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Historia de Carlomagno

Info1/17/2009








Carlos I el Grande, llamado Carlomagno (en alemán: Karl der Grosse, en latín: Carolus Magnus, en francés e inglés: Charlemagne; 2 de abril de 742 – 28 de enero de 814) fue rey de los francos desde 768 hasta su muerte. Expandió los distintos reinos francos hasta transformarlos en un Imperio al que incorporó gran parte de Europa Occidental y Central. Conquistó Italia y fue coronado Imperator Augustus por el Papa León III el 25 de diciembre de 800 en Roma. De este modo se sustituía al Imperio Bizantino como protector de la cristiandad; no obstante, aunque Constantinopla se indignó en un principio, en 812 se llegó a un acuerdo y de nuevo hubo dos emperadores, el de Oriente y el de Occidente.
Hijo del rey Pipino El Breve y de Bertrada de Laon, sucedió a su padre y co-reinó con su hermano, Carlomán I. Aunque las relaciones entre ambos se tornaron tensas, se evitó la guerra gracias a la repentina muerte de Carlomán. Reforzó las amistosas relaciones que su padre había mantenido con el papado y se convirtió en su protector tras derrotar a los lombardos en Italia. Combatió a los sarracenos, que amenezaban sus posesiones en España y trató de apoderarse del país, mas tuvo que batirse en retirada a causa de un ataque de los sajones y perdió en el desfiladero de Roncesvalles a toda su retaguardia y a su sobrino, Roldán.Luchó contra los pueblos del este, y tras una larga campaña logró someter a los sajones, obligándoles a convertirse al cristianismo e integrándoles a su reino; de este modo allanó el camino para el establecimiento de la Dinastía Sajona.
Hoy es considerado, no sólo como el fundador de las monarquías francesa y alemana, sino también como el padre de Europa: su imperio unió por primera vez desde los romanos a la mayor parte de Europa Occidental, y el renacimiento carolingio estableció una identidad europea común.

Contexto histórico

Durante el siglo VI se produjo la cristianización de los francos, cuyo imperio, dirigido por los merovingios, se convirtió en el más poderoso de los reinos resultantes de la caida del Imperio Romano de Occidente. Sin embargo, el declive de la dinastía se hizo evidente tras la Batalla de Tertry (687), y ningún soberano trató ya de remediarla (reyes holgazanes).Al final todos los poderes gubernamentales se ejercían a través de los oficiales mayores o del mayordomo o major domus.
Pipino de Heristal, mayordomo de Austrasia, terminó con el conflicto existente entre los diversos reyes francos con sus mayordomos con su victoria en Tertry, tras la que se convirtió en único gobernante de todo el reino franco. Era nieto de dos de las más importantes figuras del reino austrasiano, San Arnulf de Metz y Pipino de Landen. A su muerte fue sucedido por su hijo ilégitimo Carlos, que sería conocido como Carlos Martel («El Martillo»); sin embargo jamás aceptó el título de «rey». Martel fue sucedido por sus dos hijos; Carlomán y Pipino El Breve, padre de Carlomagno. A fin de frenar el separatismo presente en la periferia del reino, los hermanos emplazaron en el trono a Childerico III, último rey merovingio.



Fecha y lugar de nacimiento

Generalmente se ha establecido su fecha de nacimiento en 742; sin embargo, diversos factores han llevado a los expertos a reconsiderar esta fecha ya que su nacimiento se calculó a partir del año de su muerte y en los Annales Petarienses figura otra fecha, el 1 de abril de 747. Ese año el 1 de abril era Pascua; que un emperador nazca ese día es una coincidencia tan sospechosa que ha sido cuestionada en numerosas ocasiones. Los historiadores modernos defienden que está fecha constituye una farsa concebida con el objeto de honrar al emperador. Se ha sugerido que el emperador nació un año más tarde, en 748.
Actualmente es imposible conocer con certeza la fecha de su nacimiento. Las hipótesis más factibles son el 1 de abril de 747, el 15 de abril de ese mismo año o el 1 de abril de 748 en Herstal, ciudad natal de su padre de donde eran oriundas las dinastías carolingia y merovingia, y ubicada en las inmediaciones de la ciudad de Lieja (Bélgica). Cuando tenía siete años fue a vivir con su padre a Jupille, por lo que en casi todos los libros de historia dicha ciudad aparece como uno de los posibles lugares de su nacimiento. También se han barajado otras ciudades, entre las que están Prüm, Düren, Gauting y Aquisgrán.

Nombres de Carlomagno

A consecuencia del número de idiomas hablados dentro del Imperio, y su expansión a escala europea, el nombre de Carlomagno ha sido preservado bajo abundantes formas en un gran número de diferentes idiomas. Su idioma ya no existe en sí, sino que evolucionó hasta convertirse en el idioma fráncico.
«Carlos», su nombre de nacimiento, deriva del de su abuelo, Carlos Martel; este nombre deriva a su vez de «Karl», lexema germánico que significa «hombre» u «hombre libre», [11] y que está relacionado con el «Churl» inglés. Los nombres latinos «Carolus» o «Karolus» constituyen las primeras formas existentes de su nombre.
En diversos dialectos eslavos, el término «rey» corresponde a una derivación de su nombre eslavizado.
Retrato de Carlomagno, por Alberto Durero. Se pintó varios siglos tras su muerte; el escudo de armas situado encima de su cabeza muestra el águila alemana y la flor de lis francesa.
Las modernas variantes existentes en los idiomas de origen germánico son:

* En danés, noruego y sueco: Karl den Store
* En neerlandés: Karel de Grote
* En alemán: Karl der Große
* En luxemburgués: Karel de Groussen
* En frisón occidental: Karel de Grutte

El nombre germánico fue latinizado[12] y preservado en las modernas lenguas romances:

* En catalán: Carlemany
* En francés: Charlemagne y Charles le Grand, derivación del francés antiguo Charles le Magne
* En italiano: Carlo Magno y Carlomagno
* En portugués: Carlos Magno
* En español: Carlomagno
* En valón: Tchårlumagne y Tchåle li Grand

Las modernas variantes de los dialectos eslavos de influencia germana son:

* En croata: Karlo Veliki
* En checo: Karel Veliký
* En polaco: Karol Wielki
* En eslovaco: Karol Veľký
* En esloveno: Karel Veliki

La variante bretona es Karl-Veur.

Aspecto físico

Aunque no existe descripción alguna de Carlomagno contemporánea al monarca francés, su biógrafo Eginardo ofrece una detallada visión de su aspecto físico en su obra Vita Caroli Magni. En el vigésimo segundo artículo del escrito afirma:
Fue de cuerpo ancho y robusto, de estatura eminente, sin exceder la justa medida, pues alcanzaba siete pies suyos; de cabeza redonda en la parte superior, ojos muy grandes y brillantes, nariz poco más que mediana, cabellera blanca y hermosa, rostro alegre y regocijado; de suerte que estando de pie como sentado realzaba su figura con gran autoridad y dignidad. Y aunque la cerviz era obesa y breve y el vientre algún tanto prominente, desaparecía todo ello ante la armonía y proporción de los demás miembros. Su andar era firme, y toda la actitud de su cuerpo, varonil; su voz tan clara, que no respondía a la figura corporal.
El emperador carolingio era conocido entre sus coetáneos por ser un hombre rubio, alto, corpulento y de cuello excesivamente grueso. En su época, la tradicional técnica pictórica romana realista se había visto eclipsada por la costumbre de dibujar los retratos de personalidades rodeados de elementos icónicos. En su condición de monarca ideal debía ser representado de manera correspondiente. A su ascenso al trono se le presenta como la encarnación de Dios en la Tierra; los cuadros de esta época contienen un número considerable de iconos vinculantes a Cristo. Los retratos modernos[14] muestran a un hombre de recia complexión y larga melena rubia a consecuencia de un error en la intepretación del escrito de su biógrafo; se ha traducido «canitie pulchra» o «hermoso cabello blanco» como melena rubia o dorada.

