“Esta es una sociedad totalmente hedonista, moderna, europea, con una cultura sofisticada y de golpe irrumpe un conflicto con características de la edad media” -Su libro La misión del encargado de recursos humanos, fue traducido en 2008 al español bajo el título Una mujer en Jerusalén. El libro está dedicado a Dafna. ¿Quién es esa mujer? -Era una muy buena amiga, sirvió en el ejército junto con mi mujer y la conocíamos de toda la vida, casi cincuenta años. Perdió la vida en un atentado, en la Universidad Hebrea. Era una atrevida activista por la paz. Ella nos consideraba a nosotros derechistas. Era miembro del movimiento "Mujeres de negro[1]". Cuando ya había escrito un tercio del libro, ocurrió el atentado. Ella murió de una manera muy rara: no tenía ninguna herida visible, nada, pero una pequeña esquirla perforó su cráneo y le causó una infección. Eso sucedió mientras estaba escribiendo el libro, por eso tomé esos hechos y los introduje en la trama. No solamente le dediqué la novela, sino que mi nieta, nacida unos días después, lleva su nombre. -¿Cómo nació la idea del libro? -La idea surgió como consecuencia de la Intifada. La segunda Intifada fue realmente muy dura. Fue mucho más difícil que lo que nos está pasando ahora. Eso era algo que sucedía sorpresivamente. Teníamos Camp David, Arafat y de golpe estalla esa Intifada y empieza ese terror en las calles, que no se sabe de dónde viene y a dónde va. En esta guerra, con todo lo que pasa, tenemos diez muertos. Y en ese entonces, llegaba un terrorista y asesinaba a diez personas en un atentado. Sucedió que una familia entera fue muerta. Como en Maxime, el restaurant de aquí cerca: la terrorista llegó desde Jenin, se sentó y almorzó, observó a los comensales sabiendo que ellos y ella morirían. Era una cosa demente. Muy difícil. Podía suceder en cualquier lugar. Murieron mil personas en cuatro años, frente a cuatro mil de ellos. Noté que la sociedad israelí no sabía cómo enfrentar la situación. Era la primera vez que había un ataque de esa magnitud contra la población civil. No estamos acostumbrados a los ataques a civiles, estamos entrenados para los asuntos militares: entierro militar, después se edita un libro de recuerdo y todo eso. El soldado muere por algo, su muerte tiene un sentido. Pero durante la Intifada, un ser humano estaba sentado bebiendo café y moría. ¿Por qué murió? ¿Para qué? ¿Es un héroe? Un ama de casa, gente en el mercado... es imposible encontrar sentido a esas muertes. Todos sabían que esa guerra no tendría un cese de fuego. La sociedad israelí no sabía cómo digerir todo eso y se endureció más. Por la mañana explotaba un ómnibus, limpiaban la calle, retiraban los cuerpos, por la noche se informaba en el noticiero y después se continuaba con la vida, los programas comunes, el entretenimiento, "Nace una estrella". Lo mismo los palestinos: veían cómo explotaba un ómnibus lleno de niños y mujeres, gritaban de alegría. Y nosotros, mirábamos a los muertos de ellos, sin alegrarnos. Esa indiferencia por la muerte de niños viene de allí. Así se crea una sociedad cruel, enajenada de la muerte. Es muy peligroso para una sociedad desarrollar mecanismos de enajenación. Al principio uno se enajena de sus muertos, después de quienes están en los márgenes, después de sus palabras. Permanentemente pienso en el mecanismo de la indiferencia. Por eso, como escritor, pensé abordar la tensión más marginal, la que menos pertenece, para darle sentido. En la realidad, hubo muertos como la mujer de la novela. Murió gente que viajaba en el ómnibus. En cierto sentido, todos corrían riesgo, los que estaban comiendo en un restaurant o sentados en una cafetería, pero quienes viajaban en ómnibus o iban al mercado, son los que se encuentran en los márgenes de la sociedad y eran los más vulnerables, porque era más fácil para los terroristas perpetrar un atentado en esos lugares. Entonces, esos muertos no identificados eran trasladados a Abu Kabir[2]. Me pregunté