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Hola amigos de taringa hoy le traigo 2 historias de terror,espero q les guste empesemos : EL HOMBRE DEL MALETIN UNA NIÑA QUE SE DIVERTÍA ATEMORIZANDO A SUS AMIGAS CON BROMAS ES ADVERTIDA DE UNA EXTRAÑA VISITA QUE VA A RECIBIR Cuando Lorena tenía 13 años solía reunirse con sus amigas del colegio y les contaba historias de terror. Le encantaban la historias de miedo y estaba bien informada, de modo que se reunían en un banco de un parque cercano al colegio y todas escuchaban atentas los relatos de Lorena. Conforme oscurecía las chicas se marchaban avisando a Lorena de que si luego no podían dormir "se iba a enterar de lo que era bueno". Pero siempre era en tono de broma. Una tarde le relató esas historias a una amiga de clase. Estaban en la habitación de Lucía, cuya casa estaba a unos siete kilómetros de la casa de Lorena (luego se tendría que ir andando y sola). Cuando Lucía tenía suficiente miedo le dijo: "ahora te voy a contar yo lo que te va a pasar y verás quién pasa miedo". Y le dijo: "cuando vayas a casa un señor con un maletín, vestido de negro y con bigote te seguirá para matarte." El trayecto hacia casa lo hizo con una psicosis total: toda la gente parecía querer traspasarle con la mirada, pero ella sabía que era pura sugestión, de modo que el miedo que pasó fue relativo. Lo que realmente podía asustarle era el hombre del maletín, vestido de negro y con bigote, y de esos no hubo ninguno en todo el camino. Llegó a casa y comprobó horrorizada que no funcionaba el ascensor. Aunque aún le faltaba un año para tener permiso de uso del ascensor lo cierto es que vivía en un octavo piso y siempre que podía, cogía el ascensor. Tuvo que subir los ocho pisos a pie, y su desconsuelo fue mayor cuando su madre le dijo que bajara la basura: - ¡Pero si no va el ascensor!. -Se quejó inútilmente. Y entonces cogió la bolsa de basura y comenzó a bajar despreocupada... pero a mitad de camino las piernas se le aflojaron y casi perdió el equilibrio. Frente a la puerta de una casa, mirándole ahora a ELLA, había un señor trajeado de negro, con bigote y un maletín. Con los nervios a flor de piel, casi a punto de gritar y las piernas temblando, corrió escaleras abajo a punto de perder la bolsa de basura. Y llegó abajo con el corazón desbocado y falta de aire. Salió rápidamente del edificio y tiró la basura, y no subió inmediatamente a casa... sino que se dirigió a la tienda que tenía su padre en la misma finca y esperó a que él terminara el trabajo para subir acompañada. ¡Qué aterradoras pueden ser las casualidades! ¿O fue una visión de Lucía? ¡Quién sabe..! DIFICIL DE RECORDAR Lo ultimo que recurdo fue que veia las gotas de lluvia deslisarse por la ventana del tren. Afuera de el no habia mas que oscuridad y borrosas sombras, como un recuerdo lejano. El conductor habia anunciado que llegariamos a la estación Brahms en 15 minutos. Ese era mi destino. No sabia en que ciudad estaba, solo sabia que vivia en Nueva York y que me dirigia a la estación Brahms. En mis manos llevaba un maletin cerrado con una clave de tres digitos que no conocia,e íba vestido de traje negro y sombrero. En mis bolsillos habia una cartera de cuero negro, con dos dolares y mi identificación que decia que me llamaba John Hendrix y mi fecha de nacimiento era el 1 de septiembre.Hay el tren se metio en un tunel que dejo negro el exterior. En un periodico alfrente mio señalaba la fecha como el 11 de diciembre y de titular tenia INCENDIO EN LA CALLE LYNCH 25 muertos, la calle es llamada por los pobladores "La calle del infierno". En ese momento hubo un fallo en la luz del tren y no pude seguir leyendo. Tan solo en ese entonces me di cuenta que no habia nadie en el tren y al pasar al otro bajon solo pude ver unas seis personas, arriba de la puerta del conductor señalaba la hora, eran las 11:15pm. En un aciento habia un anciano tociendo, y dos acientos mas adelante un joven escuchando musica en su ipod. Me sente al mismo tiempo que el conductor anuncio la parada en la estación Brahms. Sali lo mas rapido que pude a la luz, chocando con un oficial de policia que sostenia un café, el café se derramo sobre mi hombro derecho y sobre el pecho del oficial fue hay cuando vi su nombre se lla maba H.Manson. Le pedi perdon y continue caminando subi las escaleras arriba de la estación y termine en un corredor poco iluminado lleno de posters de cometicos y peliculas. Adelante se encontraban mas escaleras y a lado de ellas una puerta, aunque no tenia idea de donde íba sabia que tenia que subirlas.Pero cuando me encontre a lado de la puerta de empleados esta se abrio de un solo golpe y un conserge de el otro lado me dijo-Sigame señor Johnson yo se donde se dirije. Como no sabia donde íba, pero al parecer ese sujeto si lo segi por un pasillo hasta llegar a otra puerta, el solo segia caminando hasta atravesar la puerta. No supe como reaccionar porque no tenia sentido,pero al pensar un poco me di cuenta de que yo no tenia sentido. Así que decidi abrir la puerta y entre a un closet bastante grande en donde el conserge se encontraba parado mirandome. Fue ahi que me di cuenta que era el mismo anciano que habia ocido en el tren. Al anciano se le tornaron los ojos rojos, y me dijo-360. En ese momento el anciano desaparecio y las paredes del closet se volvieron amarillas, un amarrillo fuerte. Mire a mi alrededor y no existia tal puerta por la que entre y en las paredes estaba escrito con sangre 360 en cada rincon del closet estaba escrito 360. Entonces recorde mi maletin y la clave de los tres digitos que no recordaba. inserte la clave y el maletin se abrio de golpe.De el calleron dos objetos un papel , y una pistola. Cogi a pistola con una mano y deje caer el maletin. Tambien cogi la hoja que decia- DESPIERTA. Me dispare en la cabeza. Doctor que cree que signifique este sueño. Pues probablemente,si es recurente debe tener algun nexo con su vida,no hay nada familiar en su sueño, algo que se conecte con la realidad. Bueno el anciano en mi sueño ...es usted. Bueno espero que les aya gustado este post,comenten y dejen puntos (si les gusto o le parecio bueno )
HOLA AMIGOS DE TARINGA! HOY LES TRAIGO 2 HISTORIAS DE TERROR ESPERO QUE LES GUSTE EMPESEMOS: CARA DE CUERO Una idílica tarde de verano se convirtió en una pesadilla. Durante treinta años los expedientes acumularon polvo en la sección de casos no resueltos del FBI. Más de trece piezas de evidencia fueron recogidas en la escena del crimen, la residencia Hewitt. Los hechos acaecidos llevaron a una de las leyendas más bizarras de los anales de la historia americana: "La Masacre en Texas” Silencio. Debía hacer silencio.Sabía que su vida dependía de ello. No importaba cómo se había metido en esa situación, no importaba que iban a Dallas, no importaba que llevaba un regalo para su tía Maggie, nada de eso tenía sentido ahora. Ahora lo único que tenía importancia era que tenía que permanecer callada, con el cabello pegado a la piel por el sudor, inmóvil. Tal vez hasta tendría que parar de respirar. Tal vez hasta pararía de respirar y se ahogaría ella misma y, si eso pasaba, todavía salía ganando. Porque todo era mejor que eso. Cualquier cosa era mejor que parar como todos los demás. Él estaba ahí afuera. Ella sabía que él estaba ahí y él sabía que ella estaba ahí. De pronto la carretera de Tejas había dejado de pertenecer a Los Estados Unidos de América para ser un anexo de la República Popular del Infierno. Sólo que a nadie se le ocurrió avisarle a ellos. El calor. Maldito calor. Cuando es de noche ¿No se supone que debe hacer frío? Karen trató de absorber todo el aire que pudo con la boca, cerró los ojos y los apretó para no llorar. Empezó a temblar violentamente y tuvo que abrazarse para controlarse. Porque Él lo sabía todo. Él le había dado caza y si ella se movía, aunque fuese un mínimo temblor, Él lo notaría, la sacaría del armario, la tiraría contra el suelo y la descuartizaría con su sierra. Porque así había pasado con todos los demás. Y de cierta manera trastornada, Karen deseaba que sucediera de una vez, porque así todo terminaría. No le importaba si el malnacido la cortaba en pedacitos, se la llevaba a su casa, se la ofrecía a su familia, le echaban pimienta y se la comían. No le importaba eso. Hasta podría salir del armario y rogar por que el golpe con la sierra fuese fatal y rápido. Hubiese salido, de no ser porque sí le importaba. El calor. Hacía calor, demasiado calor como para poder pensar. Una gota de sudor bajó desde su frente hasta sus párpados y se metió poco a poco en sus ojos, haciéndoselos arder. Pero no se la limpió ni se restregó la cara. Por favor, Karen, en este momento no, después puedes moverte todo lo que quieras, después puedes bailar lambada si quieres, pero en este momento no te atrevas a moverte. Una pulsada de dolor le latió en el anular derecho y casi le arranca un quejido. Cuando estaba corriendo de la camioneta (es decir, cuando tuvo que saltar por la ventana, porque Él estaba tratando de entrar por la puerta), cayó sobre el suelo de tierra y piedras apoyada en su mano vertical. Se partió unas uñas y se fracturó el dedo. Sólo se dio cuenta mucho después. Había escuchado de las reacciones físicas provocadas por el miedo, pero nunca se imaginó que fuesen tan poderosas. Se había roto el dedo y golpeado con fuerza la rodilla, pero en ese momento ni siquiera se percató de ello... (porque Él estaba ahí...) se levantó y corrió (detrás de ella con la sierra) hacia la oscuridad del bosque (e iba a matarla) hasta que se la tragara. Ya habían pasado varios minutos desde que se había escondido en la casa (con la muerte pegada a los talones) y no habían señales de Él por ningún lado. No sabía decir cuántos minutos llevaba escondida, pero eran varios. Tal vez más de los que sabía, porque en esta parte de la República Popular del Infierno el tiempo pasa como un fantasma, a veces rápido, a veces lento. La sierra no se dejaba escuchar ni olía el combustible. Tal vez se había rendido y se había ido a su casa. ¿Por qué no? Después de todo, ya tienen otras cinco piezas de carne que pueden cenarse. No pudo creer que había pensado algo tan monstruoso como aquello y, en ese instante, sólo quiso vomitar de asco por sí misma y morirse. No eran cinco piezas de carne, eran sus amigos. Una de esas piezas de carne era su novio. El novio que ella amaba y con el que iba a casarse, el novio con el que había planificado el sueño de una vida. De todas las personas en el mundo ¿Por qué a ella? Todo esto era mentira, tenía que serlo. Era una gran y larga pesadilla, de esas que son tan lúcidas que parecen de verdad. Eso tenía que ser. Eso tenía que ser porque era imposible que existiesen personas tan enfermas y tan malvadas como para hacer lo que le estaban haciendo. Dios no podía permitir semejante cúmulo de maldad en el mundo. (Es que no estás en el mundo, cielito. Estás en Las Montañas de la Locura, circulo siete del infierno, más allá de dónde Dios alcanza. Y así tratamos a los forasteros por aquí. Porque yo conozco a las de tu tipo, pequeña perrita. Sólo desprecio y crueldad para mi muchacho. ¿A alguien le importa lo que me pase a mí y a mi muchacho?) Basta. Basta, Karen, basta. Te estás volviendo loca. Necesitas todo lo que puedas de tu mente para cuando le digas a la policía lo que pasó. Tienes que describirlo, tienes que decirle como es la casa, como es la familia, como la sierra, bajo el sol, refleja los dientes en tus ojos como un aguijonazo. Bueno, la policía iba a aparecer. Tarde o temprano, la iban a sacar de ahí. Había una van hecha trizas, con manchas de sangre, en el medio de la carretera. Una patrulla iba a pasar, la iba a encontrar e iba a pensar que era raro. Empezarían a buscar y darían con ella, vivita y coleando. No importaba que ella se veía tan sucia como un prisionero en un campo de concentración, ni que se había orinado en los pantalones cuando vio al Cara de Cuero por primera vez. El olor, ahora intensificado por el calor, lo rodeaba todo. Era posible que el Cara de Cuero la atrapara siguiendo sólo el olor. Después de todo, no es un ser humano. No es un pobre desgraciado con un problema en la piel, como dijo la Abuela. No es un psicópata que usa caretas de pieles humanas para esconder su cara. No es un asesino enfermo que usaba una sierra mecánica para matar y que en ese momento estaba portando la cara de su novio como una máscara. Era un demonio salido de los más oscuros pozos del tormento, una bestia omnisciente cuya herramienta, la sierra, parecía estar pegada a sus dedos, cual espada de Damocles. Todavía lo veía persiguiendo a Donna. Karen grita “¡Corre!”