Vestimenta
Parte del tesoro de Aquisgrán.

Carlomagno vestía la tradicional, discreta y ordinaria vestimenta de la nación franca. Eginardo la describe así:
Vestía a la manera de los francos: camisa de lino y calzones de lo mismo, túnica con pasamanos de seda; envolvía sus piernas con polainas de tiras, y en invierno protegía hombros y pecho con pieles de foca y de marta.
Gustaba de llevar una capa azulada, así como una espada, normalmente formada por una empuñadura dorada o plateada. En los banquetes o recepciones de embajadores portaba fantásticas tizonas enjoyadas. No obstante:
Los trajes extraños, por hermosos que fuesen, los desechaba, de modo que sólo una vez, a petición del pontífice Adriano, y otra a ruegos del papa León, se vistió la larga túnica y la clámide y usó el calzado a la usanza romana.
En las festividades importantes portaba diadema y vestía ropajes bordados y enjoyados; en estas ocasiones su capa incluía una hebilla dorada. Sin embargo, Eginardo afirma que el monarca francés despreciaba la ropa ostentosa, vistiéndose comúnmente con arreglo al modo plebeyo.


Ascenso al poder

Primeros años de vida
Carlomagno fue el primogénito de Pipino el Breve (714 – 24 de septiembre de 768, rey desde 751) y su esposa Bertrada de Laon (720 – 12 de julio de 783), hija de Cariberto de Laon y Gisela de Laon.[18] Entre sus hermanos más jóvenes, los registros sólo refieren a Carlomán, Gisela y a un niño llamado Pipino que falleció a corta edad. En ocasiones se ha afirmado que la semilegendaria Redburga, esposa del rey Egberto de Wessex, fue hermana de Carlomagno (o cuñada o sobrina), y las leyendas lo señalan como tío materno de Roldán a través de una dama llamada Bertha.
La mayor parte de lo que se conoce acerca de su vida procede de los escritos de su biógrafo, Eginardo, quien escribió la Vita Caroli Magni (o Vita Karoli Magni), la Vida de Carlomagno. Eginardo afirma de los primeros años de vida de Carlos:
Sería disparatado, creo yo, escribir una sola palabra respecto al nacimiento y la infancia de Carlos, o incluso sobre sus primeros años, ya que nunca se escribió nada al respecto y no existe nadie con vida que pueda dar información de ello. En consecuencia, decidí pasar esto por alto y dedicarme de inmediato a su persona, sus obras y otros hechos de su vida que merecen ser relatados y divulgados, y me referiré primero a sus acciones locales y en el extranjero, luego sobre su persona y actividades, y por último acerca de su gobierno y muerte, sin omitir nada que merezca o sea necesario conocer.
Moneda con el grabado de Carlomagno y con la inscripción KAROLVS IMP AVG.
Tras la muerte de Pipino, y continuando con la tradición, se dividió el reino de los francos entre Carlomagno y Carlomán. Carlos tomó las regiones exteriores del reino, las cuales bordeaban el mar, es decir Neustria, el oeste de Aquitania y el norte de Austrasia; mientras que a Carlomán le correspondió la región interna: el sur de Austrasia, Septimania, el este de Aquitania, Borgoña, Provenza y Suabia, territorios que limitaban con Italia.

Reinado compartido

El 9 de octubre, imediatamente después de celebrarse el funeral de su padre, ambos jóvenes se marcharon de Saint-Denis a fin de ser coronados reyes por los nobles y ungidos por los obispos. La investidura de Carlomagno tuvo lugar en Noyon, mientras que la de Carlomán en Soissons.
El primer acontecimiento importante producido durante el reinado conjunto de los hermanos fue el levantamiento de los aquitanos y gascones, en 769, en el territorio dividido entre ambos reyes. Años atrás, Pipino había sofocado la revuelta de Gaifier, Duque de Aquitania. Ahora, un hombre llamado Hunald (que según parece no se trata del duque Hunald) guió a los aquitanos hacia el norte, hasta Angulema. Carlomagno se reunió con Carlomán, pero este se negó a participar y regresó a Burgundy. Carlomagno se dispuso para la guerra y lideró un ejército a Burdeos, estableciendo un campamento en Fronsac. Hunold se vió obligado a huir hacia la corte de Lupo II, Duque de Gascuña. Lupo, temeroso de Carlomagno, entregó a Hunold a cambio de la paz y éste fue desterrado a un monasterio. Finalmente, los francos sometieron Aquitania por completo.
Los hermanos mantuvieron una relación tibia con la ayuda de su madre, Bertrada, pero en 770 Carlomagno firmó un tratado con el duque Tassilo III de Baviera y se casó con una princesa lombarda (a quien actualmente se conoce como Désirée) e hija del rey Desiderio, con el fin de rodear a Carlomán con sus propios aliados. Pese a la oposición inicial del papa Esteban III ante el matrimonio con la princesa lombarda, pronto tendría pocos motivos para temer una alianza entre francos y lombardos.
Menos de un año después de su matrimonio, Carlomagno repudió a Désirée y al poco tiempo volvió a casarse con una sueva de 13 años llamada Hildegarda. La repudiada Désirée regresó a la corte de su padre en Pavía. Encendida su furia, Desiderio se hubiese aliado gustosamente con Carlomán para derrotar a Carlos, pero Carlomán murió el 5 de diciembre de 771, antes que el conflicto estallara. La esposa de Carlomán, Gerberga, huyó junto con sus hijos a la corte de Desiderio en busca de protección.


