Orden Franciscana
Los Franciscanos son una orden mendicante católica, como los Dominicos. La orden franciscana fue fundada por San Francisco de Asís en 1209. Actualmente es la orden religiosa con mayor número de elementos y presencia mundial.
La identidad franciscana se encuentra en el vivir de acuerdo al Evangelio en la Iglesia según el modelo propuesto y observado por San Francisco y santa Clara, y su prédica a todas las criaturas.
Los franciscanos tienen presencia en la Organización de las Naciones Unidas y vigilan constantemente a través del estudio el respeto a la "hermana naturaleza".
La orden desde sus inicios creció rápidamente y de ella se decía y sigue diciendo que es la orden en la cual los ideales son tales que reyes y comerciantes dejan todo para seguir los ideales de alegría, pobreza y humildad de San Francisco.
Aunque en la actualidad existen muchos grupos que se denominan franciscanos, algunos incluso fuera de la iglesia católica, sólo es posible establecer un vínculo a tres órdenes franciscanas cuyos orígenes provienen de la fundación del santo.
Las demás fundaciones pequeñas de frailes Franciscanos que seguían la Regla de la Primera Orden, quienes en algún momento existían separadamente o ca
San Francisco
Primera Orden o Franciscano
La existencia de los Hermanos Menores o la Primera Orden data del año 1209, año en el que San Francisco obtuvo la aprobación de la regla oralmente por parte de Inocencio III, regla que compuso para la guía de sus primeros seguidores. Esta regla aun no había tomado su forma original hasta que fue escrita de nuevo por el santo y solemnemente confirmada por Honorius III en 29 de Noviembre de 1223 (Litt. 'Solet Annuere'). Esta segunda regla, como es llamada comúnmente, de los Hermanos Menores es la que hoy en día se profesa en toda la Primera Orden de San Francisco.
Los Hermanos Menores o la Primera Orden hoy en día comprende de tres entidades separadas:
Los Hermanos Menores propiamente dicho, o la rama original, fundada como se dijo anteriormente en 1209, los Hermanos Menores Conventuales, los Hermanos Menores Capuchinos, ambos originados de la rama primera y que fueron constituidos ordenes independientes en 1517 y 1619 respectivamente.
Estas tres órdenes profesan la regla de los Hermanos Menores aprobada por Honorio III en 1223, pero cada una tiene sus constituciones particulares y su propio ministro general.
Las demás fundaciones pequeñas de frailes Franciscanos que seguían la Regla de la Primera Orden, quienes en algún momento existían separadamente o casi separadamente, se han extinguido. Ellas son la Clareni, Coletani, y Celestinos. Otras se han añadido a los Hermanos Menores como en el caso de los Observadores, Reformadores, Alcantarines etc. (Todas estas pequeñas fundaciones se han extinguido).
La Orden Franciscana entrego a la Historia de la Iglesia tres Sumos pontífices:
Nicolás IV, conocido en la Orden con el nombre de Jerónimo de Asculis, nació en una pequeña aldea de la provincia de la Marca, en Italia. En esas competente vistió el habito de San Francisco; sus grandes talentos y no vulgares virtudes le elevaron muy pronto a las prelacias; fue provincial de la provincia de Esclavonia, después General de toda la Orden, Legado Apostólico en Grecia, en España y Francia, Cardenal de la Santa Iglesia por nominación de Nicolás III, y últimamente, en el año 1288, elegido Papa, cuya elección renuncio repetidas veces, pero que al fin hubo de admitir oír obediencia. Murió al año de 1292, después de un Pontificado breve pero glorioso.
