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Darnos permiso para permanecer en lo oscuro

Info7/6/2017
Darnos permiso para permanecer en lo oscuro



Darnos permiso para permanecer en lo oscuro

El lado luminoso de la vida no existiría sin su opuesto complementario: los momentos de oscuridad.


 
lado


lado oscuro

 
"Ya vas a ver que mañana vas a reírte de todo esto."
 Pero todavía es hoy, no me sirve saber de mañana.
 
"No hay mal que por bien no venga."
Pero hoy todo está mal.
“Pensá en positivo.”
Pero ni siquiera puedo adueñarme de mis pensamientos. Ellos me piensan a mí.
 
"Respirá profundo y relajate."
Pero hay momentos en que el aire ni siquiera entra en el cuerpo.
 
"Dios tiene para vos otra cosa."
Pero yo quería eso, no otra cosa.
 
En momentos difíciles escuchamos o expresamos frases como estas.
 
A veces la vida es así, hay noches oscuras del alma y días tediosos, quizá semanas. A veces todo se nubla, todo está mal y palabras que en otras ocasiones pudieron ser aliento, ya no lo son.
 

A veces los días se transforman en 24 horas sinsentido. En vacíos huérfanos. Desaparece la magia, se apaga la luz.
 

Esto puede ocurrirnos por hechos traumáticos como estímulo, o bien por crisis dentro de los ciclos vitales, sin motivos aparentes.
 

Lo cierto es que nuestra luz y, todo lo que tenga que ver con ella, no existiría si no fuera por su opuesto complementario: la oscuridad.
 
 
Sucede que esta oscuridad tiene mala prensa. Está "prohibido" integrar esas partes nuestras tan llenas de pura miseria. “Debemos ser” personas buenas, incapaces de sentir lo dañino, incapaces de hacer el mal. Sin embargo no, esto se contradice completamente con nuestra naturaleza. Somos capaces de todo, de todo. El punto primordial pasa por elegir o no elegir tal o cual acción. No hay personas que nacen capaces de hacer el bien y otras capaces de hacer el mal. Todos tenemos el potencial para comportarnos de todas las maneras posibles, simplemente hay quienes desarrollan uno u otro costado. Polarizando, desintegrando.
 
 
Con este "modelo" que pronto será obsoleto, ponemos un techo muy bajo a nuestra propia evolución, a nuestra expansión, al desarrollo de nuestras potencialidades.
 

Cuánto nos cuesta desnudarnos ante nosotros mismos. Poder vernos de cerca y reconocer las partes que amamos y las que odiamos. Cuanto nos cuesta ver de cerca los defectos más profundos. Las miserias más miserables. Ocultándonos de nosotros mismos, de los demás, cuando en realidad a todos nos pasa igual.
 

Que difícil se nos hace integrar ambas partes dentro de lo que reconocemos como un "yo". ¿Supondremos tal vez que el rechazo hacia alguna de ellas haga que desaparezcan?
 

Seguimos insistiendo en agradar, seguimos empujándonos hacia la luz; una luz que será de fantasía si se ausenta la oscuridad.
 
Una oscuridad que empantana y asusta porque no hemos aprendido a ver la totalidad, hemos de saber ver sólo lo parcial, lo que colectivamente se valida, y así inmersos en irrealidad.
 
Solemos salir corriendo desesperados a buscar respuestas, soluciones o anestesias. Pero todas inoperantes. De cuando en cuando sólo el tiempo y el encuentro con uno mismo son capaces de llenar con sabiduría el vacío.
 
Paciencia en la incomodidad. Paciencia en la angustia, en el dolor, en la incertidumbre. Darnos el permiso, que por el hecho de ser humanos nos corresponde, para permanecer en lo oscuro, en el lodo, permitirnos ignorar la trama de la vida. En definitiva, sólo lo pequeño crece. Así es que, sabernos pequeños es lo que nos habilita a más.
 

La vida en repetidas oportunidades nos da la chance del encuentro más excitante, más emocionante, más espeluznante: el encuentro con nosotros mismos, con nuestra realidad total. Con nuestras luces y sombras. Con lo fuerte y lo débil.
 

Poder vernos, reconocernos y abrazarnos, tiene la belleza propia de la no resistencia. De la espontaneidad, de la sinceridad como la del viento, la lluvia y las flores.
 

Asumamos el “coraje de Ser”, como dijo Carl Rogers, ser lo que somos, contemplar la forma en que vamos construyéndonos, lo que vamos siendo y lo que vamos haciendo. Eso es ser persona.
 



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