Tripanosoma, microorganismo eucariota unicelular (protozoo), móvil por flagelos y parásito de un amplio rango de seres vivos, desde insectos a mamíferos, incluidos los seres humanos. Causa enfermedades tales como la tripanosomiasis o enfermedad del sueño en África y la enfermedad o mal de Chagas, en Centroamérica y Sudamérica.
De forma análoga, el tripanosoma responsable de la enfermedad de Chagas, o tripanosomiasis americana, pasa a la sangre de los animales que infecta a través de la picadura de insectos conocidos como chinches asesinas (familia Reduviidae). En los primeros estadios de la enfermedad, el parásito se encuentra en la sangre. Más tarde, en la llamada fase crónica pasa a los tejidos donde produce alteraciones graves como insuficiencia cardiaca, encefalopatías o distintas afecciones en el aparato digestivo.
Clasificación científica: los tripanosomas constituyen el género Trypanosoma. El tripanosoma que causa la enfermedad del sueño africana se denomina Trypanosoma brucei y el tripanosoma que provoca la enfermedad de Chagas se clasifica como Trypanosoma cruzi.
Dengue, también llamada fiebre rompehuesos o quebrantahuesos, enfermedad infecciosa tropical causada por un virus y transmitida por un mosquito del género Aedes (generalmente Aedes aegypti). Muchas veces la infección con virus del dengue es asintomática, pero en otras ocasiones la enfermedad cursa con fiebre alta, fuerte dolor de cabeza, dolor en las articulaciones, músculos y en los ojos, y erupción en la piel. El dengue afecta a niños y adultos pero rara vez ocasiona la muerte.
Una forma más grave pero rara es la fiebre hemorrágica del dengue, cuyos síntomas iniciales son fiebre, tos, cefalea, náuseas, vómitos y dolor abdominal. Después se producen hemorragias, a menudo con inflamación del hígado y, en los casos severos, puede dar lugar a un estado de shock y provocar la muerte si los enfermos no reciben a tiempo la atención médica requerida. No existe un tratamiento específico para esta enfermedad; sin embargo, un cuidado clínico adecuado puede reducir la mortalidad a menos de un 1 por ciento.
El número de casos de dengue ha crecido de forma espectacular en las últimas décadas y ha pasado a ser una enfermedad endémica en más de 100 países. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 50 millones de personas se infectan cada año.
Cólera, enfermedad infecciosa grave endémica en la India y en ciertos países tropicales, aunque pueden aparecer brotes en países de clima templado. Los síntomas del cólera son la diarrea y la pérdida de líquidos y sales minerales en las heces. En los casos graves hay una diarrea muy importante, con heces características en 'agua de arroz', vómitos, sed intensa, calambres musculares, y en ocasiones, fallo circulatorio. En estos casos el paciente puede fallecer a las pocas horas del comienzo de los síntomas. Dejada a su evolución natural, la mortalidad es superior al 50%, pero no llega al 1% con el tratamiento adecuado.
El organismo responsable de la enfermedad es el Vibrio cholerae, una bacteria descubierta en 1883 por el médico y bacteriólogo alemán Robert Koch, y cuyo genoma fue descifrado en agosto del año 2000. La única forma de contagio es a través del agua y los alimentos contaminados por heces (en las que se encuentra la bacteria) de enfermos de cólera. Por tanto, las medidas de control sanitario son las únicas eficaces en la prevención de la enfermedad. Durante el siglo XIX las epidemias de cólera se diseminaron por Europa y Estados Unidos, hasta que mejoraron los sistemas de distribución de agua potable y alcantarillado.
