Rodeados, desangrandose y perdiendo cientos de hombres cada dia, el Ejercito rojo continuaba, ante la atonita mirada del mundo entero, resistiendo ante toda la furia y fuerza del Tercer Reich de Adolfo Hitler.
Nunca el mundo habia presenciado tal ferocidad, tal asedio y tanta gallardía junta, el Ejercito Rojo no estaba muerto y combatiria por lo que ya no era la Madre Patria, sino por su propia existencia.
Nunca el mundo habia presenciado tal ferocidad, tal asedio y tanta gallardía junta, el Ejercito Rojo no estaba muerto y combatiria por lo que ya no era la Madre Patria, sino por su propia existencia.
Hitler subestimó, el Gigante Rojo despierta.
19 de Noviembre de 1942, 7:20 Hrs-. Inesperadamente, un toque ensordecedor de trompetas desde el lado soviético extendió un eco por todo el sector rumano, incluso escuchándose también en Stalingrado y otras localidades próximas. Pocos segundos después del toque de trompeta, más de 1.500 cañones, lanzacohetes Katyushas y morteros de gran calibre iniciaron un masivo bombardeo de plomo y acero contra el perímetro del III Ejército Rumano. La primera tanda de proyectiles destruyó casi por completo la prímera línea enterrando a los rumanos bajo la tierra y la segunda produjo daños de menor intensidad al caer más atrás. Finalizado el bombardeo, los soviéticos atacaron en varias oleadas la zona defendida por la 13ª División de Infantería Rumana, la cual presentó una encarnizada resistencia y pudo rechazar a los rusos causándoles numerosas bajas. Pero el Ejército Rojo al ver que la infantería no servía para cargar contra el enemigo frontalmente, envió en esta ocasión otra nueva oleada de soldados acompañados por tanques T-34. Milagrosamente los rumanos volvieron a aguantar la embestida y rechazaron a los soviéticos, perdiendo la vida muchos de estos y resultando decenas de sus tanques destruidos. No obstante las reservas soviéticas eran interminables y a partir de ese punto ya no pudieron resistir las siguientes tandas de oleadas. La primera brecha en el III Ejército Rumano se abrió cuando el III Cuerpo de Guardias de Caballería junto al IV Cuerpo Blindado, ambos integrados en el XXI Ejército Soviético, penetraron las posiciones enemigas aplastando a los rumanos, al mismo tiempo que cosacos a caballo se infiltraban por la grieta del dispositivo. Mientras tanto, a 50 kilómetros al oeste, el Ejército Rojo perforó las trincheras del IV Cuerpo Rumano y puso a sus divisiones en retirada. Por si fuera poco los soviéticos contaron con un aliado inesperado, la niebla, ya que al ser muy densa en su sector les protegía de los artilleros enemigos, todo lo contrario respecto al lado rumano donde se había disipado a media mañana, lo que facilitó enormemente a los II, XVI y XVII Ejércitos del Aire para lanzar sus bombas sin ser molestados.
Lanzamisiles Katyusha "Los organos de Stalin".
Sorprendentemente el VI Ejécito Alemán, que continuaba desangrándose en Stalingrado, no sé enteró de lo que estaba ocurriendo en los flancos rumanos hasta las 9:45 horas de la mañana. Hitler tranquilizó a los mandos asegurando que los rusos estaban en las últimas y que el ataque cesaría pronto, algo que no convenció a Von Paulus ni al resto de asediantes una vez avanzada la mañana al evaluar que la situación podía ser más peligrosa de lo que pensaban. Justo en aquel instante el IV Cuerpo Blindado Soviético superó a la 13ª División de Infantería Rumana y avanzó 10 kilómetros hacia el oeste hasta llegar a Gromki; al mismo tiempo que la 1ª División Blindada Rumana se vio obligada a batirse en retirada en cuanto los rusos atacaron una base cercana que cortó las comunicaciones rumano-alemanas. Por la tarde, al fin los alemanes se pusieron en marcha para ayudar a los rumanos enviando a unos pocos efectivos que se interpusieron frente al V Ejército Blindado Sovético y al I Cuerpo Blindado, donde se produjo una batalla de tanques entre la niebla de complicada visibilidad para los dos bandos. Al caer la noche, gran parte del III Ejército Rumano había abandonado los puestos de comandancia evacuando en camiones todo el material y personal disponible. Sorprendentemente los alemanes, mucho más optimistas en Stalingrado, daban la impresión de no haber comprendido la gravedad de la situación.
