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¿Quién era John Templeton?
¿Quién era John Templeton?
Sobre John Templeton se han escrito libros. El mismo volcó al papel en sus libros sus exitosas recetas para ganar dinero en las inversiones y triunfar en el plano personal. Actualmente tiene más de 90 años de edad y naturalmente como era de esperar, vive retirado del negocio y disfruta desde hace muchos años, de la vida y los dolares en un paraiso llamado... Bahamas.
El anciano Sir John Templeton, a quien la reina de Inglaterra le otorgó la orden de la nobleza en pomposa ceremonia, pasa sus dias en un lujoso palacio, blanco como la nieve, con vistas al mar Caribe y en cuyas paredes cuelgan oleos de importantes artistas de nuestro tiempo y cuyo valor no está al alcance de cualquier mortal.
Templeton es considerado en los Estados Unidos como el maestro de las inversiones bursátiles. Empezó su carrera en Wall Street en 1937. En 1999 la revista Money lo calificó como "el más grande seleccionador de acciones globales del siglo (the greatest global stock picker of the century)".
En 1954 Templeton creó un fondo de inversiones que hasta hoy dia lleva su nombre, el Templeton Growth Fund . Y el cual desde entonces es considerado uno de los mejores fondos de inversión globales del mundo. Si cuando usted nació, allá por 1954-55, su padre hubiera invertido 10.000 dolares en el Templeton, hoy usted sería el feliz poseedor de unos 4 millones de dolares.
Ello representa una perfomance anual de más del 15% de rentabilidad. Y durante más de cuarenta años. Un verdadero record absoluto! En 1992 Templeton, quien en entonces administraba 20.000 millones de dolares, vendió sus varios fondos de inversiones a la compania inversora Franklin Group. De golpe y porrazo la cuenta bancaria de John Templeton se incrementó en 440 millones de dolares.
Y claro, con esa montaña de dolares... ¿quien no se retira? Desde entónces Templeton disfruta de una vejez tranquila y sin sobresaltos. El multimillonario anciano no considera indispensable estar en Nueva York para llevar a cabo el trabajo, ya que con la computadora, actualmente, se tiene acceso a todo el tipo de información que uno necesita para estar actualizado al instante y operar exitosamente.
Y además opina que estar alejado del centro del bullicio y el nerviosismo de Wall Street facilita tomar decisiones de inversión. De acuerdo a Templeton la receta para el exito es simple: Con el tiempo uno puede ser rico si ahorra dinero mensualmente. Pero no poniendo las monedas o los billetes en el chanchito o debajo del colchón, sino en un fondo de inversiones.
Ya desde pequeño, cuando Templeton ganaba sus monedas en la bolsa, corriendo de aqui para allá como chico de los mandados, ahorraba la mitad de cada dolar ganado. Tenía las cosas claras. Y si de ahorrar se trataba, entonces acciones de empresas y no solo de aquellas que cotizaban en Wall Street, sino las mejores de todo el mundo, de distintos rubros y paises.
Y cuando de elegir se trataba, a Templeton, además de los nombres más rutilantes en el mundo de los negocios, lo fascinaba comprar a precios de liquidación. John Templeton y sus casi 3.000 empleados analizaban permanentemente y tenian bajo la lupa a más de 1.000 empresas de todo el mundo.
Criterios utilizados para llenarse de dolares: Títulos con potencial, de bajo valor y que la bolsa aún no haya descubierto.
¿La gallina de los huevos de oro? El exito le dió la razón.
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¿Quién era Andre Kostolany?
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¿Quién era Andre Kostolany?
El más joven de cuatro hermanos, André era hijo de un industrial adinerado de Budapest, donde nació en 1906. Analista financiero y especulador. Siempre elegante e impecablemente vestido, un verdadero gentleman. Conservó su estado físico y mental en plenas condiciones hasta los últimos días de su vida. Además, era astuto como pocos. Escribió muchos libros volcando en ellos todas sus aventuras, sus conocimientos y sabiduría. Fueron 75 años de bolsa. Casi nada!
Su más conocida frase, su más asiduo consejo era: comprar títulos, acciones de empresas, tomarse unas pastillas para dormir durante 20/30 años y cuando uno despierta, voilà! es millonario. Su vida estuvo rodeada de lujos y excentricidades y entre sus amistades y conocidos se encontraban el genial compositor Richard Strauss, el escritor Ernest Hemingway y el gran economista americano Milton Friedman.
