Por Rubén Lasagno
No es una metáfora, ni es un insulto; es la definición objetiva de lo que fueron los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en la década pasada.
Etimológicamente “podrido” significa que está dominado por el vicio y la inmoralidad y no existe una sola acción desarrollada durante el kirchnerismo que no esté cruzada por la corrupción.
Todos los días nos enteramos de personajes anónimos, que pasaron de ser ratas a ser magnates y esa “clase ascendente” dentro de los gobiernos K (circunscripta a secretarios, funcionarios y amigos), tenían el sello y la marca que dejó en todos y cada uno de los testaferros, los valijeros, los pseudo-empresarios, los coimeros y los tránsfugas que se acercaban a Lupín o a Cristina y en poco tiempo ostentaban cuantiosas fortunas, que como todo piojo resucitado (vieja metáfora del que nunca tuvo nada y llegó a tener todo de golpe), se ponían en evidencia cuando mostraban la gran vida que nunca tuvieron y siempre soñaron, dejando al desnudo su linaje de apropiadores compulsivos de la riqueza nacional, de la mano inclaudicable de gobernantes truchos, jefes de la banda, ambiciosos de poder y de dinero, que no dudaron en utilizar todos y cada uno de las herramientas que les daba el poder, para robar en beneficio propio y de sus cómplices.
“Pudren todo lo que tocan”, fue la definición más acertada que escuché en el 2011 de un peronista, ferviente anti-kirchnerista, que según él, dejó de votar hace muchos años en Santa Cruz por esa razón. Me pareció exagerado en un principio, pero luego, repasando los hechos, coincidí que tenía razón.
No hay un solo hecho, resquicio, asunto, proyecto, iniciativa, emprendimiento o política desplegada por los padres de la criatura (léase Néstor y Cristina), que no tengan mal olor. Con buenas intenciones en la superficie de las propuestas, con valorables fines, a veces, con promisoria perspectiva de desarrollo y beneficios aparentes en otros, todas y cada una de las acciones, se iniciaron con objetivos nobles, para encubrir delitos.
Hace mucho tiempo que planteo un desafío a los kirchnerista que por allí me cruzo. Les pido que elijan un hecho, un programa, un proyecto desde el 2003 al 2015, cualquiera sea él y lo ponemos bajo la lupa de la investigación periodística. Recabamos datos, antecedentes y seguramente, sin temor a equivocarme, vamos a encontrar un desvío de los fines y la configuración de un delito de dádivas, coimas, sobrefacturaciones, utilización indebida de fondos, sobreprecios y una maraña de delitos que subyacen detrás de cada acción emprendida por el gobierno nacional de aquel entonces, algo que se replica inexorablemente en Santa Cruz, tal vez en menor medida, por ser también menor la magnitud de los recursos y posibilidades.
Fueron gobiernos podridos. Degradados desde arriba a la raíz; una mafia enquistada en el poder, de la cual hoy todavía quedan (increíblemente) señales vivas de su depredación feroz. El hecho que la ex presidenta Cristina Fernández sea senadora de un país al que destruyó junto con su marido, no habla mal de ella, habla mal de nosotros mismos, que estamos visiblemente enfermos como sociedad.
Que no esté presa aún, no habla mal de ella, enloda a la justicia con jueces corruptos, insalvables, miedosos, especuladores, camaleónicos, que acomodan sus fallos y sus acciones a los vaivenes del poder y de un gobierno nacional que especula con mantener viva la piedra en el zapato del peronismo, para salvar sus pilchas en las elecciones del 2009. Una vergüenza por donde se lo mire.
No podremos construir un modelo de sociedad nuevo, si no nos deshacemos definitivamente de la lacra política, pero hablo de que desaparezca, que se extinga de las boletas partidarias, sea erradicada de las urnas y purgue las condenas por sus delitos en la cárcel, como han empezado a caer muchos de sus alfiles. Lo que no quiero, es que se sustituya; es decir, no quiero que ellos sean repuestos por otros nuevos y en eso el gobierno de Macri tiene total responsabilidad y la ciudadanía la de castigarlo en las urnas si tal hecho ocurre.
