Juan Bautista Vairoleto


Juan Bautista Vairoleto , nació en Carlos Pellegrini en el departamento San Martín de la provincia de Santa Fe en 1894. Sus padres inmigrantes italianos, se trasladaron más tarde a Italó, en el sur de Córdoba, allí falleció su madre. Años después la familia se radicó definitivamente en Eduardo Castex, en la entonces Gobernación de La Pampa.
En aquel lugar, el 4 de noviembre de 1919, por "cuestiones de polleras", Juan tendría un fatal encuentro, en el que le dio muerte a un policía. El reloj, colgado en una de las paredes del boliche, quedó "clavado" de un balazo, a la una y media de la tarde. Allí comenzaría una vida de persecuciones, en la que tendría ocupadas a las fuerzas policiales de numerosas provincias y territorios nacionales.
En su andar por las extensas planicies, saqueaba a los pudientes y buena parte de lo logrado lo repartía entre los pobres puesteros que vivían en esas soledades. Este accionar se difundió rápidamente entre la paisanada, lo que se tradujo en un apoyo popular incondicional. Donde él llegaba, siempre había un plato de comida; yerba, tabaco y buenos caballos.
En Alvear (Mendoza), el 17 de julio, se produjo un asalto en un establecimiento de campo, donde se alzaron con más de siete mil pesos en efectivo y otros elementos. La policía dijo que fue Vairoleto.
Se aleja de estos pagos. En 1930, luego de una fugaz relación con el anarquismo, en la zona pampeana, retornó por General Alvear. En setiembre, Irigoyen había sido derrocado por Uriburu, Agustín P. Justo era el Jefe del Ejército, poco después sería presidente de la Argentina.
El General Justo recibió una denuncia anónima sobre "cosas" que pasaban en Alvear, una de ellas era que Vairoleto iba a asaltar el Banco de la Nación, en realidad se llevó sólo 5 gallinas y tres jamones, pero la policía y el ejército anduvo 70 leguas detrás de él, y fue a la cárcel una persona que lo había denunciado.
En 1931, lo perseguía la policía de La Pampa. Casi en el límite con Mendoza, el 30 de julio se separaron en dos grupos, para sorprender a los vándalos. Los policías terminaron "agarrandose a tiros" entre ellos. Un policía muerto por balas policiales.
Durante dos meses las fuerzas de La Pampa, San Luis y Mendoza, anduvieron tras los hombres de Vairoleto. Con un despliegue de tropas nunca visto en la región, hasta un avión fue solicitado por un comisario para perseguir a los fugitivos.
Vairoleto, montado en su bayo, saltaba las alambradas de 7 hilos, la policía debía cortarlas para poder continuar sus rastros.
En el puesto El Martillo, cerca del Paso de los Gauchos, Juan estaba mateando con los hijos del puestero, cuando llegó la policía pampeana. Preguntaron por él, cómo la respuesta fue negativa continuaron la marcha, más tarde al darse cuenta del engaño, retornaron al puesto y lo apalearon tanto al dueño, que murió poco después.
Finalmente, a mediados de setiembre, luego de recorrer el departamento de sur a norte y de norte a sur, a lo largo y ancho, la policía abandonó la búsqueda.
A finales de agosto, se creó en Mendoza un cuerpo especial "La Policía Volante" con secciones en San Rafael y General Alvear, destinada a cuidar las fronteras interprovinciales. También a nivel nacional se ponía en práctica una iniciativa similar.
A finales de 1932 la Policía Volante de General Alvear detuvo a algunos integrantes de la banda de Vairoleto. Fueron condecorados por este hecho, en enero de 1933.
Hasta el año 1937 se sucedieron algún tiroteo con la policía y varios asaltos a algunos "Turcos", a una francesa y otros más.
Luego de una breve incursión por el norte del país, donde en sociedad con Mate Cocido, otro bandido rural que actuaba en los quebrachales chaqueños, relizaron algunas fechorías, retornó a General Alvear.
Aquí había conocido a una muchacha que llenaba su corazón. Decidido a cambiar de vida, la fue a buscar. Nuevamente sus amigos lo ayudaron, le consiguieron un techo, protegieron su "prenda", alguien le ofreció un pedazo de tierra en la Colonia San Pedro del Atuel y se "metió" a chacarero.
En ese entonces, su nombre era Francisco Bravo, muy cerca del Atuel la tierra le daba sus productos y al hogar llegaron dos hijas.
