San Valentín en el Pub
Otra noche más, como cada viernes, andaba arreglándome para ir a trabajar al pub. Los viernes por la noche son especiales, la gente siente libertad de poder salir a tomar una copa sin remordimientos por madrugar al día siguiente. La tensión de una larga semana de trabajo se evapora, aunque para mi no significara lo mismo…
Mientras era espectadora a la vez que servidora de la felicidad de la noche, yo estaba a la espera de la llegada de Jaime, mi compañero de barra. ¡Qué decir de Jaime…! Pues mi mente al pensar en él, conducía hacia el mismo fervor que una noche de viernes desenfrenada.
En el momento justo antes de despertar de mi mundo, entró Jaime, dejó el casco en la barra y vino efusivo hacia mi, – ¡Estela!, me han aceptado en el bufete de abogados, -¡¡Me han aceptado!!– Dijo.
No supe qué decir. No sé si fue demasiado largo ese silencio. Pude reaccionar a tiempo.
– ¡Enhorabuena Jaime! Me alegro muchísimo por ti, has conseguido lo que tanto tiempo llevabas esperando y te lo mereces. Pero, ¿y ahora?- Le dije, evitando por todos los medios escuchar las palabras que presagiaba.
– Pues ahora necesito centrarme en esta oportunidad y dejaré el pub. – Dijo.
Sentí rabia. Una profunda sensación de rabia al no haberle dicho jamás que sentía algo por él, y ahora, que el tiempo se me echaba encima, que la oportunidad se me escurría de entre los dedos, debía decirle en aquel momento lo que sentía. Y así lo hice.
– Jaime, debo decirte que para mi éstos meses de trabajo compartiendo risas, tristezas e ilusiones han sido mágicos, y no puedo dejar que te marches sin decirte que necesito que nuestra complicidad no acabe aquí.- Dije
Quería morirme. Sentía unas irremediables ganas de hacerme pequeña e invisible a la espera de su reacción. Jaime se quedó sin palabras, pero no tardó en reaccionar abalanzándose contra mi para darme el beso de película que siempre soñé. Me agarró de las manos y mirándome a los ojos me dijo:
– El viernes es sin duda mi día favorito de la semana, desde que te conocí y hasta el fin de mis días-.
VER SIGUIENTE HISTORIA DE AMOR
Otra noche más, como cada viernes, andaba arreglándome para ir a trabajar al pub. Los viernes por la noche son especiales, la gente siente libertad de poder salir a tomar una copa sin remordimientos por madrugar al día siguiente. La tensión de una larga semana de trabajo se evapora, aunque para mi no significara lo mismo…
Mientras era espectadora a la vez que servidora de la felicidad de la noche, yo estaba a la espera de la llegada de Jaime, mi compañero de barra. ¡Qué decir de Jaime…! Pues mi mente al pensar en él, conducía hacia el mismo fervor que una noche de viernes desenfrenada.
En el momento justo antes de despertar de mi mundo, entró Jaime, dejó el casco en la barra y vino efusivo hacia mi, – ¡Estela!, me han aceptado en el bufete de abogados, -¡¡Me han aceptado!!– Dijo.
No supe qué decir. No sé si fue demasiado largo ese silencio. Pude reaccionar a tiempo.
– ¡Enhorabuena Jaime! Me alegro muchísimo por ti, has conseguido lo que tanto tiempo llevabas esperando y te lo mereces. Pero, ¿y ahora?- Le dije, evitando por todos los medios escuchar las palabras que presagiaba.
– Pues ahora necesito centrarme en esta oportunidad y dejaré el pub. – Dijo.
Sentí rabia. Una profunda sensación de rabia al no haberle dicho jamás que sentía algo por él, y ahora, que el tiempo se me echaba encima, que la oportunidad se me escurría de entre los dedos, debía decirle en aquel momento lo que sentía. Y así lo hice.
– Jaime, debo decirte que para mi éstos meses de trabajo compartiendo risas, tristezas e ilusiones han sido mágicos, y no puedo dejar que te marches sin decirte que necesito que nuestra complicidad no acabe aquí.- Dije
Quería morirme. Sentía unas irremediables ganas de hacerme pequeña e invisible a la espera de su reacción. Jaime se quedó sin palabras, pero no tardó en reaccionar abalanzándose contra mi para darme el beso de película que siempre soñé. Me agarró de las manos y mirándome a los ojos me dijo:
– El viernes es sin duda mi día favorito de la semana, desde que te conocí y hasta el fin de mis días-.
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