Cómo evitar el estrés de la vuelta al ruedo tras las vacaciones
Cuando los días de descanso se terminan, la mayoría de las personas sufre algún tipo de angustia o añoranza por el ocio perdido
Volver a casa o al trabajo después de las vacaciones puede traer más de un dolor de cabeza para los que experimentan esta situación. Luego de haber pasado un tiempo sin obligaciones, disfrutando de las vacaciones, todos suelen sufrir algún tipo de angustia o añoranza por el ocio perdido.
Para mitigar o evitar de la mejor manera posible el estrés posvacacional, especialistas recomiendan equilibrar en la agenda las horas de sueño, tener una alimentación balanceada, mantener tiempo de ocio y recreación, fijar períodos de tiempo dedicado al trabajo, estudio o demás obligaciones, y hacer ejercicio al menos tres veces a la semana. En la medida de lo posible, tomar períodos cortos de descanso durante el año.
Aseguran que "es necesario cambiar la visión negativa o catastrófica sobre los acontecimientos por suceder, reemplazando esa mirada por otra más realista y mesurada a la hora de evaluar la realidad. Y siempre recordar que no hay que intentar controlarlo todo; de hecho, es una tarea utópica".
"En el caso de no lograr manejar adecuadamente la situación de estrés, es aconsejable no perder tiempo y evitar que el cuadro avance, ya que puede resultar incapacitante para quien lo padece. Es aconsejable consultar a un experto en la materia, dado que con la terapia cognitivo conductual (tratamiento de elección), se hace posible obtener el alta en pocos meses", aconsejan los expertos, según un informe de Infobae.
Los trastornos de ansiedad son variados, pero en lo que al estrés posvacacional se refiere, dos de ellos son los que se destacan: por un lado está el trastorno de pánico, que consiste en padecer una crisis inesperada y repentina, que alcanza su máxima intensidad a los 10 minutos de haber comenzado, acompañada de algunos síntomas físicos como la taquicardia, temblores, sudoración, visión borrosa, mareos o sensación de inestabilidad, dificultades gastrointestinales, sensación de ahogo y de un intenso terror a morir, perder el control o volverse loco.
Cuando los días de descanso se terminan, la mayoría de las personas sufre algún tipo de angustia o añoranza por el ocio perdido
Volver a casa o al trabajo después de las vacaciones puede traer más de un dolor de cabeza para los que experimentan esta situación. Luego de haber pasado un tiempo sin obligaciones, disfrutando de las vacaciones, todos suelen sufrir algún tipo de angustia o añoranza por el ocio perdido.
Para mitigar o evitar de la mejor manera posible el estrés posvacacional, especialistas recomiendan equilibrar en la agenda las horas de sueño, tener una alimentación balanceada, mantener tiempo de ocio y recreación, fijar períodos de tiempo dedicado al trabajo, estudio o demás obligaciones, y hacer ejercicio al menos tres veces a la semana. En la medida de lo posible, tomar períodos cortos de descanso durante el año.
Aseguran que "es necesario cambiar la visión negativa o catastrófica sobre los acontecimientos por suceder, reemplazando esa mirada por otra más realista y mesurada a la hora de evaluar la realidad. Y siempre recordar que no hay que intentar controlarlo todo; de hecho, es una tarea utópica".
"En el caso de no lograr manejar adecuadamente la situación de estrés, es aconsejable no perder tiempo y evitar que el cuadro avance, ya que puede resultar incapacitante para quien lo padece. Es aconsejable consultar a un experto en la materia, dado que con la terapia cognitivo conductual (tratamiento de elección), se hace posible obtener el alta en pocos meses", aconsejan los expertos, según un informe de Infobae.
Los trastornos de ansiedad son variados, pero en lo que al estrés posvacacional se refiere, dos de ellos son los que se destacan: por un lado está el trastorno de pánico, que consiste en padecer una crisis inesperada y repentina, que alcanza su máxima intensidad a los 10 minutos de haber comenzado, acompañada de algunos síntomas físicos como la taquicardia, temblores, sudoración, visión borrosa, mareos o sensación de inestabilidad, dificultades gastrointestinales, sensación de ahogo y de un intenso terror a morir, perder el control o volverse loco.