Hola taringueros, en esta coacción les dejo un post de una excelente actriz. Disfruten.
Erica Rivas.
Erica Rivas nació el 1 de diciembre de 1974 en Buenos Aires. Es una actriz argentina que a pesar de poseer una gran trayectoria como actriz en su haber, Erica, logró mayor conocimiento con la serie "Casados con hijos" (2005-2006), donde encarnaba a Maria Elena Fuseneco.
Erica está casada con el actor Rodrigo de la Serna, con quien tiene una hija de nombre Miranda.
Durante su formación como actriz pasó por las clases y recibió lecciones de los más cotizados maestros y decanos de la actuación en la Argentina, tales como Augusto Fernández, Lito Cruz, David di Nápoli, Martín Adjemián, Eric Morris, Joy Morris, Miguel Cardella y Susana Naidich. Los resultados de semejante preparación y puesta a punto de sus dotes artísticas pudieron apreciarse en varios montajes teatrales "Acuerdo para cambiar de casa" (1992); "La improvisación del alma" (1993), del clásico del teatro contemporáneo Eugene Ionesco; "Cosa de locos” (1994); "El tío loco" (1994), de Roberto "Tito" Cossa; "Gris de ausencia" (1995), también de Roberto "Tito" Cossa; "El relámpago" (1996), del inmortal August Strindberg; "Bienvenida a casa" (1997), de Neil Simon; la obra infantil "Misterios de la corte" (1998), de Susana Sadoff; "Estoy maldita" (2001-02), una colección de relatos eróticos de Marosa di Giorgio; y "Seis al cinco" (2002), de Julio Chávez.
Una carrera igualmente importante y variada es la que ha llevado a cabo en el contexto del cine, medio en el que ha dejado su huella en producciones como "El dedo en la llaga" (1995), de Alberto Lecchi; "Besos en la frente" (1996), dirigida por Carlos Galletini; el cortometraje "Eva en cadenas" (1999); "Garage Olimpo" (2000), dirigida por Marco Becáis; "Cabeza de tigre" (2001), dirigida por Claudio Etcheberry; "Gallito ciego" (2001), dirigida por Santiago Carlos Oves; el ciclo "Mujeres en Rojo" (2003); el cortometraje "Despedida" (2003), dirigido por Ana Katz; la premiada "Chile 672" (2006), de Pablo Bardauil y Franco Verdoia; y "Una novia errante" (2007), de Ana Katz.
Este sorprendente currículo en la actuación se complementa con sus participaciones televisivas en multitud de series y telenovelas, entre las que se destacan títulos como "Los machos" (1994-1995), "Nueve lunas" (1994-1995), "De poeta y de loco" (1996), "Archivo negro" (1997), "Gasoleros" (1998), "De corazón" (1999); "Campeones" (1999), en cuyo rodaje conoció a Rodrigo de la Serna, quien más tarde sería su esposo; "Calientes" (2000), "Por ese palpitar" (2000), "El sodero de mi vida" (2001), "Mil millones" (2002), "Los simuladores" (2002-03), "Sol negro" (2003), y "El deseo" (2004).
Premios
- En el año 2006 recibió el Premio Clarín espectáculos en la categoría de Mejor Actriz de Comedia por su papel en "Casados con hijos" (2005)
- Obtuvo en el año 2001 los premios del VIII Festival Latinoamericano de video en Rosario y de la XXIII Jornada Argentina de Cine y video Independiente, en la categoría de Mejor Actuación Femenina, por su trabajo para el corto "Eva en cadenas" (1999).
- Se hizo merecedora del premio en la categoría de Mejor Actriz en Voto del Público por el filme "Gallito Ciego" (2001).
-2007 Premio Martín Fierro Actriz de Reparto en Comedia Casados con hijos.
Entrevistas.
•Después del ritmo intenso que le imponía Casados con hijos, ¿decidió tomarse un año sabático?
–Hace poco filmé una película en Alemania. Estuve en Colonia y en Berlín, me costó mucho adentrarme en su idiosincrasia, aunque algo me pegó profundamente; no sé si será por mi nombre. Traté por todos los medios de no hacerla, me costaba mucho pensarme en otro país, yo no hablo inglés. Pero fueron saltando todas las vallas que puse. El director era el único que hablaba castellano. No fue fácil y me conmocionó tanto que todavía no volví a trabajar. Sigo enganchada sin saber muy bien por qué. Estoy lenta este año, tal vez porque dicen que Plutón imprime lentitud y uno queda pasmado. Le echo la culpa a Plutón para justificarme.
•Por las consecuencias, debe de haber sido una experiencia valiosa.
-Estuve dos meses, por consiguiente a mi mirada le falta profundidad. Lo que pude ver sobrevolando es una cosa fría y poco comunicativa que hace pensar que algo se está escondiendo. Es interesante, porque acá todo está tan abierto que nuestra búsqueda es ver dónde está el misterio. Allá es al revés.
•¿Le asusta la incomunicación?
–Soy una mujer de extremos. Hay algo raro: me asusta y me da tristeza la incomunicación, porque genera dolor y enfermedad, pero al mismo tiempo me atrae porque pienso que a partir de ahí surge todo, también el teatro. En Alemania aparecía mucho esto, por ejemplo, en la cantidad de gente joven con cáncer, e insisto que tiene que ver con algo no dicho y sin embargo muy presente. Ellos no se dan cuenta, pero uno que viene de un lugar donde todo se dice, donde tocarse es algo cotidiano, siente la diferencia. Creo que lo del contacto físico es fuerte. Allá está muy marcado el tema del sida, e incluso el feminismo se arraigó mucho más: yo pensaba que los alemanes eran tan machistas como los argentinos, pero me llevé una sorpresa. Siento que aquí sólo vivimos el coletazo de estas cosas, como si los grandes cambios que se registran en Occidente llegaran matizados por la distancia. Hace poco hablábamos con Liliana Felipe y su mujer, Jesusa, y decíamos que el próximo castigo parece ser la enfermedad de Alzheimer.
