Calfucurá o Juan Calfucurá o Callvucurá (del mapudungun Kallfükura, 'piedra azul'; de kallfü, 'azul', y kura, 'piedra'; Llaima, o entre Pitrufquén y el lago Colico,1 Chile, c. siglo XIX - Salinas Grandes, Argentina, 4 de junio de 1873) fue un cacique o lonco mapuche del siglo XIX, de origen moluche, (Parcialidad pehuelche) pero cuya actividad militar y política se desarrolló principalmente en Argentina y en las áreas controladas por los pueblos indígenas de la Patagonia oriental.
Pehuenche y no Huilliche
Es un error generalizado por diversos autores. el atribuir a Callfücura una etnia ( o parcialidad) a la cual no pertenecía.
Es un hecho evidente que las parcialidades que circundan al Llaima son pehuenche, y no huilliche.
La zona del Llaima, la de Reigolil, Lonquimay, Pino Hachado, Aluminé, Copahue, etc. etc. son territorio pehuenche.
La zona del Llaima, la de Reigolil, Lonquimay, Pino Hachado, Aluminé, Copahue, etc. etc. son territorio pehuenche.
Y esta diferencia no solo atañe a la distribución espacial de los Lof, sino en diferencias étnicas bien marcadas, con los mapuche propiamente dichos y más aún con los costinos y con lo que hoy conocemos por huilliche(costumbres, religión, dolicocefalía vs. braquic., idioma [aunque ya no para este caso], trashumancia invernada-veranada, toldo tipo "tipi" vs. ruca, etc.)y todo ello a despecho del proceso de transculturización ("mapuchización"de cerca de 300 años.
El nombre de Huilliches podría significar que Calfucurá pertenecía al segundo grupo, ubicado al sur del primero. Y la exclusión del nombre de Pehueche estaría ligada a que en la actual Argentina ese nombre era asignado a la gente de la zona de los pehuenes, ubicados al norte de la gente de Reuque Curá. Este pueblo, fuertemente araucanizado, descendía de los antiguos pehuenches chiquillanes. De modo que había razones para no llamar a Calfucurá pehuenche, y también había razones para llamarlo huilliche. Para el uso que le da Hux a su clasificación, estas razones son suficientes, pero en Wikipedia (no editada solamente para argentinos) esta denominación lleva a una identificación errónea con los huilliches de Chile.
Dejo toda esta explicación para evitar futuros malentendidos.
Juan Calfucurá (biografia)
Nació en Llailma, y fue un poderoso cacique araucano de las pampas del sur y del oeste.
Perteneciente al grupo pehuenche; su nombre deriva de los términos indios callou (azul) y curá (piedra); emigró de Chile hacia Argentina para establecer la dinastía de la Piedra.
Dirigió una casi independiente república conocida como la Confederación de Salinas Grandes, cerca de Epecuén, Neuquen.
Fue responsable, de casi todos los malones que hostigaron la provincia de Buenos Aires aproximadamente a mediados del siglo XIX; en 1837.
Atacó a los aucas chilenos y capturó cien mil cabezas de ganado. Invadió Rojas en 1844 y Chivilcoy en 1846.
Por un tiempo, Rosas compró la paz mediante un trato y un pago, pero en 1847 Calfucurá se volvió contra él y atacó Bahía Blanca y otras ciudades fronterizas.
Se unió a Urquiza en su lucha contra Rosas y llegó a tener una relación personal con el primero. Durante el período en el cual Buenos Aires se separó de las demás provincias, Calfucurá mantuvo a la primera en un constante alboroto -su peor ataque fue el realizado contra Azul en 1855- de modo que las fuerzas debieron ser desviadas en su dirección.
Luego de derrotar a Mitre en Sierra Chica, fue vencido por los generales Granada, Conesa y Paunero en 1857, y nuevamente en Pigüé en el siguiente año.
Luchó del lado de la Confederación en la batalla de Cepeda (1859) y continuó incursionando en las ciudades de la provincia de Buenos Aires hasta que fue derrotado en la batalla de Pichi Carhué, el 8 de marzo de 1872, que provocó la muerte de doscientos indios.
El terror indio de las pampas murió en el año siguiente, el 3 de junio de 1873, en su propio toldo en Chilihué, cerca de General Acha en La Pampa; en su más encumbrado momento, había llegado a comandar tres mil entrenados guerreros y había sido el jefe de veinte mil indios. Al menos, ocho de sus hijos prestaron servicios como oficiales suyos; uno de ellos, Manuel Namuncurá, ahijado de Urquiza, se convirtió en el nuevo y último líder indígena.
Especificando y sacando dudas.....
Confederación boroana (Argentina)
La Confederación boroana fue una agrupación de parcialidades mapuches que emigraron desde la Araucanía chilena a la región pampeana argentina en el siglo XIX . Sus cacicazgos formaban una federación bajo el mando de un jefe único. Se conoce como boroanos, borogas o boroganos
urante la fase de la Guerra de Independencia de Chile denominada Guerra a Muerte ( 1819 - 1821 ) la mayoría de los boroanos lucharon en el bando realista , y otros lo hicieron del lado de los "patriotas" (independentistas). Hacia 1823 comenzaron a asentarse en las Salinas Grandes , Guaminí y en la sierra de la Ventana . Formaron una alianza con pehuenches y el grupo realista de los hermanos Pincheira , bajo el mando del cacique ranquel Pablo Levenopán .
Su relevancia como punto de concentración de la población mapuche y eje de articulación política y económica con otros grupos comenzó con la llegada desde Chile de Juan Calfucurá (Piedra Azul) en la primera mitad del siglo XIX.
. Tras su ingreso a nuestro territorio a principios de la década de 1830, se instaló en Salinas Grandes encontrando asilo en las tolderías del cacique Mariano Rondeau quien era el principal jefe de la nación borogana.
En el marco de una constante fricción entre los blancos y los pueblos indígenas, la actitud negociadora asumida por el líder borogano respecto a la propuesta del gobierno de la provincia de Buenos Aires creó al interior del grupo y entre los recién llegados ciertas hostilidades que desembocaron en el enfrentamiento directo. La colaboración de Rondeau en la campaña de Rosas al desierto del año 1833 para neutralizar a los ranqueles, entre otras agrupaciones, culminó finalmente en los acontecimientos conocidos como “las muertes de Masallé” (1834).
Tras el enfrentamiento en unos médanos homónimos cercanos a las Salinas, Rondeau, Melín y otros caciques y capitanejos boroganos fueron eliminados. Calfucurá se proclamó General Juan Calfucurá-Salinas Grandes y fundó una poderosa dinastía (los Piedra) que se mantendría con vigor por varias décadas.
Pese a su actitud inicial, al comenzar la década de 1840 estableció una relación de paz con Rosas comprometiéndose a actuar como una barrera de contención de los indígenas chilenos en el punto de convergencia de distintas rastrilladas provenientes de Chile, papel que antes desempeñaron las tribus boroganas. Después de los acontecimientos de Caseros en 1852, tanto Urquiza como el gobierno porteño buscaron establecer paces con el gran cacique.
La decadencia del sitio y de la Confederación indígena se inició tras la muerte de Calfucurá en 1873.
El poderío de Namuncurá, su hijo y sucesor, y su tribu finalizó con la avanzada militar de Julio A. Roca en 1879. En 1884 se rindió como lo habían hecho ya casi todos los grandes caciques. El gobierno le entregó tierras en San Ignacio (Neuquén) donde residió con su familia hasta su muerte en 1908. La tumba de su padre fue descubierta y profanada por los expedicionarios del desierto. Estanislao Zeballos se hizo depositario de los hallazgos y también del archivo que encontró entre los médanos.