Alejandro V: Fr. Pedro Filardo antes de su ascenso a la tiara, hijo de padres tan oscuros y humildes, que hasta hoy no se sabe con certeza el lugar de su nacimiento; pues mientras unos le creen natural de Candía, en Grecia, otros le creen oriundo de Bolonia. Siendo aun muy joven profeso la regla seráfica, y hechos sus estudios con aplauso en Oxford, paso a París, en cuya Universidad se graduó de Doctor y explico sagrada teología. Sus grandes meritos le granjearon la estimación de muchos, y entre otros, del Duque de Milán, quien le nombro su primer consejero, obteniéndole después las mitras de Placencia y Milán; Inocenso VII le llamo a Roma y le creo Cardenal con el título de los Santos Apóstoles. Finalmente, en el Concilio de Pisa fue elegido Papa con aplauso de todos los Padres y aun de todo obre católico; murió el año 1410.
Sixto IV: natural de Savona, en Italia, hijo de padres nobles; en edad juvenil profeso la regla de San Francisco, y en tanto que con sus virtudes se hizo amar de todos sus hermanos, con su aplicación al estudio, y mas que todo con su gran talento, vino a ser uno de los hombres mas sabios de su siglo. La Orden, reconociendo su merito, le hizo primeramente Provincial de la provincia de Liguria y después su ministro general, cuyos cargos desempeño con el celo que era de esperar de sus grandes prendas. Paulo II le honro con la púrpura cardenalicia, y a la muerte de este fue sublimado a la Silla de San Pedro. Murió el año 1491, habiendo gobernado la Iglesia por espacio de trece años. Como buen hijo de San Francisco, fue el primer Papa que dio y público Bula a favor del Misterio de la Inmaculada Concepción de María.
Sixto V: ¡Que hombre tan glorioso! Su solo recuerdo enorgullece a toda la seráfica familia. Nació este celebre Papa en uno se los pueblos de la provincia del Piceno, en Italia; sus padres fueron muy pobres según unos, y a esta circunstancia, dicen, fue debido el que después de niño se criara en un convento de San Francisco, cuya regla profeso en edad competente; después de su carrera literaria, hecha con gran lucimiento en la Orden, fue nombrado Inquisidor en Venecia, Legado Apostólico en España, Procurador general de la Orden, Arzobispo de Santa Águeda de los Godos, Cardenal con el título de San Jerónimo y Obispo firmano. Por ultimo, a la muerte de Gregorio XIII, fue electo Sumo Pontífice. Su Pontificado no fue de larga duración, pero en pocos años llevo a cabo tantas y tan nobles empresas, que le acreditan de hombre singular y extraordinario, a juicio de todos, de un corazón magnánimo, sostuvo con certeza y magnificencia el decoro de la Santa Sede; limpio a todos los dominios pontificios de ladrones y facinerosos; enriqueció a Roma con innumerables y grandiosos monumentos; erigió suntuosos templos, hospitales y palacios; desenterró y levanto preciosos obeliscos, hermoseo plazas, formo bibliotecas, abrió carreteras y vías publicas, y doto a la ciudad de abundantes fuentes a costa de grandes expensas. Amo a los sabios, protegió a las artes, y en medio de tantas atenciones jamás se olvido de la obligación principal de un pastor universal de la iglesia; trabajo sin tregua ni descanso en la reforma de costumbres, persiguiendo a la herejía, y defendiendo en todas partes el imperio de la virtud. Amado, en fin, de los buenos y respetado de los malos, murió a los 69 años de edad en el de 1590, habiendo gobernado la iglesia 5 años y 4 meses.
Clemente XIV: muerto Clemente XIII, en febrero de 1769, en el mismo año, por mayo, después de un conclave borrascoso, merced a las intrigas de las cortes borbónicas de Europa dominadas por los jansenistas, fue elegido Papa el cardenal Ganganeli. Nacido en Italia de padres virtuosos, y habiendo recibido en su niñez una educación esmerada, sintiéndose con vocación para la vida religiosa, ingreso en un convento de franciscanos conventuales en edad competente. En la Orden se hizo a todos sus hermanos amable, por su candor y virtudes religiosas, las que recibían mayor realce con su gran talento y aplicación incesante al estudio. Estas nobles prendas le granjearon las estimaciones de Roma, en donde el nombre del fraile Garganeli era pronunciado con veneración respetuosa. Clemente XIII le honro con la púrpura cardenalicia, asignándole el titulo de los santos apóstoles, y últimamente fue sublimado a la Silla de San Pedro. Este Papa ha sido tratado con excesiva severidad por algunos exagerados apologistas de la ínclita Compañía de Jesús; pero afortunadamente, de algún tiempo a esta parte, se observa una reacción muy marcada a favor de la verdad. Nunca fueron buenas, las exageraciones, y para defender a los Jesuitas no era necesario arrojar lodo inmundo sobre la persona venerable de un Vicario de Jesucristo.
