Quien dijo que murió Fernando Peña?
Alguien está Realmente Muerto, cuando nadie se acuerda de él.
Mientras alguien lea una sola página de su libro "Gracias por Volar Conmigo", mientras se escuche un MP3 con sus programas de radio, mientras imitemos a Palito, a La Mega, a Roberto Flores, a Martín Revoira Lynch, mientras su nombre suene... Quien puede decir que Fernando Peña está muerto?
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Carta de Fernando Peña a Luis D´Elia
Luis D’Elía, mucho gusto. Otra vez soy yo, Fernando Peña. No me presento porque ya me conocés y te encargás de presentarme solo: que me odiás porque vivo en San Isidro, porque soy puto, porque mi vida es así y asá. Por suerte no estoy solo en tu odio: odiás a toda la gente que vos considerás -quisiera saber por qué-’privilegiada’, ‘garca’, ‘oligarca’ y en general, cualquiera de la clase media para arriba, es merecedora de tu odio. Inclusive distinguís por el color de piel. Por suerte soy pelado y castaño, si fuera rubio de ojos celestes sería más merecedor de odio todavía. Yo quería pedirte perdón. Perdón por no ser como vos.
No todos podemos ganar $ 13.500 mensuales sin trabajar , como vos.
No todos tenemos chofer (tres choferes, si no me informaron mal), no todos tenemos 2 autos a nuestra disposición, no todos podemos romper una comisaría y que ni siquiera un fiscal te cite a declarar porque tiene miedo.
Tampoco todos tenemos la suerte que tenés vos de manejar cientos de planes sociales para manipular a los pobres, de tener viáticos por $ 100.000 al mes, de tener fondos para ‘comunicación social’ por $ 38.000 al mes.
No todos manejamos gastos de protocolo por $ 30.000 al mes.
No todos podemos pegarle a un ciudadano en la calle, cobardemente por la espalda (eso es de putos, te aviso), y al día siguiente estar sentado en el palco con la Presidenta, como ejemplo de ciudadano y civismo. Ojalá pudiéramos, así seríamos como vos y no nos odiarías.
Perdón por ser diferente a vos. Es que algunos tenemos que trabajar ¿sabés?
Vos pensá esto: la plata que ganás por mes sin trabajar, proviene de alguien que trabaja y paga los impuestos. De un maestro, de un laburante, de un ‘garca’, de un puto, de un pibe que vive en Barrio Norte, de un chacarero que vive en Santa Fe, de un kiosquero de Gonzalez Catán, y de mí, que laburo en una radio y pago mis impuestos .
Por eso te pido que no me odies ni me quieras matar (¿te acordás cuando dijiste que ‘los mataría a todos’?) porque si nos matás, ¿de dónde va a salir la plata que cobrás por mes? ¿Cómo te vas a mantener? ¿Con qué te vas a comprar las propiedades que estás amasando? ¿Quién te va a dar laburo? ¿Cómo vas a pagarte los pasajes aéreos para saludar a Chávez y a Evo y al presidente de Irán, al que defendés
Pensalo. atar al que te da de comer no es buen negocio.
Te saludo
Fernando Peña
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Carta a Cristina Fernandez de Kirchner
Cristina, mucho gusto. Mi nombre es Fernando Peña, soy actor, tengo 45 años y soy uruguayo. Peco de inocente si pienso que usted no me conoce, pero como realmente no lo sé, porque no me cabe duda que debe de estar muy ocupada últimamente trabajando para que este país salga adelante, cometo la formalidad de presentarme. Siempre pienso lo difícil que debe ser manejar un país... Yo seguramente trabajo menos de la mitad que usted y a veces me encuentro aturdido por el estrés y los problemas. Tengo un puñado de empleados, todos me facturan y yo pago IVA, le aclaro por las dudas, y eso a veces no me deja dormir porque ellos están a mi cargo. ¡Me imagino usted! Tantos millones de personas a su cargo, ¡qué lío, qué hastío! La verdad es que no me gustaría estar en sus zapatos. Aunque le confieso que me encanta travestirme, amo los tacos y algunos de sus zapatos son hermosísimos. La felicito por su gusto al vestirse.
