InicioHumorEl Padre de la Novia

El Padre de la Novia

Humor5/6/2013
El Padre de la Novia
Conocer al suegro. Ese evento de la vida en la que uno decide probar cuánto lo ama su dios y se somete a este acto de sadomasoquismo.
Y es que no hay forma de tener una buena presentación porque uno es “el que le roba la nena”, “el que la toca”, “el que” ¿entendés?.
Aún recuerdo a Osvaldo, padre de mi ex novia Paula. Aquel día, le vi el rostro a la muerte, y se mufaba de mi desgracia.
-Gordi, acordate que hoy comemos en casa de papi -dijo Paula con los ojos de una quinceañera ilusionada previa fiesta de cumpleaños.
-Si, lo tengo en mente -contesté tembloroso, probándome la armadura y el chaleco antibalas.
“Papi, papi”. ¡Que costumbre!. De papi no tenía nada el viejo.

Me viene a la memoria el momento de abrirse la puerta y encontrarme con aquel personaje de un metro noventa de estatura, corpulento, sin cuello, como jugador de rugby, y voz ronca, a base de wisky y habanos, diciéndome: -Hola… Así que vos sos Javier -con un tono bastante decepcionado como aquel padre que se entera que su hijo eligió el ballet clásico y no el fútbol. Yo, sólo pude emitir un “pssssss…” cuando por dentro decía: -y vos sos “el papi”.
Entrar a esa casa fue al estilo Hannibal Lecter, yo estaba petrificado, mientras Paula me empujaba de atrás al grito de “Papi, papi, mostrale tu juego de cuchillos chinos”. Que ocurrencias las de Paula, siempre se lo dije. Ella era de proponer llevar a su sobrino de 5 años al zoológico el día que por cadena internacional trasmitían Argentina-Brasil. Ella era de ofrecer la casa en navidad justo el año que remodelábamos el baño y la cocina. Y ahora, ella proponía que aquel asesino a sueldo, cuyo “target” decía Javier, me mostrase su colección de cuchillos.

No puedo borrar de mi mente el momento de estar todos sentados a la mesa, ese silencio de misa y que yo, a pesar de estar mirándome la entrepierna y no poder levantar la vista de la vergüenza, sentía sus miradas incisivas.
En ese momento, surge la primera de lo que será una lluvia, tsunami quizás, de preguntas incómodas y sin sentido:
-¿Te gusta la comida? -por parte de la madre.
-¿Con cuántas saliste antes que Paula? -el hermano mayor, mientras afila su cuchillo.
-¿Te gusta Bob Esponja? -el hermano menor, al mismo tiempo que con un dedo en la nariz me mira con una sonrisa sospechosa.
-¿Se te perdió algo ahí abajo? -me dice jocosa, Paula.
Y en ese “tormentoso” momento, llega la pregunta letal:
-¿Te gusta el fútbol? -de parte del padre.

Y aquí es donde quiero remarcar algo: Si uno responde que no, quizás decepcionemos a un fanático futbolero, hasta quizás nos eche de la casa y nos prohíba ver a su hija. Si, es posible pero… ¿Y qué pasa si contestamos que sí nos gusta el fútbol?. Es mucho más complicado, porque podemos ser fanáticos del equipo contrario a nuestro suegro y seremos odiados de por vida, deportados a las islas Caimán, obligados a servir a Estanislao Thompson, terrateniente amo de media isla y, obviamente, sin acceso a televisión por cable para ver fútbol.
Ante esa pregunta, contesté con un simple:
-Algo, pero tampoco me desvivo, prefiero ir a la plaza a caminar con Paula. (Sí, ya lo sé, un jugador distinto).

