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Felipe Sola, Puedo conducir una alternativa a Kirchner

Info5/23/2009

Está rara la Argentina. Lo que antes era de una forma, ahora ya no lo es. Lo que se insinuaba de izquierda, ahora es de derecha. Y viceversa. Las drásticas definiciones que ayer se rubricaban con la mano hoy se borran con el codo. Nada es lo que parecía. Todo cambia, todo se transforma, todo se lleva de patadas con el pasado y hace trizas el futuro.

Está tan rara la Argentina que, aunque Juan Domingo Perón había anticipado que el año 2000 nos encontraría unidos o dominados, los políticos locales parecen conformarse con que este modesto 2009, al menos, sólo los encuentre. Vayamos a algunos ejemplos.

Néstor Kirchner ahora jura públicamente que no está de acuerdo con interrumpir el tránsito en las rutas, pero lo hace a no tantos meses de haber bendecido los cortes en Gualeguaychú. Mauricio Macri deja Punta del Este para inaugurar una playa en pleno Buenos Aires, pero termina enterrado en las arenas movedizas del Teatro Colón. Elisa Carrió hace gala de su flexibilidad sin límites no sólo buscando al macrismo sino también al piquetero Raúl Castells. Y, como si esto fuera poco, Felipe Solá, el diputado, ex gobernador y a quien el kirchnerismo tildaba de "peronista y estanciero", asegura muy suelto de cuerpo, durante una entrevista con Enfoques, que él se considera progresista ("no progre", aclara) y que siempre lo fue, mientras advierte que el que se corrió de ese espacio es, en realidad, el gobierno kirchnerista.

Está rara la Argentina, pero, al parecer, no tanto para el propio Solá, que parece tener las ideas claras en este mediodía de enero, en sus flamantes y blancas oficinas de la avenida Belgrano y Sáenz Peña, desde donde comenzó a amasar un proyecto político personal que, según espera, podría llevarlo a suceder a Cristina Kirchner en el poder después de 2011.

En efecto, allí, en esos despachos aún con olor a pintura, el legislador que se animó a ser el primer oficialista de peso en oficializar su alejamiento del kirchnerismo se atreve ahora a decir lo que no le había dicho a nadie (y eso que su imagen y su palabra se multiplican casi todos los días): "Quiero ser candidato a presidente. Voy a hacer lo posible para que así sea".

¿Para qué? "Me parece que puedo cambiar el clima en la Argentina -afirma sin ningún afán meteorológico-. Puedo ofrecer lo que se hizo bien y cambiar lo que se hizo mal. Acá hay una transformación incompleta, que empezó bien y luego se frustró. Yo no me fui con la oligarquía. Me quedé en el lugar del sentido común".

Solá se acaba de convertir en el primer precandidato presidencial del peronismo. A dos años de los comicios de 2011. En medio de la incertidumbre que genera la suerte del oficialismo. Pero el ex gobernador, que elevó su imagen en el conflicto con el campo, cree que está ante la gran oportunidad y no quiere desaprovecharla. No admite que se pasó a la oposición, aunque afirma que Cristina Kirchner lo decepcionó porque no es independiente de su esposo y que hay más pobres que hace diez años, aunque que al Gobierno eso "no le interesa".

Cuando habla de Néstor Kirchner, elogia su gestión ("el mejor de los gobiernos desde 1983", pero dice que terminó en el autoritarismo. Y afirma que Carlos Menem "ya fue", aunque rescata de su gobierno (que él integró como secretario de Agricultura) "la audacia, la capacidad de llamar a quien pensaba que podían ser los mejores y una actitud menos crisparada con la prensa".

-¿Por qué dejó el oficialismo y se pasó a la oposición?

-No me pasé a la oposición. No me integré a ninguna oposición. Lo que hice fue salir del bloque del Frente para la Victoria porque mi situación ahí no se sostenía fácilmente, no tenía apoyo. Pero no integro el bloque de la oposición. Esto puede confundir a algunos, pero la verdad es que sigo opinando igual que siempre. Ahora tengo más libertad para decirlo porque no tengo que gobernar. Me mantuve en un lugar. El que se corrió fue el Gobierno.

-¿En qué se diferencia de Kirchner?

