EL DEPORTE COMO POLITICA DE ESTADO (PERIODO 1945-1955)
*Por María Graciela Rodríguez (Arg.)
Estos logros que fueron leídos como producto de una nacionalidad casi épica, todavía se rememoran y pasaron a formar parte del repertorio histórico de la Argentina. Como también se recuerda la inversión y la gestión estatal que puso énfasis en la contribución al desarrollo del deporte comunitario a través de la promoción de los Torneos "Evita" y la construcción de complejos deportivos.
Aunque la opinión que pese sobre ellos es variada y se ofrece como un eje conflictivo de interpretación, lo que es un dato indudable del período es que, por primera vez en la historia, el Estado opera sobre el área, creando una modalidad de intervención innovadora respecto a las anteriores administraciones gubernamentales.
DEPORTE Y EDUCACION FISICA.
Si con la Reforma Educativa del '49, en el área del sistema escolar el deporte fue (¿nuevamente?) excluido de la Educación Física escolar, de algún modo las políticas deportivas no-escolares se han dado forma como un espacio intermedio de negociación entre la sociedad civil y la administración peronista. Es de destacar, además, que las intervenciones de la gestión peronista se dieron cita en un contexto económico y político que favorecía el desvío de fondos estatales hacia políticas sociales cuyos destinatarios esenciales eran un 62% de población recientemente urbanizada y en un 20% sindicalizada, sector que, por otra parte, se vio beneficiado por la nueva legislación social de 1949, entre cuyas medidas se incluyen el aguinaldo anual, las vacaciones pagas, la indemnización por despidos, el régimen de jubilaciones y seguros, etc.
Por lo tanto las políticas de Estado del período sobre el deporte deben inscribirse en el marco global de la ampliación de la intervención estatal de la época expresada en políticas sociales que apuntaban a operar en varias dimensiones: la salud, la educación, la promoción de la mujer, los beneficios sociales, la distribución de los bienes culturales, etc. Insertas en este marco, las intervenciones del peronismo sobre el ámbito deportivo pueden considerarse innovadoras, toda vez que por primera vez en la historia el Estado designa organismos para organizar, promocionar y controlar las actividades deportivas.
Evita hace entrega de bicicletas de premio a ganadores de los Campeonatos Infantiles Evita
Antes del período a ser estudiado estas actividades caían bajo el ámbito de asociaciones civiles y no del Estado (Scher, A. y Palomino, H., 1988; Aisenstein, 1994). Esta separación de ámbitos de pertinencia en nuestro país, tiene antecedentes históricos que pueden relacionarse con los debates que se dieron en el momento en que se institucionalizan las actividades físicas como tarea escolar tomadas a cargo por el curriculum de la Educación Física y se expanden las prácticas deportivas en la comunidad. Estos debates echan sus raíces en la toma de postura de la sociedad política hacia una u otra de las dos vertientes hegemónicas de las actividades físicas provenientes de los países centrales: la vertiente de los "sports" británicos (cuyo exponente más popularizado es el "football", luego castellanizado fútbol) y los sistemas de gimnasia centro-europeos (alemán, suizo, sueco, austríaco, danés, etc.).
Si bien esta divergencia de perspectivas puede parecer trivial o poco sustantiva, estas opciones concebían de diferente modo las intenciones educativas de las actividades físicas, tema que viene a complementar la necesidad más englobadora de consolidar el proyecto político de la modernidad en los primeros años de este siglo. Optar por alguna de ambas vertientes implicaba optar por distintos modelos de actores sociales. Haber optado por la línea "racionalista" para el marco educativo, significó que el deporte (es decir la vertiente de los "sports" británicos) se haya consolidado en nuestro país por fuera de la escuela pública, dejándolo en manos de asociaciones civiles y/o escuelas privadas.
