cine y teatro para la resistencia
Los habitantes de Timote eligieron el arte como herramienta para rescatarse de la extinción a que parecía condenarlos la desaparición del ferrocarril. Investigaron y contaron su propia historia en la obra teatral Y serás la patria, que ahora llevaron al cine. Caras y Caretas compartió con ellos un día de rodaje.
Timote supo tener dos mil habitantes pero hoy tiene cuatrocientos. Y más de la mitad son actores. El dato sirve para explicar por qué este pueblo del oeste bonaerense nacido Fortín Timote en tiempos de la Campaña del Desierto eligió hacer una obra de teatro y, ahora, una película, para enfrentar la diáspora que lo despobló a partir de los 90, cuando dejó de pasar el tren.
Organizada en la cooperativa Arte Comunitario Timotense y liderada por los hermanos veterinarios Bruno y Amílcar Rodríguez, la mayoría de la población integra esta compañía de artistas no profesionales –entre ellos hay peones, empleados, profesionales, chacareros, amas de casa, familias enteras– que acaba de rodar las escenas finales del filme Y serás la patria, que proyectan estrenar en marzo. Y en el que tres de sus personajes centrales estuvieron a cargo de los primeros actores Eduardo Blanco, Juan Palomino y Raúl Rizzo.
Como la obra teatral homónima montada por primera vez en 2005, el argumento de Y serás la patria se basa en el libro de otro timotense, el escritor José Adolfo Gallardou, padre del actor, clown y director Claudio Gallardou (fundador de La Banda de la Risa, vicedirector del Teatro Nacional Cervantes). El texto narra los orígenes de este pueblo que alcanzó su esplendor y hasta tuvo un cine cuando el país era granero del mundo; un pueblo que resistió sequías, inundaciones y hasta la triste fama de haber sido el lugar donde estuvo secuestrado y fue ejecutado Pedro Eugenio Aramburu, en el sótano de la hoy ruinosa casa llamada La Celma, que perteneció en los 70 a la familia del dirigente montonero Carlos Ramus. Un pueblo que ahora se empeñó en no desaparecer utilizando el arte como herramienta para reconstruir el tejido social.
CINEMA PARADISO a lo CRIOLLO
“La gente mayor se acuerda de cuando Timote tenía cine. Se llamaba El Moderno y era el lugar donde las familias se reunían y disfrutaban de un entretenimiento social y cultural. Hoy ahí hay un bar, El Viejo Cine, apenas un retazo de esa memoria”, evoca Bruno Rodríguez (33) durante un descanso del rodaje que dirige Sosteniéndose en las muletas y evitando apoyar el pie enyesado por la fractura que le produjo un toro que se le vino encima cuando cumplía su oficio de veterinario, el ahora también cineasta cuenta que un día los propietarios de El Moderno tuvieron que irse, como tantas otras familias, y el pueblo se quedó sin cine. “No pudimos recuperarlo, por eso ahora decidimos ponernos del lado de atrás de la pantalla y hacer nuestra propia película.”
Ya se filmaron las escenas en las que participó Eduardo Blanco. Y un domingo del último noviembre fue el turno de Palomino y Rizzo, aprovechando que ambos llegaban a Carlos Tejedor, distante 15 kilómetros, con la obra de Pacho O’Donnell La tentación, que dirigió Santiago Doria. Fue un día completo de rodaje en un campo vecino, en el que ya se habían levantado réplicas del fortín histórico, donde el protagonista de esta ficción es el coronel Conrado Villegas (interpretado por Rizzo), que en 1876 bautizó el lugar en homenaje al teniente Pedro Timote. La locación incluyó un corral que encerraba una tropilla de caballos blancos, cedidos para la película por propietarios rurales de la zona. Con ellos se recreó “el robo de los blancos de Villegas”, un legendario episodio de la Conquista del Desierto relatado por el comandante y periodista Manuel Prado en su libro La guerra al malón, donde cuenta cómo los indios al mando del cacique Pincén humillaron al militar cuyo objetivo era exterminarlos, alzándose una noche con la caballada de pelaje blanco que lo envanecía.