Hasta que un día, se apareció un traidor, un ex compañero de andanzas Vicente Gascón, que cambió su libertad por encontrar a Vairoleto. Le avisó a la policía de La Pampa y el 14 de setiembre de 1941, rodeada la casa por sus perseguidores, él mismo decidió el final con un disparo en la mejilla.
En aquel lugar, el 4 de noviembre de 1919, por "cuestiones de polleras", Juan tendría un fatal encuentro, en el que le dio muerte a un policía. El reloj, colgado en una de las paredes del boliche, quedó "clavado" de un balazo, a la una y media de la tarde. Allí comenzaría una vida de persecuciones, en la que tendría ocupadas a las fuerzas policiales de numerosas provincias y territorios nacionales.
En su andar por las extensas planicies, saqueaba a los pudientes y buena parte de lo logrado lo repartía entre los pobres puesteros que vivían en esas soledades. Este accionar se difundió rápidamente entre la paisanada, lo que se tradujo en un apoyo popular incondicional. Donde él llegaba, siempre había un plato de comida; yerba, tabaco y buenos caballos.
En Alvear (Mendoza), el 17 de julio, se produjo un asalto en un establecimiento de campo, donde se alzaron con más de siete mil pesos en efectivo y otros elementos. La policía dijo que fue Vairoleto.
Se aleja de estos pagos. En 1930, luego de una fugaz relación con el anarquismo, en la zona pampeana, retornó por General Alvear. En setiembre, Irigoyen había sido derrocado por Uriburu, Agustín P. Justo era el Jefe del Ejército, poco después sería presidente de la Argentina.
El General Justo recibió una denuncia anónima sobre "cosas" que pasaban en Alvear, una de ellas era que Vairoleto iba a asaltar el Banco de la Nación, en realidad se llevó sólo 5 gallinas y tres jamones, pero la policía y el ejército anduvo 70 leguas detrás de él, y fue a la cárcel una persona que lo había denunciado.
En 1931, lo perseguía la policía de La Pampa. Casi en el límite con Mendoza, el 30 de julio se separaron en dos grupos, para sorprender a los vándalos. Los policías terminaron "agarrandose a tiros" entre ellos. Un policía muerto por balas policiales.
Durante dos meses las fuerzas de La Pampa, San Luis y Mendoza, anduvieron tras los hombres de Vairoleto. Con un despliegue de tropas nunca visto en la región, hasta un avión fue solicitado por un comisario para perseguir a los fugitivos.
Vairoleto, montado en su bayo, saltaba las alambradas de 7 hilos, la policía debía cortarlas para poder continuar sus rastros.
En el puesto El Martillo, cerca del Paso de los Gauchos, Juan estaba mateando con los hijos del puestero, cuando llegó la policía pampeana. Preguntaron por él, cómo la respuesta fue negativa continuaron la marcha, más tarde al darse cuenta del engaño, retornaron al puesto y lo apalearon tanto al dueño, que murió poco después.
Finalmente, a mediados de setiembre, luego de recorrer el departamento de sur a norte y de norte a sur, a lo largo y ancho, la policía abandonó la búsqueda.
A finales de agosto, se creó en Mendoza un cuerpo especial "La Policía Volante" con secciones en San Rafael y General Alvear, destinada a cuidar las fronteras interprovinciales. También a nivel nacional se ponía en práctica una iniciativa similar.
A finales de 1932 la Policía Volante de General Alvear detuvo a algunos integrantes de la banda de Vairoleto. Fueron condecorados por este hecho, en enero de 1933.
Hasta el año 1937 se sucedieron algún tiroteo con la policía y varios asaltos a algunos "Turcos", a una francesa y otros más.
Luego de una breve incursión por el norte del país, donde en sociedad con Mate Cocido, otro bandido rural que actuaba en los quebrachales chaqueños, relizaron algunas fechorías, retornó a General Alvear.
Aquí había conocido a una muchacha que llenaba su corazón. Decidido a cambiar de vida, la fue a buscar. Nuevamente sus amigos lo ayudaron, le consiguieron un techo, protegieron su "prenda", alguien le ofreció un pedazo de tierra en la Colonia San Pedro del Atuel y se "metió" a chacarero.
En ese entonces, su nombre era Francisco Bravo, muy cerca del Atuel la tierra le daba sus productos y al hogar llegaron dos hijas.
Hasta que un día, se apareció un traidor, un ex compañero de andanzas Vicente Gascón, que cambió su libertad por encontrar a Vairoleto. Le avisó a la policía de La Pampa y el 14 de setiembre de 1941, rodeada la casa por sus perseguidores, él mismo decidió el final con un disparo en la mejilla.