Mi vida transcurre de una manera bastante normal: trabajo en una radio de siete a diez de la mañana, después generalmente duermo hasta la una y almuerzo en mi casa. Tengo una empleada llamada María, que está conmigo hace quince años y me cocina casero y riquísimo, aunque veces por cuestiones laborales almuerzo afuera. Algunos días se me hacen más pesados porque tengo notas gráficas o televisivas o ensayos, pruebas de ropa, estudio el guión o preparo el programa para el día siguiente, pero por lo general no tengo una vida demasiado agitada.
Mi celular suena mucho menos que el suyo, y todavía por suerte tengo uno solo. Pero le quiero contar algo que ocurrió el miércoles pasado. Es que desde entonces mi celular no deja de sonar: Telefe, Canal 13, Canal 26, diarios, revistas, Télam… De pronto todos quieren hablar conmigo. Siempre quieren hablar conmigo cuando soy nota, y soy nota cuando me pasa algo feo, algo malo. Cuando estoy por estrenar una obra de teatro –mañana, por ejemplo– nadie llama. Para eso nadie llama. Llaman cuando estoy por morirme, cuando hago algún “escándalo” o, en este caso, cuando fui palangana para los vómitos de Luis D’Elía. Es que D’Elía se siente mal. Se siente mal porque no es coherente, se siente mal porque no tiene paz. Alguien que verbaliza que quiere matar a todos los blancos, a todos los rubios, a todos los que viven donde él no vive, a todos lo que tienen plata, no puede tener paz, o tiene la paz de Mengele.
Le cuento que todo empezó cuando llamé a la casa de D’Elía el miércoles porque quería hablar tranquilo con él por los episodios del martes: el golpe que le pegó a un señor en la plaza. Me atendió su hijo, aparentemente Luis no estaba. Le pregunté sencillamente qué le había parecido lo que pasó. Balbuceó cosas sin contenido ni compromiso y cortó.
Al día siguiente insistí, ya que me parecía justo que se descargara el propio Luis. Me saludó con un “¿qué hacés, sorete?” y empezó a descomponerse y a vomitar, pobre Luis, no paraba de vomitar. ¡Vomitó tanto que pensé que se iba a morir! Estaba realmente muy mal, muy descompuesto. Le quise recordar el día en el que en el cine Metro, cuando Lanata presentó su película Deuda, él me quiso dar la mano y fui yo quien se negó. Me negué, Cristina, porque yo no le doy la mano a gente que no está bien parada, no es mi estilo. Para mí, no estar bien parado es no ser consecuente, no ser fiel.
Acepto contradicciones, acepto enojos, peleas, puteadas, pero no tolero a las personas que se cruzan de vereda por algunos pesos. No comparto las ganas de matar. El odio profundo y arraigado tampoco. Las ganas de desunir, de embarullar y de confundir a la gente tampoco. Cuando me cortó diciéndome: “Chau, querido…”, enseguida empezaron los llamados, primero de mis amigos que me advertían que me iban a mandar a matar, que yo estaba loco, que cómo me iba a meter con ese tipo que está tan cerca de los Kirchner, que D’Elía tiene muuuucho poder, que es tremendamente peligroso. Entonces, por las dudas hablé con mi abogado. ¡Mi abogado me contestó que no había nada qué hacer porque el jefe de D’Elía es el ministro del Interior! Entonces sentí un poco de miedo. ¿Es así Cristina? Tranquilíceme y dígame que no, que Luis no trabaja para usted o para algún ministro. Pero, aun siendo así, mi miedo no es que D’Elía me mate, Cristina; mi miedo se basa en que lo anterior sea verdad. ¿Puede ser verdad que este hombre esté empleado para reprimir y contramarchar? ¿Para patotear? ¿Puede ser verdad? Ése es mi verdadero miedo. De todos modos lo dudo.