Clemente XIV, en opinión de todos los que lo conocieron fue de costumbres angelicales, tanto en el claustro como en su vida de cardenal, y no es creíble que en el pontificado se pervirtiera su corazón; al menos nadie puede presentar pruebas que justifiquen este juicio tan poco cristiano. Si al suprimir la compañía se equivoco al pronunciar la frase "compulsus fui, compulsus fui", explica perfectamente las razones que le movieron a firmar el breve Dominus ac Redemptor, etc. El Papa tuvo motivos poderosísimos para temer un cisma, y ante esta idea triste y desconsoladores, entre dos males, eligió el menor. Si obro o no con prudencia, Dios habrá juzgado; pero nadie tiene derecho para condenar, ni aun para dudar de la rectitud de sus intenciones. "¿Qué podría hacer el Papa (dijo San Alfonso María de Liborio) en circunstancias tan criticas y apremiantes, cuando todas las Coronas estaban de acuerdo para pedir esta supresión?". El padre Simón Mattzell, jesuita, en el sermón que predico en Fribour en las honras de Clemente XIV, pronuncio unas palabras que debemos copiar aquí, que son a no dudarlo, la apología de Ganganeli y de la Santa Compañía de Jesús: "Hemos visto, dice, en Clemente a un sabio, y al mismo tiempo al humilde Obispo de los Obispos, acreedor a la primera corona; ahora le manifestaremos como a un padre de la Cristiandad, lleno de indulgencia y firmeza... Para establecer la tranquilidad en una estación tan peligrosa, necesitaba la Iglesia de un jefe que tuviese a un tiempo, ardor y prudencia. Estas preciosas calidades se hallaron reunidas en la persona del Cardenal Ganganeli... Del centro de las espesas nubes que amenazaban descargar sobre nosotros una horrible tempestad de rayos, ¿nos parece, señores, haber salido una voz del cielo que, penetrando los oídos de Clemente XIV, le mandaba como Ángel a Abrahán: "Sacrifica, ofrece al que tu amas tu hijo Isaac?". No puede decirse más en menos palabras. En fin, Clemente XIV murió asistido milagrosamente de San Alfonso María de Liborio, que se hallo, a un tiempo, junto al lecho del moribundo, en Roma y en su celda de Nápoles. Milagro poco común, dice el señor Aguilar en su Historia Eclesiástica, que demuestra la santidad de Alfonso, y hace creer que si en la conducta del Papa hubo acaso alguna debilidad, el Señor le purifico antes de llamarlo a juicio.
Estos son los cinco Sumos Pontífices franciscanos que nos ofrece la cronología de los Papas; pero conviene anotar aquí que se omite, a causa de haber sobrevivido pocas horas a su elección. Según opinan los analistas de la Orden, a cuyo parecer asientes varios historiadores de nota, y entre otros, el celebre Baronio, a la muerte de Adriano V, le sucedió en la tiara el Cardenal Vice-Domino, sobrino de Gregorio X, natural de Placencia, en Italia, fraile franciscano, y Cardenal - Obispo de Presnete. Tomo el nombre de Gregorio XI; pero murió el mismo día de su elección sin haber llegado a coronarse, por lo cual la mayor parte de los historiadores omiten en sus catálogos el nombre de este Papa.
