
La Guerra Partisana (en italiano, resistenza partigiana) fue un movimiento armado contra el fascismo y contra las tropas nazis que invadieron
Italia
durante la Segunda Guerra Mundial. La resistencia desarrollo la estrategia de lucha militar denominada guerra de guerrillas tras el Armisticio de Cassabile -8 de septiembre de 1943, cuando
Italia
fue invadida por la Alemania Nazi-, finalizando en abril de 1945 con la rendición de las tropas alemanas. De acuerdo a los datos obtenidos, se calcula que más de 300.000 personas participaron en la lucha armada, de las cuales, unas 35.000 mujeres tomaron las armas. Todo ocurrió en el período comprendido entre marzo de 1943 a julio de 1948. ¡La Resistenza Partigiana fue roja! Aquellos que subieron a las montañas y vivieron los más grandes sacrificios, no lo hicieron por la patria, sino por cambiar la sociedad.
La Resistencia Partisana tuvo en Italia un carácter distinto del que se dio en otros países europeos. Italia no era un país invadido por el extranjero, sino un país oprimido por una dictadura fascista. En realidad la guerra partisana fue una lucha por la independencia y una insurrección nacional para conquistar la libertad, y fue una lucha militar y lucha social al mismo tiempo: fue antifascista con características de lucha contra el gran capital que habían creado el fascismo y llevado al país a la ruina. La guerra de liberación llevada a cabo en Italia -aunque traicionada en sus aspiraciones más avanzadas- representa la experiencia histórica más importante conducida por el proletariado y las masas populares, en la lucha por la toma del poder, liberarse del capitalismo y lograr la transformación socialista de la sociedad italiana.
La Resistencia Partisana tuvo en Italia un carácter distinto del que se dio en otros países europeos. Italia no era un país invadido por el extranjero, sino un país oprimido por una dictadura fascista. En realidad la guerra partisana fue una lucha por la independencia y una insurrección nacional para conquistar la libertad, y fue una lucha militar y lucha social al mismo tiempo: fue antifascista con características de lucha contra el gran capital que habían creado el fascismo y llevado al país a la ruina. La guerra de liberación llevada a cabo en Italia -aunque traicionada en sus aspiraciones más avanzadas- representa la experiencia histórica más importante conducida por el proletariado y las masas populares, en la lucha por la toma del poder, liberarse del capitalismo y lograr la transformación socialista de la sociedad italiana.

Se ha demostrado ampliamente que el principal protagonista de la guerra partisana y de la resistencia, fue la clase obrera de los centros industriales. La resistencia italiana se caracterizaba por su capacidad para combinar diversas formas de lucha: la guerrilla en las montañas; las acciones de pequeños grupos armados en las ciudades contra los ocupantes alemanes y sus lacayos fascistas; las huelgas de masas; el sabotaje de la producción bélica; el rechazo a incorporarse a filas del ejército; la defensa de las plantas industriales y de la infraestructura para evitar su destrucción por parte de los nazis; la protección a los perseguidos políticos y raciales; la elaboración y difusión de material propagandístico y de agitación (periódicos, octavillas, emisoras clandestinas…).
El partisano combate como irregular. En otras palabras, el partisano se caracteriza por ser un combatiente irregular, por el intenso compromiso político, por la movilidad, celeridad, ataques y retiradas sorpresivas, esto es, la máxima agilidad y el carácter efectivo.
Cabe resaltar que la victoria y la ofensiva del ejército rojo sobre el fascismo determinó no sólo un cambio de relaciones de fuerzas en el ámbito militar, sino sobretodo de la correlación de fuerza entre las clases sociales, abriendo un capitulo de ascensión revolucionaria entre 1943 y 1948.
El partisano combate como irregular. En otras palabras, el partisano se caracteriza por ser un combatiente irregular, por el intenso compromiso político, por la movilidad, celeridad, ataques y retiradas sorpresivas, esto es, la máxima agilidad y el carácter efectivo.
Cabe resaltar que la victoria y la ofensiva del ejército rojo sobre el fascismo determinó no sólo un cambio de relaciones de fuerzas en el ámbito militar, sino sobretodo de la correlación de fuerza entre las clases sociales, abriendo un capitulo de ascensión revolucionaria entre 1943 y 1948.