Yo soy actor, no político ni periodista, y a veces, aunque no parezca, soy bastante ingenuo y estoy bastante desinformado. Toda la gente que me rodea, incluidos mis oyentes, que no son pocos, me dicen que sí, que es así. Eso me aterra. Vivir en un país de locos, de incoherentes, de patoteros. Me aterra estar en manos de retorcidos maquiavélicos que callan a los que opinamos diferente. Me aterra el subdesarrollo intelectual, el manejo sucio, la falta de democracia, eso me aterra Cristina. De todos modos, le repito, lo dudo.
Pero por las dudas le pido que tenga usted mucho cuidado con este señor que odia a los que tienen plata, a los que tienen auto, a los blancos, a los que viven en zona norte. Cuídese usted también, le pido por favor, usted tiene plata, es blanca, tiene auto y vive en Olivos. A ver si este señor cambia de idea como es su costumbre y se le viene encima. Yo que usted me alejaría de él, no lo tendría sentado atrás en sus actos, ni me reuniría tan seguido con él.
De todas maneras, usted sabe lo que hace, no tengo dudas. No pierdo las esperanzas, quiero creer que vivo en un país serio donde se respeta al ciudadano y no se lo corre con otros ciudadanos a sueldo; quiero creer que el dinero se está usando bien, que lo del campo se va a solucionar, que podré volver a ir a Córdoba, a Entre Ríos, a cualquier provincia en auto, en avión, a mi país, el Uruguay… por tierra algún día también.
Quiero creer que pronto la Argentina, además de los cuatro climas, Fangio, Maradona y Monzón, va a ser una tierra fértil, el granero del mundo que alguna vez supo ser, que funcionará todo como corresponde, que se podrá sacar un DNI y un pasaporte en menos de un mes, que tendremos una policía seria y responsable, que habrá educación, salud, piripipí piripipí piripipí, y todo lo que usted ya sabe que necesita un país serio. No me cabe duda de que usted lo logrará. También quiero creer que la gente, incluso mis oyentes, hablan pavadas y que Luis D’Elía es un señor apasionado, sanguíneo, al que a veces, como dijo en C5N, se le suelta la cadena. Esa nota la vio, ¿no? Quiero creer, Cristina, que Luis es solamente un loco lindo que a veces se va de boca como todos. Quiero creer que es tan justiciero que en su afán por imponer justicia social se desborda y se desboca. Quiero creer que nunca va a matar a alguien y que es un buen hombre. Quiero creer que ni usted ni nadie le pagan un centavo. Quiero creer que usted le perdona todo porque le tiene estima. Quiero creer que somos latinos y por eso un tanto irreverentes, a veces también agresivos y autoritarios. Quiero creer que D’Elía no me odia y que, la próxima vez que me lo cruce en un cine o donde sea, me haya demostrado que es un hombre coherente, trabajador decente con sueldo en blanco y buenas intenciones.
Cuando todo eso suceda, le daré la mano a D’Elía y gritaré: “Viva Cristina”… Cuántas ganas tengo de que todo eso suceda. ¿Estaré pecando de inocente e ingenuo otra vez? Espero que no.