Más allá de que en la reglamentación de 1949 podría leerse una nueva renuncia del sistema escolar a incluir en sus currícula a la vertiente deportiva, lo cierto es que en el circuito comunitario, el Estado peronista se hizo cargo de aquella zona de las actividades físicas tradicionalmente tomadas por las instituciones privadas. ¿Qué significó esta operación? ¿Una división de tareas al interior del Estado? ¿Un "doble disciplinamiento" por absorción de aquellas prácticas que la escuela dejaba afuera? ¿O una marca de continuidad en la tradición de la Educación Física escolarizada?.
Perón hablando a los jóvenes sobre el deporte.
Mientras que nos inclinamos, siguiendo el análisis de Angela Aisenstein (1994) por la tercera de las hipótesis, la intervención sobre el desarrollo del deporte comunitario aparece como un dato fuerte que marcará, no sólo un acceso masivo a las prácticas deportivas, sino también modificaciones sustantivas respecto al rol de Estado en el área. De hecho, estas intervenciones se complementaban con la acción de los clubes de la Unión de Estudiantes Secundarios y la de las confederaciones de las ramas universitaria y técnica asociadas a ella (Senén González, 1996).
De allí la importancia de señalar al período 1945-1955 como una etapa innovadora en cuanto a la mediación estatal sobre el deporte, donde habría que incluir, además, las políticas de salud asociadas a ella, expresamente impulsadas por el Ministro de Salud, Dr. Ramón Carrillo.
De hecho se organizaron dos tipos de Torneos: los Campeonatos Infantiles "Evita", para la población de menores, y los Torneos Juveniles "Juan Perón", para cubrir la franja adolescente. Estas competiciones, que llegaban a toda la nación, abarcaban tanto deportes "tradicionales", como el fútbol, el atletismo, la pelota a paleta, el ajedrez, la natación, como deportes que recién comenzaban a desarrollarse en el país, como el básquet, que cobró un inusitado impulso a partir de obtener el primer galardón en el Mundial de 1950.
Por su parte, para enmarcar la intervención sobre el deporte de alto rendimiento, por primera vez se encargó esta tarea a dos organismos del Estado: en 1947 la Confederación Argentina de Deportes (CAD) se unificó con el Comité Olímpico Argentino (COA), organismos que fusionaron sus siglas en la nueva CADCOA. Bajo la dirección de Rodolfo Valenzuela, quien fue también presidente de la Suprema Corte de Justicia, la CADCOA fue la encargada de promocionar las actividades deportivas nacionales, tanto en el interior como en el exterior.
Además era el organismo que gestionaba el otorgamiento de subsidios para aquellos deportistas que competían representando al país. Sin embargo, a pesar de que esta intervención del Estado sobre el deporte aparece como uno de los rasgos distintivos del período 1945-1955, la Ley del Deporte no se sancionó sino hasta 1974.
Las políticas de intervención del peronismo sobre el deporte se iniciaron en el marco de un contexto económico que ciertamente favoreció la asignación de fondos estatales para la puesta en marcha de políticas sociales. La gestión estatal se complementó además con el apoyo a la actividad deportiva privada: son conocidos los créditos blandos otorgados a los clubes más importantes (entre los cuales se destaca Racing Club, llamado "Sportivo Cereijo" por sus vinculaciones con el gobierno, que pudo de este modo levantar su estadio en Avellaneda) así como el otorgamiento de premios y subsidios a los deportistas destacados.
Paralelamente a estas intervenciones, en el exterior la imagen deportiva argentina se consolidaba. El gobierno peronista no sólo facilitó los viajes de los deportistas al extranjero sino que además otorgó premios suplementarios a campeones de distintas especialidades. A pesar de que no todos los logros deportivos obtenidos pueden leerse como el resultado directo de la acción estatal, lo cierto es que marcaron una época de "fiesta" para el deporte argentino. El gobierno no desaprovechó esta oportunidad y acompañó los éxitos de los deportistas argentinos más destacados quienes de una o otra forma ayudaron a consolidar el imaginario deportivo nacional.
Delfo Cabrera llega a la meta en la final de la maratón y obtiene su medalla de oro. Londres 1948.
Pascual Pérez, con pantalón blanco, vence a Spartaco Bandinelli en la final de peso mosca y obtiene su medalla de oro. Londres 1948.