También creemos oportuno consignar aquí una noticia que leemos en Haraldo, analista de la Orden Seráfica, y en el autor de la Biblioteca Franciscana. Muerto Nicolao V, el año de 1455, y reunidos los Cardenales para darle sucesor, en el segundo escrutinio salio electo Papa el R.P. Fray Antonio de Montefalco, franciscano, Vicario General de la Orden, Nuncio apostólico y hombre de gran autoridad en la Curia romana. Pero sorprendidos tal vez los lectores, o bien por renuncia del Santo religioso, procedieron a un tercer escrutinio, en el cual fue nombrado Papa el Cardenal Alfonso Borja que tomo el nombre de Calixto III.
Segunda Orden o Clarisas
La fundación de Las Clarisas Pobres o la Segunda Orden dicen data del 1212. En dicho año Santa Clara, quien había acosado a San Francisco para que se le permitiera acoger la nueva manera de vida que él había instituido, se establece en San Damián cerca de Asís junto con otras servidoras piadosas que la seguían. Es erróneo suponer que San Francisco desarrollo una regla formal para Las Clarisas Pobres y ninguna versión de dicho documento ha sido encontrado. La regla impuesta a las Clarisas Pobres en San Damián data del año 1219; fue establecida por el Cardenal Ugolino, luego revisada por Gregory IX, reconsiderada por Santa Clara en sus últimos días con la ayuda del Cardenal Rinaldo, finalmente Alexander IV la revisa y esta última versión es aprobada por Inocente IV el 9 de Agosto de 1253 (Litt. 'Solet Annuere').
En cuanto a la Segunda Orden, las Clarisas Pobres, esta orden incluye todos los monasterios de monjas en claustro que siguen la regla de Santa Clara aprobada por Inocente IV en 1253, así observen la misma con toda su rigidez o de acuerdo con las dispensas proporcionadas por Urbano IV el 18 de Octubre de 1263 (Litt. 'Beata Clara') o las constituciones desarrolladas por Santa Colette (1447) y aprobadas por Pío II el 18 de Marzo de 1458 (Litt. 'Etsi'). Las hermanas de la Anunciación y las Concepcionistas son en cierto modo derivadas de la Segunda Orden, pero ahora siguen diferentes reglas a las de las Clarisas Pobres.
Tercera Orden o Franciscanos Seglares
La tradición asigna el año 1221 como el año de la fundación de los Hermanos y Hermanas de la Penitencia, conocidas como Terciarios. Esta tercera orden fue percibida por San Francisco como un tipo de punto medio entre el claustro y el mundo para aquellos que desean seguir los pasos del fundador, y su estado de matrimonio u otros casos impedían la entrada a la Primera o Segunda orden. Ha habido diferencias de opinión en cuanto a las reglas para estos Terciarios. Es generalmente admitido, que la regla aprobada por Nicolás IV el 18 de Agosto de 1289 (Litt. 'Supra Montem') no representa la regla original de la Tercera orden.
En cuanto a los Hermanos y Hermanas de la Penitencia o Tercera Orden de San Francisco, es necesario diferenciar entre la Tercera Orden secular y la Tercera Orden regular. La Tercera Orden Secular fue fundada, como hemos visto, por San Francisco alrededor del año 1221 y abarca a personas devotas de ambos sexos que viven en el mundo siguiendo la regla de vida aprobada por Nicolás IV en 1289 y modificada por Lew XIII el 30 de Mayo de 1883 ('Constit. Misericors'). Incluye no solo aquellos que pertenecen a fraternidades sino también a aquellos terceros aislados, ermitas, peregrinos, etc. La Historia antigua de la Tercera Orden Regular es incierta y susceptible a controversias. Algunos atribuyen su fundación a Santa Elizabeth de Hungría (q.v.) en 1228, otros a la Beata Angelina Marsciano en 1395.