. Donna se mueve como en cámara lenta, se tropieza y se cae al suelo. El Cara de Cuero la alcanza. Donna coge una lámina de metal del suelo y la interpone como un escudo. La sierra echa chispas cuando choca con la lámina. Karen debió hacer algo en ese momento, como coger un tronco grande, ó el bate de Tobe, y darle por la cabeza al mostrenco ese. Pero en vez de eso se quedó ahí, parada, congelada de miedo, mirando la escena. Su cerebro le ordenaba que se voltease y que corriera lejos, pero no había conexión. Las órdenes no llegaban a sus piernas. La sierra pasa resbalando al suelo de tierra, Donna tira la lámina, se levanta y empieza a correr otra vez. Pero Cara de Cuero hace algo con la sierra. En un segundo la levanta sobre su cabeza con las dos manos. En el siguiente la balancea hacia atrás y en el siguiente la balancea hacia delante, por debajo de la cintura de Donna. Hay un ruido, como el de una rama fuerte que se rompe cuando la pisas. Karen ve unas gotas negras en la oscuridad salpicar el suelo y algo se desprende de Donna. Donna cae al suelo y trata de agarrarse la pierna derecha, pero no hay más pierna después de la rodilla. Hay un nuevo olor, un olor penetrante, el olor de la sangre. Donna grita, Karen grita, el monstruo robusto de casi dos metros hunde la sierra en el bulto que yace en el suelo y que antes se llamaba Donna. Donna deja de gritar. Cara de Cuero se voltea hacia Karen y, por un breve momento, Karen se da cuenta de que la cara del asesino es la misma cara de Tobe, con ciertos defectos, claro, porque la piel no es perfectamente elástica. Hay que curtirla un poco y aplicarle algunas cremas hidratantes y esos campesinos no tienen nada de eso por aquí. La película se nubla y Karen trata de salir corriendo. Pero, oh, ya es demasiado tarde, Él la ha atrapado... Cuando recuperó la conciencia lo primero que pensó fue que estaba muerta y que estaba conociendo el más allá. Luego siente sofocación, dolor de cabeza, calor y el dedo le duele. Dolor es igual a vida. Por un instante se sintió enormemente desgraciada de estar viva, por primera vez, luego el sentimiento desaparece cuando por encima de su cara aparece otra, portando el sombrero de alguacil. Gracias a Dios, gracias, tiene que ayudarme, trató de decir, pero sólo murmuró “Mmmmmmaaaaaaaa—gggg-------aaaaa” - Shhh- dijo el alguacil – Tranquila, cielito, tranquilita- - Por... ayude... amigos...- balbuceó - Ya, ya, están aquí todos- Karen trata de mirar alrededor, pero se siente confundida, perdida, como si estuviese pasando por un viaje de LSD. En un principio parece un palacio, pero luego va tomando forma y es una cocina, polvorienta y hay óxido en la puerta del refrigerador. Hay algo en una enorme olla que parece familiar... (un brazo) pero Karen descartó la posibilidad de estar viendo algo así. La pesadilla había terminado, aún cuando nada de lo que pasaba ahora carecía de sentido. - ¡Abuela!- grita un niño afuera de la casa -¡Abuela, déjeme entrar!- Una mujer aparece, con un peinado anticuado, y lentes. Sus ojos son claros. Karen se sintió ridícula, se parecía a su propia abuela. - ¡Tú quédate afuera con los perros!- grita la Abuela -¡Hasta que aprendas a seguir las reglas!- Todo es confuso y extraño, pero Karen recuerda a la Abuela, cuando les ofreció ayuda en la carretera, poco después de que la camioneta se descompusiera. Definitivamente, cuando algo malo va a pasar no hay manera de escaparle al destino. Unas manos la manosean descaradamente y vuelve en sí, mirando al Alguacil. - No te vas a ir a ninguna parte, niñita- Karen toma una bocanada de aire y trata de moverse, de escapar, pero no puede. El Alguacil sujeta su cabeza entre sus manos. Por ese momento, es suficiente para controlarla. - Dale un chance- suena una voz masculina en la cercanía - ¡Tommy!- grita la Abuela - ¡Mira el jodío desastre que hiciste en la casa persiguiendo al ganado!- - Nah, mama- dice el Alguacil – Tommy es un buen muchacho- - Un muchacho muy dulce- dice una voz femenina - Usted cállese, cretino- le dice la Abuela al Alguacil Karen levanta una mano y trata de apoyarse. Lo consigue a medias. - Por favor... déjenme ir- La Abuela se quita los lentes y la mira cara a cara, con una sonrisa solemne, la sonrisa de quien ya ha recibido esa petición en el pasado. - Pequeña perrita- dice Karen trata de preguntar por qué le hacen esto, por qué le hacen daño, pero no logra emitir ningún sonido. Alguien cocina carne cerca. - Yo conozco a las de tu tipo- dijo la Abuela – sólo desprecio y crueldad para mimuchacho- Hay un rumor al fondo, un rumor gutural. No es de ira, sino de tormento. Es un rumor adolorido de quien ha escuchado eso miles de veces, de quien ha sido torturado por esas palabras. - Todo el tiempo mientras crecía. Burlándose de mi pobre Tommy. ¿Acaso a alguien le importa lo que me pase a mí y a mi muchacho? ¿AH?- - ¡Ayúdenme! ¡Por favor!- gritó Karen - ¡Tommy! ¡Ven acá y controla a tu novia!- llamó la Abuela Karen lo sintió todo como si fuese con otra persona, como si se refirieran a una miss Universo de un país lejano, como si lo viese todo a través de una pantalla. Creyó que Tommy y su novia eran una parejita bonita, como la que hacía ella con Tobe. Entonces baja la mirada y comienza a gritar y a patalear cuando el Cara de Cuero atraviesa el umbral de la puerta, viniendo por ella. - Ya le daremos un buen uso a esa carnita tuya- dice el Alguacil Hay un flash y lo único que Karen sabe es que está corriendo en medio de la oscuridad y que lleva al Cara de Cuero a las espaldas, escuchando a la sierra como si la tuviese encima. Alcanza a ver la casa abandonada en medio del bosque y entra. Voltea y ahí está él, detrás de ella, vistiendo un delantal de carnicero manchado con sangre. Karen cierra la puerta y recorre la casa. Encontró el armario y se escondió en él. Y ahí seguía ahora. Podía pasarse el resto de su vida ahí metida. Piezas de carne, los Simpson, Tommy y su novia, ¿Qué mas seguía? ¿Cómo perdí la virginidad? Es impresionante la cantidad de basura que te tira la mente cuando no la tienes ocupada en algo. En algo productivo, es decir. En este momento Karen se sentía distraída de todo lo demás, sólo podía pensar en Él, su presencia era completa y... Un sonido. Eran pasos y estaban en la casa. El Cara de Cuero la había encontrado. Karen no habla nunca de su experiencia en el desierto tejano, y es que no la recuerda. Afortunadamente, la mente humana tiende a olvidar, a borrar de la memoria los eventos estresantes, los momentos de intenso shock. Es la única forma que la memoria tiene de defenderse a sí misma, porque si no existiera, estaría loca. Todavía no puede dormir sóla ni con la luz apagada, tiene pesadillas muy a menudo, por no decir a diario, y no sabe por qué, no puede comer carne. Los policías que la encontraron dijeron que cuando la hallaron, tirada en el medio de la nada, estaba tan cubierta en sangre y tierra que creyeron que estaba muerta. Luego se despertó de golpe y empezó a gritar “¡nos comimos a Uther! ¡Nos comimos a Uther!”. No sabían de ningún Uther por la zona y, cuando Riggs, uno de los oficiales, le contó a su mujer esa noche lo que había pasado, lo hizo diciéndole: - Esa chica debió de ser linda en otro momento. Pero todo lo que pude ver fue la mirada perdida y vacía de los locos, de los que viven en sanatorios mentales. Esa chica estaba muy mal. Pobrecita... pobrecita...- De más está decir que no puede subir a un vehículo de motor ni escuchar una motocicleta cerca, porque le entran ataques de nervios violentos y las enfermeras deben administrarle calmantes. Ciertamente la chica pasó por algo terrible, algo realmente horroroso, pero es una lástima que no pueda contarle a nadie lo que pasó. Tal vez si pudiera ayudaría a salvar una ó dos vidas. Ayudaría a otros a poder escapar de la sierra mecánica que dejó huellas de sangre en las arenas del desierto tejano. NO LO LEAS Era una fría y oscura tarde de invierno, estaba un poco mareado. Así que decidí acostarme, no eran más de las seis, pero así lo hice. Me encontraba en una larga y oscura sala en la cual abundaban los libros de magia negra y brujería, en ese instante se me vinieron las débiles palabras de mi abuelo Mauricio antes de morir: “no lo leas”, yo no le encontraba sentido a esas pocas palabras, así que decidí explorar la gran sala. A medida que avanzaba una débil brisa me producía escalofríos, seguía caminando hasta llegar a un camino sin salida y adornada con una estatua de marfil, era muy raro ya que en el suelo había dibujado un tablero de la famosa ouija y en la parte posterior habían dibujado unas palabras escritas en latín o eso era lo que yo pensaba, comencé a leerlas aunque me costaba mucho trabajo…fue entonces cuando escuchaba unas voces de fondo que me decían: Pedro despierta, ¡¡¡¡Pedro quieres despertarte de una vezzzz….!!!! De repente di un sobresalto y mi madre y yo nos pegamos un chocazo en la cabeza y a ambos nos salió un gran “chichón”. Decidí ir esa noche a la discoteca para despejarme un poco con mi amiga Carmen y le conté el extraño sueño, ella no paraba de reírse, en cambio yo no le veía la gracia pues tenía el presentimiento de que algo no muy bueno iba a ocurrir. No paraba de pesar en las dichosas palabras de mi abuelo así que decidí preguntarle a mi padre la causa del fallecimiento de mi abuelo, se quedó muy pensativo durante varios segundos y me dijo que eso ya me lo iría contando con el paso de los años, pero yo le dije que quería saberlo en ese mismo instante, pues una cosa muy extraña relacionada con sus últimas palabras me estaba ocurriendo y me preguntó que era y de nuevo expliqué mi sueño y se dio la vuelta sin decirme palabra en el resto de la mañana. Al día siguiente, me enteré de que mi abuela había muerto en un accidente de tráfico cuando se dirigía a mi casa… fue entonces cuando mi padre me explicó la causa del fallecimiento de mi querido abuelo: Había muerto 12 horas más tarde de hacer la ouija pero la causa no se llegó a saber aunque mi padre me dijo también: “no lo leas” y desde entonces mi padre piensa que fue porque él había leído algo que no tenía que haber leído. Yo también lo pensé y en ese mismo instante vi una sombra pasar a mi lado, el miedo me invadió de repente, no podía moverme, quería seguir a la sombra pero algo en mi interior me decía que no lo hiciera, me armé de valor y la seguí, salió de mi casa y me llevó a un lugar en el cual yo nunca había estado, otra sombra pasó por mi lado y sentí un gran escalofrío como el que sentí en aquel sueño tan extraño…la sombra entró en una casa totalmente deshabitada, yo tenía más miedo que antes y sin saber por qué me desmayé y mi cabeza pegó un porrazo contra el duro asfalto de la carretera… Hacía mucho frío, allí estaba mi abuelo, corrí hacía él pero era imposible alcanzarlo, a medida que corría, su cuerpo se alejaba más y más… y sólo escuché unas palabras que me dijeron: no te comuniques con mi mundo, es muy peligroso, ya lo entendía, todo encajaba, mi abuelo se encontraba encima de un misterioso tablero que era el de la ouija y éste me quería decir que no jugará con esas cosas. Me encontraba tendido en el jardín de la misma todo había sido un sueño y vi que algo turbio estaba asomado a la ventana de la última planta de la casa. Me armé de valor y decidí entrar…me encontraba en la famosa sala y todo estaba ahora lleno de extrañas sombras que se movían con una gran lentitud…estando ya encima del tablero donde pude distinguir las extrañas palabras que mi abuelo me dijo que no leyera, pero no le eché cuenta y las leí, sentía como si mi alma no pudiera con mi cuerpo, estaba muy cansado, sentía como si me rajaran todo el cuerpo, como si me quitaran la vida, y así fue, allí estaba mi abuelo, riéndose a carcajadas, yo no lo entendía pero fue cuando él gritó las mismas palabras que estaban escritas sobre el tablero: “Si vous estez que reler la paser no pooyiez de la vier”, ahora si que lo entendía todo mi abuelo sabía que más tarde o más temprano las leería(pues el ser humano es así de curioso y estúpido) así que dijo que no lo leyéramos para hacer que pareciera que era muy inocente y que quería salvarnos, pero allí estaba yo muerto sin poder hacer nada y mis últimas palabras fueron: “no lo leas”, esperando a que otro tonto lo leyera para reencarnarme en su propio cuerpo…. “…el mayor error de todos fue que la leyenda dice que será castigado todo aquel que lo leyera, así que desafortunados ya sabéis lo que os espera…”. BUENO ESPERO QUE LES HALLA GUSTADO,NO SE OLVIDEN DE COMENTAR.