Salinas Grandes
Fue declarado Lugar Histórico Provincial por Ley Nº 876 de la provincia de La Pampa sancionada el 23 de octubre de 1986.
Al igual que Leubucó, Salinas Grandes se destacó por ser uno de los principales lugares de asentamiento aborigen del territorio pampeano.
Desde Chillhué, la capital del cacicazgo de Salinas Grandes, Calfucurá fue extendiendo su poder hasta ejercer su autoridad sobre numerosos caciques y capitanejos, encabezando la Confederación de Salinas Grandes.
La relevancia del sitio como centro político estaba vinculada seguramente a su valor estratégico ya que Salinas Grandes era además un punto importante de la denominada “ruta de los chilenos”, una de las más importantes rastrilladas y vías de circulación del mundo indígena que llevaba a Carhué y unía las lagunas de Traru Lauquen, Urre Lauquen, entre otros puntos. Este camino era el nexo que unía los pasos andinos chilenos con el centro de la provincia de Buenos Aires, haciendo posible el tráfico de ganado y sal, entre otros productos, que iban con destino al país trasandino.
Por otra parte, el lugar revestía un incuestionable valor económico debido a la existencia de grandes concentraciones de sal, bien muy codiciado en aquellos años que los indígenas comerciaban con Buenos Aires y Santiago de Chile desde épocas inmemoriales. Se trataba de un yacimiento minero que los españoles de Buenos Aires venían explotando desde 1668, en dura disputa con los aborígenes del lugar. El descubrimiento de Salinas Grandes (hoy conocidas como Salinas de Hidalgo) inició una serie de conflictos por su dominio como también el funcionamiento del llamado “camino de la sal”.
El gobierno revolucionario surgido de 1810 no desconoció la importancia de Salinas Grandes y con el fin de promover su explotación, envió 3 al Coronel Pedro Andrés García en una expedición de reconocimiento que incluía la búsqueda de aliados en el mundo indígena para pacificar la frontera y fomentar su poblamiento. Posteriormente, Juan Manuel de Rosas viajó al lugar en busca del valioso elemento necesario para los saladeros del sur de la provincia de Buenos Aires.
Inmediatamente después de la conquista, una vez desalojados los indios del codiciado lugar, uno de los suscriptores del empréstito, Jacinto Real, en 1882 pasó a convertirse en propietario de los campos donde se encuentran las salinas que luego arrendó a Marcial Castelles, quien inició en forma precaria la extracción del mineral. La llegada del ferrocarril en 1909 a la estación Hidalgo, distante a aproximadamente 10 kilómetros de las salinas, permitió conectar por un medio rápido la producción. En 1916 la Compañía Introductora compró los campos a los sucesores de Jacinto Real, instalando una empresa que continuó con la explotación del recurso.
Malón
El malón o maloca (no confundir con el término usado por los portugueses ) fue una táctica militar ofensiva empleada por diversos pueblos indígenas de los actuales territorios de Argentina y Chile , que consistía en el ataque rápido y sorpresivo de una nutrida partida de guerreros a caballo contra un grupo enemigo, ya fueran otros pueblos o parcialidades indios o poblaciones, fortificaciones y estancias de los huincas , con el objetivo de matar adversarios y saquear para hacerse con ganado, provisiones y prisioneros, sobre todo mujeres jóvenes y niños.
Para similar actividad realizada por los españoles contra los indígenas durante la época colonial , se usa el término maloca .
El
13 de febrero
de
1855
, Calfucurá, Catriel y Cachul arrasaron la localidad bonaerense de
Azul
al frente de 2.000 guerreros, muriendo 300 personas y llevándose cautivas a 150 familias y 60.000 cabezas de ganado. En
1857
, el jefe Coliqueo invadió
Pergamino
y se apoderó de 40.000 reses. El 19 de mayo de 1859, la Fortaleza Protectora Argentina fue invadida por Calfucurá con entre 2000 y 3000 hombres, siendo el último malón a la ciudad de
Bahía Blanca
. El
5 de marzo
de
1872
, Calfucurá, con un ejército de 6.000 combatientes, atacó los pueblos de
General Alvear
,
Veinticinco de Mayo
y
Nueve de Julio
, matando a 300 criollos y haciéndose con 200.000 cabezas de ganado.
La Dinastía Imperial de Calfucura:
La última resistencia aborigen en las pampas y el norte patagónico, donde varias culturas habían buscado refugio alejándose del huinca, era doblegada por sucesivas campañas “al desierto”. Hacia 1830 ese amplio territorio que iba del Neuquén al Tandil y de la Punta de San Luis a la desembocadura del río Negro se había “araucanizado” y, promediando el siglo xix, las huestes dirigidas por Calfucurá y su hijo Namuncurá, la dinastía de “Los Piedra” o Curá, había dado forma a una especie de Estado confederado de pueblos aborígenes, que reunía ranqueles, mapuches-araucas, vorogas y otros grupo menores diseminados por los llanos “argentinos”.
El don Juan Manuel de referencia sería Rosas, el Restaurador de las Leyes, gobernador de Buenos Aires para los tiempos en que Calfucurá cruzó la cordillera de los Andes y se instaló en Salinas Grandes (La Pampa-Buenos Aires) donde levantó su toldo principal. Pero Rosas no tenía autoridad ni mando para "llamar" a un cacique extranjero, y obligarlo a permanecer en nuestro país durante 39 años. En cambio sí es posible, como sostienen algunos historiadores, que Rosas haya favorecido la entrada de Calfucurá a la vasta llanura central de nuestro país, para unificar el frente indio. En adelante, sería más simple negociar con un emperador que discutir con mil caciques y capitanejos de raza y lengua diversas. Todas las acciones de Calfucurá sugieren una enorme ambición personal, de modo que su larga aventura en nuestro país mal puede describirse como un acto de obediencia a un gobernador extranjero que "lo mandó llamar".
El autor que narra esta historia con mayor detalle es Estanislao Zeballos ("Callvucurá y la dinastía de los Piedra", 1928, Buenos Aires) consignando que el cacique huiliche ("gente del sur" visita en 1833 a sus lejanos parientes de la parcialidad voroga, o vorogana, es decir originaria de Vorohué, Chile, instalada en Salinas Grandes, Argentina.
La colaboración de Rondeau en la campaña de Rosas al desierto del año 1833 para neutralizar a los ranqueles, entre otras agrupaciones, culminó finalmente en los acontecimientos conocidos como “las muertes de Masallé” (1834). Tras el enfrentamiento en unos médanos homónimos cercanos a las Salinas, Rondeau, Melín y otros caciques y capitanejos boroganos fueron eliminados. Calfucurá se proclamó General Juan Calfucurá-Salinas Grandes y fundó una poderosa dinastía (los Piedra) que se mantendría con vigor por varias décadas.
Desde Chillhué, la capital del cacicazgo de Salinas Grandes, Calfucurá fue extendiendo su poder hasta ejercer su autoridad sobre numerosos caciques y capitanejos, encabezando la Confederación de Salinas Grandes. Pese a su actitud inicial, al comenzar la década de 1840 estableció una relación de paz con Rosas comprometiéndose a actuar como una barrera de contención de los indígenas chilenos en el punto de convergencia de distintas rastrilladas provenientes de Chile, papel que antes desempeñaron las tribus boroganas.
El pasado 9 de setiembre se cumplieron 180 años de la matanza producida por las huestes indígenas de Calfucurá sobre la población de boroanos y otras tribus instaladas en Masallé, un lugar cercano a la laguna de Epecuén, al sudeste de la provincia de Buenos Aires.
Por el año 1835, la tribu vorogana vivía en su imperio, cuando llegaron emisarios anunciando la venida de más de 200 indios mercaderes. Los voroganos o boroanos, procedentes de Boroa en la costa del río Cautín en Chile, eran también mapuches.
