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Primer post: 8 ago 2018Último post: 18 ago 2018
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Apocalipsis: La batalla de las Ardenas
Apocalipsis: La batalla de las Ardenas
InfoporAnónimo8/10/2018

La batalla de las Ardenas contituyó la ultima gran ofensiva de la Alemania Nacional Socialista en el marco europeo y una de las campañas más sangrientas del Frente Occidental. Librada entre Estados Unidos y el Tercer Reich, su repercusión no sólo afectaría a la contienda sino que sería decisiva para el posterior destino del mundo. El plan del Tercer Reich. Otoño del año 1944-. Alemania estaba siendo aplastada en ambos frentes, cosechando derrota tras derrota y ciudad tras ciudad perdidas Adolf Hitler jugó su ultima y mas desesperada carta en la cual se disputarian 300.000 soldados alemanes de todas las ramas. El golpe decisivo tenía que ser sin duda el Frente Occidental, ya que la coalición de los Aliados Occidentales con la Unión Soviética era más frágil cada día. Una ruptura estratégica en aquel escenario cambiaría de manera irremediable los acontecimientos, siendo el lugar elegido para ello un área en torno a Bélgica y Luxemburgo conocida como las Ardenas Ambicioso era el plan de Hitler sobre las Ardenas. Su proyecto consistía en concentrar a un poderoso ejército, aproximadamente de 45 divisiones apostadas tras la Línea Sigfrido que protegía la frontera alemana, para lanzarlas contra las líneas norteamericanas siguiendo el curso del Río Mosa y alcanzando el puerto de Amberes. Derrotado el I Ejército Estadounidense o puestos sus soldados en retirada, se pensaba cercar al II Ejército Británico más el norte, exactamente en la demarcación con Holanda y dentro de una bolsa de la que tendrían que escapar replegándose hacia el mar como hicieron durante la invasión de Francia en 1940. Si este plan funcionaba Alemania tendría tiempo suficiente para fabricar las supuestas “armas secretas” que llevarían a la victoria final; pero sobretodo, obligaría a los Aliados a replantearse la situación sobre su alianza con la Unión Soviética, ya que una derrota en las Ardenas, implicaría que el Ejército Rojo se abalanzase sobre Europa Occidental, algo a lo que ni Londres ni Washington estarían dispuestos. La psicosis se apodera del Alto Mando Alemán. Ningún o casi ningún general del Ejército Alemán veía factible una ofensiva en las Ardenas, fruto de las alucinaciones de Hitler y de su desgaste moral tras años al frente del Tercer Reich. Por eso mismo, temiendo el Führer que sus hombres planteasen quejas sobre su proyecto, ideó un plan maquiavélico para llegar a un acuerdo con ellos. La noche del 11 de Diciembre todos los altos generales fueron convocados a una inesperada reunión cerca de una localidad solitaria próxima a Frankfurt. Una vez allí, descubrieron perplejos que hombres armados de las SS les cachearon y confiscaron sus pistolas, haciéndoles a continuación subir a un autobús con las ventanas cerradas. Cuando el autobús arrancó, dio varias vueltas para confundirles y desorientarles, para luego llevarles rápidamente al Castillo de Ziegenberg, en donde nada más desembarcar, les bajaron a un sótano. Por fin dentro de la sala les hicieron sentar en una serie de sillas con un guardia de las SS en el respaldo trasero que llevaba la pistola cargada y preparada. De repente se abrió una puerta y Hitler entró sonriente. El Führer explicó una vez más todo su plan de ofensiva y se aduló él mismo asegurando lo genial de su estrategia. Los generales humillados y aterrorizados no tuvieron más remedio que asentir y otorgarle la razón porque al fin y al cabo su vida iba en ello. Terminado el discurso, todos los generales fueron coaccionados a firmar por escrito la viabilidad del plan y su participación en el ataque que se gestaba. Fue así como de esta manera tan poco común se planificó la que sería la última gran ofensiva de Alemania en la Segunda Guerra Mundial. ¿Cómo se llevo a cabo? Franz propuso una batalla de Break Dance, luego de considerarlo el OKW decidio seguir el plan anterior Para llevar a cabo el gigantesco plan del Ejército Alemán (Wehrmacht) fue necesario retirar del Frente Oriental tropas y divisiones para concentrar refuerzos en el Frente Occidental. De hecho a principios de Diciembre de 1944, la frontera germano-belga se fue abarrotando de tropas procedentes de todas partes de la Europa ocupada, participando más de 10.000 vagones en el transporte. La acumulación de tal cantidad de hombres y material se efectuó bajo un estricto secreto, siendo el silencio sepulcral y con todas las medidas de seguridad pertinentes, como por ejemplo los correos que se enviaban a través de mensajeros para no ser descifrados por radio o transportando tanques por la noche para no ser vistos por la aviación. Ni siquiera hubo vuelos de reconocimiento, por lo que jamás los Aliados sospecharon del ataque. Tecnológicamente la Wehrmacht era superior a cualquier ejército de los Aliados justo antes de la víspera de la ofensiva en las Ardenas. Por primera vez en mucho tiempo, Alemania disponía una gran cantidad de hombres, tanques, cañones y aviones. Por ejemplo las fuerzas blindadas compuestas por los clásicos Stug, Panzer III, Panzer IV y Jagdpanzer; se complementaron con los Tiger, Panther y los invencibles King Tiger. La Fuerza Aérea Alemana (Luftwaffe) contaba con los insuperables cazas a reacción Messerschmitt Me 262, así como con los clásicos Messerschmitt Bf 109 y Focke Wulf Fw 190; bombarderos Junkers Ju 88 y Heinkel He 111; y evidentemente los siempre efectivos bombarderos en picado Stukas. También sobre las cordilleras de las Ardenas se situaron cañones de todos los calibres, incluyendo los Flak de 88 milímetros e incluso lanzacohetes Neberwerfer y grandes piezas artilladas por trenes Leopold. Pero sin duda el arma más temida fueron los misiles V-1 y V-2 que tenían sus rampas de lanzamiento situadas en los bosques; además de otras novedades espectaculares como el rifle de asalto Stg-44 y gafas de visión nocturna. Panzer IV Jagdpanzer Tiger Panther King Tiger El ataque en las Ardenas sería llevado a cabo por tres columnas en una rápida y tradicional “Guerra Relámpago (Blitzkrieg)”. Una de las novedades de la ofensiva en las Ardenas fue la “Operación Greif (Grifo)” que lideraría el coronel de las SS, Otto Skorzeny, gran experto en misiones especiales que se había hecho famoso por rescatar a Benito Mussolini del Gran Sasso en 1943. Su nueva misión en esta ocasión consistió en que los hombres de la 150ª Brigada Panzer Especial, junto a un grupo de 2.000 paracaidistas y 40 jeeps Willy americanos, vestidos todos con uniformes estadounidenses, se infiltrasen tras las líneas enemigas para causar la máxima confusión posible. Otto Skorzeny. GIF Mientras tanto, en el bando Aliado... Soldado de caballeria. Las Ardenas era un terreno boscoso entre Bélgica, Alemania y Luxemburgo, repleto de colinas cubiertas de árboles, selvas oscuras, profundas gargantas, intrincados arroyos y sobretodo gruesas capas de nieve en invierno. Sobre aquella zona el Ejército Estadounidense se encontraba dispersado y desmoralizado, con escaso material y efectivos tras sus desastres militares durante la “Operación Market-Garden” de Holanda y la Batalla del Bosque de Hürtgen, además de encontrarse en una situación logística complicada porque los suministros tenían que llegar desde las lejanas playas de Normandía atravesando toda Francia y Bélgica. Tras la difícil situación de la Batalla del Bosque de Hürtgen donde los alemanes dieron una buena paliza al Ejército Estadounidense, los Aliados se quedaron con pocos medios para el ataque. Viendo el problema, el comandante en jefe de la Fuerza Expedicionaria Aliada, Dwith David Esisenhower, reunió el 7 de Diciembre en Maastrich al mariscal británico Bernard Montgomery, al mariscal del aire Sir Arthur Tedder y al general norteamericano Omar Nelson Bradley. El motivo de la conferencia fue la proposición de planear una rápida contraofensiva contra el Tercer Reich ante la evidente necesidad de mostrar a la opinión pública la capacidad de iniciativa aliada, la cual se había visto cuestionada por las anteriores derrotas del otoño de 1944. Curiosamente dicha ofensiva fue fijada para Enero de 1945, operación que jamás se llegaría a realizar porque precisamente iban a ser ellos los atacados. GIF ¡Al ataque! ¡Al ataque! Durante la madrugada del 16 de Diciembre de 1944, un intenso fuego de más de 1.500 piezas de artillería cayó inesperadamente sobre los bosques de las Ardenas a lo largo de un frente de 141 kilómetros que abarcó las fronteras de Bélgica, Alemania y Luxemburgo. Acto seguido, misiles de los modelos V-1, V-2 y Rheinbote despegaron de sus rampas de lanzamiento para descender sobre las ciudades de Lieja y Amberes causando el terror entre la población. Inmovilizado a causa del inesperado bombardeo, el V Cuerpo Estadounidense situado en primera línea recibió una interminable lluvia de proyectiles mientras sus hombres cavaban hoyos en la nieve para ocultarse. Durante este ataque, la metralla supuso un peligro adicional debido a que la alta presencia de árboles hizo saltar miles de astillas en todas direcciones que provocaron una muerte lenta y dolorosa a decenas de soldados. Junto al Río Our aconteció otra sorpresa para los norteamericanos cuando miles de vatios de luz procedentes de reflectores enfocaron las nubes bajas provocando un efecto óptico que clareció el cielo como si fuese de día y abrillantó la niebla como si fuesen rayos solares. Aquella ingeniosa táctica que cegó y deslumbró a los soldados norteamericanos, fue la señal para que todo el V Ejército Alemán iniciase el avance. Mientras se iluminaba el cielo y la artillería machacaba las líneas enemigas, un total de 120 aviones de transporte alemanes Junkers Ju 52 cargados con 1.200 paracaidistas se dirigieron hacia sus diversos objetivos situados 15 kilómetros por detrás de las líneas belgas. Bajo el nombre de “Operación Stösser”, la primera unidad en saltar fue la 3ª División Paracaidista del general August Von der Heyte, la cual efectuó un lanzamiento de forma caótica debido a que la mayor parte de las tropas cayeron dispersas por los bosques de las Ardenas, llegando algunos soldados a aterrizar en Holanda por culpa de errores de navegación aérea e incluso a las afueras de la ciudad de Aquisgrán. Únicamente 300 soldados lograron caer en los alrededores del Monte Rigi y el nudo de carreteras de Eupen a Malmedy, consiguiendo causar numerosas distracciones en la retaguardia norteamericana. Un poco antes del amanecer de aquel 16 de Diciembre de 1944, el V Ejército Panzer entró en contacto con la primera línea enemiga estadounidense. El avance fue tan rápido e inesperado que la mayoría de norteamericanos se rindieron sin pegar ni un sólo tiro. Marnach, Hosingen y Holtzhum cayeron ante el inicial avance de los alemanes, encontrando estos únicamente alguna resistencia enemiga en el paso del Río Our que fue fácilmente superada. Al norte de las Ardenas la ofensiva dio comienzo cuando el VI Ejército Panzer del general Sepp Dietrich desencadenó un brutal asalto de tanques contra la 99ª División de Infantería Estadounidense cerca de Höfen. Durante el ataque las tropas de la 1ª División SS Panzer “Leibstandarte Adolf Hitler” que iban vanguardia, fueron las primeras en golpear a los norteamericanos, los cuales escondidos entre la densidad del bosque y las colinas arboladas, tuvieron tiempo suficiente para resistir y replegarse. Esto obligó al VI Ejército Panzer a utilizar los jóvenes y ancianos “volksgrenadier”, quienes armados con armas anticarro Panzerfaust, destruyeron una a una las posiciones enemigas situadas en hoyos y lomas. Al norte de las Ardenas la ofensiva dio comienzo cuando el VI Ejército Panzer del general Sepp Dietrich desencadenó un brutal asalto de tanques contra la 99ª División de Infantería Estadounidense cerca de Höfen. Durante el ataque las tropas de la 1ª División SS Panzer “Leibstandarte Adolf Hitler” que iban vanguardia, fueron las primeras en golpear a los norteamericanos, los cuales escondidos entre la densidad del bosque y las colinas arboladas, tuvieron tiempo suficiente para resistir y replegarse. Esto obligó al VI Ejército Panzer a utilizar los jóvenes y ancianos “volksgrenadier”, quienes armados con armas anticarro Panzerfaust, destruyeron una a una las posiciones enemigas situadas en hoyos y lomas. Integrante de la 1ª División SS “Leibstandarte Adolf Hitler” Blitzkrieg Durante la noche del 16 al 17 de Diciembre, los Aliados estuvieron haciendo cambios en todos los sectores de las Ardenas para intentar resistir el ataque alemán. Justo después de que resultase incomunicado el V Ejército Estadounidense, desde París se emitió la orden de trasladar refuerzos cuanto antes. Con velocidad se envió al sur a la 106ª División de Infantería Estadounidense para proteger la carretera a Saint Vith, al mismo tiempo que la 2ª División de Infantería fue llevada a reforzar el flanco de la castigada 99ª División de Infantería, exactamente igual que hizo la veterana 1ª División de Infantería “Big Red One”. Desgraciadamente muy tarde llegaron los refuerzos a la 99ª División de Infantería Estadounidense porque cuando amaneció el 17 de Diciembre, los comandos de la 150ª Brigada Panzer Especial de Skorzeny habían conseguido retrasar a todas las unidades norteamericanas que acudían en su socorro. Fue así como desguarnecida dicha división, los blindados de la columna de Peiper la emboscaron en Elsenborn y la provocaron casi 3.000 bajas entre muertos, heridos y prisioneros. Aquella misma mañana Peiper ordenó seguir adelante sin detenerse hacia siguiente objetivo: Liegneuville. Nada más llegar a las afueras de dicho pueblo el disparo de un tanque Sherman norteamericano destruyó a un blindado Panther alemán. Sin embargo Peiper, que previamente había localizado al carro enemigo con sus prismáticos, corrió valientemente con un Panzerfaust para destruirlo; aunque en última instancia el inesperado fogonazo de un Panzer se le adelantó y pulverizó al Sherman de un sólo impacto. Tras tomar Liegneuville y acabar con los pocos tanques estadounidenses ocultos entre los árboles, la columna de Peiper marchó hacia Buellingen penetrando más de 6 kilómetros en las líneas norteamericanas. A pesar de tener órdenes de no avanzar abandonando grandes concentraciones de tropas en los flancos, Peiper ignoró la advertencia y marchó hacia el Río Mosa acabando con las pocas unidades dispersas de la 9ª División Blindada Estadounidense. Para finalizar aquella jornada del 17 de Diciembre, los Aliados comprendieron lo grave de la situación. Eisenhower ordenó inmediatamente poner en marcha a las 82ª y 101ª Divisiones Aerotransportadas Estadounidenses, al mismo tiempo que eligió al III Ejército Blindado de Patton para acudir en socorro de las unidades arrolladas en las Ardenas. El único problema de la operación era que toda aquella maniobra requeriría muchos días para Patton, básicamente debido a la lejanía de sus fuerzas respecto a la línea del frente, por lo que la única opción factible por el momento era resistir hasta las últimas consecuencias. Batalla de Bastogne Bastogne era una pequeña ciudad de 3.500 habitantes que por el azar del destino se había convertido en el punto estratégico más importante de las Ardenas por ser el nudo de carreteras más amplio hacia todos los sectores de Bélgica. Precisamente cinco años antes, Bastogne había caído en manos de la Wehrmacht el 10 de Mayo de 1940, únicamente 24 horas después del primer día de invasión alemana. Como todo sucedió tan rápido por aquel entonces, de manera simbólica y dentro de la misma ciudad yacía el soldado Emile Cady del 2º Regimiento de Cazadores de las Ardenas, curiosamente el primer belga fallecido de la Segunda Guerra Mundial que era oriundo de la comarca. Nuevamente y al igual que cinco años atrás, la Wehrmacht volvió a amenazar la ciudad, esta vez con XLVII Cuerpo Alemán que a diferencia de sus antecesores no tendría tanta suerte. Dentro de la bolsa de Bastgone quedó atrapada la 101ª División Aerotransportada Estadounidense del general Antonhy McAuliffe (sustituido por Maxwell Taylor no hacía mucho); una administración que fue compartida por el alcalde belga de la ciudad, un profesor de escuela llamado León Jacqmin. Para sobrevivir a este cerco tanto los paracaidistas norteamericanos como los civiles belgas disponían de 200 gramos de pan diario y 2 toneladas de galletas procedentes de la llamada Organización Socorro de Invierno. Por suerte para los sitiados, estos contaron con dos factores ventajosos que los alemanes no previeron: primeramente los campesinos de los alrededores pudieron suministrarles animales del ganado que trasladaron a la ciudad para proporcionar carne; mientras que las “Raciones K” del Ejército Estadounidense eran tan abundantes que pudieron repartirse sin problemas entre la población civil y los más