InicioParanormalcuentos de terror 14

cuentos de terror 14

Paranormal7/9/2011
HOLA AMIGOS DE TARINGA! HOY LES TRAIGO 2 HISTORIAS DE TERROR ESPERO QUE LES GUSTE EMPESEMOS: CARA DE CUERO Una idílica tarde de verano se convirtió en una pesadilla. Durante treinta años los expedientes acumularon polvo en la sección de casos no resueltos del FBI. Más de trece piezas de evidencia fueron recogidas en la escena del crimen, la residencia Hewitt. Los hechos acaecidos llevaron a una de las leyendas más bizarras de los anales de la historia americana: "La Masacre en Texas” Silencio. Debía hacer silencio.Sabía que su vida dependía de ello. No importaba cómo se había metido en esa situación, no importaba que iban a Dallas, no importaba que llevaba un regalo para su tía Maggie, nada de eso tenía sentido ahora. Ahora lo único que tenía importancia era que tenía que permanecer callada, con el cabello pegado a la piel por el sudor, inmóvil. Tal vez hasta tendría que parar de respirar. Tal vez hasta pararía de respirar y se ahogaría ella misma y, si eso pasaba, todavía salía ganando. Porque todo era mejor que eso. Cualquier cosa era mejor que parar como todos los demás. Él estaba ahí afuera. Ella sabía que él estaba ahí y él sabía que ella estaba ahí. De pronto la carretera de Tejas había dejado de pertenecer a Los Estados Unidos de América para ser un anexo de la República Popular del Infierno. Sólo que a nadie se le ocurrió avisarle a ellos. El calor. Maldito calor. Cuando es de noche ¿No se supone que debe hacer frío? Karen trató de absorber todo el aire que pudo con la boca, cerró los ojos y los apretó para no llorar. Empezó a temblar violentamente y tuvo que abrazarse para controlarse. Porque Él lo sabía todo. Él le había dado caza y si ella se movía, aunque fuese un mínimo temblor, Él lo notaría, la sacaría del armario, la tiraría contra el suelo y la descuartizaría con su sierra. Porque así había pasado con todos los demás. Y de cierta manera trastornada, Karen deseaba que sucediera de una vez, porque así todo terminaría. No le importaba si el malnacido la cortaba en pedacitos, se la llevaba a su casa, se la ofrecía a su familia, le echaban pimienta y se la comían. No le importaba eso. Hasta podría salir del armario y rogar por que el golpe con la sierra fuese fatal y rápido. Hubiese salido, de no ser porque sí le importaba. El calor. Hacía calor, demasiado calor como para poder pensar. Una gota de sudor bajó desde su frente hasta sus párpados y se metió poco a poco en sus ojos, haciéndoselos arder. Pero no se la limpió ni se restregó la cara. Por favor, Karen, en este momento no, después puedes moverte todo lo que quieras, después puedes bailar lambada si quieres, pero en este momento no te atrevas a moverte. Una pulsada de dolor le latió en el anular derecho y casi le arranca un quejido. Cuando estaba corriendo de la camioneta (es decir, cuando tuvo que saltar por la ventana, porque Él estaba tratando de entrar por la puerta), cayó sobre el suelo de tierra y piedras apoyada en su mano vertical. Se partió unas uñas y se fracturó el dedo. Sólo se dio cuenta mucho después. Había escuchado de las reacciones físicas provocadas por el miedo, pero nunca se imaginó que fuesen tan poderosas. Se había roto el dedo y golpeado con fuerza la rodilla, pero en ese momento ni siquiera se percató de ello... (porque Él estaba ahí...) se levantó y corrió (detrás de ella con la sierra) hacia la oscuridad del bosque (e iba a matarla) hasta que se la tragara. Ya habían pasado varios minutos desde que se había escondido en la casa (con la muerte pegada a los talones) y no habían señales de Él por ningún lado. No sabía decir cuántos minutos llevaba escondida, pero eran varios. Tal vez más de los que sabía, porque en esta parte de la República Popular del Infierno el tiempo pasa como un fantasma, a veces rápido, a veces lento. La sierra no se dejaba escuchar ni olía el combustible. Tal vez se había rendido y se había ido a su casa. ¿Por qué no? Después de todo, ya tienen otras cinco piezas de carne que pueden cenarse. No pudo creer que había pensado algo tan monstruoso como aquello y, en ese instante, sólo quiso vomitar de asco por sí misma y morirse. No eran cinco piezas de carne, eran sus amigos. Una de esas piezas de carne era su novio. El novio que ella amaba y con el que iba a casarse, el novio con el que había planificado el sueño de una vida. De todas las personas en el mundo ¿Por qué a ella? Todo esto era mentira, tenía que serlo. Era una gran y larga pesadilla, de esas que son tan lúcidas que parecen de verdad. Eso tenía que ser. Eso tenía que ser porque era imposible que existiesen personas tan enfermas y tan malvadas como para hacer lo que le estaban haciendo. Dios no podía permitir semejante cúmulo de maldad en el mundo. (Es que no estás en el mundo, cielito. Estás en Las Montañas de la Locura, circulo siete del infierno, más allá de dónde Dios alcanza. Y así tratamos a los forasteros por aquí. Porque yo conozco a las de tu tipo, pequeña perrita. Sólo desprecio y crueldad para mi muchacho. ¿A alguien le importa lo que me pase a mí y a mi muchacho?) Basta. Basta, Karen, basta. Te estás volviendo loca. Necesitas todo lo que puedas de tu mente para cuando le digas a la policía lo que pasó. Tienes que describirlo, tienes que decirle como es la casa, como es la familia, como la sierra, bajo el sol, refleja los dientes en tus ojos como un aguijonazo. Bueno, la policía iba a aparecer. Tarde o temprano, la iban a sacar de ahí. Había una van hecha trizas, con manchas de sangre, en el medio de la carretera. Una patrulla iba a pasar, la iba a encontrar e iba a pensar que era raro. Empezarían a buscar y darían con ella, vivita y coleando. No importaba que ella se veía tan sucia como un prisionero en un campo de concentración, ni que se había orinado en los pantalones cuando vio al Cara de Cuero por primera vez. El olor, ahora intensificado por el calor, lo rodeaba todo. Era posible que el Cara de Cuero la atrapara siguiendo sólo el olor. Después de todo, no es un ser humano. No es un pobre desgraciado con un problema en la piel, como dijo la Abuela. No es un psicópata que usa caretas de pieles humanas para esconder su cara. No es un asesino enfermo que usaba una sierra mecánica para matar y que en ese momento estaba portando la cara de su novio como una máscara. Era un demonio salido de los más oscuros pozos del tormento, una bestia omnisciente cuya herramienta, la sierra, parecía estar pegada a sus dedos, cual espada de Damocles. Todavía lo veía persiguiendo a Donna. Karen grita “¡Corre!”. Donna se mueve como en cámara lenta, se tropieza y se cae al suelo. El Cara de Cuero la alcanza. Donna coge una lámina de metal del suelo y la interpone como un escudo. La sierra echa chispas cuando choca con la lámina. Karen debió hacer algo en ese momento, como coger un tronco grande, ó el bate de Tobe, y darle por la cabeza al mostrenco ese. Pero en vez de eso se quedó ahí, parada, congelada de miedo, mirando la escena. Su cerebro le ordenaba que se voltease y que corriera lejos, pero no había conexión. Las órdenes no llegaban a sus piernas. La sierra pasa resbalando al suelo de tierra, Donna tira la lámina, se levanta y empieza a correr otra vez. Pero Cara de Cuero hace algo con la sierra. En un segundo la levanta sobre su cabeza con las dos manos. En el siguiente la balancea hacia atrás y en el siguiente la balancea hacia delante, por debajo de la cintura de Donna. Hay un ruido, como el de una rama fuerte que se rompe cuando la pisas. Karen ve unas gotas negras en la oscuridad salpicar el suelo y algo se desprende de Donna. Donna cae al suelo y trata de agarrarse la pierna derecha, pero no hay más pierna después de la rodilla. Hay un nuevo olor, un olor penetrante, el olor de la sangre. Donna grita, Karen grita, el monstruo robusto de casi dos metros hunde la sierra en el bulto que yace en el suelo y que antes se llamaba Donna. Donna deja de gritar. Cara de Cuero se voltea hacia Karen y, por un breve momento, Karen se da cuenta de que la cara del asesino es la misma cara de Tobe, con ciertos defectos, claro, porque la piel no es perfectamente elástica. Hay que curtirla un poco y aplicarle algunas cremas hidratantes y esos campesinos no tienen nada de eso por aquí. La película se nubla y Karen trata de salir corriendo. Pero, oh, ya es demasiado tarde, Él la ha atrapado... Cuando recuperó la conciencia lo primero que pensó fue que estaba muerta y que estaba conociendo el más allá. Luego siente sofocación, dolor de cabeza, calor y el dedo le duele. Dolor es igual a vida. Por un instante se sintió enormemente desgraciada de estar viva, por primera vez, luego el sentimiento desaparece cuando por encima de su cara aparece otra, portando el sombrero de alguacil. Gracias a Dios, gracias, tiene que ayudarme, trató de decir, pero sólo murmuró “Mmmmmmaaaaaaaa—gggg-------aaaaa” - Shhh- dijo el alguacil – Tranquila, cielito, tranquilita- - Por... ayude... amigos...- balbuceó - Ya, ya, están aquí todos- Karen trata de mirar alrededor, pero se siente confundida, perdida, como si estuviese pasando por un viaje de LSD. En un principio parece un palacio, pero luego va tomando forma y es una cocina, polvorienta y hay óxido en la puerta del refrigerador. Hay algo en una enorme olla que parece familiar... (un brazo) pero Karen descartó la posibilidad de estar viendo algo así. La pesadilla había terminado, aún cuando nada de lo que pasaba ahora carecía de sentido. - ¡Abuela!- grita un niño afuera de la casa -¡Abuela, déjeme entrar!- Una mujer aparece, con un peinado anticuado, y lentes. Sus ojos son claros. Karen se sintió ridícula, se parecía a su propia abuela. - ¡Tú quédate afuera con los perros!- grita la Abuela -¡Hasta que aprendas a seguir las reglas!- Todo es confuso y extraño, pero Karen recuerda a la Abuela, cuando les ofreció ayuda en la carretera, poco después de que la camioneta se descompusiera. Definitivamente, cuando algo malo va a pasar no hay manera de escaparle al destino. Unas manos la manosean descaradamente y vuelve en sí, mirando al Alguacil. - No te vas a ir a ninguna parte, niñita- Karen toma una bocanada de aire y trata de moverse, de escapar, pero no puede. El Alguacil sujeta su cabeza entre sus manos. Por ese momento, es suficiente para controlarla. - Dale un chance- suena una voz masculina en la cercanía - ¡Tommy!- grita la Abuela - ¡Mira el jodío desastre que hiciste en la casa persiguiendo al ganado!- - Nah, mama- dice el Alguacil – Tommy es un buen muchacho- - Un muchacho muy dulce- dice una voz femenina - Usted cállese, cretino- le dice la Abuela al Alguacil Karen levanta una mano y trata de apoyarse. Lo consigue a medias. - Por favor... déjenme ir- La Abuela se quita los lentes y la mira cara a cara, con una sonrisa solemne, la sonrisa de quien ya ha recibido esa petición en el pasado. - Pequeña perrita- dice Karen trata de preguntar por qué le hacen esto, por qué le hacen daño, pero no logra emitir ningún sonido. Alguien cocina carne cerca. - Yo conozco a las de tu tipo- dijo la Abuela – sólo desprecio y crueldad para mimuchacho- Hay un rumor al fondo, un rumor gutural. No es de ira, sino de tormento. Es un rumor adolorido de quien ha escuchado eso miles de veces, de quien ha sido torturado por esas palabras. - Todo el tiempo mientras crecía. Burlándose de mi pobre Tommy. ¿Acaso a alguien le importa lo que me pase a mí y a mi muchacho? ¿AH?- - ¡Ayúdenme! ¡Por favor!- gritó Karen - ¡Tommy! ¡Ven acá y controla a tu novia!