El malón asolando la provincia de Buenos Aires
(Óleo: Antonio Della Valle)
El 4 de junio de 1873 un torrente humano se movilizaba por el desierto en lentas y silenciosas columnas. Caciques, capitanejos, hechiceros y guerreros convergían sobre Chiloé, al oeste de Salinas Grandes, respondiendo al llamado del consejo tribal.
En el toldo principal Calfucurá, emperador de las pampas, agonizaba. Junto a él su curandero recitaba monótonas plegarias y a su lado, algunas de sus esposas lloraban. Repentinamente el anciano cacique alzó la mano y su hijo, Namuncurá, que estaba a su lado, se inclinó sobre él intentando aproximar su oído al hilo de voz que emanaba de su boca. “No entregar Caruhé al huinca”, alcanzó a decir, “No entregar Caruhé al huinca” y expiró.
El desierto pareció temblar. El gran soberano que al frente de sus hordas había aterrorizado a las poblaciones cristianas por casi medio siglo, había muerto.
Muerto Toriano y caída la Federación, Calfucurá se independizó y conformó una poderosa confederación indígena que, al cabo de los años, se transformó en un verdadero imperio. Ese imperio se extendía desde la margen sur del río Salado, en la provincia de Buenos Aires, hasta la cordillera de Los Andes, abarcando gran parte de nuestro primer estado, la provincia de La Pampa, Río Negro, Neuquen y el sur de San Luis y Mendoza.
Señor indiscutido del desierto, Calfucurá masacró a los boroganos en Masallé (1834) y al cacique araucano Railef, cuando regresaba a Chile con 100.000 cabezas de ganado robadas a los huincas, es decir, al hombre blanco.
Un nuevo emperador sube al trono
Manuel Namuncurá
Manuel Namuncurá( Región de la Araucanía , Chile , 1 2 c. 1811 - San Ignacio, Provincia del Neuquén , Argentina , 31 de julio de 1908 ) fue un lonco originario de la nación mapuche , hijo del célebre caudillo Calfucurá . Homónimo del hermano mayor de su padre llamado Antonio Namuncurá .
Heredó en realidad el mandato total de la Confederación de las Salinas Grandes en junio de 1873 al morir su padre. La ascensión de Manuel Namuncurá a la jefatura de la tribu llalmache estuvo a punto de desencadenar una guerra civil. El legítimo sucesor de Calfucurá era su hijo mayor José Millaqueucurá (millá: oro; queu: parece, curá: piedra; piedra que es parecida al oro), calificado por el propio Estanislao Zeballos como un “pobre diablo”. Manuel debió competir también con su hermano Bernardo Namuncurá.
Parecía inevitable la guerra civil pero a último momento, el consejo de ancianos, fuertemente influenciado por la princesa Callaycantu Curá, hija del difunto emperador y hermana de los pretendientes al trono, declaró incapaz a Millaquecurá y confirmó a Namuncurá como sucesor.
Muerto el soberano, el cónclave indígena designó a su hijo, Namuncurá, que gobernaría el imperio hasta 1884. Sus malones, tan implacables como los de su padre, llevaron la muerte a Azul, Olavarría, 25 de Mayo, Pehuajó y otros puntos de la provincia, donde a su paso dejó un tendal de cadáveres, poblaciones incendiadas, campos arrasados y centenares de cautivos llevados a los toldos contra su voluntad.
Se dice que mientras tenía lugar el cónclave, otros dos príncipes hijos del cacique reclamaron el trono, Millaquecurá y Bernardo Namuncurá, pero finalmente se impuso el señalado, quien contaba con un cuarto hermano, Reumaycurá, que aguardaba en las afueras de Chiloé listo para avanzar al frente de 600 guerreros en caso de que su hermano lo necesitase.
Líder absoluto de su tribu desde 1873, enfrentó las campañas organizadas por el gobierno nacional, la última de ellas encabezada por el general Julio Argentino Roca. Se rindió de manera definitiva en 1884 e inició de inmediato negociaciones a fin de obtener tierras para su pueblo. De a poco se fue acercando a los salesianos que desarrollaban su labor evangélica en la Patagonia.
Para entonces, Carhué ya no era la capital del imperio porque había caído en manos del ejército argentino, junto a otras poblaciones como Puán, Guaminí, y las tolderías que se alzaban en Pigüé, Cochicó y Sierra de la Ventana. El nuevo epicentro del imperio era Chiloé, en el extremo occidental de las Salinas Grandes, el lugar donde había muerto el gran soberano de las pampas.
Pero su mandato era un imperativo “¡No entregar Carhué al huinca!” y había cumplirlo a cualquier costo. Era imperioso recuperar el valle sagrado en torno al lago Epecuén y volver a hacer de ese punto la capital del gran imperio.
Namuncurá también había nacido en la Araucania, al otro lado de los Andes, pero como su padre, odiaba a los mapuches tanto como a los hombres blancos de Chile y la Argentina.
Tras su “coronación”, todos los caciques le juraron obediencia y de ese modo, se lanzó decididamente al pillaje, devastando buena parte de la provincia de Buenos Aires, saqueando Tapalqué e incendiando Tres Arroyos, Alvear, Tandil y Azul, al frente de aquel vendaval de 4000 lanzas dispuestas a seguirlo hasta los confines de la Tierra.
En 1900, el padre Domingo Milanesio lo casó y Namuncurá reconoció entonces "una chorrera de hijos naturales", el mayor de 56 años de edad, el menor de apenas 3, llamado Ceferino. En esa ocasión, este diario comentó que a pesar de sus 89 años, "el buen indio" conservaba "sus ímpetus belicosos" y todavía podía quebrar "una nuez con los dientes".
"Tenía la fortaleza del roble y la longevidad del ombú", se dijo. No era entonces el temido guerrero ni el emperador de las Salinas Grandes. Apenas un agobiado coronel del Ejército argentino.
El ocaso de una nación
En un primer momento, el nuevo soberano intentó cumplir la voluntad de su padre llevando la guerra a territorio bonaerense para recuperar Carhué, pero el avance arrollador del hombre blanco, en especial, los ejércitos que Buenos Aires lanzó sobre el desierto para completar la conquista de tan vasto territorio, lo obligaron a entablar una lucha defensiva destinada a preservar el inmenso imperio.
Namuncurá fue testigo del desmoronamiento de su nación con el avance de las tropas del general Levalle y las rebeliones de varios de sus vasallos, dos de ellos Pincén y Catriel (1875).
Derrotado en Chilihué y Lihué Calle, abandonó los toldos de Chiloé y se refugió en la cordillera, donde vivió huyendo hasta 1884, cuando agotadas sus reservas y extenuados guerreros, se vio forzado a capitular.
Ceferino Namuncurá
El beato Ceferino Namuncurá Burgos ( Chimpay , 26 de agosto de 1886 - Roma , 11 de mayo de 1905 ) fue un joven salesiano argentino aspirante al sacerdocio, de orígenes mapuche y chileno . El apellido Namuncurá.
Fue uno de los siete hijos de Manuel Namuncurá , un célebre líder del pueblo mapuche que luchó en la batalla del 5 de mayo de 1883 contra las fuerzas del Ejército Argentino comandado por Julio Argentino Roca , y de la chilena Rosario Burgos. 1 Ceferino era nieto del caudillo mapuche Calfucurá .
Surge un santo de una estirpe feroz
Al momento de nacer Ceferino, su padre ya no era el señor de las pampas pero sí, coronel del Ejército argentino, con uniforme y pensión. Algunos años después, uno de sus hermanos, Juan Quintunas, egresaría del Colegio Militar con el grado de oficial de Infantería.