necesitados. Sin embargo y a pesar de estar muy bien preparados para aguantar el asedio, durante los días que duró el cerco, los norteamericanos pasaron todo tipo de calamidades como hambre, frío, falta de sueño, enfermedades y bombardeos, entre muchas otras penalidades. Claro y soleado amaneció el 24 de Diciembre para sorpresa de los alemanes. Aquel inesperado factor climatológico permitió a la aviación aliada poner en el aire a sus aviones y atacar las líneas de comunicaciones germanas destruyendo numerosos vehículos y tanques en las carreteras. Al mismo tiempo, aviones de transporte norteamericanos C-47 Dakota realizaron más de 3.000 salidas en las que lanzaron suministros y municiones en paracaídas sobre los soldados de la 101ª División Aerotransportada Estadounidense atrapada en Bastogne. Gracias a ello, los sitiados celebraron la Nochebuena ocultos bajo la tierra y la nieve con raciones que comer y regalos navideños de los que disfrutar. Al llegar el 25, Día de Navidad, el V Ejército Panzer desencadenó un asalto contra Bastogne, descuidando en su lugar el avance hacia el Río Mosa que tenía previsto. Rápidamente los soldados atacantes se vieron sorprendidos por los proyectiles enemigos porque medida que los tanques alemanes se aproximaron hacia Bastogne, estos ardieron por culpa de la artillería y los bazookas de los norteamericanos; al mismo tiempo que la infantería también era masacrada por las ametralladoras de los resistentes. A pesar de que el ataque alemán penetró en algunas calles de la ciudad, pronto fue rechazado tras perder los germanos tanques Panzer en el intento. Como represalia por la fiera determinación estadounidense, Bastogne recibió durante la noche un intenso bombardeo por parte de la Luftwaffe que causó numerosas bajas entre los defensores y la población civil. GIF Todo comienza a darse vuelta para Hitler. Heroicamente las tropas del I Ejército Estadounidense combatieron y clavaron sobre el terreno a la Wehrmacht en Fraiture, Manhay, Hotton, Marche, Granmenil, Houffalize, Beauring y las afueras de Dinant, siendo destruidos en la tenaz resistencia 86 tanques alemanes, 83 cañones y 280 camiones. Simultáneamente a la columna de Peiper que actuaba por su cuenta, las cosas no le fueron mejor cuando sus fuerzas fueron rodeadas en Le Gleize tras sufrir numerosas bajas; aunque gracias a su genialidad táctica, en el último instante consiguió que sus columnas abriesen una brecha al enemigo y se escabulleran para regresar nuevamente a territorio alemán, aunque dejando atrás unas pérdidas enormes de 36 tanques (15 Panther, 8 Stug, 7 King Tiger y 6 Panzer IV), 70 semiorugas Hanomag, 12 vehículos blindados SdKfz, 5 cañones antiaéreos de 20 milímetros, 1 cañón Flak 88 de 88 milímetros, 6 morteros de 120 milímetros y 888 bajas entre muertos, heridos y prisioneros. General George S. Patton, el Heroe de las Ardenas. Rapidísimo fue el avance de las columnas acorazadas del III Ejército Blindado del general Patton hacia Bastogne, las cuales se situaron a muy pocas horas del objetivo tras arrollar a todos los soldados y tanques alemanes que encontraron a su paso. Sin embargo, poco a poco se vieron ralentizadas en el trayecto por culpa de los ingenieros alemanes que establecieron barricadas en el terreno o volaron obstáculos y árboles para impedirles el paso; además de las emboscadas de los paracaidistas germanos que como por ejemplo en el Casería de Chaumont se cobraron 11 blindados Sherman destruidos y 65 soldados muertos. No obstante y a pesar del retraso, el golpe de efecto moral para los sitiados fue positivo porque al mediodía algunas unidades de la 101ª División Aerotransportada, al saber que Patton estaba cerca, salieron de sus escondites para luchar contra los alemanes. Gracias a este ímpetu y mientras las tropas germanas combatían a los paracaidistas, las fuerzas de Patton les fueron rodeando por el sur y les dispararon con sus tanques. Fue así, como ante la imposibilidad de resistir tal avalancha de fuego, los alemanes no tuvieron más opción que levantar el cerco y replegarse. Finalmente, a las 16:50 de la tarde, las tropas de Patton, tras avanzar por la ruta de Vaux-les-Rosières, entraron en contacto con los sitiados de Bastogne y pusieron fin al asedio. Hitler desde Berlín, furioso por el fracaso de la ofensiva, ordenó la retirada general hacia la Línea Sigfrido. Ese mismo día 31 de Diciembre, fecha de Noche Vieja, los estadounidenses volvieron a recuperar el control completo del área de Bastogne y de un tercio de todas las Ardenas. Sin embargo los alemanes todavía no habían jugado todas sus cartas, ya que disponían de un plan alternativo en caso de producirse el fracaso de la “Operación Wacht am Rhein”; concretamente una misión de alto secreto bautizada como “Operación Bondenplatte”. GIF Operacion Bondenplatte (1 de Enero de 1945) “Operación Bondenplatte (Plataforma)” era el plan que Hitler había previsto en caso de que la ofensiva en las Ardenas se viniera abajo. Mientras la Wehrmacht y las Waffen-SS excavaban trincheras en la parte oriental de las Ardenas para lanzar una futura contraofensiva, la Luftwaffe haría todo el trabajo de los soldados. Aquella operación consistía en destruir desde el aire a todas las fuerzas aéreas aliadas en las Ardenas y alrededores de Bélgica, Holanda y el norte de Francia, para luego dedicarse la Luftwaffe a liquidar sus fuerzas terrestres. Para llevar a cabo la “Operación Bondenplatte” se habilitaron hasta 33 aeródromos en Alemania que incluyeron Bissel, Delmenhorst, Vechta, Quakenbrück, Dope, Fürstenau, Nordhorn, Twente, Plantlünne, Hopsten, Vörden, Hesepe, Achmer, Rheine, Güterssloh, Lippspringe, Paderborn, Dortmund, Bonninghardt, Düsseldorf-Lohausen, Colonia-Wahn, Ettinghausen, Merzheuasen, Nidda, Altenstadt, Rhein-Main, Zellhausen, Barbanhaussen, Gross-Ostheim, Darmstadt-Griesheim, Kirriach, Malmsheim y Sttutgart-Echterdingen. Contrariamente los 16 aeródromos aliados designados a bombardear fueron Volkel, Gilze En Rijen y Eindhoven (Holanda); Anvers-Deume, Maldeghem, Ursel, Saint Denis-Westrem, Grimbergen, Melsbroek, Asch, Evre, Saint Truiden, Saint Trond y Ophoven (Bélgica); y Étain y Metz-Frescaty (Francia). La Noche Vieja del 31 de Diciembre de 1944, justo antes del asalto, se ordenó a los pilotos no beber alcohol, se les prohibió celebrar una fiesta para despedir el año y se les hizo ir temprano a la cama. Al amanecer del día siguiente, 1 de Enero del Nuevo Año 1945, se decretó la “Orden Hermann” que anunciaba el ataque (curiosamente el nombre fue escogido en honor a la victoria de Germania contra Roma durante la Batalla del Bosque de Teoteburgo en el 9 d.C.). Fue así como con los primeros rayos de Sol, más de 900 aviones de la Luftwaffe despegaron desde Alemania Occidental. Pocas horas después, una formidable fuerza aérea cubría los cielos de Europa rumbo a Francia, Bélgica, Holanda y Luxemburgo. Los efectos contra los aeródromos enemigos serían los siguientes: -Helmond: Aunque Volkel era el primer aeródromo que debía ser atacado por 99 cazas Focke Wulf Fw 190 a las 9:15 horas de la mañana, este escuadrón se lanzó sobre Helmond por culpa de una confusión en la navegación aérea. Desgraciadamente para la Luftwaffe la pista estaba vacía, aunque no el cielo porque los aviones alemanes fueron interceptados por cazas Spitfire y Typhoon canadienses. El resultado del combate fue una tragedia porque 27 cazas alemanes fueron derribados (15 Focke Wulf Fw 190 y 12 Messerschmitt Bf 109) con 23 pilotos que causaron baja (16 muertos y 7 prisioneros); a costa de solamente la destrucción de 4 aviones canadienses (3 Spitfire y 1 Typhoon). -Eindhoven: Casi 300 cazas aliados se encontraban reposando en el aeródromo de Einhoven cuando a las 9:20 decenas de Messerschmitt Bf 109 y Focke Wulf Fw 190 alemanes comenzaron a soltar sus bombas, lanzar los cohetes subalares y ametrallar la pista. En poco más de tres o cuatro pasadas fueron destruidos innumerables aviones, exactamente 53 cazas y 11 bombarderos, así como la mayor parte de todas las piezas de artillería antiaérea presentes en el campo, numerosos depósitos de combustible y algunos vehículos militares. Apenas dio tiempo a intervenir a los cazas británicos, que una vez en el aire fueron abatidos con relativa facilidad por los alemanes, los cuales derribaron 7, entre ellos 4 Typhoon y 3 Spitfire; aunque en el combate el caza Messerschmitt Bf 109 del “as” Hans Ulrich Jung resultó pulverizado al enrollarse por accidente su depósito auxiliar con un cable de alta tensión. Terminada aquella primera oleada, llegó una segunda tanda de Focke Wulf Fw 190 que acabó con otros 33 cazas y 6 bombarderos aliados. Finalizado el ataque a Eindhoven, la Luftwaffe consiguió una victoria increíble al destruir 110 aviones británicos (93 cazas y 17 bombarderos) con la pérdida únicamente de 15 aparatos alemanes y 15 pilotos, entre estos 9 muertos, 1 desaparecido y 5 capturados. Terminada la “Operación Bondenplatte”, Alemania cosechó por un lado una gran victoria táctica, pero por otro una gran derrota estratégica. A pesar de haber destruido el doble de aparatos a los Aliados que las pérdidas propias, la Luftwaffe no tenía ninguna posibilidad de reponerlas ante la cada vez más marcada ausencia de aviones y pilotos. Las únicas consecuencias positivas para el Eje fue que durante unas semanas los Aliados pusieron menos aviones en el aire, por lo menos hasta que gracias a su potencia industrial, a mitad de Enero de 1945 volvieron a tener plena operatividad y superioridad aérea. Durante la “Operación Bondenplatte” los Aliados perdieron 465 aviones y otros 190 sufrieron daños, así como resultar destruidos cuatro aeropuertos al completo y otros diez encajar serios desperfectos, además de ser pulverizados 48 tanques. Por el contrario Alemania perdió a 275 aviones y otros 69 fueron dañados. GIF El bulge (2 al 25 de Enero de 1945) Después de la “Operación Bondenplatte”, los alemanes resistieron durante días realizando pequeñas escaramuzas a lo largo de las Ardenas sin conseguir éxitos. Mientras tanto, los norteamericanos se dedicaron a despejar la zona de rampas para las V-1 y V-2 que estaban siendo lanzadas contra Londres, Lieja y Amberes; justo al mismo tiempo de la llegada del XXX Cuerpo Británico que decantó definitivamente la balanza de la batalla en favor de los Aliados. Königstiger. Manteniendo el Ejército Estadounidense la iniciativa en las Ardenas aquel mes de Enero 1945, el enfrentamiento pasó a ser conocido como la Batalla del Bulge. Los alemanes poco a poco fueron siendo empujados hacia la frontera germano-belga con elevadas pérdidas; al mismo tiempo que se veían obligados a prescindir de ciertas fuerzas como el VI Ejército Panzer del general Sepp Dietrich que tuvo que ser retirado al completo de las Ardenas para cubrir el Frente Oriental tras la ofensiva del Ejército Soviético sobre Hungría. Algunas de las acciones más destacables que todavía protagonizó el Ejército Alemán durante la Batalla del Bulge fue cuando dos solitarios King Tiger destruyeron a 22 tanques Sherman estadounidenses entre Arloncourt y Mageret el 2 de Enero. Al día siguiente, el 3, la 12ª División SS Panzer “Hitlerjugend” pulverizó a otros 48 blindados norteamericanos en la carretera hacia Bastogne; mientras que el 4 el III Ejército Estadounidense del general George Patton sufrió uno de sus mayores reveses después de que 20 carros germanos acabaran con 16 Sherman y provocaran a sus oponentes 475 bajas entre 275 muertos y 200 prisioneros. Comprendiendo el Eje que recuperarse del fracaso en la Batalla de las Ardenas iba a ser imposible, además de correr el riesgo de quedar sus fuerzas rodeadas antes de alcanzar el Río Rin, el Alto Mando Alemán (OKW), bajo autorización del propio Adolf Hitler, dio la orden de retirada general hacia al punto de partida inicial de la ofensiva lanzada el 16 de Diciembre del año anterior. Fue así como la mayor parte del Ejército Alemán y las Waffen-SS retrocedieron a las fronteras de 1944, aunque afortunadamente logrando salvar a la mayor parte de sus efectivos en liza. Oficialmente 28 de Enero de 1945 el Ejército Alemán abandonó Bélgica y Luxemburgo. La Batalla de las Ardenas había terminado. GIF Ahora les dejo una pequeña recopilacion de material audiovisual para pasar la tarde! link: https://www.youtube.com/watch?v=cCwvvm_9CTU link: https://www.youtube.com/watch?v=fXMjUHkciNc link: https://www.youtube.com/watch?v=0RGg32HwGJA link: https://www.youtube.com/watch?v=223UKjNlTRw

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Unidades de Élite: Waffen-SS "Schutzstaffeln"
Unidades de Élite: Waffen-SS "Schutzstaffeln"
InfoporAnónimo8/14/2018

La guardia de honor del Führer, harían lo impensable, lo inimaginable y lo mas inhumano para asegurar la continuidad del Tercer Reich. Ya no hay nada que perder. Berlín, 27 de abril de 1945. La otrora orgullosa capital del Tercer Reich no es más que un humeante montón de ruinas. A la destrucción causada por los bombardeos angloamericanos se une ahora la provocada por la artillería y los tanques del Ejército Rojo. Sin embargo, los alemanes no quieren rendirse. Ahora defienden a sus mujeres e hijos y combaten calle por calle, casa por casa. Mientras, desde el búnker de la Cancillería, Hitler sigue impartiendo órdenes a unas unidades que solo existen en los mapas. En la Moritzplatz, una arrasada zona comercial al final de la Oranienstrasse, un grupo de soldados recobra el aliento tras haber rechazado a los soviéticos en una durísima lucha. La mayor parte llevan distintivos de las SS. Sin embargo, en algunos de los corrillos que se han formado no se habla alemán. Dos o tres soldados lo hacen en letón. Un grupo algo mayor, en francés. El más numeroso se expresa en castellano; sus componentes son miembros de la “Unidad Ezquerra”, nombre derivado de su comandante, compuesta por voluntarios españoles. Todos forman parte de las unidades armadas de las SS, las Waffen-SS. Con la determinación de saber que no les queda nada que perder, salvo la vida, serán las últimas en defender los mutilados despojos de la capital. A lo largo de su corta existencia, unos 900.000 hombres pasaron por sus filas. Nunca dieron ni pidieron cuartel, lo que los convirtió en una fuerza temida, capaz tanto de grandes gestas como de las mayores abominaciones. Integrantes españoles de la unidad SS "Ezquerra". Los incios de las SS. Desde sus inicios, el partido nazi fue un movimiento de lucha. Los altercados con las milicias de los partidos rivales, ya fueran socialistas o comunistas, estaban a la orden del día, y reventar mítines de los adversarios era su gran especialidad. De ello se encargaban las SA, las Secciones de Asalto. De todos modos, se optó por elegir a un restringido grupo de hombres, duros y leales, para la protección personal de su máximo dirigente, Adolf Hitler. Al principio no fueron más de una veintena, y el nombre de la unidad varió, hasta que en 1925 recibió el que se convertiría en el definitivo: Schutzstaffeln (Escuadras de Protección), o SS. GIF Himmler tardó poco en convencer a Hitler y al jefe de las SA de la necesidad de crear una fuerza de élite al servicio del Führer. Pero las SS seguían dependiendo de las SA, con cuyos jefes nunca mantuvieron una buena relación. Tras pasar por diversas manos, en 1929 llegaron a las del sibilino Heinrich Himmler. Retrato de Heinrich Himmler en 1942 A pesar de que las SS solo contaban con 286 hombres, su nuevo líder vio en ellas un útil instrumento para aumentar su influencia en el partido. Tardó poco en convencer a Hitler y al jefe de las SA de la necesidad de incrementar su número para crear una fuerza de élite al servicio del Führer. Himmler soñaba con convertirse en una especie de moderno gran maestre de una orden militar, y se empeñó en modelar sus SS hasta transformarlas en “una verdadera orden de hombres nórdicos formada por soldados nacionalsocialistas”. Solo los más puros, racial e ideológicamente hablando, tendrían cabida en ella. Poco a poco su número fue creciendo, junto con el poder de su jefe. El acceso de Hitler al gobierno alemán en 1933 abrió nuevas posibilidades tanto para Himmler como para su organización. El decidido papel de las SS en la purga que el propio régimen nazi lanzó contra las SA –el golpe conocido como la Noche de los Cuchillos Largos– desembocó en su independencia en el seno del partido, decretada por Hitler. Se había dado el primer paso. Se necesitarían otros para sentar las bases de unas unidades armadas destinadas a suplir, llegado el caso, tanto a la policía como al Ejército. Su juramento de fidelidad personal al gobernante, y no al Estado, la nación o el partido, hizo que Hitler las tuviera muy presentes. El mal toma forma. Una de las primeras decisiones organizativas consistió en separar de las SS generales a sus homólogas armadas y acuarteladas, las SS-Verfügungstruppe (Tropas SS de Servicios Especiales), o SS-VT. La situación de estas tropas, sin embargo, no quedaba bien