InicioInfoPor que sos tan infelis?
Este post esta realizado para las personas que se sienten demasiado solas en la vida...Espero que les ayude a comprender mas las cosas , de por que son asi. Pero si esto no les ayuda escuche la cancion "pese a todo" de ZPU feat PORTA que puede ser que les ayude...GRACIAS





SOBRE EL SENTIMIENTO DE SOLEDAD




En el presente trabajo me propongo investigar el origen del
sentimiento de soledad. Por sentimiento de soledad no me refiero a la
situación objetiva de verse privado de compañía externa, sino a la sensación
intensa de soledad, a la sensación de estar solo sean cuales fueren las
circunstancias externas, de sentirse solo incluso cuando se está rodeado de
amigos o se recibe afecto. Este estado de soledad interna, como intento
demostrar, es producto del anhelo omnipresente de un inalcanzable estado
interno perfecto. Este tipo de soledad, que todos experimentamos en cierta
medida, proviene de ansiedades paranoides y depresivas, las cuales son
derivados de las ansiedades psicóticas del bebé. Tales ansiedades existen,
en algún grado, en todo individuo, pero son excesivamente intensas en el
individuo enfermo; por consiguiente, la soledad forma parte también de la
enfermedad, tanto de índole esquizofrénica como depresiva.
Para poder comprender cómo aparece el sentimiento de soledad,
debemos -lo mismo que en el caso de otras actitudes y emociones-
retroceder hasta la temprana infancia y rastrear la influencia de dicho
período en las etapas posteriores de la vida. Como ya he explicado en
muchas ocasiones, el yo existe y actúa desde el momento del nacimiento.
Al principio acusa una considerable falta de cohesión y está dominado por
mecanismos de escisión. El peligro de ser destruido por el instinto de
muerte dirigido contra el si-mismo contribuye a la disociación de los
impulsos en buenos y malos y, en virtud de la proyección de dichos
impulsos en el objeto primario, también se disocia a éste en uno bueno y
otro malo. En consecuencia, en las etapas más tempranas la parte buena del
yo y el objeto bueno están, en cierta medida, protegidos, ya que se evita
que la agresión se dirija contra ellos. Estos son los procesos específicos de
escisión que, como he señalado, constituyen la base de una seguridad
relativa en el bebé muy pequeño, hasta donde es factible lograr seguridad en
dicho período; mientras que otros procesos de escisión, como los que
conducen a la fragmentación, son nocivos para el yo y su fortaleza.
Juntamente con la apremiante necesidad de disociar, existe desde el
comienzo de la vida una tendencia a la integración, la cual va creciendo a medida que el yo se desarrolla. Este proceso de integración está basado en
la introyección del objeto bueno, que inicialmente es un objeto parcial: el
pecho de la madre, si bien otros aspectos de ésta también entran a formar
parte de la relación más temprana. Si el objeto bueno se establece con
relativa firmeza, se convierte en el núcleo central del yo en desarrollo.
Una relación temprana satisfactoria con la madre (la cual no es
forzoso que esté basada en la lactancia natural, puesto que el biberón puede
también representar simbólicamente al pecho), implica un estrecho contacto
entre el inconsciente de la madre y el del niño; esto constituye el principio
fundamental de la más plena experiencia de ser comprendido y está
esencialmente vinculado a la etapa preverbal. Por gratificador que sea, en el
curso de la vida futura, comunicar los propios pensamientos y sentimientos
a alguien con quien se congenia, subsiste el anhelo insatisfecho de una
comprensión sin palabras, en última instancia, de algo similar a la primitiva
relación que se tenía con la madre. Dicho anhelo contribuye al sentimiento
de soledad y deriva de la vivencia depresiva de haber sufrido una pérdida
irreparable.
Incluso en el mejor de los casos, la relación placentera con la madre y
con el pecho de ésta siempre se verá perturbada, ya que inevitablemente
surgirá la ansiedad persecutoria. La ansiedad persecutoria está en pleno
apogeo durante los tres primeros meses de vida, o sea, el período de la
posición esquizo-paranoide; aparece desde el comienzo de la vida como
resultado del conflicto entre los instintos de vida y de muerte, al que se
suma también la experiencia del nacimiento. Toda vez que surgen violentos
impulsos destructivos, la madre y el pecho de ésta se viven en virtud de la
proyección como persecutorios, y por lo tanto el bebé experimenta
inevitablemente cierta inseguridad, siendo esta inseguridad paranoide una de
las causas esenciales de la soledad.
Cuando se alcanza la posición depresiva -por lo común al promediar
la primera mitad del primer año de vida-, el yo se encuentra ya más
integrado, lo cual se manifiesta en una mayor sensación de totalidad, con lo
que el bebé está en mejores condiciones para relacionarse con la madre, y
más adelante con otra gente, como una persona total. De este modo la
ansiedad paranoide, como elemento constitutivo de la soledad, va siendo
reemplazada cada vez más por la ansiedad depresiva. Pero el verdadero
proceso de integración acarrea a su vez nuevos problemas, y me propongo
analizar aquí algunos de ellos y su relación con la soledad.
Uno de los factores que estimulan la integración es que los procesos
de escisión, por cuyo intermedio el yo temprano intenta contrarrestar la
inseguridad, tienen una eficacia sólo transitoria, lo cual impulsa al yo a tratar
de contemporizar con los impulsos destructivos. Esta tendencia contribuye a la necesidad de integración ya que, de poder alcanzarla, la integración
tendría el efecto de mitigar el odio por medio del amor, reduciendo así la
violencia de los impulsos destructivos. El yo sentiría entonces una mayor
seguridad, no sólo con respecto a su propia supervivencia, sino también a
la de su objeto bueno. Esta es una de las razones por las que la falta de
integración resulta tan extremadamente penosa.
Sin embargo, cuesta mucho aceptar la integración. La unión de los
impulsos destructivos y amorosos, y de los aspectos buenos y malos del
objeto, despierta el temor de que los sentimientos destructivos puedan
sofocar los sentimientos amorosos y amenazar al objeto bueno. Así, existe
un conflicto entre la búsqueda de la integración como protección contra los
impulsos destructivos, y el miedo a la integración por la posibilidad de que
los impulsos destructivos amenacen al objeto bueno y a las partes buenas
del sí-mismo. He escuchado a algunos pacientes expresar lo doloroso de la
integración en términos de sentirse solos y abandonados, de encontrarse
absolutamente a solas frente a lo que para ellos era una parte mala del sí-
mismo. Y el proceso se vuelve doblemente penoso cuando un superyó
cruel ha causado una muy fuerte represión de los impulsos destructivos y
pretende mantenerla.
La integración se realiza sólo en forma muy gradual, y es factible que
la seguridad que proporciona se vea perturbada en momentos de fuerte
presión interna y externa; y esto conserva su validez durante toda la vida.
Nunca se llega a una integridad total y permanente, ya que siempre persiste
cierta polaridad entre los instintos de vida y de muerte, la cual sigue siendo
la causa más profunda de conflicto. Puesto que nunca se logra una
integración total, tampoco es posible comprender y aceptar plenamente las
propias emociones, fantasías y ansiedades, y esto subsiste como un factor
importante en la soledad. El anhelo de comprenderse a sí mismo se
encuentra también ligado a la necesidad de ser comprendido por el objeto
bueno internalizado. Encontramos una expresión de tal anhelo en la fantasía
universal de tener un hermano gemelo, fantasía sobre la que Bion llamó la
atención en un trabajo inédito. Según la hipótesis de Bion, esta figura
gemela representa a las partes no comprendidas y escindidas y apartadas
que el individuo anhela recuperar, con la esperanza de alcanzar totalidad y
una comprensión plena; ocasionalmente, dichas partes se viven como partes
ideales. En otros casos, el hermano gemelo representa también un objeto
interno totalmente confiable, de hecho, idealizado.
Existe además otra relación entre la soledad y el problema de la
integración, que es importante considerar en este momento: generalmente se
supone que la soledad puede nacer de la convicción de que no se pertenece
a ninguna persona o grupo; esta convicción tiene, en realidad, un significado mucho más profundo. Por mucho que progrese la integración, ésta no logra
eliminar la sensación de que no se dispone de ciertos componentes del sí-
mismo porque están escindidos y apartados y es imposible recuperarlos.
Como veremos más adelante en forma más detallada, algunas de estas
partes escindidas y apartadas han sido proyectadas en otras personas, lo
cual contribuye a crear la sensación de que no se está en posesión total del
propio sí-mismo, que uno no se pertenece por completo a sí mismo ni, por
lo tanto, tampoco a nadie más. Además, se tiene la vivencia de que también
las partes ausentes se sienten solas.
Ya he señalado que ni siquiera las personas sanas logran superar por
completo las ansiedades paranoides y depresivas, las cuales constituyen la
base de cierto grado de soledad. Existen considerables diferencias
individuales en la manera como se experimenta la soledad. Cuando la
ansiedad persecutoria es relativamente intensa, aunque siempre dentro de
los límites de la normalidad, es probable que la relación con el objeto bueno
interno se vea perturbada, y se lesione la confianza en la parte buena del sí-
mismo. En consecuencia, existe una mayor proyección de sentimientos y
suspicacias paranoides en los demás, con el consiguiente sentimiento de
soledad.
En la verdadera esquizofrenia estos factores están necesariamente
presentes, pero en forma muy exacerbada; la falta de integración que, hasta
el momento, hemos estado examinando en el campo de la normalidad,
aparece ahora en su forma patológica. Indudablemente, todas las,
características de la posición esquizo-paranoide aparecen aquí en grado
superlativo.
Antes de entrar a ocuparnos de la soledad en el esquizofrénico es
importante considerar con mayores detalles algunos de los procesos de la
posición esquizo-paranoide, en particular la escisión y la identificación
proyectiva. La identificación proyectiva está basada en la escisión del yo y
en la proyección de partes del si-mismo en otras personas, primariamente la
madre y el pecho de ésta, y deriva de los impulsos orales, anales y uretrales
del individuo. En ese mecanismo algunas partes del sí-mismo se expelen
omnipotentemente por medio de las sustancias corporales y se proyectan
dentro de la madre a fin de controlarla y tomar posesión de ella. De este
modo, no se vive a la madre como un individuo separado sino como un
aspecto del sí-mismo. Si estos excrementos son expelidos con odio,
entonces se vive a la madre como peligrosa y hostil. Pero lo que se escinde
y aparta, y se proyecta, no son sólo las partes malas del sí-mismo sino
también las buenas. Por lo común, como ya hemos visto, a medida que el
yo se desarrolla la escisión y la proyección disminuyen y el yo alcanza una
mayor integración. Con todo, si el yo es muy débil -lo cual constituye, a mi juicio, un rasgo congénito- y si han existido problemas en el nacimiento y a
comienzos de la vida, entonces la capacidad de integrar -de juntar las partes
escindidas y apartadas del yo- será también débil, existiendo además una
mayor tendencia a disociar a fin de evitar la ansiedad que despiertan los
impulsos destructivos dirigidos contra el sí-mismo y el mundo externo. Esta
incapacidad para tolerar las ansiedades encierra, en consecuencia, una
importancia trascendental, ya que no sólo incrementa la necesidad de
escindir excesivamente al yo y al objeto, lo cual puede llevar a un estado de
fragmentación sino que impide también la elaboración de las ansiedades
tempranas.
En el esquizofrénico observamos el efecto de estos procesos no
resueltos: él tiene la vivencia de que está irremediablemente reducido a
fragmentos, y de que nunca estará en posesión de su sí-mismo. El hecho de
encontrarse tan fragmentado le impide internalizar suficientemente a su
objeto primario (la madre) como objeto bueno y, por ende, contar con el
fundamento necesario para lograr estabilidad; no puede confiar en un objeto
bueno interno ni externo, como tampoco puede confiar en su propio si-
mismo. Este factor está vinculado a la soledad, ya que intensifica la vivencia
del esquizofrénico de que se ha quedado solo, por así decirlo, con su
infortunio. Esta sensación de verse rodeado de un mundo hostil,
característica del aspecto paranoide de la esquizofrenia, no sólo incrementa
todas las ansiedades del individuo, sino que tiene también un efecto
trascendental sobre su sentimiento de soledad
.

Melanie Klein

Bhue aqui termina el post... si quieren que poste el final porfavor dejen comentarios

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