Campaña en Italia

La conquista de Lombardía
El año del nombramiento como Papa de Adriano I (772), éste demandó que le fuera reintegrado el control sobre ciertas ciudades constituyentes del antiguo Exarcado de Rávena, a cambio de un acuerdo respecto de la sucesión de Desiderio. No obstante, Desiderio tomó algunas ciudades papales e invadió Pentápolis en su camino hacia Roma. En otoño, Adriano envió una delegación ante Carlomagno solicitándole que cumpliera las políticas de su padre, Pipino. A su vez, Desiderio envió su propia embajada negando lo que le imputaba el Papa. Ambas delegaciones se reunieron en Thionville, donde el monarca de los francos manifestó su apoyo al papado. A las demandas de Adriano se unieron las de su aliado; viéndose en esta tesitura, el duque toscano juró que jamás cedería. Carlomagno y su tío Bernardo cruzaron los Alpes en 773 y persiguieron a los lombardos hasta Pavía, donde les asediaron. Eventualmente Carlos abandonó el sitio a fin de hacer frente al hijo de Desiderio, Adelgis, quien estaba levantando un ejército en Verona. Los francos persiguieron al joven príncipe hasta el litoral adriático, hasta que acabó huyendo hacia Constantinopla a fin de solicitar la ayuda de Constantino V Kopronymos, quien se encontraba en guerra con Bulgaria.
El rey franco Carlomagno era un católico devoto que mantuvo una estrecha relación con el papado durante toda su vida. En 772, cuando el papa Adriano I fue amenazado por los invasores, el rey se dirigió velozmente a Roma para proporcionar su ayuda. En esta imagen puede verse al Papa solicitando la asistencia de Carlomagno durante un encuentro cerca de Roma.
El asedio de Pavía se prolongó hasta la primavera de 774, época en que Carlomagno hizo una visita al Papa en Roma (2 de abril); allí confirmó las cesiones de territorios que su padre había estipulado en su testamento.Ciertas crónicas posteriores afirman - falsamente - que amplió los mismos. Después de que Adriano le concediera el título de patricio regresó a Pavía, donde los lombardos estaban al borde de la derrota.
A cambio de sus vidas, los lombardos se rindieron y abrieron las puertas de la ciudad a comienzos de la estación estival. Se envió a Desiderio a la Abadía de Corbie; su hijo Adelchis murió en Constantinopla como un patricio. Tras haberse ceñido la Corona Férrea los señores lombardos a excepción de Arechis II, quien proclamó la indepenciencia de los territorios bajo su control, rindieron un homenaje al nuevo monarca en Pavía. Al ser el nuevo Rey de Lombardía, Carlomagno se convertía en el señor más poderoso de Italia. A su marcha dejó una poderosa guarnición en Pavía, a la que envió tropas de refuerzo cada año.
A pesar de su victoria, los territorios italianos continuaban siendo inestables; en 776, se rebelaron los duques Rodgaudo de Friuli e Hildeprando de Spoleto. Carlomagno se trasladó apresuradamente desde Sajonia a fin de combatir a los sediciosos. Se enfrentó a Rodgaudo en una batalla que derivó en una victoria aplastante sobre los rebeldes y la muerte del propio duque. Viéndose derrotado, Hildeprando accedió a firmar un tratado de paz. Su coconspirador, Arechis, no fue sometido y Adelgis, su candidato al trono, jamás abandonó Bizancio. Se había conseguido pacificar el norte italiano.


Italia meridional

En 787 Carlomagno dirigió su atención hacia Benevento, donde Arechis reinaba de forma independiente; tras asediar Salerno, el duque ofreció su vasallaje. Sin embargo, cuando murió en 792, Benevento volvió a proclamar su independencia bajo la égida de su hijo, Grimoaldo III. Aunque los ejércitos de Carlos y sus hijos le atacaron en repetidas ocasiones, al no regresar el monarca francés al Mezzogiorno, estos territorios no serían nunca sometidos.

Carlos y sus hijos
Carlos, como era tradición entre los monarcas y mayordomos del pasado, comenzó a nombrar a sus hijos para que ocuparan los cargos de mayor importancia del reino durante el primer periodo de paz por el que atravesó su gobierno (780 – 782). Habiendo sido ungidos por el papado, hizo reyes a sus dos hijos más jóvenes (781): Carlomán, el mayor de ellos, tomó la Corona Férrea y el nombre de «Pipino» al ser nombrado rey de Italia; y el más joven, Luis, fue nombrado rey de Aquitania. Carlos ordenó que a ambos se los criara en el conocimiento de la costumbres de sus reinos, al tiempo que le otorgaba a sus regentes cierto control sobre dichos territorios; no obstante, aunque los dos jóvenes tuvieran la esperanza de heredar el reino algún día, el poder estuvo siempre en manos de su padre. Además, no toleró insubordinación alguna de parte de sus hijos; en 792 desterró a Pipino el Jorobado a consecuencia de una revuelta de la que era partícipe.
Al alcanzar la mayoría de edad, los hijos del monarca combatieron en su nombre durante el transcurso de numerosos conflictos. A Carlos le preocupaban especialmente los bretones, con los que compartía frontera y quienes se rebelaron contra él en al menos dos ocasiones (aunque fueron fácilmente subyugados), aunque también luchó intensamente contra los sajones. En 805 - 6 se internó en el Böhmerwald a fin de hacer frente a los eslavos que habitaban dichos territorios; en una fácil campaña, les sometió hasta el punto de obligarles a rendirle un homenaje. Tras ello los francos devastaron el Valle del Elba y les impusieron un tributo. Pipino se enfrento a los ávaros, así como a los beneventani y a los eslavos del norte. Cuando finalmente surgió un conflicto con el Imperio Bizantino luego de su coronación imperial y de la rebelión de Venetia, la organización política interna era inmejorable. Luis se posicionó al frente de la Marca Hispánica y, al menos en una ocasión, se dirigió al sur de Italia a fin de enfrentarse al duque de Benevento. El hijo de Carlos tomaría Barcelona tras un importante asedio (797).
La actitud de Carlomagno hacia sus hijas ha sido motivo de gran controversia; las mantuvó en casa junto a él y se negó a permitir que contrajeran matrimonio - probablemente a fin de evitar el establecimiento de subramas familiares que pudieran rebelarse contra la principal, como fue el caso de Tasilón III - aunque les permitió mantener relaciones extramaritales, llegando incluso a honrar a sus concubinos, y guardó gran aprecio por los hijos bastardos que engendraban. Al parecer nunca creyó las historias que circulaban en torno a su salvajismo. Tras la muerte de Carlomagno, su hijo Luis las desterró de la corte y las envió a conventos que su padre había elegido. Una de ellas, Bertha, mantuvo una relación, o quizá un matrimonio, con Angilberto, miembro de la corte de su padre.


Campaña en España

La campaña de Roncesvalles
Roldán jura fidelidad a Carlomagno. Ilustración perteneciente a un manuscrito del Cantar de Roldán.
Según el historiador musulmán Ibn al-Athir, la Dieta de Paderborn recibió en 777 a los representantes de los gobernantes musulmanes de Zaragoza, Gerona, Barcelona y Huesca, quienes habían acudido allí debido a que sus señores habían sido arrinconados en la Península Ibérica por Abderramán I, el emir de Córdoba. Estos gobernantes moros o "sarracenos" ofrecieron homenaje al gran rey de los francos a cambio de su ayuda militar. Carlomagno, al ver la oportunidad de extender tanto la Cristiandad como su propio poder y creyendo que los sajones eran una nación subyugada, acordó dirigirse a España.
En 778, lideró el ejército de Neustria a través de los Pirineos Occidentales, mientras que los austrasios, lombardos y burgundios cruzaban los Pirineos Orietales. Los ejércitos se reunieron en Zaragoza y recibieron el homenaje de Sulayman al-Arabí y Kasmin ibn Yusuf, los gobernantes extranjeros. Sin embargo, Zaragoza no cayó con la rapidez que Carlomagno pensaba; incluso se encontró ante la batalla más difícil que enfrentara en toda su carrera y, temiendo una derrota, decidió retirarse y regresar a casa. Carlomagno no podía confiar en los moros ni en los vascones, a quienes se había enfrentado durante su conquista de Pamplona, y estaba abandonando la península por el Paso de Roncesvalles cuando ocurrió uno de los eventos más famosos de todo su reinado: Los vascones cayeron sobre su retaguardia y carros de carga, destruyéndolos. La Batalla de Roncesvalles, más bien una escaramuza que una batalla, arrojó varios famosos muertos, entre los que se encontraron el senescal Eggihard, el conde del palacio Anselmo y el prefecto de la Marca de Bretaña, Roldán, posterior inspiración del Cantar de Roldán (Chanson de Roland), el famoso cantar de gesta francés.