definida, pues, aunque vestían uniformes de las SS y actuaban bajo el mando de sus jefes, recibían instrucción y equipos del Ejército y cobraban su sueldo del Ministerio del Interior prusiano. La guardia de honor del Führer, el escogido “Leibstandarte Adolf Hitler”, también recibía esta consideración. Aún se creó una tercera unidad armada: la SS-Totenkopfverbände (Formaciones SS Calavera), también conocida como SS-TV, cuyos miembros procedían de la vigilancia de los campos de concentración. Parche de la 3ra Division Panzer "Totenkopf" En 1935, fecha del restablecimiento del servicio militar obligatorio, las tres unidades sumaban unos 8.500 hombres. Pero la disposición sobre el servicio militar puso freno a su expansión, dado que el organismo encargado del reclutamiento redujo al mínimo la cuota de tropas asignadas a las SS-VT para no perjudicar a la recién creada Wehrmacht, las Fuerzas Armadas. Pese a todo, las unidades armadas de las SS estaban en vías de constituir una verdadera élite, tal como deseaba Himmler. Las condiciones de ingreso eran muy estrictas. Una larga serie de pruebas físicas y médicas seleccionaban a aquellos más sanos y atléticos. Tras ellas, una batería de exámenes acababan de delimitar a los candidatos. El paso de los años y la necesidad de tropas relajarían estas y otras exigencias. La instrucción física, que incluía las artes marciales y el boxeo, tuvo siempre un lugar preferente. Se buscaba un tipo de soldado ágil y resistente por encima de la media. De hecho, en las competiciones los equipos de las SS vencían con frecuencia a sus rivales de la Wehrmacht, lo que suponía una magnífica propaganda. Tampoco se relegaba el adoctrinamiento político y racial, pero sus integrantes, nacionalsocialistas convencidos, poco lo necesitaban. Desfile de la unidad "Leibstandarte Adolf Hitler" en Berlín en 1938 Pero lo que más caracterizaba a estas tropas era su espíritu de cuerpo. Aunque la disciplina era absoluta, la camaradería se promovía desde el primer día. El tratamiento de “señor” a los superiores se arrinconó y se sustituyó por el grado. Era habitual ver a los oficiales comer con los soldados y actuar con ellos como una especie de hermanos mayores, atentos a sus problemas, aunque muy severos en caso necesario. Ello facilitaba el trabajo en equipo, tan importante en combate, basado en el respeto mutuo y la identificación con la unidad. Por esa razón no iban a gustar los traslados a los que muchos serían sometidos cuando las futuras Waffen-SS crecieran. En todo caso, la preparación militar resultaba prioritaria. Su objetivo era crear pequeños grupos de combate muy móviles, dotados de un gran volumen de fuego, capaces de penetrar en las líneas enemigas y desorganizarlas, a despecho de las bajas. Sin embargo, la urgente necesidad de estas unidades de obtener armas pesadas y nuevos reclutas para la guerra que se avecinaba topó con un serio obstáculo: la propia Wehrmacht. Un impulso que iniciaria la expansion. En general, las Fuerzas Armadas consideraron a sus homólogos de las SS como unidades políticas que pugnaban por arrebatarles sus mejores medios, e intentaron limitar su expansión. De sortear estas dificultades se encargó el astuto Gottlob Christian Berger, un hábil organizador sin escrúpulos que tejió una amplia red de influencias al amparo del poder político de su jefe. Su relación con el entorno industrial permitió la adquisición directa de armas sin pasar por los filtros militares. Su ascendiente sobre los dirigentes de la Hitlerjugend (Juventudes Hitlerianas) y el Servicio Alemán del Trabajo propició que sus miembros se alistaran voluntariamente en las unidades armadas de las SS, en especial tras lograr que el tiempo de permanencia en ellas contara para el servicio militar. Retrato de Gottlob Berger El “Leibstandarte” fue la primera unidad alemana que se adentró en la remilitarizada Renania, y sus hombres colaboraron en las pacíficas ocupaciones de Austria y Checoslovaquia. Sin embargo, no aparecían citados en los partes de la Wehrmacht, para disgusto de Himmler. La campaña de Polonia en 1939 iba a ser distinta, tal como auguraba la arenga de despedida de su jefe: “Hombres de las SS, espero que hagáis algo más que vuestro deber”. Espíritu de lucha no les faltó, pero los logros fueron escasos, y el número de bajas muy alto. Las unidades regulares tuvieron que acudir en su auxilio en más de una ocasión, por lo que el Ejército pidió la disolución de las tropas armadas de las SS por falta de profesionalidad. No era el caso. Himmler se defendió alegando que habían sido mal equipadas y peor utilizadas, que se les habían asignado objetivos por encima de sus posibilidades y que no habían recibido el apoyo correcto, y argumentó que la solución pasaba por fortalecer su estructura. Hitler accedió a ello. Por orden suya, a partir de las SS-VT y las SS-TV se crearían dos divisiones de una nueva organización, y una tercera división –que nunca dio muy buen resultado– se reclutaría entre la policía uniformada. Por otra parte, su guardia personal serviría de base para una de las mejores y más poderosas unidades alemanas de toda la guerra: la 1.ª División Panzer SS “Leibstandarte Adolf Hitler”. Unidades SS "Leibstandarte Adolf Hitler" A finales de 1939, todas las unidades armadas de las SS quedaron agrupadas en aquella nueva entidad: las Waffen-SS. Tenían cerca de 100.000 efectivos e iban a contar con sus propios sistemas de reclutamiento, reserva y logística, aunque al principio se nutrieron parcialmente de los equipos tomados al enemigo. También se las detrajo de la jurisdicción militar, dotándolos de tribunales propios. Esto era fundamental a la hora de analizar los excesos perpetrados contra la población civil en la lucha antipartisana y durante la guerra racial desatada en Europa del Este. De todos modos, para no indisponer al Ejército, quedaron subordinadas a este en el campo de batalla. Pero las ocupaciones de Checoslovaquia y Polonia abrieron una puerta que marcaría el futuro de las Waffen-SS: la incorporación de efectivos nacidos fuera del Reich. Una expansión sin límites Durante siglos, por circunstancias de la historia, miles de familias alemanas se habían asentado en distintas regiones de Europa conservando su lengua y sus tradiciones. A otras, vaivenes fronterizos las habían convertido en extranjeras sin moverse de casa. Eran los denominados alemanes étnicos. Berger vio en ellos una cantera de posibles reclutas con que sortear las restricciones impuestas por el Ejército, por lo que propuso su alistamiento. Himmler era renuente a amenazar los estándares de sus SS, pero acabó por dar el visto bueno, deseoso de incrementar la fuerza de su ejército particular. Unidad de las Waffen-SS de voluntarios daneses en 1941 La Wehrmacht no podía protestar, dado que se trataba de ciudadanos no alemanes. Pero su alistamiento creaba un grave problema. Al ser en su mayoría ciudadanos de países ocupados, corrían el riego de ser considerados traidores en caso de derrota. Un subterfugio para evitarlo era obtener la nacionalidad alemana, pero las autoridades del Reich siempre se mostraron reacias a concederla, y, cuando lo hicieron, fue en su mayoría por la duración de la guerra, lo que no solucionaba el problema. Precisamente, la obtención de la ciudadanía fue uno de los motivos básicos, junto con factores ideológicos y económicos, para el enrolamiento de extranjeros en un momento en que parecía que Alemania iba a ganar la contienda. El rendimiento de las Waffen-SS en la ofensiva occidental de mayo de 1940 mejoró. La “Leibstandarte” logró la mayor penetración en suelo francés antes del armisticio, una advertencia de lo que una unidad mecanizada y motivada podía hacer. La “SS-Totenkopf” adquirió fama de indiferencia ante las propias bajas. Y ante las ajenas: en Le Paradis, esta división mató sin mediar palabra a 98 soldados británicos que se habían rendido, una masacre que sorprendió incluso a los alemanes. El caso se repetiría más adelante en lugares como Oradour-sur-Glane o Malmedy. El Ejército se pliega Pese a los méritos militares de las Waffen-SS, el Alto Mando del Ejército continuó menospreciándolas. Pero la campaña de los Balcanes dio un vuelco a la situación. En ella, gracias a su arrojo, un batallón venció la difícil orografía griega tomando los estratégicos pasos de Klidi y Klisura, mientras que un grupo de apenas una treintena de hombres logró la rendición de Belgrado (con un farol: amenazando al alcalde con un devastador bombardeo). Los oficiales de la Wehrmacht comprendieron que luchar junto a una unidad de las Waffen-SS era toda una garantía. La invasión de la URSS representó un cambio cuantitativo y cualitativo. Los soldados soviéticos ofrecían una enorme resistencia, y, pese al avance germano, el país parecía no tener fin. Himmler revisa la división SS Viking en septiembre de 1942 La lucha era extrema, y los rusos respondieron a las atrocidades alemanas en parecida medida. A los miembros de las Waffen-SS que caían prisioneros les esperaban a menudo la tortura y la muerte. Era habitual ver sus cadáveres, decapitados o emasculados, colgados de los árboles. En represalia, sus compañeros le daban al gatillo sin preguntar. Poco importaba que las víctimas fueran civiles. La derrota ante Moscú abrió un abismo entre Hitler y sus generales. Solo las Waffen-SS parecían capaces de superarlo. Tuvieron que alistar nuevas divisiones, puesto que se hicieron cada vez más imprescindibles, actuando como cortafuego en las situaciones más comprometidas. A ellas se debió la última gran victoria alemana: la reconquista de Járkov, en marzo de 1943. Destacaron en Prójorovka, el mayor combate de blindados de la guerra, con más de mil carros enfrentados. Y llevaron el peso de la batalla de Normandía tras afianzarse el desembarco aliado en 1944. Sin embargo, cubrir bajas y crear nuevas unidades se convirtió en una tarea cada vez más difícil, por lo que el sistema de reclutamiento se relajó. No solo se recuperaron antiguos voluntarios que habían sido rechazados, sino que a los alemanes étnicos que quedaban en los países del Este se les obligó a enrolarse. La rebaja en la edad de alistamiento permitió crear una excelente división acorazada, la “Hitlerjugend”, cuya tropa tenía una edad media de 17 años (fue diezmada en Francia). También se incorporaron diversas legiones de voluntarios europeos que estaban luchando en la Wehrmacht con sus propios mandos nacionales. Fue el caso de la francesa LVF, base de la futura división “Charlemagne”, creada a finales de la guerra. No existió casi ningún país europeo que no contara con una representación en las Waffen-SS. Con ellas, Hitler emprendió las dos últimas grandes ofensivas de la guerra en las Ardenas y Hungría. Sin embargo, la desproporción de medios era tal que poco pudieron hacer, pese a batirse bien. Fracasada la última en marzo de 1945, Hitler ordenó que los miembros de las divisiones “Leibstandarte-SS Adolf Hitler” y “Hitlerjugend” retiraran de sus bocamangas la cinta con su nombre por no ser dignos de llevarla. Cuenta la tradición que se las devolvieron en un orinal, pero eso es solo una leyenda. Sencillamente, el mando ignoró la orden, y los hombres siguieron haciendo lo que habían hecho siempre. División "Hitlerjugend", alineada para recibir la Cruz de Hierro en julio de 1944 Un cuerpo de prestigio. En las Waffen-SS lucharon algunos de los mejores combatientes de la Segunda Guerra Mundial. No es algo que pueda hacerse extensivo a la entera estructura de la organización. Divisiones como la musulmana “Handschar”, que llegó a sublevarse durante el período de equipamiento en Francia, fracasaron estrepitosamente. Las que se especializaron en la lucha antipartisana, como la “Polizai” y la “Dirlewanger”, en la que se integraron convictos y delincuentes de toda clase, solo son recordadas por sus atrocidades. Algunas resultaron ser simplemente mediocres o estuvieron mal equipadas. Hubo unidades muy particulares, como el Cuerpo Libre Británico, con sus 59 hombres reclutados en los campos de prisioneros, que solo tuvo una función propagandística. La Legión India, algo más numerosa, cuyos integrantes se desempeñaron competentemente, se creó para una invasión conjunta de la India colonial británica que no se llevó a cabo. Pero, excepciones al margen, a lo largo de la guerra, las tres unidades originales y otras de nueva creación (como la mencionada “Hitlerjugend”, la “Viking” o la “Nordland”) no solo mantuvieron su eficacia, sino que la acrecentaron, por su espíritu combativo y por contar con mayor número de elementos blindados que el Ejército. Bien equipados y preparados, los miembros de las Waffen-SS difícilmente tenían parangón como máquina militar. Ilustración de la division SS-Charlemagne combatiendo en las calles de Berlín, 1945. Unos aportes audiovisuales para entrar mas en el tema. link: https://www.youtube.com/watch?v=k9Qndlu1SA4 link: https://www.youtube.com/watch?v=Lo9sDAoSAkI link: https://www.youtube.com/watch?v=8JC1OmTSqVQ link: https://www.youtube.com/watch?v=idOowOrEcNo link: https://www.youtube.com/watch?v=aGrUlOAZhso link: https://www.youtube.com/watch?v=WvSzE3RzjmE

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Apocalipsis: Stalingrado, la ultima carta de Stalin. Parte 1
Apocalipsis: Stalingrado, la ultima carta de Stalin. Parte 1
InfoporAnónimo8/17/2018

Conocida como la batalla mas sangrienta en la historia de la humanidad, hombres y mujeres armados solamente con valor se enfrentarian a todo el peso de la maquinaria de guerra Alemana. La suerte estaba hechada para Stalin.. ¿O no? Introducción a los Hechos. La Segunda Guerra Mundial para el Eje iba viento en popa en el verano de 1942. Nacionalsocialismo y fascismo avanzaban triunfalmente por todos los campos de batalla del Planeta Tierra sin oposición. Toda la Europa Continental estaba en manos del Tercer Reich o formaba parte de su alianza. Sobre África, la Italia Fascista con ayuda del Afrika Korps del mariscal Erwin Rommel, ocupaba una franja del continente y había comenzado la invasión de Egipto. Más lejos, en Asia y el Pacífico, el Imperio de Japón dominaba parte de China, el Sudeste Asiático y en cuestión de escaso tiempo había conquistado innumerables archipiélagos del basto océano. Simultáneamente la Francia de Vichy y su Imperio Colonial continuaban su guerra contra Inglaterra desgastando a los ingleses en la Isla de Madagascar; mientras en el Océano Atlántico los submarinos alemanes hundían los mercantes aliados uno a uno con increíble facilidad. Tras el largo despertar del Eje durante la primera etapa del año 1942, la segunda mitad todavía pintaba mejor, especialmente en el Frente del Este para Rumanía, Hungría, Italia, Croacia y otros socios del Tercer Reich. Finalizado el crudo invierno, las líneas alemanas todavía permanecían cerca Moscú al norte y apuntando hacua el Cáucaso hacia el Sur después de haber conquistado con éxito la Península de Crimea. Fuera de Rusia, Inglaterra se encontraba acorralada a la defensiva entre la India y Egipto por la presión del Imperio Japonés desde Birmania y por el Afrika Korps desde el Desierto del Sáhara tras su victoria en Tobruk. Estados Unidos a pesar de que había vencido en la Batalla de Midway a los japoneses, seguía aislado en el Océano Pacífico debido a sus derrotas navales en los meses anteriores y Australia bloqueada tras la ocupación japonesa de las Islas Salomón. Adolf Hitler, a punto de ganar ya la guerra, optó por dar el toque de gracia y poner fin al conflicto. Bajo el nombre de “Plan Orient”, el Tercer Reich haría subir a sus ejércitos desde África hacia Oriente Medio y desde el Caúcaso los haría bajar hacia hacia el sur de Rusia al mismo tiempo que desde la India entraría en contacto con sus socios europeos desembarcando en el Golfo Pérsico, desde donde se propiciaría una sublevación musulmana por parte de los árabes simpatizantes del Eje que supuestamente dejaría a los Aliados encerrados en una gran trampa. Con un este plan, Europa y Asia quedarían de manera irremediable a disposición del Imperio Germano-Japonés. Sin embargo no todo iba ser tan fácil, ya que el Eje se toparía con tres obstáculos que no se imaginaba: El-Alamein en Egipto; Guadalcanal en Australia; y la peor de todas en Rusia, en forma de una ciudad a orillas del Volga que se convertería en la mayor tragedia de la Humanidad hasta la fecha, Stalingrado. Los planes del Tercer Reich. Adolf Hitler, en el verano de 1942 estaba deseoso de ver al Ejército Alemán (Wehrmacht) y a los demás ejércitos del Eje reiniciar la ofensiva que se había visto frustada sobre Moscú. Esta vez el Grupo de Ejércitos Sur sería el protagonista, por lo que Moscú y Leningrado quedarían fuera de sus planes. Bajo el nombre de “Operación Azul”, el objetivo prioritario sería cruzar el Río Don y avanzar contra el Caúcaso para capturar los pozos petrolíferos y llegar al Mar Caspio. Para ello Hitler trasladó su nuevo cuartel general a Vinnitza, Ucrania, desde