Para entonces, el Imperio de las Pampas no era más que un recuerdo, un capítulo sangriento en el pasado argentino, la triste memoria de una nación poderosa, reducida a vasallaje y aniquilamiento.
Pero se habría un nuevo capítulo en la historia de aquel pueblo.
Ceferino NamuncuráDesde pequeño, Ceferino dio señales de santidad. Cierto día se hallaba con su madre a orillas del río cuando, repentinamente, cayó al agua. La corriente, muy fuerte en ese momento, comenzó a arrastrarlo y alejarlo a gran velocidad ante la desesperación de doña Rosario. Sin embargo, cuando ya se lo daba por muerto, fue depositado mansamente en la costa, de donde su padre lo rescató.
Sabido es que de niño gustaba ayudar a su madre en las tareas de recopilar leña, en la preparación de los alimentos y en el cuidado de los animales. Lamentablemente, cuando su padre escogió a la que sería su única esposa, Ignacia Rañil, dejó a un lado a doña Rosario y a otras dos mujeres mayores con las que también tuvo hijos, motivando su alejamiento.
Mucho debe haber apenado al pequeño el que su madre se marchase hacia la tribu de Yanquetruz, catorce leguas más al norte. Él, siguiendo las costumbres de la tribu, se quedó con su padre, dedicándose al cuidado de las ovejas para las que armó, con sus propias manos, un improvisado corral.
Por entonces Namuncurá recibía una pensión del gobierno y casi todos los meses viajaba a Choele Choel para cobrarla. Al regresar distribuía el dinero entre su gente, entregando cinco pesos a los hombres y uno a las mujeres. Pero la situación –agravada por la demora en serle reconocida la propiedad de su tierra– le provocaba mucha aflicción. Si bien no hay indicios de que la tribu padeciese hambre, el sueldo del cacique y las pocas ovejas que criaban, no alcanzaban para nada.
Carhué, capital de un imperio
El lago y sus alrededores se volvieron un lugar sagrado para los indios, quienes llevaban a pastar allí sus cabalgaduras y su ganado y a darse baños terapéuticos ya que las salobres aguas de aquella réplica del Mar Muerto, tenían el poder de curar.
Varias naciones indígenas se establecieron en aquel punto fértil del país de Salinas Grandes, levantando sus toldos en torno al lago, desde el paraje conocido como Masallé, hasta donde hoy se halla la ciudad, construyendo toscos corrales para dedicarse al trueque de vacunos, equinos, productos de la caza, la pesca y la recolección, que eran sus actividades básicas de subsistencia, además del pillaje.
La llegada de Calfucurá en 1833, cambió todo.
El cacique concentró en su persona todo el poder, aniquiló a quienes no le rindieron obediencia y sojuzgó al resto, haciendo de Carhué la capital de su naciente imperio.
Desde allí gobernó con mano férrea a aquella suerte de confederación que había creado; desde ese punto condujo a sus guerreros para arrasar a las poblaciones blancas, arriar el ganado sustraído y castigar a las tribus díscolas; hasta allí debían dirigirse caciques y capitanejos sometidos, así como los emisarios del gobierno de Buenos Aires para parlamentar, y en ese lugar se realizaba el reparto del botín además de las ceremonias destinadas a honrar al gran dios Nguenechén, el ser supremo de la nación mapuche.
Veamos lo que dice al respecto el coronel Juan Carlos Walther en su libro La Conquista del Dsierto, Tomo II, editado en Buenos Aires por el Círculo Militar, año 1948 (p. 170):
En este lugar (por Carhué), más tarde se levantó el fuerte General Belgrano, con asiento del comando de la división Carhué o Sur.
Se esperaba que los indios opusieran una enérgica resistencia a la ocupación de esta zona, dada la privilegiada situación y por haber sido la residencia tradicional de las tribus de Calfucurá, pero no fue así; por el contrario, establecieron sus toldos escondidos en los montes al oeste de la nueva frontera, situándose en Chiloé (Namuncurá) y en Guachatré (Catriel).
El Dr. Adolfo Alsina, ex vicepresidente de la Nación, por entonces Ministro de Guerra, confirma tales palabras en su arenga del 23 de abril de 1876, a las divisiones Sud y Costa Sud del Ejército en operaciones, luego de ocupada la zona, así como las comarcas de Guaminí, Arroyo Venado y Cochicó.
Sin penurias, sin peligros y sin avistar un solo enemigo, habéis tomado posesión, el día de hoy de Carhué, baluarte de la barbarie.
Respecto a la importancia que tenía Carhué para los pueblos indígenas, alega más adelante el coronel Walther:
En cuanto a Namuncurá, a principios de 1877 slicitó la paz, prometiendo no robar ni dejar a otras tribus siempre que el gobierno le pasara subsistencias necesarias para vivir. Más que nada exigía la devolución de Carhué, alegando que a su propiedad no podía renunciar “sin quebrantar un mandato de Calfucurá moribundo.
Un linaje del desierto
En Chimpay, pequeño poblado situado seis leguas al oeste de Choele Choel, en pleno Alto Valle del Río Negro, Namuncurá levantó sus toldos y se estableció con lo que quedaba de su tribu. En ese lugar, suerte de reducción en la que el gobierno de Buenos Aires concentró a los restos de la otrora poderosa nación, vendría al mundo el sexto de su doce hijos, Ceferino, nacido el 26 de agosto de 1886, fruto de su relación con Rosario Burgos, una mestiza chilena secuestrada durante un malón sobre ese país.
La Dinastía de los Piedra. El cacique Namuncurá, de uniforme, con parta de su familia. La mujer mayor es
Canallaycantu Curá, su hermana y consejera. El muchacho sentado a sus pies, su hijo Juan Quintunas,
futuro oficial del Ejército Argentino
Que el niño pertenecía a un linaje real lo prueba su frondoso árbol genealógico. Hijo y nieto de emperadores, bisnieto de uno de los caciques que había ayudado a San Martín en su campaña a Chile y sobrino nieto de Antonio Namuncurá y el poderoso Renquecurá, señor de los pehuenches, que tuvo sus toldos en Picún Leufú y sus invernadas en Catán Lil, provincia de Neuquén (ambos hermanos de su abuelo), era a su vez, sobrino de una miríada de príncipes, consejeros y soberanos menores como los caciques, Melicurá, Cutricurá, Cayupán y Bernardo Namuncurá, célebre por salvar milagrosamente la vida del Padre Salvaire, artífice de la gran basílica de Luján; del primogénito, Millaquecurá, declarado incompetente por el consejo tribal y de Reumaycurá, suerte de comandante de la guardia pretoriana de su padre, el segundo emperador.
El recién nacido, que elevaría el prestigio de aquel linaje al alcanzar la gloria de los altares, tuvo por abuela a Juana Pitiley la favorita de Calfucurá y por tía a Canallaycantu Curá, consejera de estado de decisiva actuación durante el cónclave que confirmó a su hermano en el trono.
La Conquista del Desierto marcó el fin de las naciones aborígenes
Finalizada la Conquista del Desierto, el gobierno argentino llevó a cabo una sistemática campaña
de exterminio en la Patagonia, Tierra del Fuego, La Pampa, Chaco y Formosa. Por años se la intentó
ocultar. Arriba, cuatro instantáneas del álbum que Julio Popper, explorador rumano nacionalizado
argentino, obsequió al presidente Miguel Juárez Celman, tras su regreso a Buenos Aires. Se observan
cacerías humanas e indios selk'nam y onas masacrados en territorio fueguino (1886-1887).