De entre sus operaciones bursátiles destaca por encima del resto la de los empréstitos de la compañía Young. Rápido como un zorro y conocedor de la mentalidad y el temple teutón, divisó una oportunidad inigualable y compró en la bolsa de París empréstitos de dicha empresa al 5,5%. Una apuesta fuerte y que lo podía arruinar totalmente. Algunos años después, cuando la nueva Alemania era algo más que una promesa, los mismos títulos que compró a 250 francos franceses cotizaban a 35.000. Cada uno! Una verdadera fortuna!
Toda una vida dedicada a la especulación en los mercados bursátiles
Cómo buen especulador, a pesar de acabar sus días como millonario, pasó por la cruda experiencia de la ruina y hundido en sus deudas llegó a pensar en el suicidio. La especulación y sobretodo la pérdida total del capital invertido eran conceptos que André conocía perfectamente. Cuando nuestro protagonista era aún muy joven, su hermano Emmerich, que en aquel entonces era empleado de banca, se sintió también arrastrado por la fiebre de la especulación y en compañía de algunos amigos, especuló en commodities. Al principio, todo pareció irles bien. Sin embargo, cuando el mariscal de campo Hindenburg derrotó a los rusos en Tannenberg, Prusia Oriental, sobrevino una gran caída bursátil, en la que Emmerich no sólo perdió todo lo invertido, sino que acabó hipotecado hasta las cejas. Cuando en esa dramática situación, Emmerich empezó a hablar de suicidio, su padre tuvo que liquidar las deudas y no se volvió a mencionar la palabra especulación en la familia Kostolany.
Tras el desafortunado acontecimiento se produjo un movimiento en los mercados que elevó la cotización de la cartera de Emmerich, pasando de una situación de ruina al haber liquidado las posiciones a una posición de grandes beneficios si hubiera tenido la capacidad financiera suficiente para aguantar el golpe bajista, eso le enseñó a André una gran lección: “En la bolsa las cosas ocurren al principio de manera distinta a como se pensó y sólo después se enderezan y suceden como se había esperado. Cuando, pese a todo, se gana dinero en la bolsa, es el salario del dolor, primero llega el sufrimiento y después el dinero”.
Sus estudios en Historia y Filosofía del Arte cursados en Budapest no le guiaron profesionalmente, pero le acercaron a lo que durante toda su vida fue su válvula de escape para la especulación: La música y el arte.
Según palabras del propio Kostolany: “Siempre he tomado las mejores decisiones sobre el mercado escuchando música clásica. Eso ha quedado demostrado en la práctica con bastante frecuencia. Lo principal es mantenerse al margen de la opinión generalizada”. Para André el dinero era algo perecedero, mientras que el arte siempre será eterno.
André también descubrió en una etapa temprana de vida como especulador, que la única forma de sobrevivir en el mercado es mediante un pensamiento independiente, que nos haga obviar los cientos de consejos bursátiles que están al alcance del inversor. Durante la década de 1930, André disfrutaba de unas vacaciones de invierno en la estación de esquí de St. Moriz, por aquel entonces símbolo de lujo y riqueza. Era el punto de encuentro de las altas finanzas internacionales, de los artistas de cine y, en definitiva, de las más destacadas personalidades del mundo. Nuestro protagonista tras sus éxitos en el mercado acudía a dicha estación a observar a los magnates para intentar arañar algún sabio consejo o información privilegiada. Entre los personajes de la época estaban André Citroën, el rey del automóvil, Sir Henry Deterding, que era dueño y señor del consorcio Royal Dutch-Shell, Walter C. Teagle, presidente de la Standard Oil, Charlie Chaplin y una larga lista de personajes a los que André observaba como si de un detective se tratara.
Entonces, por efecto del azar se produjo lo que André llevaba tanto tiempo esperando, su labor de investigación daba sus fruto cuando una tarde, uno de los botones del hotel llamó a la puerta de la habitación de André, entregándole un telegrama que confirmaba el encargo de un gran paquete de acciones de Royal Dutch en todos los mercados del mundo por un importe total de varios millones de florines. Al principio, André no entendía bien el significado del telegrama y al volver a leerlo descubrió que el destinatario del mismo era el Dr. Mannheimer. Los empleados del hotel se habían equivocado en el número de la habitación, otorgándole a nuestro protagonista un increíble secreto que sin duda le haría ganar grande sumas de dinero. Tras devolver el telegrama para no desatar sospechas, Kostolany tomó una gran posición en Royal Dutch, mucho más dinero del que normalmente dedicaba a cada posición, pero que más da, si es una opción segura, un caballo ganador.
Tras la compra de la acciones, éstas no pararon de bajar hasta llegar a un valor que suponía un tercio del precio de compra, esto le demostró a Kostolany que debía fiarse, exclusivamente, de sus propias opiniones y no dejarse llevar por chismorreos, aún cuando éstos vengan de grandes financieros o personas muy adineradas.
