Cada país tiene sus propias curiosidades, y si en Japón existen por ejemplo, los no-pan kissa que se traducen como “cafés sin calzones”, en donde los espejos que recubren el piso y las meseras muestran todo, en Santiago de
Chile
, existen los cafés con piernas, que son establecimientos, en donde atractivas meseras suelen vestir un uniforme que consiste en minifaldas o vestidos ajustados, sirven a los clientes en una barra alta y estrecha, que se encuentra a un nivel más alto. Las paredes están tapizadas por espejos permitiendo una visión de sus piernas.
Los clientes más habituales son oficinistas, funcionarios y burócratas, quienes en ocasiones llegan a entablar una relación cercana con alguna mesera, a quienes visitan con frecuencia, por la compañía y buen trato que les ofrecen. Generalmente acuden a estos cafés solo para sentirse a gusto con ellas.
Se acostumbra que ellas se despidan de ellos besándolos en las mejillas, un acto que es muy común entre amigos.
Los cafés no están especializados en servicios sexuales, sin embargo algunos han servido como un vehículo de la prostitución, por lo que algunos han sido cerrados por las autoridades.
Existen lugares en donde los vidrios son polarizados y se han sustituido las minifaldas por ropa interior, sin caer en las prácticas sexuales.
Debido al fenómeno de emigración actual, la mayoría de las meseras son venezolanas o colombianas, cosa que para muchos clientes resulta sumamente atrayente.
Algunas meseras pueden llegar a ganar hasta $2.000 dólares al mes, gracias a las propinas de sus clientes habituales.
Marcela Hurtado, arquitecta y profesora en la Universidad Austral de Chile , denomina estos establecimientos como “una liberalización de las costumbres, que conviven con una moral y una legislación del siglo 19”
Ella agregó que en Chile , a diferencia de otros países como Colombia y Venezuela, el cuerpo está relacionado a la intimidad, en los café con piernas chilenos el cuerpo se vuelve público, lo que los convierte en espacios de transición.
Los clientes más habituales son oficinistas, funcionarios y burócratas, quienes en ocasiones llegan a entablar una relación cercana con alguna mesera, a quienes visitan con frecuencia, por la compañía y buen trato que les ofrecen. Generalmente acuden a estos cafés solo para sentirse a gusto con ellas.
Se acostumbra que ellas se despidan de ellos besándolos en las mejillas, un acto que es muy común entre amigos.
Los cafés no están especializados en servicios sexuales, sin embargo algunos han servido como un vehículo de la prostitución, por lo que algunos han sido cerrados por las autoridades.
Existen lugares en donde los vidrios son polarizados y se han sustituido las minifaldas por ropa interior, sin caer en las prácticas sexuales.
Debido al fenómeno de emigración actual, la mayoría de las meseras son venezolanas o colombianas, cosa que para muchos clientes resulta sumamente atrayente.
Algunas meseras pueden llegar a ganar hasta $2.000 dólares al mes, gracias a las propinas de sus clientes habituales.
Marcela Hurtado, arquitecta y profesora en la Universidad Austral de Chile , denomina estos establecimientos como “una liberalización de las costumbres, que conviven con una moral y una legislación del siglo 19”
Ella agregó que en Chile , a diferencia de otros países como Colombia y Venezuela, el cuerpo está relacionado a la intimidad, en los café con piernas chilenos el cuerpo se vuelve público, lo que los convierte en espacios de transición.