La última gran pudrición de la década perdida, se va a destapar en la olla maloliente que nos espantará a todos, luego que pase el vendaval de incertidumbre y dolor por la búsqueda de los 44 argentinos que están en el ARA San Juan.
Ayer me animé a predecir algo que a medida que pasan las horas, se hace cada vez más notorio: la corrupción de estos gobiernos podridos, seguramente llegó al casco del submarino, como llegó a corroer a las fuerzas armadas en general, tras el golpe de gracia que le dio el kirchnerismo para finalizar la obra del menemismo, terminando de desmantelarlas, de aniquilarlas y dedicarla a encubrir negocios millonarios, además de usar su Inteligencia para las operaciones políticas ilegales que llevó a cabo con sus cómplices de turno (Bendini y Milani, entre ellos).
Pasado esta coyuntura, se va a desatar un tsunami de denuncias, aparecerán testimonios de todo tipo y saldrá a flor de piel lo que somos como país y la clase dirigente que tuvimos y tenemos, porque los actuales ya llevan 2 años en funciones y no podrán hacerse los distraídos por los coletazos de las consecuencias, en base a la responsabilidad que les cabe.
Estoy convencido de que una vez encontrado el submarino, en el país se comenzará a escribir otra historia con relación a las Fuerzas Armadas. Deberá el país replantearse si las quiere o no, sin son necesarias o desechables. En todo caso será una discusión política a dar en el marco institucional del gobierno y de la sociedad en su conjunto; pero algo va a cambiar, sin dudas y ninguno, ni los anteriores ni los actuales, podrán hacerse los desentendidos si no quieren quedar dentro de la olla con olor nauseabundo. (Agencia OPI Santa Cruz)
Mis otros post:
No es una metáfora, ni es un insulto; es la definición objetiva de lo que fueron los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández en la década pasada.
Etimológicamente “podrido” significa que está dominado por el vicio y la inmoralidad y no existe una sola acción desarrollada durante el kirchnerismo que no esté cruzada por la corrupción.
Todos los días nos enteramos de personajes anónimos, que pasaron de ser ratas a ser magnates y esa “clase ascendente” dentro de los gobiernos K (circunscripta a secretarios, funcionarios y amigos), tenían el sello y la marca que dejó en todos y cada uno de los testaferros, los valijeros, los pseudo-empresarios, los coimeros y los tránsfugas que se acercaban a Lupín o a Cristina y en poco tiempo ostentaban cuantiosas fortunas, que como todo piojo resucitado (vieja metáfora del que nunca tuvo nada y llegó a tener todo de golpe), se ponían en evidencia cuando mostraban la gran vida que nunca tuvieron y siempre soñaron, dejando al desnudo su linaje de apropiadores compulsivos de la riqueza nacional, de la mano inclaudicable de gobernantes truchos, jefes de la banda, ambiciosos de poder y de dinero, que no dudaron en utilizar todos y cada uno de las herramientas que les daba el poder, para robar en beneficio propio y de sus cómplices.
“Pudren todo lo que tocan”, fue la definición más acertada que escuché en el 2011 de un peronista, ferviente anti-kirchnerista, que según él, dejó de votar hace muchos años en Santa Cruz por esa razón. Me pareció exagerado en un principio, pero luego, repasando los hechos, coincidí que tenía razón.
No hay un solo hecho, resquicio, asunto, proyecto, iniciativa, emprendimiento o política desplegada por los padres de la criatura (léase Néstor y Cristina), que no tengan mal olor. Con buenas intenciones en la superficie de las propuestas, con valorables fines, a veces, con promisoria perspectiva de desarrollo y beneficios aparentes en otros, todas y cada una de las acciones, se iniciaron con objetivos nobles, para encubrir delitos.