HOLA AMIGOS DE TARINGA ! HOY LES TRAIGO 1 CUENTO DE TERROR ESPERO LES GUSTE EMPESEMOS :Un Cuento de TerrorAUTOR : Luis Alberto SinselY ahora aquí, a dos metros bajo tierra dentro de un cajón transparente de plástico, encadenado de pies y manos con los ojos vendados y además semidesnudo, ya sólo me queda esperar mi lenta, asfixiante y desesperante muerte; ya sólo me queda esperar que termine esta agonía que empezó en el momento en que nací... Recuerdo que esto empezó un día como cualquier otro en el que estaba mendingando, no había comido por tres días, no tenía ni una gota de alcohol y para rematar, un grupo de muchachos con ropas elegantes y con miradas llenas de odio hacia toda la miseria que yo representaba, se divirtieron conmigo al ponerme una golpiza.Recuerdo que en ese momento más que nunca había pensado en el suicidio; en terminar mi amarga existencia por cualquier medio. Me decidí aventarme a las vías del metro, llegué a la estación, me sentía tan acabado, tan derrotado, tan desanimado que no sé si me desmayé o me quedé simplemente dormido ahí. Entre sueños recuerdo haber visto una sombra que se deslizaba por el piso hacia mis despojos, traté de encontrar qué era lo que la producía mas nunca pude, cuando de pronto, de esa sombra inexplicablemente emergió una persona demacrada; una persona con cara de que tenía la enfermedad más terrible que te pudieras imaginar, pero a pesar de eso, irradiaba una energía que me provocó el escalofrío más intenso jamás antes sentido. Un instante después, completamente despierto, sentí un sentimiento tan intenso como de desolación, angustia y terror juntos hacia esa persona, que me dio una taquicardia hasta llegar al punto de pensar que ahí mismo moriría por un infarto.Un instante después de que esas emociones formaron parte de mí, llegué a la conclusión de que aquella persona era la encarnación de todo lo que está mal en el mundo o como infantilmente se le llama "el diablo", de pronto esta, realmente no sé cómo llamarle, con una voz en la que se escuchaban como niños que reían y cerdos que gemían lastimosamente al mismo tiempo; una voz que se escuchaba con la misma intensidad de un grito pero con un sonido más bajo que el mismo me dirigió la palabra, y lo que este demonio me dijo lo recuerdo tan claramente como el hecho de saber caminar y es lo siguiente:-Tú, basura inmunda, ¿dónde ha estado todo este tiempo tu dios?, ¿cuándo te ha ayudado?. Yo te ayudaré, te haré inmortal 7 veces, pero a cambio usarás parte del dinero que ganes para destruir, matar y enviciar a todos los materialistas e interesados que estén a tu alrededor.Medité la propuesta, vi que no tenía nada que perder, además al recordar a aquellos que me golpearon sentí que le iba a devolver a la sociedad todo lo que me había dado.Lo último que recuerdo fue una gran sonrisa de burla, satisfacción y maldad impresa en su rostro antes de que se desvaneciera... Al siguiente día me levanté como nuevo, las cosas se daban fácilmente, pronto me uní a un grupo de personas que daban shows extremos, de esos que les gustan a la gente morbosa, y al aprovechar mis múltiples "vidas" gané una gran cantidad de dinero fácilmente y, como dice el trato, destruí hogares, induje al vicio a mucha gente y pervertí conciencias sin remordimiento alguno.En estos shows me mataban de muchas formas, no me escapaba del dolor, pero podía más mi avaricia que el dolor o el remordimiento. Me hicieron de todo, me dieron un balazo en el pecho y me levantaba; me tiré desde un cuarto piso y me levantaba; me senté en una silla eléctrica y me levantaba; me tiraron con un cañón antiguo al cuerpo y me levantaba; me tomé un litro de cloro y me levantaba; me inyectaron aire y me levantaba, en todo esto la gente sólo pagaba y disfrutaba sin saber que de verdad moría y revivía inmediatamente en cada acto.La riqueza la disfruté como nunca antes en mi vida, y se me ocurrió que podía hacer otro acto más para retirarme con mi dinero y disfrutarlo el resto de mi vida. Fue cuando me propusieron meterme en una caja y enterrarme bajo tierra por un par de horas...En el momento en el que me bajaron y me estaban cubriendo con la tierra escuché de nuevo la inolvidable voz que me dijo:-Estúpida basura inmunda, no volverás a revivir, no supiste que después de que hablaste conmigo fue tu primera resurrección, es por eso que te sentiste tan bien.Después de escuchar esa fatídica noticia me entró una enorme angustia, maldije a todo el mundo, preferí haberme suicidado esa noche, recordé su maldita sonrisa, me sentí humillado y usado, me arrepentí de mis actos...Y ahora aquí, a dos metros bajo tierra dentro de un cajón transparente de plástico, encadenado de pies y manos con los ojos vendados y además semidesnudo, ya sólo me queda esperar mi lenta, asfixiante y desesperante muerte; ya sólo me queda esperar que termine esta agonía que empezó en el momento en que nací...COMENTEN Y PUNTUEN SI LES GUSTO !!

Hola amigos de taringa! hoy les traigo unas historias de terror que ojala les gusten EL CUERPO COLGANTE Llegué a un nuevo país hace dos años. Recuerdo que no tenía mucho dinero y tuve que buscar una vivienda accesible. Encontré un conjunto de departamentos pequeños, construidos hace poco más de 30 años en una zona tranquila habitada solo por ancianos. El departamento que me ofrecían estaba deshabitado desde hace dos años. Vi que solo tenía dos piezas separadas por una puerta corrediza de lo que era el baño y una mini-cocina y después ya estaba la puerta de entrada. No era muy grande pero para una o dos personas es más que suficiente, así que decidí rentarlo. Lo primero que llamó mi atención fue aquel viejo aparato metálico, rectangular y un poco grande: era el calentador de agua. De él salían dos tuberías en la parte inferior y una más gruesa y corta de la parte superior, desembocando a una ventilación cuadrangular forrada también de aluminio. Me pareció algo extraño y peligroso tener un calentador de agua dentro de la vivienda en sí…Curiosamente el resto de los departamentos sí lo tenían afuera. Me acostumbré a dormir en la pieza que estaba pegada a la cocina y el baño; solo me aseguraba de cerrar bien la puerta corrediza para que no se colara el viento desde la puerta principal. Pasó año y medio y estaba tranquilo y contento. Pero… En octubre del 2010 comencé a tener insomnio, la última vez que lo tuve fue hace algunos años y ahora nuevamente, sin motivo aparente, no podía dormir. Pero lo realmente inquietante fue que empecé a sentirme observado, como si alguien me vigilara, no sabía de donde vendría aquella “mirada”, pero casi podría asegurar que alguien estaba ahí, conmigo. Pasaron tres noches y entonces extrañamente tuve la certeza de que aquella “mirada” se colaba por una rendija a través de la puerta corrediza, como si alguien me vigilara desde la cocina. No me asusto fácilmente…pero desde ese día, la sensación de sentirme vigilado fue en aumento. Mi insomnio también empeoró y las dos o tres horas que lograba conciliar el sueño, tenía pesadillas. Al principio no lograba recordar el contenido de aquellas pesadillas, pero despertaba con una sensación de intenso temor. Gradualmente se hicieron cada vez más frecuentes: inicialmente una vez a la semana y después ya tres veces a la semana. Una de esas noches, al sentirme observado, instintivamente voltee hacia la cocina y miré a través de la rendija de la puerta corrediza. Inicialmente solo vi oscuridad pero conforme pasaron varias noches, poco a poco pude ver que se asomaba algo: parecía una manta maltratada colgada de un perchero, me reí de mi “visión” al recordar que justo en ese lugar se encontraba el calentador de agua…Pero sentí la necesidad de seguir atento y entonces, después de un par de noches más, lo que vi me dejó perplejo: aquellas tuberías de la parte inferior finalmente tomaron la forma de algo parecido a unas piernas y a cada lado de lo que se suponía era el “cuerpo” del calentador, se asomaron un par de…brazos? Sí, todo aquello parecía un cuerpo colgado! Podía ahora ver entre la oscuridad que aquello ya no era el calentador de agua con sus tuberías sino que era el cuerpo de una mujer que colgaba de su cuello, vestida con algo parecido a una bata de hospital, la cabellera negra y larga, los brazos y piernas con un pálido tono azulado. Conforme pasaron las noches mi insomnio era casi insoportable y las pesadillas aún más intensas pero desafortunadamente comencé a tener un recuerdo más vívido de lo que había soñado. En mi pesadilla volvía a revivir el descubrimiento gradual de aquel “cuerpo colgado” y después de varias pesadillas más, todo se concentró en la cabeza, veía cómo esa cabeza comenzaba a moverse lentamente de un lado a otro, balanceando su cabellera suavemente, como si aquella mujer se despertara! A finales de noviembre, una noche desperté casi gritando: La cabeza de la mujer se había balanceado lentamente y al final, súbitamente la levantó!!…Fue horrible: Los ojos inyectados en sangre, los labios secos y con llagas, la piel con el mismo tinte azuloso y pálido a la vez, con una expresión de enojo incontenible! Por aquellos días ya estaba yo bastante cansado y ojeroso. Uno de mis compañeros amablemente me invitó a visitar algunos templos sintoístas y fue ahí donde me atreví a platicarle de mi insomnio, mi sensación de ser vigilado, las pesadillas y lo que veía cada noche en mi cocina. Él solo me dijo: “Probablemente el insomnio te hace ver cosas porque tu mente está cansada…O crees que hay algo más?” No respondí nada porque no sabía qué decir. Transcurrió el día y traté de relajarme; Observé cuidadosamente cada uno de los amuletos que vendían en aquellos templos…pero no compré nada, no soy creyente de esas cosas. Ya casi al finalizar nuestra visita, mi compañero me extendió su mano al tiempo que me preguntó: “Los quieres?”. En su mano tenía 3 papelitos rectangulares con algunas inscripciones negras y figuras rojas, no sabía que eran y al preguntarle por ellos solo me los dio diciendo: “Pégalos en tu casa: en las paredes y en la puerta de entrada”. Esa noche, poco antes de acostarme, vi aquellos papelitos en mi escritorio y recordé las palabras de mi compañero. Sin saber exactamente la razón, simplemente decidí pegarlos como me lo indicó. Pasaron varias noches y aunque el insomnio seguía, la sensación de ser vigilado había desaparecido. Y no solo eso: ahora aunque trataba de encontrar la figura de aquel cuerpo colgando en la cocina, lo único que lograba ver entre la oscuridad era el calentador de agua. Hasta hace poco volví a ver a mi compañero y le dije: -Recuerdas aquellos papelitos que me regalaste? -Sí, los pegaste? -Qué son? -Amuletos. Un monje me los obsequió. Te sirvieron? Al decirme esto, él me sonreía tranquilamente y sentí que no era necesario dar más detalles al respecto, así que solo correspondí la sonrisa y le dije: -Gracias. Este es uno de extaterrestre RESISTENCIA FINAL Todo comenzó aquel día, lo recuerdo como si fuera ayer, las naves bajando a tierra. Los seres destruyen todo a su paso personas muertas en todas partes, el paso obstruido por el fuego esas malditas cosas, capturando a los ciudadanos para reabastecerse o mantenerlos como esclavos, se alimentan de sus cerebros. Ya estamos hartos tenemos que hacer algo,jamás había visto algo así. Todos los ejércitos del mundo hemos peleado por nuestro mundo todos han caido, no estamos preparados para una situación como esta. Nuestra resistencia no es suficiente, su tecnología es superior, sus armas son muy poderosas. Parece ser una alianza de varias especies, unos parecen arañas otros traen trajes, unos son altos, unos delgados con armaduras. Bestias sorprendentemente fuertes su arsenal es muy poderoso. Hemos rescatado a unas pocas personas ocultándolas en las profundidades. Sólo quedamos 50 hombres en la resistencia, ya no puedo mas, ya casi no hay recursos en el planeta. Pelearemos hasta el final, hemos robado algunas de sus armas. No nos rendiremos, ya no tengo nada que perder lo he perdido