La saluda cordialmente,
Fernando Peña
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Columna de Fernando Peña en el Diario "Crítica"
Matemos a todos, matemos a los que nos hacen bien y a los que nos hacen mal, a los que hacen el bien universal y a los que hacen el mal universal. Matemos a todos los que opinan diferente y matemos a todos los que opinan igual… También matemos a todos los que opinan igual que nosotros… y por qué no también a los que opinan diferente entre ellos. Matemos a nuestros hijos cuando no entienden los deberes y matemos a nuestros hijos cuando se sacan un diez. Matemos a los vecinos, sí, sí, sí, a ellos inmediatamente, no hay nada peor que un vecino, ese sorete que no nos deja vivir solos, ese desgraciado que no nos deja pasearnos desnudos por nuestra propia casa, ese que no nos deja poner la música fuerte, el vecino es lo peor que hay, es el que compró al lado justo cuando estábamos por juntar la plata. Matemos a los porteros… Ayyyy, casi me olvido de los porteros, esos mierrrrrdas que nos odian porque quieren vivir en nuestros departamentos porque ellos viven en esas cuevas indignas en los últimos pisos. Matemos a la planta que no nos crece y que nos dice en la jeta que somos unos inútiles como jardineros, que somos incapaces de mantener una vidita verde porque no tenemos dedo verde. Matemos a las maestras jardineras, sí, sí, sí. Otro rubro insoportable, esas tilingas de mierrrrrda que usan esos guardapolvitos decorados con guardas inocentes y en el fondo son todas unas putitas, sí, sí, matémoslas a todas. Matemos a Jorge Rial también ya que estamos… Matemos a los perros porque nos dejan todo meado y cagado, y además a veces muerden, che. Matemos a los gatos porque arañan y maúllan, y matemos a los otros gatos porque nos sacan a los chongos, chicas. Es más, redoblo la propuesta, matemos a todos los que pertenezcan al rubro de la prostitución. Matemos a las mucamas por existir, además roban y son todas unas yeguas y unas negras de mierda; las señoras de Barrio Parque saben muy bien de lo que estoy hablando, ¿no es cierto, señora? Matemos a los mozos, uyyy, cómo olvidar a los mozos… Esos mierrrrrdas que nos traen todo frío y con gas cuando es sin gas y viceversa. Matemos a los de las inmobiliarias, cómo me olvidaba de esos mierrrrrdas que nos tratan de vender esos ambientes oscuros llenos de recuerdos espantosos que, además, vaya a saber uno a quién habrán matado alguna vez en esos sucuchos de mala muerte… Raza odiable de pretenciosos y mentirosos que se arrastran para vender lo invendible…
Es más, redoblo la propuesta: matemos a todos los vendedores de todos los rubros, asquerosos vendedores de puta madre, soretes, cretinos, IMBÉCILES, tontos, mierrrrrdas…
Matemos a los dealers, por supuesto, por vender caro y de la mala, matemos a los presidentes que les compran, a los gerentes, a los empleados, a las secretarias, a los taxistas… Sí, cómo me olvidaba de estos mierrrrrdas los taxistas… matemos a los kiosqueros, a los acomodadores, a los trapitos… Uyyyyy, cómo me olvidaba de estos asesinos chorros negros del orrrrrto que seguramente son los que viven en la Villa 31 y son los que están construyendo para arriba, sí, sí, sí. Esos mierrrrdas… matemos a los actores, a los escritores, a los jubilados… Ahhhhh… Cómo me olvidaba de esos viejos de porquería, soretes, mierrrrdaaas… esos que nos chantan en la cara lo que es la vejez y de lo que nos vamos a morir, esos que nos dicen con placer que nosotros también vamos a llegar, jeje, jeje, esos que se ríen así, jeje, regocijándose en que así vamos a quedar cuando lleguemos a su edad… Matemos a los médicos y a los enfermeros, a los guías de turismo, uyyyy, ayyyy, esos mierrrrdas los guías… Matemos a los gorriones, a los loros, a las palomas y a las ratas, matemos a las madres, y si son las de Plaza de Mayo, mejor; matemos a los padres y si son los de Schoklender mejor…
Redoblo la propuesta, subo la apuesta…
¡Matemos a todo el mundo! Eso, ahí esta, a todo el mundo matemos, para que voy a seguir escribiendo listas de rubros, empleos, nombres y apellidos… Matemos a todos… A todos… A vos también te van a matar, y vos matá a alguien si no, no mataste y no te van a poder matar y rematemos a Lanzavecchia así no descansa en paz, dale. Y a mí también, por favor, no se olviden de matarme a mí también… Pero para que me maten tengo que matar a alguien… ¿A quién mato? Mmmm…Ya está… Yo me encargo de Susana Giménez y que ella se encargue de Pelusa. “Peguémono’ todo’ un tiro así no quedamo’ ma’ nadie no quedamo’ y el mundo va se’ mejo’ va se’”… Como tal vez pensó Monzón cuando tiró por el balcón a la Muñiz.
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