donde dirigiría las operaciones proximas al Don. En un principio a todos los generales les pareció bien la idea, incluidos los dos más importantes en la misión, Friedrch Von Paulus y Hermann Hoth, aunque muchos cambiaron radicalmente de idea cuando Hitler ordenó modificar el plan, alegando que el ataque debería hacerse en dos alas dividiendo al Grupo de Ejércitos Sur. Un estas alas sería el Grupo de Ejércitos A y estaría destinada al Caúcaso; la otra era el Grupo de Ejércitos B encargado de tomar el margen occidental del Río Volga y la ciudad industrial de Stalingrado. Operación Azul. La “Operación Azul” consistía en cerrar el Río Volga con el VI Ejército de Friedrich Von Paulus y con el IV Ejército Panzer (IV Panzerarmee) de Hermann Hoth atacando hacia Stalingrado, mientras que el resto del Grupo de Ejércitos Sur, conquistaba el Cáucaso con sus pozos petrolíferos. Los aliados de Alemania también tendrían un gran protagonismo en la operación, en especial el III Ejército Rumano de Petre Dumitrescu, el IV Ejército Rumano de Constantin Constantinescu, el II Ejército Húngaro de Gustav Jany, el VIII Ejército Italiano de Italo Garibaldi y el 369º Regimiento Croata. El despliegue del Eje se efectuaría de la siguiente manera: El VI Ejército cargaría de frente contra Stalingrado; más abajo lo haría el IV Panzerarmee; al sur de todo el sector se situaría el IV Ejército Rumano; en la retaguardia el III Ejército Rumano; al norte el VIII Ejército Italiano; y encima de este en el extremo más lejano el II Ejército Húngaro. Todos las fuerzas del Eje estarían apoyadas por la IV Flota Aérea Alemana de la Luftwaffe del general Wolfran Von Richthofen, primo del mítico Barón Rojo, Manfred Von Richthofen; y de la X Flota Aérea Rumana del general Emil Gheorghiu. Básicamente la fuerza principal de asalto era el Ejército Alemán con 320.000 hombres, 2.068 cañones, 2.700 tanques, 1.600 aviones, 14.000 vehículos y 58.104 caballos. El Ejército Rumano disponía de 200.350 tropas rumanas y 100 aviones. El Ejército Húngaro también tenía 235.000 hombres. El Ejército Italiano desplegaba 220.000 soldados con 988 cañones, 30 tanques, 420 morteros, 25.000 caballos y 17.000 vehículos. El Ejército Croata únicamente aportó 5.000 tropas, muchos católicos croatas y algunos musulmanes de Bosnia. Por último, unos 60.000 voluntarios eslavos blancos de las colaboracionistas Rusia Autónoma de Lokot y la Rada de Ucrania, participarían a favor del Eje como infantes o auxiliares. Mientras tanto, en la Union Sovietica.. Cariñosamente los soviéticos denominaban a Stalingrado con tres apodos: “Reina de la estepa”, “Dominadora del Volga” y “Puerta del Cáucaso”. Para Stalin era un símbolo, ya que durante la Guerra Civil Rusa (1917-1924), el Ejército Rojo comandado por él mismo había vencido al Ejército Blanco de Anton Denikin causándole 130.000 bajas en un evento conocido como la Batalla de Tsaristin. A partir de ese momento se cambió el nombre de la ciudad por el de Stalingrado. Desde entonces el trazado urbano se había transformado en una urbe de nueva generación soviética, con sus casas de ladrillo y mares de bloques de apartamentos para los obreros, llegando a vivir más de 800.000 habitantes en ella. Los seis barrios que componían Stalingrado tenían nombres revolucionarios: Fábrica de Tractores, Barricadas, Octubre Rojo, Dzerzhinsky, Voroshilovski y Kirovski, todos habitados por los trabajadores y familiares en sus más de 120 empresas estatales que incluían grandes albergues de viviendas, escuelas, guarderías, bibliotecas, hospitales y parques de ambulancias. Altededor de la urbe existían numerosas áreas fortificadas como el Monte Mamev Kurgan de 200 metros y la “Barricada Roja”, un complejo inmenso de naves industriales de unos 173.000 metros. Por el extremo oriental, Stalingrado deliminaba con el Río Volga, siendo la base portuaria de mayor tráfico fluvial interno de Rusia. Krasnia Sloboda comprendía la localidad al otro lado del río que abastecía Stalingrado junto a las dos porciones de tierra en medio del agua que constituían la Isla de Golodny y la Isla de Zaitsevsky. Con esta urbe tan compleja, al oeste abriéndose a Europa y al este hacia Asia, se iba a decidir el destino del mundo. El problema planteado a la hora de defender Stalingrado era su dificultad, no sólo en la ciudad, sino en todo el margen izquierdo del Volga, un motivo que llevó al Alto Mando Soviético (STAVKA) a fragmentar la batalla de tres frentes. El primero sería el Frente Sudoccidental junto a los más débiles ejércitos húngaros e italianos al norte; el Frente del Don delante del IV Ejército Rumano; y el más amplio, el Frente de Stalingrado, sobre una línea de 65 kilómetros a ambos lados de la ciudad frente al VI Ejército Alemán, al IV Panzerarmeee y al III Ejército Rumano. Vasily Chuikov fue el comandante designado para dirigir la defensa de la ciudad junto a su compañero Nikita Jruschov, cuya función era mantener operativos a los LXII Ejército y LXIV Ejércitos Soviéticos que se batían en retirada desde el Don para refugiarlos en Stalingrado, donde podrían abastecerles a ambos con tropas frescas traídas desde el Volga procedentes de los diversos lugares del Asia Central y Siberia durante la batalla. Si se conseguía convertir Stalingrado en una guerra de desgaste para los alemanes, los soviéticos diseñarían a lo largo de los próximos meses una operación para contraatacar y destruir a los ejércitos del Eje, algo muy ambicioso, pero que de producirse el milagro quizá fuera posible. El Ejército Rojo apenas disponía de soldados adiestrados y curtidos en batalla, ya que la gran mayoría carecían de experiencia militar y equipo, muchos de extracción campesina que eran enviados al frente directamente sin recibir lección técnica alguna debido a que un gran porcentaje de la recluta urbana había causado baja entre 1941 y 1942. Algunos de los pocos soldados procedentes de ciudad eran obreros entre los 16 y 55 años de la misma Stalingrado a los que se enroló en el Ejército Rojo o como milicia, ya fuesen mujeres o niños, a los que también se puso trabajar en columnas de 20 personas para trabajar en diversos distritos del núcleo urbano organizados por el Partido Comunista Soviético (PCUS). Simultáneamente se movilizaron a los habitantes de las aldeas de alrededor para cavar trincheras y situar a las mujeres en las piezas de artillería antiaérea; al mismo tiempo que los niños más jóvenes de las escuelas supervisados por sus maestros fueron llevados a construir defensas de barro junto al Río Volga. Cada edificio de Stalingrado fue convertido en una fortaleza impasable y cada calle en una barricada infranqueable. La Policía del Estado (NKVD) tomó el control de todas las esquinas para evitar desertores y derrotismos. Stalin estaba totalmente decidido a sacrificar toda Rusia si hiciera falta con tal de no entregar la ciudad que llevaba su nombre. Durante el clímax de la Batalla de Stalingrado el Ejército Rojo llegó a disponer de 1.200.000 tropas, 894 tanques, 13.451 cañones y 1.115 aviones. Apenas la Unión Soviética disponía de ayuda internacional en el Frente de Stalingrado, salvo unidades auxiliares de sus títeres Mongolia Exterior y Tannu Tuva. Sin embargo disfrutaba de divisiones y regimientos reclutados de sus diversas Repúblicas Soviéticas, de hecho, sólo un 60% de los soldados del Ejército Rojo en Stalingrado eran rusos porque el resto pertenecían a las regiones asiáticas de Kazakhstan, Uzbekistán, Kirziguistán o el Turkestán, entre otras, además de los habituales ucranianos, cosacos o la caballería mongola. El problema de estos pueblos del Asia Central como los kazakos, uzbekos, turkestanos, mongoles, calmucos, caucásicos o tártaros, era que al ser ciudadanos de regiones totalmente alejadas del mundo exterior para Occidente, les obligaban a ir al frente sacados de sus aldeas a punta de pistola sin tener ni idea de que a que tipo de guerra iban, algo que propiciaría numerosas deserciones nada más llegar a Stalingrado. A pesar de los muchos obligados, hubo voluntarios de la Internacional Comunista (Kommintern) de diversos países como bolcheviques de la China de Mao Tse-Tung o republicanos españoles que habían luchado en la Guerra Civil de España (1936-1939). Estados Unidos y Gran Bretaña también aportaron al Ejército Rojo muchos tanques, armas e incluso instrucotres o técnicos para la defensa de la ciudad. Comienza el ataque. A mediados del verano de 1942, la ofensiva del Eje sobre el Río Don y el Caúcaso comenzó sin contratiempos. Los alemanes apoyados por intenso fuego de la artillería y la Luftwaffe cruzaron el Río Don por el puente de Viertachi y avanzaron como un rayo por la cuenca de los Donets. Cuando el Grupo de Ejercitos Sur se dividió según el “Plan Azul” en el Grupo de Ejércitos A y el Grupo de Ejércitos B, ambos se abalanzaron hacia sus propios objetivos. El Grupo de Ejercitos B arrolló a los rusos sobre la estepa, que prácticamente se retiraron sin combatir. Un chiste muy común citado por los alemanes en aquel entonces era “delante ni un enemigo, detrás ni un suministro”, en referencia a la lentitud con que llegaba el combustible en la zona asiática de Rusia como consecuencia de los lejanos campos petrolíferos de Ploiesti en Rumanía. A unos 100 kilómetros de Stalingrado más o menos, fue cuando alemanes, rumanos, italianos y húngaros se dieron cuenta de que estaban luchando en la Eurasia y no en Europa. El lugar les recordaba al continente asiático con sus desiertos, palmerales, cañones rocosos, temperaturas calientes de hasta 53º C e incluso una interesanta fauna compuesta por camellos y dromedarios. La única diferencia era que todo aquello contrastaba con unas grandes campiñas verdes que se hacían interminables, coronadas a veces por el humo negro de las instalaciones petrolíferas que ardían en ciertas localidades boicoteadas por los soviéticos. Tales victorias alemanas durante esta etapa de movimientos llevaron a la captura de Gumrak, ciudad que causó la primera voz de alarma para que la URSS declarase Stalingrado en estadio de sitio. La batalla más dura de la Humanidad estaba a punto de comenzar. El 23 de Agosto de 1942, la 16ª División Panzer del general Hans Valentin Hube, avanzaba tranquilamente hacia Stalingrado cuando un avión de reconocimiento Fieseler Storch de la Luftwaffe sobrevoló las columnas de tanques dando media vuelta y aterrizando junto a estas. Del aparato bajó Wolfran Von Richthofen, jefe de la IV Flota Aérea, que para sorpresa de Hube, le vino a comunicar que muy pronto verían la mayor concentración bélica en el aire sobre un objetivo desde que había empezado la guerra en el Frente del Este. Los soldados de la 16ª División Panzer se sentaron curiosos a observar el espectáculo, cuando de repente hicieron aparición sobre sus cabezas un total de 1.200 aviones de la Luftwaffe que emitían un rugido a lo largo y ancho de la estepa. Los aparatos se componían de bombarderos Heinkel He 111, Junkers Ju 88 y los temidos Stukas, los cuales durante varios minutos sobrevolaron la zona alemana hasta desapercer en el horizonte. Su objetivo claramente era Stalingrado. Aquel 23 de Agosto, la ciudad del Volga se había despertado soleada y tranquila, cuando de repente aparecieron los aviones. Los Stukas, más rápidos, se adelantaron a los bombarderos soltando sus bombas sobre las casas y ametrallando las calles. Después los Heinkel He 111 y Junkers Ju 88 desprendieron cargas incendiarias que consumieron las viviendas de madera al sudeste de la ciudad, convirtiendo el área en una hoguera. Las bombas de fragmentación derrumbaron los edificios de dos plantas, aunque los apartamentos de más altura sólo se resquebrajaron por dentro sin llegar a demolerse. La central telefónica y las depuradoras de agua fueron destruidas, incluso hasta el hospital recibió un bombazo que lo partió en dos haciendo que saltaran despedidos por las ventanas los pacientes. Tras el ataque al centro de la ciudad, los aviones se concentraron sobre la zona industrial en la orilla del Volga, impactando con sus bombas los tanques de petróleo que provocaron una reacción química de los combustibles fósiles con la consiguiente bola de fuego que se elevó 450 metros, la cual a los pocos minutos acabó convirtiéndose en una columna de humo que alcanzó una inmensa altura, tanto, que podía verse a 320 kilómetros de distancia en Rusia Meridional e incluso desde Ucrania. Como saltaron los conductos de agua, los bomberos no pudieron apagar los incendios, problema al que se sumó el petróleo desparramado por el agua ardiendo y su extensión a las calles en donde llegó a abrasar los postes telefónicos. Al final del bombardeo los muertos fueron incontables. La Luftwaffe habían lanzado un total de 1.000 toneladas de bombas perdiendo sólamente tres aviones con la pérdida de un piloto, que tras saltar en paracaídas tuvo la mala fortuna de caer dentro de una casa incendiada en la que se quemó vivo. La Luftwaffe en su insesante bombardeo. Una vez finalizó el bombardeo, la 16ª División Panzer comenzó a moverse muy rápido, avanzando 40 kilómetros hacia el interior al mismo tiempo que los cañones antiaéreos soviéticos a las afueras de Stalingrado cambiaban sus mirillas de los aviones hacia los blindados. La confusión inicial dejó algunos Panzer fuera de combate, pero en seguida llegaron los Stukas para dar cuenta de las piezas enemigas, destrozando a la mayoría y matando a sus dotaciones. Superado el problema, la 16ª División Panzer todavía no se habían dado cuenta de que sus hombres ya se había enzarzado en la lucha por Stalingrado. Oficialmente a las 16:00 horas de la tarde de ese 23 de Agosto, los alemanes llegaron por primera vez al Río Volga tras recorrer 60 kilómetros, concretamente a la localidad de Kuporosnoe. Para inmortalizar el momento se sacó una fotografía muy famosa a la que titularon “Llegamos al Volga”. Esa fue la primera vez que vieron Stalingrado a lo lejos con las inmensas columnas de humo difuminándose en el cielo, tras ésta, el continente asiático se extendía en un interminable desierto. El pánico cundió en la ciudad al saber que los alemanes estaban tan próximos. Pero temiendo Stalin que la situación se le fuera de las manos, cursó la orden de prohibir cualquier plan de evacuación a través del río, apostando para ello centenares de Guardias Rojos y miembros de la NKVD que impidieron que nadie pasara al otro lado. Mientras tanto, la 16ª División Panzer dejó atrás el sector de Ronik que los alemanes tomaron sin problemas, para luego internarse en la última fase de avance hacia Stalingrado. Las mujeres rusas que dirigían las baterías antiaéreas a las afueras de la ciudad dispararon ferozmente contra los tanques al verlos estaban tan cerca de la urbe, pero no sirvió de mucho, pues los alemanes corrieron fugazmente destruyendo a 37 cañones soviéticos y capturando a un buen número de jeeps Willy estadounidenses que usaban los rusos. El general Vasily Chuikov con Nikita Jruschov evaluaron la situación para llegar ambos a la conclusión de que los alemanes alcanzarían los suburbios al día siguiente gracias a la absurda orden de Stalin de resistir en la ciudad. Desgraciadamente no consiguieron hacer cambiar de opinión a su líder, quién obsesionado con la idea, no que deseaba de ningún modo entregar a Hitler una ciudad que ostentaba su nombre. Con los movimientos envolventes de los Panzer a través de las zonas de Rossoka y Samofalovska, la 86ª División de Fusileros Soviética quedó cercada en Bolsiciaya. Tenazmente los soviéticos resistieron los asaltos alemanes del 24 de Agosto, consiguiendo destruir 27 tanques alemanes en una sóla jornada, lo que les facilitó escapar del cerco hacia Stalingrado. Curiosamente en la acción participaron numerosos republicanos españoles, entre ellos Rubén Ibarruri, hijo de Dolores Ibarruri, “la Pasionaria”, Presidenta del Comité Central del Partido Comunista Español, quién tras ser mortalmente herido en Bolsiciaya perdió la vida. Unidades blindadas Alemanas avanzan sobre una aldea a las afueras de Stalingrado Otro bombardero a gran escala de la Luftwaffe se produjo el 25 de Agosto, aunque con muchos menos aparatos que la otra vez. Numerosas viviendas fueron destruidos, así como el famoso Restaurante Chino Shangai. No muy lejos de allí, los tanques y cañones de la 16ª División Panzer se detuvieron frente a Stalingrado sin llegar a entrar en la ciudad, ya que al otro lado del Volga divisaron decenas de embarcaciones llevando tropas y suministros a la zona soviética. Sin dudarlo un momento abrieron fuego y hundieron varias barcazas sobre el Volga, matando a numerosos ocupantes. A finales del mes de Agosto, los alemanes bombardearon el río con cañones, Panzer y Stukas, mientras las embarcaciones soviéticas transportaban refuerzos a Stalingrado y al otro lado, en la costa de Asia, evacuaban a los heridos. Las armas alemanas hundieron 9 barcos sobre el Volga, de las cuales 7 fueron transportes y 2 barcos de vapor. La orilla opuesta