones que todavía conservaban un color azul intenso con el que las decoraron, y otros objetos por el estilo.
Entre ellos, y a punto de ser de nuevo arrojado al mar, izaron una “cosa” , con apariencia de máquina, muy recubierta de formaciones calcáreas y adherencias normales, debido al tiempo que había permanecido bajo las aguas. Al principio se pensó que se trataría de algún mecanismo, que habría sido arrojado por la borda de un barco unos años antes. Pero la excesiva oxidación y el recubrimiento calcáreo, idéntico al que presentaban las estatuas y los otros objetos, puso en guardia a los descubridores, en el sentido de que quizá aquello fuera otra cosa.
Cuando fue limpiado el objeto minuciosamente, se extrajeron dos conclusiones importantes: era un mecanismo complicado y su antigüedad se remontaba a 2.000 años, más o menos, que era la misma antigüedad que se atribuía al resto de los hallazgos extraídos del fondo, y la del mismo barco.
El naufragio había ocurrido en el siglo I antes de Cristo, según la opinión de los arqueólogos que estudiaron el caso, entre ellos los historiadores Solla Price y Valerios Stais, y los especialistas en epigrafía Merrit y Jorge Stamires, que descifraron las inscripciones que la máquina presentaba en distintos lugares. Luego afinaron un poco más y establecieron, basándose en distintos aspectos del mecanismo, que la construcción del artefacto se había llevado a cabo entre los años 82 al 65 antes de Cristo.
La máquina, que se conserva en el Museo Arqueológico de Atenas, está construida fundamentalmente en bronce, y presenta las siguientes características esenciales como 40 ruedas de engranajes, 9 escalas móviles, 3 ejes, 1 rueda central de 240 dientes, 1 diferencial, y 1 eje mayor, que servía para poner en marcha todo el mecanismo, y que salía al exterior.
La rueda central contenía un borde dentado cuyo relieve era de 1,3 milímetros en cada diente. Todo ello encerrado en una especie de caja o estuche de bronce también.
Una de sus inscripciones hace referencia al calendario famoso de Geminos de Rodas, en el año 77 a. C., y reproduce parte de él, se cree que como motivo meramente de adorno. Aparecen el Sol, Venus, las estaciones en el orden de su desarrollo, horario lunar y otros detalles más, difíciles de definir por la corrosión del metal.
El mecanismo en conjunto era de una extremada perfección, tanto en lo que se refiere a su fabricación como a sus engranajes y movimientos. Había sido realizado con troquel sobre piezas de bronce de un grosor de 2 milímetros. Se llegaron a encontrar en algunas piezas detalles de haber sido reparadas en varias ocasiones.
Del estudio completo del extraño mecanismo de Antikythera se deduce que en la época en que fue construido, entre los años 82 y 65 antes de Cristo, existían una tecnología y unas máquinas capaces de ello y que el dominio de las matemáticas, y de la astronomía, era cercano al actual. Lógicamente, una máquina tan perfecta no fue la primera en su género. Se supone que debió haber otras anteriores que se fueron poco a poco perfeccionando, y que funcionaron desde varios años o siglos antes.
El arqueólogo Solla Price afirmó, como conclusión a todos sus estudios, que a lo que más se parece la máquina es a un reloj. Este arqueólogo escribió en la revista "Scientific American", en junio del año 1959: "Resulta un poco alarmante saber que poco antes de la civilización helena, los antiguos griegos se habían acercado tanto a nuestra civilización, y no sólo en cuanto al pensamiento, sino también en cuanto a la tecnología científica. En todo caso, después del descubrimiento de la máquina de Antikythera, debemos revisar nuestros conocimientos sobre la historia de la ciencia, porque podemos estar seguros de que este instrumento no es el primero ni el último de su tipo."
la maquina en todo su esplendor y misterio
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=MqhuAnySPZ0
excelente video que reconstruye el funcionamiento de la enigmatica maquina
TEMPLOS Y TUMBAS ILUMINADOS......CON ELECTRICIDAD!!!!!!
Debido a unos descubrimientos enigmáticos en nuestro tiempo, se tiene una mayor presunción de la existencia, en un pasado remoto de la Humanidad, de una tecnología avanzada, comparable incluso a la que gozamos, y sufrimos, en nuestros días.
Diversos objetos manufacturados, hallados en distintas partes del globo, y otros instrumentos diseminados por los cinco continentes, cuya antigüedad milenaria no se cuestiona, ponen en nuestras manos argumentos suficientes para poder pensar que, seguramente, no hemos sido los primeros habitantes de la Tierra.