La guerra con los moros

La conquista de Italia hizo que Carlomagno entrase en contacto con los sarracenos que, en esa época, controlaban el Mediterráneo y ocupaban arduamente a su hijo Pipino. Carlomagno conquistó Córcega y Cerdeña en fechas desconocidas, y las islas Baleares en 799. Dichas islas eran blancos frecuentes de ataques por parte de piratas sarracenos, mas el conde de Génova y Toscana (Bonifacio) los mantuvo a raya mediante el envío de una numerosa flota cuya operatividad se mantuvo hasta el fin del reinado de Carlomagno. El rey llegó a tener contacto con la corte del califa en Bagdad: en 797 (o, posiblemente, 801), el califa de Bagdad, Harún al-Rashid, obsequió a Carlomagno con un elefante asiático llamado Abul-Abbas y un reloj.
En Hispania, la lucha contra los moros continuó sin disminuir en intensidad durante toda la segunda mitad del reinado de Carlomagno. En 785, los soldados de su hijo Luis, que se encontraba al cargo de la defensa de la frontera con España, capturaron Gerona de forma permanente y extendieron el control franco al litoral catalán; dicho control se mantuvo durante el resto del gobierno de Carlomagno (e incluso siguió siendo nominalmente franco mucho tiempo después, hasta el Tratado de Corbeil en 1258). Los líderes musulmanes del noreste de la España Islámica se sublevaban continuamente contra las autoridades cordobesas y, a menudo, pedían la ayuda de los francos, cuya frontera siguió expandiéndose lentamente hasta 795, año en que Gerona, Cerdaña, Osona y Urgel fueron agrupadas en la nueva Marca Hispánica, dentro del antiguo ducado de Septimania.
En 797 Barcelona, la ciudad principal de la región, cayó ante los francos cuando Zeid, su gobernador, se rebeló contra Córdoba y, tras fracasar, la entregó a Carlomagno. Pese a que las autoridades omeyas consiguieron recapturarla en 799, Luis marchó junto a todo su ejército, cruzó los Pirineos y asedió la ciudad durante dos años, pasando allí el invierno desde 800 a 801, hasta su rendición. Los francos continuaron arremetiendo contra el emir: en 809 capturaron Tarragona y, en 811, Tortosa. Esta última conquista los llevó hasta la desembocadura del Ebro y les permitió el acceso al Valencia, lo que impulsó a que el emir Alhakén I reconociera sus conquistas en 812.



Campañas en el este de Europa

Guerra contra los sajones
Carlomagno estuvo involucrado en batallas constantes a lo largo de su reino, frecuentemente a la cabeza de sus escuadrones de élite o scara y con su legendaria espada, Joyeuse, en mano. Tras treinta años de guerra y dieciocho combates, logró conquistar Sajonia y procedió a convertirla al catolicismo, empleando la fuerza siempre que fue necesario.
Durante su primera campaña, Carlomagno obligó a los habitantes de Angria a que, en 773, cortaran y entregaran un irminsul (un pilar de madera venerado por los sajones) que se encontraba cerca de Paderborn. La campaña fue interrumpida por su primera expedición a Italia. Cuando regresó en el año 775, marchó atravesando Westfalia y conquistó el fuerte sajón de Sigiburg. Luego, cruzó Angria, donde nuevamente derrotó a los sajones. Por último, en Estfalia, venció a un destacamento sajón y convirtió a su líder, Hessi, al cristianismo. En su camino de vuelta por Westfalia, estableció campamentos en Sigiburg y Eresburg, que hasta ese entonces habían sido importantes bastiones sajones. Toda Sajonia se hallaba bajo su dominio, a excepción de Nordalbingia; sin embargo la resistencia sajona no había concluido.
Después de su campaña en Italia subyugando a los duques de Friuli y Spoleto (Rodgaudo e Hildeprando, respectivamente), Carlomagno regresó velozmente a Sajonia en 776, puesto que una revuelta había destruido su fortaleza en Eresburg. Una vez más, los sajones fueron aplastados, pero su líder más importante, el duque Widukind, consiguió escapar a Dinamarca, hogar de su esposa. Carlomagno construyó un nuevo campamento en Karlstadt y, en 777, llamó a una dieta nacional en Paderborn para completar la integración de Sajonia al reino franco. Siguiendo fielmente su política religiosa, hizo bautizar a un considerable número de sajones.
En el verano de 779, invadió nuevamente Sajonia y reconquistó Estfalia, Angria y Westfalia. En una dieta realizada cerca de Lippe, dividió el territorio en distintas misiones y asistió en persona a varios bautismos en masa (780). A continuación regresó a Italia y, por primera vez, no hubo una revuelta inmediata sajona. En 780 Carlomagno decretó la pena de muerte para aquellos sajones que no se bautizaran, no celebraran las fiestas cristianas y cremaran a sus muertos. Entre 780 y 782, Sajonia vivió un período de paz.
Carlomagno volvió a Sajonia nuevamente en 782 y estableció un código de leyes y designó a condes, tanto sajones como francos. Las leyes eran severas en temas religiosos, con lo que el politeísmo germano autóctono quedó en una condición sumamente precaria respecto del cristianismo, despertando antiguos conflictos. Ese mismo año, en otoño, Widukind regresó para liderar una nueva revuelta, la cual resultó en varios ataques sobre la Iglesia. En respuesta, se cree que Carlomagno ordenó en Verden, Baja Sajonia, la decapitación de 4500 sajones que habían sido capturados practicando su paganismo nativo luego de haberse convertido al Cristianismo. El hecho, conocido como la Masacre de Verden, desencadenó dos años de sangrientos conflictos (783-785). Durante esta guerra, finalmente se consiguió someter a los frisones y una gran parte de su flota fue incendiada. La guerra concluyó cuando Widukind aceptó ser bautizado.
Luego de esto, los sajones mantuvieron la paz durante siete años, hasta que los habitantes de Westfalia volvieron a rebelarse en contra de sus conquistadores. Estfalia y Nordalbingia se unieron a ellos en 793, pero la sublevación no contó con el apoyo de toda la población y fue sofocada para 794. A continuación, se produjo una revuelta en Angria en 796, aunque fue aplastada rápidamente gracias a la presencia de los sajones cristianos, los eslavos y del mismísimo Carlomagno. El último intento independentista ocurrió en 804, más de treinta años después de la primera campaña de Carlomagno en su contra. En esta ocasión, la más turbulenta de todas, el pueblo de Nordalbingia se halló a sí mismo incapacitado de volver a conducir una nueva rebelión. Según Eginardo:
La guerra que había durando tantos años concluyó al fin cuando accedieron a los términos ofrecidos por el Rey; lo cuales consistían en renunciar a sus costumbres religiosas nacionales y a la adoración de demonios, aceptar los sacramentos de la religión y de la fe cristiana, y unirse a los francos para conformar un único pueblo.


La resistencia pagana en Sajonia había finalizado

Sometimiento de Baviera
En 788, Carlomagno volvió su atención hacia Baviera y acusó a Tassilo de hacer tratos con los ávaros y otros enemigos suyos, rompiendo su promesa de fidelidad. Sometido a juicio, Tassilo fue depuesto y condenado a muerte, pero Carlos lo indultó y se contentó con hacerlo rapar y recluirlo en el monasterio de Jumièges. Finalmente, en 794 Trassilo fue obligado a renunciar a sus derechos y los de su familia (los agilolfingos) sobre Baviera, en el sínodo de Fráncfort. Baviera, al igual que Sajonia, fue subdividida en condados por los francos.