Dicen que Angelina se estableció en Foligno el primer monasterio Franciscano de monjas enclaustradas terciarias en Italia. Es cierto que al comienzo del siglo quince comunidades terciarias de hombres y mujeres existían en diferentes partes de Europa. También es cierto que los frailes Italianos de la Tercera Orden Regular eran conocidos como ordenes en proceso de reforma por La Santa Sede. Desde el año 1458 este grupo ha sido gobernado por su propio ministro general y sus miembros toman votos solemnes.
Además de la Tercera Orden Regular se han formado independientemente una gran cantidad de congregaciones Franciscanas Terciarias - tanto para hombres como para mujeres - especialmente desde el comienzo del siglo 19. Estas nuevas fundaciones han tomado como base para sus instituciones una regla especial para miembros de la tercera orden que viven en una comunidad aprobada por Leo X el 20 de Enero de 1521 (Bull 'Inter') aunque esta regla es modificada en gran parte por cada constitución que es diferente de fundación en fundación. Esta variedad de congregaciones de Terciarios Regulares pueden ser autónomas o bajo jurisdicción episcopal, y la mayoría son Franciscanas solo en nombre, algunas hasta han dejado el hábito y hasta su unión con la orden.
Son asimismo, dignos de eterna memoria en los anales de la Orden Seráfica los Sumos Pontífices siguientes:
Gregorio IX, tan amante de San Francisco y de sus hijos, que siendo Sumo Pontífice, se vestía el hábito franciscano en días solemnísimos, y con el descubierto, cual si fuera humilde fraile, asistía a los templos, andaba las estaciones, y lavaba los pies de pobres en el Jueves Santo. Algunos autores le hacen profeso de la Orden Tercera.
Adriano V, para satisfacer de alguna manera su devoción a la familia franciscana, ordeno que se le diese sepultura en el convento de San Francisco de Viterbo, donde murió.
Nicolao III, afectuosísimo a la Orden Seráfica: en un mismo día elevo a los honores de la púrpura a dos religiosos franciscanos, y a su muerte mando que se le enterrase con hábito seráfico.
Martino IV, profeso de la Tercera Orden. Murió en Perusa, con gran fama de santidad confirmada con milagros; fue sepultado con habito franciscano, en conformidad con lo que el dejo ordenado en su testamento, mandando, asimismo, que su cuerpo fuese transportado a Asís, mas los Perusinos se opusieron a esta traslación. Después de algunos años, fue hallado su cuerpo incorrupto y con el mismo habito franciscano.
Eugenio IV perteneció a la Orden Tercera. Murió el año 1447.
Julio II: Este Papa ingreso en la Orden de San Francisco, en el convento de Perusa, y aun cuando a los pocos meses de noviciado, dejo el hábito y se volvió al siglo, conservo toda su vida cordial afecto al seráfico Patriarca, y en prueba de ello profeso la regla de la Orden Tercera.
Inocencio XIII, llevado de su amor a la gran familia franciscana, quiso el mismo presidir el Capitulo General que la Orden celebro en Roma el año de 1723, como efectivamente lo hizo acompañado de varios Cardenales, y aun para mayor prueba de su afecto, quiso que este suceso se conmemorase en las medallas que, según costumbre, se reparten en Roma el día de San Pedro.
Clemente XII, antes de ser Papa, ejerció el cargo de Cardenal Protector de la Orden Seráfica, y elevado después al Solio pontificio, no quiso renunciar el cargo Protectorado, según se desprende de un breve afectuosísimo que expidió, en virtud del cual nombra Protector de dicha Orden al Cardenal Aquaviva, pero a condición de que no ejerciera el cargo hasta que el mismo Papa haya muerto; "pues mientras yo viva, dice el Pontífice en el decreto sobredicho, no necesita la Orden Seráfica de Protector". Preguntándole en otra ocasión el Rmo. P. General de la Orden, donde quería que se celebrase el Capitulo intermedio o Congregación, "¡aquí mismo, contesto, en mi aula pontificia!"; y, en efecto, fue cosa de admiración para toda Roma ver a los pobres frailes franciscanos celebrar su Capitulo en el mismo Palacio del Quirinal.
