Los primeros laburos son muy significantes para la construcción de identidades laborales. Suelen estar cargadas emocionalmente, ya que implican cambios sustanciales en la vida de las personas: horarios, rutinas, nuevos vínculos, responsabilidades. Pero que sean las primeras, no quiere decir que no están exentas de la violencia que se da en los ámbitos de trabajo. Y lo peor de todo, que con el paso del tiempo, la violencia solapada en lo que comúnmente se denomina “derecho de piso” se naturalizó de tal manera, que los trabajadores y trabajadoras esperan transitarlo porque “es lo normal”.
Siempre es bueno hacer una deconstrucción de las cosas que en nuestra sociedad están naturalizadas
. Porque por ejemplo si nos ponemos a pensar en el derecho de piso, este implica una relación desigual de poder, de una persona, ya sea el empleador o un compañero, hacia otra que por el hecho de ingresar a un puesto laboral, tiene que transitar diferentes obstáculos y hacer tareas que para otros se conforman como no gratas.
Entonces, ¿el derecho de piso es una forma de violencia laboral? ¡SÍ! Si consideramos que la violencia laboral engloba la violencia física, psicológica y el abuso sexual, las conductas originadas del pago del derecho de piso, podrían estar enmarcadas en esta categoría!!!
Además la gravedad también reside en que este conjunto de conductas hostiles puede ser la causa de situaciones de violencias sostenidas en el tiempo, como el mobbing o lo que se traduce como “acoso psicológico en el trabajo”.
Si hablamos de sus consecuencias, la cosa se pone peor aún!
A nivel físico pueden surgir problemas estomacales, dolores de cabeza persistentes, enfermedades psicosomáticas, patologías musculoesqueléticas; a nivel psíquico, son recurrentes los trastornos en el sueño, la angustia, los ataques de pánico, problemas en las relaciones sexuales, entre otros; y a tu entorno también llega a afectarlo, ya sea porque descargás el enojo contra ellos por temor a decirlo en el trabajo y perderlo o porque no podés hablar y eso provoca mucha incertidumbre en quienes te quieren ayudar.
Por eso, el derecho de piso tiene que dejar de existir, no es normal, no forma parte de ninguna estructura laboral. Como trabajadores, fomentemos la construcción de vínculos igualitarios, haciendo respetar las condiciones laborales de todos.
Para más información chateá anónimamente con profesionales en: www.hablemosdetodo.gob.ar
Siempre es bueno hacer una deconstrucción de las cosas que en nuestra sociedad están naturalizadas

. Porque por ejemplo si nos ponemos a pensar en el derecho de piso, este implica una relación desigual de poder, de una persona, ya sea el empleador o un compañero, hacia otra que por el hecho de ingresar a un puesto laboral, tiene que transitar diferentes obstáculos y hacer tareas que para otros se conforman como no gratas.
Entonces, ¿el derecho de piso es una forma de violencia laboral? ¡SÍ! Si consideramos que la violencia laboral engloba la violencia física, psicológica y el abuso sexual, las conductas originadas del pago del derecho de piso, podrían estar enmarcadas en esta categoría!!!
Además la gravedad también reside en que este conjunto de conductas hostiles puede ser la causa de situaciones de violencias sostenidas en el tiempo, como el mobbing o lo que se traduce como “acoso psicológico en el trabajo”.
Si hablamos de sus consecuencias, la cosa se pone peor aún!
A nivel físico pueden surgir problemas estomacales, dolores de cabeza persistentes, enfermedades psicosomáticas, patologías musculoesqueléticas; a nivel psíquico, son recurrentes los trastornos en el sueño, la angustia, los ataques de pánico, problemas en las relaciones sexuales, entre otros; y a tu entorno también llega a afectarlo, ya sea porque descargás el enojo contra ellos por temor a decirlo en el trabajo y perderlo o porque no podés hablar y eso provoca mucha incertidumbre en quienes te quieren ayudar.
Por eso, el derecho de piso tiene que dejar de existir, no es normal, no forma parte de ninguna estructura laboral. Como trabajadores, fomentemos la construcción de vínculos igualitarios, haciendo respetar las condiciones laborales de todos.
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