Campaña contra los ávaros

En 788, los ávaros, una horda asiática pagana que se había establecido en la actual Hungría (Eginardo los llama hunos), invadieron Friuli y Baviera. Carlos estuvo ocupado con otras cuestiones hasta 790, pero en ese año marchó a lo largo del Danubio hasta su territorio, asolándolo hasta Raab. Luego, un ejército lombardo al mando de Pipino se adentró en el valle del Drava y devastó Panonia. Estas campañas habrían continuado de no ser por una nueva revuelta de los sajones en 792 que puso fin a siete años de paz en la región.
Los siguientes dos años, Carlos estuvo atareado junto con los eslavos, en contra de los sajones. Sin embargo, Pipino y el duque Eric de Friuli prosiguieron sus ataques a las fortalezas circulares de los ávaros. El gran Anillo de los Ávaros, su fortaleza de mayor importancia, fue tomada en dos ocasiones. El botín reunido se envió a Carlomagno, quien se encontraba en su capital, Aquisgrán, y redistribuyó a sus seguidores y a gobernantes extranjeros, incluido el rey Offa de Mercia. Al poco tiempo, los tuduns ávaros desistieron y viajaron a Aquisgrán para someterse a Carlomagno como vasallos y cristianos. Carlos aceptó y uno de los jefes nativos, quien había sido bautizado como Abraham, fue enviado de regreso con el antiguo título de Jaghan. Abraham mantuvo la disciplina entre su gente, pero para el año 800 los búlgaros al mando de Krum habían borrado al estado ávaro. En el siglo X, los magiares se establecieron en la llanura panónica, presentando una nueva amenaza para los descendientes de Carlomagno.

Expediciones contra los eslavos

En 789, tras la expansión de territorios y su consiguiente adquisición de nuevos vecinos paganos, los eslavos, Carlomagno encabezó un ejército conformado por soldados de Austrasia y Sajonia con el cual cruzó el Elba y entró en tierras obodritas. Los eslavos liderados por Witzin se rindieron inmediatamente. Luego, Carlos aceptó la sumisión de los veleti, gobernados por Dragovit, y demandó prisioneros y el permiso para enviar, sin interferencias, misioneros a la región. El ejército alcanzó la región báltica antes de retroceder y dirigirse hacia el Rin con el botín logrado y sin hostigamientos. Los estado tributario eslavo se convirtió en un aliado leal. En 795, cuando se quebró la paz con los sajones, tanto obodritas como veleti se levantaron en armas para acompañar a su nuevo amo en contra de los rebeldes. Witzin murió en combate y Carlomagno lo vengó asolando la región del Elba correspondiente a Estfalia. Thrasuco, el sucesor de Witzin, lideró a sus hombres en la conquista de Nordalbingia y entregaró a los líderes rebeldes a Carlomagno, lo que le valió grandes honores. Los obodritas se mantuvieron leales a Carlos hasta su muerte y luego combatieron en contra de los daneses.
Carlomagno también centró su atención en los eslavos del sur del jaganato ávaro: los carantanianos y los eslovenos. Estos pueblos fueron sometidos por los lombardos y los bávaros y convertidos en tributarios, aunque jamás se incorporaron al estado franco.

Imperio

Diplomacia imperial
La capilla de Carlomagno en la Catedral de Aquisgrán


El reinado de Carlomagno llegó a su punto decisivo a fines del año 800. En 799, el papa León III había sido atacado por los romanos, quienes intentaron arrancarle los ojos y la lengua. León escapó y se refugió con Carlomagno en Paderborn, solicitándole que interviniera en Roma y restaurara su gobierno. El rey franco, aconsejado por Alcuino de York, aceptó viajar a Roma y así lo hizo en noviembre de 800. El 1 de diciembre realizó una asamblea y, el 23 del mismo mes, León tomó juramento declarándose inocente. Durante la misa celebrada en Navidad (25 de diciembre), cuando Carlomagno se arrodilló para orar ante el altar, el Papa lo coronó Imperator Romanorum ("Emperador de los romanos" ) en la Basílica de San Pedro. Con este acto, el Papa intentaba transferir a Carlos el cargo de Constantinopla. Eginardo señala que Carlomagno ignoraba las intenciones de León y no deseaba dicho nombramiento:
Al principio fue tal la aversión, que declaró que no hubiese puesto un pie en la Iglesia el día que le fueron conferidos [los títulos imperiales], pese a que fue un gran día festivo, de poder haber previsto los designios del Papa.
Muchos académicos modernos indican que, en realidad, Carlomagno estaba al tanto de los planes de coronación; ciertamente, al aproximarse a rezar, no pudo haber dejado de observar la corona engarzada con joyas que aguardaba en el altar. En todo caso, ahora podría aprovechar las circunstancias para afirmar que él era el restaurador del Imperio Romano, que aparentemente se había degradado bajo el mando de los bizantinos. No obstante, luego de 806, Carlos pasaría a designarse a sí mismo no como Imperator Romanorum ("Emperador de los romanos", un título reservado al emperador bizantino), sino como Imperator Romanum gubernans Imperium ("Emperador gobernante del Imperio Romano" ).
La iconoclasia de la dinastía isauria y los consiguientes conflictos religiosos con la emperatriz Irene, quien en el año 800 ocupaba el trono de Constantinopla, probablemente fueran las principales causas por las que el Papa deseaba aclamar formalmente a Carlos como emperador romano. Además, también ansiaba incrementar la influencia del papado, honrar a su salvado (Carlomagno) y resolver las cuestiones constitucionales que por entonces afligían a los juristas europeos en una época en que Roma no se hallaba en manos de un emperador. De este modo, cuando Carlomagno asumió el título de emperador, a los ojos de los francos e italianos no se trató de una usurpación del cargo; pero sí lo fue en Constantinopla, donde Irene y su sucesor, Nicéforo I, protestaron vigorosamente sin que ninguno de ellos lograse algo al respecto.
Sin embargo, los bizantinos siguieron conservando varios territorios en Italia: Venecia (lo que quedaba del Exarcado de Rávena), Reggio (en Calabria), Brindisi (en Apulia) y Nápoles (el Ducado Napolitano). Estas regiones permanecieron fuera del dominio franco hasta 804, cuando los venecianos, desgarrados por luchas internas, transfirieron su lealtad a la Corona Férrea de Pipino, hijo de Carlos. La Pax Nicephori concluyó y Nicéforo asoló las costas con una flota y, así, comenzó la única guerra entre bizantinos y francos. Los enfrentamientos se prolongaron hasta 810, cuando el bando probizantino en Venecia le confirió una vez más el dominio de la ciudad al Imperio Bizantino y los dos emperadores de Europa hicieron las paces: Carlomagno recibió la península de Istria, y en 812 el Emperor Miguel I Rangabé reconoció su condición de Emperador.

