¿Qué te pasa Buenos Aires?
El GCBA gasta en asfalto, plazas y veredas pero deja de lado la salud, la educación y la vivienda.
Por Gabriel Bencivengo
A casi un año y medio de haber asumido la jefatura del Gobierno porteño, la gestión de Mauricio Macri muestra las mismas falencias que durante la campaña criticó a sus antecesores, pero con la agravante de que los sectores con menor ejecución presupuestaria y realizaciones son los de educación, salud y políticas sociales. Las obras de gran visibilidad, aunque tengan poco impacto social y productivo, son la principal preocupación de Macri. La lectura, lejos de ser una expresión aislada, se repite en los diferentes bloques que integran el arco opositor en la legislatura porteña. “Hay una enorme desinversión en infraestructura. La Ciudad tiene recursos, pero Macri decidió direccionar los fondos hacia proyectos de menor envergadura para mostrarse”, señala Diego Kravetz, presidente de la bancada del Frente para la Victoria.
El análisis coincide con el realizado por el diputado Martín Hourest: “Macri piensa la Ciudad como espectáculo. De allí su preocupación por sostener en el tiempo la inversión en calzadas, veredas y espacios verdes en detrimento de las áreas de salud, educación y vivienda”, señala el legislador del bloque Igualdad Social. Una caracterización que también comparte, desde la Coalición Cívica, el legislador Sergio Abrevaya: “Lo que se ve es mucho show mediático con el doble carril; mucho humo, pero poco y nada de lo que prometió durante la campaña”.
En los hechos, los legisladores coinciden en subrayar la caída que registró el gasto en educación con respecto al total del presupuesto, que pasó de un 25% en 2008 al 24,5% en 2009. Un retroceso que contrasta, dentro del área, con el incremento en $200 millones destinados a subsidiar la educación privada, transferencia del sector público que rondará los $700 millones hacia fines de este año. “Nuevamente, se trata de una decisión política. En dos años de gestión, es el rubro que más creció, junto al pago por el servicio de recolección de residuos, que este año alcanzará los mil millones de pesos”, destaca Hourest.
Si el excepcionalmente bajo nivel de ejecución del presupuesto que registró la administración de Macri durante el año pasado fue blanco de las críticas, la historia podría repetirse durante el ejercicio 2009. “La subejecución es enorme. Según nuestros cálculos, el gasto en infraestructura de alto impacto no pasará del 20% de los recursos asignados. Semejante desinversión tendrá un costo muy superior al de mantener los proyectos en el tiempo”, afirma Kravetz con relación a los casi $3.400 millones originalmente previstos para obras públicas.
Según los cálculos de Hourest, el ciudad afronta la posibilidad de registrar el más bajo nivel de inversión en obras públicas de toda su historia. “Hay un déficit de 600 millones de pesos que se generó el año pasado. Si le sumamos la caída de la recaudación por el menor nivel de actividad, el ajuste en obra pública debería rondar los mil millones, incluso si consigue vender los terrenos de Catalinas”, dice el legislador en referencia a los tres predios ubicados sobre las avenidas Córdoba y Alem. Un total de 15.000 metros cuadrados valuados en $300 millones, alrededor del 70% de los recursos de capital estimados por el gobierno de Macri.
Quienes conocen los procedimientos administrativos de la Ciudad subrayan que el año pasado la legislatura le entregó al Ministerio de Hacienda una herramienta excepcional: la facultad de realizar contrataciones directas para solucionar problemas edilicios en los establecimientos educativos. “Aun así, terminaron ejecutando apenas el 54% del presupuesto. Tienen un muy serio problema de gestión que se origina en el desconocimiento de los mecanismos del Estado”, señala Kravetz.
Recaudación y deuda. Las proyecciones indican que el año fiscal cerraría con un déficit primario muy superior a los $527 millones previstos en el presupuesto 2009. Según Hourest, hasta el momento son dos las vías que encontró el Ministerio de Hacienda que conduce Néstor Grindetti para financiar el gasto corriente. “Por un lado, difieren el pago de los aportes patronales; por el otro, compran tiempo abonándoles a los contratistas parte en efectivo y parte en bonos”, puntualiza el legislador.