Rafael Iglesias derriba al sueco Gunnar Nilsson en la final de peso pesado y le gana por K.O. obteniendo la medalla de oro. Londres 1948.
A todo ello contribuyeron algunos hechos aleatorios pero bienvenidos como por ejemplo las giras internacionales que el equipo de fútbol del Club San Lorenzo de Almagro realizó en 1946 y en 1947, año en que le ganó 6 a 1 al seleccionado español, lo que le valió ser consagrado por los europeos como uno de los mejores equipos de fútbol americanos (Archetti, 1990).
Un factor importante a tener en cuenta en este análisis es que durante la primera posguerra no hubo diáspora de jugadores argentinos a Europa, lo que facilitó consolidar el rendimiento futbolístico en el país y, por lo tanto, alimentar el mito de la excelencia futbolística rioplatense.
La imagen de calidad que acompaña a nuestro fútbol, se afianza además cuando, en 1953, en la revancha de un partido que nuestro país perdiera dos años atrás en Wembley, el seleccionado argentino le gana al combinado de Gran Bretaña por 3 a 1.
Y si algunos de estos hechos provienen de una planificación política, otros pueden leerse como el producto (mítico o real) del crecimiento argentino en la época de la sustitución de importaciones que incidían indirectamente en las iniciativas privadas.
EL FUTBOL: UN TEMA APARTE.
El caso del fútbol como práctica deportiva (y también indirectamente en relación al pivot hacia su espectacularización contemporánea) es especial: la consolidación que experimenta nuestro fútbol a raíz de la permanencia en el país de los jugadores durante la posguerra dura poco. Los carriles por los que venía circulando dicho deporte en nuestro país, se enfrentaron en este período con algunos obstáculos que imposibilitan hablar de una fase serena. Y si el período a investigar dista mucho de ser una etapa pacífica en el ámbito del fútbol es justamente porque se trata del momento en que la profesionalización termina de consolidarse luego de una etapa que culmina con la huelga de 1948.
Esta huelga es el último índice de la tensión al interior del fútbol acerca del debate entre deporte amateur y deporte profesional.
La entidad sindical que nucleaba a los jugadores de fútbol (Futbolistas Argentinos Agremiados, FAA) fue creada en 1944, 13 años después de la primera huelga protagonizada por futbolistas, luego de la cual se profesionalizan los jugadores. Tras una serie de negociaciones entre jugadores y dirigentes, en julio de 1948 la primera fecha del Campeonato de Primera División fue suspendida por huelga, lo que provocó que ese año el campeonato nacional debiera jugarse con las divisiones inferiores. Las tensiones se prolongaron durante casi un año: mientras que los dirigentes apostaban a un retorno del amateurismo en el fútbol, los jugadores consiguieron, poco antes de iniciarse el Campeonato de 1949, el reconocimiento oficial de la entidad sindical (FAA) y la garantía del pago de sus haberes, junto a otros beneficios laborales entre los cuales estaba la libre contratación (Scher, A. y Palomino, H., 1988).
Este conflicto -finalmente saldado a favor de los jugadores - es considerado por algunos analistas del caso como uno de los factores que incidieron en la diáspora de jugadores que a partir de ese momento se iba a generar en nuestro país, reforzada por la recuperación económica de los países europeos luego de la posguerra, así como de la reputación de excelencia ganada por el fútbol rioplatense en aquellos años.
Y si la Argentina no envió su seleccionado a los Mundiales de Fútbol de 1950 y de 1954, estas ausencias deben verse en su doble condición indiciaria: como carencia de jugadores, por las dificultades para armar un seleccionado y como decisión política, por temor a un fracaso estrepitoso.
Lo paradójico del caso del fútbol y que aporta un verdadero centro de atención a los efectos de este estudio, es que en este período aumenta considerablemente el número de espectadores directos: "El quinquenio 1946-1950 arrojó un promedio de 12.755 entradas vendidas por partido, en tanto que el de 1951-1955 registró uno de 12.685. Si se toman valores anuales, 1954, con 15.056 espectadores por encuentro, estableció la marca tope de un decenio en el que el promedio de asistencia jamás se redujo a menos de 10.000 asistentes" (Scher, A. y Palomino, H., 1988: 79).