del Volga también fue bombardeada por la artillería alemana, aunque el único resultado que obtuvieron fue la voladura de un tren. Fuera de Stalingrado, el IV Ejército Panzer de Hoth, también cosechó éxitos al hacerse con parte de la zona meridional que incluía el Lago Sarpa tras una larga persecución de los rusos en retirada que acabó con la toma de los Altos de Gavrilovska. Otros destacamentos del IV Ejército Panzer se apoderaron del aeródromo ruso de Kalach junto a Stalingrado, estableciendo en este una base aérea para la Luftwaffe que fue bombardeada inmediatamente por aviones rusos nada más estar lista, por suerte sin daños tras ser repelidos por cazas Messerchmitt Bf 109. Messerschmitt 109 dando tarasca. Hubo un primer intento de penetrar dentro de Stalingrado la mañana del 29 de Agosto. La Wehrmacht lo protagonizó asaltando las afueras del Barrio de la Fábrica de Tractores la mañana del 29 de Agosto. No obstante terminó en un fracaso absoluto porque las tropas y las baterías antiaéreas soviéticas apostadas en la zona consiguieron repelar el ataque alemán con éxito al eliminarles 70 tanques y abatir 12 aviones. Por aquel entonces ya habían muerto 40.000 civiles en Stalingrado bajo las bombas alemanas. Ante la desastrosa estrategia que los rusos estaban planteando en Stalingrado, Stalin hizo cambios en su plana mayor, nombrando entonces a su general favorito, Georghi Zukhov, a vicecomandante supremo para dirigir un contraataque del Ejército Rojo. Mientras tanto Vasily Chuikov fue puesto la frente de la defensa de la ciudad con la misión de mantenerla en manos rusas el mayor tiempo posible. El 1 de Septiembre de 1942, tres años después del inicio de la Segunda Guerra Mundial, el Ejército Rojo lanzó un contraataque contra el VI Ejército Alemán como última medida desesperada para impedir que los germanos pusieran pie en Stalingrado. El ataque lo dirigió Georghi Zukhov, con el I Ejército de la Guardia y el XXIV Ejército. Pero ni siquiera la audacia de Zukhov pudo evitar la catástrofe, ya que las tropas se desmoralizaron y comenzaron a retirarse nada más comenzar los ataques aéreos alemanes. El contraataque se convirtió en otra huída desordenada, aunque todo no fue en vano, pues se retrasó a los alemanes el tiempo suficiente para que los restos del LXII Ejército y el LXIV Ejército que llevaban semanas huyendo del Frente del Don, consiguieran resguardarse en Stalingrado para reorganizarse. Finalmente el 3 de Septiembre, el cerco de Stalingrado se completó y la ciudad a orillas del Volga quedó asediada por tierra a merced del Ejercito Alemán. Justo después de completarse el cerco de Stalingrado, la Wehrmacht dividió sus fuerzas en dos grupos para el asalto a la ciudad: el primero iba encaminado al norte de la urbe la 16ª División Panzer; mientras que el segundo se lanzaría sobre el sur y centro de la ciudad con las 24ª, 71ª, 76ª, 94ª y 295ª Divisiones de infantería, la 29ª División Motorizada y la 14ª División Panzer; quedando en reserva la 389ª División de Infantería, la 60ª División Motorizada y la 100ª División de Cazadores Austriacos. La 16ª División Panzer al estar aislada en el norte de la ciudad fue la que más sufrió durante la embestida a los suburbios porque el Ejército Rojo lanzó a todos sus carros de combate disponibles en Stalingrado contra esta fuerza alemana como última oportunidad para impedir el acceso de los germanos a la ciudad, asalto que acabó en tragedia después de que los Panzer destruyeran a más de 100 tanques rusos entre T-34 y Sherman importados de Estados Unidos. Por esta victoria local alemana, el comandante de blindados Hyazinth Graf Strachwitz recibió las Hojas de Roble con la Cruz de Hierro y la jubilación, lo que le salvaría del horror que estaba por venir, recayendo el nuevo mando de su división en el comandante Bern Freytag-Loringhoven. Von Paulus pronto comprendió que había infravalorado al Ejército Rojo al descubrir que aún tenía tropas suficientes para lanzar contraataques. Por esa razón decidió limpiar las zonas a las afueras de la ciudad que como el tramo ferroviaro de Gumark o el Cañón del Tsaritsa, una cadena de montañas recortadas y precipicios junto al Río Tsaritsa donde los rusos poseían numerosa artillería y fuerzas partisanas de retaguardia, se habían convertido en una molesta guarnición para la Wehrmacht. A la hora de asegurar el Cañón del Tsaritsa fue necesario el uso de Stukas contra las posiciones rusas y posteriores cargas de la infantería alemana, mientras, para debilitar los envíos de refuerzos enemigos la Luftwaffe acosó Krasnia Sloboda en la orilla asiática del Volga donde se encontraba el cuartel general de Chuikov. Otros objetivos tomados durante esa etapa fueron la Estación de Voroponovo y la Casera de Basarghino. Los aliados de Alemania también entraron en escena ese día, ya que detrás de Stalingrado se apostó el III Ejército Rumano limpiando las últimas defensas rusas, al norte el VIII Ejército Italiano frente al Río Don y 200 kilómetros más arriba las tropas del II Ejército Húngaro. Para el 10 de Septiembre, por fin la evacuación de la población civil de Stalingrado se llevó a cabo a través del Volga. Fueron trasladados 300.000 civiles al margen oriental, pero otros 50.000 tuvieron que quedarse en la ciudad para sufrir un incierto destino. El último trasbordador que salió de Stalingrado fue alcanzado por un proyectil que lo hundió y que apenas dejó supervivientes en la explosión. Victoriosos los alemanes, la entrada en la ciudad quedó fijada para el 12 de Septiembre. Por aquel entonces el Eje había capturado 26.500 prisioneros soviéticos y destruido 830 tanques y 350 cañones rusos. Batalla sin cuartel A las 6:45 de la madrugada hora rusa (4:45 hora alemana) del 11 de Septiembre, el VI Ejércitó Alemán dio comienzo la conquista de Stalingrado. El primer objetivo de la ciudad en ser atacado fue la Estación de Sadovaya por la 76ª División de Infantería, al mismo tiempo que la 71ª División de Infantería asaltaba el embarcadero central, una acción inútil esta última porque fue rechazada a manos de unos pocos defensores. En el momento en que los alemanes recibieron su primer bautismo de fuego en Stalingrado, comprendieron en el lío en que se habían metido, ya que todos los edificios se habían convertido trampas mortales, las calles eran vías impasables por culpa de los escombros, el aire se había vuelto de color marrón y por si fuera poco se respiraba un desagradable polvo por todas partes. Mamev Kurgan, una montaña natural de 102 metros de altura que había sido convertida por los rusos en una fortaleza inexpugnable en la mitad de un parque del Barrio de Dzerzhinski, entró en los planes de conquista de la Wehrmacht al principio mismo de la campaña, operación a la que fueron asignadas las 14ª, 24ª y 94ª Divisiones de Infantería. El combate por el Mamev Kurgan se inició el 14 de Septiembre, una lucha encarnizada, en la cual los escasos defensores rusos no dieron tregua a los alemanes que escalaban una y otra vez la colina, descendiendo a continuación con muy pocos supervivientes. Simultáneamente a la batalla por el Mamev Kurgan, la lucha en la Estación de Stalingrado se desarrolló cruelmente, pues en escasas horas, las instalaciones ferroviarias cambiaron tres veces de manos, una por parte de los alemanes y otra por parte de los soviéticos. El único éxito alemán esa aciaga jornada fue la captura de la depuradora de agua en las orillas del río. Desgarradora vista de Stalingrado del otro lado del Volga Más o menos los rusos consiguieron frenar la conquista alemana de Stalingrado por todos los puntos, motivo que llevó a Zukhov a la decisión de lanzar un contraataque con fuerzas al otro lado del Volga contra los sectores en donde los alemanes estaban desgastándose más. La 13ª División de Guardias compuesta por 10.0000 soldados y tropas a camello fue seleccionada para dar el golpe. El 15 de Septiembre por la mañana, las tropas y los camellos de la 13ª División de Guardias, tuvieron que camuflarse tras la parte asiática del Volga, entre vegetación exótica para evitar a los Stukas que sobrevolaban sobre ellos en busca de presas. Una vez pasó el peligro los soldados esperaron al crepúsculo, entonces comenzaron a subir en todo tipo de embarcaciones como cañoneras, barcos pesqueros, gabarras y botes a remo. El cruce fue aterrador para los rusos, ya que los alemanes les disparaban desde la orilla con cañones, morteros y ametralladoras, recibiendo una cañonera el impacto de un proyectil que quitó la vida a 20 soldados soviéticos. Nada más llegar los primeros botes a la orilla, los rusos saltaron y cargaron directamente contra los alemanes sin tomar ninguna medida para cubrirse. Los germanos que se situaban a 100 metros del río se replegaron hacia atrás para ocultarse en la estación y unas fáctorías. Pero los rusos no desistieron, porque les persiguieron y les dieron caza en una fábrica de ladrillo rojo, instalación en la se enzarzaron en un fortísimo combate que terminó en victoria soviética tras acribillar a balazos la infraestructura durante horas. Al terminar el dia, de los 10.000 hombres de la 13ª División de Guardias, sólo quedaban 3.000 vivos tras haber muerto casi 7.000. El combate en la montaña del Mamev Kurgan llegó a un punto culminante para los dos contendientes el 16 de Septiembre. La 295ª División de Infantería volvió a cargar contra la colina defendida por tropas de la NKVD con algo más éxito que en jornadas anteriores, pero de nuevo tuvo que retirarse cuando llegaron los restos de la 13ª División de Guardias para reforzar a los defensores. La artillería alemana inmediatamente bombardeó el Mamev Kurgan intensamente, respondiendo también los rusos al cañonear el parque a la falda de la montaña donde se amontonaban los alemanes. Tras el amanecer frío del 17 de Septiembre, los germanos protagonizaron una nueva intentona de conquistar el Mamev Kurgan, esta vez lanzando a los tanques contra la montaña, aunque nada más empezar el ataque, los rusos destruyeron un Panzer y eso causó el pánico entre las filas alemanas que terminaron por retirarse de nuevo. Paulus ya cansado de ver como el Mamev Kurgan no caía, ordenó un ataque masivo contra la montaña costase lo que costase. El 18 de Septiembre los alemanes se lanzaron en oleadas y a bayonetas caladas hacia el Mamev Kurgan. Los rusos, que ya sólo tenían 50 defensores y 10 tanques T-26, rechazaron diez ataques con encarnizados combates cuerpo a cuerpo. Por la noche las dos únicas ametralladoras Maxim que tenían los soviéticos para defenderse en la montaña fueron destruidas, instante en que se ordenó la retirada del Mamev Kurgan, abandonando atrás a los heridos que se quedarían a merced del enemigo. Al finalizar la jornada, los alemanes conquistaron la tan odiada colina para ellos. Stuka ametrallando barcazas Sovieticas en el ancho del Volga. La lucha urbana se convirtió en una pesadilla para los alemanes. Siempre tenían que vivir en tensión y con un miedo interior que no podían disipar, estando sus ojos rojos de cansancio y volviéndose las esperanzas de victoria lejanas. Cada vez que se conquistaba un edificio los rusos recapturaban otro al mismo que tiempo que entre las ruinas ocultaban cañones antitanque desde donde convertían a los Panzer en blancos fáciles tras quedar inmovilizados entre los escombros. Por si fuera poco los francotiradores se habían ganado el título de expertos en cazar a oficiales alemanes y los ingenieros en volar edificios ocupados. El cielo de la ciudad estaba constantemente ennegrecido y era difícil ver el Sol por culpa de un inmenso hongo de humo que alcanzaba los 3 kilómetros de altura después de haber sido incendiados los oleoductos, algo que otorgó a Stalingrado un aspecto gris y tenebroso. El ruido de los camiones lanzacohetes Katiusha, más conocidos como “órganos de Stalin”, desmoralizaba a los alemanes, mientras que el grito de los Stukas al caer en picado desconcertaba a los rusos con su insoportable eco entre las avenidas. El miedo a la noche era terroífico, pues los rusos hacian incursiones nocturnas a cuchillo contra las posiciones alemanas tras sus líneas y colocaban minas antes del amancer para que por la mañana el enemigo las pisara. Tampoco los ataques de los aviones nocturnos U-2 soviéticos que aparecían silenciosamente por sorpresa ayudaban a pasar mejor la noche. Pero lo peor que tenían que soportar los alemanes era la conquista de casas y apartamentos porque antes debían despejar cada muro, ruinas y tejados defendidos por los rusos a un coste altísimo en bajas. Tan desesperante era esa función, que entre pared y pared se escuchaba al enemigo hablar y respirar. Para tomar un simple fábrica, los alemanes tenían que emplear a más de 700 soldados contra unos defenores que no llegaban a las 40 personas. Al soldado alemán tuvieron que equiparle sobretodo con más lanzallamas y granadas, ya que no había en la ciudad no había un sólo rincón que no estuviese defendido, siendo necesario para ello limpiar cada sótano e incluso las alcantarillas. Precisamente la batalla se intensificó en los subsuelos y alcantarillados a lo largo de interminables hileras de oscuros túneles atestados de agua sucia y ratas. Pero la superficie era más peligrosa, ya que las trincheras se cavaban a 45 metros una de otra, desde las cuales los contendientes se insultaban y amenzaran a gritos cuando se aburrían, como por ejemplo cuando los alemanes gritaban: “Russ, skoro bul-bul u Volga (Pronto haréis burbujas en el Volga)”. El nombre de “Blitzkrieg (Guerra Relámpago)”, fue sustituido por los alemanes por el de “Rattenkrieg (Guerra de Ratas)”. Aunque los alemanes estaban sufriendo un terror psicológico tremendo, los rusos no estaban mejor, pues a pesar de que se sentían más seguros tras sus defensas, las bajas eran mucho más elevadas en su bando; de hecho, morían 6.000 soviéticos y 700 alemanes diariamente en la ciudad, llegando a ser la esperanza de vida de un ruso en Stalingrado sólamente de un día. Durante la segunda mitad de Septiembre de 1942, los alemanes poco a poco fueron superando los obstáculos y empezaron a moverse con más facilidad entrando en el centro de la ciudad. Sectores como el Barrio de Minina, el Silo de Grano, el Complejo Agroalimentario o la Fábrica de Clavos cayeron en manos alemanas. Pero sin duda la batalla más dura tuvo lugar en la Plaza Roja, donde los alemanes y rusos se desangraron por obtener el control del enorme Almacén Univermag, una batalla que culminó con la conquista alemana de dicha instalación y con la toma de la Sede del Partido Comunista Soviético (PCUS). Al saber que los alemanes estaban en la simbólica Plaza Roja, los rusos se desmoralizaron y se retiraron hacia los dos embarcaderos que todavía eran seguros en el Volga para poder escapar, no sin antes ser ejecutados muchos de ellos por los comisarios. Esa desbandada permitió el 22 de Septiembre que 100 tanques alemanes se hicieran con la Avenida de Moskovskaia, las calles Kurskaia y Kíevskaia y un área a 200 metros junto a la depresión del Río Tsaritsa, ocupando su embarcadero central y destruyendo el transbordador, además de reducir a la 42ª Brigada Especial de los rusos a sólo 20 hombres. El Barrio de Voroshilovski fue ocupado también en su totalidad, así como la Casa L y la Casa de los Trabajadores del Ferrocarril. Con estos avances un 90% de Stalingrado estaba en manos alemanas, mientras que el Ejército Rojo sólo disponía de una estrecha franja de 8 kilómetros de largo en la orilla del Volga con una profundidad entre los 100 y 800 metros. Aprovechando la ventaja y el caos reinante, los alemanes empezaron a bombardear los embarcaderos con artillería y lanzacohetes Neberwerfer. Zukhov con la intención de disminuir la presión de los éxitos alemanes y calmar a sus propios hombres que veían perdida la batalla, decidió fijar un contraataque para el 23 de Septiembre encaminado a desalojar la falda del Mamev Kurgan usando para ello a la 13ª División de Guardias y la 284ª División Siberiana. El plan fue preparado minuciosamente con el traslado nocturno de los batallones de guardias y siberianos procedentes de Asia a través del Volga la noche del 22 al 23 de Septiembre sin que los alemanes advirtieran de su presencia. Sobre las 3:00 horas, las dos divisiones soviéticas cargaron a través del Barranco de Krutoi y al despuntar el alba alcanzaron las cotas bajas del Mamev Kurgan. Sin embargo la acción terminó en fracaso porque los germanos les rechazaron provocándoles elevadas bajas, una buena noticia para Von Paulus que aquel día cumplía 52 años de edad. No obstante el asalto no fue en vano, pues la presencia de los siberianos en el sector facilitó a los rusos el día 24 irrumpir en la Plaza 9 de Enero y arrebatar a los alemanes el Banco Estatal (Goshbank) y la Casa Pavlov, además de reforzar los Barracones de la NKVD, por aquel entonces altamente disputados. Fracasado el primer contraataque contra los alemanes, los LI y LVII Ejércitos Soviéticos lanzaron un