Los derechos humanos se basan en el dignidad de la persona humana. Y la Iglesia es la que más valora al hombre, pues para Ella es hijo de Dios.
Todos los aceptan.
Pero no todos los cumplen.
Los derechos humanos se basan en el dignidad de la persona humana. Y la Iglesia es la que más valora al hombre, pues para Ella es hijo de Dios64 .
La Doctrina Social Católica ha influido mucho en las realizaciones sociales a lo largo de la Historia.
Por citar las más modernas podríamos decir lo siguiente:
* La primera ley sobre el descanso dominical, aprobada por el Parlamento francés, fue propuesta por diputados católicos.
* El primer comité o consejo de empresa, fue instituido en 1885 por el empresario católico francés León Harmel, en su fábrica Val-des-Bois.
* La primera Caja de Compensaciones de Subsidios familiares fue establecida en 1900 por el empresario católico francés Romanet.
* La implantación obligatoria del Seguro de Enfermedad fue propuesta en 1900 en Francia por el sacerdote Lemir.
* No es cierto, por tanto, que los católicos hayamos llegado siempre tarde65 .
«La restauración cristiana de la sociedad, como uno de los objetivos de la misión de la Iglesia en el mundo, no significa que sean los cristianos, ni los católicos los únicos capaces de respetar los derechos de la persona humana, de defender la legítima libertad de los pueblos o de instaurar un régimen de justicia. Hay hombres, incluso no creyentes, que aspiran a conseguir los mismos objetivos.
El esfuerzo de la Iglesia no se contrapone, sino que se suma, a los esfuerzos de estos hombres de buena voluntad, y los católicos comparten con ellos el afán y los proyectos para construir una ciudad secular más libre, más justa, más humanizada, más habitable para el hombre, de manera que todos contribuyan a realizar en el mundo el plan de Dios»66 .
Por esto afirma el Vaticano II:
«El Concilio aprecia con el mayor respeto cuanto de verdadero, de bueno y de justo se encuentra en las variadísimas instituciones fundadas ya, o que incesantemente se fundan, en la humanidad.
»Declara, además, que la Iglesia quiere ayudar y fomentar tales instituciones en lo que de ella dependa, y pueda conciliarse con su misión propia.
»Nada desea tanto como desarrollarse libremente, en servicio de todos, bajo cualquier régimen político que reconozca los derechos fundamentales de la persona y de la familia, y los imperativos del bien común»67 .
Hagamos los hombres mejores si queremos un mundo mejor. Para cambiar el mundo no basta cambiar las estructuras.
«Es cierto que un mundo injusto dificulta gravemente el cambio de las personas.
»Pero sería una coartada atribuir todo el mal a unas impersonales estructuras que serían el chivo expiatorio de todos nuestros errores personales.
»Jesús coloca como primario y fundamental el tema de la responsabilidad personal de cada hombre en ese cambio necesario»68 .
El 30 de diciembre de 1987, Juan Pablo II publicó la séptima de sus encíclicas titulada Sollicitudo rei socialis, es decir, «preocupación por la cuestión social». De ella son estos párrafos:
«El objetivo de la paz, tan deseado por todos, sólo se alcanzará con la realización de la justicia social e internacional, y además con la práctica de las virtudes que favorecen la convivencia y nos enseñan a vivir unidos para construir juntos dando y recibiendo una sociedad nueva y un mundo mejor»(nº39).
«La Iglesia no tiene soluciones técnicas que ofrecer al problema del subdesarrollo, en cuanto tal, no propone sistemas o programas económicos o políticos, ni manifiesta preferencias por unos o por otros, con tal que la dignidad del hombre sea debidamente respetada y promovida, y ella goce del espacio necesario para ejercer su ministerio en el mundo»(nº14).
«La doctrina social de la Iglesia no es una "tercera vía entre el capitalismo liberal y el colectivismo marxista" se trata de una doctrina que debe orientar la conducta de las personas»(nº41).
«Un desarrollo sólo económico no es capaz de liberar al hombre: al contrario, lo esclaviza todavía más. Un desarrollo que no abarque la dimensión cultural, transcendente y religiosa del hombre y de la sociedad, contribuiría aún menos a la verdadera liberación»(nº6).
«Todos estamos llamados, más aún, obligados, a ese tremendo desafío... Cada uno está llamado a ocupar su propio lugar en esta campaña pacífica, que hay que realizar con medios pacíficos para conseguir el desarrollo de la paz»(nº47).
«Quiero dirigirme a todos los hombres y mujeres sin excepción, para que convencidos de la gravedad del momento presente, y de la respectiva responsabilidad individual, pongamos por obra -con el estilo personal y familiar de vida, con el uso de los bienes, con la participación como ciudadanos, con la colaboración en las decisiones económicas y políticas, y con la actuación a nivel nacional e internacional- las medidas inspiradas en la solidaridad y en el amor preferencial por los pobres»(nº47).
El hombre materialista ha levantado un altar a los ídolos del dinero, el sexo y el poder.
En su adoración corre tras la felicidad sin conseguirla.
Como los galgos que corren tras la liebre mecánica sin alcanzarla jamás.
O como el que corre tras su sombra para alcanzarla sin poder conseguirlo.
Al barrer a Dios de la vida cruje la familia, fracasa el matrimonio, la juventud se esclaviza de la lujuria, y muchos negocios se convierten en bandas de ladrones.
Sólo Dios da motivación eficaz para la honradez y la virtud. La honradez sin Dios es excepcional.
Para moralizar la vida vale más el catecismo que la policía.
Después de la Primera Guerra Mundial, uno de los escritores más célebres de Italia, Papini, que había sido ateo, anarquista y anticatólico, se convirtió al catolicismo, y en su Historia de Cristo describe el mundo moderno idolatrando al dinero, la inmoralidad y el egoísmo.
Sin Cristo los hombres se convierten en fieras que se devoran unas a otras.
Al final de su libro tiene una conmovedora oración a Cristo:
Cristo, vuelve, que te necesitamos.
- El que tiene hambre te necesita a Ti: Pan de vida eterna.
- El que tiene sed, te necesita a Ti: que das agua de vida eterna.
- El que busca lo bello te busca a Ti: Hermosura eterna.
- El que busca la verdad te busca a Ti: Verdad eterna.
- El que busca la paz te busca a Ti: el único que da la Paz verdadera.
¡Todos claman por Ti, Cristo! ¡Ven Señor Jesús! ¡Te necesitamos!
Muchos están rodeados por el cristianismo, pero éste no ha penetrado en su corazón de piedra: como el canto rodado sumergido en el arroyo, que si lo partes, por dentro está seco porque el agua no le ha calado.
Cuentan de unos náufragos que estaban muertos de sed en su bote salvavidas. Las corrientes marinas habían llevado el bote hasta la desembocadura del río Amazonas.
El bote estaba rodeado de agua dulce del inmenso caudal del Amazonas, pero los náufragos, sin saberlo, se morían de sed.
FUENTE: