Fotografía tradicional a través del tiempo – Rusia imperial
Aquí un artículo que creo puede sacudirnos un poco la tecnología digital de encima, aunque sea por un rato… un fotógrafo tradicional de la época de los zares rusos…
Aunque no se comparan con las imágenes actuales, es notable la calidad de aquellas viejas placas y el colorido que tenían……
Por Mariano Molinari
Sergei Prokudin-Gorskii, un viaje a través del tiempo
Las fotografías de Prokudin-Gorskii (1863-1944) ofrecen un vívido retrato de un mundo perdido: el imperio ruso en vísperas de la Primera Guerra Mundial y de la Revolución Rusa.
Sus sujetos van desde las iglesias medievales y los monasterios de la antigua Rusia, hasta los ferrocarriles y fábricas, pasando por la vida diaria y el trabajo de las diferentes etnias que componían la Rusia de aquel momento.
Nacido en 1863, Sergei Mikhailovich Prokudin Gorskii estudió química y dedicó su carrera al avance de la fotografía. Se perfeccionó en San Petersburgo, Berlín y París, y obtuvo patentes para la fabricación de películas y sistemas de proyección cinematográfica en color. Cerca de 1907 concibió un plan educativo destinado a los escolares que utilizaría los avances de la tecnología fotográfica en color para documentar los vastos límites del imperio Ruso, su historia, su cultura y su modernización. Provisto de su laboratorio montado en un vagón de ferrocarril y munido de los correspondientes permisos del Zar Nicolás II, que le abrían el paso a áreas restringidas y le garantizaban la cooperación de la burocracia imperial, Prokudin Gorskii recorrió y fotografió el imperio ruso poco antes de su desaparición. Entre los años 1909 y 1912, y luego en 1915, completó el relevamiento de once regiones, viajando en un tren especialmente equipado por el Ministerio de Transportes y realizando aproximadamente 3.500 fotos.
La visión de Prokudin Gorskii es sesgada, mira desde el lugar del poder. Es la Rusia que los zares querían ver y querían mostrar.
El pueblo ruso padecía en ese momento impuestos desmedidos, hambrunas, y matanzas. Luego tuvo que sufrir reclutamientos forzosos para participar en una Guerra Mundial que no le interesaba en absoluto. Mientras Prokudin Gorskii concebía y realizaba su enorme plan fotográfico, tuvieron lugar hechos como la revolución de 1905 y el motín en el acorazado Potemkin. Nada de esto se encuentra en su colección. Sus fotos registran una vida pastoril e idílica. Son, en definitiva, las imágenes del fotógrafo del Zar.
Sin embargo hay un momento en que algunas de sus imágenes nos conmueven, aunque no tengan relevancia artística ni ofrezcan una visión documental verdadera. Son las imágenes de un mundo perdido, que percibimos más cerca nuestro gracias al color.
La obra de Prokudin Gorskii consiste en placas de vidrio de 3 x 9 pulgadas tomadas a través de una cámara con un chasis triple, que efectuaba tres exposiciones sobre la misma placa en rápida sucesión. Cada una de estas exposiciones se hacía a través de filtros azul, verde y rojo. Los negativos blanco y negro así obtenidos eran positivados y luego estos positivos transparentes se proyectaban ante el público con un proyector triple que contaba con los mismos filtros de color en cada uno de sus lentes. Las tres placas que habían descompuesto la imagen cromáticamente, volvían a componerla al coincidir las tres proyecciones sobre una pantalla blanca de acuerdo a los principios del método aditivo.
Esta era la única forma práctica de obtener una imagen en color de gran tamaño.
En esa época existía en Francia el sistema Autochrome, creado por los hermanos Lumière, pero éste estaba limitado a la obtención de un ejemplar único de pequeño tamaño.
Afortunadamente para nosotros, Prokudin Gorskii eligió un sistema que tiene una gran estabilidad en el tiempo, el negativo blanco y negro. De haber usado otros procesos basados en los colorantes de la época, las imágenes se hubieran desvanecido. Los negativos monocromáticos conservaron la separación de colores. También obró a favor de la conservación la inclusión de las tres selecciones en una sola placa y no en tres placas separadas.
En el verano de 1918, abandonó Rusia con 22 baúles de madera conteniendo las placas originales de vidrio y los álbumes llenos de copias de contacto con sus respectivos epígrafes. Para ese momento el Zar Nicolás II y su familia habían sido ejecutados por la Revolución Rusa y el imperio que documentó había desaparecido. Pasó por Noruega y por Inglaterra antes de establecerse definitivamente en Francia, donde murió en 1944.
Luego de la compra de la colección en 1948 a sus herederos franceses por parte de la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos de América, fue esporádicamente consultada y reproducida pero en forma “monocromática”.
La Biblioteca organizó una pequeña exhibición en 1986, a partir de internegativos y copias color químicas. Esta restauración “analógica” fue documentada en un artículo publicado en esos años por la legendaria revista “Camera Arts”. Sin embargo, según Verna Curtis, curadora de fotografía de la Biblioteca del Congreso, los resultados no fueron óptimos. Debido a las pequeñas imperfecciones del sistema de toma, y a la ausencia de correcciones ópticas, las imágenes aparecían borrosas por zonas y los colores a veces no coincidían. Sin embargo, ver en color a esos personajes feudales de la Rusia pre-comunista causaba una profunda emoción.
La caída de la Unión Soviética en 1991 renovó el interés en la colección Prokudin Gorskii, especialmente entre los académicos a cargo de la restauración de los monasterios e iglesias destruidos durante la revolución bolchevique. Para ellos se trataba de un documento histórico para poder guiarse en su trabajo.
La Biblioteca del Congreso encargó, en 2001, al fotógrafo Walter Frankhauser la tarea de efectuar una recomposición digital de las imágenes en color.
Los negativos correspondientes a los filtros usados fueron escaneados y luego esos archivos monocromáticos fueron invertidos y copiados en un archivo de Photoshop, en los canales azul, verde y rojo, los mismos colores de filtros que había usado Prokudin Gorskii para hacer sus fotos casi un siglo atrás.
La estabilidad de la cámara era relativa puesto que se veía afectada por los movimientos del fotógrafo para cargar, descargar y desplazar el chasis triple. Los pequeños movimientos de los sujetos entre “captura” y “captura” hacían que se formaran dobles y triples halos de color, visibles cuando había agua o nubes moviéndose.
Frankhauser ajustó manualmente el registro de los tres canales, que no era perfecto, ajustó el contraste y el color y corrigió marcas e imperfecciones de los negativos.
En una etapa posterior se desarrolló una software especial para automatizar este proceso manual.
Es importante considerar que estas imágenes que vemos hoy son reconstrucciones destinadas a ser impresas en papel, y no constituyen un reemplazo de la imagen original que pudo haber visto el público en las conferencias educativas que se ilustraban con estas fotografías. De hecho, Prokudin Gorskii nunca vio en color muchas de sus imágenes. Sin embargo, existen copias de época con el proceso Carbro, que se confeccionaron a partir de los negativos del autor, lo que revela al menos la intención del fotógrafo de considerar la idea de la impresión del material.
En 2004 tuvo lugar, en el Museo Schusev de Moscú, una exhibición de la obra de Prokudin-Gorskii que incluía cerca de 1.900 imágenes en color. Así se completaba una historia donde se cruzaron fotografía, poder, política y tecnología a lo largo del siglo XX.
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