Día catorce de setiembre
del año cuarenta y uno...
del año cuarenta y uno...
Pasadas las seis comenzó a aclarar sobre el Atuel. La brisa agitaba a pocos metros
del patio las chuzas del cañaveral. Los policías ajustaron el círculo alrededor del rancho
y tomaron posiciones hollando la helada que blanqueaba la tierra.
Díeciséis hombres armados
aislaron la habitación...
Los peones dormían en las piezas contiguas a la principal. Se oyó el canto de unos teros lejanos y algún otro ruido que despertó a Marcos Vera.Advirtiendo un movimiento en la casa, las manos de los policías se crisparon sobre las armas. El peón se asomó, y el subcomisario Bustriazo alertó a los demás para evitar un error:
-¡Ése no es!
Lo dijo ensordeciendo la voz, pero Marcos escuchó algo.
¡- Viene gente! -alcanzó a exclamar, antes de que alguien lo derribara de un culatazo en la cabeza y lo arrastrara al interior del cuarto de la despensa.
Juan había saltado de su lecho esgrimiendo la pistola que guardaba bajo la almohada. Después de la primera sensación de irrealidad, se dio cuenta de la situación y actuó de manera resuelta, pensando en primer lugar en apartar a sus perseguidores del lugar donde estaban sus seres queridos. Ya se había despedido otras veces de Telma y le había dicho lo que tenía que decirle. Ella, desde la cama, lo vio dirigirse a la puerta, vistiendo sólo calzoncillos largos y camiseta de frisa, calzándose en la cintura su faja de guardas rojas, verdes y blancas.
Apenas traspuso la abertura sonaron varias descargas. Bustriazo y otros policías dispararon desde distintos ángulos. Eran dieciséis contra uno. El subcomisario Paeta, que se adelantaba en ese instante, fue rozado en el vientre por un tiro que le desgarró el chaleco, vio correr su propia sangre y perdió toda iniciativa.
Coscia, revólver en mano, se acercó a la cocina. De allí escapé corriendo otro morador, José, a quien le tiraron por la espalda. Una bala lo alcanzó superficialmente y un policía mendocino lo contuvo.
Juan se respaldó en la pared del rancho. Estaba en una posición indefendible. Todo perdido, menos su compañera y las niñas que eran la simiente de su vida. En ese brevísimo instante en que su mente funcionaba con extraordinaria lucidez y sus pensamientos eran más rápidos que el rayo, supo quizás por fin quién era, tuvo la certeza de que había una sola manera de que ellos no lo alcanzaran y decidió cruzar de una vez la última frontera. Se apoyó el caño en el pómulo, apretó el gatillo y todo se apagó para él.
Los policías se acercaron, agazapados, nerviosos, en guardia, hasta llegar ante el cuerpo yacente.
¡-No te hagás el muerto! -gritó alguien.
Dispararon sobre el caído, ensañándose con su carne inerte, en vano. Luego se miraron, con los rostros transpirados, y enfundaron las armas.
El chico Narváez, aturdido, sin entender nada, vio a su patrón inmóvil en el suelo, con la ropa interior blanca empapada de sangre. Telma tenía en sus manos el revólver que sacó de abajo del colchón para defenderse, pero cuando comprendió que aquello había terminado atiné a esconderlo entre unos trastos.
En el primer momento ella y Marcos se negaron a reconocer la verdadera identidad de Juan. Sin embargo, los policías lo identificaron por los tatuajes en el brazo: la figura de mujer, el número 13 y las iniciales.
-Mirá, tiene callos en las manos -dijo uno de los que lo examinaba.
Telma les pidió que taparan el cuerpo con una capa para que las niñas no lo vieran. Pensó que su alma estaba mucho más alto que allí. Contuvo las lágrimas y trató de mantener la serenidad para no perturbar a las criaturas...
