Para el pueblo trabajador
Pasó el Bicentenario, siguen los problemas
Pasó el Bicentenario, siguen los problemas
por Guillermo Pacagnini
Ya desmontados los imponentes escenarios del paseo de la 9 de Julio, vuelven a la superficie los problemas del pueblo trabajador: inflación, carestía, pobreza, demanda de trabajo genuino… y por más que la disfracen con nuevas dosis de doble discurso, la necesidad de un cambio de rumbo sigue presente en barrios, escuelas, fábricas y oficinas.
Tras la masiva participación popular en los festejos, vinieron los intentos de usufructuarla políticamente. Por el lado de los Kirchner, hay una lectura casi obvia: transformar el clima de esos días en un supuesto apoyo a su gestión. Soñando despiertos y con datos de encuestadores pagados por ellos mismos que muestran a Néstor K. “a 4 puntos de ganar en la primera vuelta en el 2011”, no toman nota por cierto de que esos datos también dan cuenta de la altísima imagen negativa del matrimonio. Y la ausencia de elementos ciertos que marquen una recuperación del capital político que ya perdieron por el fracaso de su modelo económico y político. Ahora anuncian un paquete de “financiamiento” popular y otras iniciativas típicas de los K., pintando un paisaje de una Argentina irreal, muy alejado de las penurias que sigue padeciendo el pueblo trabajador y que no se esfumaron, por cierto, luego del 25 de mayo.
También Macri reclama para sí las bondades del “efecto Bicentenario”. Pretende mitigar la crisis política que lo acosa, apoyado en la reapertura del Teatro Colón. Aunque el clima para él y el resto de la oposición tradicional dista de ser de festejo. ya que ningún candidato opositor de la media docena que están instalados, desde el radicalismo al peronismo disidente, logra despegar ni en encuestas ni menos en la calle, esencialmente porque postulan salidas por derecha.
Tanto el oficialismo como la oposición que por sus propias limitaciones se ve obligada a sostenerlo, saben que por más efecto bicentenario que pretendan, hay un “efecto argentinazo”, que no han logrado sepultar y que también estuvo presente en el sentimiento antiimperialista de miles de los que poblaron las calles esos días y lejos están de creer que las cosas ya se arreglaron.
Porque la otra Argentina, la cotidiana, es la que vuelve a la superficie después del bicentenario. Donde la realidad se siente mucho más en los bolsillos del pueblo trabajador que el doble discurso que ofrecen por TV Cristina y su marido candidato. Ahora es el verso de que la crisis ya pasó. Pero vino la tormenta europea y los analistas ya pronostican que lo peor de la nueva onda expansiva se va a desarrollar a lo largo del presente y el próximo año. La llave para “volver a los mercados”, el tan mentado Megacanje II, se ha quedado a mitad de camino y debieron prorrogarlo por dos semanas más para tratar de levantar la depreciada oferta. Y los indicadores sociales siguen siendo negativos para los trabajadores y el pueblo.
Nos dicen que el empleo ha comenzado a mejorar, pero los índices de demanda laboral real se mantuvieron estables, e incluso bajaron casi un punto en términos interanuales; según varias consultoras. El desempleo ha continuado en aumento, pese a una tenue reactivación de algunas ramas. Cabe señalar que hay entre 750.000 y 800.000 trabajadores fuera de convenio en empresas formales. Y que, pese a la forzada reapertura de paritarias, los excluidos de la negociación salarial a nivel nacional llegan a 5.000.000 de trabajadores, aproximadamente la mitad del total. La propia AFIP reconoce que el 44% de quienes trabajan no están aportando a la seguridad social.
Nos dicen que la inflación no alteró la distribución del ingreso, incluso que mejoró, que hay menos pobres. Pero datos como los aportados por la UCA marcan que el 27% de los niños (3,5 millones) se encuentra en riesgo alimentario. Con el 33,5% de las familias bajo el nivel de pobreza. Para la inflación del INDEC, la pobreza es de sólo 16%, mientras que con la inflación real está entre 33 y 29%, es decir… ¡el doble!.
Nos dice Guillermo Moreno que la inflación en la clase media es del 20% y en el sector más bajo de la población es de sólo 8%. Pero pese a la asignación por hijo, ha caído el consumo de alimentos, evidenciando que la recuperación económica no llega a los sectores más bajos. La inflación ha consumido 110 de los 144 pesos de la asignación universal por hijo (36 se pagarán mas adelante). La inflación anualizada en el sector más pobre de la población está alcanzando al 30% por la suba de los alimentos.
Nos dicen que hay recuperación salarial, que hay que parar la “psicosis” de los desmedidos reclamos, en una voz casi coincidente de las patronales y el gobierno. Sin embargo hay un dato duro de la realidad que habla por sí solo: el 30% de los trabajadores activos gana menos de 1000 pesos por mes y no llegan al mínimo ni a la canasta básica, siendo el promedio salarial de la Argentina de 1800 pesos y no llegando la mitad a cobrar 2000.
Por ello, las luchas y los reclamos salariales de los trabajadores ocupados y por la inclusión en los planes sociales de los trabajadores desocupados, siguen siendo un común denominador de la agenda social del país real, el que emerge luego de los festejos.
Estas luchas han empujado incluso a la burocracia sindical a salir al paro y a movilizarse en varios gremios, con la Alimentación marcando una pauta testigo del 35% que, más allá del formato que finalmente firman los dirigentes vendidos, han roto los techos salariales que se pretendieron poner, y generaron un efecto cascada de reclamos que replantean reabrir las paritarias en muchos gremios.
Esta pelea no debe agotarse en las reivindicaciones salariales o de los desocupados por la ayuda social. Deben ser parte de la pelea por un plan económico de emergencia que, entre otras medidas, comience por el no pago de la deuda para volcar esa plata a trabajo, salario, salud, educación, jubilación y presupuestos sociales; terminar con la inflación ajustando a los de arriba, con control popular de precios y nacionalización de todos los resortes económicos para lograr abastecimiento y abaratamiento de productos de la canasta familiar. Y de encarar la tarea estratégica de conformación una alternativa amplia y unitaria de los luchadores, los sectores antiimperialistas y la izquierda. Que apunte hacia el desafío que nos deja este Bicentenario y que, de alguna manera, estuvo presente en la energía de sectores que poblaron las calles durante estos días: la pelea por una Segunda Independencia Nacional y un nuevo proyecto de país, una Argentina Socialista.
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