BIBLIOGRAFIA.
Aisenstein, A. (1995): Curriculum presente. Ciencia Ausente. El modelo didáctico en la Educación Física: entre la escuela y la formación docente, Miño y Dávila, Buenos Aires.
------- (1994): "El contenido de la Educación Física escolar y la formación del ciudadano. 1880 - 1930", CONICET, mimeo.
Archetti, E. (1990): "Argentina and the World Cup: in search of national identity", en Sudgen, J. y Tomlinson, A. (comps.), Host & Champions, Aldershot, Arena.
Galmarini, F. (1992): Deporte, política y cambio, Corregidor, Buenos Aires.
Luna, F. (1991): Perón y su tiempo, Tomos I, II y III, Sudamericana, Buenos Aires.
Murmis, M. y Portantiero, J. C. (1987): Estudios sobre los orígenes del peronismo, Siglo XXI, Buenos Aires.
Scher, A. y Palomino, H. (1988): Fútbol: pasión de multitudes y de elites, CISEA, Buenos Aires.
Senén González, S. (1996): "Perón y el deporte", en revista Todo es Historia, Nº 345, abril, Buenos Aires.
*Por María Graciela Rodríguez (Arg.)
Entre 1945 y 1955, la Argentina vivió una época que puede considerarse de "fiesta deportiva". Junto a la gestión peronista se produjeron una serie de éxitos deportivos que aun hoy se recuerdan: el triunfo en 1950 del seleccionado argentino sobre Estados Unidos en la final del Mundial de Básquet; los Campeonatos Sudamericanos de Fútbol de 1946 y 1947; la medalla de oro ganada en la maratón por Delfo Cabrera en los Juegos Olímpicos de Londres en 1948; el triunfo de Domingo Marimón en el mismo año en la competencia automovilística "América del Sur" entre Buenos Aires y Caracas; la espectacular performance de Juan Manuel Fangio en Europa, quien en 1951 y 1954 obtiene por dos veces el campeonato mundial de Automovilismo; los Juegos Panamericanos de 1951; los triunfos del "Mono" Gatica; los campeonatos de box ganados por Pascual Pérez y Rafael Iglesias en sus respectivos pesos; los resultados en las pistas automovilísticas de los Hermanos Gálvez; el torneo mundial de Ajedrez de Copenhague ganado por Oscar Panno; el triunfo en 1950 del equipo de Polo de Venado Tuerto sobre un combinado estadounidense, etc.
Estos logros que fueron leídos como producto de una nacionalidad casi épica, todavía se rememoran y pasaron a formar parte del repertorio histórico de la Argentina. Como también se recuerda la inversión y la gestión estatal que puso énfasis en la contribución al desarrollo del deporte comunitario a través de la promoción de los Torneos "Evita" y la construcción de complejos deportivos.
Aunque la opinión que pese sobre ellos es variada y se ofrece como un eje conflictivo de interpretación, lo que es un dato indudable del período es que, por primera vez en la historia, el Estado opera sobre el área, creando una modalidad de intervención innovadora respecto a las anteriores administraciones gubernamentales.
DEPORTE Y EDUCACION FISICA.
Si con la Reforma Educativa del '49, en el área del sistema escolar el deporte fue (¿nuevamente?) excluido de la Educación Física escolar, de algún modo las políticas deportivas no-escolares se han dado forma como un espacio intermedio de negociación entre la sociedad civil y la administración peronista. Es de destacar, además, que las intervenciones de la gestión peronista se dieron cita en un contexto económico y político que favorecía el desvío de fondos estatales hacia políticas sociales cuyos destinatarios esenciales eran un 62% de población recientemente urbanizada y en un 20% sindicalizada, sector que, por otra parte, se vio beneficiado por la nueva legislación social de 1949, entre cuyas medidas se incluyen el aguinaldo anual, las vacaciones pagas, la indemnización por despidos, el régimen de jubilaciones y seguros, etc.