En muchos países asiáticos, el control del cólera sigue siendo un importante problema sanitario. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que el 78% de la población de los países en vías de desarrollo carece de agua con suficientes garantías de potabilidad, y el 85% no dispone de un sistema de tratamiento de aguas residuales. Las epidemias más recientes tuvieron lugar en Calcuta (India) en 1953; en Vietnam del sur entre 1964 y 1967; entre los refugiados de Bangladesh que emigraron a India en la guerra civil de 1971; en Perú en 1991; y en Sudáfrica en 2000. Según datos de la OMS del año 1999, 8.400 personas murieron a causa de la enfermedad, cuya mayor incidencia se registró en América Latina, Asia y África.
El tratamiento consiste en la reposición oral o intravenosa de líquidos y sales minerales (rehidratación). Hay preparados para diluir con la composición adecuada de sodio, potasio, cloro, bicarbonato y glucosa, disponibles en muchos lugares del mundo gracias a la campaña de difusión realizada por la OMS. Casi todos los pacientes se recuperan entre los tres y los seis días. Las tetraciclinas, la ampicilina, el cloranfenicol, el trimetoprim-sulfametoxazol, y otros antibióticos acortan la duración de la enfermedad. Hay una vacuna de bacterias muertas que confiere una resistencia a la infección de tres a seis meses de duración.
Algunos estudios experimentales han demostrado que la bacteria del cólera produce una toxina que estimula la secreción de líquido por el intestino delgado. Esta toxina es la causa de la gran pérdida de líquidos que se produce en el cólera. La búsqueda de una vacuna más eficaz sigue dos líneas de investigación diferentes: utilizar una toxina inactivada
Los virus que causan fiebres hemorrágicas son zoonóticos, es decir, que su ciclo vital se desarrolla dentro de varios reservorios animales (organismos en los que el virus vive normalmente, pero a los que no daña) y sólo infectan al hombre incidentalmente. Cuando se produce la infección, los virus se reproducen con vigor y causan enfermedades graves, incluso letales. En ocasiones infectan también a otras especies, como aves, monos, ovejas, cabras y ganado vacuno.
Para algunos virus, como los hantavirus, la exposición humana se produce por contacto con un reservorio constituido por heces u orina del hospedante. En el caso del virus Sin Nombre, los afectados inhalaron partículas de polvo contaminadas por excrementos secos de roedores cargados de virus.
Otro medio de transmisión a los seres humanos es el contacto directo con sangre, orina, heces o saliva humanas contaminadas. El personal sanitario que cuida a enfermos de Ébola o fiebre de Lassa está expuesto a un riesgo elevado de infección. Cuando se atiende a pacientes con fiebre hemorrágica hay que llevar guantes, gorro y protectores oculares.
Una vez en el interior del cuerpo, muchos de los virus causantes de fiebres hemorrágicas atacan a los leucocitos llamados macrófagos (células del sistema inmunológico que normalmente protegen al organismo frente a las infecciones). Los macrófagos transportan los virus en el torrente sanguíneo y los distribuyen a los tejidos y órganos más sensibles a la infección.
3. SÍNTOMAS
Una vez iniciada la infección, el tiempo de presentación de los síntomas, llamado periodo de incubación, depende del tipo de virus y de su ritmo de crecimiento en los tejidos humanos. Después de la picadura de un mosquito portador del virus de la fiebre amarilla, los síntomas tardan en aparecer entre 3 y 6 días; entre 7 y 14 días después de la exposición directa al virus de Ébola; entre 10 y 14 días después de la exposición a excreciones secas de roedor contaminadas por el virus Lassa; y entre 14 y 30 días después de la exposición a excreciones de roedor que contienen el virus Hantaan, causante de la fiebre hemorrágica con síndrome renal.