todo por culpa de esos malditos. Sé que aun hay futuro para el planeta, sé que aun hay esperanza... a un lado tengo mis escopeta he aniquilado a muchos de ellos, parece que todos han perdido la esperanza mis hombres y yo hemos llegado al límite. Es hora de la batalla final. Hemos llegado, todo parece tan tranquilo, entramos en la nave nodriza no puede ser... veo a mi familia muerta, desgarrada. No puedo creer esto, juro que me vengaré, nos atacan cinco seres pero logramos derrotarlos, perdimos a 20 hombres. Son muy fuertes, no sé si moriremos pero nuestros camaradas siguen peleando. Nos encontramos con su lider, no podemos huir ya no tengo municiones sólo me queda un cuchillo... He decidido morir intentándolo, mis hombres podran lograrlo. Amigos sigan adelante yo me ocuparé de esto, la batalla es muy difícil. Es muy fuerte antes de seguir, me comentó que los humanos deberían morir, que somos una amenaza. Eso me hizo pensar si sabía algo que nosotros no. Mis amigos lo han logrado las naves explotarán en cualquier momento. He perdido mi brazo en la batalla pero no puedo perder, el futuro está en nuestras manos. Ya no tengo fuerzas, enterré mi cuchillo en una especie de corazón en su brazo, esa cosa se debilitó. No puedo moverme pero lo hemos logrado aún podemos reconstruir el planeta. Somos libres . EL TRAILERO FANTASMA Hace mucho tiempo, sobre la carretera de la rumorosa, un trailero manejaba a toda velocidad rumbo a Mexicali, pues su esposa estaba a punto de dar a luz y quería llegar rápido a su casa, ya que llevaba dinero para lo que se ofreciera, mas cuando iba a tomar una peligrosa curva perdió el control y se estrelló contra unas rocas. El chofer se bajó del trailer todo aturdido, se miró el cuerpo y se alegró al darse cuenta que no le había pasado nada. Entonces esperó a que pasara alguien para que le ayudara o lo llevara a la ciudad, pero durante mucho tiempo nadie cruzó aquellos cerros. El hombre se quedó dormido y cuando despertó se sorprendió al ver todo oscuro; no entendía qué pasaba así que decidió caminar, caminó y caminó, avanzó una buena distancia, sabía que la salida de la rumorosa estaba cerca y sin embargo, cuando se dio cuenta se encontró en el mismo lugar del accidente... A los tres días hallaron el camión pero no al conductor; de él no se supo nada. Hasta que en una ocasión, años más tarde, un muchacho que manejaba un trailer se detuvo porque un hombre le hizo señas. —Amigo, me llamo Francisco Vázquez y necesito con urgencia que mi mujer reciba un dinero porque va a tener un niño. Yo no puedo ir, mi trailer se descompuso y no lo puedo dejar aquí. —Sí, señor, con gusto se lo llevaré —contestó el muchacho— sólo dígame dónde vive su señora. El hombre le entregó un papel en el que anotó la dirección y el nombre de su esposa. Al despedirse, el joven sintió que un escalofrío le recorría la espalda, pues al darle la mano, el señor estaban tan frío como un muerto. El muchacho no le dio importancia, subió a su trailer y se encaminó a la ciudad de Mexicali. Al día siguiente, fue a buscar a la señora pero no la encontró; alguien le dijo que ya no vivía ahí, que hacía tiempo se había cambiado. Sin darse por vencido, preguntó en varios lugares hasta que, por las señas del papel, una anciana le indicó dónde vivía. Al llegar dio unos golpes en la puerta y esperó a que le abrieran. —¿dígame joven? —le preguntó la señora. —perdone, ¿aquí vive la esposa del señor Francisco Vázquez? —soy yo —contestó ella— ¿qué se le ofrece? —ayer en la carretera, su esposo me pidió que le trajera este dinero, porque se le descompuso el trailer... —¡no puede ser! —lo interrumpió la señora tapándose la boca—. mi marido murió hace cinco años. Al muchacho le temblaron las piernas, le dejó el dinero a la señora, que se puso a llorar, y se fue para su casa todo asustado. Cuando llegó, apenas había cerrado la puerta cuando descubrió frente a él al trailero de la carretera y brincó espantado; sentía que una fuerza extraña lo invadía. —¡gracias, amigo! —le dijo el muerto con voz cavernosa, mientras desaparecía. El joven podía escuchar los latidos de su corazón y tardó un buen rato en recuperarse de la impresión. Tiempo después, al platicar con unos amigos, se enteró de que el trailero ya se les había aparecido a otros hombres, mismos que no habían cumplido el encargo del muerto, por eso se les fue secando el cuerpo hasta quedar como esqueletos. Bueno amigos de taringa eso es todo comenten y dejen puntos gracias
HOLA AMIUGOS DE TARINGA HOY LES TRAIGO 2 CUENTOS DE TERROR EMPESEMOS : LA FIESTA No es fácil empezar, después de leer mi historia lo entenderán. Vivía en una pequeña casa, aislada de la ciudad, ya que por la enfermedad de mi madre nos tuvimos que mudar aquí, mi mamá tenía pánico a la gente y se alteraba demasiado. En mi casa somos tres, mi madre, mi medio hermano y yo, mi papá murió cuando yo tenía sólo siete años. Como decía, la casa es pequeña, pero tenebrosa, y mis compañeros de curso lo sabían, por eso insistieron celebrar aquí la fiesta de halloween, a lo cual accedí. Llegó el día, todos mis amigos y yo estábamos en mi casa, pero en mitad de la fiesta a alguien se le ocurrió proponer: - Juguemos a la ouija. Todos aceptaron. Lo preparamos todo minuciosamente, hasta el último de los detalles, ocupamos nuestros puestos y comenzamos la invocación. Increíblemente el testigo respondió inmediatamente a nuestra llamada, se habían cumplido nuestras expectativas. Pero de repente una extraña sensación llegó a mi ser, se escuchaban gritos en la segunda planta, un frío penetró de golpe las almas de todos los presentes y una ráfaga de viento abrió bruscamente las ventanas, todos quedamos impasibles. ¿Qué estaba pasando?, al fin reaccionamos y algunos empezaron a gritar, otros reaccionaron riéndose, como si quisieran creer que todo era una broma. Pero no, en mi casa nunca habían pasado cosas así. Pasados unos segundos, el silencio volvió y los ánimos se iban calmando, pero de pronto uno de nuestros compañeros rompió el silencio, estaba pronunciando palabras que ninguno de nosotros podía entender, parecía que hablaba en latín. Algunos empezaron a reír y otros no lo soportaban más, querían que se callase, pero el no paraba, los ánimos se caldearon de nuevo y una amiga empezó a pelearse brutalmente con un compañero. El panorama era dantesco, unos reían como endemoniados otros gritaban, se peleaban y varios cayeron desmallados, era horroroso e insoportable. Por fin llegó un momento de calma, pero no duro mucho, una nueva oleada de cólera descontrolada invadió a los allí presentes, los gritos aumentaron, ya no se podía más, era horrible, la sangre salpicaba las paredes, el testigo de la ouija se movía solo, pero de forma controlada, pude leer: - Fue un gran error… A pesar de todo lo que estaba ocurriendo en aquella sala, yo intentaba mantenerme tranquila y razonable, pero no aguante mucho, el tablero empezó a temblar bruscamente y de el salió un resplandor, allí pude ver a mi padre, él estaba provocando todo esto, ahora sabía lo que estaba ocurriendo, habíamos abierto la puerta, y él no se iba a peder tan esperada cita por nada del mundo, buscaba venganza…Pero…¿Por qué?. Reaccioné inmediatamente y subí las escaleras de tres en tres, tenía que encontrar a mi madre, pero al llegar al segundo piso la encontré muerta, y mi hermano yacía muerto a su lado. ¿Por qué los mató?... Poco después encontré el diario de mi madre, allí encontré todas las respuestas. Mi madre lo había asesinado, junto con el papá de mi medio hermano, mi padre había cumplido su amenaza… Ahora entiendo los gritos, eran ellos, de un día a otro mi familia y mis amigos habían desparecido para siempre. Nunca olvidaré aquel halloween. DELIRIUMS TREMENS ¡Maldito trazo irreverente!, la expresión de un ser humano carcomida por la inestabilidad y el rezago. El delirio de esa ansiosa o destructiva manía de pensar consumía la vida de mi preciado amigo C. Canterry, un farsante, un apostador, embelesado por el whisky, junto a los aires grotescos de carnaval. Este hombre era un loco mordaz, un extremista. Un lado visceral corría en contra de su pensamiento; día a día el perfume de las cantinas lo enterraba en un juego de azar, cada vez más ensordecedor. Las monedas iban y venían una a una entre tragos y sonrisas malformadas, entre muecas de oscuro sopor. Es verdad: la gente siempre reía a más no poder en los lugares de la vida nocturna, pero, si de sonrisas se hablaba, la de C. Canterry era las más horrendas. Su semblante caucásico se encuadraba de tal forma que en la expresión, sus ojos verdes, según recuerdo, le temblaban con ahínco irracional; después, la sonrisa se distorsionaba en la más enferma de las carcajadas. Siempre que ganaba la sonrisa parecía proferirle un carácter diabólico, como si el mismo demonio lo poseyera para arrebatar de golpe el dinero. Siempre que un “¡Ja, Ja, Ja!” horrible y del demonio se repetía, algunos osaban a no volver apostar con él, después de santiguarse, casi estupefactos. A C. Canterry le importaba un comino, él sólo deseaba perderse en el alcohol, apostar y hacer esa sonrisa que erizaba los vellos de la piel. Pese a practicar ese enfermo deporte del alcohol, C. Canterry, tenía momentos de lucidez en que una breve cordura, parecía contradecirlo en su propia manía. En ocasiones confesaba que deseaba alejarse de esa vida callejera que lo sacaba a media madrugada de sus aposentos, para perderse en el alcohol y las apuestas; por más que el pobre de mi amigo trataba, un halo negro lo ahorcaba en el desvarío del azar. Le extirpaba las neuronas del cráneo minuto a minuto, el hambre de sostener las monedas lo obsesionaba. Sus días pasaban similares, con los ojos verdes insertados sobre la superficie de las mesas de las cantinas, donde descansaban los billetes y grupos de monedas que cambian, durante la madrugada, de jugador a jugador. Recuerdo bien los días en que mi pobre amigo despilfarraba la ganancia de dos meses, obtenida a través de un pequeño negocio que poseía en el área céntrica de la ciudad. Yo trataba de persuadirle, pero cada sugerencia era como invitarle a que se quedara; no importa cuánto hiciera en el intento de alejarlo de aquellos lugares que sólo destruyen las vidas humanas, sometiéndolo a uno a un estupor necio entre la pesadilla y lo racional. Siempre intenté —si es que existe un soberano Dios, el sabrá cuánto lo intenté—. Pero la locura fue en aumento, aún mi propia piel se retuerce sobre sus huesos, cada vez que en mi mente se presentan esas oscuras reminiscencias. C. Canterry enloqueció, atravesando las tabernas de mala calaña, tomando el dinero de golpe, riendo como un demente. La obsesión le hacía resaltar las venas del cráneo y emitir a cada partida ese ¡JaJaJa!” autodestructivo y demoníaco... La situación fue en aumento, eso sería un sólo entremés de la última y prosaica cena que recibiría mi pobre amigo Canterry... El alcohol lo sumió en una grotesca e irreverente alucinación continua; cada vez que un trago pasaba por su garganta, le alteraba en una gradación. Sus comportamientos cambiaron, se le sumió la mirada —lo que volvió mas demente su expresión—, en momentos de lucidez le atacaba una convulsa manía por sonreír ante cualquier acción; su propia mente se lo sugería: “Vamos Canterry sonríe” y luego el lado visceral de su interior se lo proponía groseramente: ¡Vamos, maldito Canterry, ríete como el maldito loco apostador que eres!. Esas acciones le hacían retorcerse en el piso de la ansiedad; las voces lo acorralaban a tal grado que llegaba a abofetearse a sí mismo. Yo mismo controlé esos ataques de irracionalidad que lo perturbaban. En ocasiones tenía que someterlo a un rudo golpe para tranquilizar sus ansias; su aspecto era ya detestable, enfermizo, en ciertos momento hasta yo deseaba vaciar botellas como él, pero me detenía, guardaba la calma, y, serenamente, tenía que servirle un trago — ¡Por los mil demonios, sólo eso lo calmaba!