•¿No extraña la rutina de la TV?
–Este año no quiero hacer tiras. Estoy estudiando inglés, pese a la fobia que le tuve siempre. Mi mamá me trasmitió su pasión por las letras castellanas, pero no por otras lenguas. Trato de repararlo de grande, y también comencé con el alemán.
•¿Cómo apareció el deseo de ser actriz?
–No recuerdo un momento específico. Mi mamá siempre amó el teatro y la poesía. De ahí vendrá, y por eso lo siento como algo del orden de lo natural, e incluso como un sentimiento muy antiguo. Siempre digo que tengo un alma vieja, o a lo mejor soy vieja de alma…
•Pero hay una sólida formación detrás de su brillo como comediante.
–Tuve muy buenos maestros a lo largo de muchos años de formación. No es que reivindique el esfuerzo, no creo en esa cosa italiana de que con esfuerzo las cosas van a salir bien. Lo importante es comprender qué ritmos y caminos hay por delante y sentirse a uno mismo. Los actores no suelen ser interesantes en sus vidas personales, pareciera que siempre tenemos queestar pensando en ser otros o ser interesantes desde otro sentido, y a veces quedamos vacíos, como marionetas. Creo que el de los actores es un gremio donde hay demasiada superficialidad, salvo excepciones increíbles, como Niní Marshall o Alejandro Urdapilleta.
•A él le dedicó su reciente Martín Fierro. ¿Por qué tanta devoción?
-No tengo respuesta, porque todo lo que diga va a ser también pueril. En realidad fue un mensaje, una manera de trasmitirle que cuando actúo siempre lo tengo presente. Trabajamos juntos en El relámpago, ahí lo conocí, en el 96, y desde entonces mantengo una relación de afecto y respeto, aunque la palabra suene pacata. Para mí ser contemporánea de Urdapilleta es como haberlo sido de Freud, rompió modelos de actuación, tiene una intensidad casi imposible de lograr y cuando uno lo ve no puede no conmoverse.
•¿Lo de mencionar a Freud tiene que ver con que estudió psicología?
–Cursé cuatro años en la UBA. Abandonar fue una decisión dura: la actriz empezó a confrontarse con la estudiante. Pensé que se podían complementar, pero cada vez eran más opuestas. El psicoanalista se tiene que distanciar de cada caso, y tener la cabeza fría para poder ver el nudo del conflicto. A mí me pasaba todo lo contrario, y me dolía porque sentía que no había una respuesta amorosa. Me costaba no identificarme con las historias de la gente, algo que forma parte esencial de la actuación, como una herramienta para entender mejor a los personajes.
•El psicoanálisis no tiene el furor de los 70.
–Claro. Tengo entendido que en esa época todo era analizable, y es increíble cómo prendió su terminología en la gente. Los alemanes, en cambio, no llevan incrustada la jerga psicoanalítica y un chiste que acá todo el mundo entiende, allá era como un signo de pregunta en la cara. Una vez un chico alemán me contó que había dejado de analizarse porque el terapeuta le había dicho que era narcicista, y no le había gustado. Aquí nadie se hubiera ofendido, porque es una palabra muy común.
•¿Dónde prefiere verse? ¿Cine o teatro?
-El cine me gusta mucho. Pero amo el teatro. Hay mucha gente, incluso actores, que dicen que el teatro es aburrido. Yo pienso que quien imaginó ese lugar fue un genio, y me pregunto cómo puede ser tan hermoso. Hay algo que me fascina, no sólo por lo ceremonial sino también por lo pagano: hay algo del orden del chamanismo en la experiencia teatral. Hacer televisión es otra cosa, pero también es bueno para mí: Casados con hijos sacó a la luz una parte de mí que aún no había cultivado. Por supuesto que en muchas de las cosas que hice aparecía alguna veta de humor, y yo en la vida no dejo de practicarlo. Pero nunca lo había ejercido de forma tan específica. De todos modos, en el programa no se aceptaba la improvisación. Todo debía responder a un timing, donde se controlaba con un cronómetro hasta el tiempo de las risas, así que tenía que correr con ese ritmo y con la letra bien sabida.
•También fue en un estudio de televisión donde conoció al amor de su vida.
–Sí, con Rodrigo nos conocimos haciendo Campeones, en 1999.
•¿Y se fueron a vivir juntos?
–Primero a Villa Ortúzar, y hace un año y medio nos mudamos a Maschwitz.
•¿Para tener más bajo perfil?
–Yo tuve una infancia con mucho pasto, entonces quería ese mismo placer para mi hija. Además, me sentía como en una cajita de zapatos: yo necesito que entre el afuera y el adentro haya más espacio para ir sacándome de una cosa y metiéndome en otra. No es sólo querer llegar, el viaje es también un momento, y eso es bueno para mí. Además permite sentir cómo trascurre el día, cómo llega la noche, esos momentos de la naturaleza que en la ciudad no veía claramente. Eso me gusta.
•Además es poético.
–De todos los reinos, el verde es el que más me gusta. Me fascina mirar las plantas, ver cómo van transformándose.
•¿Su marido también es romántico?
–Bueno, no tiene otro remedio porque para mí es muy fuerte lo de las plantas. El lo toma más para el lado científico, con la mirada de un hombre… Yo le digo “mirá como se están abrazando” y él me contesta “deben ser las hormigas”.
•¿Le interesa la política?
–Yo soy del 74, y mi mamá estuvo en la Facultad de Filosofía todos esos años. Recién ahora me doy cuenta de que vivió embarazada durante casi toda la dictadura. Pero la verdad es que la política no me interesa mucho. Me siento una burra diciéndolo, pero creo que todo está cada vez más podrido, y veo difícil que alguien pueda tener buenas intenciones en ese campo. Desconfío mucho.
•Le tocó crecer en la época del silencio.