El coronel Ramón Lista llevó a cabo numerosas
matanzas en Tierra del Fuego
La masacre de aborígenes continuó bien entrado el siglo XX. En la
imagen, restos de indios asesinados en Rincón Bomba, provincia de
Formosa, durante el primer gobierno de Perón (octubre de 1947)
Aviso en un diario de Buenos Aires (1878) ofreciendo indios de ambos sexos, tras la Conquista del Desierto
Pehuenche y no Huilliche
Es un error generalizado por diversos autores. el atribuir a Callfücura una etnia ( o parcialidad) a la cual no pertenecía.
Es un hecho evidente que las parcialidades que circundan al Llaima son pehuenche, y no huilliche.
La zona del Llaima, la de Reigolil, Lonquimay, Pino Hachado, Aluminé, Copahue, etc. etc. son territorio pehuenche.
La zona del Llaima, la de Reigolil, Lonquimay, Pino Hachado, Aluminé, Copahue, etc. etc. son territorio pehuenche.
Y esta diferencia no solo atañe a la distribución espacial de los Lof, sino en diferencias étnicas bien marcadas, con los mapuche propiamente dichos y más aún con los costinos y con lo que hoy conocemos por huilliche(costumbres, religión, dolicocefalía vs. braquic., idioma [aunque ya no para este caso], trashumancia invernada-veranada, toldo tipo "tipi" vs. ruca, etc.)y todo ello a despecho del proceso de transculturización ("mapuchización"de cerca de 300 años.
El nombre de Huilliches podría significar que Calfucurá pertenecía al segundo grupo, ubicado al sur del primero. Y la exclusión del nombre de Pehueche estaría ligada a que en la actual Argentina ese nombre era asignado a la gente de la zona de los pehuenes, ubicados al norte de la gente de Reuque Curá. Este pueblo, fuertemente araucanizado, descendía de los antiguos pehuenches chiquillanes. De modo que había razones para no llamar a Calfucurá pehuenche, y también había razones para llamarlo huilliche. Para el uso que le da Hux a su clasificación, estas razones son suficientes, pero en Wikipedia (no editada solamente para argentinos) esta denominación lleva a una identificación errónea con los huilliches de Chile.
Dejo toda esta explicación para evitar futuros malentendidos.
Juan Calfucurá (biografia)
Nació en Llailma, y fue un poderoso cacique araucano de las pampas del sur y del oeste.
Perteneciente al grupo pehuenche; su nombre deriva de los términos indios callou (azul) y curá (piedra); emigró de Chile hacia Argentina para establecer la dinastía de la Piedra.
Dirigió una casi independiente república conocida como la Confederación de Salinas Grandes, cerca de Epecuén, Neuquen.
Fue responsable, de casi todos los malones que hostigaron la provincia de Buenos Aires aproximadamente a mediados del siglo XIX; en 1837.
Atacó a los aucas chilenos y capturó cien mil cabezas de ganado. Invadió Rojas en 1844 y Chivilcoy en 1846.
Por un tiempo, Rosas compró la paz mediante un trato y un pago, pero en 1847 Calfucurá se volvió contra él y atacó Bahía Blanca y otras ciudades fronterizas.
Se unió a Urquiza en su lucha contra Rosas y llegó a tener una relación personal con el primero. Durante el período en el cual Buenos Aires se separó de las demás provincias, Calfucurá mantuvo a la primera en un constante alboroto -su peor ataque fue el realizado contra Azul en 1855- de modo que las fuerzas debieron ser desviadas en su dirección.
Luego de derrotar a Mitre en Sierra Chica, fue vencido por los generales Granada, Conesa y Paunero en 1857, y nuevamente en Pigüé en el siguiente año.
Luchó del lado de la Confederación en la batalla de Cepeda (1859) y continuó incursionando en las ciudades de la provincia de Buenos Aires hasta que fue derrotado en la batalla de Pichi Carhué, el 8 de marzo de 1872, que provocó la muerte de doscientos indios.
El terror indio de las pampas murió en el año siguiente, el 3 de junio de 1873, en su propio toldo en Chilihué, cerca de General Acha en La Pampa; en su más encumbrado momento, había llegado a comandar tres mil entrenados guerreros y había sido el jefe de veinte mil indios. Al menos, ocho de sus hijos prestaron servicios como oficiales suyos; uno de ellos, Manuel Namuncurá, ahijado de Urquiza, se convirtió en el nuevo y último líder indígena.
Especificando y sacando dudas.....
Confederación boroana (Argentina)
La Confederación boroana fue una agrupación de parcialidades mapuches que emigraron desde la Araucanía chilena a la región pampeana argentina en el siglo XIX . Sus cacicazgos formaban una federación bajo el mando de un jefe único. Se conoce como boroanos, borogas o boroganos
urante la fase de la Guerra de Independencia de Chile denominada Guerra a Muerte ( 1819 - 1821 ) la mayoría de los boroanos lucharon en el bando realista , y otros lo hicieron del lado de los "patriotas" (independentistas). Hacia 1823 comenzaron a asentarse en las Salinas Grandes , Guaminí y en la sierra de la Ventana . Formaron una alianza con pehuenches y el grupo realista de los hermanos Pincheira , bajo el mando del cacique ranquel Pablo Levenopán .
Su relevancia como punto de concentración de la población mapuche y eje de articulación política y económica con otros grupos comenzó con la llegada desde Chile de Juan Calfucurá (Piedra Azul) en la primera mitad del siglo XIX.
. Tras su ingreso a nuestro territorio a principios de la década de 1830, se instaló en Salinas Grandes encontrando asilo en las tolderías del cacique Mariano Rondeau quien era el principal jefe de la nación borogana.
En el marco de una constante fricción entre los blancos y los pueblos indígenas, la actitud negociadora asumida por el líder borogano respecto a la propuesta del gobierno de la provincia de Buenos Aires creó al interior del grupo y entre los recién llegados ciertas hostilidades que desembocaron en el enfrentamiento directo. La colaboración de Rondeau en la campaña de Rosas al desierto del año 1833 para neutralizar a los ranqueles, entre otras agrupaciones, culminó finalmente en los acontecimientos conocidos como “las muertes de Masallé” (1834).
Tras el enfrentamiento en unos médanos homónimos cercanos a las Salinas, Rondeau, Melín y otros caciques y capitanejos boroganos fueron eliminados. Calfucurá se proclamó General Juan Calfucurá-Salinas Grandes y fundó una poderosa dinastía (los Piedra) que se mantendría con vigor por varias décadas.
Pese a su actitud inicial, al comenzar la década de 1840 estableció una relación de paz con Rosas comprometiéndose a actuar como una barrera de contención de los indígenas chilenos en el punto de convergencia de distintas rastrilladas provenientes de Chile, papel que antes desempeñaron las tribus boroganas. Después de los acontecimientos de Caseros en 1852, tanto Urquiza como el gobierno porteño buscaron establecer paces con el gran cacique.
La decadencia del sitio y de la Confederación indígena se inició tras la muerte de Calfucurá en 1873.
El poderío de Namuncurá, su hijo y sucesor, y su tribu finalizó con la avanzada militar de Julio A. Roca en 1879. En 1884 se rindió como lo habían hecho ya casi todos los grandes caciques. El gobierno le entregó tierras en San Ignacio (Neuquén) donde residió con su familia hasta su muerte en 1908. La tumba de su padre fue descubierta y profanada por los expedicionarios del desierto. Estanislao Zeballos se hizo depositario de los hallazgos y también del archivo que encontró entre los médanos.
Salinas Grandes
Fue declarado Lugar Histórico Provincial por Ley Nº 876 de la provincia de La Pampa sancionada el 23 de octubre de 1986.
Al igual que Leubucó, Salinas Grandes se destacó por ser uno de los principales lugares de asentamiento aborigen del territorio pampeano.