Su método de especulación se basaba en la opinión contraria. Subirse al tren cuando todos bajan, cuando cunde el pánico, cuando todo el mundo se saca los papeles de encima y las cotizaciones se derrumban, cuando todos venden a cualquier precio, para limitar pérdidas o por miedo, cuando los inversores se desprenden de los títulos como si los mismos tuvieran lepra. En ese momento es cuando hay que pegar el manotazo, para después vender todo en plena euforia, cuando las cotizaciones hayan explotado, cuando los títulos son recomendados hasta en la peluquería, cuando se recomiendan acciones en todos los medios y revistas, cuando se habla de ganar plata en la bolsa hasta en las iglesias y en los almacenes. Entonces hay que vender todo. Sacarse de encima hasta los papeles más queridos y amados.
Reticencias morales ante el lado corto del mercado
Como buen especulador, André Kostolany, dominaba tanto el lado largo como el corto, conocía perfectamente la posición corta y la utilizaba en beneficio propio sin importarle las razones morales que algunos aducían en aquellos tiempos. Se consideraba antipatriótico especular a la baja y eso es algo que viviría André crudamente durante el gran crack bursátil de Octubre de 1929. En aquel desastre financiero, Kostolany había estado en el lado correcto del movimiento, generando unas enormes plusvalías en posición corta, que contrastaban con las pérdidas que habían sufrido muchos de sus compañeros, que en la mayoría de los casos se habían arruinado o habían perdido sus empleos. André se podía permitir cualquier lujo, cualquier restaurante, cualquier hotel, sin embargo, ¿con quien iba a compartir esos momentos?, ¿podría sonreír mientras todos estaban tristes y malhumorados?, y en definitiva de que le servía el dinero si no podía disfrutar de él. En aquellos momentos André no se atrevía a ser feliz y empezó dudar de la filosofía de inversión en posición corta. La gota que colmó el vaso y que le convenció de no volver a especular a la baja sucedió en París.
Era Sábado por la tarde y no había otra diversión en la ciudad que acudir las oficinas de un amigo norteamericano que era agente de bolsa (Hentz and Co.). La jornada bursátil, en los Estados Unidos, contaba con dos horas de negociación durante los sábados, de diez a doce de la mañana. En medio de la apatía general del mercado, un solo valor había sido objeto de grandes transacciones, se trataba de Kreuger y Toll, una empresa Sueca dedicada al negocio de las cerillas. La idea de Ivar Kreuger, rey sueco de las cerillas era tan simple como inteligente. Los países de Europa central y oriental necesitaban dinero y Kreuger estaba dispuesto a facilitárselo. Como compensación, exigía la concesión del monopolio de fósforos, lo cual le aseguraba grandes beneficios. A tal efecto la empresa comenzó a emitir empréstitos para obtener el capital que necesitaba para pagar a los países que precisaban capital, la mayoría de los empréstitos suscritos fueron a parar al otro lado el Atlántico. La operación parecía razonable y realizable, si no hubiera sido por la escasa solvencia de los deudores de esta operación: Alemania, Hungría, Rumanía, Yugoslavia y Polonia. Los acontecimientos políticos acabaron consumando la catástrofe que acabó con el suicidio de Ivar Kreuger y el correspondiente desplome bursátil, que una vez más le reportó pingües beneficios a André Kostolany, aunque en esta ocasión el escenario era diferente y se trataba de un dinero manchado por la sangre del ingeniero Kreuger y esto le hizo abandonar para siempre la especulación en el lado corto del mercado.
El legado de André Kostolany. Sus libros y su labor de formación
De entre sus numerosas publicaciones me gustaría destacar dos: “El fabuloso mundo del dinero y la bolsa” y “Estrategia Bursátil”, ambos libros publicados por la editorial Plantea en la década de los 80. En el primero el autor narra sus experiencias en la especulación bursátil y nos ofrece un excepcional paseo por más de 5 décadas de mercados financieros unido a la historia de Europa del siglo XX. André nos narra con gran detalle las fiebres especuladoras de siglos anteriores, desde la tulipmanía hasta la compañía de los mares del sur, así como los cracks del siglo XX, especialmente el de 1929 que vivió en toda su crudeza. A continuación expongo un párrafo del citado libro que nos habla de dicho crack y que no tiene desperdicio.
Los norteamericanos, con su debilidad por las estadísticas, tanto en los buenos tiempos como en los malos, no pudieron resistir la tentación de expresar en cifras la extensión de la catástrofe:
■ 123.884 especuladores de éxito, que hasta entonces iban en Cadillac, tuvieron que empezar a ir a pie.