Benedicto XIV presidio personalmente el Capitulo general que la Orden Seráfica celebro el año de 1790 en Roma; y aparte de otras pruebas de afecto, dadas a los hijos de San Francisco, elevo al rango de capilla papal la iglesia del gran convento de Asís, otorgando a favor de la misma singularísimos privilegios.
Pío VIII perteneció a la Orden Tercera. Murió el año 1830.
Pío IX profesó la regla de la Tercera Orden Franciscana en el convento de San Buenaventura de Roma, cuando era ya Cardenal; y siendo Papa, residió personalmente el Capitulo general que la Orden celebro en la misma ciudad de Roma el día 10 de Mayo de 1856.
El Sumo Pontífice León XIII, era devotísimo hijo de San Francisco y profeso de la Venerable Orden Tercera.
Este ilustre Papa ha sido uno de los que mas impulsos ha dado a la V. Orden Tercera. Propaguemos, decía el 8 de febrero de 1888, propaguemos la Orden Tercera de San Francisco, trabajemos mucho en este sentido. Quisiera que todos los fieles se hiciesen terciarios; pero, sobre todo, quiero que se difunda el espíritu franciscano. La inmortal encíclica Auspicato es todo un elogio elocuentísimo de la obra de San Francisco con el apostolado de la Tercera Orden.
León XIII distinguió, además, a la Orden franciscana con honorosos nombramientos, exaltando a eminentes dignidades eclesiásticas, a numerosos sacerdotes franciscanos.
Pío X, ferviente terciario franciscano, siguió las huellas de su antecesor, conservando singular predilección por la Orden de frailes Menores.
Fue, del mismo modo, un entusiasta y celoso propagandista de la V. Orden Tercera. De esta dijo, el 5 de Mayo de 1909: Deseamos de todas veras que se propague la Orden Tercera y el espíritu de San Francisco, omni ope promovendum putamos.
Detalle: VIII Centenario de la Orden Franciscana (1209–2009)
Post relacionado
Post relacionado
YAPA
El Convento San Francisco, perteneciente a la Orden de los Frailes Menores, conocidos como los frailes Franciscanos, junto con la Basílica San Francisco, constituyen la fundación religiosa conventual más antigua de Buenos Aires.
Este convento, fundado en 1582, es el más antiguo de Buenos Aires. El 11 de junio de 1580, en la segunda fundación de Buenos Aires, dos frailes Franciscanos acompañaron a Juan de Garay desde Asunción, y celebraron la misa de acción de gracias por dicha fundación (Fray Juan de Rivadeneira y Fray Antonio Díaz Picón). Se encuentra ubicado en el barrio de Montserrat, antiguamente Catedral al Sur.
Ya en el reparto de solares que el fundador hizo en el año de 1583, asignó esta manzana, la 132, a la Orden de los Frailes Menores. Siempre estuvo en este lugar el convento, aunque la primera iglesia se levantó donde ahora está la capilla de San Roque.
http://www.complejofranciscano.com.ar/index.html
Dante Alighieri, Giotto di Bondone y Cristobal Colón
Dante Alighieri, Giotto di Bondone y Cristobal Colón
Y aquí está mi aporte en el Día del Boludo
¡Ha llegado la hora de garantizar que nadie vuelva a pasar hambre!
Dramático llamado del Papa a las FAO
Es necesario integrar progreso técnico, bien integral de la persona y patrimonio común de valores
Benedicto XVI22 de noviembre de 2007 (ACI)-. Al recibir este mediodía a los participantes en la 34º sesión de la Conferencia General de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), el Papa Benedicto XVI exclamó que "¡Ha llegado la hora de garantizar, en nombre de la paz, que ningún hombre, mujer o niño vuelva a pasar hambre!".