Los ataques daneses

Luego de la conquista de Nordalbingia, el territorio franco pasó a colindar con Escandinavia. Los paganos daneses («una raza casi desconocida para sus [de Carlos] ancestros, pero destinada a ser ampliamente conocida por sus hijos» tal como los describió Charles Oman) que habitaban la península de Jutlandia habían oído muchas de las historias relatadas por Widukind y sus aliados, quienes se refugiaban en la corte danesa, así como de la ferocidad con que el rey cristiano trataba a sus vecinos paganos.
En 808, el rey danés, Godofredo, construyó la gran Danevirke a lo largo del istmo de Schleswig. Esta muralla defensiva, que en un principio medía 30 km de largo, fue utilizada por última vez durante la Guerra de los Ducados en 1864. La Danevirke tenía por objeto proteger a los daneses, al mismo tiempo que le proporcionaba a Godofredo la oportunidad de saquear Frisia y Flandes por medio de ataques piratas. Además, el danés sometió a los veleti (aliados de los francos) y combatir a los obodritas.
Godofredo invadió Frisia y bromeaba con visitar Aquisgrán. Sin embargo, no pudo hacer otra cosa ya que fue muerto, aunque se ignora si a manos de un asesino franco o de uno de sus propios hombres. Godofredo fue sucedido por su sobrino Hemming, quien firmó el Tratado de Heiligen con Carlomagno a fines de 811.

Muerte
El "Sarcófago de Perséfone", donde descansan los restos de Carlomagno


En 813, Carlomagno convocó a su corte a Ludovico Pío, rey de Aquitania y su único hijo sobreviviente. Una vez allí, lo coronó con sus propias manos como coemperador para luego enviarlo de regreso a Aquitania. A continuación, pasó el otoño de cacería antes de volver a Aquisgrán el 1 de noviembre. En enero enfermó de pleuritis (Eginardo 59) y el 21 cayó en cama. Eginardo cuenta que:
Murió el veintiocho de enero, el séptimo día desde que cayó en cama, a las nueve de la mañana, tras participar de la eucaristía, en su septuagésimo segundo año de vida y el cuadragésimo séptimo de su reinado.
Carlos fue sepultado el mismo día de su muerte en la Catedral de Aquisgrán, pese a que el clima frío y la naturaleza de su enfermedad no imponían apuro alguno a su entierro. Un relato posterior, narrado por Oto de Lomello, conde del Palacio de Aquisgrán en época de Otón III, indicaría que él y el emperador Otón habían descubierto la tumba de Carlomagno; estos dos hombres sentaron al emperador en un trono, le vistieron con una corona y un cetro de celebración y cubrieron con ostentosas ropas su cuerpo incorrupto. En 1165, el emperador Federico I abrió de nuevo la tumba y trasladó el cuerpo a un sarcófago que emplazó debajo del suelo de la catedral. En 1215, Federico II volvería a introducirle en un ataúd de oro y plta.
La muerte de Carlomagno afectó profundamente a muchos de sus cortesanos, en especial a aquellos que formaban una especie de «camarilla literaria» adherida al emperador en Aquisgrán. Así se lamenta un anónimo monje de Bobbio:
Desde las tierras donde se alza el sol hasta las playas occidentales la gente llora y se lamenta... los francos, los romanos y todos los cristianos se duelen con enorme preocupación... jóvenes y ancianos, gloriosos nobles, todos lamentan la pérdida de su César... el mundo lamenta la muerte de Carlos...Cristo, tu que gobiernas los cielos, concede a Carlos un lugar tranquilo en tu reino. Para mi desgracia.
Fue sucedido por su hijo superviviente, Ludovico, quien había sido coronado el año anterior. Su imperio permaneció intacto una sola generación más; la historiografía afirma que la división efectiva entre los hijos de Ludovico dio pie a la formación de los modernos estados de Francia y Alemania.

Administración

Carlomagno destaca como administrador merced a las numerosas reformas que se llevaron a cabo durante su reinado: econónicas, gubernamentales, militares, culturales y eclesiáticas. Constituye el protagonista del «renacimiento carolingio».
Reformas económicas y monetarias
Monograma de Carlomagno, elaborado a partir de un diploma real: «Signum (monogr.: KAROLVS) Caroli gloriosissimi regis
Carlomagno desempeñó un importante papel a la hora de sentar las bases del futuro económico europeo. Siguiendo las reformas de su padre, abolió el sistema monetario basado en el oro sou, y, junto al rey anglosajón Offa de Mercia, impulsó el sistema que había puesto en marcha Pipino. En esa época existían razones pragmáticas para tomar esta decisión, principalmente la escasez de oro en sí, consecuencia del tratado de paz que se había firmado con Bizancio, la cesión de Venecia y Sicilia, y el fin de las relaciones comerciales con África y Oriente.
Comenzó a circular una nueva moneda, la libra carolingia (cuyo nombre deriva de la libra romana, la libra moderna), basada en una libra de plata, una unidad tanto monetaria como de peso, equivalente a 20 sous (del latín solidus, que fue utilizado principalmente en registros contables pero sin ser nunca acuñado, y del cual deriva el chelín moderno) o 240 deniers (from the Latin denarius, el penique moderno). Durante este período, la livre y el sou fueron unidades de cuenta, mientras que sólo el denier era una moneda real.
Carlomagno instituyó los principios de la contabilidad mediante el capitulare de villis (802), escrito que establece una serie de normas por las que debían ser registrados todos los ingresos y gastos públicos.
Se prohibió la usura; dicha prohibición se reforzó en 814, cuando se introdujo la Capitulare de los judíos, por el que se prohibió prestar dinero a los judíos.
Además de estas prácticas macroeconómicas, el monarca francés llevó a cabo un importante número de ejercicios microeconómicos; tales como el control directo sobre los precios o los gravámenes especiales a determinados bienes y productos básicos.
Carlomagno aplicó este sistema a gran parte del continente europeo; paralelamente, el sistema de Offa se adoptó de forma voluntaria en Inglaterra. Tras la muerte del monarca francés, la moneda europea sufrió una importante degradación haciendo que la mayor parte de Europa adoptara el uso de la moneda británica hasta c. de 1100.


Reformas educativas

Gran parte del éxito de Carlomagno como militar y administrador puede atribuirse a su admiración por el aprendizaje. A causa del renacimiento de la enseñanza, la literatura, el arte y la arquitectura que los caracteriza, ciertos historiadores se refieren a su reinado y a su época bajo el nombre de «renacimiento carolingio». Carlomagno entró en contacto con la cultura y la educación presente en otros países, especialmente con al España visigoda, la Inglaterra anglosajona y la Italia lombarda merced a sus conquistas. Durante su reinado se multiplicaron las escuelas monásticas y scriptorias existentes en Francia. Los escolares carolingios copiaron y preservaron muchas de las obras clásicas latinas que habían sobrevivido. De hecho, los primeros manuscritos disponibles en los textos antiguos tienen su origen en esta época; casi todos los textos que sobrevivieron hasta su reinado sobreviven hoy en día. Muchos hombres que trabajaban para el emperador indican la existencia del carácter paneuropeo que tenía la influencia carolingia: Alcuino, un anglosajón de York; Teodulfo, un visigodo de Septimania; Pablo el diácono, lombardo; Pedro de Pisa y Paulino de Aquilea, italianos; y Angilberto, Angilramm, Eginardo y Waldo de Reichenau, francos.
Carlomagno mostró un serio interés en las becas y en la promoción de las artes liberales en la corte. Ordenó que todos sus descendientes fueran bien educados; él mismo estudió gramática con Pablo el diácono, retórica, dicción y astronomía con Alcuino, y aritmérica con Eginardo. Este último menciona su único fracaso académico, el no saber escribir: trató de aprender en su vejez practicando durante su tiempo libre en su cama la formación de las letras en libros y tablas de cera que escondía bajo su almohada, «sus esfuerzos llegaron demasiado tarde y dieron poco fruto». Su capacidad para leer se ha puesto en tela de juicio, pues Eginardo no hace referencia a la misma en ningún momento, ni está avalada por fuente contemporánea alguna.