—. La felicidad de mi amigo sólo radicaba en el contenido de las botellas y la superficie de las cartas; su agilidad era tal que el azar parecía desmaterializarse. Ganaba cada partida con rabia burlándose de sus contrincantes; al final terminaba por desalojar a los contrincantes de la mesa, despidiéndolos con esa terrible sonrisa que resonaba durante meses. Cierto día de borrasca, las calles solitarias albergaban la presencia callejera de C. Canterry. Yo iba tras de él, tratando de detenerlo en la lluvia. El médico había presagiado que otra borrachera sería fatal. C. Canterry parecía fuera de la realidad, los ojos le temblaban como si quisieran salir expulsados a presión y en su boca balbuceaba cierto diálogo extraño consigo mismo. Mi presencia era inapreciable, no pude detenerlo entre la oscura noche, plagada de niebla destructiva y oscura... Pasamos por las calles de adoquín y, completamente empapados entre la tormenta, llegamos a una vieja taberna en los suburbios de la ciudad. Al cruzar la puerta no había una sola persona, a excepción del cantinero, un tipo de largo mostacho y una expresión ruda e irritante. C. Canterry pidió un trago y, mientras yo le miraba pasmado con temor hacia sus facciones, el tipo de la barra estaba atónito. Encima del cantinero, justo arriba del primer estante de botellas, había un dato raro: un par de hachas, cada una de ellas tenía la mitad de un grabado, al unirlas, se formaba la imagen de un ying-yang. C. Canterry entre un largo soliloquio, que sólo el mismo pudo conocer, reverenció una grotesca carcajada: ¡Con un maldito diablo! ¿No hay con quién apostar? De pronto el cantinero sonrió con una mueca burlona y hastiada, brillando en el acto su diente de oro — cualquiera que lo hubiera visto hubiera querido levantarse y golpearlo hasta descifrar el por qué de la burla —. Después sacó una baraja, la lanzó sobre la barra contradiciendo con otra burla: Puede usted jugar solitario, si así lo desea”. Eso irritó a C. Canterry, lo puso más ansioso; se levantó de la silla y dijo: “No sé jugar solitario, sólo quiero apostar, ¿usted apuesta? Yo quise hablar, pero eran personas mayores, sabían lo que hacían, pero desde ese momento las cosas se veían mal. El cantinero accedió, alardeando y diciendo: Espero que tenga para pagar esos tragos, amigo, porque la casa no invita, no quiero que se vaya usted con las bolsas vacías”. Se sentaron a la mesa, el cantinero llevó una botella de un vino, le sirvió a Canterry, después Canterry barajeó por orden del cantinero, quien no hacía otra cosa que alardear. Cuando las cartas cayeron en la mesa parecía que estaban presagiadas por la magia de un futuro inconveniente; tal vez era la perfección de las leyes que rigen el mundo. Quizá no era un error, quizá Canterry estaba en el punto correcto de las leyes y el azar —nunca sabré—, pero le atribuyo a ese mundo perfecto el hecho de que C. Canterry ganara las primeras cinco vueltas. La botella se terminó; C. Canterry bebía como un degenerado, como un perdido. La cara del cantinero cambiaba constantemente, más no las partidas, el dinero permanecía en manos de C. Canterry. Así fue por una hora hasta que el cantinero logró ganar una sola vez, me daba lástima el tipo y también compadecía a mi pobre amigo porque estaba perdiendo el control. Cada vez hablaba más despacio, a veces no veía ni las cartas y la partida era suya. Cuando el Cantinero, entre berrinches, perdió el último centavo, C. Canterry no rió, como solía hacerlo, y pensé que había logrado contenerse por respeto; porque ese pobre cantinero se había quedado en la calle, pero no podía renegar de un timo, ya que habían estado cambiando por cartas nuevas en cada jugada. Cuando esto pasó el cantinero fue el que sonrió con una sonrisa poco grotesca, poco grata. El rostro de Canterry se mantenía fijo como el de una persona anormal, balbuceaba consigo mismo y no dijo palabra alguna. Después el cantinero se arrancó el diente que había brillado a nuestra entrada, lo puso sobre la mesa y dijo: “Aún sigo aquí”. Después barajearon... y este perdió… ¡Había perdido hasta el diente!. Por el contrario C. Canterry tenía dinero como para beber treinta barriles y seguir sus borracheras sin sentido. La cuestión no frenó ahí, cuando el cantinero se levantó de la mesa con la cara casi agachada se escuchó la sonrisa enferma de mi compañero. A las espaldas del cantinero esta risa se escuchó como uno de los peores insultos que puede recibir un apostador empedernido. Esto lo volvió primitivo, se dio la vuelta y se dirigió a C. Canterry con la mirada iracunda diciéndole: “Si quieres apostar, apostemos entonces”. Yo —su buen amigo— quise decirle que no lo hiciera, quería decir que mi amigo era un enfermo, un alcohólico, que no estaba ya bien de sus facultades mentales, pero no quería hacérselo ver, entonces me quedé callado y lo que pasó ya no tuvo conciencia, aún sentado donde estaba, pude ver cómo el cantinero sacaba de entre la barra un pequeño cofre, después sacó un trapo. Su contenido era un revólver calibre treinta y ocho, lo limpió con rapidez llevándolo hasta la mesa. C. Canterry me hizo moverme de tal modo que ahora yo estaba a su izquierda, mientras el rostro del cantinero estaba frente de C. Canterry a quien dirigió le dirigió unas palabras: Que sea una ruleta rusa la que decida quién gobierna la suerte. “Suerte”, cuántas veces escuché esa palabra del diablo. Era bien sabido que esto no era cuestión de suerte; le convidaban de su pan privilegiado al demonio, poniéndole en la cara las vidas para deleitarlo con la estupidez, llamándole a esto “que tengas suerte”, “deséame suerte”, “perdió... no tuvo suerte”. Dentro del mundo de la perfección no es la suerte la que gobierna, sino las propias leyes limitadas de un cuadrado que gobiernan la entidad mental; las cuestiones individuales no son dadas a la suerte, son obras propias y controlables. El apostador vive en la inconsciencia de la probabilidad, es cierto, pero sus obras viven el espacio de las cosas controlables, bien sabido pensamiento; pero esta vez las leyes perfectas del universo que no contemplan la suerte se comportan resecas y muestran el verdadero rostro de la realidad, no sería la suerte la que cobrará la vida sino la perfección viviendo en un ciclo de elecciones individuales, a veces coherentes, otras dadas a la inconsciencia y otras tantas llenas de errores, pero que nunca afectan por su resultado dicha perfección. El error, la contradicción, no existen, porque hasta el peor de los resultados es perfecto. El cantinero fue el primero en jalar del gatillo y la bala le atravesó el cráneo, la expulsión de la sangre saltó a presión en mi cara. Cuando esto pasó C. Canterry rió como un loco. El estruendo de la bala fue ensordecedor, cierta ira me acaparó, era un homicidio y las apuestas lo rodeaban. Miré hacia la barra asustado mientras Canterry estaba ahí babeando entre la risa. Luego nervioso ante el cuerpo miré encima de los estantes en las botellas y miré las hachas entrecruzadas; no lo pensé dos veces, tomé una de ellas —la que poseía el lado negro- deshaciendo así la presencia del ying-yang y empecé a descuartizar el cuerpo con el fin de ocultarlo y librarme. Cuando lo hacia ya era tarde, cuando el hacha atravesaba su brazo, un policía me miraba y un arma me hacía hincarme sobre el piso… Ahora me encuentro en esta celda, de C. Canterry lo único que supe es que fue llevado a un centro de rehabilitación mental; no quisiera recordar dicha noche, pero cada vez que veo por error mis ojos verdes en el espejo, me imposible retener las ganas de un trago, el sentimiento de buscar una taberna y evitar la necesidad de una baraja en mis manos, y no puedo – ante todo- evitar emitir esta persistente carcajada: ¡Ja,Ja,Ja! BUENO ESPERO QUE LES ALLA GUSTADO COMENTEN Y PUNTUEN SI LES GUSTO

HOLA AMIGOS DE TARINGA! HOY LES TRAIGO 2CUENTOS DE TERROR EMPESEMOS: LA CABAÑA Hoy llueve como ayer y antes de ayer. Hace tres malditos días que llueve y nosotros acá, encerrados- decía mientras miraba por una ventana y la lluvia caía fuertemente contra la pobre cabaña que habíamos alquilado. - Tranquilo por lo menos tenemos comida- me decía Diego al tiempo que se acercaba con una bandeja llena de bocados. - No, gracias. No tenemos TV, no tenemos nada excepto esta lluvia- le contesté mientras tiraba una pelotita de goma. - Bueno por lo menos nos tenemos- decía Martín mientras se tiraba en la cama y se preparaba para dormir. - Ey, Oscar, vamos a dormir tal vez mañana no llueva- decía Rafael y se iba a su cuarto. - Mirá, tus viejos nos prestan la cabaña para pasar el fin de semana y llueve, nosotros cinco solos en la cabaña y llueve ¿qué queres que haga?- seguía diciéndoles. - ¿Vas a dormir o ver como llueve?- me lo preguntó Ismael, el cuarto de mis amigos, por supuesto tenía más pero hoy no vinieron. - No, no tengo sueño, que duerman bien. Todas las luces se apagaron y sólo quedó la mía, la de mi habitación, pasé la siguiente hora mirando la lluvia que caía con fuerza sobre el suelo; hasta que me aburrí y me fui a acostar. De repente, caí en lo más profundo de mis sueños y me encontré en una cabaña, entré a una habitación para ver que había y encontré un largo camino de sangre que iba a la cama y en la cama había un pequeño bulto y por curiosidad comencé a caminar hacia allí agarré la sábana y cuando estaba por tirar de ella, me detuve ¿y si ahí había algo?¿Y si la había, que me iba a pasar? Total, en los sueños no te pueden lastimar, sólo es un pensamiento cuando estás dormido, pero tal vez es eso lo que uno piensa como cuando vas a operarte y decís “no me pasa nada” pero a veces pasa algo. Junté toda la valentía y comencé a tironear. - ¿Qué haces acá?- me di vuelta para ver quien me hablaba, no podía verlo bien tenía toda la cara llena de sangre y en la mano llevaba una lanza también llena de sangre- ¿No te había matado? Bueno eso no importa ahora si vas a morir. - ¿Quién sos?- preguntaba con miedo pero no hubo respuesta. Se limitó a atacarme dándome en el corazón y riendo mientras me quedaban pocos segundos de vida. Cuando cerré los ojos, ya al borde de la muerte, vi el número uno lleno de sangre y con unas palabras; también había un hombre vestido de negro con una manta que lé cubría toda la cara y me decía que tenía dos más... - Aahh- me sobresalté y comencé a ver a mi alrededor y me encontré en mi habitación y al lado mío estaba Rafael. - Disculpa que te haya asustado, ¿Te levantas? Vamos a desayunar- me decía mientras subía la persiana. - Está bien, sólo tuve una pesadilla. Una pregunta ¿Hay algo por acá cerca? - Sí, hay dos cabañas más; una en la que vive un hombre llamado, me parece que, es Juan Pablo un muchacho que trabaja en su pequeño campo, creo que vivió siempre solo y en la otra no vive nadie porque... este por nada- y se fue corriendo de mi pieza. - ¿Qué pasó?- no hubo respuesta, sólo el ruido del horno. Con dificultad me desperté y me cambié con algunos tropiezos. Cuando salí de mi habitación, estaban todos en la mesa esperándome para desayunar. Después de desayunar, Rafael fue a su habitación a escuchar la radio; Diego se fue a estudiar; Ismael comenzó a lavar los platos y Martín a barrer. Yo fui a la pieza de Rafael, cerré la puerta y comenzamos a hablar: - Ahora decíme ¿Por qué en la cabaña no vive nadie y quien es ese tal Juan Pablo?