¡Acérquense, hijos de hechicera, raza prostituida y adúltera! ¿De quién se burlan? ¿A quién hacen muecas y le sacan la lengua? ¿No son ustedes hijos ilegítimos, una prole bastarda? Ustedes, que se dan a la lujuria entre las encinas, bajo cualquier árbol frondoso; que sacrifican niños en las cañadas y entre las grietas de las rocas. Las piedras del torrente son tu herencia, ellas te tocarán en suerte. Aunque derrames en ellas vino o aceite y presentes tus ofrendas, ¿podrá eso aplacarme? En un cerro alto y elevado pusiste tu cama; subiste allí a inmolar sacrificios. Detrás de tu puerta colocaste un amuleto. Me fuiste infiel: te desnudabas, subías a la cama y hacías el amor; hacías un trato con los que te daban placer y contemplabas su desnudez. Te acercaste a Moloc con ungüento, prodigando perfumes; enviaste lejos a tus mensajeros, haciéndolos bajar hasta el abismo. Te cansabas de tanto caminar, pero no decías: <<¡Es inútil!>> Encontrabas nuevamente energías y por eso no te agotabas. ¿A quién temes, de quién tienes miedo para haberme sido infiel, para no volver a recordarme, ni llevarme en tu corazón? ¿Acaso porque yo callaba y disimulaba, dejaste tú de serme fiel? Yo denunciaré tu conducta; de nada te servirán tus obras. Cuando grites, no te salvarán tus ídolos. A todos se los llevará el viento, un soplo los arrastrará.
Pero el que se refugia en mí heredará el país, poseerá mi monte santo.
Isaías 57 3-13
Pero el que se refugia en mí heredará el país, poseerá mi monte santo.
Isaías 57 3-13