- llamó la Abuela Karen lo sintió todo como si fuese con otra persona, como si se refirieran a una miss Universo de un país lejano, como si lo viese todo a través de una pantalla. Creyó que Tommy y su novia eran una parejita bonita, como la que hacía ella con Tobe. Entonces baja la mirada y comienza a gritar y a patalear cuando el Cara de Cuero atraviesa el umbral de la puerta, viniendo por ella. - Ya le daremos un buen uso a esa carnita tuya- dice el Alguacil Hay un flash y lo único que Karen sabe es que está corriendo en medio de la oscuridad y que lleva al Cara de Cuero a las espaldas, escuchando a la sierra como si la tuviese encima. Alcanza a ver la casa abandonada en medio del bosque y entra. Voltea y ahí está él, detrás de ella, vistiendo un delantal de carnicero manchado con sangre. Karen cierra la puerta y recorre la casa. Encontró el armario y se escondió en él. Y ahí seguía ahora. Podía pasarse el resto de su vida ahí metida. Piezas de carne, los Simpson, Tommy y su novia, ¿Qué mas seguía? ¿Cómo perdí la virginidad? Es impresionante la cantidad de basura que te tira la mente cuando no la tienes ocupada en algo. En algo productivo, es decir. En este momento Karen se sentía distraída de todo lo demás, sólo podía pensar en Él, su presencia era completa y... Un sonido. Eran pasos y estaban en la casa. El Cara de Cuero la había encontrado. Karen no habla nunca de su experiencia en el desierto tejano, y es que no la recuerda. Afortunadamente, la mente humana tiende a olvidar, a borrar de la memoria los eventos estresantes, los momentos de intenso shock. Es la única forma que la memoria tiene de defenderse a sí misma, porque si no existiera, estaría loca. Todavía no puede dormir sóla ni con la luz apagada, tiene pesadillas muy a menudo, por no decir a diario, y no sabe por qué, no puede comer carne. Los policías que la encontraron dijeron que cuando la hallaron, tirada en el medio de la nada, estaba tan cubierta en sangre y tierra que creyeron que estaba muerta. Luego se despertó de golpe y empezó a gritar “¡nos comimos a Uther! ¡Nos comimos a Uther!”. No sabían de ningún Uther por la zona y, cuando Riggs, uno de los oficiales, le contó a su mujer esa noche lo que había pasado, lo hizo diciéndole: - Esa chica debió de ser linda en otro momento. Pero todo lo que pude ver fue la mirada perdida y vacía de los locos, de los que viven en sanatorios mentales. Esa chica estaba muy mal. Pobrecita... pobrecita...- De más está decir que no puede subir a un vehículo de motor ni escuchar una motocicleta cerca, porque le entran ataques de nervios violentos y las enfermeras deben administrarle calmantes. Ciertamente la chica pasó por algo terrible, algo realmente horroroso, pero es una lástima que no pueda contarle a nadie lo que pasó. Tal vez si pudiera ayudaría a salvar una ó dos vidas. Ayudaría a otros a poder escapar de la sierra mecánica que dejó huellas de sangre en las arenas del desierto tejano. NO LO LEAS Era una fría y oscura tarde de invierno, estaba un poco mareado. Así que decidí acostarme, no eran más de las seis, pero así lo hice. Me encontraba en una larga y oscura sala en la cual abundaban los libros de magia negra y brujería, en ese instante se me vinieron las débiles palabras de mi abuelo Mauricio antes de morir: “no lo leas”, yo no le encontraba sentido a esas pocas palabras, así que decidí explorar la gran sala. A medida que avanzaba una débil brisa me producía escalofríos, seguía caminando hasta llegar a un camino sin salida y adornada con una estatua de marfil, era muy raro ya que en el suelo había dibujado un tablero de la famosa ouija y en la parte posterior habían dibujado unas palabras escritas en latín o eso era lo que yo pensaba, comencé a leerlas aunque me costaba mucho trabajo…fue entonces cuando escuchaba unas voces de fondo que me decían: Pedro despierta, ¡¡¡¡Pedro quieres despertarte de una vezzzz….!!!! De repente di un sobresalto y mi madre y yo nos pegamos un chocazo en la cabeza y a ambos nos salió un gran “chichón”. Decidí ir esa noche a la discoteca para despejarme un poco con mi amiga Carmen y le conté el extraño sueño, ella no paraba de reírse, en cambio yo no le veía la gracia pues tenía el presentimiento de que algo no muy bueno iba