- mientras me sentaba en la silla media rota. - Bueno, pero juráme que no le vas a decir a nadie- y asentí con un gesto de la cabeza- eso espero, hace unos cuantos años la casa permaneció solitaria. Un hombre se atrevió, ya que había habido unas extrañas muertas pero de eso hacía unos cien años, se decía que era un científico pero una noche pasó algo; se escuchó un grito pero cuando traté de ver qué era, por todas las ventanas había sangre y no se podía ver nada, sólo se escuchaban gritos. Traté de llamar a la policía pero el teléfono estaba roto y no podía ir a la comisaria por que no tenía auto. Me fui a mi casa ya que no se podía entrar, me quedé despierto toda la noche. < Al otro día Juan Pablo fue a la cabaña para ver qué había sucedido y encontró al dueño colgado del techo con una soga alrededor del cuello y con cortaduras bastantes profundas. Por cada una corría sangre, después llegó la policía pero no encontró ninguna prueba o indicio de quién pudo haberlo matado. < Después de unos dos años, yo volvía acá una vez por semana. Una familia se mudó aquí; pasaron un mes bien, pero exactamente en la misma fecha en que había muerto el muchacho, pasó algo. Yo no estaba, por eso no te puedo decir qué pasó, pero me contó Juan Pablo que en la noche, mientras él dormía, se escucharon unos golpes seguidos de unos gritos. Él trató de salir pero no podía abrir la puerta y dice que cuando se dio vuelta vio “algo” estaba todo cubierto por sangre y le dio un golpe en la cabeza con una especie de lanza haciéndole un corte en la cabeza. Él quedó en el suelo sangrando; después la criatura desapareció y cuando pudo levantarse vio a través de la ventana de la puerta al hijo corriendo hacia su cabaña pero detrás de él estaba el padre con un hacha y le dio en la cabeza; el padre volvió, con el cadáver de su hijo, adentro de su casa. < Juan Pablo trató de salir pero no pudo y lo ultimo que recuerda es que recibió un corte en la espalda. Al otro día llegué y, como siempre hago, fui a la cabaña de Juan Pablo para saludarlo como nadie me atendió traté de ver por la ventana, porque Juan Pablo nunca sale, y vi que estaba en el suelo había un charco de sangre debajo de él. Llamé a una ambulancia. Después Juan Pablo le dijo a la policía que fuera a la cabaña de al lado, cuando llegaron encontraron a la familia muerta: al hijo con la cabeza partida, a la mujer decapitada y al hombre muerto de un balazo. Desde ese momento nadie volvió a ocupar esa casa. - Bastante información; una pregunta, ¿alguna vez estuviste ahí?- le pregunté y me fui a la ventana para ver la cabaña. - No, ¿por qué preguntás? - ¿Por qué no vamos a ver que hay? Total, no tendría que pasar nada excepto en un mes. - Bueno, se lo pregunto a los otros y vamos, igual tenía ganas de ir. Rafael salió de la habitación, dejándome a mi solo. Como tuve sueño, me eche a dormir un rato. Desperté y volví a estar en el mismo lugar en donde terminó mi sueño anterior: miré a mi alrededor y vi que todavía había un pequeño bulto en la cama. Como no había nadie agarré la sábana y tiré de ella; encontre un pequeño muchacho dormido y traté de despertarlo pero no pasaba nada. Pero algo se había parado en la puerta con un hacha en la mano. Se acercó a mí, pero yo no era su blanco; se paró cerca del chico levantó el hacha y volteó su mirada a mí y me dijo que ya iba a llegar mi turno. Volvió a mirar al chico y bajó el hacha. Yo traté de pararla pero traspasó mi mano como si yo fuese un fantasma y el hacha llegó al pequeño chico terminando con su vida. El hombre la dejó y me miró me dijo que era imposible cambiar el pasado pero que se podía cambiar el futuro. Después de terminar su frase, desapareció del cuarto y volví a estar en un cuarto con el hombre todo vestido de negro que me dijo que todavía tenía tiempo de cambiar el futuro, que el pasado no era posible de cambiar pero sí el futuro y desapareció. Luego de ese sueño desperté y lo único que tenía en mi cabeza era ¿por qué tenía estos sueños? y, ¿qué tenían que ver conmigo? Pero lo iba a dejar para otro día por que Rafael me llamaba para irnos a la cabaña. Los cinco íbamos caminando por un sendero que nos llevaba directo allí y como ya estaba oscureciendo, prendimos nuestras linternas. Mientras íbamos directo a la cabaña; cada uno charlaba, silenciosamente, con alguien, excepto yo que iba callado y pensando en el sueño, ¿tendría que ver con el lugar hacia donde estábamos yendo?¿Por qué me repetía que no se podía cambiar el pasado pero sí el futuro? Pero el futuro, ya se sabe, no se puede evitar; si uno lo evita no habría tal futuro y no podrían avisarme de lo que estaba por pasar, lo único que sé, es que eso no tenía sentido... - No he hecho nada malo, sólo fui a la cabaña de enfrente, no ¡por favor! ¡No! ¡Aahh!- se escucharon esos gritos y luego un golpe seco. Después hubo un gran silencio y todos nos quedamos quietos hasta que Rafael interrumpió con una idea. - Volvamos, esto no es divertido, ¿Quién me acompaña?- lo dijo y se dio vuelta rumbo a su cabaña. Todos lo iban a acompañar menos yo. Cuando se fueron, comencé a caminar rumbo a la cabaña y de repente tropecé con una piedra, caí de cara al suelo y me desmayé para volver a mis sueños o pesadillas. Cuando pude abrir los ojos me encontré en una habitación; pensé que era un living ya que tenía un televisor, una estufa y una mesa con sus sillas. Se podría decir que era marrón pero en estos momentos no, ya que tenía, a alguien arriba de ella y de la mesa caía sangre; me acerqué para ver la cara de la víctima pero... - ¡Auxilio, me quiere matar, igual que...!- todos mis músculos se quedaron congelados. No pude escuchar más, ya que de golpe la voz se interrumpió. Después se abrió la puerta y vi a un hombre que tenía la cara mirando el suelo y estaba tirando del pelo a una mujer, la estaba arrastrando, y la sentó en una de las sillas. Luego sentó a la persona que estaba en la mesa, fue a la cocina y trajo unas milanesas se sentó y volteó la mirada a mí: - Por fin, están todos no falta nadie- y comenzó a hablar con los muertos que, según él, eran su familia. - ¿Por qué lo hiciste?- pregunté con nerviosismo. - Ahora que lo pienso, no sé, tal vez por la cabaña. Nos cambió a todos desde que venimos. Fue lo último que me dijo; él desapareció y yo volví en mí. - No vayas, no vale la pena, ¿para qué? No supe de donde salió esa voz pero igual iba a ir a la cabaña, cuando mis amigos aparecieron. - Sabía que no se iban a perder la diversión- igual no creo que me hayan hecho caso porque se quedaron mirándome con la cara congelada- ¿muchachos qué les pasa? - Oscar ¡Mi Cabaña está!... eh... no existe, decidimos ir a ver a Juan Pablo, tal vez nos deje entrar y pasar la noche- me decía Rafael y volvió a caminar para el lado contrario de su cabaña. - Bueno, pero tengo un mal presentimiento. Todos seguimos a Rafael hacia la cabaña de Juan Pablo. Después de caminar unos diez minutos llegamos a la cabaña. Enfrente había otra que debía ser la cabaña de las muertes. Rafael golpeó la puerta y salió Juan Pablo; él le hizo un gesto para que entráramos. Cuando entramos, pude ver bien a Juan Pablo; no podía ver nada porque tenía cubierta la cara con un manto negro. - Bueno, muchachos él es Juan Pablo y ellos son Oscar- mientras decía los nombres Rafael nos iba señalando- Ismael, Diego y Martín. - ¿Puedo usar el baño?- le pregunté a Juan Pablo. - Sí- esa voz me resultó muy conocida. - Gracias. Me dirigí al baño que estaba en la segunda puerta de esta habitación... y... ¿cómo lo sabía? Me detuve a pensar y la respuesta salió: es igual a la cabaña de Rafael. Cuando entré, vi algo asqueroso: la habitación estaba llena de sangre, con hachas, cuchillos, otras armas pero no de pólvora. Todo con lo que se puede matar se encontraba en esa habitación, me quedé quieto y vi que una sombra se acercaba, después me empujó suavemente y cerró la puerta, luego prendió la luz. Pude ver su rostro... por lo que podía ver era Juan Pablo. Con el mismo manto y su cara al descubierto, su rostro tenía una cuantas cortaduras. - Calmáte, lo que ves acá tiene una explicación- después de eso se sentó y me dio una silla, pero no me senté. - ¿Cuál? - La explicación de tus sueños, ¿Esa es buena? - Sí, y ¿cómo sabés lo de mis sueños? - Porque yo los hice. ¿Por qué no me hiciste caso? - Porque no sabía a lo que se refería, tenía mis dudas, ¿Por qué los hiciste? - Es una larga historia. - Tengo todo el tiempo del mundo. - Bueno acá va. Yo soy como una especie de protector, por eso nunca salgo de acá, y cuido el portal entre los muertos y este mundo y esa cabaña es el portal de los muertos y yo soy el que lo debe cuidar. Para que los muertos regresen a este mundo necesitan cierta cantidad de muertos por eso matan a la gente que vaya a esa cabaña pero nunca llegan a esa cifra de muertos... - ¿Sí o sí en esa cabaña? - Sí, como te iba diciendo. Y yo tengo que quedarme aquí para que nunca lleguen a matar a cinco personas el mismo día, ¿Entendiste? - Sí, pero si llegan a cuatro ¿te pueden matar? - Sí, si entro a esa cabaña. - Pero si Rafael me dijo que te lastimaron acá. - Le mentí. - ¿Por qué me mandaste esos sueños? - Para que no te acercaras... me olvidaba, acá también te pueden matar pero como es mi cabaña no, porque es la cabaña de un Protector... Vuelvo a lo que te iba diciendo: yo estoy por morir y vos tenés que hacer lo mismo que yo... - ¡¿Por qué?! - Porque vos sos el hombre perfecto para suplantarme y otra cosa que no te puedo decir, igual ya que viniste vas a tener que ayudarme a proteger a tus compañeros d... - ¡Auxilio, mamá me quiere matar, auxili...!- otra vez el mismo grito parecía que el tiempo volvía a atrás. - ¡No puede ser! Todo comenzó de vuelta, Oscar agarrá un hacha y vamos a terminar con estos muertos; pienso que el futuro de la humanidad esta en nuestras manos- me dijo y se paró a buscar alguna de sus armas. - Bueno, pero si nadie vive acá excepto nosotros. - Sí, pero en este día, siempre, vuelven los muertos. Tenés cuidado porque si lastiman no va a ser como en tus sueños. Cuando salimos no había nadie en la cabaña. Vimos a Martín en el suelo; Juan Pablo me dijo que lo ayude y que él entraría en la otra cabaña. Cuando me acerqué a Martín, como estaba de cara al suelo, lo di vuelta y tenía el rostro cubierto de sangre. De repente puso sus manos en mi cuello, se paró y me tiró contra las paredes de madera de la cabaña de Juan Pablo. Yo quedé un poco lastimado y vi a Martín acercándose: - Ya es tarde, ni el guardián nos podrá detener; ahora el mundo de los vivos nos pertenece- mientras decía eso fue a buscar el hacha que había dejado caer. - Eso te parece, pero yo no lo voy a permitir- le dije y me levanté. - Bueno total vos sos uno solo y nosotros somos demasiados, hoy reviven todos los que murieron en esa cabaña. - ¿Dónde están mis amigos? - No sé. Después de decir eso juntó el hacha y se preparó para matarme. Comenzó a correr hacia mí con el hacha para arriba y cuando ya estaba bastante cerca mío, yo saqué rápidamente otra hacha que tenía puesta en mi espalda y con un limpio corte en diagonal lo maté. Cuando cayó muerto su cuerpo se fundió. Tomé el hacha que había dejado y fui a donde estaba Juan Pablo. Entré; todo estaba a oscuras. Moví el interruptor y se prendió una luz pero no en donde estaba yo sino a lo lejos. Me acerqué y cuando entré había un largo camino de sangre que iba a la cama y en la cama había un pequeño bulto; por curiosidad comencé a caminar hacia la cama agarré la sábana y cuando estaba por tirar de ella, me detuve y pensé que era igual que al primer sueño que había tenido. Cuando agarré la sábana y empecé a tirar... - ¿Qué haces acá?- miré a la puerta y vi que estaba Rafael; éste se acercó a mí y... un momento el de mi sueño me mataba...- demasiado tarde para recordar; tu amigo ya está muerto y vos la vas a pagar. Después de decir eso me pegó y me tiró arriba de la cama. Cuando agarré el hacha me detuvo y agarró la otra, la levantó para el golpe de gracia y... una lanza le atravesó la cara. Miré quien había sido y era Rafael. - Oscar, ¿Estás bien?- se acercó y me ayudó a levantarme. - Sí, pero él me dijo que te había matado. - No, cuando escuchamos ese grito salimos a ver qué pasaba y nos encontramos en esta cabaña; nos separamos y a mí me atacó un muerto. No sé bien qué era y comencé a correr; me encontré con Juan Pablo y me dio esto, después te encontré. - Bueno, ¿sabés que hay acá?- me hizo un gesto de que no sabía- Averigüemos. Puse mis manos en la sabana y tironeé; en la cama no había nada excepto un círculo de sangre pero que estaba hundido. - ¿Qué es?