CORDEROS DE DIOS
El catering del mediodía incluyó dos corderos asados sobre elásticos de cama, precedidos de una picada con chorizo y salame caseros. Eso sí, todo regado con gaseosa, agua o café (algún tinto circuló discretamente, sin embargo); porque el objetivo era que nadie pretendiera una siesta. El rodaje debía seguir toda la tarde, pero el almuerzo permitió charlar con los involucrados.
Todavía enfundado en el uniforme azul con galones rojos, un actor y trabajador rural apellidado Santillán admite con timidez inocultable lo que se oye comentar por ahí. “La verdad sí, me resulta más fácil expresarme en poesía; tal vez porque me cuesta la conversación. Tengo una que compuse durante los siete días que tardé en hacer a caballo los 380 kilómetros que hay hasta Luján. Fue por una promesa a la Virgen. Escribo sobre experiencias personales, aunque a veces busco en mi imaginación y me salen también cosas.”
La que lleva el libro de actas de cada encuentro es la maestra jubilada Cuca Rodríguez, madre de Bruno y Amílcar. “Ellos siempre participaron en proyectos sociales. Esto empezó en 2005, para el centenario del pueblo. Bruno tenía la ilusión de investigar los orígenes y hacer una representación colectiva. Así nació Y serás la patria. Y ahora vamos por la película”, se enorgullece.
Unos metros más allá, sentado en el pasto, Bruno descansa por un rato sin muletas ni megáfono. Y explica que Timote llegó a tener cinco escuelas rurales que hoy están cerradas. “La gente emigra, ya no vive en el campo. La agricultura ha llegado a un nivel tecnológico que necesita mano de obra especializada. Y al no haber tren se encarecen los insumos porque los gastos de flete son enormes. La tierra es arrendada y nosotros no les conocemos la cara a los que vienen a sembrar. Vemos sus maquinarias y a veces los vemos pasar en sus autos, pero pertenecen a pools de siembra que no generan empleo en el pueblo”, se lamenta pero hace. Y levantándose, llama a actores y colaboradores a volver al rodaje. Que seguirá unos doscientos metros más allá, en una amplia hondonada donde con palos y cueros se armó una toldería. Empiezan a aparecer chicos y grandes con taparrabos, la piel pintada y crenchas artificiales debajo de las que, a algunos, se les escapaban improbables mechones rubios.
UNA TARDE EN LA TOLDERÍA
Ya sin la camisa ensangrentada del coronel Villegas que encarnó hace un ratito, Raúl Rizzo se reparte con Palomino en la tarea de firmar autógrafos a adolescentes, madres y abuelas. Nadie sospecha, claro, que dos semanas después va a ser escrachado por ruralistas en la localidad de Firmat, por refutar en una entrevista la opinión de un dirigente del campo que reivindicó los tiempos en que la Argentina se afirmaba en “el trípode Iglesia-campo-Ejército”. Y reconoce que siempre se engancha en proyectos colectivos. “Por eso acepté la invitación de Juan. Esto muestra que el arte sirve para generar un lugar de pertenencia. Hoy la gente pertenece a una computadora, a un celular pero no pertenece al otro. Se pierde de vista que sin el otro, uno tampoco es uno. Y el teatro es una herramienta que lo posibilita.”
Juan Palomino ya luce el chiripá del personaje que le tocará animar: un criollo rebelde que huye de la autoridad y elige ir a vivir con los indios. “Mi personaje está en la línea de otros que hice, como Moreira, como Martín Fierro, el gaucho perseguido, que está en contra del sistema.” El actor cuenta que conoció a la gente de Timote el año último, cuando vino a Carlos Tejedor para hacer la versión de Juan Moreira que dirigió Eva Halac. “Ahí Bruno me contó lo que estaban haciendo, me invitó a participar y con Raúl, nos sumamos. Me encanta colaborar con la gente de Timote, me gustaría que obtuvieran apoyo del Instituto Nacional de Teatro. Es un pueblo que estuvo a punto de desaparecer y está saliendo, entre otras cosas, por el teatro y el cine. Es como una película dentro de otra película. Acá el cine y el teatro se convirtieron en un factor social aglutinante. La gente actúa pero también cose vestuario, difunde, dibuja, clava, serrucha, construye. Hay sentido comunitario. Es lo que me cautivó de esta gente, en una época y en una profesión donde el individualismo es dominante. Un hecho colectivo como este me reivindica como actor.”
Olga Cosentino