–También, aunque ni mamá ni mi viejo dejaron de contarnos, dentro de lo que sabían, lo que pasaba. Nunca nos dijeron “de esto no se habla”. Cuando cerraron la facultad, mi madre daba clase a sus alumnos en un café, y mis hermanos y yo nos quedábamos jugando en el piso. Tal vez por eso mi resquemor con la política. Y lo que queda es el miedo, porque cuando se salió de eso vino el sida. Siempre hay que vivir cagado en las patas.
•¿Cómo se imagina dentro de diez años?
–Tendría ganas de tener más hijos, aunque también me da miedo parar de trabajar. No sé cómo me puede pegar tener cinco hijos, y pensar que nadie me va a llamar, que me van a olvidar, y tener que empezar todo de nuevo. Existe ese fantasma dentro de mí. También me gustaría poder escribir o dirigir. Soy de Sagitario, y siempre fui de lanzarme al abismo, aunque después me estrelle. Pero las caídas me han hecho perder gran parte del arrojo, y me cuesta mucho todo, tanto que finalmente lo dejo ser.
•Pero no abandona la poesía.
–Terminé de adaptar La rosa mística, una novela de Marosa Di Giorgio, para hacer en teatro.
•Usted ya trabajó sobre textos de Marosa. ¿La conmueven especialmente?
–Nunca deja de resonarme parte de un texto que ella le escribió a su madre:“Sea donde sea, sé que me estás esperando, allá en lo hondo de la casa delas quintas, con sus cordeles de sol y luna, su pobre y extraña maravilla”, y ya no se puede decir nada más. Todo resulta pueril dicho por una actriz. Tal vez si fuera poeta…
Cuando la realidad se mezcla con la ficción (o la ficción con la realidad). Erica Rivas (34) se casó con Rodrigo de la Serna algunos años antes de que el actor se convirtiera en su pareja en la vida real. Fue a finales de 1998, cuando se conocieron trabajando en un programa de ficción, en cuya trama él terminaba llevándola al altar. En El corredor nocturno –la película que acaba de estrenar junto a Leonardo Sbaraglia y Miguel Angel Solá–, Erica interpreta a una licenciada en Psicología, carrera que ella abandonó en cuarto año de la facultad cuando decidió dedicarse por completo a la actuación. “Hice varias veces de psicóloga, se ve que me ven cara de psicóloga. (Risas). La verdad es que siento que mis criaturas se aproximan cada vez más a mí o yo me aproximo cada vez más a ellas, es como un baile medio extraño. Estoy en una época en la que trato de poner mucho de mí en mis personajes. Trabajo mucho desde la imaginación y desde allí me ramifico, me amplifico”, cuenta.
–¿De chica también eras tan imaginativa?
–Sí, me inventaba mundos imaginarios y siempre estaba medio como en babia. Hace poco me reencontré con amigos de la escuela primaria y, por suerte, me reconfirmaron que yo siempre estaba en la Luna. (Risas). De chica, me gustaba mucho observar a la gente –algo que sigo haciendo–, y me imaginaba cuentos e historias. Me encantaba leer, escribir, estar en contacto con las plantas, estar con mis hermanos.
–¿Hermanos mayores o menores?
–Yo soy la mayor de cuatro, tres mujeres y un varón. Es una cosa extraña cómo se arma esa constelación de los hermanos, ¿no? Nosotros somos muy seguidos y ellos están siempre presentes en mi realidad. Igualmente no soy de las que llaman todo el tiempo para saber cómo están, pero me gustaría. Soy cada vez más yo, lo lamento, ya todos me conocen. (Risas). Es algo muy fuerte ser la mayor, siento que no tuve mucho tiempo exclusivo con mis papás…
–¿Eso es un reproche?
–No, las cuentas están más que saldadas. Los dos me dieron mucho amor, pero, tal vez, me hubiera gustado un poco más de atención. Por algo no quise tener hijos tan seguidos. Ahora, como mamá, me gusta que Miranda se sienta la reina de sus lugares y de sus cosas. En mi casa, todo era un socialismo salvaje. (Risas) Nada era tuyo, todo era compartido en partes iguales.
–¿A qué edad tuviste a Miranda?
–A los 25. Medio que fui una madre joven para estos tiempos, ¿no? Tengo un costado re “Susanita”.
–¿Cuánto hace que estás en pareja?
–Diez años ya. ¿Vos decís que me tengo que separar? (Carcajadas). Che, nunca un escándalo mediático, una infidelidad, unas fotos in fraganti. Sí, soy re “Susanita”. Es un costado que siempre me reprocho porque no me permite ser más yo. Encima mi mamá se llama Susana, ¡imaginate! Por ejemplo, a mí no me gusta cocinar y sufro por eso. Me digo: “Una mujer que se precie de tal tiene que saber cocinar” y después digo: “¡Nooo!” y pateo las ollas. (Risas).
–¿Cómo ves a las mujeres hoy?
–Las mujeres estamos viviendo un tiempo difícil. Es complicado posicionarse como mujer: la “Susanita” está siempre tocándote la puerta, pero también tenemos como esa obligación de ser exitosas fuera del hogar, ganarnos los espacios, competir con los hombres. Es agotador.
–¿Cuál sería una salida posible?
–No sé realmente, pero para mí hay que tratar de acompañarse verdadera y sensiblemente. Después, si el otro trabaja o no trabaja, si cocina o no cocina, si quiere triunfar o no en su profesión es otra cosa. Ahora no hay una estructura fija, estamos mutando, cada pareja es distinta y está todo bien. Yo veo muchos hombres que se quedan a cuidar a sus hijos y las mujeres salen a trabajar. Cada uno lo va a armando como puede.
–¿El “acompañarse sensiblemente” es el secreto de tu éxito con Rodrigo?