Desde Chillhué, la capital del cacicazgo de Salinas Grandes, Calfucurá fue extendiendo su poder hasta ejercer su autoridad sobre numerosos caciques y capitanejos, encabezando la Confederación de Salinas Grandes.
La relevancia del sitio como centro político estaba vinculada seguramente a su valor estratégico ya que Salinas Grandes era además un punto importante de la denominada “ruta de los chilenos”, una de las más importantes rastrilladas y vías de circulación del mundo indígena que llevaba a Carhué y unía las lagunas de Traru Lauquen, Urre Lauquen, entre otros puntos. Este camino era el nexo que unía los pasos andinos chilenos con el centro de la provincia de Buenos Aires, haciendo posible el tráfico de ganado y sal, entre otros productos, que iban con destino al país trasandino.
Por otra parte, el lugar revestía un incuestionable valor económico debido a la existencia de grandes concentraciones de sal, bien muy codiciado en aquellos años que los indígenas comerciaban con Buenos Aires y Santiago de Chile desde épocas inmemoriales. Se trataba de un yacimiento minero que los españoles de Buenos Aires venían explotando desde 1668, en dura disputa con los aborígenes del lugar. El descubrimiento de Salinas Grandes (hoy conocidas como Salinas de Hidalgo) inició una serie de conflictos por su dominio como también el funcionamiento del llamado “camino de la sal”.
El gobierno revolucionario surgido de 1810 no desconoció la importancia de Salinas Grandes y con el fin de promover su explotación, envió 3 al Coronel Pedro Andrés García en una expedición de reconocimiento que incluía la búsqueda de aliados en el mundo indígena para pacificar la frontera y fomentar su poblamiento. Posteriormente, Juan Manuel de Rosas viajó al lugar en busca del valioso elemento necesario para los saladeros del sur de la provincia de Buenos Aires.
Inmediatamente después de la conquista, una vez desalojados los indios del codiciado lugar, uno de los suscriptores del empréstito, Jacinto Real, en 1882 pasó a convertirse en propietario de los campos donde se encuentran las salinas que luego arrendó a Marcial Castelles, quien inició en forma precaria la extracción del mineral. La llegada del ferrocarril en 1909 a la estación Hidalgo, distante a aproximadamente 10 kilómetros de las salinas, permitió conectar por un medio rápido la producción. En 1916 la Compañía Introductora compró los campos a los sucesores de Jacinto Real, instalando una empresa que continuó con la explotación del recurso.
Malón
El malón o maloca (no confundir con el término usado por los portugueses ) fue una táctica militar ofensiva empleada por diversos pueblos indígenas de los actuales territorios de Argentina y Chile , que consistía en el ataque rápido y sorpresivo de una nutrida partida de guerreros a caballo contra un grupo enemigo, ya fueran otros pueblos o parcialidades indios o poblaciones, fortificaciones y estancias de los huincas , con el objetivo de matar adversarios y saquear para hacerse con ganado, provisiones y prisioneros, sobre todo mujeres jóvenes y niños.
Para similar actividad realizada por los españoles contra los indígenas durante la época colonial , se usa el término maloca .
La Dinastía Imperial de Calfucura:
La última resistencia aborigen en las pampas y el norte patagónico, donde varias culturas habían buscado refugio alejándose del huinca, era doblegada por sucesivas campañas “al desierto”. Hacia 1830 ese amplio territorio que iba del Neuquén al Tandil y de la Punta de San Luis a la desembocadura del río Negro se había “araucanizado” y, promediando el siglo xix, las huestes dirigidas por Calfucurá y su hijo Namuncurá, la dinastía de “Los Piedra” o Curá, había dado forma a una especie de Estado confederado de pueblos aborígenes, que reunía ranqueles, mapuches-araucas, vorogas y otros grupo menores diseminados por los llanos “argentinos”.
El don Juan Manuel de referencia sería Rosas, el Restaurador de las Leyes, gobernador de Buenos Aires para los tiempos en que Calfucurá cruzó la cordillera de los Andes y se instaló en Salinas Grandes (La Pampa-Buenos Aires) donde levantó su toldo principal. Pero Rosas no tenía autoridad ni mando para "llamar" a un cacique extranjero, y obligarlo a permanecer en nuestro país durante 39 años. En cambio sí es posible, como sostienen algunos historiadores, que Rosas haya favorecido la entrada de Calfucurá a la vasta llanura central de nuestro país, para unificar el frente indio. En adelante, sería más simple negociar con un emperador que discutir con mil caciques y capitanejos de raza y lengua diversas. Todas las acciones de Calfucurá sugieren una enorme ambición personal, de modo que su larga aventura en nuestro país mal puede describirse como un acto de obediencia a un gobernador extranjero que "lo mandó llamar".
El autor que narra esta historia con mayor detalle es Estanislao Zeballos ("Callvucurá y la dinastía de los Piedra", 1928, Buenos Aires) consignando que el cacique huiliche ("gente del sur" visita en 1833 a sus lejanos parientes de la parcialidad voroga, o vorogana, es decir originaria de Vorohué, Chile, instalada en Salinas Grandes, Argentina.
La colaboración de Rondeau en la campaña de Rosas al desierto del año 1833 para neutralizar a los ranqueles, entre otras agrupaciones, culminó finalmente en los acontecimientos conocidos como “las muertes de Masallé” (1834). Tras el enfrentamiento en unos médanos homónimos cercanos a las Salinas, Rondeau, Melín y otros caciques y capitanejos boroganos fueron eliminados. Calfucurá se proclamó General Juan Calfucurá-Salinas Grandes y fundó una poderosa dinastía (los Piedra) que se mantendría con vigor por varias décadas.
Desde Chillhué, la capital del cacicazgo de Salinas Grandes, Calfucurá fue extendiendo su poder hasta ejercer su autoridad sobre numerosos caciques y capitanejos, encabezando la Confederación de Salinas Grandes. Pese a su actitud inicial, al comenzar la década de 1840 estableció una relación de paz con Rosas comprometiéndose a actuar como una barrera de contención de los indígenas chilenos en el punto de convergencia de distintas rastrilladas provenientes de Chile, papel que antes desempeñaron las tribus boroganas.
El pasado 9 de setiembre se cumplieron 180 años de la matanza producida por las huestes indígenas de Calfucurá sobre la población de boroanos y otras tribus instaladas en Masallé, un lugar cercano a la laguna de Epecuén, al sudeste de la provincia de Buenos Aires.
Por el año 1835, la tribu vorogana vivía en su imperio, cuando llegaron emisarios anunciando la venida de más de 200 indios mercaderes. Los voroganos o boroanos, procedentes de Boroa en la costa del río Cautín en Chile, eran también mapuches.
El malón asolando la provincia de Buenos Aires
(Óleo: Antonio Della Valle)
El 4 de junio de 1873 un torrente humano se movilizaba por el desierto en lentas y silenciosas columnas. Caciques, capitanejos, hechiceros y guerreros convergían sobre Chiloé, al oeste de Salinas Grandes, respondiendo al llamado del consejo tribal.
En el toldo principal Calfucurá, emperador de las pampas, agonizaba. Junto a él su curandero recitaba monótonas plegarias y a su lado, algunas de sus esposas lloraban. Repentinamente el anciano cacique alzó la mano y su hijo, Namuncurá, que estaba a su lado, se inclinó sobre él intentando aproximar su oído al hilo de voz que emanaba de su boca. “No entregar Caruhé al huinca”, alcanzó a decir, “No entregar Caruhé al huinca” y expiró.
El desierto pareció temblar. El gran soberano que al frente de sus hordas había aterrorizado a las poblaciones cristianas por casi medio siglo, había muerto.
