Hipocresía política
Por Dag Mossige *
* Davidson College, Carolina del Norte, EE.UU. De origen noruego, con Doctorado en Ciencia Política en The Ohio State University.
Vista desde afuera, Argentina vive una situación política institucional extraordinaria por la persistente y activa oposición del vicepresidente Julio Cobos a iniciativas claves del gobierno nacional. Creo instructiva una mirada comparativa con los Estados Unidos cuya Constitución en buena parte inspiró a la argentina.
Antes de la Enmienda XII de la Constitución estadounidense, ratificada en 1804, el vicepresidente de aquel país era el segundo candidato presidencial más votado, quien había llegado al segundo lugar en la elección presidencial. Seguramente esta práctica contenía cierto grado de valor democrático, al permitir la representación y articulación del proyecto perdedor con la mayoría. Pero la gente pronto se dio cuenta de que esta práctica básicamente producía dos efectos indeseables. Primero, en un país que recién había conseguido su independencia, era bastante claro que tener un presidente y un vicepresidente representando dos proyectos distintos era concentrar todos los ingredientes para causar un desastre. Se facilitaban situaciones en las que el vicepresidente podría activamente debilitar la presidencia por ser fundamentalmente opositor.
Segundo, y más grave aún, siendo el vicepresidente la primera persona en la línea de sucesión, si algo pasara con el presidente, tenía un incentivo directo para forzar un golpe de Estado y reemplazarlo.
No acusaría a Julio Cobos –como sí, vale recordar, hizo Elisa Carrió en 2008– de ser un “golpista”. Pero con su oposición directa y cada día más activa a los proyectos claves de la presidenta Cristina Fernández, está perjudicando la función principal de su cargo.
Cuando los Kirchner lo eligieron para acompañarlos en la fórmula presidencial en 2007, parecía una decisión muy lógica. Una fórmula peronista-radical representaba una gran novedad política. Cobos ya tenía la reputación de haber sido un gobernador progresista (al menos no conservador) junto con varios de los otros llamados radicales K. Tal vez estaba ideológicamente más cerca del entonces presidente Kirchner que una gran parte del aparato político llamado “Partido Justicialista”, en muchas maneras una fuerza conservadora.
Todos recordamos su voto sobre las retenciones que no fue “positivo” para el gobierno nacional. Además de hundir la Resolución 125, su voto causó la primera derrota significativa no ya de la presidenta Cristina Fernández sino del kirchnerismo desde su llegada al poder en 2003.
Su acción opositora no fue un hecho aislado. Cobos continuaría su oposición a las políticas de la Casa Rosada, como en el caso de las AFJP, y ahora con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Cobos ha dicho muchas veces que él también fue electo democráticamente. Es verdad y tiene derecho como ciudadano libre a expresar sus opiniones políticas. Pero hay un océano de diferencia entre el extremo de expresar sus pareceres personales y el de activar minando los proyectos de un gobierno que él fue elegido para apoyar.
Más allá de dañar la calidad institucional, es un caso de hipocresía política ver a un vicepresidente juntando la oposición en su propio despacho contra el gobierno nacional. La paciencia de la Presidenta ha sido nada menos que impresionante.
El vicepresidente después de votar contra las retenciones móviles admitió que institucionalmente debió haber “acompañado” al Gobierno pero que su “corazón” lo animó a votar contra su Presidenta, a pocos meses de asumir. Hoy, en contraste con la Resolución 125, ya advirtió que luchará y votará contra el proyecto de los medios, en contraste, por cierto, con otros radicales K. Pero aunque Cobos realmente siguiera los dictados de su corazón en cuanto a su definición política, la vicepresidencia no debe estar reducida a una tribuna pública de aspiraciones personales. Desde mi punto de vista, si el vicepresidente quiere construir su candidatura presidencial sería mejor, por respeto a su cargo, que lo hiciera fuera del gobierno nacional.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-132177-2009-09-22.html
Por Dag Mossige *
* Davidson College, Carolina del Norte, EE.UU. De origen noruego, con Doctorado en Ciencia Política en The Ohio State University.