■ 173.397 hombres casados, tuvieron que librarse de sus queridas, un lujo que no podían seguir permitiéndose, y tuvieron que regresar con sus confiadas esposas.
■ La fábrica de moneda tuvo que emitir 111.835.248 monedas de cinco centavos para uso de gentes que antes nunca habían viajado en metro y no llenaban sus adinerados bolsillos de calderilla.
En la década de los 70, Gottfried Heller, le propuso a André abrir su experiencia bursátil al gran público mediante la celebración de seminarios. La formación le llegó a nuestro protagonista en su etapa de pensionista y el objeto de los seminarios impartidos era algo desconocido en Alemania. El primero se celebró en Octubre de 1974 en Munich y asistieron sólo 30 personas, sin embargo, la habilidad de André para transmitir sus conocimientos y experiencias sobre el mundo bursátil se extendió rápidamente y en los aproximadamente 100 seminarios celebrados, más de 15.000 asistentes tuvieron el privilegio de recibir las enseñanzas de este gran maestro. El resultado de todos estos seminarios y conferencias en universidades e instituciones financieras fue la formulación de centenares de preguntas que Kostolany acabó publicando, junto con sus respectivas respuestas, en su obra “Estrategia Bursátil”.
Su método de especulación no tenía en cuenta el análisis técnico, al que desprecia constantemente en su libros, ni cualquier otro método cuantitativo, se fiaba de su intuición e instinto y por lo resultados obtenidos, queda claro que su olfato para la bolsa y la especulación tenía esperanza matemática positiva. Si tuviéramos que nombrar a un sucesor del más grande especulador de todos los tiempos, Jesse Lauriston Livermore, sin uda, André Kostolany sería el elegido. Falleció el 14 de Septiembre de 1999 en París a los 93 años.
Extraído de la Revista:
Gestión Alternativa
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¿Quién es Peter Lynch?
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¿Quién es Peter Lynch?
Peter Lynch es considerado como uno de los mejores y más exitosos inversores y managers de fondos de inversiones de todos los tiempos. Para muchos, su trayectoria en el mundo bursátil de los Estados Unidos no fué muy excitante, pero si sumamente exitosa. Peter Lynch, con una cabellera plateada e inconfundible que refleja experiencia y el paso de los años, es para sus admiradores una de las leyendas vivientes (como tantas otras en los Estados Unidos) de nuestro tiempo.
Y no sin razón. Peter Lynch, administró durante 13 años, desde 1.977 hasta 1.990, el más grande e importante fondo de inversiones en los Estados Unidos, el Magellan Investment Fund, de Fidelity Investment, una de las más poderosas empresas de inversiones en el mundo. Aquel que le confiara a Lynch 10.000 dolares al comienzo de su gestion, 13 años despúes tendría en su cuenta nada menos que 280.000 dolares.
Filosofía de inversión de Peter Lynch
La filosofia que Peter Lynch utiliza para sus inversiones, ha logrado para cientos de miles de inversores y pequeños ahorristas que confiaron sus dolares a Fidelity, una ganancia anual promedio del 27 %. Y la estrategia es similar a las que utilizan otros exitosos inversores en Wall Street como Buffet o Templeton, quienes con sus métodos de inversiones lograron y logran aún, hacer felices y ricos a muchos Americanos.
Peter Lynch aconseja a los ahorristas invertir a largo plazo ya que asi se obtienen las mejores y más seguras ganancias. Las empresas están destinadas y programadas para crecer. Las mejores firmas obtienen año tras año excelentes y crecientes beneficios, lo que a su vez impulsa la cotización de los títulos hacia arriba. En Wall Street se vé con muy buenos ojos las ganancias que crecen.
Peter Lynch tambien aconseja tener paciencia y no dejarse enloquecer con las piruetas de los mercados y las cotizaciones que caen. Otros gurúes siguen la misma receta inversora, y se han convertido en leyendas. En que se basa el exito de Peter Lynch? Se preguntará usted. Acaso tiene la bola de cristal ? Es un vidente ? Es un genio de las finanzas ? Un superdotado matemático ? Es acaso un estratega genial y visionario ? Un Pai Umbanda ?
Nada de eso. Posiblemente, Peter Lynch al invertir lo haga con un muy afinado sentido comun. Y el mismo nos dá un indicio de que no hace falta ser mago para invertir el dinero en forma exitosa. Peter Lynch lo dijo: Invierto en títulos de empresas que podría gestionar hasta un idiota. Lo importante es un excelente producto y una buena marca.