Reformas culturales
Pagína del Lorsch Gospels, escrito durante el reinado de Carlomagno


Durante el reinado de Carlomagno, la letra romana mayúscula y su modalidad cursiva, que había dado lugar a diversas letras minúsculas, se combinaron con determinadas que estaban siendo empleadas en los monasterios ingleses e irlandeses. La minúscula carolingia fue creada a a partir de esta combinación durante el reinado del emperador homonimo. Es probable que participara en su concepción Alcuino de York, hombre que trabajaba en la escuela de palacio y en el scriptorium de Aquisgrán. A pesar de ello, el carácter revolucionario de la reforma carolingia ha podido ser sobreestimado; los esfuerzos por dominar las intrincadas caligrafías merovingia y germánica ya estaban presentes antes que Alcuino llegara a Aquisgrán. La nueva minúscula fue difundida primero desde Aquisgrán, y posteriormente desde el influyente scriptoriu de Tours, donde Alcuino ingresó como abad.

Reformas políticas

Carlomagno realizó numerosas reformas que no tenían precedente entre sus antecesores en el trono de los francos; no obstante, optó por continuar con muchas prácticas tradicionales, como la división del reino entre los hijos.

Organización
Artículo principal: Gobierno del Imperio Carolingio


El rey carolingio ejerció el bannum, el derecho a reinar y comandar. Gozaba de la jurisprudencia suprema en materia judicial, legislaba, lideraba el ejército, y tenía el deber de defender a la Iglesia y a los desfavorecidos. Su administración llevó a cabo un intento de organizar y adherir al reino la iglesia y la nobleza; no obstante, el reino era dependiente de la eficiencia y la lealtad de ambos órdenes.

Coronación imperial
Trono de Carlomagno en la Catedral de Aquisgrán


Los historiadores han debatido durante largo tiempo si Carlomagno era consciente de que el Papa tenía la intención de coronarle emperador antes de que dicho nombramiento se hiciera efectivo.No obstante, este debate ha ensombrecido a otro mucho más importante: ¿cuál es la razón por la que se concedió este título al monarca francés? y ¿cual es la razón por la que Carlomagno aceptó?
Roger Collins señala «que los motivos detrás de la aceptación del título imperial respecto del interés romántico y antiguo por revivir el Imperio Romano son sumamente improbables».Por un lado, tal aspecto romántico no habría llamado la atención ni de los francos ni de los católicos romanos de principios del siglo IX, puesto que éstos desconfiaban de la herencia clásica. Los francos se vanagloriaban de haber «combatido y sacudido de sus hombros el pesado yugo romano» y «del conocimiento obtenido a través del bautismo, ataviado en oro y piedras preciosas los cuerpos de los santos mártires a quienes los romanos habían matado con fuego, espadas y animales salvajes», tal como describió Pipino III en un ley emitida en el año 763 o 764. Además, el nuevo título, que conllevaba el riesgo de que el emperador «introdujese cambios drásticos en las formas y procedimientos tradicionales de gobierno» o «centrase su atención en asuntos de Italia o el Mediterráneo con mayor frecuencia», amenazaba alienar al líder franco.
Tanto para el Papa como para Carlomagno, el Imperio Romano seguía siendo un poder importante dentro de la política europea de la época y aún conservaba una parte importante del territorio de Italia, con fronteras no muy lejos de la mismísima ciudad de Roma (se trata del imperio al cual la historiografía ha denominado Imperio Bizantino puesto que su capital era Constantinopla (la antigua Bizancio) y su pueblo y gobernantes eran griegos; era completamente un estado helénico). Ciertamente, Carlomagno estaba usurpando las prerrogativas del emperador romano en Constantinopla, en primer lugar, con el sencillo acto de poder juzgar al Papa:
¿Por quien, no obstante, podría él [el Papa] ser juzgado? ¿Quién, en otras palabras, estaba cualificado para emitir un juicio acerca del Vicario de Cristo? En circunstancias normales la única respuesta posible a esta pregunta sería el emperador de Constaninopla; pero en ese momento Irene ocupaba el trono imperial. Que la emperatriz fuera famosa por haber cegado y asesinado a su propio hijo era algo, para León y Carlos, irrelevante: simplemente ella era una mujer. Ellos dos creían que el sexo femenino era incapaz de gobernar, y la tradición sálica impedía hacerlo. Por lo que respecta a Europa Occidental, el trono bizantino estaba vacío: Irene no era más que una prueba, si es que se necesitara alguna más, del envilecimiento en el que había caído el Imperio Romano.
John Julius Norwich Byzantium: The Early Centuries, pag. 378
Coronación de un rey idealizado, presente en el sacramentario de Carlos el Calvo (c. de 870).
Por ello, para el Papa «no había ningún emperador en el trono bizantino en esa época». No obstante, Henri Pirenne pone en duda esta cuestión al afirmar que la coronación «no se vio alterada por el hecho de que en ese momento una mujer estuviera reinando en Constantinopla. Desde 727, el papado había mantenido una tensa relación con los predecesores de Irene en el trono de Constantinopla; esta tensión diplomática había sido provocada por la adhesión de los bizantinos a la cultura iconoclasta y la destrucción de imágenes cristianas. En 750, el poder secular del Imperio Bizantino en Italia Central había sido anulado. Al conceder la corona imperial a Carlomagno el Papa se arrogaba a si mismo «el derecho de nombrar al emperador de los romanos, haciendo de la corona imperial un regalo personal suyo, y al mismo tiempo concediéndose de forma implícita una cierta superioridad sobre un emperador al que él mismo había creado.» Además «los bizantinos se habían mostrado incapaces de hacer honor a su posición militar, doctrinal y políticamente, por lo que el Papa estaba en la obligación de reemplazarlos por un monarca occidental: un hombre que por su sabiduría, su capacidad política y su poder territorio se destacara por encima de sus coetáneos.»
Representación de la coronación imperial de Carlomagno.
Con la coronación de Carlomagno «se mantenía la unidad del Imperio Romano, y los dos [Carlomagno y León] tenían la responsabilidad de mantener su cohesión, con Carlos como su emperador.» Aunque existía la posibilidad «de que la coronación, con todo lo que implicaba, sería airadamente rechazada en Constantinopla. Observando las circunstancias del nombramiento de Carlos desde un punto de vista realista, el Papa y el propio Carlomagno debieron darse cuenta de que existían pocas posibilidades de que los bizantinos aceptaran al monarca de los francos como su emperador. Alcuino habla esperanzadamente en sus cartas de un Imperiun Christianum («Imperio Cristiano») en el que, «del mismo modo que en el Imperio Romano, los habitantes estaban unidos por una ciudadanía común». Asimismo, la responsabilidad de mantener una unidad imperial recaería en la fe cristiana. Pirenne comparte este punto de vista al afirmar que «Carlos era el emperador de la ecclesia concebida por el papado, de la Iglesia Romana, reconocida como la Iglesia universal.
Independientemente, de acuerdo con los escristos del cronista Teófanes, la primera reacción de Carlomagno tras su coronación fue enviar una embajada a Irene a través de la cual la proponía matrimonio. Inesperadamente, la reacción de la basilissa fue favorable a este enlace ya que la ayudaría a consolidarse en el trono. Sólo el rechazo de los bizantinos a esta unión y la concepción de una conspiración que tenía como objetivo derrocar a Irene y nombrar emperador a Nicéforo - cosa que finalmente ocurriría - hicieron a Carlomagno abandonar los planes de boda. Tras este fracaso, Carlomagno redujo al mínimo el alcance de su título e hizo que el pueblo se dirigiera a él como «rex francorum el langobardum» («rey de los francos y los lombardos»).
El título de emperador se mantuvo en su familia durante todo su reinado y el de su hijo, siendo abandonado tras el conflicto que enfrentó a los descendientes de Luis por alcanzar la supremacía del estado franco. No obstante, el papado no olvidó el título ni renunció a su derecho de concederlo. Cuando la dinastía carolingia cesó de producir herederos considerados «dignos», el Papa optó por coronar a cualquier líder italiano capaz de protegerle de sus enemigos. La arbitrariedad que caracterizaba a la concesión del título abrió la puerta - como era de esperar - a su desaparición durante casi cuarenta años (924 - 962). Finalmente, en la Roma de una Europa radicalmente diferente a la de Carlomagno, el Papa volvió a coronar (962) a un «emperador romano». Este nuevo emperador, Otón el Grande, vinculó este título a los monarcas alemanes durante casi un milenio, ya que la historiografía le considera el primer representante del Sacro Imperio Romano Germánico. Otón era el sucesor de Carlomagno, y por ende, el de Augusto.