Hace mucho tiempo que planteo un desafío a los kirchnerista que por allí me cruzo. Les pido que elijan un hecho, un programa, un proyecto desde el 2003 al 2015, cualquiera sea él y lo ponemos bajo la lupa de la investigación periodística. Recabamos datos, antecedentes y seguramente, sin temor a equivocarme, vamos a encontrar un desvío de los fines y la configuración de un delito de dádivas, coimas, sobrefacturaciones, utilización indebida de fondos, sobreprecios y una maraña de delitos que subyacen detrás de cada acción emprendida por el gobierno nacional de aquel entonces, algo que se replica inexorablemente en Santa Cruz, tal vez en menor medida, por ser también menor la magnitud de los recursos y posibilidades.
Fueron gobiernos podridos. Degradados desde arriba a la raíz; una mafia enquistada en el poder, de la cual hoy todavía quedan (increíblemente) señales vivas de su depredación feroz. El hecho que la ex presidenta Cristina Fernández sea senadora de un país al que destruyó junto con su marido, no habla mal de ella, habla mal de nosotros mismos, que estamos visiblemente enfermos como sociedad.
Que no esté presa aún, no habla mal de ella, enloda a la justicia con jueces corruptos, insalvables, miedosos, especuladores, camaleónicos, que acomodan sus fallos y sus acciones a los vaivenes del poder y de un gobierno nacional que especula con mantener viva la piedra en el zapato del peronismo, para salvar sus pilchas en las elecciones del 2009. Una vergüenza por donde se lo mire.
No podremos construir un modelo de sociedad nuevo, si no nos deshacemos definitivamente de la lacra política, pero hablo de que desaparezca, que se extinga de las boletas partidarias, sea erradicada de las urnas y purgue las condenas por sus delitos en la cárcel, como han empezado a caer muchos de sus alfiles. Lo que no quiero, es que se sustituya; es decir, no quiero que ellos sean repuestos por otros nuevos y en eso el gobierno de Macri tiene total responsabilidad y la ciudadanía la de castigarlo en las urnas si tal hecho ocurre.
La última gran pudrición de la década perdida, se va a destapar en la olla maloliente que nos espantará a todos, luego que pase el vendaval de incertidumbre y dolor por la búsqueda de los 44 argentinos que están en el ARA San Juan.
Ayer me animé a predecir algo que a medida que pasan las horas, se hace cada vez más notorio: la corrupción de estos gobiernos podridos, seguramente llegó al casco del submarino, como llegó a corroer a las fuerzas armadas en general, tras el golpe de gracia que le dio el kirchnerismo para finalizar la obra del menemismo, terminando de desmantelarlas, de aniquilarlas y dedicarla a encubrir negocios millonarios, además de usar su Inteligencia para las operaciones políticas ilegales que llevó a cabo con sus cómplices de turno (Bendini y Milani, entre ellos).
Pasado esta coyuntura, se va a desatar un tsunami de denuncias, aparecerán testimonios de todo tipo y saldrá a flor de piel lo que somos como país y la clase dirigente que tuvimos y tenemos, porque los actuales ya llevan 2 años en funciones y no podrán hacerse los distraídos por los coletazos de las consecuencias, en base a la responsabilidad que les cabe.
Estoy convencido de que una vez encontrado el submarino, en el país se comenzará a escribir otra historia con relación a las Fuerzas Armadas. Deberá el país replantearse si las quiere o no, sin son necesarias o desechables. En todo caso será una discusión política a dar en el marco institucional del gobierno y de la sociedad en su conjunto; pero algo va a cambiar, sin dudas y ninguno, ni los anteriores ni los actuales, podrán hacerse los desentendidos si no quieren quedar dentro de la olla con olor nauseabundo. (Agencia OPI Santa Cruz)
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