–Si te contestara, dejaría de ser un secreto. (Risas) No sé, no sé… Para mí tiene que ver con el amor… El amor es el “gran” secreto, el secreto de todo. Se esconde en todas las cosas. Seguramente, Rodrigo te va a decir otra cosa. Para mí, la pareja es el amor que uno proyecta, el trabajo de ir ampliando cada vez más esa mirada y esa permeabilidad hacia el otro que te hace ser más comprensivo, que te permite sostener, contener.
Pantalla chica, trabajo grande
–¿Qué hay de vos y la televisión?
–¿Por qué me preguntás? ¿Querés saber por qué no estoy haciendo tele en estos momentos? Porque estoy todo el tiempo. Para qué voy a hacer, si ya estoy. (Risas). Yo creo que un día la gente se va a cansar de mí. ¡La verdad es que recibo tanto y disfruto tanto de mi personaje de Casados con hijos! Hasta hay gente que me llega a decir: “Vos estarás cansada de que te hablen de María Elena y que te encasillen, ¿no?” y yo les respondo: “No, al contrario”. ¡Estoy chocha de recibir la cantidad de halagos que recibo! Se ve que entendieron algo de eso que yo lancé de una manera muy descabellada.
–¿Por qué creés que pegó tanto el personaje de María Elena?
–María Elena era una mujer muy intensa, decía cosas tremendas, no muy fáciles de digerir, criticaba cosas “progres” que, supuestamente, está mal visto criticar, pero que a la vez padecía. Ella era feminista, pero a su vez tenía un marido metrosexual, era exitosa en su trabajo, pero también se sentía una frustrada… Tal vez, todas esas contradicciones pegaron fuerte en el público. El otro día, un señor me dijo algo muy interesante: “Yo sé que lo que vos hacías era un personaje, pero era de verdad”.
–¿Tenías ciertos prejuicios de hacer una comedia con actores populares como Guillermo Francella y Florencia Peña?
–Sí, la verdad que sí. Re prejuiciosa e ignorante. Ellos son actores maravillosos. Me acuerdo de que al principio pensaba que iba a terminar posando en tanga para una revista. (Risas). Yo venía de ciertos lugares donde se piensa que ser famoso o popular no se lleva bien con ser talentoso. Me di cuenta de que siempre había trabajado para llegar a la misma gente para la que trabajan ellos, nunca trabajé para los intelectuales. Yo no vengo de una fami-lia donde se escuchaba Bach mientras se comía. Tal vez, en el teatro es diferente, pero en la tele no me interesa ser una actriz de elite.
–¿Nunca te arrepentiste de decirle que no al protagónico de Los exitosos Pells?
–¿Viste que ahora Carla (Peterson) está saliendo con Mike (Amigorena)?
–Tal vez, vos también hubieras sucumbido frente a los encantos de Mike.
–¡Eso mismo me dijo mi depiladora! (Risas). En realidad, yo hice el piloto de “Los Pells” sabiendo que no iba a poder estar en la tira porque estaba comprometida con Alejandro Doria para filmar una película. No me iban a dar los tiempos, me hubieran tenido que esperar y yo ya sabía que Alejandro estaba enfermo. (N. del R.: Alejandro Doria murió en junio de este año). No quería hacerlo esperar. Me acuerdo que él se puso muy mal cuando el programa resultó un éxito porque se sentía culpable. Mil veces le tuve que decir que no era así, que yo había elegido filmar con él. Además, el programa no hubiera sido un éxito si estaba yo.
–¿Por qué decís eso?
–Carla era perfecta para ese personaje.
–Bueno, pero por algo te convocaron primero a vos.
–Obvio, y yo lo hubiera re disfrutado. Yo hice el piloto por amor. Adoro a Mikey tenía muchas ganas de traba-jar bajo las órdenes de Luis Ortega y de la productora de su hermano. ¡Bingo! Pero se los dije: “Yo les hago el piloto, está todo bien, pero si sale la película, yo no voy a estar en el programa”. Pero no estoy nada arrepentida, al contrario. No me veo para nada en eso, no podría haber hecho todas esas tapas de revistas, tanta exposición me hubiese matado. Me doy cuenta de que todavía no estoy preparada para eso y tal vez nunca lo esté. Además, seguían pasando la repetición de Casados con hijos, ¿no iba a ser mucho? Casi 24 horas de mi cara en la tele. (Risas).
–¿Por qué no tenés televisión en tu casa?
–Televisión tengo, pero sólo la usamos para ver películas, DVD.
–¿Qué te pasa con la tele?
–Demasiado tengo con hacerla como para encima tener que verla.
–¿No es un poco contradictorio lo tuyo? ¿Qué pasaría con tu trabajo si todos pensaran como vos?
–Pero yo también hago cine y teatro. A ver, no ver tele es una de las tantas cosas que hago para no contaminarme. Yo no me meto en política, no me meto en religión… Siento que tanto la tele como los medios de información interfieren en mi antena de capta-ción de emociones como actriz.
–Pero te guste o no, las cosas pasan. ¿No pensás en tu hija, el país, el futuro, los políticos, las votaciones, la economía…?
–La información igualmente me llega, no estoy encerrada entre cuatro paredes. Tengo amigos, voy al supermercado, al colegio de mi hija, hablo con la gente… La realidad me llega de la manera en que yo la puedo absorber. Pienso que la sobreinformación te contamina el pensamiento, te quita sensibilidad.
–¿Cuáles son tus planes para el futuro?
–Me están saliendo un montón de proyectos de cine y estoy re contenta con eso. El año que viene voy a hacer una película junto a Diego Torres y, tal vez, antes de fin de año filme otra que se llama Las mujeres siempre llegan tarde.
–¿Entonces nada de televisión por el momento?
–No. ¿Sabés qué pasa? Yo tengo que congeniar los tiempos con Rodrigo. Tenemos una niña que necesita atención y tenemos que equilibrarnos. Me gusta que sepa que estamos, llevarla al cole, saber en qué anda. Es una niña de 8 años de este siglo. ¡Suculenta!