a ocurrir. No paraba de pesar en las dichosas palabras de mi abuelo así que decidí preguntarle a mi padre la causa del fallecimiento de mi abuelo, se quedó muy pensativo durante varios segundos y me dijo que eso ya me lo iría contando con el paso de los años, pero yo le dije que quería saberlo en ese mismo instante, pues una cosa muy extraña relacionada con sus últimas palabras me estaba ocurriendo y me preguntó que era y de nuevo expliqué mi sueño y se dio la vuelta sin decirme palabra en el resto de la mañana. Al día siguiente, me enteré de que mi abuela había muerto en un accidente de tráfico cuando se dirigía a mi casa… fue entonces cuando mi padre me explicó la causa del fallecimiento de mi querido abuelo: Había muerto 12 horas más tarde de hacer la ouija pero la causa no se llegó a saber aunque mi padre me dijo también: “no lo leas” y desde entonces mi padre piensa que fue porque él había leído algo que no tenía que haber leído. Yo también lo pensé y en ese mismo instante vi una sombra pasar a mi lado, el miedo me invadió de repente, no podía moverme, quería seguir a la sombra pero algo en mi interior me decía que no lo hiciera, me armé de valor y la seguí, salió de mi casa y me llevó a un lugar en el cual yo nunca había estado, otra sombra pasó por mi lado y sentí un gran escalofrío como el que sentí en aquel sueño tan extraño…la sombra entró en una casa totalmente deshabitada, yo tenía más miedo que antes y sin saber por qué me desmayé y mi cabeza pegó un porrazo contra el duro asfalto de la carretera… Hacía mucho frío, allí estaba mi abuelo, corrí hacía él pero era imposible alcanzarlo, a medida que corría, su cuerpo se alejaba más y más… y sólo escuché unas palabras que me dijeron: no te comuniques con mi mundo, es muy peligroso, ya lo entendía, todo encajaba, mi abuelo se encontraba encima de un misterioso tablero que era el de la ouija y éste me quería decir que no jugará con esas cosas. Me encontraba tendido en el jardín de la misma todo había sido un sueño y vi que algo turbio estaba asomado a la ventana de la última planta de la casa. Me armé de valor y decidí entrar…me encontraba en la famosa sala y todo estaba ahora lleno de extrañas sombras que se movían con una gran lentitud…estando ya encima del tablero donde pude distinguir las extrañas palabras que mi abuelo me dijo que no leyera, pero no le eché cuenta y las leí, sentía como si mi alma no pudiera con mi cuerpo, estaba muy cansado, sentía como si me rajaran todo el cuerpo, como si me quitaran la vida, y así fue, allí estaba mi abuelo, riéndose a carcajadas, yo no lo entendía pero fue cuando él gritó las mismas palabras que estaban escritas sobre el tablero: “Si vous estez que reler la paser no pooyiez de la vier”, ahora si que lo entendía todo mi abuelo sabía que más tarde o más temprano las leería(pues el ser humano es así de curioso y estúpido) así que dijo que no lo leyéramos para hacer que pareciera que era muy inocente y que quería salvarnos, pero allí estaba yo muerto sin poder hacer nada y mis últimas palabras fueron: “no lo leas”, esperando a que otro tonto lo leyera para reencarnarme en su propio cuerpo…. “…el mayor error de todos fue que la leyenda dice que será castigado todo aquel que lo leyera, así que desafortunados ya sabéis lo que os espera…”. BUENO ESPERO QUE LES HALLA GUSTADO,NO SE OLVIDEN DE COMENTAR.
Datos archivados del Taringa! original
0puntos
371visitas
0comentarios
Actividad nueva en Posteamelo
0puntos
3visitas
0comentarios
Dar puntos:

Dejá tu comentario

0/2000

Autor del Post

j
jhbelcasador🇦🇷
Usuario
Puntos0
Posts10
Ver perfil →
PosteameloArchivo Histórico de Taringa! (2004-2017). Preservando la inteligencia colectiva de la internet hispanohablante.

CONTACTO

18 de Septiembre 455, Casilla 52

Chillán, Región de Ñuble, Chile

Solo correo postal

© 2026 Posteamelo.com. No afiliado con Taringa! ni sus sucesores.

Contenido preservado con fines históricos y culturales.