- En la concepción sobre mantener fuerte el vínculo con la base social que ya no está, y que era, a la luz de estos cuatro o cinco años, una especie de conjunción entre los trabajadores, los excluidos y las clases medias. Eso se perdió, se rompió y, al romperse, el Gobierno quedó aislado y con un discurso para la militancia, pero ya no llega a las clases medias. Yo no estuve nunca dispuesto a romper ese vínculo. En la Argentina no hay ninguna posibilidad de terminar con la exclusión y de hacer un país más justo y más seguro si no hay una fuerte unidad en los hechos, en un proyecto para manejar el Estado que sea apoyado por los humildes, los que necesitan sí o sí al Estado, y la clase media, que es más crítica del Estado y lo necesita poco.

-¿Y cuál considera que fue el momento de esa ruptura?

-La resolución 125. La guerra gaucha, sin duda. No tanto por la resolución en sí, sino por la decisión de pulsear durante el número de días que fuera necesario, como si eso fuera una cuestión ideológica de base, y que hizo que millones de personas se pasaran al otro lado de la pulseada.

-Usted dijo que Kirchner no tiene sensibilidad social. ¿Por qué piensa así?

-Porque ha aumentado el número de pobres, porque no ha llamado a los investigadores privados y serios sobre el tema, porque no hay una coordinación del Ministerio de Desarrollo Social con la investigación sobre la nueva pobreza en la Argentina, porque si mañana Alicia (Kirchner) se fuera de su ministerio seguramente mucha gente diría con razón que ha sido una mujer muy trabajadora y también muy honesta, pero nadie sabría qué programa real tuvo y qué cambio real generó. Y es porque el Gobierno no puso nunca el centro en la acción social. Y al no poner el centro ahí se cae en el clientelismo. No ha sido una prioridad. Por ejemplo, la política de derechos humanos ha sido prioritaria, buena o mala ha sido prioritaria, y es un escalón fuertísimo de este gobierno. La política de infraestructura, con todas las críticas que ha recibido, está, es fuerte. Me pregunto si hay una política de acción social que tenga la misma importancia cuando tenemos casi 12 millones de pobres y un número de indigentes que es enorme.

-¿Por qué le parece que no son prioritarios los programas sociales?

-Porque se pensó que bastaba con el crecimiento económico y, en el fondo, eso encerraba una teoría parecida al desborde del vaso, que tanto se le criticó al menemismo y que era cierta. Y se pensó que el aumento de ocupación neto y claro que tuvimos entre 2002 y 2007 liquidaba la pobreza. Pero después estalló el problema de que el Indec mentía con la inflación, y si mentía en eso también podía hacerlo, automáticamente, por razones matemáticas, en el número de pobres, de indigentes. La correa de transmisión con los barrios pobres es mucho más floja que hace 10 años. Hay muchos más pobres que hace 10 años y se toma la pobreza como parte de un paisaje. No hay interés sobre el tema. Se focalizó demasiado el interés sobre el crecimiento económico. Pero hay varios millones de argentinos a los que ese crecimiento económico les pasó por arriba sin que se enteraran.

-¿Cómo define a Cristina Kirchner?

-De su capacidad personal y de su militancia no tengo ninguna duda. De la decepción que me produjo como presidenta, tampoco tengo ninguna duda. Y es solamente por una razón: que la gente quiere que quien es presidente sea independiente. Por ejemplo, una mañana cambia el Gabinete. Y otra mañana hace algo que no le gusta a Kirchner y que se sepa que no le gusta a él. Es decir, la idea es tener una presidenta que se puede equivocar o no, pero que, antes que nada, es independiente. Así como está, el modelo no ha funcionado. Y es muy duro decirlo porque, de las mujeres que andan por ahí, parece de las más capaces, pero no es ella. Ella no es ella, es ella y su consulta.

-¿Y cómo define a Néstor Kirchner?

-Es un hombre que ha sido muy importante, va a serlo siempre. Con él hay un antes y un después en la Argentina. Hizo un primer gobierno que ha sido el mejor desde 1983. El mejor en cuanto al cambio psicológico, cultural y material. Primero, el cambio en la autoestima de los argentinos. Luego, el cultural, porque en el país empezó a haber una idea de que se podía argentinizar el manejo de la economía y de que no estábamos irremediablemente condenados a la globalización y a insertarnos como quería el mundo que lo hiciéramos. Y el cambio material, claro, por el crecimiento económico de la Argentina. Y fue un gobierno con una fuerte conducción política. Ahora, en la mejor condición que uno tiene en la vida siempre está la peor. Están en el mismo lugar las dos. Pero lo que cuenta es la capacidad de los que gobiernan. Y tal vez haya sido esa autoridad para provocar el cambio la que terminó en el autoritarismo posterior y desembocó en lo ocurrido con la resolución 125: la pérdida del 30 por ciento de la gente y la ruptura de la alianza implícita de apoyo.