En
Italia
se expresó en el estallido de las huelgas de marzo de 1943, que llevaron a la caída del Duce (Benito Mussolini) por obra del Gran Consejo en la noche del 25 de julio. El objetivo de la burguesía era, entonces, intentar mantener el fascismo sin Mussolini, confiando en el gobierno al general Badoglio y mientras tanto intentaban algún acuerdo con las fuerzas aliadas. Esos 45 días se podrán caracterizar como una situación preinsurrecional entre las masas y de una feroz represión por parte del régimen, 93 muertos y 2000 arrestos entre los manifestantes.
Al mismo tiempo, se generaba una desbandada en el seno de las fuerzas armadas, desmoralizadas por las derrotas sufridas en varios frentes y por el rol represivo al que las estaban forzando a desempeñar.
Por consiguiente, se desataron los primeros amotinamientos y negativas a disparar a las masas en huelgas (Modena, Reggio Emilia, Turín); el ejército se estaba dividiendo sobre la base de clase y se estableció la primera unión entre varios estratos de éste y un proletariado en ascenso vertiginoso. Reaparecieron los consejos de fábrica y creció la hostilidad a la guerra. Y fue por esta razón que durante el mes de agosto los aliados se dedicaron a bombardear los barrios obreros de Milán, Turín y Roma. Las masas en huelga debían ser aterrorizadas y el peligro comunista eliminado.
Al mismo tiempo, se generaba una desbandada en el seno de las fuerzas armadas, desmoralizadas por las derrotas sufridas en varios frentes y por el rol represivo al que las estaban forzando a desempeñar.
Por consiguiente, se desataron los primeros amotinamientos y negativas a disparar a las masas en huelgas (Modena, Reggio Emilia, Turín); el ejército se estaba dividiendo sobre la base de clase y se estableció la primera unión entre varios estratos de éste y un proletariado en ascenso vertiginoso. Reaparecieron los consejos de fábrica y creció la hostilidad a la guerra. Y fue por esta razón que durante el mes de agosto los aliados se dedicaron a bombardear los barrios obreros de Milán, Turín y Roma. Las masas en huelga debían ser aterrorizadas y el peligro comunista eliminado.

La llegada a
Italia
de 18 divisiones alemanas antes del armisticio y la creación de la República de Saló significó la adición de opresión nacional a la ya intolerante opresión de clase que las masas trabajadoras del norte de
Italia
estaban soportando. Para un partido revolucionario esto habría implicado saber aprovechar esta nueva situación y avanzar en reivindicaciones transitorias con el objeto de atacar directamente al imperialismo alemán y fortalecer una alternativa de clase.
La fase inicial de la guerra civil fue particularmente dura, especialmente para la lucha partisana, dada su escasa eficacia en el plano militar. Las primeras escuadras surgieron preponderantemente de forma espontánea. Algunas estaban compuestas por formaciones militares del viejo ejército (rápido se disolvieron o adquirieron un carácter reaccionario: los llamados partisanos azules), pero por lo demás se trató de soldados dispersos, de desertores y de los republicanos.
¿Un partido comunista verdaderamente revolucionario habría debido ignorar este proceso?
La primavera-verano de 1944 fue el escenario del impulso definitivo de la lucha partisana que la convirtió en un movimiento de masas. Era en aquel entonces muy difundida la convicción entre militantes comunistas, tanto en las montañas como en la ciudad, que la hora de la insurrección se acercaba. Había todas las condiciones objetivas para ello, pero después de las huelgas de marzo los dirigentes del Partido Comunista Italiano (PCI) no querían más movilizaciones en las fábricas. El objetivo era evitar que la lucha de las ciudades se conjugase con un movimiento partisano que estaba asumiendo proporciones cada vez más importantes.
La fase inicial de la guerra civil fue particularmente dura, especialmente para la lucha partisana, dada su escasa eficacia en el plano militar. Las primeras escuadras surgieron preponderantemente de forma espontánea. Algunas estaban compuestas por formaciones militares del viejo ejército (rápido se disolvieron o adquirieron un carácter reaccionario: los llamados partisanos azules), pero por lo demás se trató de soldados dispersos, de desertores y de los republicanos.
¿Un partido comunista verdaderamente revolucionario habría debido ignorar este proceso?
La primavera-verano de 1944 fue el escenario del impulso definitivo de la lucha partisana que la convirtió en un movimiento de masas. Era en aquel entonces muy difundida la convicción entre militantes comunistas, tanto en las montañas como en la ciudad, que la hora de la insurrección se acercaba. Había todas las condiciones objetivas para ello, pero después de las huelgas de marzo los dirigentes del Partido Comunista Italiano (PCI) no querían más movilizaciones en las fábricas. El objetivo era evitar que la lucha de las ciudades se conjugase con un movimiento partisano que estaba asumiendo proporciones cada vez más importantes.

No obstante, es importante señalar que se había difundido entre los trabajadores de la ciudad la correcta percepción de que las brigadas partisanas tenían no sólo el objetivo de destruir a los nazis, sino que debían ser verdaderas milicias proletarias que combatían por abatir el capitalismo.
Videos:
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