Me quedé perdido en sus ojos. No en los de Paula, sino en los de su padre que me miraba con unos cristalizados ojos marrones. Dejó lentamente sus cubiertos. Una vez apoyados sobre la mesa, los reacomodó cuidadosamente. Limpió la servilleta que colgaba de su cuello y, con una paciencia abismal, se la quitó y la dejó al lado del plato de sopa. Corrió sutilmente la silla que emitió un ruido quejoso pero casi imperceptible y se paró.
-Papá, no -gritó Paula.
Al mismo tiempo, su padre le mostraba la palma de su mano y emitía un chisteo a lo que ella no dijo nada más.
Empezó a rondar la mesa ante la mirada de toda la familia, y yo sólo podía ver la cara aterrorizada de la que, en ese momento, era mi futura viuda.
Justo atrás mío, arrancó:
-Un hombre de éxito, normalmente tiene entusiasmo… Entusiasmo… Entusiasmo… ¿Qué me entusiasma?, ¿qué admiro?, ¿qué me da placer?. ¡Béisbol! -gritó con énfasis en mi oído y continuó -Un hombre… Un hombre solo con el bate -al tiempo que tomaba el bate que reposaba en la estufa a leña del comedor.
-¿Son tiempos de qué? -me preguntó a mi, mientras por mi garganta pasaba aquella sopa que, hubiese preferido en ese momento, haya sido el tema de la noche.
-De logros individuales -se contestó a si mismo.
Tomó un poco de aire, me miró vorazmente y prosiguió:
-Ahí está solo. Pero en el campo, ¿qué?. Parte de un equipo. Trabajo de equipo… Mira, lanza, atrapa, trabaja duro. Parte de un gran equipo -alzó su voz -Batea todo el puto día, Babe Ruth, Ty Cobb, etc. Si su equipo no lucha… ¿Él qué es?. ¿Me seguís? -preguntó, mientras yo movía mi cabeza de adelante hacia atrás, pensando haber escuchado esto anteriormente.
-Nadie -le contesté rápidamente, aún dudando de por que sabía la respuesta de algo que, hasta ese entonces, creía no haber escuchado nunca.
Como si no le importase, y sin parar de dar vueltas a la mesa, yendo y viniendo por mis espaldas, acariciando ese bate dorado que reposaba en su mano derecha, el continuó su relato:
-Un día de sol, lleno en las gradas. ¿Qué tiene él que decir?. Voy a salir solo. Pero… No voy a ninguna parte si el equipo no gana. ¡El equipo! -gritó desaforado.
-El equipo -dije bajito mientras intentaba recordar el por que sentía esa especie de dejavù al escuchar a mi suegro.
Mi presión comenzó a bajar, puntos amarillos invadieron mi vista, un dolor en el pecho se me hizo insoportable, silbido molesto en mi oído derecho, temblor de manos y transpiración…
-Javier, estás pálido, ¿qué te pasa? -preguntó Paulita preocupadísima.
-Al Capone, en Los Intocables -llegué a decir antes de caer desmayado en el plato de la exquisita sopa hecha por mi suegra.

Más tarde, aunque no se cuanto tiempo, abrí los ojos. Desperté ante una luz que daba en mis ojos.
-¿Estoy muerto? -susurré.
En ese momento, pude ver a mi suegro asomarse tras mi novia con una sonrisa picarezca, y pude ver en su rostro un parecido a Robert De Niro, en Analyze This.
-Pero… Pero… ¿Por qué no me mató tu papá?.
-No lo dejaste terminar su explicación. Papi no disfruta tanto del deporte como de una buena película. Te desmayaste antes de que te lo explique, es un gran fanático de Robert De Niro.
Luego que logré reponerme, me acerqué a mi suegro y le susurré al oído:
-Excelente actuación.
-Grazie, grazie -contestó estirando su mano para que la bese.
-¡Jajaja! ¡El Padrino! -me mofé rápidamente.
Ingrata sorpresa al ver a mi suegra moviendo su cabeza de un lado al otro con desazón y mi cuñado mayor diciéndome -Yo que vos, le beso la mano y me ahorro problemas.
Y es que no, no hay forma de caer bien siendo “el que”…
Datos archivados del Taringa! original
20puntos
614visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
2visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

p
Usuario
Puntos0
Posts35
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.