IMAGENES (es realmente hermosa)
Eso es todo, espero que les haya gustado.
Erica Rivas.
Erica Rivas nació el 1 de diciembre de 1974 en Buenos Aires. Es una actriz argentina que a pesar de poseer una gran trayectoria como actriz en su haber, Erica, logró mayor conocimiento con la serie "Casados con hijos" (2005-2006), donde encarnaba a Maria Elena Fuseneco.
Erica está casada con el actor Rodrigo de la Serna, con quien tiene una hija de nombre Miranda.
Durante su formación como actriz pasó por las clases y recibió lecciones de los más cotizados maestros y decanos de la actuación en la Argentina, tales como Augusto Fernández, Lito Cruz, David di Nápoli, Martín Adjemián, Eric Morris, Joy Morris, Miguel Cardella y Susana Naidich. Los resultados de semejante preparación y puesta a punto de sus dotes artísticas pudieron apreciarse en varios montajes teatrales "Acuerdo para cambiar de casa" (1992); "La improvisación del alma" (1993), del clásico del teatro contemporáneo Eugene Ionesco; "Cosa de locos” (1994); "El tío loco" (1994), de Roberto "Tito" Cossa; "Gris de ausencia" (1995), también de Roberto "Tito" Cossa; "El relámpago" (1996), del inmortal August Strindberg; "Bienvenida a casa" (1997), de Neil Simon; la obra infantil "Misterios de la corte" (1998), de Susana Sadoff; "Estoy maldita" (2001-02), una colección de relatos eróticos de Marosa di Giorgio; y "Seis al cinco" (2002), de Julio Chávez.
Una carrera igualmente importante y variada es la que ha llevado a cabo en el contexto del cine, medio en el que ha dejado su huella en producciones como "El dedo en la llaga" (1995), de Alberto Lecchi; "Besos en la frente" (1996), dirigida por Carlos Galletini; el cortometraje "Eva en cadenas" (1999); "Garage Olimpo" (2000), dirigida por Marco Becáis; "Cabeza de tigre" (2001), dirigida por Claudio Etcheberry; "Gallito ciego" (2001), dirigida por Santiago Carlos Oves; el ciclo "Mujeres en Rojo" (2003); el cortometraje "Despedida" (2003), dirigido por Ana Katz; la premiada "Chile 672" (2006), de Pablo Bardauil y Franco Verdoia; y "Una novia errante" (2007), de Ana Katz.
Este sorprendente currículo en la actuación se complementa con sus participaciones televisivas en multitud de series y telenovelas, entre las que se destacan títulos como "Los machos" (1994-1995), "Nueve lunas" (1994-1995), "De poeta y de loco" (1996), "Archivo negro" (1997), "Gasoleros" (1998), "De corazón" (1999); "Campeones" (1999), en cuyo rodaje conoció a Rodrigo de la Serna, quien más tarde sería su esposo; "Calientes" (2000), "Por ese palpitar" (2000), "El sodero de mi vida" (2001), "Mil millones" (2002), "Los simuladores" (2002-03), "Sol negro" (2003), y "El deseo" (2004).
Premios
- En el año 2006 recibió el Premio Clarín espectáculos en la categoría de Mejor Actriz de Comedia por su papel en "Casados con hijos" (2005)
- Obtuvo en el año 2001 los premios del VIII Festival Latinoamericano de video en Rosario y de la XXIII Jornada Argentina de Cine y video Independiente, en la categoría de Mejor Actuación Femenina, por su trabajo para el corto "Eva en cadenas" (1999).
- Se hizo merecedora del premio en la categoría de Mejor Actriz en Voto del Público por el filme "Gallito Ciego" (2001).
-2007 Premio Martín Fierro Actriz de Reparto en Comedia Casados con hijos.
Entrevistas.
•Después del ritmo intenso que le imponía Casados con hijos, ¿decidió tomarse un año sabático?
–Hace poco filmé una película en Alemania. Estuve en Colonia y en Berlín, me costó mucho adentrarme en su idiosincrasia, aunque algo me pegó profundamente; no sé si será por mi nombre. Traté por todos los medios de no hacerla, me costaba mucho pensarme en otro país, yo no hablo inglés. Pero fueron saltando todas las vallas que puse. El director era el único que hablaba castellano. No fue fácil y me conmocionó tanto que todavía no volví a trabajar. Sigo enganchada sin saber muy bien por qué. Estoy lenta este año, tal vez porque dicen que Plutón imprime lentitud y uno queda pasmado. Le echo la culpa a Plutón para justificarme.
•Por las consecuencias, debe de haber sido una experiencia valiosa.
-Estuve dos meses, por consiguiente a mi mirada le falta profundidad. Lo que pude ver sobrevolando es una cosa fría y poco comunicativa que hace pensar que algo se está escondiendo. Es interesante, porque acá todo está tan abierto que nuestra búsqueda es ver dónde está el misterio. Allá es al revés.
•¿Le asusta la incomunicación?
–Soy una mujer de extremos. Hay algo raro: me asusta y me da tristeza la incomunicación, porque genera dolor y enfermedad, pero al mismo tiempo me atrae porque pienso que a partir de ahí surge todo, también el teatro. En Alemania aparecía mucho esto, por ejemplo, en la cantidad de gente joven con cáncer, e insisto que tiene que ver con algo no dicho y sin embargo muy presente. Ellos no se dan cuenta, pero uno que viene de un lugar donde todo se dice, donde tocarse es algo cotidiano, siente la diferencia. Creo que lo del contacto físico es fuerte. Allá está muy marcado el tema del sida, e incluso el feminismo se arraigó mucho más: yo pensaba que los alemanes eran tan machistas como los argentinos, pero me llevé una sorpresa. Siento que aquí sólo vivimos el coletazo de estas cosas, como si los grandes cambios que se registran en Occidente llegaran matizados por la distancia. Hace poco hablábamos con Liliana Felipe y su mujer, Jesusa, y decíamos que el próximo castigo parece ser la enfermedad de Alzheimer.