Además de fiebre y dolores musculares intensos, la fiebre hemorrágica suele provocar enrojecimiento de los ojos, el rostro y la parte superior del cuerpo. El paciente puede sufrir vómitos, diarrea y edema (hinchazón debida a la acumulación de líquidos en los espacios tisulares) generalizado leve. También son comunes las petequias, unos puntos diminutos de color púrpura o rojo que cubren la piel. A medida que avanza la infección, la sangre va perdiendo la capacidad de coagularse. Las paredes de los capilares (los vasos sanguíneos más pequeños) se deterioran y empiezan a perder sangre (hemorragia o pérdida excesiva de sangre). El volumen de sangre en circulación disminuye y a veces se produce un choque, caracterizado por extremidades pálidas y frías, pulso rápido y débil e hipotensión. Las infecciones por arenavirus pueden causar encefalopatía (enfermedad del cerebro) grave con convulsiones y ceguera o encefalitis (inflamación del cerebro). La insuficiencia renal y el edema pulmonar (acumulación de líquido en los pulmones) son síntomas característicos de la infección por hantavirus.
TRATAMIENTO Y PREVENCIÓN
Por el momento, ninguna de las fiebres hemorrágicas de origen vírico tiene curación. El tratamiento consiste en la prestación de cuidados de mantenimiento junto con prevención y tratamiento del choque mediante la administración de líquidos intravenosos y medicamentos para combatir la hipotensión. En caso de fiebre hemorrágica con síndrome renal se practica además la diálisis, un tratamiento mecánico de eliminación de residuos de la sangre que compensa la insuficiencia renal.
En Argentina, los pacientes infectados por el virus Junín se tratan con plasma provisto de anticuerpos procedentes de personas que se han recuperado de la infección. Se administra una vacuna para evitar la infección a los trabajadores de las explotaciones agrarias y otros sujetos expuestos a un riesgo elevado de contraerla. Hay una vacuna eficaz para prevenir la fiebre amarilla y se están desarrollando vacunas contra el dengue. El único medicamento antivírico eficaz contra el virus de la fiebre hemorrágica es la ribavirina, que se administra a pacientes afectados por la fiebre de Lassa. Las campañas de control de roedores han demostrado ser un medio muy eficaz de prevención de la fiebre hemorrágica de Machupo en las aldeas de Bolivia.
Pese a todas estas medidas, los índices de mortalidad causados por fiebres hemorrágicas van desde el 1 al 5% en el caso del virus Junín hasta el 90% para el Ébola.
De forma análoga, el tripanosoma responsable de la enfermedad de Chagas, o tripanosomiasis americana, pasa a la sangre de los animales que infecta a través de la picadura de insectos conocidos como chinches asesinas (familia Reduviidae). En los primeros estadios de la enfermedad, el parásito se encuentra en la sangre. Más tarde, en la llamada fase crónica pasa a los tejidos donde produce alteraciones graves como insuficiencia cardiaca, encefalopatías o distintas afecciones en el aparato digestivo.
Clasificación científica: los tripanosomas constituyen el género Trypanosoma. El tripanosoma que causa la enfermedad del sueño africana se denomina Trypanosoma brucei y el tripanosoma que provoca la enfermedad de Chagas se clasifica como Trypanosoma cruzi.
Dengue, también llamada fiebre rompehuesos o quebrantahuesos, enfermedad infecciosa tropical causada por un virus y transmitida por un mosquito del género Aedes (generalmente Aedes aegypti). Muchas veces la infección con virus del dengue es asintomática, pero en otras ocasiones la enfermedad cursa con fiebre alta, fuerte dolor de cabeza, dolor en las articulaciones, músculos y en los ojos, y erupción en la piel. El dengue afecta a niños y adultos pero rara vez ocasiona la muerte.
Una forma más grave pero rara es la fiebre hemorrágica del dengue, cuyos síntomas iniciales son fiebre, tos, cefalea, náuseas, vómitos y dolor abdominal. Después se producen hemorragias, a menudo con inflamación del hígado y, en los casos severos, puede dar lugar a un estado de shock y provocar la muerte si los enfermos no reciben a tiempo la atención médica requerida. No existe un tratamiento específico para esta enfermedad; sin embargo, un cuidado clínico adecuado puede reducir la mortalidad a menos de un 1 por ciento.