En el curso de unas excavaciones que se estaban efectuando en la colina de Rabua, en Irán, en un territorio antiguamente ocupado por los partos, el arqueólogo Wilheim Kónig encontró, en el año 1938, unos recipientes en forma de jarrón, de arcilla clara, en cuyo interior estaba fijado un cilindro de cobre, sujeto en la embocadura con asfalto.
Los recipientes medían 15 cm de altura y el tubo de cobre, 26 mm de diámetro y 19 cm de altura. Dentro del tubo del cobre había una varita de hierro muy oxidado, que sobresalía 1 cm y que daba la impresión de haber estado revestida de una fina capa de plomo. Los objetos recordaban con bastante exactitud a las pilas eléctricas actuales, pero, ¿quién se atrevería a hablar de que existieran en la antigua Babilonia baterías y para qué?
El Ministerio de Información de aquel tiempo comunicó, de una manera oficial, que los objetos correspondían a una antigüedad que se cifraba entre el año 227 y 126 a. C. Pero en el mismo yacimiento se descubrieron algunos materiales que habían sido sometidos a un procedimiento de galvanización.
Se dedujo entonces que las pilas habrían sido utilizadas para esos fines, y dado que la antigüedad de los materiales galvanizados remontaba la fecha de 2.000 años atrás, se concluyó que hace 4.000 años se estaban utilizando pilas eléctricas para galvanizar objetos.
Sin embargo, quedaba la duda de si, en verdad, aquellos recipientes, pese a su apariencia, eran auténticas baterías. Muchos arqueólogos habían afirmado que se trataba de "objetos de culto", que es lo que suelen decir los arqueólogos cuando se encuentran un objeto que no saben para qué sirve. La prueba definitiva de que aquellos objetos eran pilas eléctricas la obtuvo el propio Kónig rellenando los recipientes con un electrolito convencional y... las pilas funcionaron.
Recipientes idénticos o muy parecidos habían sido ya encontrados, con anterioridad, y se exhiban expuestos en las vitrinas de algunos museos. Su utilización debió ser, por tanto, bastante generalizada, aunque debemos entender también que el secreto de su construcción, sería guardado en los arcanos de los iniciados, a modo de magia técnica.
La literatura clásica encierra numerosas citas respecto a templos y tumbas, iluminados durante cientos de años por bombillas incandescentes, y de bello colorido rojizo, en Grecia, en Roma y en Egipto. San Agustín, por ejemplo, contó el caso de una lámpara que no podían apagar ni los vientos ni la lluvia en Egipto, y otra en Antioquía que se mantuvo encendida más de quinientos años.
El templo de Numa Pompilio, en Roma, ostentaba en su cúpula una luz siempre encendida, y existen bellos relieves en algunos templos egipcios, en el de Hator, por ejemplo, que muestran verdaderas bombillas de cristal, con un hilo incandescente dentro, en forma de serpiente, las cuales están conectadas a unos cables que, a su vez, se hallan enchufados a una red.
En la Vía Apia, cerca de Roma, se descubrió una tumba donde estaba enterrada una hermosa mujer, cuyo cadáver se conservó en perfectas condiciones y que estuvo iluminado varios siglos por una brillante luz roja.
El jesuita Kircher recoge en su "Edipo Egipcíaco", del año 1562, tozos de un documento hindú primitivo, que se guardaba en la Biblioteca de los Príncipes Indios, y que no son otra cosa que las instrucciones que es menester seguir para construir una pila eléctrica. Dice así: "Colocar una plancha de cobre, bien limpia, en una vasija de barro, cubrirla con sulfato de cobre, y luego cubrirlo todo con serrín húmedo, para evitar la polarización. Después poner una capa de mercurio amalgamado con cinc encima del serrín húmedo. El contacto producirá una energía conocida por el doble nombre de Mitra-Varuna. El agua se escindirá por la acción de esta corriente en Pranavayu y Udanavayu. Se dice que una cadena de cien vasijas de este tipo proporciona una fuerza muy activa y eficaz." En fin, una batería eléctrica con su ánodo y su cátodo, en la que el agua se escinde en sus componentes oxígeno e hidrógeno. También, aunque estas citas resultan mucho más vagas, existen relatos de ciudades iluminadas y templos por muchos lugares de América.
En las cavernas de la montaña Bayan-Kara-Ula, en la frontera chino-tibetana, los arqueólogos hicieron en el año 1965 un descubrimiento sensacional: 716 discos extraños de piedra, con lo que en un principio se creyó eran grabados. Su antigüedad se remonta a varios miles de años. Poseían un agujero en el centro, como los discos de un gramófono, y lo que se pensó eran grabados, en realidad eran unos surcos que, en espiral, partían del centro del disco hacia el borde, unos surcos dobles. La semejanza con los discos de audición de los gramófonos planteó la posibilidad, por otra parte increíble, de que se tratara de eso.