-¿Y usted quiere ser candidato a presidente?

-Sí, quiero ser candidato a presidente. Voy a hacer lo posible para que así sea.

- ¿Por qué quiere ser presidente?

- Me parece que puedo cambiar el clima en el país. Puedo ofrecer lo que se ha hecho bien y cambiar lo que se hizo mal. Hay una transformación incompleta. Empezó bien y luego se frustró. Yo estaba acá: el que se corrió es el Gobierno. No me fui con la oligarquía. Me quedé en el lugar del sentido común.

-Hasta ahora no admitía sus ganas de ser candidato en 2011 y decía que había que esperar a las elecciones de este año. ¿Qué es lo que cambió ahora ?

-Me miré en la televisión el otro día. El programa en el que hablé lo pasaron dos veces, suficientes para que me hartara de mí, y pensé que no estaba reflejando mis verdaderas ganas, mi verdadera decisión. Yo puedo ser el que conduzca una alternativa a los Kirchner y tengo una mezcla de situaciones que son útiles: una experiencia de gobierno larga con una actitud progresista, no "progre"; un conocimiento fuerte de la Argentina y una capacidad de entender y de contener posiciones más y menos progresistas a la vez. No hay que exigir mucho más desde punto de vista ideológico. Otra cosa que hay que hacer es saber incorporar lo bueno del pasado. No negarlo. No ser fundacional.

-Usted tiene una imagen de un dirigente de un perfil más bien conservador. ¿Cómo define su progresismo?

-Tengo una veta, por ejemplo, totalmente comprometida desde siempre con los derechos humanos. Cuando no existía Kirchner, en 2002, cuando asumí en la provincia, inmediatamente fundé la Secretaría de Derechos Humanos y lo puse a (Jorge) Taiana a cargo. Después, mi ministro de Seguridad fue Juan Pablo Cafiero. Cuando ocurrió el asesinato de Kosteki y Santillán, puse a alguien que diera garantías al frente de la seguridad de que esas cosas no iban a volver a ocurrir, y paradójicamente ese tipo de cosas no volvieron a ocurrir y lo que vino fue una ola de delincuencia muy grande. Tengo una actitud clara respecto de la cuestión de la concepción de la mujer. Me animo a hablar de la Franja de Gaza ahora, cuando otros políticos hablan poco...

-¿Este gobierno es progresista?

-Este gobierno se ha corrido mucho. Es progresista en el discurso, pero en los hechos se ha salido del eje. No es un tema de ideologismo o de ser setentista, sino de entender la sociedad moderna y afrontarla con una mirada progresista. Si no se garantiza la unidad política, cualquier posición progresista no sirve. En nombre del progresismo hablás de una minoría, pero lo que hay que recuperar es la mayoría.

-¿Qué hará en estas elecciones?

-No tengo decidido si voy a ser candidato en la provincia, pero voy a caminar el distrito y el país en campaña. Después veré.

-¿Qué aliados imagina?

-Peronistas y no peronistas que estén desencantados, que no sean antikirchneristas de la primera hora, porque en tal caso no van a tener que ver conmigo tampoco. Pero sí que quieran que lo mejor que se hizo vuelva y que no quieran quedar enganchados en una actitud de cerrazón ni de sectarismo. Y los que quieran que la Argentina progrese en el marco de una actitud más madura, menos crispada, más moderada. Moderada en el sentido de respetar más al otro, contrariamente a las actitudes que predominan ahora: la de negar al otro desde el Gobierno y la de negar al Gobierno descalificándolo desde la oposición.

-¿Por qué se mostró crítico de Carlos Reutemann, a quien le recordó que él no había tenido una actitud muy frontal contra el Gobierno, como tuvo usted?