Por lo tanto las políticas de Estado del período sobre el deporte deben inscribirse en el marco global de la ampliación de la intervención estatal de la época expresada en políticas sociales que apuntaban a operar en varias dimensiones: la salud, la educación, la promoción de la mujer, los beneficios sociales, la distribución de los bienes culturales, etc. Insertas en este marco, las intervenciones del peronismo sobre el ámbito deportivo pueden considerarse innovadoras, toda vez que por primera vez en la historia el Estado designa organismos para organizar, promocionar y controlar las actividades deportivas.
Evita hace entrega de bicicletas de premio a ganadores de los Campeonatos Infantiles Evita
Antes del período a ser estudiado estas actividades caían bajo el ámbito de asociaciones civiles y no del Estado (Scher, A. y Palomino, H., 1988; Aisenstein, 1994). Esta separación de ámbitos de pertinencia en nuestro país, tiene antecedentes históricos que pueden relacionarse con los debates que se dieron en el momento en que se institucionalizan las actividades físicas como tarea escolar tomadas a cargo por el curriculum de la Educación Física y se expanden las prácticas deportivas en la comunidad. Estos debates echan sus raíces en la toma de postura de la sociedad política hacia una u otra de las dos vertientes hegemónicas de las actividades físicas provenientes de los países centrales: la vertiente de los "sports" británicos (cuyo exponente más popularizado es el "football", luego castellanizado fútbol) y los sistemas de gimnasia centro-europeos (alemán, suizo, sueco, austríaco, danés, etc.).
Si bien esta divergencia de perspectivas puede parecer trivial o poco sustantiva, estas opciones concebían de diferente modo las intenciones educativas de las actividades físicas, tema que viene a complementar la necesidad más englobadora de consolidar el proyecto político de la modernidad en los primeros años de este siglo. Optar por alguna de ambas vertientes implicaba optar por distintos modelos de actores sociales. Haber optado por la línea "racionalista" para el marco educativo, significó que el deporte (es decir la vertiente de los "sports" británicos) se haya consolidado en nuestro país por fuera de la escuela pública, dejándolo en manos de asociaciones civiles y/o escuelas privadas.
Más allá de que en la reglamentación de 1949 podría leerse una nueva renuncia del sistema escolar a incluir en sus currícula a la vertiente deportiva, lo cierto es que en el circuito comunitario, el Estado peronista se hizo cargo de aquella zona de las actividades físicas tradicionalmente tomadas por las instituciones privadas. ¿Qué significó esta operación? ¿Una división de tareas al interior del Estado? ¿Un "doble disciplinamiento" por absorción de aquellas prácticas que la escuela dejaba afuera? ¿O una marca de continuidad en la tradición de la Educación Física escolarizada?.
Perón hablando a los jóvenes sobre el deporte.
Mientras que nos inclinamos, siguiendo el análisis de Angela Aisenstein (1994) por la tercera de las hipótesis, la intervención sobre el desarrollo del deporte comunitario aparece como un dato fuerte que marcará, no sólo un acceso masivo a las prácticas deportivas, sino también modificaciones sustantivas respecto al rol de Estado en el área. De hecho, estas intervenciones se complementaban con la acción de los clubes de la Unión de Estudiantes Secundarios y la de las confederaciones de las ramas universitaria y técnica asociadas a ella (Senén González, 1996).
De allí la importancia de señalar al período 1945-1955 como una etapa innovadora en cuanto a la mediación estatal sobre el deporte, donde habría que incluir, además, las políticas de salud asociadas a ella, expresamente impulsadas por el Ministro de Salud, Dr. Ramón Carrillo.