Al día siguiente, 20 de Noviembre, fue el turno de ataque de los LXIV y LVII Ejércitos Soviéticos utilizando como punta de lanza al IV Cuerpo de Caballería, IV Cuerpo Mecanizado y el XIII Cuerpo Mecanizado, apoyados por el fuego de Katyushas y piezas artillería en la zona de Beketovka al sur de Stalingrado contra el IV Ejército Rumano. Al igual que el día anterior, los rumanos volvieron a resistir ferozmente acabando con centenares de rusos y varios blindados, aunque otra vez al inferiores en número, fueron finalmente arrollados y rebasados. La única unidad que tuvo más suerte aquella jornada fue la 29ª División de Infantería Rumana del general Hans-Georg Leyser que contraatacó sobre los soviéticos 16 kilómetros al sur de Beketova consiguiendo detener la ofensiva enemiga en dicho sector y provocando una gran cantidad de bajas a los rusos. También la 14ª División Panzer que había acudido en ayuda de los rumanos destruyó a un regimiento soviético al completo del III Cuerpo de Guardias de Caballería aniquilando a 35 tanques. Sin embargo a pesar de algunos éxitos tácticos, ya no se podía contener la gran ofensiva rusa. A la caída de la tarde la 1ª División Blindada Rumana fue puesta en retirada y el V Cuerpo Rumano quedó embolsado dentro del avance ruso, el cual presentaría una fanática y heroica resistencia dirigida magistralmente por el general Mikhail Lascar que se prolongaría durante días y causaría infinidad de bajas a los soviéticos hasta su total aniquilación.
Friedrich Von Paulus.
Friedrich Von Paulus por fin cayó en la cuenta el 21 de Noviembre de que el objetivo del Ejército Rojo era cercar Stalingrado mediante una ofensiva en dos alas por el norte y sur de los III y IV Ejércitos Rumanos. Las primeras medidas que se tomaron fueron evacuar el cuartel general del VI Ejército Alemán en el cruce de ferrocarril de Gumark y después sacar a todos los comandantes a la ciudad. Pero ya era demasiado tarde porque al finalizar el día se produjo el derrumbe rumano en todos los frentes alrededor de Stalingrado y los soviéticos se colaron por todas las brechas avanzando como rayos. A medianoche las vanguardias soviéticas alcanzaron el Puente de Kalach en Ostrov, donde los alemanes destruyeron a varios tanques rusos del V Ejército Blindado que intentaron cruzarlo sin éxito. Sin embargo a las 6:15 de la madrugrada del 22 de Noviembre sucedió algo asombroso cuando centinelas alemanes divisaron a varios semiorugas Hanomag de su propio bando que para su sorpresa al acercarse comenzaron a dispararles y a salir soldados soviéticos de su interior. Haciéndose pasar aquellos rusos por soldados de la Wehrmacht, terminaron por tomar con relativa facilidad el Puente de Kalach y hacer prisionera a toda la guarnición.
La Reichsadler cae en la trampa.
A punto de amanecer el 21 de Noviembre de 1942, las dos ofensivas soviéticas al norte y al sur de los ejércitos rumanos en Stalingrado por fin se encontraron en Sovietski. Los hombres del V Ejército Blindado con los del LVII Ejército se abrazaron y vitorearon en la nieve, inmortalizando el momento del triunfo de la operación. El cerco se había completado y el VI Ejército Alemán estaba embolsado.
Encuentro feliz de los hombres del V Ejército Blindado Soviético con el LVII Ejército en Sovietski.