El señor de las pampas
Calfucurá fue un líder mapuche nacido en Llailma, territorio chileno, muy cerca de Pitrufquén. Hijo del cacique Huentecurá, uno de los tantos jefes indígenas que ayudaron a San Martín en su primer cruce de la cordillera (según algunas fuentes, combatió en Chacabuco), repasó las altas cumbres en 1830 para incorporarse como capitanejo, a las fuerzas de Toriano, jefe indio que entre 1832 y 1833, se alió a Juan Manuel de Rosas y combatió a los araucanos.
Muerto Toriano y caída la Federación, Calfucurá se independizó y conformó una poderosa confederación indígena que, al cabo de los años, se transformó en un verdadero imperio. Ese imperio se extendía desde la margen sur del río Salado, en la provincia de Buenos Aires, hasta la cordillera de Los Andes, abarcando gran parte de nuestro primer estado, la provincia de La Pampa, Río Negro, Neuquen y el sur de San Luis y Mendoza.
Señor indiscutido del desierto, Calfucurá masacró a los boroganos en Masallé (1834) y al cacique araucano Railef, cuando regresaba a Chile con 100.000 cabezas de ganado robadas a los huincas, es decir, al hombre blanco.
Un nuevo emperador sube al trono
Manuel Namuncurá
Manuel Namuncurá( Región de la Araucanía , Chile , 1 2 c. 1811 - San Ignacio, Provincia del Neuquén , Argentina , 31 de julio de 1908 ) fue un lonco originario de la nación mapuche , hijo del célebre caudillo Calfucurá . Homónimo del hermano mayor de su padre llamado Antonio Namuncurá .
Heredó en realidad el mandato total de la Confederación de las Salinas Grandes en junio de 1873 al morir su padre. La ascensión de Manuel Namuncurá a la jefatura de la tribu llalmache estuvo a punto de desencadenar una guerra civil. El legítimo sucesor de Calfucurá era su hijo mayor José Millaqueucurá (millá: oro; queu: parece, curá: piedra; piedra que es parecida al oro), calificado por el propio Estanislao Zeballos como un “pobre diablo”. Manuel debió competir también con su hermano Bernardo Namuncurá.
Parecía inevitable la guerra civil pero a último momento, el consejo de ancianos, fuertemente influenciado por la princesa Callaycantu Curá, hija del difunto emperador y hermana de los pretendientes al trono, declaró incapaz a Millaquecurá y confirmó a Namuncurá como sucesor.
Muerto el soberano, el cónclave indígena designó a su hijo, Namuncurá, que gobernaría el imperio hasta 1884. Sus malones, tan implacables como los de su padre, llevaron la muerte a Azul, Olavarría, 25 de Mayo, Pehuajó y otros puntos de la provincia, donde a su paso dejó un tendal de cadáveres, poblaciones incendiadas, campos arrasados y centenares de cautivos llevados a los toldos contra su voluntad.
Se dice que mientras tenía lugar el cónclave, otros dos príncipes hijos del cacique reclamaron el trono, Millaquecurá y Bernardo Namuncurá, pero finalmente se impuso el señalado, quien contaba con un cuarto hermano, Reumaycurá, que aguardaba en las afueras de Chiloé listo para avanzar al frente de 600 guerreros en caso de que su hermano lo necesitase.
Líder absoluto de su tribu desde 1873, enfrentó las campañas organizadas por el gobierno nacional, la última de ellas encabezada por el general Julio Argentino Roca. Se rindió de manera definitiva en 1884 e inició de inmediato negociaciones a fin de obtener tierras para su pueblo. De a poco se fue acercando a los salesianos que desarrollaban su labor evangélica en la Patagonia.
Para entonces, Carhué ya no era la capital del imperio porque había caído en manos del ejército argentino, junto a otras poblaciones como Puán, Guaminí, y las tolderías que se alzaban en Pigüé, Cochicó y Sierra de la Ventana. El nuevo epicentro del imperio era Chiloé, en el extremo occidental de las Salinas Grandes, el lugar donde había muerto el gran soberano de las pampas.
Pero su mandato era un imperativo “¡No entregar Carhué al huinca!” y había cumplirlo a cualquier costo. Era imperioso recuperar el valle sagrado en torno al lago Epecuén y volver a hacer de ese punto la capital del gran imperio.
Namuncurá también había nacido en la Araucania, al otro lado de los Andes, pero como su padre, odiaba a los mapuches tanto como a los hombres blancos de Chile y la Argentina.
Tras su “coronación”, todos los caciques le juraron obediencia y de ese modo, se lanzó decididamente al pillaje, devastando buena parte de la provincia de Buenos Aires, saqueando Tapalqué e incendiando Tres Arroyos, Alvear, Tandil y Azul, al frente de aquel vendaval de 4000 lanzas dispuestas a seguirlo hasta los confines de la Tierra.
En 1900, el padre Domingo Milanesio lo casó y Namuncurá reconoció entonces "una chorrera de hijos naturales", el mayor de 56 años de edad, el menor de apenas 3, llamado Ceferino. En esa ocasión, este diario comentó que a pesar de sus 89 años, "el buen indio" conservaba "sus ímpetus belicosos" y todavía podía quebrar "una nuez con los dientes".
"Tenía la fortaleza del roble y la longevidad del ombú", se dijo. No era entonces el temido guerrero ni el emperador de las Salinas Grandes. Apenas un agobiado coronel del Ejército argentino.
El ocaso de una nación
En un primer momento, el nuevo soberano intentó cumplir la voluntad de su padre llevando la guerra a territorio bonaerense para recuperar Carhué, pero el avance arrollador del hombre blanco, en especial, los ejércitos que Buenos Aires lanzó sobre el desierto para completar la conquista de tan vasto territorio, lo obligaron a entablar una lucha defensiva destinada a preservar el inmenso imperio.
Namuncurá fue testigo del desmoronamiento de su nación con el avance de las tropas del general Levalle y las rebeliones de varios de sus vasallos, dos de ellos Pincén y Catriel (1875).
Derrotado en Chilihué y Lihué Calle, abandonó los toldos de Chiloé y se refugió en la cordillera, donde vivió huyendo hasta 1884, cuando agotadas sus reservas y extenuados guerreros, se vio forzado a capitular.
El cacique Manuel Namuncurá, con uniforme de coronel, junto a sus hijos Julián (izquierda) y Ceferino (derecha) - 1905.
Nació en el año 1811, en territorio chileno. Aunque se consideraba argentino por cuanto decía haber nacido en la zona cordillerana del oeste neuquino, posiblemente en Pullmarí. Tercer hijo del cacique Juan Calfucurá, fundador de la dinastía de los Piedras (Curá), y de la india Juana Pithrén o Pitrilef. Recibió el nombre de Mamún Curá (Garrón de Piedra), como su tío Antonio Namuncurá.
Ceferino Namuncurá
El beato Ceferino Namuncurá Burgos ( Chimpay , 26 de agosto de 1886 - Roma , 11 de mayo de 1905 ) fue un joven salesiano argentino aspirante al sacerdocio, de orígenes mapuche y chileno . El apellido Namuncurá.
Fue uno de los siete hijos de Manuel Namuncurá , un célebre líder del pueblo mapuche que luchó en la batalla del 5 de mayo de 1883 contra las fuerzas del Ejército Argentino comandado por Julio Argentino Roca , y de la chilena Rosario Burgos. 1 Ceferino era nieto del caudillo mapuche Calfucurá .
Surge un santo de una estirpe feroz
Al momento de nacer Ceferino, su padre ya no era el señor de las pampas pero sí, coronel del Ejército argentino, con uniforme y pensión. Algunos años después, uno de sus hermanos, Juan Quintunas, egresaría del Colegio Militar con el grado de oficial de Infantería.