segundo intento esta vez contra el IV Ejército Rumano situado al sur de Stalingrado con la intención atraer sacar fuerzas alemanas y disminuir la presencia germana sobre la urbe. Sin embargo los dos ejércitos soviéticos también fracasaron completamente en su en su misión, pues ni los alemanes se movieron y ni los soldados rumanos retrocedieron al resistir la embestida soviética en sus posiciones. Aquella derrota provocó que el miedo cundiese entre las filas del Ejército Rojo e hizo que todos los puestos de mando y comandancias dentro de la ciudad huyesen a la Isla de Golodni situada en medio del Volga, desobedeciendo de esa manera las órdenes de Stalin de no retroceder. La única fuerza soviética que quedó en Stalingrado fueron unos pocos hombres valientes parapetados en los muelles, quienes milagrosamente aguantaron con éxito siete ataques alemanes durante las siguientes 24 horas. Para celebrar aquella victoria la prensa germana del Ministerio de Propaganda dirigido por Joseph Goebbels anunció el 26 de Septiembre que la bandera nacionalsocislista ondeaba sobre Stalingrado, algo en parte cierto porque los alemanes controlaban gran parte de la ciudad, salvo una pequeña franja a orillas del Volga y unos pocos edificios. Nadie se pensaba en el Alto Mando Alemán (OKW) que el Ejército Rojo lanzaría otro de sus contraatques el 27 de Septiembre, adelantándose de esta manera a la ofensiva alemana prevista sobre los embarcaderos que casualmente había comenzado con un bombardeo de Stukas a las 4:00 de la mañana. Inesperadamente una oleada rusa que había desembarcado gran cantidad refuerzos por la noche, se extendió a lo largo de las posiciones alemanas realizando asaltos selectivos sobre el Mamev Kurgan, la Fábrica de Armamento Barrikadi, la Planta Química Lazur, la Metalistería Octubre Rojo y los alrededores de la Fábrica de Tractores. El primer objetivo en atacar el Ejército Rojo fue la Fábrica de Armamento Barrikadi y las viviendas obreras de alrededor, tornándose el combate en un sangriento espectáculo cuando las mujeres rusas que allí residían salieron huyendo de sus escondites para ser en el acto masacradas por una ametralladora soviética de su propio bando que las acusó de traidoras y cobardes. Simultáneamente al asalto de los rusos del 27, los alemanes se anticiparon con otro ataque en diversos sectores que incluyeron la Metalistería Octubre Rojo con una carga que protagonizó la 100ª División de Cazadores Austríaca. A escasos metros la 24ª División Panzer y la 95ª División de Fusileros Soviética se encontraron inesperadamente cara a cara mientas ascendían hacia la cumbre del Mamev Kurgan, lo que derivó en tiroteo por parte de ambos en el que los alemanes se fueron imponiendo al forzar la retirada rusa y asegurar las cisternas del monte. Curiosamente los únicos que no encontraron apenas resistencia fueron los voluntarios del 369º Regimiento Croata que tomaron con facilidad la Terminal de Locomotoras y se atrincheraron frente a los Barracones de la NKVD. Precisamente tan buena fue la labor de los croatas, que el mismo Gobernador “Poglavnik” de Croacia, Ante Pavelic, se convirtió en el primer y único líder de un país que visitó Stalingrado para comprobar la eficacia de sus hombres, por aquel entonces asentados en torno a la Metalistería Octubre Rojo. Al empezar Octubre, la situación en Stalingrado era crítica desde el mismo día 1. Los alemanes dominaban las dos estaciones ferroviarias, el barrio de negocios, parte de Barrikadi y parcialmente la Fábrica de Tractores. Ese mismo día la zona fortificada denominada “Stalingrado I” fue capturada, huyendo los 6 únicos rusos supervivientes, que todos heridos, subieron a una barcaza y se dejaron llevar por la corriente durante tres días hasta que los rescató la dotación de un cañón antiaéreo en la localidad de Kuporosnoie. Posicion alemana resistiendo una carga suicida Sovietica en la Plaza Roja. Desesperados aquel inicio de Octubre los soviéticos enviaron más refuerzos a Stalingrado desde el Volga en forma de la 39ª División de Guardias y la 308ª División de Infantería Siberiana. La maniobra distrajo a los comandantes rusos de la atención sobre otros sectores como el Barranco de Krutoi, donde la 295ª División Soviética se salvó por los pelos de un envolvimiento alemán. Los alemanes para compensar la llegada de más rusos sanearon sus líneas haciendo entrar en escena a la 14ª División Panzer y a la 94ª División de Infantería contra la Metalistería Octubre Rojo. El traslado efectuado el 2 de Octubre se coordinó con bombardeo aéreo que incendió un almacén de combustible, lo que dejó una inmensa mancha de petróleo negro que descendió ladera abajo quemando vivos a varios rusos hasta que se apagó una vez entró en contacto con el río. Otra tragedia similar ocurrió en el agua el día 6 cuando cuando una barca sobrecargada con soldados volcó y 16 soviéticos se ahogaron. Uno de los mayores espantos que sufrieron los soldados rusos en Stalingrado fue su propia NKVD, la fuerza política que controlaba a todo el Ejército Rojo. Durante la batalla la NKVD fue culpable de una de las mayores matanzas en la Historia que un ejército había perpetrado hacia sus propias tropas. Miles de soldados soviéticos murieron bajo las balas de su mismo bando en la ciudad, siendo múltiples las razones; la mayoría escapar en medio de un asalto hacia sus líneas, cobardía, deserción, autoinfligirse heridas para no combatir, intentar entregarse prisionero a los alemanes o difundir el derrotismo. Todas las unidades de combate dentro de Stalingrado tenían un comisario de la NKVD que destacaba por sus chaqueta negra de cuero. Cuando alguien infrigía la normativa el castigo podía hacerse de dos maneras: una de estas era una acción punitiva masa después de que grupos o incluso compañías enteras de soldados huyeran del combate para ser ametrallados a continuación desde sus propias posiciones por los comisarios y tropas del NKVD; o también una acción punitiva individual al cesar la lucha, en este caso desnudando a los acusados antes de ser fusilados para aprovechar la ropa. A tal punto llegó la obsesión de la NKVD que las familias de los desertores sin tener culpa de nada eran arrestadas en sus hogares y enviadas a campos de concentración o gulags de Siberia, incluso a veces ejecutadas. Supuestamente de este modo motivaban a las tropas a no escapar cuando veían a sus mujeres, hijos, bebés o padres amenazados. El más mínimo comentario de queja o derrotismo se pagaba con la vida, llegando incluso los soldados rusos a temer más a su ejército que a los alemanes, lo que facilitó infinidad de suicidios entre los reclutas. Pero no obstante los civiles también pagaron caro la cacería de la NKVD, pues muchos hombres y mujeres que estaban en la zona alemana de Stalingrado y que por escasos momentos recapturaban los rusos, eran ejecutados por la más absurda sospecha de haber tenido contacto con el enemigo. Los comisarios soviéticos no tuvieron piedad ni de los niños, pues muchos de estos cuando se acercaban a los alemanes para que les regalaran un trozo de chocolate o algo de comer, eran inmediatamente abatidos por francotiradores del NKVD a sangre fría sin importarles la edad, llegándose a veces a matar a pequeños de hasta tres años. Un total de 13.500 soviéticos fueron ejecutados por la NKVD comunista en Stalingrado. A pesar de todo era difícil en muchos casos no desertar, ya que las condiciones en que estaban los soldados eran pésimas. Por ejemplo durante las cargas frontales contra el enemigo la mitad de las tropas iban sin armas, por lo que tenían que estar a la espera de que un compañero muriese para coger la suya y disparar. Sin embargo los crímenes no sólo ocurrieron en el lado soviético, sino en mucha menor medida también en el alemán. Un ejemplo de ello fue el Sonderkommando 42 de las SS que se encargó de ejecutar a todo aquel que perteneciera al Partido Comunista Soviético y la NKVD, además de deportar como esclavos a los pocos judíos que residían en la ciudad. Oficial de la NKVD A lo largo del segundo período de Octubre los francotiradores soviéticos en Stalingrado ganaron fama y gran admiracón por parte del Ejército Rojo Al fin y al cabo eran ellos los que más bajas estaban causando al enemigo. El francotirador más popular fue Vasili Zaitsev, un campesino procedente de los Urales que abatió a 149 alemanes en la ciudad. Desde Alemania tanto miedo llegó a infundar este tirador, que la Wehrmacht llegó a enviar al mejor francotirador del país, el austríaco Heinz Thorval, para eliminar al mejor de Rusia, precisamente Zaitsev. Sorprendentemente ambos mantuvieron un duelo durante días como de si de un “Western” de pistoleros se tratase que alcanzó fama internacional en la prensa de todo el mundo. Finalmente el combate finalizó con la victoria de Zaitsev tras haber descubierto la posición de Thorval escondido bajo una lámina de zinc, momento que aprovechó para dispararle y definitivamente matarle. Vassili Zaitsev portando su flamante rifle Mosin nagant Nada cambió durante la última etapa de Octubre en la ciudad del Volga a excepción del área defendida por los rumanos a las afueras, donde el LVII Ejército Soviético lanzó múltiples cargas con la finalidad de desgastar los flancos. Sin embargo todas terminaron en fracaso porque los rumanos, bien aferrados al terreno, les repelieron constantemente. La única unidad del Eje que realmente lo pasó mal fue la 20ª División de Infantería Rumana, que durante días tuvo que sostener la cima de una loma junto al Volga hasta que ya no pudo aguantar más y se vió obligada a retirarse dejando atrás elevadas bajas. Por aquel entonces los flancos del VI Ejército Alemán en Stalingrado protegidos por rumanos, italianos y húngaros se alargaban casi 200 kilómetros, lo que dejaba a los alemanes dentro de la ciudad en una posición muy vulnerable. A las advertencias sobre dicha debilidad en los extremos que hizo saber el Conducator rumano Ion Antonescu a Hitler, el Führer optó por reforzarlos sacando a un total de150.000 animales de carga, entre estos caballos, camellos y bueyes para suministrar el perímetro exterior. Mientras tanto en el exterior, muy lejos de Stalingrado, en Egipto, las tropas del Eje empezaban a sufrir sus primeros contratiempos en la contienda. Primeramente el Afrika Korps de Rommel fue derrotado en El-Alamein; al mismo tiempo que la Francia de Vichy quedaba neutralizada en Marruecos y Argelia tras el desembarco angloamericano durante la “Operación Torch”. Sobre el Pacífico los japoneses pasaron de intentar cercar a los americanos en Guadalcanal, para quedar ellos atrapados defendiendo la isla. Repentinamente en Noviembre de 1942 todos los frentes del planeta quedaron en un punto de inflexión tanto para el Eje como para Aliados, algo inédito hasta ese momento en la guerra. Por si fuera poco aquel mes, el invierno llegó al Frente Oriental antes de lo previsto el 11 de Noviembre, quedando las ruinas de Stalingrado blancas, la estepa cubierta de nieve y el Río Volga congelado con enormes bancos de hielo que hicieron encallar a los barcos rusos después de que las temperaturas descendiera drásticamente a -18ºC grados centígrados bajo cero. Coincidiendo con la llegada el tan temido “general invierno”, el VI Ejército Alemán lanzó la última gran ofensiva dentro de Stalingrado contra los últimos núcleos de resistencia soviética presente en los embarcaderos, la Metalistería Octubre Rojo, la Fábrica de Tractores, la Planta Química Lazur y la Fábrica de Armamento Barrikadi. Protagonizaron el asalto las 71ª, 79ª, 295ª, 305ª y 389ª Divisiones de Infantería Alemanas, la 100ª División de Cazadores Austríaca y el 369º Regimiento Croata apoyados por la IV Flota Aérea de la Luftwaffe y 150 tanques Panzer. Nada más comenzar la jornada, Stukas hicieron una de sus mejores actuaciones de la campaña al impactar con sus bombas las chimeneas de las fábricas, las cuales terminaron partiéndose y saliendo rodando ladera abajo mientras aplastaban a numerosos soldados soviéticos y arrollaban a un barco de vapor encallado en el hielo del Volga. A continuación las divisiones alemanas se lanzaron contra la Planta Química Lazur y tras un duro combate descendieron hacia el nudo ferroviario, donde tanto a alemanes como a rusos les fue difícil reconocerse debido a un polvo químico amarillo que se había desparramado por el lugar. A las 9:50 horas de la mañana la artillería alemana se sumó al ataque bombardeando unos tanques petrolíferos en el margen del Volga y logrando que tres fueran incendiados dejando el cierlo cubierto de negro. Sobre la Fábrica de Armamento Barrikadi y la Metalistería Octubre Rojo, los alemanes cosecharon más éxitos al reducir el frente enemigo a sólo 500 metros con el Volga. Un ejemplo de las pérdidas rusas ese día fueron los 6 supervivientes del 118º Regimiento de la Guardia, que de sus 264 hombres iniciales 258 perdieron la vida. Tan crítica llegó a ser la situación para el LXII Ejército Soviético que defendía la ciudad, que incluso los mandos pensaron rendir Stalingrado de una vez por todas, algo que no se produjo porque el Ejército Rojo tenía el plan definitivo para aniquilar de un sólo golpe al VI Ejército Alemán. Operación Urano. NI UN PASO ATRAS! Mitad de Noviembre de 1942-. La nieve se acumulaba en los fríos pavimentos de Stalingrado y los ejércitos enfrentados quedaban enterrados entre toneladas de hielo. Pocos de los que se encontraban en tal situación sabían que desde hacía meses el Alto Mando Soviético (STAVKA) había decidido lanzar una gran ofensiva para convertir la ciudad en una trampa y embolsar al VI Ejército Alemán. Con la llegada del “general invierno” la hora había llegado. Bajo el nombre de “Operación Urano”, el Ejército Rojo atacaría con varios ejércitos e innumerables efectivos los diversos frentes de Stalingrado para destruir a los alemanes y a sus aliados rumanos. La Unión Soviética había dispuesto la enome suma de siete ejércitos con 54 divisiones, todas ellas dirigidas por el vicecomandante supremo de las fuerzas armadas Georgui Zukhov. Para destruir al VI Ejército Alemán, la ofensiva consistiría primero en golpear a los III y IV Ejércitos Rumanos situados en el norte y sur respectivamente de Stalingrado, para luego embolsar la ciudad en abanico. El Conducator de Rumanía, Ion Antonescu, que ya se había quejado sin éxito a Hitler de lo mal defendidos que se encontraban los ejércitos rumanos en los salientes de Stalingrado, no se equivocaba en su percepción, ya que frente a ellos se había ido concentrando todo el Ejército Rojo y el 60% de la aviación soviética procedente de toda la URSS. Desde Stalingrado hacia el norte, justo al borde de la frontera con el VIII Ejército Italiano, se estacionaron los soviéticos en el siguiente orden: XXIV Ejército, el LXV Ejército, el XXI Ejército y el V Ejército Blindado, todos ellos ubicados al otro lado del Río Don para destruir al III Ejército Rumano. Al sur de Stalingrado, junto al LXIV Ejército y delante del Río Volga se concentraron el LVII Ejército y el LI Ejército en este orden, siendo su misión la de acabar con el IV Ejército Rumano. Nadie en la inteligencia militar del Eje se enteró de lo que estaba pasando, pues bajo las ventiscas de nieve y la densa niebla que hacían invisibles el enemigo, el Ejército Rojo pudo cruzar con vehículos y trineos el Don y el Volga sin ver visto por los rumanos con un total de 1.101.000 soldados, 675 tanques, 10.250 piezas de artillería y 1.216 aviones. Aquella formidable fuerza militar fue calificada por Iósif Stalin como la punta de lanza que vengaría el insulto de la “Operación Barbarroja”. Cañón rumano con su dotación resistiendo a la ofensiva soviética durante la “Operacón Urano” A las 5:00 de la madrugada del jueves 19 de Noviembre de 1942, una gran ventisca de nieve combinada con una densa niebla que impedía la visibilidad a más de diez metros, cubrió con su manto los márgenes del Río Volga. En medio de aquel panorama gris, unos centinelas de la 1ª División de Caballería Rumana capturaron a un solitario soldado soviético que había cruzado las líneas, al cual primero interrogaron y luego enviaron al enlace alemán destacado en su sector, el teniente Gerhard Von Stöck, campeón en jabalina de los Juegos Olímpicos de Berlín en 1936. El prisionero había confesado poco antes a los rumanos que el Ejército Rojo lanzaría una ofensiva en un par de horas sobre todo el frente. Sin embargo los alemanes calmaron la preocupación rumana asegurando que era mentira. No obstante los rumanos tenían motivos para desconfiar, pues durante toda la noche habían visto como zapadores soviéticos con equipo invernal se habían adelantado a sus líneas avanzando a gatas sobre la nieve para cortar alambradas y colocar minas anticarro. Pronto la pesadilla se tornaría realidad. Pronto estare subiendo la Segunda parte, no puedo terminarlo por el limite de caracteres de los posts. Seguime y enterate de todas las actualizaciones y posts que subo a menudo!