Amanecida aquella mañana del 21 de Noviembre, Von Paulus sin saber todavía que había sido cercado por el Ejército Rojo envió a la 16ª Division Panzer para intentar resolver la situación, aunque resultó emboscada en Suchanov, viéndose obligada a dar marcha atrás debido a la carencia de combustible. Un intento similar hizo la 44ª División de Infantería Austriaca con el mismo resultado fallido. A pesar de todo, el cerco soviético todavía era muy débil y los rusos necesitaban reforzarlo lo más pronto posible antes de que los alemanes y rumanos pudiesen romperlo en algún sector. Precisamente tan frágil era el anillo ruso en las primeras horas que fue atravesado por varios grupos germano-rumanos que escaparon de la bolsa, o bien, erróneamente entraron en ella como fue el caso de una columna de soldados italianos que habían ido a buscar suministros dentro de la ciudad. Cuando a media mañana las tropas del Eje comprobaron que el cerco era ya un hecho, rápidamente cundió el pánico en filas rumanas y alemanas, que intentando alcanzar el oeste, abandonaron a los heridos todavía con los vendajes puestos y se pisaron unos a otros intentando cruzar los caminos y puentes, llegando algunos incluso a caer al interior del Río Don después de que el hielo se fracturase bajo sus pies. Mientras tanto en lado ruso las desgracias tampoco fueron ajenas, como por ejemplo ocurrió con los saqueos de los campamentos enemigos. En una ocasión un total de 150 tropas soviéticas perdieron la vida después de consumieran comida intoxicada que los rumanos habían abandonado durante la retirada. También otros 3 soldados rusos fallecieron por la misma causa tras comer los alimentos de un tren alemán capturado.
Desconcertado por la ofensiva, Paulus pensó que la mejor forma de salir de escapar de la trampa era intentar atravesar el cerco por la fuerza, motivo que le llevó a solicitar suministros a la Luftwaffe el 24 de Noviembre aprovechando que la bolsa rusa era todavía débil. Casi inmediatamente aviones transportes Junkers Ju 52 llevaron provisiones a las fuerzas germano-rumanas, aunque nada más volar sobre Stalingrado tuvieron la mala suerte ser emboscados por la aviación soviética, resultando al 22 aparatos alemanes derribados. Al día siguiente, el 25 de Noviembre, sucedió una tragedia aérea similar después de que otros 9 Junkers Ju 52 fueran abatidos.
Hitler convocó una reunión de urgencia a raíz de los sucesos de Stalingrado, durante la cual prohibió cualquier tipo de retirada “provisional” en el cerco. Ningún general estuvo de acuerdo con la decisión, pero fueron callados por el Führer alegando que él tenía controlada la situación. El único que se atrevió a levantarle la voz fue el Conducator rumano Antonescu, quién se enfadó con el lider alemán tras echarle en cara que sus compatriotas rumanos también estaban allí, por lo que él no tenía el derecho exclusivo de decidir el destino de aquellas tropas que no fueran alemanas. No obstante el carácter político oratorio del Führer convenció finalmente al líder rumano de que esperar era la mejor opción, cosa que el Conducator con ciertas dudas acabó aceptando. Sin embargo quién se llevó la peor reprimenda de la reunión fue Von Paulus tras solicitar abandonar Stalingrado y escapar del cerco, lo más sensato en aquel momento. Sin embargo Hitler le sentó tan mal la idea que decidió humillar a Paulus enviando a Stalingrado a un general más fiel, Walther Von Seydlitz, para compartir conjuntamente el mando del VI Ejército Alemán. Simultáneamente el Führer también designó responsable a Erich Von Manstein como comandante del Grupo de Ejércitos B, cuyas divisiones permanecían fuera del anillo soviético y que serían las encargadas de romperlo desde fuera. Pero lo cierto era que tales modificaciones no quitaban gran parte de la culpablidad a Hitler en el desastre, ya que para tomar Stalingrado había colocado a sus Panzer en contra de la opinión de todos los expertos en un ángulo de 90º conocido como “ángulo muerto, impidiéndoles presentar batallas de movimiento lo que facilitó a los rusos su destrucción. Aquella fatal decisión la pagarían muy caro los hombres del VI Ejército.
Operación Tormenta de Invierno.