•¿No extraña la rutina de la TV?
–Este año no quiero hacer tiras. Estoy estudiando inglés, pese a la fobia que le tuve siempre. Mi mamá me trasmitió su pasión por las letras castellanas, pero no por otras lenguas. Trato de repararlo de grande, y también comencé con el alemán.
•¿Cómo apareció el deseo de ser actriz?
–No recuerdo un momento específico. Mi mamá siempre amó el teatro y la poesía. De ahí vendrá, y por eso lo siento como algo del orden de lo natural, e incluso como un sentimiento muy antiguo. Siempre digo que tengo un alma vieja, o a lo mejor soy vieja de alma…
•Pero hay una sólida formación detrás de su brillo como comediante.
–Tuve muy buenos maestros a lo largo de muchos años de formación. No es que reivindique el esfuerzo, no creo en esa cosa italiana de que con esfuerzo las cosas van a salir bien. Lo importante es comprender qué ritmos y caminos hay por delante y sentirse a uno mismo. Los actores no suelen ser interesantes en sus vidas personales, pareciera que siempre tenemos queestar pensando en ser otros o ser interesantes desde otro sentido, y a veces quedamos vacíos, como marionetas. Creo que el de los actores es un gremio donde hay demasiada superficialidad, salvo excepciones increíbles, como Niní Marshall o Alejandro Urdapilleta.
•A él le dedicó su reciente Martín Fierro. ¿Por qué tanta devoción?
-No tengo respuesta, porque todo lo que diga va a ser también pueril. En realidad fue un mensaje, una manera de trasmitirle que cuando actúo siempre lo tengo presente. Trabajamos juntos en El relámpago, ahí lo conocí, en el 96, y desde entonces mantengo una relación de afecto y respeto, aunque la palabra suene pacata. Para mí ser contemporánea de Urdapilleta es como haberlo sido de Freud, rompió modelos de actuación, tiene una intensidad casi imposible de lograr y cuando uno lo ve no puede no conmoverse.
•¿Lo de mencionar a Freud tiene que ver con que estudió psicología?
–Cursé cuatro años en la UBA. Abandonar fue una decisión dura: la actriz empezó a confrontarse con la estudiante. Pensé que se podían complementar, pero cada vez eran más opuestas. El psicoanalista se tiene que distanciar de cada caso, y tener la cabeza fría para poder ver el nudo del conflicto. A mí me pasaba todo lo contrario, y me dolía porque sentía que no había una respuesta amorosa. Me costaba no identificarme con las historias de la gente, algo que forma parte esencial de la actuación, como una herramienta para entender mejor a los personajes.
•El psicoanálisis no tiene el furor de los 70.
–Claro. Tengo entendido que en esa época todo era analizable, y es increíble cómo prendió su terminología en la gente. Los alemanes, en cambio, no llevan incrustada la jerga psicoanalítica y un chiste que acá todo el mundo entiende, allá era como un signo de pregunta en la cara. Una vez un chico alemán me contó que había dejado de analizarse porque el terapeuta le había dicho que era narcicista, y no le había gustado. Aquí nadie se hubiera ofendido, porque es una palabra muy común.
•¿Dónde prefiere verse? ¿Cine o teatro?
-El cine me gusta mucho. Pero amo el teatro. Hay mucha gente, incluso actores, que dicen que el teatro es aburrido. Yo pienso que quien imaginó ese lugar fue un genio, y me pregunto cómo puede ser tan hermoso. Hay algo que me fascina, no sólo por lo ceremonial sino también por lo pagano: hay algo del orden del chamanismo en la experiencia teatral. Hacer televisión es otra cosa, pero también es bueno para mí: Casados con hijos sacó a la luz una parte de mí que aún no había cultivado. Por supuesto que en muchas de las cosas que hice aparecía alguna veta de humor, y yo en la vida no dejo de practicarlo. Pero nunca lo había ejercido de forma tan específica. De todos modos, en el programa no se aceptaba la improvisación. Todo debía responder a un timing, donde se controlaba con un cronómetro hasta el tiempo de las risas, así que tenía que correr con ese ritmo y con la letra bien sabida.
•También fue en un estudio de televisión donde conoció al amor de su vida.
–Sí, con Rodrigo nos conocimos haciendo Campeones, en 1999.
•¿Y se fueron a vivir juntos?
–Primero a Villa Ortúzar, y hace un año y medio nos mudamos a Maschwitz.
•¿Para tener más bajo perfil?
–Yo tuve una infancia con mucho pasto, entonces quería ese mismo placer para mi hija. Además, me sentía como en una cajita de zapatos: yo necesito que entre el afuera y el adentro haya más espacio para ir sacándome de una cosa y metiéndome en otra. No es sólo querer llegar, el viaje es también un momento, y eso es bueno para mí. Además permite sentir cómo trascurre el día, cómo llega la noche, esos momentos de la naturaleza que en la ciudad no veía claramente. Eso me gusta.
•Además es poético.
–De todos los reinos, el verde es el que más me gusta. Me fascina mirar las plantas, ver cómo van transformándose.
•¿Su marido también es romántico?
–Bueno, no tiene otro remedio porque para mí es muy fuerte lo de las plantas. El lo toma más para el lado científico, con la mirada de un hombre… Yo le digo “mirá como se están abrazando” y él me contesta “deben ser las hormigas”.
•¿Le interesa la política?
–Yo soy del 74, y mi mamá estuvo en la Facultad de Filosofía todos esos años. Recién ahora me doy cuenta de que vivió embarazada durante casi toda la dictadura. Pero la verdad es que la política no me interesa mucho. Me siento una burra diciéndolo, pero creo que todo está cada vez más podrido, y veo difícil que alguien pueda tener buenas intenciones en ese campo. Desconfío mucho.
•Le tocó crecer en la época del silencio.