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Apocalipsis: Stalingrado, la ultima carta de Stalin. Parte 2
Apocalipsis: Stalingrado, la ultima carta de Stalin. Parte 2
InfoporAnónimo8/18/2018

Rodeados, desangrandose y perdiendo cientos de hombres cada dia, el Ejercito rojo continuaba, ante la atonita mirada del mundo entero, resistiendo ante toda la furia y fuerza del Tercer Reich de Adolfo Hitler. Nunca el mundo habia presenciado tal ferocidad, tal asedio y tanta gallardía junta, el Ejercito Rojo no estaba muerto y combatiria por lo que ya no era la Madre Patria, sino por su propia existencia. Hitler subestimó, el Gigante Rojo despierta. 19 de Noviembre de 1942, 7:20 Hrs-. Inesperadamente, un toque ensordecedor de trompetas desde el lado soviético extendió un eco por todo el sector rumano, incluso escuchándose también en Stalingrado y otras localidades próximas. Pocos segundos después del toque de trompeta, más de 1.500 cañones, lanzacohetes Katyushas y morteros de gran calibre iniciaron un masivo bombardeo de plomo y acero contra el perímetro del III Ejército Rumano. La primera tanda de proyectiles destruyó casi por completo la prímera línea enterrando a los rumanos bajo la tierra y la segunda produjo daños de menor intensidad al caer más atrás. Finalizado el bombardeo, los soviéticos atacaron en varias oleadas la zona defendida por la 13ª División de Infantería Rumana, la cual presentó una encarnizada resistencia y pudo rechazar a los rusos causándoles numerosas bajas. Pero el Ejército Rojo al ver que la infantería no servía para cargar contra el enemigo frontalmente, envió en esta ocasión otra nueva oleada de soldados acompañados por tanques T-34. Milagrosamente los rumanos volvieron a aguantar la embestida y rechazaron a los soviéticos, perdiendo la vida muchos de estos y resultando decenas de sus tanques destruidos. No obstante las reservas soviéticas eran interminables y a partir de ese punto ya no pudieron resistir las siguientes tandas de oleadas. La primera brecha en el III Ejército Rumano se abrió cuando el III Cuerpo de Guardias de Caballería junto al IV Cuerpo Blindado, ambos integrados en el XXI Ejército Soviético, penetraron las posiciones enemigas aplastando a los rumanos, al mismo tiempo que cosacos a caballo se infiltraban por la grieta del dispositivo. Mientras tanto, a 50 kilómetros al oeste, el Ejército Rojo perforó las trincheras del IV Cuerpo Rumano y puso a sus divisiones en retirada. Por si fuera poco los soviéticos contaron con un aliado inesperado, la niebla, ya que al ser muy densa en su sector les protegía de los artilleros enemigos, todo lo contrario respecto al lado rumano donde se había disipado a media mañana, lo que facilitó enormemente a los II, XVI y XVII Ejércitos del Aire para lanzar sus bombas sin ser molestados. Lanzamisiles Katyusha "Los organos de Stalin". Sorprendentemente el VI Ejécito Alemán, que continuaba desangrándose en Stalingrado, no sé enteró de lo que estaba ocurriendo en los flancos rumanos hasta las 9:45 horas de la mañana. Hitler tranquilizó a los mandos asegurando que los rusos estaban en las últimas y que el ataque cesaría pronto, algo que no convenció a Von Paulus ni al resto de asediantes una vez avanzada la mañana al evaluar que la situación podía ser más peligrosa de lo que pensaban. Justo en aquel instante el IV Cuerpo Blindado Soviético superó a la 13ª División de Infantería Rumana y avanzó 10 kilómetros hacia el oeste hasta llegar a Gromki; al mismo tiempo que la 1ª División Blindada Rumana se vio obligada a batirse en retirada en cuanto los rusos atacaron una base cercana que cortó las comunicaciones rumano-alemanas. Por la tarde, al fin los alemanes se pusieron en marcha para ayudar a los rumanos enviando a unos pocos efectivos que se interpusieron frente al V Ejército Blindado Sovético y al I Cuerpo Blindado, donde se produjo una batalla de tanques entre la niebla de complicada visibilidad para los dos bandos. Al caer la noche, gran parte del III Ejército Rumano había abandonado los puestos de comandancia evacuando en camiones todo el material y personal disponible. Sorprendentemente los alemanes, mucho más optimistas en Stalingrado, daban la impresión de no haber comprendido la gravedad de la situación. Al día siguiente, 20 de Noviembre, fue el turno de ataque de los LXIV y LVII Ejércitos Soviéticos utilizando como punta de lanza al IV Cuerpo de Caballería, IV Cuerpo Mecanizado y el XIII Cuerpo Mecanizado, apoyados por el fuego de Katyushas y piezas artillería en la zona de Beketovka al sur de Stalingrado contra el IV Ejército Rumano. Al igual que el día anterior, los rumanos volvieron a resistir ferozmente acabando con centenares de rusos y varios blindados, aunque otra vez al inferiores en número, fueron finalmente arrollados y rebasados. La única unidad que tuvo más suerte aquella jornada fue la 29ª División de Infantería Rumana del general Hans-Georg Leyser que contraatacó sobre los soviéticos 16 kilómetros al sur de Beketova consiguiendo detener la ofensiva enemiga en dicho sector y provocando una gran cantidad de bajas a los rusos. También la 14ª División Panzer que había acudido en ayuda de los rumanos destruyó a un regimiento soviético al completo del III Cuerpo de Guardias de Caballería aniquilando a 35 tanques. Sin embargo a pesar de algunos éxitos tácticos, ya no se podía contener la gran ofensiva rusa. A la caída de la tarde la 1ª División Blindada Rumana fue puesta en retirada y el V Cuerpo Rumano quedó embolsado dentro del avance ruso, el cual presentaría una fanática y heroica resistencia dirigida magistralmente por el general Mikhail Lascar que se prolongaría durante días y causaría infinidad de bajas a los soviéticos hasta su total aniquilación. Friedrich Von Paulus. Friedrich Von Paulus por fin cayó en la cuenta el 21 de Noviembre de que el objetivo del Ejército Rojo era cercar Stalingrado mediante una ofensiva en dos alas por el norte y sur de los III y IV Ejércitos Rumanos. Las primeras medidas que se tomaron fueron evacuar el cuartel general del VI Ejército Alemán en el cruce de ferrocarril de Gumark y después sacar a todos los comandantes a la ciudad. Pero ya era demasiado tarde porque al finalizar el día se produjo el derrumbe rumano en todos los frentes alrededor de Stalingrado y los soviéticos se colaron por todas las brechas avanzando como rayos. A medianoche las vanguardias soviéticas alcanzaron el Puente de Kalach en Ostrov, donde los alemanes destruyeron a varios tanques rusos del V Ejército Blindado que intentaron cruzarlo sin éxito. Sin embargo a las 6:15 de la madrugrada del 22 de Noviembre sucedió algo asombroso cuando centinelas alemanes divisaron a varios semiorugas Hanomag de su propio bando que para su sorpresa al acercarse comenzaron a dispararles y a salir soldados soviéticos de su interior. Haciéndose pasar aquellos rusos por soldados de la Wehrmacht, terminaron por tomar con relativa facilidad el Puente de Kalach y hacer prisionera a toda la guarnición. GIF La Reichsadler cae en la trampa. A punto de amanecer el 21 de Noviembre de 1942, las dos ofensivas soviéticas al norte y al sur de los ejércitos rumanos en Stalingrado por fin se encontraron en Sovietski. Los hombres del V Ejército Blindado con los del LVII Ejército se abrazaron y vitorearon en la nieve, inmortalizando el momento del triunfo de la operación. El cerco se había completado y el VI Ejército Alemán estaba embolsado. Encuentro feliz de los hombres del V Ejército Blindado Soviético con el LVII Ejército en Sovietski. Amanecida aquella mañana del 21 de Noviembre, Von Paulus sin saber todavía que había sido cercado por el Ejército Rojo envió a la 16ª Division Panzer para intentar resolver la situación, aunque resultó emboscada en Suchanov, viéndose obligada a dar marcha atrás debido a la carencia de combustible. Un intento similar hizo la 44ª División de Infantería Austriaca con el mismo resultado fallido. A pesar de todo, el cerco soviético todavía era muy débil y los rusos necesitaban reforzarlo lo más pronto posible antes de que los alemanes y rumanos pudiesen romperlo en algún sector. Precisamente tan frágil era el anillo ruso en las primeras horas que fue atravesado por varios grupos germano-rumanos que escaparon de la bolsa, o bien, erróneamente entraron en ella como fue el caso de una columna de soldados italianos que habían ido a buscar suministros dentro de la ciudad. Cuando a media mañana las tropas del Eje comprobaron que el cerco era ya un hecho, rápidamente cundió el pánico en filas rumanas y alemanas, que intentando alcanzar el oeste, abandonaron a los heridos todavía con los vendajes puestos y se pisaron unos a otros intentando cruzar los caminos y puentes, llegando algunos incluso a caer al interior del Río Don después de que el hielo se fracturase bajo sus pies. Mientras tanto en lado ruso las desgracias tampoco fueron ajenas, como por ejemplo ocurrió con los saqueos de los campamentos enemigos. En una ocasión un total de 150 tropas soviéticas perdieron la vida después de consumieran comida intoxicada que los rumanos habían abandonado durante la retirada. También otros 3 soldados rusos fallecieron por la misma causa tras comer los alimentos de un tren alemán capturado. Desconcertado por la ofensiva, Paulus pensó que la mejor forma de salir de escapar de la trampa era intentar atravesar el cerco por la fuerza, motivo que le llevó a solicitar suministros a la Luftwaffe el 24 de Noviembre aprovechando que la bolsa rusa era todavía débil. Casi inmediatamente aviones transportes Junkers Ju 52 llevaron provisiones a las fuerzas germano-rumanas, aunque nada más volar sobre Stalingrado tuvieron la mala suerte ser emboscados por la aviación soviética, resultando al 22 aparatos alemanes derribados. Al día siguiente, el 25 de Noviembre, sucedió una tragedia aérea similar después de que otros 9 Junkers Ju 52 fueran abatidos. Hitler convocó una reunión de urgencia a raíz de los sucesos de Stalingrado, durante la cual prohibió cualquier tipo de retirada “provisional” en el cerco. Ningún general estuvo de acuerdo con la decisión, pero fueron callados por el Führer alegando que él tenía controlada la situación. El único que se atrevió a levantarle la voz fue el Conducator rumano Antonescu, quién se enfadó con el lider alemán tras echarle en cara que sus compatriotas rumanos también estaban allí, por lo que él no tenía el derecho exclusivo de decidir el destino de aquellas tropas que no fueran alemanas. No obstante el carácter político oratorio del Führer convenció finalmente al líder rumano de que esperar era la mejor opción, cosa que el Conducator con ciertas dudas acabó aceptando. Sin embargo quién se llevó la peor reprimenda de la reunión fue Von Paulus tras solicitar abandonar Stalingrado y escapar del cerco, lo más sensato en aquel momento. Sin embargo Hitler le sentó tan mal la idea que decidió humillar a Paulus enviando a Stalingrado a un general más fiel, Walther Von Seydlitz, para compartir conjuntamente el mando del VI Ejército Alemán. Simultáneamente el Führer también designó responsable a Erich Von Manstein como comandante del Grupo de Ejércitos B, cuyas divisiones permanecían fuera del anillo soviético y que serían las encargadas de romperlo desde fuera. Pero lo cierto era que tales modificaciones no quitaban gran parte de la culpablidad a Hitler en el desastre, ya que para tomar Stalingrado había colocado a sus Panzer en contra de la opinión de todos los expertos en un ángulo de 90º conocido como “ángulo muerto, impidiéndoles presentar batallas de movimiento lo que facilitó a los rusos su destrucción. Aquella fatal decisión la pagarían muy caro los hombres del VI Ejército. GIF Operación Tormenta de Invierno. Con la llegada de Diciembre los alemanes y rumanos atrapados en la bolsa de Stalingrado, bautizada por la Wehrmacht como “Kessel”, se habían mantenido inalterados respecto a los rusos. No obstante pronto descubrieron un nuevo enemigo, en este caso las condiciones escasamente salubres como las heladas, los piojos, la disentería y la carencia de alimentos. Por lo menos la moral era muy alta al mantener todos la esperanza de que un contraataque pronto les liberaría. Mientras tanto la Luftwaffe les fue enviando suministros por aire con 44 transportes diarios que traían 350 toneladas de suministros, ración insuficiente para completar las 750 necesarias (40 de estas sólo en pan). Los Junkers Ju 52 despegaban de Tazinskai y Morozovsk para aterrizar con víveres en los dos únicos aeropuertos dentro de la bolsa situados en Gumrak y Pitomnik, desde los cuales a la vuelta evacuaban a cientos de heridos y a las enfermeras alemanas y croatas a las que se otorgó prioridad por su condición de mujer. Pero el puente aéreo no fue tan efectivo como esperaba la Luftwaffe, ya que en cuestión de pocos días los grandes esfuerzos sólo consiguieron aumentar las 350 toneladas iniciales a las 500 toneladas de las 750 requeridas. “Operación Tormenta de Invierno” fue la denominación que la ehrmacht otorgó al plan para salvar al VI Ejército ese mismo Diciembre. La misión consistiría en un ataque del IV Ejército Panzer (Panzerarmee) del general Hermann Hoth, que acompañado por algunas fuerzas rumanas, desarrollaría una ofensiva por dos flancos para romper el anillo de ejércitos soviéticos que asediaban Stalingrado. Erich Von Manstein y Herman Hoth fueron los encargados tácticos de la acción en dos fuerzas: un ala avanzaría desde Kotielnikovo al oeste del Río Don a una distancia de 160 kilómetros del VI Ejército y la otra ala desde Chir a unos kilómetros más al este. Como punta de lanza la ofensiva la 6ª División Panzer, recién transferida desde Francia para la ocasión, iría en cabeza. El IV Panzerarmee del general Hermann Hoth durante la “Operación Tormenta de Invierno”. Antes de que los alemanes iniciaran su contraofensiva, los soviéticos se adelantaron a ellos probando cerrar la bolsa. No obstante apenas avanzaron unos pocos metros antes de ser repelidos, ya que por aquel entonces desconocían cuál era la situación exacta de VI Ejército Alemán en su interior. Equivocadamente los rusos pensaban que habían dejado embolsados a unos 86.000 soldados del Eje, pero lo cierto era que la cifra real ascendía a los 290.000, un número muy alto que dejaba a los soviéticos en inferioridad para subyugar a tantos defensores. Por si fuera poco Zukhov había tenido que debilitar el asedio todavía mucho más al verse obligado a enviar desde la reserva nuevas fuerzas para cubrir el Frente del Don cubierto por italianos y húngaros, entre estas el II Ejército de Guardias del general Rodion Malinovsky. Oficialmente la “Operación Tormenta” de Invierno se inició el 12 de Diciembre con un fuerte bombardeo de la artillería contra las líneas rusas en Kotielnikovo, seguido por ataques aéreos de la Luftwaffe e incursiones de los zapadores e ingenieros. Desde Stalingrado los cercados del VI Ejército escucharon el tronar de sus cañones a lo lejos con esperanza cuando el IV Panzerarmee comenzó el ataque que en un primer momento aplastó a los soviéticos del II Ejército de la Guardia. La 6ª División Panzer con la 23ª División Panzer y el apoyo de dos divisiones rumanas realizaron un veloz avance a lo largo de un frente de 100 kilómetros entre Tsimila y Kotelnikovski. Aquí entraron en combate los nuevos tanques Tiger que despejaron el camino a la 6ª División Panzer a la hora de cruzar el Río Axai y alcanzar Verjne-Kumski el 13 de Diciembre. Simultáneamente la 17ª División Panzer con apoyo de la IV Flota Aérea Alemana alcanzó el Río Mishkova y para el 15 de Diciembre la 6ª División Panzer ya tan sólo se situó a 65 kilómetros de Stalingrado. Los hombres del VI Ejército, ya viendo próximo al IV Panzerarmee, decidieron que era hora de prepararse para unirse a la lucha desde la retaguardia y atacar a los rusos por la espalda. Sin embargo, un hecho aislado en el Frente Sudoccidental modificaría