Sobre el primer punto, Kravetz destaca la inconsistencia entre la posición asumida en el Congreso Nacional por el Pro y la decisión tomada por Macri desde la jefatura del gobierno. “El bloque macrista en diputados no acompañó la ley de blanqueo, pero Macri no dudo en acogerse a la moratoria provisional para saldar la deuda que el estado porteño mantiene con la seguridad social”, afirma Kravetz. Con relación al pago con bonos a los proveedores, señala que la decisión afecta a las pequeñas y medianas empresas que no tienen capacidad para autofinanciarse. “Con esta modalidad –asegura– las únicas que podrán ser proveedoras del estado son las empresas grandes”.
El esquema, que comenzó a funcionar en forma silenciosa, tendría la finalidad de refinanciar la deuda con nuevas emisiones para saldarla recién durante el año próximo: “Esto entraña serios riesgos. Habrá que ver si les alcanza para contrarrestar la caída en la recaudación”. Recursos tributarios que el gobierno de Macri estimó en $14.333 millones, pero que podría ubicarse unos $700 millones por debajo del objetivo. Una perspectiva que resulta preocupante para algunos analistas, si se tiene en cuenta que el 2008 arrojó déficit cuando la economía se encontraba en una fase netamente expansiva.
También Abrebaya vaticina un incremento de la deuda. “Será cada vez mayor en la medida en que persistan en canjear plazos por los mayores costos que les piden las empresas. Que prefieren renegociar con los contratistas queda en claro cuando la legislatura rechazó la iniciativa de abonar por kilo de basura. Retrocedieron con el proyecto, pero no mandaron uno nuevo”, recuerda el legislador.
¿Falta de recursos? Según Hourest, más allá de la desaceleración económica y su impacto sobre los ingresos públicos, las principales carencias de la administración de Macri se verifican en la incapacidad para prever la crisis financiera internacional y la ausencia de estrategias alternativas para sostener los compromisos de campaña. “La Ciudad no es, desde el punto de vista estructural, ni superavitaria ni deficitaria. Esencialmente, depende del ciclo económico. Desaprovecharon la época de vacas gordas y, ahora, ajustan por el lado de las obras en infraestructura”, analiza el diputado.
Desde esta perspectiva señala, además, una desacople estructural e histórico entre los grandes patrimonios urbanos y su contrapartida en términos fiscales. En este sentido, Hourest pone el acento en los stocks de riqueza existentes y el carácter, que define como “reaccionario”, de la posición fiscal. “En el distrito están las construcciones más caras del país. Las valuaciones fiscales, tanto de la tierra como de los inmuebles, nada tienen que ver con las valuaciones de mercado. Obviamente, Macri no va a encontrar solución a un problema que jamás se planteó. Cuando el ciclo económico viene bien, la Ciudad funciona. Cuando no, llegan los problemas”, redondea Hourest.
En el análisis de los legisladores, con el correr de los meses se harán sentir cada vez con mayor fuerza la falta de recursos destinados a educación y desarrollo social. Todos coinciden en que el diseño del presupuesto no tiene en cuenta la posibilidad de una mayor demanda social por efecto de la desaceleración económica. “El gasto social se contrajo en forma abrupta. Se está gastando mucho menos que el año pasado, incluso cuando saben que la crisis se traduce en menos puestos de trabajo”, señala Abrebaya.
Según Kravetz, la falta de eficiencia y de recursos ya se hace sentir con especial intensidad en el área de salud. Como ejemplo señala el cierre de pabellones en los hospitales neuropsiquiátricos Borda y Moyano. “Ni siquiera hicieron las obras de infraestructura elementales y, ahora, tienen que clausurar instalaciones”, puntualiza el legislador.
Ciudad rica, ciudad pobre. Con una renta anual por habitante que ronda los u$s 23.000, la Ciudad de Buenos Aires es, sin duda, el distrito que mayor riqueza exhibe en todo el país. Una situación privilegiada que se traduce en un aporte de poco más del 25% al producto bruto interno. “Si le pedimos a Macri que avance con las obras proyectadas para la red de subterráneos es porque sabemos que los recursos están”, señala Abrebaya.
“Macri privilegia lo que se ve. Su estrategia es la municipalización de la ciudad, no la provincialización. Hay islotes de riqueza que no tienen correlación con los recursos del Estado. Pero esta es una discusión que no le interesa. Su gestión avala la transferencia de recursos públicos al sector privado. Un caso concreto: los pagos extraordinarios que durante los últimos tres años hizo el estado porteño a las empresas concesionarias del servicio de recolección de basura. Unos 172 millones de pesos por fuera de los contratos. Un sesenta por ciento del presupuesto para infraestructura escolar. Un negocio que no tiene desperdicio”, remata Hourest.
FUENTE