-No, no me mostré muy critico. Dije algo que fue ampliado por la falta de noticias que hay en enero. Lo que declaré fue interpretado como una exigencia, pero no lo fue. Lole dijo lo que uno diría si fuera por una senaduría por Santa Fe: "Yo puedo ser candidato a presidente; mi opositor, posiblemente no". Es muy inteligente.

-¿Cree que Reutemann puede ser un buen candidato presidencial?

-Maneja muy bien los tiempos. Es muy distinto que yo. Se mete en muchos menos problemas. El tiempo dirá qué Lole hay dentro de él. Yo todavía no lo sé. Puede haber uno distinto, uno que está ahí esperando.

-¿Cómo se resolverá si los dos son candidatos del PJ?

-También el tiempo lo dirá y veremos si vamos por los mismos votos. O no. Pero no es malo que los dos seamos candidatos.

-¿Entre sus aliados lo incluye a Eduardo Duhalde?

-Tengo una muy buena relación personal con Duhalde, y tenemos diferencias de diagnóstico sobre la Argentina. Por lo tanto, de planteo sobre el futuro.

-¿Cerraron las heridas políticas que tenía en su relación con él?

-Las heridas personales, sí. Son las que importan. Pero tengo un déficit de relacionamiento con los políticos. Con muchos tengo buena relación personal, pero he sido siempre difícil para estar en un colectivo grande si no era consultado. Necesito que me convenzan. Si no, me cuesta seguir una decisión con la misma fe de todos. Ese es el problema con el kirchnerismo.

-Para construir una opción propia también lo debe de complicar...

-Para construir eso hay que caminar entendiendo lo difícil que es el momento y la diversidad del momento. Va a triunfar quien más claro pueda expresar lo que quiere para el futuro, y quien más coincida con lo que quiere la mayoría para el futuro. Que no son palabras lindas como paz, esperanza, trabajo y seguridad. Hay un candidato que dice que "la seguridad se hace", pero no explica cómo se hace. Tengo miedo de que sea a los tiros...

-¿Quién es?

-Por ahí lo va a ver... Es muy visible.

-¿Francisco De Narváez?

-Sí, es muy visible, y las gigantografías son muy caras (risas). No entiendo por qué se empeña en criticarme como si yo fuera su enemigo fundamental. Pero yo no quiero ser gobernador de Buenos Aires. En lugar de buscar coincidencias, da la impresión de estar poniendo piedras en el camino.

-¿Mauricio Macri puede ser un aliado para 2011?

-Veremos. Veremos si tomamos decisiones parecidas. Hay que mantener un diálogo con él. Pero yo quiero ser presidente, y quizá Macri también quiera ser presidente. Eso no quiere decir que no hablemos. También hablo con Margarita (Stolbizer).

-¿Qué opina de su gestión?

-Empezaron comiéndose la cancha y después se encontraron con que el gobierno nacional se las hace difícil. Sobre todo, les ha estropeado el presupuesto. Yo hubiera denunciado más esa situación, pero como no vivo en Capital, tampoco puedo opinar.

-¿Y cómo ve a Daniel Scioli?

-Scioli ha encontrado los mismos problemas que encontré yo, pero con una Argentina más rica, comparada con aquella de 2002, y con el apoyo pleno de un gobierno. El es totalmente leal al Gobierno y paga cualquier costo con tal de serlo, pero también recibe más apoyo del Gobierno. La otra paradoja de Scioli es que mi gobierno tenía 70% de aprobación y éste tiene 30; por lo tanto, la actitud del Gobierno conmigo era mucho más dura que la que tiene ahora, que es un poco más mansa. La gestión me parece peor que la mía. Desde el punto de vista político, es más persistente que yo. En cuanto a la difusión, prensa y propaganda, es mucho mejor que yo. Además de todo eso, es un buen tipo. Es una persona derecha.

-¿Se aliaría con Carlos Menem?

-No, Menem ya fue. Pero no me ensaño con la década. Reconozco errores, pero también digo que ocurrió, que hubo votos, dos grandes elecciones, y que lo que vivimos en esa época no lo podemos borrar. El peronismo fue el menemismo. Peronismo que hoy es parcialmente kirchnerismo. Antes fue duhaldismo, y antes cafierismo.

-¿Qué rescataría del menemismo?

-La audacia, la capacidad de llamar a quienes él pensaba que podían ser los mejores, y, más allá de todos sus enojos, una actitud menos crispada con la prensa. También hubo una actualización productiva muy importante. Lo que ocurrió en el campo fue fuertísimo, y siguió, no se cortó.