Con la llegada de Diciembre los alemanes y rumanos atrapados en la bolsa de Stalingrado, bautizada por la Wehrmacht como “Kessel”, se habían mantenido inalterados respecto a los rusos. No obstante pronto descubrieron un nuevo enemigo, en este caso las condiciones escasamente salubres como las heladas, los piojos, la disentería y la carencia de alimentos. Por lo menos la moral era muy alta al mantener todos la esperanza de que un contraataque pronto les liberaría. Mientras tanto la Luftwaffe les fue enviando suministros por aire con 44 transportes diarios que traían 350 toneladas de suministros, ración insuficiente para completar las 750 necesarias (40 de estas sólo en pan). Los Junkers Ju 52 despegaban de Tazinskai y Morozovsk para aterrizar con víveres en los dos únicos aeropuertos dentro de la bolsa situados en Gumrak y Pitomnik, desde los cuales a la vuelta evacuaban a cientos de heridos y a las enfermeras alemanas y croatas a las que se otorgó prioridad por su condición de mujer. Pero el puente aéreo no fue tan efectivo como esperaba la Luftwaffe, ya que en cuestión de pocos días los grandes esfuerzos sólo consiguieron aumentar las 350 toneladas iniciales a las 500 toneladas de las 750 requeridas.
“Operación Tormenta de Invierno” fue la denominación que la ehrmacht otorgó al plan para salvar al VI Ejército ese mismo Diciembre. La misión consistiría en un ataque del IV Ejército Panzer (Panzerarmee) del general Hermann Hoth, que acompañado por algunas fuerzas rumanas, desarrollaría una ofensiva por dos flancos para romper el anillo de ejércitos soviéticos que asediaban Stalingrado. Erich Von Manstein y Herman Hoth fueron los encargados tácticos de la acción en dos fuerzas: un ala avanzaría desde Kotielnikovo al oeste del Río Don a una distancia de 160 kilómetros del VI Ejército y la otra ala desde Chir a unos kilómetros más al este. Como punta de lanza la ofensiva la 6ª División Panzer, recién transferida desde Francia para la ocasión, iría en cabeza.
El IV Panzerarmee del general Hermann Hoth durante la “Operación Tormenta de Invierno”.
Antes de que los alemanes iniciaran su contraofensiva, los soviéticos se adelantaron a ellos probando cerrar la bolsa. No obstante apenas avanzaron unos pocos metros antes de ser repelidos, ya que por aquel entonces desconocían cuál era la situación exacta de VI Ejército Alemán en su interior. Equivocadamente los rusos pensaban que habían dejado embolsados a unos 86.000 soldados del Eje, pero lo cierto era que la cifra real ascendía a los 290.000, un número muy alto que dejaba a los soviéticos en inferioridad para subyugar a tantos defensores. Por si fuera poco Zukhov había tenido que debilitar el asedio todavía mucho más al verse obligado a enviar desde la reserva nuevas fuerzas para cubrir el Frente del Don cubierto por italianos y húngaros, entre estas el II Ejército de Guardias del general Rodion Malinovsky.
Oficialmente la “Operación Tormenta” de Invierno se inició el 12 de Diciembre con un fuerte bombardeo de la artillería contra las líneas rusas en Kotielnikovo, seguido por ataques aéreos de la Luftwaffe e incursiones de los zapadores e ingenieros. Desde Stalingrado los cercados del VI Ejército escucharon el tronar de sus cañones a lo lejos con esperanza cuando el IV Panzerarmee comenzó el ataque que en un primer momento aplastó a los soviéticos del II Ejército de la Guardia. La 6ª División Panzer con la 23ª División Panzer y el apoyo de dos divisiones rumanas realizaron un veloz avance a lo largo de un frente de 100 kilómetros entre Tsimila y Kotelnikovski. Aquí entraron en combate los nuevos tanques Tiger que despejaron el camino a la 6ª División Panzer a la hora de cruzar el Río Axai y alcanzar Verjne-Kumski el 13 de Diciembre. Simultáneamente la 17ª División Panzer con apoyo de la IV Flota Aérea Alemana alcanzó el Río Mishkova y para el 15 de Diciembre la 6ª División Panzer ya tan sólo se situó a 65 kilómetros de Stalingrado. Los hombres del VI Ejército, ya viendo próximo al IV Panzerarmee, decidieron que era hora de prepararse para unirse a la lucha desde la retaguardia y atacar a los rusos por la espalda. Sin embargo, un hecho aislado en el Frente Sudoccidental modificaría otra vez la situación para desgracia de Eje.