Y Peter Lynch, para verificar los productos de las empresas donde invertía, visitaba supermercados regularmente y tambien negocios especializados. Peter Lynch charlaba atentamente con clientes y empleados tratando de evaluar si los mismos estaban contentos y satisfechos con los productos de las firmas elegidas. Un procedimiento simple para de ésta manera lograr una impresión real de los riesgos y chances en la inversión.
Algunos tips de Peter Lynch: Comprar títulos de empresas que uno conoce, asumir la responsabilidad para invertir y no ceder las decisiones a otros, informarse permanentemente. Actualmente Peter Lynch vive retirado de los vaivenes en Wall Street. El guru de las inversiones posee una caótica oficina en Boston, donde recibe a sus visitas, y cuyo escritorio es un reverendo despelote de planillas, papeles, informes y charts.
Peter Lynch es miembro del consejo de administración de Fidelity y se dedica a juntar dinero y aportes para organizaciones dedicadas a obras de caridad. La imagen de Peter Lynch aparece en los distíntos medios gráficos y en television publicitando los fondos-productos de Fidelity. Posee un buen pasar (Usted se lo debe imaginar) y una abultada y jugosa cuenta bancaria. Tiene la vejez asegurada. En sus ratos libres se dedica a disfrutar de la familia, sus hobbies y los millones.
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¿Quién era Jesse Livermore?
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¿Quién era Jesse Livermore?
Nacido en South Acton, Massachusetts, en 1877, hijo de un granjero, dejo la escuela en sus primeros años de adolescencia y viajó a Boston donde se convirtió en “Board Boy” (que podríamos traducir como Pizarrero) trabajando para Paine Webber, su trabajo consistía en actualizar los precios de los bonos, acciones y Commodities en una pizarra. Como Livermore escribía todos los cambios en los precios se dio cuenta de que los mismos, a menudo se movían de manera predecible, concluyendo que se podía batir al mercado y de esta forma ganar mucho dinero.
Por aquel entonces, Livermore no ganó el suficiente dinero para operar en acciones, así que empleó la hora del almuerzo para ir a los “Bucket Shops”, que no eran más que casas de apuestas, entre otras cosas, sobre el precio de las acciones y commodities. Allí es donde trató de hacer dinero pronosticando la dirección de los precios tanto de acciones como de materias primas, para hacer 1.000$ cuando tan solo tenía 15 años, cantidad más que considerable en aquella época. Después de ignorar el aviso de su jefe en Paine Webber, de mantenerse al margen de estos establecimientos, Livermore fue despedido.
El “Boy plunger”era ahora un trader a tiempo completo. Tal fue su éxito que le fue prohibida la entrada en los “Buckets Shops” de Boston, por lo que Livermore se fue a la costa Oeste, donde hizo 50.000 $, aunque pronto tuvo que disfrazarse y emplear nombres falsos para evitar las prohibiciones de entrada que también allí le establecieron. Más tarde se marcho a Nueva York, donde con 20 años, Livermore comenzó su carrera como uno de los más grandes operadores de todos los tiempos. En 1906 recibió un consejo de ponerse corto en la compañía “Union Pacific” y lo hizo de manera abrumadora, después el valor empezó a subir colocándose en una situación más que complicada, pero el terremoto de San Francisco provocó el desplome del valor, dejando la cuenta de Livermore con 250.000$ de beneficio. Además de este beneficio, también le enseñó una buena lección sobre los consejos ajenos.
En 1907, se ganó a pulso su reputación de “Bear Raider”, operando siempre del lado bajista del mercado en grandes cantidades. Se dice incluso, que el todo poderoso J. P. Morgan, le mandó mensajes a través de intermediarios para pedirle que redujera su volumen de operativa. William Delbert Gann, en su libro “45 años en Wall Street “ Página 117), describe a Livermore como “uno de los traders más espectaculares de su época”. Gann afirmaba que Livermore era un hombre honorable que “pensaba en pagar sus deudas incluso después de ser declarado en quiebra por las autoridades”.
De hecho, Livermore y otros muchos traders e inversores, incluyendo al propio Gann, en una ocasión, perdieron todo su dinero cuando la firma de corretaje “Murray Mitchel and Company” cerró en 1913. Según Gann “en 1917 cuando Livermore regresó e y hizo de nuevo una fortuna, no sólo me devolvió la parte proporcional que perdí, sino que pagó a todos los demás también”. Gann añade “Esto fue algo realmente honorable por lo tanto debido a la honestidad de Livermore, en 1934 cuando estaba en quiebra, le apoyé consiguiendo recopilar fondos de otra gente para dárselos a él. Livermore volvió a operar haciendo dinero una vez más”.