por qué conservamos por sesenta años ese nombre en árabe, que significa "gran padre". ¿Por qué ese instituto lleva el nombre en árabe? Mil lugares tenían aquí nombre en árabe y fueron cambiados. Entonces, comencé a contar esta historia, a partir del cadáver de alguien que vive una vida en los márgenes. Y ese cuerpo no identificado es el motor de la travesía y del proceso que protagoniza el personaje principal, que va descubriendo los sentimientos lentamente. Una persona que vivía totalmente enajenada y se va involucrando profundamente. -El único personaje que tiene nombre propio es la muerta, Julia Regayev. -Así es. Los demás llegan por su función. El encargado aparece enviado por el director. No entran por sus propias biografías, sino por la función que cada uno desempeña. A partir del nombre de la mujer ingresan a la travesía compartida, al descubrimiento de los sentimientos, a la consideración del otro. -Contenido y forma están íntimamente relacionados en la novela. -El subtítulo de la novela es Pasión en tres actos, en el sentido de calvario y también de deseo. Ella ni siquiera es judía, no es una simple trabajadora, llegó por Jerusalén. Vino a decir: Jerusalén también me pertenece. -Pero uno de los personajes dice: "Jerusalén la mató". -En el siglo XIX hubo una cruzada rusa muy importante, que llegó a Jerusalén y construyó sus iglesias. Hubo muchos peregrinos aquí durante ese siglo. En la novela aparece una Jerusalén que sufrió mucho durante la Intifada, pero que pertenece también a las demás religiones. Por eso, cuando el encargado lleva el cuerpo hasta esa aldea lejana, la madre de la mujer le dice que la lleve de regreso a Jerusalén. Escribí una obra de teatro a partir de esta novela, que será presentada este año en el Teatro Cámeri. Después de citar a las grandes plumas de la literatura argentina, el escritor se interesa por el panorama actual y recuerda su visita a Buenos Aires, en 1991. La conversación deriva en la literatura israelí. -¿Lee lo que escriben los jóvenes escritores? -No tengo tiempo para seguir todo lo que se escribe. Generalmente leo aquello que me recomiendan, especialmente a la generación intermedia. Permanentemente se publican aquí muchísimos libros, es imposible seguir todo. O leo o escribo. Hasta hace siete años atrás enseñaba en la universidad, pero ya no. Notas periodísticas escribo solamente en tiempos de guerra, pero recientemente se publicó un libro de ensayos, El arraigo a la Tierra[3], en el que recopilé y corregí artículos que había escrito para disertar en diferentes foros. Uno de esos ensayos, creo que el más extenso, es sobre la raíz del antisemitismo. ¿Cuál es la raíz del antisemitismo a lo largo de las generaciones? No me ocupé de los fenómenos históricos, sino que traté de dilucidar cuál es el fundamento, cuál es el origen. Hay miles de explicaciones, económicas y psicológicas, pero creo que hay una raíz en todo los fenómenos del antisemitismo y es aquello que está relacionado con la virtualidad de los judíos. Eso traté de explicar. El judío no es un ser concreto, sino que tiene elementos fantásticos. El judío tiene dos códigos: uno nacional y otro religioso. Como puede trasladarse de un código a otro, no es posible definirlo. Es un texto con muchos agujeros. Por eso, es muy fácil endilgarle muchas cosas. Es como un texto de Borges, que tiene muchos agujeros. El judío es un ser virtual, que tiene muchas partes fantásticas. Su identidad se define en la imaginación, no en algo concreto. Y a esta imaginación llega el no judío y trata de asirlo, para bien o para mal. Desde el momento en que no se puede definir, se puede arrojar sobre el judío cualquier cosa. -¿Puede adelantarnos sobre qué está trabajando actualmente? -Es demasiado temprano como para contar, pero estoy escribiendo. A mi edad, ya no puedo cambiar de profesión. fuente: www.revistahorizonte.org
Para una convivencia en medio oriente(entrevista)
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