Operación Saturno
Italia, una de las potencias entre los varios países que participaban en la Batalla de Stalingrado, era el que tenía un despliegue más débil y peligroso de cara al enemigo. Guardando un frente de 300 kilómetros, había un soldado italiano cada 7 metros. Para soportar el invierno, el 90% de las tropas estaban abrigadas con imitaciones de lana o ropas civiles enviadas por familiares y colectas en Italia, lo mismo que el alimento que traían desde tan lejos como pan, harina, castañas o higos secos. Tanto el hambre como el frío habían hecho mella en los hombres, surgiendo dentro del VIII Ejército Italiano un disputado mercado negro “estraperlo”. No obstante, salvo por estos inconvenientes, la moral italiana era buena, ya que las tropas al fin y al cabo vivían cómodamente en las cabañas rusas o las isbas de la estepa que protegían muy bien del frío. De hecho las tropas italianas mantenían estrechas relaciones con la población local rusa del campo, especialmente los soldados de origen campesino procedentesde Sicilia o Piamonte. Entre los intercambios que se hacían estaban los regalos de galletas o panes unos a otros, e incluso en ocasiones los piamonteses y sicilianos junto con los civiles rusos exclamaban en conversaciones: “Mussolini kaputt” y “Stalin kapput”, en rechazo a ambos líderes nacionales.
Cuando de nuevo todo parecía ir bien para los alemanes en el Frente del Don, a punto ya de liberar a sus camaradas del VI Ejército en el cerco de Stalingrado, los soviéticos inesperadamente lanzaron una ofensiva llamada “Operación Saturno” contra el sector del VIII Ejército Italiano. El 16 Diciembre de 1942, el I Ejército de Guardias, el V Ejército Blindado y el XXI Ejército Soviético atacaron al solitario VIII Ejército Italiano en el Frente Sudoccidental de Stalingrado. La 13ª División de Infantería “Ravenna” y 5ª División de Infantería “Cosseria” de los italianos fueron las primeras en enfrentarse a la embestida soviética de primera línea, resultando ambas arrolladas a pesar de haber opuesto resistencia con determinación. Al día siguiente, el 17 de Diciembre, los tres ejércitos soviéticos avanzaron tan rápido que pasaron por encima de las Divisiones “Pasuvio”, “Torino”, “Celere Amadeo Duque de Aosta”, “Sforzesca” y la 298ª División Italo-Alemana, quedando todas fuera de combate con grandes pérdidas entre sus filas. Apenas pudieron hacer nada los débiles blindados italianos contra los T-34 soviéticos, resultando 28 de sus tanquetas destruidas durante el enfrentamiento. Dos días después, el 19, los soviéticos expulsaron a los italianos de Kantemirovka y dejaron a todo el Cuerpo Alpino embolsado en un cerco parecido al del VI Ejército Alemán. Pero el mayor desastre no tuvo lugar hasta el 21 de Diciembre, cuando, las dos alas del Ejército Rojo se unieron en Millerovo y Diogtevo, cerrando de esa manera una nueva bolsa en Stalingrado, esta vez con el VIII Ejército Italiano en el interior y más de 100.000 tropas italianas de las Divisiones “Ravenna”, “Celere” y “Sforzesca”.
Soldados italianos “Bersaglieri” intentan escapar del embolsamiento del Ejército Rojo al VIII Ejército Italiano durante la Operación Saturno.
