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Alan Kelly
14/05/2010
La pregunta que elegí para este trabajo es:
¿Cuál es el sentido/propósito de la vida?

Y para aclarar el porque, de elegir esta pregunta, tengo que dar paso a una anécdota personal de mi infancia:
Cuando yo tenía aproximadamente 7 años, estaba caminando de la mano con mi madre, y delante de nosotros, caminaban (no muy lejos) mi prima y mi hermana mayor. Yo recuerdo el contexto de esa semana perfectamente, en donde en diversos momentos del día, cuando se me daba la oportunidad de tomarme una breve y solitaria pausa de reflexión, solía mirar mis manos, y cuestionarme inexorablemente el “porque” de mi presencia, y el “como” de todo lo que tubo que pasar para que esta se llevara a cabo (en el proceso, me inundaba una profunda sensación de inmensidad ambigua, en donde me sentía eterno pero ínfimo a la vez). Pero en ese momento puntual con mi madre, caminando en una silenciosa y soleada tarde de domingo, a media cuadra del parque Chacabuco, se me ocurrió compartir mi constante interrogante con ella, al cual lamentablemente no me pudo tomarse el trabajo de elaborarle una respuesta, debido a que no podía ni activar las expresiones de su rostro por el impacto estupefacto que le dejo mi pregunta a tan temprana edad. Motivo por el cual me inspiro hoy al estar seguro de cual es el interrogante al cual voy a enfrentar para este trabajo.

Para empezar a encarar este interrogante, voy a citar y a analizar una de las frases de uno de los personajes que más me ha maravillado en la historia de lo que va de mi vida:
El Agente Smith, de la película: Matrix, en la tercera y última parte de esta trilogía, no casualmente en el final, da a lugar a la pronunciación de la siguiente frase:
“El propósito de la vida es darle un fin.”
Para mi criterio personal, esta frase esta incompleta, si bien puede que el origen principal de la misma, provenga de un fundamento o ideología de trascendencia histórica (probablemente proveniente de algún filósofo o intelectual de tiempos pasados). Yo, en mi rotunda ignorancia y falta de conocimiento histórico académico, me atrevo a afirmar que le agregaría algo a esta trascendente frase. Para completarla, aclararía que “El propósito de la vida es darle un lindo fin”. Y por lindo, hago referencia a lo siguiente:

Los seres humanos transcurrimos nuestras vidas encerrados en las paredes del presente, condenados por los acontecimientos del pasado y enceguecidos por los proyectos del futuro, pero sobre la marcha, disfrutamos cada uno de los estímulos diversos que nos ofrece el contexto de lo contemporáneo, de diversas maneras. Y de un modo u otro, le sacamos jugo a cada mínimo acontecimiento del transcurso de nuestra existencia (ya sea a un nivel conciente o inconciente, directo o indirecto) desde el comienzo de la misma, hasta el final. Y justamente, se hace énfasis al final, en esta frase, debido a que lo “lindo” y valorable de la vida, es absolutamente todo, ya que cada instante de ella es completamente primordial y necesario, para el forjamiento de nuestro ser, tanto a nivel material y superficial, como mental y espiritual. Y al momento de llegado el fin, depende de cada uno saber si transcurrió o no una vida satisfactoria y si realmente esta orgulloso del resultado de persona que trajo aparejado cada estimulo presente en la misma.


29/08/2010
Bueno, esta otra anécdota tiene dos partes y una gran influencia en mi forma de ver la vida, es mas, se podría decir que este segundo factor es clave para entender mi postura contemporánea con respecto a esta pregunta filosófica tan milenaria.
A la edad de 7 años (también) en segundo grado me paso algo que me cambiaria la vida, pero no en ese momento, sino 8 años después. Simplemente el suceso fue que me rompí el brazo izquierdo, tratando de pegarle a un compañero (ya se que soy el alumno ejemplo), afortunadamente, cuando yo iba a interceptar mi puño contra la cara del inocente muchacho, este mismo se corrió, y toda la fuerza de mi cuerpo se desato en un impacto ampliamente doloroso contra la pared de ladrillos que se encontraba tras el muchacho. Eso ocasiono que mi muñeca se superponga a mi antebrazo, el dolor fue tremendo, y el same no fue de lo mas puntual.
Una vez en el hospital Duran, pacientemente sentado en la sala de espera con un incalculable dolor en mi brazo, espere a que el hospital público tuviera tiempo para mí y mi tragedia. Cuando logro llegar mi turno, el doctor me acostó en la camilla y junto a un grupo medico, decidieron aplicarme anestesia general vía gas o suero (esa es la parte que no recuerdo bien). El doctor me dijo claramente, (mientras me aplicaba la anestesia general) que contara de forma descendente hasta 1 empezando por el 10. Claramente, no logre llegar a los 3 números que sucedió el hecho que se guardaría en mi memoria para siempre. Simplemente serré los ojos, y antes de un parpadeo (literalmente) desperté escuchando la voz de mi madre y tras unos segundos de estrenar los ojos después de no mas de una hora anestesiado, volví en si. A esta edad, el efecto de la anestesia general fue algo irrelevante, imperceptible, nunca lo mencione porque jamás me había parecido algo de importancia trascendental. Pero mi sabio inconciente, guardo cada uno de los detalles de ese día (como podemos darnos cuenta en esta detallada redacción a pesar de que debería ser un difuso recuerdo de una pequeña memoria infantil).
Ocho años mas tarde, debido a una deficiencia auditiva en el oído derecho de mi madre, tubo que ser operada el día 19/06/2008 a las 12:45 aproximadamente, 13:15 p.m. exactamente, descubrí el significado de la muerte, por ende, entendí el propósito de la vida. Y comparto mi experiencia:

A las 13:15 p.m. exactamente, mi madre volvió de la operación al mismo cuarto en donde mi hermana y yo la estábamos esperando. El camillero que la aproximo al cuarto, explico claramente que cualquier comentario extraño o comportamiento anormal de mi madre podría ser a causa de que recién despertaba de la anestesia general, y tras un largo tiempo de ser aplicada, el efecto de reincorporación puede generar esos síntomas breves en la conducta. Por lo tanto, algo en mi me dijo que este atento a su bienestar, y que escuche cada palabra, porque si técnicamente esta “delirando” (hablando mal y pronto) ella no iba a pensar lo que decía, sino decir lo que pensaba.
¡Y no me equivoque! Debido a que bajo ese efecto, ella me dijo algo que me ayudaría a comprender automáticamente todo. Mientras me apretaba la mano a mi y a mi hermana, ella (mi madre) lloraba constantemente y nos recordaba lo mucho que nos amaba y que nosotros éramos su mayor logro. Yo al verla así, no podía evitar sentirme extraño, porque al fin de al cabo (mas allá del efecto de la anestesia) nunca había visto a mi mama diciéndome estas cosas de una manera tan desesperada, entonces sin pensarlo, me nació del alma preguntarle: “¿Pero porque estas tan asustada?”
A lo que ella me contesto casi instantáneamente, como si la situación estuviera ensayada: “El miedo de que te apliquen anestesia general, es no despertarse nunca”.

Y ahí fue cuando instantáneamente, como una película, apareció en mi mente la imagen del recuerdo del doctor pidiéndome que cuente desde el 10 hasta el 1, mientras la anestesia corría por mis venas. Y pude recordar la sensación (de una forma inexplicable) que provoca el hecho de estar bajo anestesia general. La sensación es la desactivación de TODOS los sentidos de percepción en absoluto, por ende, uno se sumerge en una “nada” literalmente imperceptible (por supuesto que esto se genera mientras las funciones vitales funcionan normalmente), en la cual no se manifiesta ningún tipo de razonamiento o “pensar” y al mismo tiempo uno no puede ni ver, ni escuchar, ni sentir, ni oler, ni saborear nada. Obviamente, que al ver que estoy diciendo que uno no podía ver, la primera imagen o razonamiento que se le viene a uno a la cabeza es la de una imagen negra, pero no, ni siquiera eso.
Es como cuando uno se va a dormir, y nunca recuerda ese instante exacto en el que traspasa el umbral de la realidad y se sumerge en el de los sueños (ya que uno percibe los sueños cuando prácticamente van por la mitad). Solo que en este caso, no hay sueño alguno y lo único que se percibe es cuando el efecto de la anestesia general, se va.

Entonces, mi madre, con su frase, me hizo entender que si uno nunca despierta de la anestesia general, la muerte, es EXACTAMENTE eso, se siente (por decirlo de una forma irónica: “siente”) así.
Gracias a la vida, y de una forma que no puedo explicar, mi inconciente o alguna parte de mi de la cual desconozco su existencia, logro guardar esa sensación de estar bajo anestesia general, y esa sensación, fue la que (en concordancia con la frase de mi madre) me ayudo a darme cuenta que no existe nada peor que la muerte, porque la muerte es exactamente: “La nada”.

Dicho esto, la vida se volvió increíble, para ser honestos, este razonamiento no fue del todo instantáneo, tarde un largo tiempo, no en crear el marco teórico, sino que lo que me llevo tiempo fue incorporarlo como una certeza a mi vida. Y una vez que podía sentir esa idea corriendo por mis venas, esa sensación de entender que la vida es lo mejor y más hermoso que puede uno tener. Todo se volvió diferente, sentir cada fibra, cada brisa, cada sensación minúscula que trae aparejada la percepción cotidiana: un mínimo y tibio rayo de sol que impacta en las mejillas y no permite abrir los ojos, el recorrido de un frío liquido viajando desde mi garganta a las entrañas de mi organismo, rozar con la yema de los dedos delicadamente cualquier tipo de superficie, todo, absolutamente TODO, se volvió. Un éxtasis de placer incalculablemente variado (por supuesto que este aprecio total no encapsulaba solo emociones cotidianas).

Por eso, y para finalizar esta redacción, me atrevo a afirmar, que los seres humanos estamos en este planeta con el único fin de ser los privilegiados en poseer un razonamiento para poder disfrutar de forma completamente libre, cada una de las sensaciones que nos regala la vida misma en forma gratuita. Creo que el único propósito del hombre es disfrutar la vida en cada auge de la percepción y saber valorarlo y apreciarlo como tal. Y para mí, el resto, es pretensión, es mentira, el hecho de crecer en forma de civilización no es más que una negación a la verdad más absoluta e irrefutable:
Somos mamíferos privilegiados con el don de la razón. Que se rebozan de alegría con cosas básicas y gratuitas, pero se enredan en la rotunda libertad y colapsan sus mentes al no poder interpretarla y valorarla, entonces, es cuando se desata el pesado vagón de la “prosperidad” que nos termina costando el mismo ambiente circundante que aniquilamos dia a dia, por el simple hecho de negar nuestra propia naturaleza.

Y como dice una hermosa frase de La Bersuit (aquí citada fuera de contexto):
“Fue por tenerte regalada, el creer, que no vales nada”.

Continuación:
http://www.taringa.net/posts/info/7851669/Continuacion-del-trabajo-practico-de-Filosofia_.html
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