La principal crítica de Gann sobre Livermore era que éste sólo había estudiado para saber como hacer dinero, pero no para mantenerlo. Como Gann decía: “el tenía la codicia y la energía necesarias para el éxito, pero cuando tenia una cantidad de dinero considerable, no operaba de forma conservadora. Livermore probaba su propia operativa en el mercado en vez de esperar a que apareciese la tendencia natural que el mercado nos muestra en numerosas ocasiones”. En palabras de Gann, Livermore era un fantástico trader, pero un pésimo gestor monetario.
El éxito de Livermore
El éxito que tuvo Livermore, le proporcionó un estilo de vida que muchos sólo se podían imaginar en sueños. El delgado y rubio especulador se compró un yate de 200 pies, de nombre Anita, salió con mujeres famosas, incluyendo actrices como Lillian Russell. Sus hazañas operando pronto llegaron a ser bien conocidas por todo el mundo, incluso la gente comentaba “eres tan rico como Jesse Livermore”. Durante la primera guerra mundial, Livermore pronosticó que el café experimentaría una sustancial subida, lo que le llevo a tomar posiciones largas. Sus beneficios se contaban por millones de dólares, sin embargo los contratos de café se invalidaron, debido a que el gobierno creyó que Livermore se estaba beneficiando de los tiempos de guerra, lo que le llevó a arruinarse por tercera vez.
Como trader agresivo, Livermore hizo y posteriormente perdió, cuatro millones de dólares de su fortuna. La mayor parte del dinero fue hecho con prácticas que posteriormente se declararon ilegales por la comisión del mercado de valores americana (SEC), en el año 1930. La nueva regulación limitaba o prohibía las siguientes actividades:
- Utilizar información privilegiada
- Ocultar las posiciones de mercado.
- Arrinconar acciones para estrangular la oferta y la demanda.
- Controlar la información incorrecta y engañosa para que no sea publicada.
Livermore también llegó a ser muy conocido por su táctica de esperar hasta que la acción alcanzase el objetivo establecido donde se aseguraba unos beneficios considerables y luego se ponía en contacto con un periodista del “New York Times”, o de otros periódicos influyentes, para recomendar dicha acción, como una excelente compra. Después Livermore se deshacía de su posición de forma masiva, vendiendo en el frenesí comprador que había provocado el artículo del periodista. En pleno apogeo, se hizo con enormes posesiones inmobiliarias en varios países, así como coches de la prestigiosa marca Rolls Royce y yates. Se hizo famoso por sus espectaculares fiestas.
También tenía unas oficinas secretas en la Quinta Avenida, era allí donde Livermore hacia sus operaciones de gran escala, con numerosas líneas de teléfono y una línea directa de telegramas. La oficina tenía una enorme pizarra que sus oficinistas actualizaban constantemente, además también disponía de personal dedicado a la investigación. El propósito único de dicha oficina era el de facilitar la operativa y las actividades de inversión de Livermore.
Livermore y el crack del 29
En 1933, Livermore padeció la gran depresión de la época y después de hincharse a beber durante 26 horas, terminó en una comisaría de policía, ya que había perdido la memoria por completo. Una vez que se vio incapacitado para hacer dinero como lo hacia anteriormente, decidió vender sus secretos en forma de libro, “Como operar en acciones” que fue publicado en 1940 en dos versiones, una encuadernada en cuero y la otra en formato más sencillo, sin embargo el libro no logró su objetivo de atraer al público.
En ese mismo año, Jesse Livermore tras tomarse dos copas en el hotel “Sherry Netherland” en Manhatan, escribió una carta de ocho páginas a su tercera esposa diciéndole: “Mi vida ha sido un fracaso”.
El hombre que afectivamente fue conocido como “The boy plunger”, el “Gran oso” o el “Rey del algodón”, se dirigió al guardarropa del hotel, se sentó en una silla y se disparo un tiro en la cabeza. Así terminó la vida del que fue considerado el mejor trader de todos los tiempos, el hombre que hizo millones de dólares, dejando una herencia de menos de 10.000 dólares.
El New York Times en su editorial, escribió el siguiente epitafio sobre Jesse Livermore :
“..Qué cosas buenas hizo, qué daño causó, qué significaba la vida para él y para otros – todas estas cuestiones son para hacer una novela...
Se dejaba llevar por su pasión... Vivió en una época en que la especulación que llevaba a cabo venia a ser como la de aquellos chicos que arañan hasta el ultimo penique. .. No dejo nubes de gloria detrás suyo y tampoco dejo nada de miseria humana de la tanta que había creado anteriormente... La calle en la que operaba ya no es la misma que antes. Su muerte ha marcado el final de una era...”