-Elisa Carrió dijo que, en materia de captación de aliados, usted era el límite. Abrió una puerta, pero usted se la cerró con duras declaraciones.

-No, no quiero ser juez de mis jueces. Es un rol que a ella le encanta. Se equivocó de poder. Ella es el Martín Pescador del cielo "lilitense": "Vos, sí. ¿Me dejarás pasar? Vos, no." El problema es para los que no estamos en la cola...

-Era cierto, le cerró la puerta.

-No, estoy dispuesto a "recontraconvivir" con Carrió, aunque no esté de acuerdo con ella, porque es una realidad de la política argentina, muy fuerte.

-Pero no la ve como aliada...

-No, no en este momento. El sistema de ella es a todo o nada, y no lo quiero. Además, hay un monotema que es la corrupción y la maldad. Es decir, gobierna el diablo y todo lo que hace es porque en el fondo era Al Capone. Es una construcción falsa y malsana, tóxica porque contribuye a la idea de la antipolítica, de que son todos chorros, todos iguales. Cuando uno habla de "la" corrupción, pero no puede solucionar algo, hace más daño. Ella tiene razón en que los controles en la Argentina son enormemente débiles y en que la Justicia es lenta. "Chorear" es más fácil que antes.

-¿Cree que hay corrupción en el kirchnerismo?

-En todos los gobiernos hay corrupción. Acá veo acusaciones. No hay ostentación, pero sí una actitud muy impune en el manejo de las relaciones económicas.

-¿Tiene alguna sospecha?

-Es un tema en el que no me meto. Si tengo algo, voy a ver a un fiscal. Y recién después de que me diga si es importante o serio, lo hablaría con los periodistas.

-¿Qué es el peronismo, hoy?

-Es un movimiento de supervivencia nacional, de supervivencia nacional e individual, como decía un filósofo peronista. Es la posibilidad de unión de clases y de sectores que tiene la Argentina. Ha sido eso hasta ahora. No abusemos de eso. Pero no puede ser contenido por un partido. El que tiene el PJ lo que tiene es el control de la elección, y generalmente hace que las internas sean imposibles. Por lo tanto, es un partido en el que nunca se va a creer porque nunca va a tener internas serias. Sobre todo en la provincia de Buenos Aires. El movimiento no puede ser contenido por un partido, es un movimiento de movimientos. Kirchner denunció, antes de ser presidente, con bastante precisión: "Ojo con el pejotismo, que es el nuevo peronismo". La pregunta es: ¿No es él hoy el pejotismo?

-Si se mide por el éxodo de progresistas del kirchnerismo, parece que sí...

-A partir del triunfo electoral de 2005, Kirchner retrocedió, llamó a los perdedores, se juntó con el PJ y armó un entramado más conservador. El triunfo lo llevó a perder su capacidad de audacia transformadora. No es cierto que eso pasó porque falló la transversalidad. La transversalidad estaba consiguiendo muchas cosas y el triunfo de 2005, créase o no, fue el de la transversalidad por sobre el pejotismo. Paradójicamente, los que estabámos por el otro lado fuimos corridos de nuestro lugar. Me la banqué porque tenía que gobernar. No tenía posibilidades. Durante 2006 inventé la reelección, primero como techo para tener un leitmotiv que me permitiera seguir teniendo poder y después ya como piso, porque pensé que podía ser en serio, hasta que el mismo Kirchner lo objetó. A último momento vinieron las elecciones de Misiones y se generó un clima en el que tuve que renunciar a eso. Después ya tuve a Scioli como candidato instalado y ganador de entrada, desde diciembre de 2006. Hasta perdí mi lugar en los actos, que estaba ocupado por el vicepresidente Scioli. Fueron tiempos duros...

-Y cuando Cristina Kirchner ganó las elecciones, a usted le ofrecieron una embajada. ¿Fue para desactivarlo?

-Me ofrecieron tres embajadas. Pero como decía Federico Manuel (Peralta Ramos): "Me gusta acá, me gusta acá". A mí me gusta mucho acá. Me parece que me sobreestimaban, que pensaban que me gustaban las alfombras rojas y las arañas de las casonas. Francamente, prefiero caminar de Ranelagh a Monte Hermoso, ida y vuelta, antes que vivir en París.

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