- me preguntó. Acerqué una mano al círculo y algo me tironeó hacia abajo; pasé por un lugar muy oscuro. Después caí a algo duro; me levanté, miré a mí alrededor y me di cuenta de que ya no estaba en la cabaña y no creo que en el mundo en donde vivía. Por suerte tenía las hachas. Las puse en mis manos y cuando iba a comenzar a avanzar, algo cayó detrás de mí: - ¡Oscar! ¡¿Dónde estás?!- me pareció la voz de Rafael. - ¿Rafael? - Sí, ¿dónde estás? - Delante tuyo. ¿Trajiste algún arma? - Sí, ¿dónde estamos? - No tengo ni idea, pero vamos a averiguarlo. Comenzamos a avanzar hacia una pequeña luz. Cuando llegamos vimos que estábamos en una especie de balcón pero de tierra y debajo de nosotros había millones de muertos o de personas y una pequeña voz nos llamó: - Oscar y Rafael, ¿los trajo el Protector de su pequeño mundo? - ¿Quién sos?- le preguntó Rafael. - El guardián y el amo de los muertos; y como veo, ustedes no están muertos, por eso van a morir. - Qué miedo, ¿por qué no mostrás tu fea cara?- le dije yo. - Con todo gusto. De repente el pequeño balcón desapareció y nos trasladamos a un pequeño lugar que estaba cerrado por montañas y un poco de fuego salía de ellas. Los dos estábamos ahí pero algo apareció: un muerto o una horrible criatura que tenía la cara como la de un dragón y todo el cuerpo lleno de pinches: - ¿Les gusta mi fea cara?- nos dijo y se acercó hacia nosotros- Tengo un pequeño trato: si ustedes ganan, nosotros, los muertos, no volvemos a ir a su mundo y si yo gano, lo atravesamos, ¿están de acuerdo? - Sí, a pelear- le dije yo y comencé a correr hacia él con las dos hachas que tenía. El guardián levantó una mano y del suelo salió fuego que hizo que me estrellara contra una de las montañas. Rafael me miró y me preguntó si estaba bien pero no pude decirle nada. Mi amigo agarró y le tiró su lanza pero no le hizo nada. - Me parece que se quedaron sin armas; voy a ser generoso y les voy a proporcionar unas armas- dijo el guardián y levantó otra mano y aparecieron unas armas de fuego. Rafael fue a buscar algunas y yo hice un esfuerzo y me levanté para ayudarlo. Agarré una escopeta y otras armas de fuego, le dije a Rafael que nos separaramos; yo tomé la derecha y él la izquierda. Rafael empezó a disparar y el guardián levantó del suelo fuego pero las balas pasaron igual y le dieron. El guardián comenzó a ir a hacia atrás por el golpe de las balas y me acerqué, guardé la escopeta, saqué el hacha y, le corté la cabeza; el guardián cayó muerto y me acerqué a Rafael: - Fue fácil mat... Antes de que pudiera terminar la frase, algo nos tiró hacia el costado; volví a mirar hacia el frente y estaba el guardián pero ahora estaba convertido en un dragón de verdad. Sin perder tiempo, comencé a disparar pero las balas no le hicieron nada y comprendí por qué solo nos había dado armas de fuego; era porque en su segunda forma no le hacían daño. Por suerte, tenía las dos hachas y me acerqué a él, que estaba mirando hacia Rafael. Cuando estuvo cerca le clavé un hacha y dio un grito de dolor; después le arroje el hacha que tenía en el brazo derecho y comencé a escalar hasta su espalda, cuando llegué seguí clavándole las hachas hasta acercarme a su cabeza (siempre que le clavaba un hacha, daba un grito de dolor). Al llegar vi a Rafael: - Rafa, tirále la lanza en la cara. Él me hizo caso. Yo me tiré a su hocico, levanté las hachas y se las clavé en la frente, después le saqué la lanza y las hachas, mientras Rafael le disparaba. Le tiré las armas a su boca haciendo que se las tragase. El guardián se puso las manos en el cuello y comenzó a quemarse, yo me resbalé y caí, pero el lugar en donde estábamos desapareció y volvimos a la cabaña. Salimos de allí y vimos a nuestros amigos que estaban con Juan Pablo, él se acercó hacia mí: - Oscar, tus amigos van a recordar lo que pasó igual que vos, como destruiste el portal; no tenés que ser el guardián y yo puedo morir en paz, chau- después de decirme eso cayó. Yo me acerqué a él y puse mis manos como para ver si tenía pulso, pero no lo tenía. Después de lo que pasó volvimos a la ciudad, vivimos bien pero yo todavía tenía algunas preguntas ¿cómo supo Juan Pablo que habíamos destruido el portal? Pero eso no importaba y todas las semanas, con Rafael, Ismael, Martín y Diego, fuimos a ver si pasaba algo en la cabaña. Nunca pasó nada; me parece que el guardián cumplió con su palabra . NO HARE LA OÜIJA Hace mucho tiempo, cuando estábamos en el colegio, uno de esos días en que te aburres y no sabes que hacer, a mis compañeras y a mi, nos dio por hablar de espíritus y demás cosas a la hora del recreo, hasta que se nos ocurrió quedar por la tarde para hacer la ouija, yo ya la había hecho anteriormente con resultados que no me agradaron mucho, esa misma tarde nos dirigimos a casa de Lidia, ella tenía un local donde haríamos la sesión, allí estábamos yo, Lidia, Irene, Elena y Rocío. Hicimos una ouija de papel, cogimos un vaso de cristal e iniciamos la sesión. Yo era la que siempre hablaba, preguntábamos y nos contestaba, su nombre era Elena Padre, nos resultó gracioso que se llamase como una de nosotras, al principio todo muy bien. Elena Padre, nos hablaba normal, nos ayudaba y nos decía cosas buenas que nos pasarían. Llegamos a estar tan enganchadas a la ouija que realizábamos sesiones todos los días para poder hablar con ella. Un día tuvimos la ocurrencia de que se nos manifestase y nos dijo que se pondría justo al lado de uno de los sofás que habían en el local, todas fuimos a verlo, y así fue se veía como una nube borrosa en el lugar que nos indicó, Rocío quiso tocarla y sintió como pasaba por sus brazos un fuerte escalofrío y todas las que estábamos allí vimos como se le erizaban los pelos. Todas prosiguieron a tocarla menos yo. Después de ese día, Elena Padre me repetía una y otra vez que no había querido tocarla, llegó un punto que sentí miedo ante tal insistencia, a raíz de eso, una tarde de buenas a primeras me dijo que nunca tendría hijos, desde ese día dejamos de hacer la ouija, pero nada volvería a ser igual. Un día, estábamos las cinco en clase y de repente todas nosotras empezamos a sentir mucho frío, en pleno mes de junio, nos mareábamos a la vez, las cinco nos pusimos enfermas y a cuatro de nosotras las tuvieron que ingresar en el hospital, aún que a mí no me ingresaron. Lo que más me ha dolido, es que a día de hoy, todas tienen uno o dos hijos y yo he tenido ya seis abortos naturales, al parecer ha tenido razón o quizá no le sentó bien que no la tocase. Lo único que se, es que de los seis abortos, dos los perdí estando de ocho meses y han sido un palo muy grande para mi. De una cosa estoy segura, y es que nunca más volveré a hacer la ouija. BUENO ESPERO QUE LES ALLA GUSTADO COMENTEN Y PUNTUEN,GRACIAS.

Hola amigos de taringa hoy les traigo una leyenda de terror : la llorona La leyenda dice que existió una mujer indígena que tenía un romance con un caballero español. Fruto de esta pasión, nacieron tres niños, que la madre atendía siempre en forma devota. Cuando la joven comienza a pedir que la relación sea formalizada, el caballero la esquivaba, quizás por temor al que dirán. Dicho y hecho, un tiempo después, el hombre dejó a la joven y se casó con una dama española de alta sociedad. Cuando la mujer se enteró, dolida y totalmente desesperada, asesinó a sus tres hijos ahogándolos en un río. Luego se suicida por que claro, no soporta la culpa.Desde ese día, se escucha el lamento lleno de dolor de la joven en el río donde esto ocurrió. Luego de que México fuera establecido, comenzó un toque de queda a las once de la noche y nadie podía salir. Es desde entonces que dicen escuchar un lamento cerca de la plaza mayor, y que al ver por las ventanas para ver quien llamaba a sus hijos de forma desesperada, veían una mujer vestida enteramente de blanco, delgada y que se esfumaba en el lago de Texcoco. Consumada la conquista y poco más o menos a mediados del siglo XVI, los vecinos de la ciudad de México se recogían en sus casas con el toque de queda, avisado por las campanas de la primera Catedral; a media noche y principalmente cuando había luna, despertaban espantados al oír en la calle, tristes y prolongadisimos gemidos, lanzados por una mujer a quien afligía, sin duda, honda pena moral o tremendo dolor físico. Las primeras noches, los vecinos se resignaban a santiguarse por el temor que les causaban aquellos lúgubres gemidos, que según ellos, petenecían un ánima del otro mundo; pero fueron tantos y tan repetidos y se prolongaron por tanto tiempo, que algunos osados quisieron cerciorarse con sus propios ojos qué era aquello; y primero desde las puertas entornadas, de las ventanas o balcones, y enseguida atreviéndose a salir a las calles, lograron ver a la que, en el silencio de las oscuras noches o en aquellas en que la luz pálida de la luna caía como un manto vaporoso lanzaba agudos y agónicos gemidos. Vestía la mujer un traje blanco y un espeso velo cubría su rostro. Con lentos y callados pasos recorría muchas calles de la ciudad, cada noche tomaba distintas calles, pero siempre pasaba por la Plaza Mayor (hoy conocida como el Zocalo de la Capital), donde se detenía e hincada de rodillas, daba el último angustioso y languidísimo lamento en dirección al Oriente; después continuaba con el paso lento y pausado hacia el mismo rumbo y al llegar a orillas del lago, que en ese tiempo penetraba dentro de algunos barrios, como una sombra se desvanecía entre sus aguas. Cracias por ver mi post comenten y dejen puntos gracias

HOLA AAMIGOS DE TARINGA HOY LES TRAIGO UNA HISTORIA DE TERROR DE UN ECHO REAL BUENO ESPERO QUE LES GUSTE EMPESEMOS: RESEN POR MI Era un señor llamado alejandro que se caso con su novia llamada maria despues de averse casado tuvieron 2 hijos uno llamado alejandro igual que el y la niña que era mas grande se llamaba nany. El era de escasos recursos economicos pero despues de tamto buscar trabajo lo contrataron en pemex el era el intendente pero despues de mucho tiempo paso a ser trabajador de la planta. Pasaron varios años y alejandro paso a ser jefe sus compañeros de trabajo propusieron que para celebrar el nuevo puesto de alejandro irian a un balneario.estuvieron hay 1 fin de semana con su esposa hijos y amigos con sus familias,de ida se fueron en un urbano de primera. Cuando llegeron la pasaron de maravilla.el domingo ya por la tarde alejandro se encargo de pedir el mismi urbano en el que habian llegado,le dijeron que si que llegaban como en 1 hora estuvieron espernado 3 horas y alejandro mui enojado volvio a llamr nadie le contesto y hasta que porfin llego el camion pero no era el que el habia pedido pero de todas formas se fueron en el ya que todos estaban cansados y ya querian llegar a sus hogares. Cunado estaban a medio camino todos ivan dormidos pero alejandro se desperto porque sintio que el camion iva mas rapido de lo normal cuando se acerco a preguntarle al chofer porque la velocidad tan alta el chofer estaba blanco y no tenia en mano el volante el le pregunto que porque lo habia soltado el chofer asustado le dijo que era porque los frenos no respondian y en menos de 10 minutos el camion se fue por un barranco todos murieron menos alejandro ya que era por la pocicion en la que iva. alejamor quedo inconciente por 2 dias ya qeu se dio un golpe muy fuerte en la cabeza. Cuando recupero la conciencia lo llevaron a donde estaban velando a su esposa e hijos cuando los vio en esos atauds se volvio a desmayar de la impresion volvio en si y despues de 1 dia los fue a enterrar al panteon pero no les reso. Pasaron varios dias y los trabajadores del panteon comenzaron a decir que veian a una niña caminado sola y diciendo "recen por mi" muchas veces,tambien varios conductores veian a una niña y por tratar de esquivarla chocaban contra la barda del panteon pero cuando querian ver si estaba bien la niña ya no estaba. Le dijeron a alejandro lo sucedido y le recomendaron que resara por ella.fue al panteon y le reso,despues ya nadie volvio a ver a esa niña jamas. BUENO ESPERO QUE LES ALLA GUSTADO COMENTEN Y PUNTUEN SI LES GUSTO .