El número de casos de dengue ha crecido de forma espectacular en las últimas décadas y ha pasado a ser una enfermedad endémica en más de 100 países. Según estimaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), unos 50 millones de personas se infectan cada año.
Cólera, enfermedad infecciosa grave endémica en la India y en ciertos países tropicales, aunque pueden aparecer brotes en países de clima templado. Los síntomas del cólera son la diarrea y la pérdida de líquidos y sales minerales en las heces. En los casos graves hay una diarrea muy importante, con heces características en 'agua de arroz', vómitos, sed intensa, calambres musculares, y en ocasiones, fallo circulatorio. En estos casos el paciente puede fallecer a las pocas horas del comienzo de los síntomas. Dejada a su evolución natural, la mortalidad es superior al 50%, pero no llega al 1% con el tratamiento adecuado.
El organismo responsable de la enfermedad es el Vibrio cholerae, una bacteria descubierta en 1883 por el médico y bacteriólogo alemán Robert Koch, y cuyo genoma fue descifrado en agosto del año 2000. La única forma de contagio es a través del agua y los alimentos contaminados por heces (en las que se encuentra la bacteria) de enfermos de cólera. Por tanto, las medidas de control sanitario son las únicas eficaces en la prevención de la enfermedad. Durante el siglo XIX las epidemias de cólera se diseminaron por Europa y Estados Unidos, hasta que mejoraron los sistemas de distribución de agua potable y alcantarillado.
En muchos países asiáticos, el control del cólera sigue siendo un importante problema sanitario. La Organización Mundial de la Salud (OMS) calcula que el 78% de la población de los países en vías de desarrollo carece de agua con suficientes garantías de potabilidad, y el 85% no dispone de un sistema de tratamiento de aguas residuales. Las epidemias más recientes tuvieron lugar en Calcuta (India) en 1953; en Vietnam del sur entre 1964 y 1967; entre los refugiados de Bangladesh que emigraron a India en la guerra civil de 1971; en Perú en 1991; y en Sudáfrica en 2000. Según datos de la OMS del año 1999, 8.400 personas murieron a causa de la enfermedad, cuya mayor incidencia se registró en América Latina, Asia y África.
El tratamiento consiste en la reposición oral o intravenosa de líquidos y sales minerales (rehidratación). Hay preparados para diluir con la composición adecuada de sodio, potasio, cloro, bicarbonato y glucosa, disponibles en muchos lugares del mundo gracias a la campaña de difusión realizada por la OMS. Casi todos los pacientes se recuperan entre los tres y los seis días. Las tetraciclinas, la ampicilina, el cloranfenicol, el trimetoprim-sulfametoxazol, y otros antibióticos acortan la duración de la enfermedad. Hay una vacuna de bacterias muertas que confiere una resistencia a la infección de tres a seis meses de duración.
Algunos estudios experimentales han demostrado que la bacteria del cólera produce una toxina que estimula la secreción de líquido por el intestino delgado. Esta toxina es la causa de la gran pérdida de líquidos que se produce en el cólera. La búsqueda de una vacuna más eficaz sigue dos líneas de investigación diferentes: utilizar una toxina inactivada
Los virus que causan fiebres hemorrágicas son zoonóticos, es decir, que su ciclo vital se desarrolla dentro de varios reservorios animales (organismos en los que el virus vive normalmente, pero a los que no daña) y sólo infectan al hombre incidentalmente. Cuando se produce la infección, los virus se reproducen con vigor y causan enfermedades graves, incluso letales. En ocasiones infectan también a otras especies, como aves, monos, ovejas, cabras y ganado vacuno.
Para algunos virus, como los hantavirus, la exposición humana se produce por contacto con un reservorio constituido por heces u orina del hospedante. En el caso del virus Sin Nombre, los afectados inhalaron partículas de polvo contaminadas por excrementos secos de roedores cargados de virus.