Con el cerco al VIII Eército Italiano y roto el Frente Sudoccidental, todas las fuerzas en ayuda de Stalingrado y el Cáucaso quedaron expuestas y amenazadas, además de haberse echado por tierra cualquier intento de liberar la ciudad del Volga. No obstante Hitler decidió seguir adelante con el IV Panzerarmee de Hoth que en aquel momento avanzaba bajo una fuerte ventisca y una encarnizada oposición de los ejércitos soviéticos. Mientras tanto los transportes a Stalingrado seguían abasteciendo la urbe diariamente con el envío de 289 toneladas de suministros el 21, aunque poco a poco se fueron redujendo. Pero las cosas todavía se pusieron peor cuando el IV Panzerarmee sufrió una inesperada derrota sobre el Río Mishkova después de que murieran 1.100 alemanes de la 6ª División Panzer que luchaban por abrirse paso hacia la ciudad sitiada. Aquel fue el máximo avance de la ofensiva alemana que debía alcanzar Stalingrado antes de que se frenase definitivamente en Verkhene-Kumskaia. Por aquel entonces los sovieticos ya habían preparado la segunda parte de la “Operación Saturno” encaminada a rechazar al IV Panzerarmme de Hoth en el Río Mishkova mediante un ataque frontal del II Ejército de Guardias y otro desde el flanco oriental con el LI Ejército.
Repentinamente la contraofensiva soviética se inició el 23 de Diciembre a las 5:20 horas de la noche contra el aeródromo de Skassirkaia, cuando sin previo aviso unos tanques T-34 se presentaron a las afueras del campo de aviación. Alertada la Luftwaffe ordenó despegar a los 180 aparatos que se encontraban reposando en la instalación, pero la advertencia se emitió demasiado tarde porque los T-34 en cuestión de segundos irrumpieron en las pistas. La mayoría de Junkers Ju 52 arrancaron sus motores e intentaron despegar como pudieron, siendo muchos de estos alcanzados por las torretas de los blindados en el momento que levantaban las ruedas del suelo y pulverizados en el aire. Otros con peor suerte chocaron en la pista o ardieron en sus hangares. Incluso uno de los Junkers Ju 52 se estrelló con uno de los T-34, quedando ambos desintegrados y las dos tripulaciones muertas, tanto de los pilotos alemanes del avión como los carristas rusos del tanque. Finalizada la incursión, 108 aviones habían conseguido escapar y otros 72 habían sido destruidos destruidos, una cifra enorme que equivalía al 10% de toda la flota de transporte de la Luftwaffe.
Italianos en el cerco de Stalingrado intentan escapar en un transporte aéreo Savoia SM 81 inútilmente debido al congelamiento y a la nieve.
Dentro de Stalingrado las condiciones se volvieron pésimas aquel invierno para los soldados cercados y se convirtieron en una auténtica pesadilla. Los alemanes padecían de disentería, hambre, piojos y vivían en la más triste inmundicia bajo sus escondites de nieve conviviendo con las ratas. Las temperaturas descendieron drásticamente hasta los -30º y -40º grados bajo cero, los congelamientos se hicieron comunes y las muertes por frío aumentaron debido a la falta de estufas, lo que obligó a quemar toda la medera y restos de objetos como los cuerpos humanos de los muertos para entrar en calor. Sin embargo el enemigo más temido no eran los rusos, sino el hambre. Inesperadamente en Diciembre se registró una cifra muy alta de fallecidos por inanición debido a la reducción de pan diario de los 200 a 100 gramos, situación que llevó a muchos hombres del VI Ejército a comerse sus caballos para luego pasar al canibalismo de sus camaradas muertos. Ni siquiera los paquetes de la Luftwaffe eran suficientes para satisfacer las necesidades básicas porque únicamente los aviones soltaban a los sitiados 94 toneladas de víveres al día, cifra sietes veces inferior al promedio necesario. Esto era debido a que los vuelos tuvieron que reducirse notablemente debido a que los motores se congelaban de manera constante y las pistas quedaban invadidas por toneladas de nieve. Respecto al personal en espera de ser evacuado pronto comenzaron las peleas por ver quién subía antes a un avión. De hecho, los soldados estaban tan desesperados por volver a casa que muchos se aferraban a las ruedas y alas de los aviones mientras cogían velocidad para despegar, lo que inevitablemente provocaba su descuelgue en cuanto el aparato tomaba altura y los individuos se soltaban y se mataban estampándose contra el suelo. Peor todavía lo pasaban los heridos moribundos a la espera de la muerte, pues al no existir capacidad para evacuar a los afectados graves debido a que ocupaban demasiado espacio con las camillas, sólo se admitía subir a bordo a los leves o más sanos.