Hola hola hola ! amigos de taringa hoy les traigo otra historia de terror es el silbon ! la historia empieza así : La leyenda cuenta que es el ánima en pena de un hijo que fue muy mimado. Un día le dijo a su papá que quería comer entrañas de venado y su padre, solícito fue a cazar uno. Por su tardanza fue a buscar a su progenitor y al ver que no traía nada, mató su padre y le llevo las vísceras para que su madre las cocinara. Como éstas no se ablandaban, la madre sospechó que eran las "asaduras" de su conyuge. Y al preguntarle su hijo confesó la verdad. Con un gran dolor lo maldijo "pa' to' la vida". Su hermano Juan lo persiguió con un "mandador", le sonó una tapara de ají picante y le regó las heridas con esta especie, y le azuzó el perro "Tureco" que hasta el fin del mundo lo perseguirá y le morderá los talones mientras carga en un saco los huesos de su padre. El Silbón ataca a los hombres parranderos y borrachos, a los cuales chupa el ombligo para tomarles el aguardiente. Muchas de las leyendas explican que al llegar el silbón a una casa en las horas nocturnas, descarga el saco y cuenta uno a uno los huesos; si no hay quien pueda escucharlo, un miembro de la familia muere al amanecer. Si sientes el silbido muy fuerte, es que está muy lejos, pero si es al revés, está justo detrás de ti. Para salvarse, hay que recordarle lo sucedido. bueno eso es todo ojala encuentre otras historias pero eso es todo por hoy gracias por ver mi post y no se olviden de comentar, o sino escucharan un silbido. no es mentira jajajajajaja pero comenten
HOLA AGOS DE TARINGA HOY LES TRAIGO 2 CUENTOS DE TERROR,Y DISCULPEN POR NO PONER MAS CUENTOS ES QUE SE ME MALOGRO PC PERO YA BOLVI ,ESPERO QUELES GUSTE LAS MONJAS Una joven de 18 años se quiso meter en un convento de monjas después de tres años estudios religiosos. Mirando un plano, la chica llegó a la puerta del enorme caserón tétrico y misterioso. Picó a la puerta y las monjas le recibieron. Esa noche al lado de la cama en la mesa de la habitación que le habian designado, encontró la carta de una chica que, al parecer habiá estado en el convento hace tres años. Decía: Querida familia, estew convento está poseído por el Diablo. Las monjas no son humanas. Por las noches juegan con la ouija y no hablan, hacen ruidos muy extraños. Ayer bajé a un sótano que hay en la habitación del piso de abajo. Intenté avisar a la chica que está en la habitación de al lado, pero cuando entré en la habitación y vi que otra chica se estaba comiendo sus pies, miró hacia atrás y mie vio. Tenía toda la cara deformadaBajé corriendo al sótano y abrí la puerta de golpe. Allí estaba el hombre que Reagan me describió en su historia. Que no tenía cara porque se la había comido de pasar hambre. Tengo miedo. Ayer cuando intenté salir se comió la mitad de mi brazo. Por favor venid a buscarme. Trazy Allí se acababa la carta, la joven, intrigada, bajo las escaleras y abrió la puerta del sótano para ver lo que había en su interior y al abría la puerta vió una cama que tenía una niña muerta atada, sin un brazo, sin ojos, y en la cabecera estaba escrito con sangre : Trazy. La chica corrió a buscar a las monjas que estaban fuera pero cuando salió y miró hacia arriba, vió volar a las monjas sin brazos y sin piernas, pero cuando se dió la vuelta... La obscena dentellada de la noche Vi aquellos signos en la pared y supe que estaban preparando mi muerte. Desde que llegué a esta pequeña aldea rodeaba de verdes bosques sospeché que algo me iba a pasar; no fue sólo la impresión que le daba la noche al pueblo y hacía que se desdibujasen los contornos entre la niebla; ni siquiera las palabras entreoídas al pasar cerca de alguna puerta entornada al volver de mis largos paseos por los alrededores; fue sobre todo el encuentro con restos de ho gueras recientes que yo jamás había visto en la noche pese a acostarme tarde, las extrañas formas circulares que quemaban el suelo, los restos de huesos de pequeños animales los que me pusieron en alerta y me hicieron poco a poco ir prescindiendo de mis largas caminatas antes tan reconfortantes. Se bien que no podía prescindir de la plaza como maestro rural sin crear sospe chas, tampoco podía regresar a mi amado pueblo extremeño de Oliva de la Frontera con las manos vacías y un fracaso como resultado del primer trabajo decente que me había surgido en años; por eso me decidí a esperar, a sospechar de cada uno de mis alumnos, a aprender a ver más allá de aque llas ancianas que paseaban por las calles, siempre enlutadas, con una aparente docilidad fingida y una expresión de un profundo dolor, que se refleja en sus rostros y en sus andares tan lentos como flexibles pese a la edad que parecen arrastrar. Me decidí a esperar, velando cada noche, encerrado en esta húmeda y vieja casona, apenas sin dormir y vigilando siempre el nocturno cielo nublado por ver si conseguía distinguir una luz en el bosque, las huellas de alguna hoguera, algo que me sacara por fin de mis dudas aunque sólo fuera para caer en algo aún más terrorífico que esta espera sin sentido. Por eso, cuando vi aquellos signos en la pared, supe que estaban preparando mi muerte. Fue así de sencillo, una revelación que me liberaba de la angustia anterior; pero que me dejaba aún más confuso y asustado. Estaba claro, no sabía porqué, pero estaba claro. Aquellas señales circulares en una esquina lateral de la casona marcaban un punto de inflexión, el momento esperado por las gentes de la aldea para cumplir uno de los ritos más macabros, el que se produciría aquella noche con mi sangre corriendo. Más tarde supe que estaban preparándome para aquella fecha; que yo era tan sólo el eslabón de una larga cadena, que esa presen cia hostil desde mi llegada a la aldea estaba prevista, que mis sospechas y mi miedo era conocido por todos y que estaban esperando una señal, una fecha concreta para venir en mi busca; y yo, sin saberlo, se la proporcioné con facilidad. Aún con un leve dolor de cabeza y un malestar en la boca del estómago sigo sin tiendo esta angustia, este pavor que me produce escalofríos y distingo claramente de la humedad y el frío de la noche. Una pasto sidad en la boca y un hormigueo constante me hacen tomar consciencia de lo que ha pasado, tengo una terrible sed. Me levanto despacio y apoyo los pies descalzos en el suelo, donde noto una profunda y lejana respiración, como si la tierra conociese mi presencia y me quisiese acompañar, o como si me marcasen un ritmo desde lo más profundo de la tierra que hubiese que seguir prescindiendo de la voluntad. Apoyo los pies descalzos en el suelo y con la certeza de que todo está ya preparado vuelvo a oler el vaso que se encuentra a mi izquierda en la mesilla... aconitina, sin duda. Cómo llegó a la botella de ribeiro casero es algo fácil de entender. Qué pretendían con ello...me llena de una angustia azulada y espesa. Retumba bajo mis pies el suelo como si de un lejano tam tam se tratara mientras contengo mi sed y logro convencerme de que es mejor seguir aquí en pie, de que si me bebo otro vaso de vino podré acabar con todo de una vez y liberarme así de este terror a lo desconocido, de este temblor terrestre que no se bien si es real o si es una secuela más de esta intoxica ción provocada. Guiado por una extraña fuerza interior avanzo por la habitación, tambaleándome como un enfermo recién levantado, con la mente ocupada en descifrar la secreta clave de aquel sonido lejano mientras mis manos se aferran al marco de una puerta, y luego al de otra, y consigo salir a la fría noche lloviznosa que me despeja y me hace sentir la fatalidad de mi destino, pero me hace a la vez comprender que aún tengo tiempo de escapar, que no volverán a por mí hasta que acabe la fiesta nocturna y comience la cere monia como un rito de carne y sangre, de purificación y pecado. Me tambaleo por las callejas de la aldea y busco una salida hacia el bosque que no me conduzca a las hogueras encendidas que, ahora sí, resplandecen en las oscuridad. Entre tropiezos, con arcadas y una terrible sed logro contener mi miedo y avanzo, me caigo, me incorporo y sigo el oscuro sedero que me marcan la noche y el azar. Camino con la desesperación del moribundo y con la certeza del condenado, mien tras un color rojizo se va apoderando del cielo y noto como el suelo tiembla cada vez más cercano bajo mis pies descalzos, ya sangrantes por las piedras y las ramas. El estruendo subterráneo es cada vez mayor; siento como todo me da vueltas, cómo la llamada terrestre se hace cada vez más cercana y sin saber como ni porqué me siento arrastrado por este temblor; como en un baile horrendo y tenebroso al que nos sentimos invitados aunque sepamos que seguirlo significaría nuestra destrucción. Me siento arrastrado e intento escabullirme tras unos matorrales, me arrastro en el barro producido por esta leve llovizna, me acerco a un claro del bosque y mi sangre se detiene al contemplar la visión que muestran mis fatigados ojos entre las hogueras y el humo de olores crueles y sugerentes. Cabriolas en el aire, bocas deformadas en terribles y escalofriantes gritos de gozo y dolor, cuerpos retorcidos que se revuelven y se juntan, se separan, se vuelven a unir en una desesperada y agonizante orgía carnal, labios que muerden y besan, que muerden y escupen, labios carnosos que incitan al sexo y a la más cruel violencia, pechos descubiertos, saltos entre las hogueras, ojos desorbitados, alaridos infernales de pavor y de orgasmo, penes de enormes dimensiones desgarrando profundas y húmedas vaginas, olor a carne podrida y flores de invierno, a hojas caídas y tumefactas y sudor de mujer entre las sábanas, largos cabellos azotados por el viento, lluvia que cae sobre las espaldas arqueadas y las purifica antes de una nueva perdición, sabor dulce de pecado, sabor amargo de fluidos corporales, luz ambarina, roja, negra, luz titilante de hogueras, cuerpos muertos, cuerpos vivos y muertos, cuerpos que viven y mueren, que caen y se levantan, que se yerguen y sucumben entre golpes, azotes y mordiscos, besos y caricias, abrazos desesperados y una confusión caótica de belleza y pasión, griterío incontenible en torno a la figura extática y sublime que se yergue entre todas, rodeada de un fulgor rojo cobalto que hace destacar su imponente cuerpo de diosa entre las deformes presencias a su alrededor, figura que se eleva sobre el suelo y flota dentro de un círculo abrasa dor trazado en el suelo, que mira y no ve, que se superpone a todo y rige todo, que provoca y excita, que aterra y seduce, que pronuncia oscuras palabras en una voz susurrante y lejana que apenas se logra distinguir entre los alaridos y el tremendo sonido de la tierra en movimiento, del suelo que acompaña esta danza macabra y rodea en vibraciones a la esbelta figura central de esta danza -o meu corpo de terra i o meu cansado esprito, expectro dunha paixón morta- que susurra en la lejanía las palabras que llegan hasta mi oído y hacen que se haga de pronto un silencio en torno a mi. Ya sólo escucho las sugerentes palabras para mi pronunciadas y el sordo y profundo latido de la tierra -e o sangue corre- que me rodean y me hacen avanzar en cortos pero decididos pasos entre las figuras que se retuercen, que me hacen avanzar sobre las hogueras y las brasas, sintiendo una dulce quemazón en las desnudas plantas de los pies -matar por no morrer- fijos los ojos en el cuerpo desnudo que flota dentro del círculo y ahora me tiende los brazos. Me aproximo a ese cuerpo moreno y sudoroso, ese cuerpo femenino que me llama entre susurros, que me tiende sus curvas, sus bien formadas caderas, sus pechos duros y esbeltos -ser a mellor muller-, que por fin alcanzo y se entrega mí dentro de este círculo dibujado con fuego en la tierra que nos acompaña con sus cada vez más intensos latidos. El temblor de la tierra me acompaña mientras la poseo. Noto como se retuerce debajo de mí, como -los ojos cerrados- gime de placer bajo mi cuerpo. Me clava sus largas uñas en la espalda y el dolor es grato. Se acerca a mí y me muerde el hombro y mientras mana la sangre el daño es exquisito. Miro nuestras entrepiernas unidas que se mueven al compás del latido del mundo, miro la sangre en su pubis de la virginidad perdida y siento un terrible dolor, insoportable e indescriptible, y estallo en un gemido de terror al mirar sus ojos -por fin abiertos- y ver como me observan esas frías pupilas de fuego, esos ojos encendidos que se burlan de mi terrible sufrimiento. Me aparto de su cuerpo y descubro que las manchas de sangre que provienen se su vagina son mías. Descubro en su vulva, entre el semen y la sangre, unos agudos dientes, unos dientes tan amenazantes como su mirada, unos dientes que ya han logrado su objetivo; y pierdo el conocimiento mientras contemplo aterrado, mientras me desangro, su cuerpo perfecto y su estremecedora mirada coralina que me busca e indaga entre mis sufrimientos, eligiendo a su antojo, de entre mis recuerdos más ocultos, aquel que se apropiará como alimento. Desperté con una blanquecina sensación de angustia y una dolorosa impresión de haber sido apaleado. Mis huesos crujieron durante más de dos semanas y las cicatrices producidas en aquella noche me duraron varios meses. A partir de ese momento me he dejado llevar por la vida, sin responder a ningún otro estímulo externo. No me extrañó levantarme en la cama de la vieja casona y que me atendiesen casi todas las ancianas de la aldea con un cariño antes desconocido, tampoco me sorprendió demasiado seguir recibiendo el sueldo mientras la escuela no funcionaba y yo me dedicaba a vagar por el bosque; el porqué sigo con vida y respiro cada mañana la brisa que viene desde el monte hasta mi habitación no podré saberlo nunca, pero cuando contemplo las pequeñas cicatrices que rodean mi pene me siento vivo y presiento que jamás podré ser tan feliz como lo fui aquella noche que guardo entre mis mas horrendas pesadillas. Ahora sólo vivo con el temor y la esperanza de volver a encontrarme con aquel demonio-hembra de piel suave y morena, ojos indescriptibles y entrañas húmedas y expectantes; aunque esta vez su vaginal mordisco me vacíe por completo y me absorba con ella hasta lo más profundo de su satánica presencia. BUENO ESPERO QUE LES HALLA GUSTADO COMENTEN Y PUNTUEN SI LES GUSTO.