Impacto cultural

El nombre y la figura de Carlomagno son y han sido atemporales. El autor de Visio Karoli Magni - escrita c. de 865 - emplea extractos de la obra de Eginardo y datos obtenidos a partir de sus propias observaciones acerca del declive de la familia de Carlomagno tras las disensiones internas que desembocaron en una guerra civil (840 - 3) como base para escribir acerca de una visión en la que se le apareció el espíritu de Carlos.
La Coronación de Carlomagno, by assistants of Rafael , circa 1516-1517.
Carlomagno - que se convirtió en un modelo de caballero al formar parte de los Nueve de la Fama - ejerció un profundo impacto en la cultura europea. La materia de Francia, uno de los más importantes ciclos literarios medievales, tiene en Carlomagno a uno de sus personajes centrales; además, en el famoso Cantar de Roldán se narra la batalla de Roncesvalles, en la que combatieron el célebre Roldán y los paladines franceses análogos a los caballeros de la Mesa Redonda de la corte del Rey Arturo. Dichos cuentos constituyen el primer cantar de gesta.
En el S. XII se reconoció su santidad dentro de las fronteras del Sacro Imperio Romano. Su canonización - oficiada por el antipapa Pascual III a fin de obtener el favor de Federico Barbarroja (1165) - no fue reconocida por la Santa Sede, que anuló todas las ordenanzas de Pascual tras la celebración del Tercer Concilio de Letrán (1179). No obstante, finalmente se confirmará su beatificación.
Se ha afirmado que Carlomagno apoyó la inserción del filioque en el Credo de Nicea. Los francos habían heredado la creencia visigoda de que el Espíritu Santo procedía de Dios Padre y del Hijo (Filioque); y durante el reinado de Carlomagno, los francos obviaron lo estipulado en el Concilio de Constantinopla y declararon que el Espíritu Santo sólo procedía del padre. El Papa León III se opuso a dicha creencia e hizo tallar el Credo de Nicea en las puertas de la Basílica de San Pedro sin la ofensiva frase; la insistencia de los francos desembocó en un declive de las relaciones entre Roma y Francia. No obstante, la Iglesia Católica acabó adoptando esta frase, enemistándose esta vez con Constantinopla. Este hecho es contemplado como uno más de los muchos precursores del Cisma de Oriente, sucedido siglos más tarde.
En La Divina Comedia su espíritu se aparece a Dante en el «infierno de Marte» acompañado de otros «soldados de la fe».
Según la etimología popular El carro de la constelación de la Osa Mayor recibía el nombre de «El carro de Carlos» (Charles's Wain) en honor a Carlomagno.
Los voluntarios franceses de la Wehrmacht y la ulterior Waffen-SS se organizaron durante la Segunda Guerra Mundial en una unidad llamada 33ª División de Granaderos SS Voluntarios Charlemagne. Una unidad alemana de la Waffen-SS empleó el nombre de «Karl der Große» durante el año 1943, pero acabó llamándose 10ª División Panzer SS Frundsberg.
La ciudad de Aquisgrán concede desde 1949 un permio internacional - llamado Karlspreis der Stadt Aachen - en su honor. Se galardona anualmente a los «hombres de mérito que han promovido la idea de una unidad occidental a través de sus esfuerzos políticos, económicos y literarios». Entre los laureados se encuentran el Conde Richard Coudenhove-Kalergi, fundador del movimiento paneuropeo, Alcide De Gasperi, y Winston Churchill.

Familia

Matrimonios y herederos


Carlomagno engendró veinte hijos con ocho de sus diez esposas o concubinas conocidas.

* Con Himiltruda mantuvo su primera relación, cuya naturaleza suele describirse como un concubinato, un matrimonio legal o un friedelehe.Carlomagno la hizo a un lado cuando se casó con Deseada; de esta unión nacieron dos hijos:
o Amaudru, una niña.
o Pipino el Jorobado (c. 769 - 811)

* En 770 contrajo matrimonio con Desiderata, hija del rey de los lombardos Desiderio; dicho matrimonio será anulado en 771.
* Ulteriormente se casó con Hildegarda (757 o 758-783). El matrimonio, acaecido en 771, terminó con la muerte de ésta (783). De este matrimonio nacieron nueve niños:
o Carlos el Joven (c.772 - 4 de diciembre de 811). Duque de Maine, y coronado rey de los francos el 25 de diciembre de 800.
o Carlomán, rebautizado como Pipino (abril de 773 - 8 de julio de 810). Monarca italiano.
o Adalhaid (774). Nació mientras sus padres se encontraban de campaña en Italia. Se le envió a Francia, mas murió antes de llegar a Lyon.
o Rotruda (or Hruodrud) (775 - 6 de junio de 810)
o Luis (778 - 20 de junio de 840). Gemelo de Lotario. Coronado rey de Aquitania (781), sacro emperador romano (813) y emperador senior (814).
o Lotario (778 - 6 de febrero de 779/780). Gemelo de Luis. Falleció durante su infancia.
o Bertha (779 - 826)
o Gisela (781 - 808)
o Hildegarda (782 - 783)
* Contrajo matrimonio con Fastrada desde 784 hasta la muerte de ésta (794). Fruto de este matrimonio nacieron:
o Teodrada (784 - ?), abadesa de Argenteuil.
o Hiltruda (787 - ?)
* Su última esposa fue Lutgarda, con la que se casó en 794. No nació ningún hijo de este matrimonio.

Concubinatos e hijos ilegítimos

* Su primera concubina conocida fue Gersuinda. Con ella tuvo:
o Adeltruda (774 - ?)
* Su segunda concubina conocida fue Madelgarda. Con ella tuvo:
o Rutilda (775 - 810), abadesa de Faremoutiers
* Su tercera concubina conocida fue Amaltrud of Vienne. Con ella tuvo:
o Alpaida (n.794)
* Su cuarta concubina conocida fue Regina. Con ella tuvo:
o Drogon (801 - 855). Arzobispo de Metz desde 823 y abad de Luxeuil.
o Hugo (802 - 844), archicanciller del Imperio.
* Su quinta concubina conocida fue Adelinda. Con ella tuvo:
o Richbod (805 - 844). Abad de Saint-Riquier.
o Teodorico (807 - ?)



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