Fuera del cerco del VIII Ejército Italiano, las divisiones supervivientes comenzaron la penosa retirada a través de la estapa intentando llegar a una base segura en retaguardia mientras por detrás eran perseguidos por el Ejército Rojo y por delante acosados por los partisanos. El 26 las Divisiones “Pasubio” y “Torino” fueron embolsadas tras la toma de Chertkovo y el 28 los soviéticos se hicieron con Skassirkaia. Tristemente los italianos, acompañados por algunos rumanos, avanzaron a paso lento, cayendo congelados en la nieve o desfallecidos por las heridas, siendo ametrallados en todo momento por aviones en vuelo rasante y acosados por las vanguardias soviéticas. En ocasiones veían vehículos alemanes pasar y les suplicaban que les dejasen subir a sus heridos, algo a lo que se negaban los germanos llegando a amenazar con la bayoneta a sus propios aliados, ya fuesen italianos o rumanos. Por las noches, los partisanos se infiltraban en las isbas y sorprendían a decenas de tropas italianas en la cama que hacían prisioneros. Pero asombrosamente la población civil rusa tenía tanto cariño por los italianos que les ofrecían cobijo en su casa o les alimentaban, incluso en algunos casos los escondieron durante todo el conflicto, llegando a formalizarse matrimonios en la postguerra entre italianos y mujeres rusas.
Todo el plan alemán de liberar Stalingrado quedó echo añicos con el derrumbe del VIII Ejército Italiano, con la destrucción de las últimas fuerzas rumana y con la “Operación Saturno” presionando al IV Panzerarmee. Probablemente en este punto de la batalla Hitler tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de la guerra: abandonar al VI Ejército Alemán en la ciudad del Volga. Al fin y al cabo insistir en liberar Stalingrado sólo acabaría en una tragedia mayor. Así pues, el 30 de Diciembre de 1942, las fuerzas germano-rumanas del IV Panzerarmee iniciaron la retirada dejando atrás una auténtica muralla de varios ejércitos soviéticos alrededor de Stalingrado. La suerte de cientos de miles de vidas en la ciudad estaba echada.
Curiosamente y prefiriendo evitar una matanza inútil para ambos bandos después de haber finalizado con éxito la retirada del IV Panzerarmee, el general Zhukov ofreció a Von Paulus a través de tres emisarios con bandera blanca una rendición aceptable el 8 de Enero de 1943. Antes de tomar una decisión por cuenta propia, Paulus habló por radio con Hitler para obtener autorización, algo a lo que el Führer se negó rotundamente. Como respuesta por la contestación negativa de Paulus, el Ejército Rojo bombardeó con más de 5.000 cañones la ciudad y lanzó un poderoso asalto de infantería que desalojó a los alemanes de las zonas urbanas circundantes de Krovzov, Zybenko, Dmitrevka y Karpovka. Esta operación concluida poco antes de la primera mitad de Enero, dejó al 80% de Stalingrado en manos soviéticas.
General del Ejercito rojo Gueorgui Zhúkov
Hasta acá la segunda parte que se me hizo bastante larga, pero no se preocupen, mañana mismo termino la ultima parte.
La batalla de stalingrado no fue como cualquier otra, se es necesario el tiempo y las ganas para sentarse a leer y disfrutar de su historia, además, para el proximo post agregaré unas fotos que me ha enviado el amigo @lafecapo38 de su viaje a Rusia y su paso por donde fue Stalingrado. Unas fotos espectaculares que darán un broche de oro a esta historia.
Seguime y no te pierdas de las actualizaciones y posts que subo a menudo!! Muchas gracias por pasar.
La batalla de stalingrado no fue como cualquier otra, se es necesario el tiempo y las ganas para sentarse a leer y disfrutar de su historia, además, para el proximo post agregaré unas fotos que me ha enviado el amigo @lafecapo38 de su viaje a Rusia y su paso por donde fue Stalingrado. Unas fotos espectaculares que darán un broche de oro a esta historia.
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