El 03/12/2008 un centenar de países firma el tratado para la prohibición de las bombas de racimo
Un centenar de países se han reunido este miércoles en Oslo para firmar el Tratado que prohíbe las bombas de racimo, una munición devastadora para las poblaciones civiles.
Este nuevo instrumento legal prohíbe el uso, producción, transferencias y almacenaje de este tipo de bombas, que se han venido utilizando en todos los grandes conflictos armados desde los años 60.
El alcance del Tratado es, sin embargo, limitado, por la ausencia de los principales productores y usuarios como los Estados Unidos, Rusia, China, Israel, la India y Pakistán.
"El mundo es un lugar más seguro hoy. Este es el acuerdo humanitario más importante de la última década", ha declarado Richard Moyes, copresidente de la Coalición contra las Bombas de racimo, que agrupa a cerca de 300 ONG.
Noruega ha sido la primera en estampar su firma en este acuerdo, que incluye como elemento innovador el hecho de obligar a los firmantes a ayudar a los países y personas víctimas de esta munición.
Las bombas de racimo pueden contener varios centenares de "bombitas" más pequeñas, que se dispersan sobre un extenso perímetro, pero no estallan de forma inmediata. Esto las convierte, en la práctica, en minas antipersonas, prohibidas por el Convenio de Ottawa de 1997.
Víctimas inocentes
Según la ONG Handicap International, alrededor de 100.000 personas, el 98% de las cuales eran civiles, han muerto o han quedado mutiladas en todo el mundo, como resultado de la explosión de estos proyectiles, desde 1965.
Más de una cuarta parte de las víctimas son niños, que recogieron el proyectil intrigados por sus formas y sus vistosos colores.
El informe 2008 del Observatorio de las Minas indica, no obstante, que ha habido una reducción del número de víctimas: en 2007, una persona fue víctima de estas unidades cada 90 minutos, (más de 5.000 al año), mientras que hace 10 años la frecuencia era de una víctima cada 20 minutos.
Cambio de posición
En Oslo, varios Estados han pedido a los países contrarios al tratado un cambio de posición. Pero Washington reiteró este martes su oposición. "Aunque compartimos las preocupaciones humanitarias de los Estados signatarios del convenio (...) nosotros no nos sumaremos a él", indicó el departamento de Estado.
Como argumento, alega que una prohibición de estas bombas formulada de manera tan general "pondrá en peligro las vidas de nuestros hombres y nuestras mujeres" y de sus socios de coalición en los conflictos. Las ONG confían en que la llegada de barack Obama a la casa Blanca modifique su postura.
En cualquier caso, Richard Moyes considera que el tratado supone un compromiso moral aumentará el coste político de la utilización de estas armas para todos los países. "Incluso los países que no firmaron tendrán dificultades de utilizar estas armas en el futuro", destacó.
¿Qué son las bombas de racimo?
Más grandes o más pequeñas, con mayor o menor potencia, más o menos llamativas, sólo hay una cosa que iguala a todas las bombas de racimo: sus víctimas son civiles. Después de que, hace diez años, se prohibieran las minas antipersonales, los Ejércitos encontraron otra manera de atemorizar a la población mucho tiempo después del fin de un conflicto.
Su peligrosidad para el pueblo radica en su composición. Una bomba de racimo está formada por un artefacto 'contenedor' que puede ser lanzado desde tierra, mar o aire y que al abrirse durante su trayectoria expulsa entre varias decenas o cientos, dependiendo del modelo, de submuniciones del tamaño de una lata de refresco. En teoría, estallan cuando chocan contra el suelo, pero en un 30% de los casos no es así.
Estas armas se consideraron útiles porque podían penetrar en la jungla y cubrir grandes superficies de territorio. Los ataques se diseñaron para impedir el acceso de convoyes enemigos a estas zonas, y evitar que se escondieran entre los árboles. Además, de esta forma no era necesairo utilizar tropas de tierra, según explica el informe de Greenpeace 'Bombas de racimo. Lluvia de acero'.
Su objetivo militar inicial ha perdido fuerza debido al alto porcentaje de submunición que permanece oculto sin estallar. El enemigo es, al final, la población civil.
Según Mabel González, responsable de desarme en Greenpeace, este armamento ha sido utilizado en 23 conflictos armados y han causado la muerte a más de 100.000 personas. Un ejemplo claro de cómo estas bombas ignoran el alto el fuego continúa siendo Laos, que 30 años después de la guerra sigue cosechando dos o tres víctimas al mes con los explosivos sin detonar.
En Afganistán, el empleo de estas armas unido al hambre de la población generaron una combinación mortal. Los soldados estadounidenses lanzaban desde el aire paquetes de alimentos para los desplazados internos que huían de los combates. Poco después, se dieron cuenta de que la ayuda coincidía con el tamaño y color de las bombas de racimo BLO-97/ B, que se estaban utilizando en los bombardeos. Las advertencias posteriores no impidieron que hubiera víctimas.
Más de 30 países fabrican actualmente este tipo de armamento que se distribuye en más de 70 estados y que se ha utilizado en una veintena de países.
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