del patio las chuzas del cañaveral. Los policías ajustaron el círculo alrededor del rancho
y tomaron posiciones hollando la helada que blanqueaba la tierra.
Díeciséis hombres armados
aislaron la habitación...
Los peones dormían en las piezas contiguas a la principal. Se oyó el canto de unos teros lejanos y algún otro ruido que despertó a Marcos Vera.Advirtiendo un movimiento en la casa, las manos de los policías se crisparon sobre las armas. El peón se asomó, y el subcomisario Bustriazo alertó a los demás para evitar un error:
-¡Ése no es!
Lo dijo ensordeciendo la voz, pero Marcos escuchó algo.
¡- Viene gente! -alcanzó a exclamar, antes de que alguien lo derribara de un culatazo en la cabeza y lo arrastrara al interior del cuarto de la despensa.
Juan había saltado de su lecho esgrimiendo la pistola que guardaba bajo la almohada. Después de la primera sensación de irrealidad, se dio cuenta de la situación y actuó de manera resuelta, pensando en primer lugar en apartar a sus perseguidores del lugar donde estaban sus seres queridos. Ya se había despedido otras veces de Telma y le había dicho lo que tenía que decirle. Ella, desde la cama, lo vio dirigirse a la puerta, vistiendo sólo calzoncillos largos y camiseta de frisa, calzándose en la cintura su faja de guardas rojas, verdes y blancas.
Apenas traspuso la abertura sonaron varias descargas. Bustriazo y otros policías dispararon desde distintos ángulos. Eran dieciséis contra uno. El subcomisario Paeta, que se adelantaba en ese instante, fue rozado en el vientre por un tiro que le desgarró el chaleco, vio correr su propia sangre y perdió toda iniciativa.
Coscia, revólver en mano, se acercó a la cocina. De allí escapé corriendo otro morador, José, a quien le tiraron por la espalda. Una bala lo alcanzó superficialmente y un policía mendocino lo contuvo.
Juan se respaldó en la pared del rancho. Estaba en una posición indefendible. Todo perdido, menos su compañera y las niñas que eran la simiente de su vida. En ese brevísimo instante en que su mente funcionaba con extraordinaria lucidez y sus pensamientos eran más rápidos que el rayo, supo quizás por fin quién era, tuvo la certeza de que había una sola manera de que ellos no lo alcanzaran y decidió cruzar de una vez la última frontera. Se apoyó el caño en el pómulo, apretó el gatillo y todo se apagó para él.
Los policías se acercaron, agazapados, nerviosos, en guardia, hasta llegar ante el cuerpo yacente.
¡-No te hagás el muerto! -gritó alguien.
Dispararon sobre el caído, ensañándose con su carne inerte, en vano. Luego se miraron, con los rostros transpirados, y enfundaron las armas.
El chico Narváez, aturdido, sin entender nada, vio a su patrón inmóvil en el suelo, con la ropa interior blanca empapada de sangre. Telma tenía en sus manos el revólver que sacó de abajo del colchón para defenderse, pero cuando comprendió que aquello había terminado atiné a esconderlo entre unos trastos.
En el primer momento ella y Marcos se negaron a reconocer la verdadera identidad de Juan. Sin embargo, los policías lo identificaron por los tatuajes en el brazo: la figura de mujer, el número 13 y las iniciales.
-Mirá, tiene callos en las manos -dijo uno de los que lo examinaba.
Telma les pidió que taparan el cuerpo con una capa para que las niñas no lo vieran. Pensó que su alma estaba mucho más alto que allí. Contuvo las lágrimas y trató de mantener la serenidad para no perturbar a las criaturas...

El cadáver de Juan Bautista Vairoleto en el hospital de Alvear (Mendoza)
permite ver el impacto del disparo en la mejilla echo por su propia mano.
permite ver el impacto del disparo en la mejilla echo por su propia mano.

Su mujer(hoy de 90 años)cuenta como murió
"La Policia no lo Mato el se pegó un tiro en la cara"
Era callado y observador, agachaba la mirada y semblanteaba todo", dice Telma Ceballos, con sus 90 años a cuestas, al describir a Juan Bautista Vairoletto, con quien vivió cuatro años. Nunca se casaron. Pero tuvieron dos hijas, Juana Nilda (64) y Sofia Elsa (63), quienes le dieron nueve nietos, dos bisnietos y un tataranieto.
Telma Ceballos vive en la casa de una de sus hijas, en la ciudad de Mendoza. Y aún se muestra enérgica, lúcida y expresiva, haciendo valer su buena estirpe criolla, que se refleja en su cara.
Hace un año la familia incorporó legalmente el apellido Va¡roletto, aunque con "B" por un nuevo error. "Nos costó muchos años ese reconocimiento y no quisimos empezar de nuevo" afirma Telma en su charla con Clarín. Después, con sencillez recordó a Vairoletto:
-¿Cuándo conoció a Juan?
-Tenía 19 años cuando lo vi en una pasada que hizo con su banda y mis padres me hicieron cebarle mate. Cuando me vio, dijo: 'Esa chinita será para mí'. Entonces me inventé un novio porque no quería saber nada con Juan. Luego lo quise.
-¿Cuando ustedes vivían juntos, él salía a robar?
-Que yo sepa, no. En sus últimos años se dedicó a la granja que nos habían dado. Era trabajador, araba; teníamos maíz, papas, tomates. Me dijo que sólo robaría si no tuviera pan para sus hijas.
-Pero igual se iba...
-Le gustaba jugar a los naipes, visitaba a gente de la zona. Muchos lo conocían como "Pancho" Bravo o "el amigo".
-¿Usted sabía que lo buscaban?
-Si, lo sabía, pero nos daba bronca leer en los diarios que Juan había cometido asaltos cuando estaba en casa trabajando.
-¿Cómo fue el final?
-Juan tenía congestión pulmonar y yo le ponía ventosas. El 13 de setiembre fue a buscar su zaino que tenía un puestero, al que no quería comprometer, pero se quedó todo el día jugando a las cartas en otro lugar. Volvió a la noche, tiró el recado de la montu ra y se acostó.
-¿Usted lo vio matarse?
- Sí, claro que sí. Estaba adarando cuando llegaron los policías con ametralladoras (Colt, refrigeradas a agua). A un pobre peón que dio la alerta lo voltearon de un cachazo. Juan corrió con su pistola hasta la puerta y me
gritó: "¡Cuidá a las lechucitas (hijas) y vos no te movás!". Le pegó un tiro por las costillas al comisario Paeta y después retrocedió recostado sobre la pared . Se llevó el revólver a la mejilla derecha y disparó, Fue cayendo de a poco.
-La Policía dice que lo acribilló a balazos.
-La Policía no lo mató; él se pegó un tiro en la cara. Cuando lo vieron en el suelo corrieron y lo balearon, pero ya estaba muerto. La autopsia confirmó que la bala mortal fue en la cara, que le destrozó la cabeza. Los policías tira ron y perforaron el rancho por todos lados para simular que hubo un gran tiroteo.
Telma nació en San Luis. Trabajó cuidando a una anciana y en un almacén. Su jubilación es de 200 pesos. Es dinámica y se enorgullece con los resultados de sus clases de yoga.
Es en ese momento cuando mira al cronista y lo desafia: ¿A ver si usted hace esto?. Y se pone de pie, junta las piernas, fle-xiona la cintura y toca el suelo con sus manos.





Marcos Vallejos alias el gaucho Juan Leal. Compañero de Vairoleto


Policía pampeano Antonio M. Bustriazo,
perseguidor de Vairoleto hasta el final.
perseguidor de Vairoleto hasta el final.


El ñato Vicente Gascón, compañero de andanzas y entregador de Vairoleto.


Pedro Moroni el "científico" de la banda .Compañero de Vairoleto


Telma, esposa e hijas de Vairoleto.

link:

dijo:www.soydetoay.com.ar/efemer/sep/14.htm -


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