Otro medio de transmisión a los seres humanos es el contacto directo con sangre, orina, heces o saliva humanas contaminadas. El personal sanitario que cuida a enfermos de Ébola o fiebre de Lassa está expuesto a un riesgo elevado de infección. Cuando se atiende a pacientes con fiebre hemorrágica hay que llevar guantes, gorro y protectores oculares.
Una vez en el interior del cuerpo, muchos de los virus causantes de fiebres hemorrágicas atacan a los leucocitos llamados macrófagos (células del sistema inmunológico que normalmente protegen al organismo frente a las infecciones). Los macrófagos transportan los virus en el torrente sanguíneo y los distribuyen a los tejidos y órganos más sensibles a la infección.
3. SÍNTOMAS
Una vez iniciada la infección, el tiempo de presentación de los síntomas, llamado periodo de incubación, depende del tipo de virus y de su ritmo de crecimiento en los tejidos humanos. Después de la picadura de un mosquito portador del virus de la fiebre amarilla, los síntomas tardan en aparecer entre 3 y 6 días; entre 7 y 14 días después de la exposición directa al virus de Ébola; entre 10 y 14 días después de la exposición a excreciones secas de roedor contaminadas por el virus Lassa; y entre 14 y 30 días después de la exposición a excreciones de roedor que contienen el virus Hantaan, causante de la fiebre hemorrágica con síndrome renal.
Además de fiebre y dolores musculares intensos, la fiebre hemorrágica suele provocar enrojecimiento de los ojos, el rostro y la parte superior del cuerpo. El paciente puede sufrir vómitos, diarrea y edema (hinchazón debida a la acumulación de líquidos en los espacios tisulares) generalizado leve. También son comunes las petequias, unos puntos diminutos de color púrpura o rojo que cubren la piel. A medida que avanza la infección, la sangre va perdiendo la capacidad de coagularse. Las paredes de los capilares (los vasos sanguíneos más pequeños) se deterioran y empiezan a perder sangre (hemorragia o pérdida excesiva de sangre). El volumen de sangre en circulación disminuye y a veces se produce un choque, caracterizado por extremidades pálidas y frías, pulso rápido y débil e hipotensión. Las infecciones por arenavirus pueden causar encefalopatía (enfermedad del cerebro) grave con convulsiones y ceguera o encefalitis (inflamación del cerebro). La insuficiencia renal y el edema pulmonar (acumulación de líquido en los pulmones) son síntomas característicos de la infección por hantavirus.
TRATAMIENTO Y PREVENCIÓN
Por el momento, ninguna de las fiebres hemorrágicas de origen vírico tiene curación. El tratamiento consiste en la prestación de cuidados de mantenimiento junto con prevención y tratamiento del choque mediante la administración de líquidos intravenosos y medicamentos para combatir la hipotensión. En caso de fiebre hemorrágica con síndrome renal se practica además la diálisis, un tratamiento mecánico de eliminación de residuos de la sangre que compensa la insuficiencia renal.
En Argentina, los pacientes infectados por el virus Junín se tratan con plasma provisto de anticuerpos procedentes de personas que se han recuperado de la infección. Se administra una vacuna para evitar la infección a los trabajadores de las explotaciones agrarias y otros sujetos expuestos a un riesgo elevado de contraerla. Hay una vacuna eficaz para prevenir la fiebre amarilla y se están desarrollando vacunas contra el dengue. El único medicamento antivírico eficaz contra el virus de la fiebre hemorrágica es la ribavirina, que se administra a pacientes afectados por la fiebre de Lassa. Las campañas de control de roedores han demostrado ser un medio muy eficaz de prevención de la fiebre hemorrágica de Machupo en las aldeas de Bolivia.
Pese a todas estas medidas, los índices de mortalidad causados por fiebres hemorrágicas van desde el 1 al 5% en el caso del virus Junín hasta el 90% para el Ébola.