El legado de Livermore
Jesse Livermore murió hace más de 60 años, dejando dos magníficos libros, “How to trade in stocks” y “Reminiscences of a stock operator”, que resumimos a continuación.
I. ”How to Trade in Stocks” (Como operar en acciones)
El libro “Como operar en acciones” fue editado en 1940, el año en el que Livermore murió. Se cree que escribió el libro como medida desesperada para ganar dinero. El libro trata sobre el proceso racional de la toma de decisiones de Livermore mientras operaba, los diez capítulos que lo componen son los siguientes:
1. El desafío de la especulación.
2. ¿Cuándo una acción actúa correctamente?
3. Sigue a los líderes.
4. El dinero en las manos.
5. El punto de giro.
6. La metedura de pata del millón de dólares.
7. La ganancia de tres millones de dólares.
8. Las claves de mercado según Jesse Livermore.
9. Reglas explicativas.
10. Gráficos y aclaraciones, claves de mercado para Livermore.
Seguidamente vamos a presentar algunas citas del libro de nuestro apreciado Livermore , estructuradas en temas:
“...El juego de la especulación es el más fascinante y poco rutinario del mundo. Pero no es un juego para estúpidos ni para perezosos mentales tampoco para hombres con un balance emocional poco equilibrado y menos para aventurarse a hacerse rico en poco tiempo. Si lo intentas de esta forma, te morirás pobre.” (Página 15).
1º- En lo que respecta a la importancia de aprender a como operar:
¿Acaso existe alguna manera para ganar rápidamente mucho dinero trabajando en Derecho o en Cirugía? (Página 15).
2º- Si hacemos referencia al propio trabajo que hace uno, pensando para sí mismo:
“...permíteme advertirte que los frutos de tu éxito serán directamente proporcionales a tu propio esfuerzo mental, conservando tus creencias y generando tus propias decisiones.”(Página 16).
3º- En lo que respecta a las mejores y peores operaciones llevadas a cabo por Jesse:
“La experiencia me ha demostrado que el verdadero dinero dentro del mundo de la especulación se hace dejando correr los beneficios desde el comienzo de la operación.”
“Los beneficios debemos de conservarlos, pero las pérdidas debemos evitarlas y cortarlas de raíz desde el comienzo.”
“Los beneficios debemos de conservarlos, pero las pérdidas debemos evitarlas y cortarlas de raíz desde el comienzo.”
4º- Dentro del libro encontramos citas sobre mantener una operación y sobre los deseos de uno de que llegue hasta un determinado nivel:
“Si mi valor no se comporta de la forma que había pronosticado, rápidamente cierro la operación, ya que pienso que todavía no ha llegado el momento de tomar posiciones”
5º- También hacía referencia a los denominados “blue chips”, que a pesar de gozar de buena reputación como instrumentos de inversión seguros, Livermore destacaba su peligro al igual que otro tipo de valor cotizado, para ello vamos a mostrar unos ejemplos de acciones de ferrocarriles, que por aquel entonces se decía que era más seguro, invertir en ferrocarriles que tener el dinero en el banco:
Nueva York, New Haven and Hartford Railroad
- Precio el 28 de Abril de 1902 – 255$. Precio el 2 de Enero de 1940 – 0.5$.
Chicago, Milwaukee & St. Paul Roud
- Precio en Diciembre de 1906 – 199.62$. Precio el 5 de Enero de 1940 – 0.25$.
Chicago Northwesterm
- Precio en Enero de 1906 – 240$. Precio el 2 Enero de 1940 – 0.31$.
Great Northem Railway
- Precio el 9 de Febrero 1906 – 348$. Precio el 2 de Enero de 1940 – 26.63$.
(Página 24)
6º- Sobre el tema de comprar y mantener (buy & hold) las inversiones:
“Los especuladores de los mercados de acciones han perdido siempre dinero. Pero creo que la afirmación anterior se puede constatar con mayor seguridad que aquella que hace referencia al dinero perdido por los inversores que dejaron la posición abierta pensando que al final obtendrían beneficios” (Página 25).
“Desde mi punto de vista, los inversores son unos jugadores de apuestas. Realizan su apuesta, esperan, y si las cosas van mal pierden todo su dinero.” (Página 25).
“Desde mi punto de vista, los inversores son unos jugadores de apuestas. Realizan su apuesta, esperan, y si las cosas van mal pierden todo su dinero.” (Página 25).
7º- Acerca de aprender del pasado ya que la historia se repite:
“Las estructuras de los precios son recuerdos de figuras similares de precios pasados, que debes llegar a familiarizarte con ellas para poder predecir los precios futuros”.(Página 51).