De hecho se organizaron dos tipos de Torneos: los Campeonatos Infantiles "Evita", para la población de menores, y los Torneos Juveniles "Juan Perón", para cubrir la franja adolescente. Estas competiciones, que llegaban a toda la nación, abarcaban tanto deportes "tradicionales", como el fútbol, el atletismo, la pelota a paleta, el ajedrez, la natación, como deportes que recién comenzaban a desarrollarse en el país, como el básquet, que cobró un inusitado impulso a partir de obtener el primer galardón en el Mundial de 1950.
Por su parte, para enmarcar la intervención sobre el deporte de alto rendimiento, por primera vez se encargó esta tarea a dos organismos del Estado: en 1947 la Confederación Argentina de Deportes (CAD) se unificó con el Comité Olímpico Argentino (COA), organismos que fusionaron sus siglas en la nueva CADCOA. Bajo la dirección de Rodolfo Valenzuela, quien fue también presidente de la Suprema Corte de Justicia, la CADCOA fue la encargada de promocionar las actividades deportivas nacionales, tanto en el interior como en el exterior.
Además era el organismo que gestionaba el otorgamiento de subsidios para aquellos deportistas que competían representando al país. Sin embargo, a pesar de que esta intervención del Estado sobre el deporte aparece como uno de los rasgos distintivos del período 1945-1955, la Ley del Deporte no se sancionó sino hasta 1974.
Las políticas de intervención del peronismo sobre el deporte se iniciaron en el marco de un contexto económico que ciertamente favoreció la asignación de fondos estatales para la puesta en marcha de políticas sociales. La gestión estatal se complementó además con el apoyo a la actividad deportiva privada: son conocidos los créditos blandos otorgados a los clubes más importantes (entre los cuales se destaca Racing Club, llamado "Sportivo Cereijo" por sus vinculaciones con el gobierno, que pudo de este modo levantar su estadio en Avellaneda) así como el otorgamiento de premios y subsidios a los deportistas destacados.
Paralelamente a estas intervenciones, en el exterior la imagen deportiva argentina se consolidaba. El gobierno peronista no sólo facilitó los viajes de los deportistas al extranjero sino que además otorgó premios suplementarios a campeones de distintas especialidades. A pesar de que no todos los logros deportivos obtenidos pueden leerse como el resultado directo de la acción estatal, lo cierto es que marcaron una época de "fiesta" para el deporte argentino. El gobierno no desaprovechó esta oportunidad y acompañó los éxitos de los deportistas argentinos más destacados quienes de una o otra forma ayudaron a consolidar el imaginario deportivo nacional.
Delfo Cabrera llega a la meta en la final de la maratón y obtiene su medalla de oro. Londres 1948.
Pascual Pérez, con pantalón blanco, vence a Spartaco Bandinelli en la final de peso mosca y obtiene su medalla de oro. Londres 1948.
Rafael Iglesias derriba al sueco Gunnar Nilsson en la final de peso pesado y le gana por K.O. obteniendo la medalla de oro. Londres 1948.
A todo ello contribuyeron algunos hechos aleatorios pero bienvenidos como por ejemplo las giras internacionales que el equipo de fútbol del Club San Lorenzo de Almagro realizó en 1946 y en 1947, año en que le ganó 6 a 1 al seleccionado español, lo que le valió ser consagrado por los europeos como uno de los mejores equipos de fútbol americanos (Archetti, 1990).
Un factor importante a tener en cuenta en este análisis es que durante la primera posguerra no hubo diáspora de jugadores argentinos a Europa, lo que facilitó consolidar el rendimiento futbolístico en el país y, por lo tanto, alimentar el mito de la excelencia futbolística rioplatense.
La imagen de calidad que acompaña a nuestro fútbol, se afianza además cuando, en 1953, en la revancha de un partido que nuestro país perdiera dos años atrás en Wembley, el seleccionado argentino le gana al combinado de Gran Bretaña por 3 a 1.
Y si algunos de estos hechos provienen de una planificación política, otros pueden leerse como el producto (mítico o real) del crecimiento argentino en la época de la sustitución de importaciones que incidían indirectamente en las iniciativas privadas.
EL FUTBOL: UN TEMA APARTE.