–También, aunque ni mamá ni mi viejo dejaron de contarnos, dentro de lo que sabían, lo que pasaba. Nunca nos dijeron “de esto no se habla”. Cuando cerraron la facultad, mi madre daba clase a sus alumnos en un café, y mis hermanos y yo nos quedábamos jugando en el piso. Tal vez por eso mi resquemor con la política. Y lo que queda es el miedo, porque cuando se salió de eso vino el sida. Siempre hay que vivir cagado en las patas.
•¿Cómo se imagina dentro de diez años?
–Tendría ganas de tener más hijos, aunque también me da miedo parar de trabajar. No sé cómo me puede pegar tener cinco hijos, y pensar que nadie me va a llamar, que me van a olvidar, y tener que empezar todo de nuevo. Existe ese fantasma dentro de mí. También me gustaría poder escribir o dirigir. Soy de Sagitario, y siempre fui de lanzarme al abismo, aunque después me estrelle. Pero las caídas me han hecho perder gran parte del arrojo, y me cuesta mucho todo, tanto que finalmente lo dejo ser.
•Pero no abandona la poesía.
–Terminé de adaptar La rosa mística, una novela de Marosa Di Giorgio, para hacer en teatro.
•Usted ya trabajó sobre textos de Marosa. ¿La conmueven especialmente?
–Nunca deja de resonarme parte de un texto que ella le escribió a su madre:“Sea donde sea, sé que me estás esperando, allá en lo hondo de la casa delas quintas, con sus cordeles de sol y luna, su pobre y extraña maravilla”, y ya no se puede decir nada más. Todo resulta pueril dicho por una actriz. Tal vez si fuera poeta…
Cuando la realidad se mezcla con la ficción (o la ficción con la realidad). Erica Rivas (34) se casó con Rodrigo de la Serna algunos años antes de que el actor se convirtiera en su pareja en la vida real. Fue a finales de 1998, cuando se conocieron trabajando en un programa de ficción, en cuya trama él terminaba llevándola al altar. En El corredor nocturno –la película que acaba de estrenar junto a Leonardo Sbaraglia y Miguel Angel Solá–, Erica interpreta a una licenciada en Psicología, carrera que ella abandonó en cuarto año de la facultad cuando decidió dedicarse por completo a la actuación. “Hice varias veces de psicóloga, se ve que me ven cara de psicóloga. (Risas). La verdad es que siento que mis criaturas se aproximan cada vez más a mí o yo me aproximo cada vez más a ellas, es como un baile medio extraño. Estoy en una época en la que trato de poner mucho de mí en mis personajes. Trabajo mucho desde la imaginación y desde allí me ramifico, me amplifico”, cuenta.
–¿De chica también eras tan imaginativa?
–Sí, me inventaba mundos imaginarios y siempre estaba medio como en babia. Hace poco me reencontré con amigos de la escuela primaria y, por suerte, me reconfirmaron que yo siempre estaba en la Luna. (Risas). De chica, me gustaba mucho observar a la gente –algo que sigo haciendo–, y me imaginaba cuentos e historias. Me encantaba leer, escribir, estar en contacto con las plantas, estar con mis hermanos.
–¿Hermanos mayores o menores?
–Yo soy la mayor de cuatro, tres mujeres y un varón. Es una cosa extraña cómo se arma esa constelación de los hermanos, ¿no? Nosotros somos muy seguidos y ellos están siempre presentes en mi realidad. Igualmente no soy de las que llaman todo el tiempo para saber cómo están, pero me gustaría. Soy cada vez más yo, lo lamento, ya todos me conocen. (Risas). Es algo muy fuerte ser la mayor, siento que no tuve mucho tiempo exclusivo con mis papás…
–¿Eso es un reproche?
–No, las cuentas están más que saldadas. Los dos me dieron mucho amor, pero, tal vez, me hubiera gustado un poco más de atención. Por algo no quise tener hijos tan seguidos. Ahora, como mamá, me gusta que Miranda se sienta la reina de sus lugares y de sus cosas. En mi casa, todo era un socialismo salvaje. (Risas) Nada era tuyo, todo era compartido en partes iguales.
–¿A qué edad tuviste a Miranda?
–A los 25. Medio que fui una madre joven para estos tiempos, ¿no? Tengo un costado re “Susanita”.
–¿Cuánto hace que estás en pareja?
–Diez años ya. ¿Vos decís que me tengo que separar? (Carcajadas). Che, nunca un escándalo mediático, una infidelidad, unas fotos in fraganti. Sí, soy re “Susanita”. Es un costado que siempre me reprocho porque no me permite ser más yo. Encima mi mamá se llama Susana, ¡imaginate! Por ejemplo, a mí no me gusta cocinar y sufro por eso. Me digo: “Una mujer que se precie de tal tiene que saber cocinar” y después digo: “¡Nooo!” y pateo las ollas. (Risas).
–¿Cómo ves a las mujeres hoy?
–Las mujeres estamos viviendo un tiempo difícil. Es complicado posicionarse como mujer: la “Susanita” está siempre tocándote la puerta, pero también tenemos como esa obligación de ser exitosas fuera del hogar, ganarnos los espacios, competir con los hombres. Es agotador.
–¿Cuál sería una salida posible?
–No sé realmente, pero para mí hay que tratar de acompañarse verdadera y sensiblemente. Después, si el otro trabaja o no trabaja, si cocina o no cocina, si quiere triunfar o no en su profesión es otra cosa. Ahora no hay una estructura fija, estamos mutando, cada pareja es distinta y está todo bien. Yo veo muchos hombres que se quedan a cuidar a sus hijos y las mujeres salen a trabajar. Cada uno lo va a armando como puede.
–¿El “acompañarse sensiblemente” es el secreto de tu éxito con Rodrigo?