8º- Algún consejo que podemos encontrar en el libro:
“Cuidado con la información privilegiada” (Página 58).
“... y si hubiera algún chivatazo fácil circulando por ahí, para hacer dinero fácil, nadie te lo va a decir para que te metas ese dinero en el bolsillo. (Página 58).”
“... y si hubiera algún chivatazo fácil circulando por ahí, para hacer dinero fácil, nadie te lo va a decir para que te metas ese dinero en el bolsillo. (Página 58).”
9º- Los gráficos nos cuentan la historia verdadera del valor.
“La única explicación por la que un especulador o inversor pediría razonamientos desde un principio sería sobre el funcionamiento del mercado. Cada vez que el mercado no se comporte de la forma que esperabas – esa es razón suficiente para cambiar de opinión y cerrar tu operación rápidamente... Recuerda, siempre hay una explicación por la que una acción actúa de una determinada forma. Pero también recuerda que corres el peligro de no llegar a familiarizarte con esas razones que mueven el mercado, o familiarizarte con ellas cuando sea ya demasiado tarde.” (Página 71)
II. “Reminiscences of a Stock Operador” (Recuerdos de un operador de acciones)
Es todo un clásico que supuestamente fue escrito por Edwin Lefevre en 1923, es sin duda el libro más popular jamás escrito sobre la especulación. Lefevre fue un periodista financiero y el libro fue dedicado a Jesse Livermore. Es supuestamente una novela acerca de un trader ficticio llamado Larry Livingston, escrita por el propio Jesse Livermore y revisada posteriormente por Lefevre. A pesar de ser uno de los libros de trading más divertidos y estar escrito en un estilo de novela, “Recuerdo de un operador de acciones”contiene todas las verdades del mercado.
Incluiremos algunos ejemplos:
“De hecho yo siempre hago dinero cuando realmente estoy seguro de que la acción se va mover de una determinada forma. Lo que realmente me ha jugado malas pasadas ha sido el no hacer caso de mis conocimientos bursátiles y jugar con mis emociones. Por lo tanto sólo opero cuando estoy seguro de que los precedentes van a jugar a mi favor.” (Página 14).
“..pasado un tiempo, oí a muchos miserables lamentándose, y a las antiguas estrellas del mercado diciendo que todos –excepto ellos mismos- se habían vuelto locos.” (Página 34)
“…y lo único que puede hacer alguien que esté equivocado es estar en lo cierto dejando de estar equivocado.” (Página 103).
“Pero en la práctica, un hombre equivocado tiene que guardarse mucho de muchas cosas, pero sobre todo de sí mismo” (Página 122).
“..pasado un tiempo, oí a muchos miserables lamentándose, y a las antiguas estrellas del mercado diciendo que todos –excepto ellos mismos- se habían vuelto locos.” (Página 34)
“…y lo único que puede hacer alguien que esté equivocado es estar en lo cierto dejando de estar equivocado.” (Página 103).
“Pero en la práctica, un hombre equivocado tiene que guardarse mucho de muchas cosas, pero sobre todo de sí mismo” (Página 122).
Ninguna librería financiera de cualquier especulador, puede dejar de incorporar una copia del libro “Recuerdos de un operador de acciones”. No nos extraña que muchos traders actuales hagan referencia regularmente a las citas de esta obra maestra.
Martín Zweig una vez dijo que: “Recuerdos de un operador de acciones”, es el mejor libro que jamás había leído. Además a aquellos que vienen a trabajar conmigo siempre les proporciono una copia del libro”.
Jack D. Schwager, autor de “Los Maestros del mercado” y “Los nuevos maestros del mercado”, dice del libro:
“En mis entrevistas con los 30 traders más famosos de nuestros tiempos, había algunas cuestiones que les planteaba en cada conversación. Algunas de estas cuestiones era por ejemplo, si ellos habían encontrado algún libro valioso que nos recomendasen para llegar a ser buenos traders y por supuesto la repuesta mas frecuente fue “Recuerdos de un operador de acciones”.
La mejor herencia que nos dejó Livermore fue por supuesto la historia de su vida. Debemos decir que era un hombre honorable y honrado que pagaba las deudas que legalmente no debería haber pagado. Por otro lado era un gran trader que usaba cualquier táctica legal para aumentar sus posibilidades de hacer dinero. Efectivamente, lo cierto es que en lo que sí coinciden tanto sus seguidores como sus detractores, es en el hecho de que era un gran especulador.
Autor: Alexey de la Loma, director de CursosBolsa.com
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