otra vez la situación para desgracia de Eje. GIF Operación Saturno Italia, una de las potencias entre los varios países que participaban en la Batalla de Stalingrado, era el que tenía un despliegue más débil y peligroso de cara al enemigo. Guardando un frente de 300 kilómetros, había un soldado italiano cada 7 metros. Para soportar el invierno, el 90% de las tropas estaban abrigadas con imitaciones de lana o ropas civiles enviadas por familiares y colectas en Italia, lo mismo que el alimento que traían desde tan lejos como pan, harina, castañas o higos secos. Tanto el hambre como el frío habían hecho mella en los hombres, surgiendo dentro del VIII Ejército Italiano un disputado mercado negro “estraperlo”. No obstante, salvo por estos inconvenientes, la moral italiana era buena, ya que las tropas al fin y al cabo vivían cómodamente en las cabañas rusas o las isbas de la estepa que protegían muy bien del frío. De hecho las tropas italianas mantenían estrechas relaciones con la población local rusa del campo, especialmente los soldados de origen campesino procedentesde Sicilia o Piamonte. Entre los intercambios que se hacían estaban los regalos de galletas o panes unos a otros, e incluso en ocasiones los piamonteses y sicilianos junto con los civiles rusos exclamaban en conversaciones: “Mussolini kaputt” y “Stalin kapput”, en rechazo a ambos líderes nacionales. Cuando de nuevo todo parecía ir bien para los alemanes en el Frente del Don, a punto ya de liberar a sus camaradas del VI Ejército en el cerco de Stalingrado, los soviéticos inesperadamente lanzaron una ofensiva llamada “Operación Saturno” contra el sector del VIII Ejército Italiano. El 16 Diciembre de 1942, el I Ejército de Guardias, el V Ejército Blindado y el XXI Ejército Soviético atacaron al solitario VIII Ejército Italiano en el Frente Sudoccidental de Stalingrado. La 13ª División de Infantería “Ravenna” y 5ª División de Infantería “Cosseria” de los italianos fueron las primeras en enfrentarse a la embestida soviética de primera línea, resultando ambas arrolladas a pesar de haber opuesto resistencia con determinación. Al día siguiente, el 17 de Diciembre, los tres ejércitos soviéticos avanzaron tan rápido que pasaron por encima de las Divisiones “Pasuvio”, “Torino”, “Celere Amadeo Duque de Aosta”, “Sforzesca” y la 298ª División Italo-Alemana, quedando todas fuera de combate con grandes pérdidas entre sus filas. Apenas pudieron hacer nada los débiles blindados italianos contra los T-34 soviéticos, resultando 28 de sus tanquetas destruidas durante el enfrentamiento. Dos días después, el 19, los soviéticos expulsaron a los italianos de Kantemirovka y dejaron a todo el Cuerpo Alpino embolsado en un cerco parecido al del VI Ejército Alemán. Pero el mayor desastre no tuvo lugar hasta el 21 de Diciembre, cuando, las dos alas del Ejército Rojo se unieron en Millerovo y Diogtevo, cerrando de esa manera una nueva bolsa en Stalingrado, esta vez con el VIII Ejército Italiano en el interior y más de 100.000 tropas italianas de las Divisiones “Ravenna”, “Celere” y “Sforzesca”. Soldados italianos “Bersaglieri” intentan escapar del embolsamiento del Ejército Rojo al VIII Ejército Italiano durante la Operación Saturno. Con el cerco al VIII Eército Italiano y roto el Frente Sudoccidental, todas las fuerzas en ayuda de Stalingrado y el Cáucaso quedaron expuestas y amenazadas, además de haberse echado por tierra cualquier intento de liberar la ciudad del Volga. No obstante Hitler decidió seguir adelante con el IV Panzerarmee de Hoth que en aquel momento avanzaba bajo una fuerte ventisca y una encarnizada oposición de los ejércitos soviéticos. Mientras tanto los transportes a Stalingrado seguían abasteciendo la urbe diariamente con el envío de 289 toneladas de suministros el 21, aunque poco a poco se fueron redujendo. Pero las cosas todavía se pusieron peor cuando el IV Panzerarmee sufrió una inesperada derrota sobre el Río Mishkova después de que murieran 1.100 alemanes de la 6ª División Panzer que luchaban por abrirse paso hacia la ciudad sitiada. Aquel fue el máximo avance de la ofensiva alemana que debía alcanzar Stalingrado antes de que se frenase definitivamente en Verkhene-Kumskaia. Por aquel entonces los sovieticos ya habían preparado la segunda parte de la “Operación Saturno” encaminada a rechazar al IV Panzerarmme de Hoth en el Río Mishkova mediante un ataque frontal del II Ejército de Guardias y otro desde el flanco oriental con el LI Ejército. Repentinamente la contraofensiva soviética se inició el 23 de Diciembre a las 5:20 horas de la noche contra el aeródromo de Skassirkaia, cuando sin previo aviso unos tanques T-34 se presentaron a las afueras del campo de aviación. Alertada la Luftwaffe ordenó despegar a los 180 aparatos que se encontraban reposando en la instalación, pero la advertencia se emitió demasiado tarde porque los T-34 en cuestión de segundos irrumpieron en las pistas. La mayoría de Junkers Ju 52 arrancaron sus motores e intentaron despegar como pudieron, siendo muchos de estos alcanzados por las torretas de los blindados en el momento que levantaban las ruedas del suelo y pulverizados en el aire. Otros con peor suerte chocaron en la pista o ardieron en sus hangares. Incluso uno de los Junkers Ju 52 se estrelló con uno de los T-34, quedando ambos desintegrados y las dos tripulaciones muertas, tanto de los pilotos alemanes del avión como los carristas rusos del tanque. Finalizada la incursión, 108 aviones habían conseguido escapar y otros 72 habían sido destruidos destruidos, una cifra enorme que equivalía al 10% de toda la flota de transporte de la Luftwaffe. Italianos en el cerco de Stalingrado intentan escapar en un transporte aéreo Savoia SM 81 inútilmente debido al congelamiento y a la nieve. Dentro de Stalingrado las condiciones se volvieron pésimas aquel invierno para los soldados cercados y se convirtieron en una auténtica pesadilla. Los alemanes padecían de disentería, hambre, piojos y vivían en la más triste inmundicia bajo sus escondites de nieve conviviendo con las ratas. Las temperaturas descendieron drásticamente hasta los -30º y -40º grados bajo cero, los congelamientos se hicieron comunes y las muertes por frío aumentaron debido a la falta de estufas, lo que obligó a quemar toda la medera y restos de objetos como los cuerpos humanos de los muertos para entrar en calor. Sin embargo el enemigo más temido no eran los rusos, sino el hambre. Inesperadamente en Diciembre se registró una cifra muy alta de fallecidos por inanición debido a la reducción de pan diario de los 200 a 100 gramos, situación que llevó a muchos hombres del VI Ejército a comerse sus caballos para luego pasar al canibalismo de sus camaradas muertos. Ni siquiera los paquetes de la Luftwaffe eran suficientes para satisfacer las necesidades básicas porque únicamente los aviones soltaban a los sitiados 94 toneladas de víveres al día, cifra sietes veces inferior al promedio necesario. Esto era debido a que los vuelos tuvieron que reducirse notablemente debido a que los motores se congelaban de manera constante y las pistas quedaban invadidas por toneladas de nieve. Respecto al personal en espera de ser evacuado pronto comenzaron las peleas por ver quién subía antes a un avión. De hecho, los soldados estaban tan desesperados por volver a casa que muchos se aferraban a las ruedas y alas de los aviones mientras cogían velocidad para despegar, lo que inevitablemente provocaba su descuelgue en cuanto el aparato tomaba altura y los individuos se soltaban y se mataban estampándose contra el suelo. Peor todavía lo pasaban los heridos moribundos a la espera de la muerte, pues al no existir capacidad para evacuar a los afectados graves debido a que ocupaban demasiado espacio con las camillas, sólo se admitía subir a bordo a los leves o más sanos. Fuera del cerco del VIII Ejército Italiano, las divisiones supervivientes comenzaron la penosa retirada a través de la estapa intentando llegar a una base segura en retaguardia mientras por detrás eran perseguidos por el Ejército Rojo y por delante acosados por los partisanos. El 26 las Divisiones “Pasubio” y “Torino” fueron embolsadas tras la toma de Chertkovo y el 28 los soviéticos se hicieron con Skassirkaia. Tristemente los italianos, acompañados por algunos rumanos, avanzaron a paso lento, cayendo congelados en la nieve o desfallecidos por las heridas, siendo ametrallados en todo momento por aviones en vuelo rasante y acosados por las vanguardias soviéticas. En ocasiones veían vehículos alemanes pasar y les suplicaban que les dejasen subir a sus heridos, algo a lo que se negaban los germanos llegando a amenazar con la bayoneta a sus propios aliados, ya fuesen italianos o rumanos. Por las noches, los partisanos se infiltraban en las isbas y sorprendían a decenas de tropas italianas en la cama que hacían prisioneros. Pero asombrosamente la población civil rusa tenía tanto cariño por los italianos que les ofrecían cobijo en su casa o les alimentaban, incluso en algunos casos los escondieron durante todo el conflicto, llegando a formalizarse matrimonios en la postguerra entre italianos y mujeres rusas. Todo el plan alemán de liberar Stalingrado quedó echo añicos con el derrumbe del VIII Ejército Italiano, con la destrucción de las últimas fuerzas rumana y con la “Operación Saturno” presionando al IV Panzerarmee. Probablemente en este punto de la batalla Hitler tuvo que tomar una de las decisiones más difíciles de la guerra: abandonar al VI Ejército Alemán en la ciudad del Volga. Al fin y al cabo insistir en liberar Stalingrado sólo acabaría en una tragedia mayor. Así pues, el 30 de Diciembre de 1942, las fuerzas germano-rumanas del IV Panzerarmee iniciaron la retirada dejando atrás una auténtica muralla de varios ejércitos soviéticos alrededor de Stalingrado. La suerte de cientos de miles de vidas en la ciudad estaba echada. Curiosamente y prefiriendo evitar una matanza inútil para ambos bandos después de haber finalizado con éxito la retirada del IV Panzerarmee, el general Zhukov ofreció a Von Paulus a través de tres emisarios con bandera blanca una rendición aceptable el 8 de Enero de 1943. Antes de tomar una decisión por cuenta propia, Paulus habló por radio con Hitler para obtener autorización, algo a lo que el Führer se negó rotundamente. Como respuesta por la contestación negativa de Paulus, el Ejército Rojo bombardeó con más de 5.000 cañones la ciudad y lanzó un poderoso asalto de infantería que desalojó a los alemanes de las zonas urbanas circundantes de Krovzov, Zybenko, Dmitrevka y Karpovka. Esta operación concluida poco antes de la primera mitad de Enero, dejó al 80% de Stalingrado en manos soviéticas. General del Ejercito rojo Gueorgui Zhúkov GIF Hasta acá la segunda parte que se me hizo bastante larga, pero no se preocupen, mañana mismo termino la ultima parte. La batalla de stalingrado no fue como cualquier otra, se es necesario el tiempo y las ganas para sentarse a leer y disfrutar de su historia, además, para el proximo post agregaré unas fotos que me ha enviado el amigo @lafecapo38 de su viaje a Rusia y su paso por donde fue Stalingrado. Unas fotos espectaculares que darán un broche de oro a esta historia. Seguime y no te pierdas de las actualizaciones y posts que subo a menudo!! Muchas gracias por pasar.

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La última defensa de Berlín
Ciencia EducacionporAnónimo8/8/2018

Orgullosamente consagrada como la ultima operación de gran envergadura de la Segunda Guerra Mundial. 16 de Abril de 1945-. El Tercer Reich de Adolfo Hitler estaba rodeado y sangrando por todas partes, todas las unidades de combate a lo largo de los ya fruncidos frentes recibieron una escalosfriante orden ya en retirada, retroceder a toda marcha hacia Berlín y defenderla a toda costa. El ultimo bastión de la Alemania Nacional Socialista estaba consagrado con lo ultimo de la Wehrmatch, unidades elite SS, el ejercito del pueblo o "Volkssturm" formado por civiles con poca o nula experiencia militar, las Hitlerjugend, unidades de Juventudes adoctrinadas y fanaticas que lucharian hasta el final en la inconsciencia que les habian inculcado. Wehrmatch El Ejercito Regular Alemán, independientemente del partido Nacional Socialista, este existió desde antes de que Hitler subiera al poder. Debido a esto fue muchas veces cuestionada su lealtad al Regimen, al contrario de esto demostraron gran ferocidad y disciplina en combate a lo largo de Europa y Rusia. Unidades SS Quién conoce un poco de historia ha escuchado hablar de estas divisiones tan temidas y despiadadas. Creadas para brindar protección personal al Führer, rapidamente crecieron y lograron convertirse en una fuerza militar considerable dentro del Ejercito Alemán. La lista de crimenes de guerra cometidos por las Waffen-SS era larga, por esto mismo serian perseguidos y aniquilados casi sin piedad en el frente por las fuerzas Aliadas. Estas presentarian una feroz resistencia en la ultima batalla del Tercer Reich. Volkssturm Como su nombre lo indica, el "Ejercito del Pueblo". Basicamente unidades creadas con conscriptos de todas las edades de la población civil con muy poco entrenamiento en combate, si bien hay actos registrados de heroismo entre estas unidades, no presentarian mayor resistencia al avance Sovietico. Hitlerjugend Niños, adolescentes y jovenes adoctrinados desde la tierna infancia. Convertidos en maquinas de matar despiadadas y desgarradas de toda inocencia con un solo objetivo: Defender al Reich a toda costa y a como dé lugar. GIF En Berlín había dos líneas defensivas. Se habían preparado cientos de búnkers y muchos edificios de paredes gruesas se convirtieron en fortalezas inexpugnables. Los panzerfaust, lanzagranadas antitanque, eran especialmente peligrosos para las tropas soviéticas. Los tanques se utilizaron profusamente y durante los combates callejeros muchos fueron destruidos. Los esfuerzos dados por la guarnición de Berlín llevo a un combate encrudecido por la dominacion de cada metro, cada casa o piso en la ciudad. Si bien las fuerzas ya desgastadas del Tercer Reich aniquilaban a cientos de soldados del Ejercito Rojo cada hora, su resistencia se ve superada en grandes proporciones por la cantidad de tropas Rusas desplegadas a lo largo de la ciudad. Blindado de la división SS Panzergrenadier averiado y utilizado como posicion de artilleria. La captura del Reichstag En el centro de la ciudad se encontraba el punto neuralgico del Tercer Reich, el Reichstag, el Parlamento Alemán. Si bien no tenia un importante valor estrategico, capturarlo resultaria de un valor simbolico que le demostraria al mundo que el regimen nazi habia acabado para siempre. Esto resultaría una tarea titanica puesto que las fuerzas Alemanas habian convertido al Reichstag en una fortaleza casi impenetrable, apostados dentro de el algo mas de 3000 hombres, entre ellos unidades de las Waffen-SS fuertemente armadas y listos para morir en nombre de la defensa del Reich-. La lucha por la toma del Reichstag se prolongó a lo largo de 4 intensos dias, donde los Sovieticos pudieron abrirse paso por la escalinata principal e iniciar el fuerte combate en los pasillos del edificio. En la mañana del 1 de mayo, sobre el Reichstag fue levantada la bandera roja de la 150ª división de asalto, que posteriormente recibió el nombre de Bandera de la Victoria. El 30 de abril Adolf Hitler se suicidó en su búnker. Hasta el último momento, el líder nazi confiaba en que las tropas de otras partes de Alemania acudirían en ayuda de la capital, pero eso no sucedió. La guarnición de Berlín se rindió el 2 de mayo. GIF Ahora una serie de material audiovisual acerca de este famosisimo enfrentamiento link: https://www.youtube.com/watch?v=vvvaUWXfAFo link: https://www.youtube.com/watch?v=0metRR6DI8Y link: https://www.youtube.com/watch?v=nnYtr7_H5tk&t=2027s

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