–Si te contestara, dejaría de ser un secreto. (Risas) No sé, no sé… Para mí tiene que ver con el amor… El amor es el “gran” secreto, el secreto de todo. Se esconde en todas las cosas. Seguramente, Rodrigo te va a decir otra cosa. Para mí, la pareja es el amor que uno proyecta, el trabajo de ir ampliando cada vez más esa mirada y esa permeabilidad hacia el otro que te hace ser más comprensivo, que te permite sostener, contener.
Pantalla chica, trabajo grande
–¿Qué hay de vos y la televisión?
–¿Por qué me preguntás? ¿Querés saber por qué no estoy haciendo tele en estos momentos? Porque estoy todo el tiempo. Para qué voy a hacer, si ya estoy. (Risas). Yo creo que un día la gente se va a cansar de mí. ¡La verdad es que recibo tanto y disfruto tanto de mi personaje de Casados con hijos! Hasta hay gente que me llega a decir: “Vos estarás cansada de que te hablen de María Elena y que te encasillen, ¿no?” y yo les respondo: “No, al contrario”. ¡Estoy chocha de recibir la cantidad de halagos que recibo! Se ve que entendieron algo de eso que yo lancé de una manera muy descabellada.
–¿Por qué creés que pegó tanto el personaje de María Elena?
–María Elena era una mujer muy intensa, decía cosas tremendas, no muy fáciles de digerir, criticaba cosas “progres” que, supuestamente, está mal visto criticar, pero que a la vez padecía. Ella era feminista, pero a su vez tenía un marido metrosexual, era exitosa en su trabajo, pero también se sentía una frustrada… Tal vez, todas esas contradicciones pegaron fuerte en el público. El otro día, un señor me dijo algo muy interesante: “Yo sé que lo que vos hacías era un personaje, pero era de verdad”.
–¿Tenías ciertos prejuicios de hacer una comedia con actores populares como Guillermo Francella y Florencia Peña?
–Sí, la verdad que sí. Re prejuiciosa e ignorante. Ellos son actores maravillosos. Me acuerdo de que al principio pensaba que iba a terminar posando en tanga para una revista. (Risas). Yo venía de ciertos lugares donde se piensa que ser famoso o popular no se lleva bien con ser talentoso. Me di cuenta de que siempre había trabajado para llegar a la misma gente para la que trabajan ellos, nunca trabajé para los intelectuales. Yo no vengo de una fami-lia donde se escuchaba Bach mientras se comía. Tal vez, en el teatro es diferente, pero en la tele no me interesa ser una actriz de elite.
–¿Nunca te arrepentiste de decirle que no al protagónico de Los exitosos Pells?
–¿Viste que ahora Carla (Peterson) está saliendo con Mike (Amigorena)?
–Tal vez, vos también hubieras sucumbido frente a los encantos de Mike.
–¡Eso mismo me dijo mi depiladora! (Risas). En realidad, yo hice el piloto de “Los Pells” sabiendo que no iba a poder estar en la tira porque estaba comprometida con Alejandro Doria para filmar una película. No me iban a dar los tiempos, me hubieran tenido que esperar y yo ya sabía que Alejandro estaba enfermo. (N. del R.: Alejandro Doria murió en junio de este año). No quería hacerlo esperar. Me acuerdo que él se puso muy mal cuando el programa resultó un éxito porque se sentía culpable. Mil veces le tuve que decir que no era así, que yo había elegido filmar con él. Además, el programa no hubiera sido un éxito si estaba yo.
–¿Por qué decís eso?
–Carla era perfecta para ese personaje.
–Bueno, pero por algo te convocaron primero a vos.
–Obvio, y yo lo hubiera re disfrutado. Yo hice el piloto por amor. Adoro a Mikey tenía muchas ganas de traba-jar bajo las órdenes de Luis Ortega y de la productora de su hermano. ¡Bingo! Pero se los dije: “Yo les hago el piloto, está todo bien, pero si sale la película, yo no voy a estar en el programa”. Pero no estoy nada arrepentida, al contrario. No me veo para nada en eso, no podría haber hecho todas esas tapas de revistas, tanta exposición me hubiese matado. Me doy cuenta de que todavía no estoy preparada para eso y tal vez nunca lo esté. Además, seguían pasando la repetición de Casados con hijos, ¿no iba a ser mucho? Casi 24 horas de mi cara en la tele. (Risas).
–¿Por qué no tenés televisión en tu casa?
–Televisión tengo, pero sólo la usamos para ver películas, DVD.
–¿Qué te pasa con la tele?
–Demasiado tengo con hacerla como para encima tener que verla.
–¿No es un poco contradictorio lo tuyo? ¿Qué pasaría con tu trabajo si todos pensaran como vos?
–Pero yo también hago cine y teatro. A ver, no ver tele es una de las tantas cosas que hago para no contaminarme. Yo no me meto en política, no me meto en religión… Siento que tanto la tele como los medios de información interfieren en mi antena de capta-ción de emociones como actriz.
–Pero te guste o no, las cosas pasan. ¿No pensás en tu hija, el país, el futuro, los políticos, las votaciones, la economía…?
–La información igualmente me llega, no estoy encerrada entre cuatro paredes. Tengo amigos, voy al supermercado, al colegio de mi hija, hablo con la gente… La realidad me llega de la manera en que yo la puedo absorber. Pienso que la sobreinformación te contamina el pensamiento, te quita sensibilidad.
–¿Cuáles son tus planes para el futuro?
–Me están saliendo un montón de proyectos de cine y estoy re contenta con eso. El año que viene voy a hacer una película junto a Diego Torres y, tal vez, antes de fin de año filme otra que se llama Las mujeres siempre llegan tarde.
–¿Entonces nada de televisión por el momento?
–No. ¿Sabés qué pasa? Yo tengo que congeniar los tiempos con Rodrigo. Tenemos una niña que necesita atención y tenemos que equilibrarnos. Me gusta que sepa que estamos, llevarla al cole, saber en qué anda. Es una niña de 8 años de este siglo. ¡Suculenta!
IMAGENES (es realmente hermosa)
Eso es todo, espero que les haya gustado.