Pero los estudiosos investigadores de la Academia de Prehistoria de Pekín informaron de que se trataba de escritura, y lograron descifrar algunos fragmentos que hablaban de naves espaciales hace 12.000 años.
Peter Kolosimo hace al respecto una interesante observación. En el lugar en el que fueron hallados los discos, frontera entre el Tibet y China, habitan las tribus Ham y Oropa, estos últimos, endebles de constitución y que apenas llegan a medir 1,27 de altura, y cuya clasificación dentro de un grupo étnico conocido no es posible. Algunos jeroglíficos Ham muy remotos, cuentan que los Oropa llegaron en la antigüedad en una nave espacial, y se establecieron allí, al menos temporalmente. Y que su intención real era desconocida. Los Ham se asustaron y permanecieron varios días escondidos en las cavernas. Finalmente la nave espacial, en uno de sus vuelos de cercanías, parece que se estrelló en una maniobra de aterrizaje. Se pregunta Kolosimo si no serán estos Oropa descendientes de aquella raza cósmica que llegó a bordo de aquel navío sideral.
Sometidos los discos de piedra a unos análisis muy rigurosos, se encontró en ellos una cantidad considerable de cobalto, y los medidores señalaron que emitían unas vibraciones muy intensas de energía, como si estuvieran todavía, al cabo de doce mil años, cargados de electricidad.
El descubrimiento arqueológico se completó con el hallazgo, dentro de algunas cavernas de la zona, de restos óseos de aspecto humanoide, que también correspondían a una antigüedad de 12.000 años, de enormes cráneos y cuerpos pequeños y débiles. Oficialmente se dijo que pertenecían a una raza de simios extinguida. Pero nadie proporcionó una explicación acerca del origen de los discos y del mensaje de los jeroglíficos.
Es muy difícil admitir, desde el punto de vista de nuestra lógica, la historia de seres que llegaron del espacio a explorar nuestro planeta y por un accidente debieron vivir aquí, en condiciones que no les eran favorables.
Hay, o debe haberla, otra lógica que no es la nuestra, de acuerdo con la cual eso sería posible. Si no la admitimos, y la verdad es que nos cuesta muchísimo esfuerzo hacerlo, no nos quedan razonamientos para justificar la presencia, ciento veinte siglos atrás, de los discos energéticos y los jeroglíficos que asombraron a los arqueólogos y nos maravillan a nosotros, en las cavernas de la montaña Bayan-Kara-Ula.
¿¿¿¿¿¿bombillas electricas en el antiguo egipto?????¿¿¿¿¿¿o solo simbolos sagrados??????????
MOTORES PREHISTORICOS
Debido a unos descubrimientos enigmáticos en nuestro tiempo, se tiene una mayor presunción de la existencia, en un pasado remoto de la Humanidad, de una tecnología avanzada, comparable incluso a la que gozamos, y sufrimos, en nuestros días.
Diversos objetos manufacturados, hallados en distintas partes del globo, y otros instrumentos diseminados por los cinco continentes, cuya antigüedad milenaria no se cuestiona, ponen en nuestras manos argumentos suficientes para poder pensar que, seguramente, no hemos sido los primeros habitantes de la Tierra.
En un estrato, cuya antigüedad se ha fijado en millones de años, se encontró, en el curso de una excavación y de modo accidental, la silueta de un tornillo, perfectamente trazada, en el centro de una piedra. El acontecimiento se desarrolló en Treasure City, en el estado norteamericano de Nevada, en el año 1869. Al abrir la piedra por procedimientos mecánicos, se encontró una oquedad donde estuvo alojado un tornillo de hierro de 5 cm de longitud. Los millones de años transcurridos desde que el objeto quedó encerrado allí habían hecho desaparecer realmente la pieza metálica, y sólo quedaban la herrumbre y la forma perfecta. ¿Para qué podía servir un tornillo hace millones de años?
Otro hallazgo mucho más reciente aumenta la dimensión de la pregunta. Los afortunados investigadores fueron Mike Mikesell, Wallace A. Lane y Virginia Maxey y se realizó el día 13 de febrero de 1961, en Olancha en el estado norteamericano de California. Los citados no eran estudiosos del tema histórico ni se hallaban preocupados por las incógnitas de la evolución humana. Simplemente buscaban geodas, algunas de las cuales pueden llegar a tener casi el valor de una piedra preciosa.
Las geodas se forman dentro de las rocas, y son cavidades tapizadas de cristales o mineralizaciones, que suelen contar con cientos de miles de años, o millones.