El caso del fútbol como práctica deportiva (y también indirectamente en relación al pivot hacia su espectacularización contemporánea) es especial: la consolidación que experimenta nuestro fútbol a raíz de la permanencia en el país de los jugadores durante la posguerra dura poco. Los carriles por los que venía circulando dicho deporte en nuestro país, se enfrentaron en este período con algunos obstáculos que imposibilitan hablar de una fase serena. Y si el período a investigar dista mucho de ser una etapa pacífica en el ámbito del fútbol es justamente porque se trata del momento en que la profesionalización termina de consolidarse luego de una etapa que culmina con la huelga de 1948.
Esta huelga es el último índice de la tensión al interior del fútbol acerca del debate entre deporte amateur y deporte profesional.
La entidad sindical que nucleaba a los jugadores de fútbol (Futbolistas Argentinos Agremiados, FAA) fue creada en 1944, 13 años después de la primera huelga protagonizada por futbolistas, luego de la cual se profesionalizan los jugadores. Tras una serie de negociaciones entre jugadores y dirigentes, en julio de 1948 la primera fecha del Campeonato de Primera División fue suspendida por huelga, lo que provocó que ese año el campeonato nacional debiera jugarse con las divisiones inferiores. Las tensiones se prolongaron durante casi un año: mientras que los dirigentes apostaban a un retorno del amateurismo en el fútbol, los jugadores consiguieron, poco antes de iniciarse el Campeonato de 1949, el reconocimiento oficial de la entidad sindical (FAA) y la garantía del pago de sus haberes, junto a otros beneficios laborales entre los cuales estaba la libre contratación (Scher, A. y Palomino, H., 1988).
Este conflicto -finalmente saldado a favor de los jugadores - es considerado por algunos analistas del caso como uno de los factores que incidieron en la diáspora de jugadores que a partir de ese momento se iba a generar en nuestro país, reforzada por la recuperación económica de los países europeos luego de la posguerra, así como de la reputación de excelencia ganada por el fútbol rioplatense en aquellos años.
Y si la Argentina no envió su seleccionado a los Mundiales de Fútbol de 1950 y de 1954, estas ausencias deben verse en su doble condición indiciaria: como carencia de jugadores, por las dificultades para armar un seleccionado y como decisión política, por temor a un fracaso estrepitoso.
Lo paradójico del caso del fútbol y que aporta un verdadero centro de atención a los efectos de este estudio, es que en este período aumenta considerablemente el número de espectadores directos: "El quinquenio 1946-1950 arrojó un promedio de 12.755 entradas vendidas por partido, en tanto que el de 1951-1955 registró uno de 12.685. Si se toman valores anuales, 1954, con 15.056 espectadores por encuentro, estableció la marca tope de un decenio en el que el promedio de asistencia jamás se redujo a menos de 10.000 asistentes" (Scher, A. y Palomino, H., 1988: 79).
BIBLIOGRAFIA.
Aisenstein, A. (1995): Curriculum presente. Ciencia Ausente. El modelo didáctico en la Educación Física: entre la escuela y la formación docente, Miño y Dávila, Buenos Aires.
------- (1994): "El contenido de la Educación Física escolar y la formación del ciudadano. 1880 - 1930", CONICET, mimeo.
Archetti, E. (1990): "Argentina and the World Cup: in search of national identity", en Sudgen, J. y Tomlinson, A. (comps.), Host & Champions, Aldershot, Arena.
Galmarini, F. (1992): Deporte, política y cambio, Corregidor, Buenos Aires.
Luna, F. (1991): Perón y su tiempo, Tomos I, II y III, Sudamericana, Buenos Aires.
Murmis, M. y Portantiero, J. C. (1987): Estudios sobre los orígenes del peronismo, Siglo XXI, Buenos Aires.
Scher, A. y Palomino, H. (1988): Fútbol: pasión de multitudes y de elites, CISEA, Buenos Aires.
Senén González, S. (1996): "Perón y el deporte", en revista Todo es Historia, Nº 345, abril, Buenos Aires.