En su alocución, el Santo Padre resaltó la "inquietante paradoja" de "la incesante difusión de la pobreza en un mundo que también experimenta una prosperidad inaudita, no solo en la esfera económica, sino también en el ámbito, en rápido desarrollo, de la ciencia y la tecnología" y afirmó que "todas las formas de discriminación, y en particular las que bloquean el desarrollo agrícola, se deben rechazar porque son una violación del derecho fundamental de toda persona a ser 'liberada del hambre'".
Tras hacer un llamado a "redoblar los esfuerzos para proporcionar a cada persona su pan cotidiano", el Pontífice señaló la convicción de la Iglesia de que "la búsqueda de soluciones técnicas más eficaces en un mundo en continua evolución y expansión exige programas con visión de futuro que encarnen valores perennes enraizados en la dignidad y los derechos inalienables de la persona humana".
En su discurso, el Papa pidió a los responsables de llevar adelante esta empresa "transparencia de las estructuras de administración y supervisión, y una valoración real de los recursos necesarios para afrontar una gran variedad de situaciones diferentes".
Más adelante, el Pontífice señaló que "la religión, como potente fuerza espiritual para curar las heridas del conflicto y la división da su propia y característica contribución a este respecto, sobre todo a través de la tarea de formar los corazones y las mentes de acuerdo con su visión del ser humano".
El Santo Padre subrayó también que el "progreso técnico, si bien es importante, no lo es todo", porque "debe insertarse en el contexto más amplio del bien integral de la persona y nutrirse constantemente del patrimonio común de valores que pueden inspirar iniciativas concretas encaminadas a una distribución más equitativa de los bienes espirituales y materiales".
El cristianismo no es una religión europea, aclara el Papa
Al presentar la figura de san Efrén de Siria
28 denoviembre de 2007 (ZENIT.org).- El cristianismo no es una religión europea, su origen está en Jerusalén y ha tenido un desarrollo histórico decisivo en Asia que es importante redescubrir, explicó Benedicto XVI este miércoles.
El Santo Padre aclaró prejuicios al presentar a los 8.000 peregrinos que participaron en la audiencia general, celebrada en el Aula Pablo VI, la figura de san Efrén de Siria (306-373), el más grande de los Padres de la Iglesia siríacos, así como el poeta más renombrado de toda la época patrística.
«Según una opinión común hoy, el cristianismo sería una religión europea, que habría exportado la cultura de este continente a otros países», comenzó diciendo el Santo Padre.
«Pero la realidad es mucho más compleja, pues la raíz de la religión cristiana se encuentra en el Antiguo Testamento y, por tanto, en Jerusalén y en el mundo semítico. El cristianismo se alimenta siempre de esta raíz del Antiguo Testamento», subrayó.
«Su expansión en los primeros siglos tuvo lugar tanto hacia occidente, hacia el mundo greco-latino, donde después inspiró la cultura Europa, como hacia oriente, hasta Persia, la India, ayudando de este modo a suscitar una cultura específica, con lenguas semíticas, y con una propia identidad», indicó.
Para mostrar esta multiformidad cultural de la única fe cristiana, el Papa ha comenzado a presentar en su serie de reflexiones sobre las grandes figuras del cristianismo, a exponentes asiáticos. El miércoles anterior había hablado de Afraates el sabio persa del siglo IV.
En esta ocasión, se concentró en san Efrén, quien ha pasado a la historia del cristianismo como «cítara del Espíritu Santo», en referencia a la seductora belleza poética de sus escritos.
«Ordenado diácono --recordó el obispo de Roma--, vivió intensamente la vida de la comunidad local hasta el año 363, en el que Nísibis cayó en manos de los persas. Entonces Efrén emigró a Edesa, donde continuó predicando. Murió en esta ciudad en el año 373, al quedar contagiado en su obra de atención a los enfermos de peste».
En su cultura y expresión siríaca, añadió el pontífice, «se puede ver la común y fundamental identidad cristiana: la fe, la esperanza --esa esperanza que permite vivir pobre y casto en este mundo, poniendo toda expectativa en el Señor-- y por último la caridad, hasta ofrecer el don de sí mismo en el cuidado de los enfermos de peste».