En su interior hay generalmente un pequeño hueco. La señorita Maxey era dueña de una tienda de objetos de ese tipo, decorativos y caprichosos. Ascendieron aquella mañana, recogiendo las geodas que encontraban, que eran muchas, porque la región es rica en este tipo de formaciones, hasta una altura de unos 1.300 m sobre el nivel del mar, unos 600 por encima de las riberas del lago Owens, muy cercano. De regreso, ya en el taller, les llamó la atención una de las piedras recogidas, seguramente porque su peso fuera mayor del que debía ser. La abrieron con una sierra de diamante y encontraron en el interior algo tan duro que la sierra se llegó a deteriorar. Dentro no existía hueco, sino un objeto extraño que parecía, ya a simple vista, ser de fabricación humana.
Lo que deterioró la sierra de diamante fue una pieza de porcelana circular, en cuyo interior estaba fijada una varilla metálica de 2 mm de diámetro, terminada en una especie de espiral, o algo parecido, difícil de concretar porque estaba mal conservada. Todo ello envuelto en una especie de estuche hexagonal, de material no identifícable, porque se había desintegrado, y sólo quedaba la forma. Probablemente aquel material inexistente fuera de madera. La varilla metálica estaba rodeada de una materia cuprosa de 18 mm de grosor.
Todo el objeto que encerraba la geoda es muy similar a una bujía de motor de explosión. La antigüedad de la piedra se estableció en 500.000 años. ¿Para qué podía servir entonces una bujía y quiénes la fabricaron?
En el año 1885, en Salisbury, dentro de un lecho de carbón del Terciario, entre 70 y 12 millones de años de antigüedad, se halló una pieza metálica en forma de cubo, con una de sus caras redondeadas.
El objeto apareció dentro del carbón y cuenta, por lo tanto, con la misma antigüedad que éste. Estaba compuesto por hierro, carbono y níquel. La incógnita presentaba sólo ofrece dos soluciones: que se tratara de un meteorito, o que hubiera sido labrado por la mano del hombre.
La hipótesis de un meteorito caído sobre la Tierra hubo de ser desechada, porque forzosamente la superficie del objeto tenía que estar muy alterada por las temperaturas alcanzadas al atravesar la atmósfera, y no era así. Esto quiere decir que la pieza fue labrada por la mano del hombre, hace, por lo menos, doce millones de años. ¿Existía el hombre sobre la faz del planeta entonces? ¿Con qué técnica y con qué máquinas fue labrada?
En California, y dentro de un trozo de cuarzo aurífero, apareció un asa metálica de cubo de agua, y otra semejante fue hallada en Kingoodie, en Inglaterra, en un bloque de piedra de 23 cm de longitud, que correspondía al Pleistoceno, con 8.000 años de antigüedad. En ambos casos los expertos afirmaron que la época en que las asas fueron fabricadas, superaba los 10.000 años. El misterio de su tecnología ha quedado, como en los casos anteriores, pendiente.
martillo de kingoodie
LA BATERIA DE BAGADAD
En 1938, un arqueólogo austriaco, el Dr Wilhelm König, estudió un "objeto de culto" depositado en el fondo de los sótanos del museo de Bagdad.
Se trata de un vasito de terracota de 15 centímetros de altura por unos 7,5 centímetros de diametro.
Emergiendo del tapón bituminoso, una varilla de hierro está insertada en el interior de un cilindro de cobre y aislada de él por un tapón de asfalto en su base ; siendo el cilindro de cobre soldado con su capucho por una aleación plomo/estaño.
Varias de estas pilas fueron encontradas en las ruinas de Khujut Rabu, ciudad Parta, en los alrededores de Bagdad. Los Partos, guerreros feroces, dominaron la región entre 250 antes de Jesucristo y 230 después de Jesucristo.
Diez pilas más fueron descubiertas más tarde en Cesiphon.
El cobre lleva una pátina azul característica de la galvanoplastia con la plata.
Entonces se piensa que son mucho más antiguas porque se encontraron igualmente vasos de cobre chapados con plata en un sitio Sumerio datado por lo menos de 2 500 años antes de Jesucristo.
Varios especialistas han reproducido la pila utilizando zumo de uva como electrólito y consiguieron efectivamente una corriente eléctrica, entre 0,5 y 1,5 voltios, según los experimentadores.
1 : VARILLA DE HIERRO
2 : TAPÓN DE ASFALTO
3 : VASO DE TERRACOTA
4 : ELECTRÓLITO
5 : CILINDRO DE COBRE
6 : TAPÓN AISLADOR DE ASFALTO
7 : CAPUCHO DE COBRE
8 : CABLE DE TIERRA
link: http://www.videos-star.com/watch.php?video=jEoxaJ86wWI
bueno gente de T!,espero que este post haya sido de su agrado,NO SE OLVIDEN DE COMENTAR!!!!!!!!!