Para entonces, el Imperio de las Pampas no era más que un recuerdo, un capítulo sangriento en el pasado argentino, la triste memoria de una nación poderosa, reducida a vasallaje y aniquilamiento.
Pero se habría un nuevo capítulo en la historia de aquel pueblo.
Beato
Ceferino NamuncuráDesde pequeño, Ceferino dio señales de santidad. Cierto día se hallaba con su madre a orillas del río cuando, repentinamente, cayó al agua. La corriente, muy fuerte en ese momento, comenzó a arrastrarlo y alejarlo a gran velocidad ante la desesperación de doña Rosario. Sin embargo, cuando ya se lo daba por muerto, fue depositado mansamente en la costa, de donde su padre lo rescató.
Sabido es que de niño gustaba ayudar a su madre en las tareas de recopilar leña, en la preparación de los alimentos y en el cuidado de los animales. Lamentablemente, cuando su padre escogió a la que sería su única esposa, Ignacia Rañil, dejó a un lado a doña Rosario y a otras dos mujeres mayores con las que también tuvo hijos, motivando su alejamiento.
Mucho debe haber apenado al pequeño el que su madre se marchase hacia la tribu de Yanquetruz, catorce leguas más al norte. Él, siguiendo las costumbres de la tribu, se quedó con su padre, dedicándose al cuidado de las ovejas para las que armó, con sus propias manos, un improvisado corral.
Por entonces Namuncurá recibía una pensión del gobierno y casi todos los meses viajaba a Choele Choel para cobrarla. Al regresar distribuía el dinero entre su gente, entregando cinco pesos a los hombres y uno a las mujeres. Pero la situación –agravada por la demora en serle reconocida la propiedad de su tierra– le provocaba mucha aflicción. Si bien no hay indicios de que la tribu padeciese hambre, el sueldo del cacique y las pocas ovejas que criaban, no alcanzaban para nada.
Carhué, capital de un imperio
El lago y sus alrededores se volvieron un lugar sagrado para los indios, quienes llevaban a pastar allí sus cabalgaduras y su ganado y a darse baños terapéuticos ya que las salobres aguas de aquella réplica del Mar Muerto, tenían el poder de curar.
Varias naciones indígenas se establecieron en aquel punto fértil del país de Salinas Grandes, levantando sus toldos en torno al lago, desde el paraje conocido como Masallé, hasta donde hoy se halla la ciudad, construyendo toscos corrales para dedicarse al trueque de vacunos, equinos, productos de la caza, la pesca y la recolección, que eran sus actividades básicas de subsistencia, además del pillaje.
La llegada de Calfucurá en 1833, cambió todo.
El cacique concentró en su persona todo el poder, aniquiló a quienes no le rindieron obediencia y sojuzgó al resto, haciendo de Carhué la capital de su naciente imperio.
Desde allí gobernó con mano férrea a aquella suerte de confederación que había creado; desde ese punto condujo a sus guerreros para arrasar a las poblaciones blancas, arriar el ganado sustraído y castigar a las tribus díscolas; hasta allí debían dirigirse caciques y capitanejos sometidos, así como los emisarios del gobierno de Buenos Aires para parlamentar, y en ese lugar se realizaba el reparto del botín además de las ceremonias destinadas a honrar al gran dios Nguenechén, el ser supremo de la nación mapuche.
Veamos lo que dice al respecto el coronel Juan Carlos Walther en su libro La Conquista del Dsierto, Tomo II, editado en Buenos Aires por el Círculo Militar, año 1948 (p. 170):
En este lugar (por Carhué), más tarde se levantó el fuerte General Belgrano, con asiento del comando de la división Carhué o Sur.
Se esperaba que los indios opusieran una enérgica resistencia a la ocupación de esta zona, dada la privilegiada situación y por haber sido la residencia tradicional de las tribus de Calfucurá, pero no fue así; por el contrario, establecieron sus toldos escondidos en los montes al oeste de la nueva frontera, situándose en Chiloé (Namuncurá) y en Guachatré (Catriel).
El Dr. Adolfo Alsina, ex vicepresidente de la Nación, por entonces Ministro de Guerra, confirma tales palabras en su arenga del 23 de abril de 1876, a las divisiones Sud y Costa Sud del Ejército en operaciones, luego de ocupada la zona, así como las comarcas de Guaminí, Arroyo Venado y Cochicó.
Sin penurias, sin peligros y sin avistar un solo enemigo, habéis tomado posesión, el día de hoy de Carhué, baluarte de la barbarie.
Respecto a la importancia que tenía Carhué para los pueblos indígenas, alega más adelante el coronel Walther:
En cuanto a Namuncurá, a principios de 1877 slicitó la paz, prometiendo no robar ni dejar a otras tribus siempre que el gobierno le pasara subsistencias necesarias para vivir. Más que nada exigía la devolución de Carhué, alegando que a su propiedad no podía renunciar “sin quebrantar un mandato de Calfucurá moribundo.
Un linaje del desierto
En Chimpay, pequeño poblado situado seis leguas al oeste de Choele Choel, en pleno Alto Valle del Río Negro, Namuncurá levantó sus toldos y se estableció con lo que quedaba de su tribu. En ese lugar, suerte de reducción en la que el gobierno de Buenos Aires concentró a los restos de la otrora poderosa nación, vendría al mundo el sexto de su doce hijos, Ceferino, nacido el 26 de agosto de 1886, fruto de su relación con Rosario Burgos, una mestiza chilena secuestrada durante un malón sobre ese país.
La Dinastía de los Piedra. El cacique Namuncurá, de uniforme, con parta de su familia. La mujer mayor es
Canallaycantu Curá, su hermana y consejera. El muchacho sentado a sus pies, su hijo Juan Quintunas,
futuro oficial del Ejército Argentino
Que el niño pertenecía a un linaje real lo prueba su frondoso árbol genealógico. Hijo y nieto de emperadores, bisnieto de uno de los caciques que había ayudado a San Martín en su campaña a Chile y sobrino nieto de Antonio Namuncurá y el poderoso Renquecurá, señor de los pehuenches, que tuvo sus toldos en Picún Leufú y sus invernadas en Catán Lil, provincia de Neuquén (ambos hermanos de su abuelo), era a su vez, sobrino de una miríada de príncipes, consejeros y soberanos menores como los caciques, Melicurá, Cutricurá, Cayupán y Bernardo Namuncurá, célebre por salvar milagrosamente la vida del Padre Salvaire, artífice de la gran basílica de Luján; del primogénito, Millaquecurá, declarado incompetente por el consejo tribal y de Reumaycurá, suerte de comandante de la guardia pretoriana de su padre, el segundo emperador.
El recién nacido, que elevaría el prestigio de aquel linaje al alcanzar la gloria de los altares, tuvo por abuela a Juana Pitiley la favorita de Calfucurá y por tía a Canallaycantu Curá, consejera de estado de decisiva actuación durante el cónclave que confirmó a su hermano en el trono.
La Conquista del Desierto marcó el fin de las naciones aborígenes
Ilustraciones
de exterminio en la Patagonia, Tierra del Fuego, La Pampa, Chaco y Formosa. Por años se la intentó
ocultar. Arriba, cuatro instantáneas del álbum que Julio Popper, explorador rumano nacionalizado
argentino, obsequió al presidente Miguel Juárez Celman, tras su regreso a Buenos Aires. Se observan
cacerías humanas e indios selk'nam y onas masacrados en territorio fueguino (1886-1887).
matanzas en Tierra del Fuego
imagen, restos de indios asesinados en Rincón Bomba, provincia de
Formosa, durante el primer gobierno de Perón (octubre de 1947)