Vista desde afuera, Argentina vive una situación política institucional extraordinaria por la persistente y activa oposición del vicepresidente Julio Cobos a iniciativas claves del gobierno nacional. Creo instructiva una mirada comparativa con los Estados Unidos cuya Constitución en buena parte inspiró a la argentina.
Antes de la Enmienda XII de la Constitución estadounidense, ratificada en 1804, el vicepresidente de aquel país era el segundo candidato presidencial más votado, quien había llegado al segundo lugar en la elección presidencial. Seguramente esta práctica contenía cierto grado de valor democrático, al permitir la representación y articulación del proyecto perdedor con la mayoría. Pero la gente pronto se dio cuenta de que esta práctica básicamente producía dos efectos indeseables. Primero, en un país que recién había conseguido su independencia, era bastante claro que tener un presidente y un vicepresidente representando dos proyectos distintos era concentrar todos los ingredientes para causar un desastre. Se facilitaban situaciones en las que el vicepresidente podría activamente debilitar la presidencia por ser fundamentalmente opositor.
Segundo, y más grave aún, siendo el vicepresidente la primera persona en la línea de sucesión, si algo pasara con el presidente, tenía un incentivo directo para forzar un golpe de Estado y reemplazarlo.
No acusaría a Julio Cobos –como sí, vale recordar, hizo Elisa Carrió en 2008– de ser un “golpista”. Pero con su oposición directa y cada día más activa a los proyectos claves de la presidenta Cristina Fernández, está perjudicando la función principal de su cargo.
Cuando los Kirchner lo eligieron para acompañarlos en la fórmula presidencial en 2007, parecía una decisión muy lógica. Una fórmula peronista-radical representaba una gran novedad política. Cobos ya tenía la reputación de haber sido un gobernador progresista (al menos no conservador) junto con varios de los otros llamados radicales K. Tal vez estaba ideológicamente más cerca del entonces presidente Kirchner que una gran parte del aparato político llamado “Partido Justicialista”, en muchas maneras una fuerza conservadora.
Todos recordamos su voto sobre las retenciones que no fue “positivo” para el gobierno nacional. Además de hundir la Resolución 125, su voto causó la primera derrota significativa no ya de la presidenta Cristina Fernández sino del kirchnerismo desde su llegada al poder en 2003.
Su acción opositora no fue un hecho aislado. Cobos continuaría su oposición a las políticas de la Casa Rosada, como en el caso de las AFJP, y ahora con la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual.
Cobos ha dicho muchas veces que él también fue electo democráticamente. Es verdad y tiene derecho como ciudadano libre a expresar sus opiniones políticas. Pero hay un océano de diferencia entre el extremo de expresar sus pareceres personales y el de activar minando los proyectos de un gobierno que él fue elegido para apoyar.
Más allá de dañar la calidad institucional, es un caso de hipocresía política ver a un vicepresidente juntando la oposición en su propio despacho contra el gobierno nacional. La paciencia de la Presidenta ha sido nada menos que impresionante.
El vicepresidente después de votar contra las retenciones móviles admitió que institucionalmente debió haber “acompañado” al Gobierno pero que su “corazón” lo animó a votar contra su Presidenta, a pocos meses de asumir. Hoy, en contraste con la Resolución 125, ya advirtió que luchará y votará contra el proyecto de los medios, en contraste, por cierto, con otros radicales K. Pero aunque Cobos realmente siguiera los dictados de su corazón en cuanto a su definición política, la vicepresidencia no debe estar reducida a una tribuna pública de aspiraciones personales. Desde mi punto de vista, si el vicepresidente quiere construir su candidatura presidencial sería mejor, por respeto a su cargo, que lo hiciera fuera del gobierno nacional.
http://www.pagina12.com.ar/diario/elpais/1-132177-2009-09-22.html