La gran contribución de Efrén a los cristianos de hoy, como señaló Benedicto XVI, se resume en su originalidad: «su teología se hace liturgia, se hace música: de hecho, era un gran compositor, un músico».
«Teología, reflexión sobre la fe, poesía, canto, alabanza a Dios, van juntos». Y lo hace con el talento sirio, siguiendo «el camino de la paradoja y del símbolo».
El poeta sirio «confiere a la poesía y a los himnos para la Liturgia un carácter didáctico y catequético», algo que sigue siendo necesario hoy día.
Lo hace, por ejemplo, al hablar de Dios creador: «en la creación no hay nada aislado, y el mundo es, junto a la Sagrada Escritura, una Biblia de Dios».
«Al utilizar de manera equivocada su libertad, el hombre trastoca el orden del cosmos. Para Efrén, dado que no hay Redención sin Jesús, tampoco hay Encarnación sin María», dijo el papa sintetizando su teología.
Hablando al final en español, el Papa aclaró que «la presencia de Jesús en el seno de María le lleva a considerar la altísima dignidad y el papel fundamental de la mujer».
Ante la alarma ambiental, el Papa pide un «despertar moral»
Mensaje a las Semanas Sociales de Francia
27 de noviembre de 2007 (ZENIT.org).- Ante la señal de alarma provocada por la degradación del ambiente, Benedicto XVI ha asegurado que es necesario un «un despertar moral a favor de la tierra».
Su exhortación forma parte del mensaje que ha enviado en nombre del Papa el arzobispo Fernando Filoni, sustituto de la Secretaría de Estado, a la 92 edición de las Semanas Sociales de Francia, celebrada en la región parisina del 16 al 18 de noviembre.
El tema del encuentro que congregó a 4.000 participantes --empresarios, políticos, sindicalistas, teólogos, etc.-- era «Vivir de otra manera por un desarrollo duradero y solidario».
El mensaje pontificio reconoce que «es necesario alegrarse por el hecho de que nuestros contemporáneos reconozcan cada vez más la necesidad de un desarrollo duradero para dejar a las generaciones futuras un planeta verdaderamente habitable, en la perspectiva ofrecida por el Creador (Cf. Génesis, 1)».
El texto se hace portavoz de los miedos de los hombres y mujeres de hoy: «agotamiento de los recursos del planeta, rápido deshielo de los glaciares, aumento del gas de efecto invernadero, crecimiento de las catástrofes naturales, emisión excesiva de anhídrido carbónico».
«Son algunos de los signos de alarma que invitan a un despertar moral a favor de la tierra», reconoce.
«Una vez más los países más pobres tendrán que sufrir las consecuencias más graves provocadas por la actitud del mundo industrializado y la confianza en ocasiones excesiva depositada en el progreso científico y técnico», advierte.
El Papa exhorta a «suscitar una nueva esperanza para que el planeta pueda seguir alimentando a todos los hombres que viven en él».
«El Creador ha dado al hombre su Espíritu para que, de manera razonable, hiciera incesantemente proyectos orientados a permitir una mejor distribución de los recursos naturales y de los bienes de la tierra a favor de un uso comedido de los bosques y de las reservas biológicas», afirmó.
«Las naciones más ricas están llamadas a no abusar impropiamente de los recursos de los países en vías de desarrollo sin devolverles las rentas que se derivan de los recursos de su suelo y subsuelo».
«Se trata de los principios elementales de justicia y de equidad y del destino universal de los bienes de la tierra. Es también el sistema de trabajo sobre el que es necesario reflexionar».
El Papa ha pedido que cada uno de los cristianos «adopte nuevos comportamientos para tutelar la naturaleza y el ambiente».
«La inteligencia humana tiene muchas posibilidades para estimular un nuevo desarrollo duradero», concluye el mensaje.
Video 1:
Video 2:
Video 2: